San Antonio María Claret (1807- 1870)

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Celebración 24 de octubre

Antonio Claret nace en Sallent (Barcelona), a unos 15 kms de Manresa, en 1807, en el seno de una familia profundamente cristiana, dedicada a la fabricación textil.  

Su infancia no transcurrió con total tranquilidad. La guerra napoleónica, la influencia de las ideas de la revolución francesa, el juramento de la Constitución de 1812, y las tensiones entre absolutistas y liberales marcaron de alguna manera la vida del santo.

En el aspecto religioso está marcado por la vivencia de la providencia de Dios, por un lado; y por la idea de la eternidad, por otro. Su piedad se ve influida por la devoción a la Virgen María y a la Eucaristía.

A los doce años, su padre le pone a trabajar en el telar familiar. Reconociendo su habilidad para la fabricación, va a Barcelona para perfeccionarse en el arte textil. Sallent_Obrero Se dedica con verdadera pasión al trabajo; vivía para él día y noche.

Sus oraciones, en cambio, no eran tantas ni tan fervorosas, aunque no deja la misa dominical ni el rezo del rosario. Poco a poco se le va olvidando el deseo infantil de ser sacerdote, pero Dios le iba dirigiendo según sus planes. Unos duros desengaños, y sobre todo la palabra del Evangelio ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo si al final pierde su vida?, sacuden su conciencia. A pesar de las ofertas para montar su propia fábrica, se niega a satisfacer el deseo de su padre y decide ser cartujo.  

A los 22 años ingresa en el seminario de Vic, sin perder de vista su intención de ser monje cartujo. Cuando se dirige a la Cartuja de Montealegre, al año siguiente, una tormenta le obliga a retroceder y su sueño de vida retirada empieza a desvanecerse. Prosigue sus estudios seminarísticos en Vic. Sufre una fuerte tentación contra la castidad, en la que reconoce la intercesión maternal de la Virgen María en su favor y sobre todo la voluntad de Dios, que le quiere misionero, evangelizador.  

Aunque no había concluido los estudios teológicos, el 13 de junio de 1835 recibe la ordenación sacerdotal porque su obispo veía en él algo extraordinario. Queda encargado de su parroquia natal, Sallent. Pero la parroquia no era lo suyo. Siente, cada vez con más fuerza, que el Señor lo llama a evangelizar. La situación política en Cataluña, dividida por la guerra civil entre liberales y carlistas, y la de la Iglesia, sometida a la desconfianza de los gobernantes, no dejaba otra solución que la de salir de su patria y ofrecerse a Propaganda Fide, encargada entonces de toda la obra de evangelización de cualquier tipo.  

Tras un viaje lleno de peligros, llegó a Roma. Aprovechó unos días que tenía libres para hacer ejercicios espirituales en la casa del Gesù de los Jesuitas. Su director le animó a solicitar el ingreso en la Compañía de Jesús. A principios de 1840, a los cuatro meses de haber comenzado el noviciado, se ve aquejado de un dolor intenso en la pierna derecha que le impide caminar. La mano de Dios se hace sentir. El P. General de los jesuitas le dijo con resolución: Es la voluntad de Dios que Usted vaya pronto a España; no tenga miedo; ánimo.

  De nuevo en Cataluña, se le confía la parroquia de Viladrau. Al estar ésta bien atendida, puede desplazarse para dar misiones y ejercicios en poblaciones cercanas. Su obispo, conocedor de la vocación claretiana y de los frutos de su predicación, le deja libre de toda atadura parroquial para poder evangelizar de pueblo en pueblo. Por el deseo de comunión con la Jerarquía y por las facultades pastorales que comportaba, solicitó a Propaganda Fide el título de “Misionero Apostólico”, que él llenó de contenido espiritual y apostólico.  

Recorrió prácticamente toda Cataluña de 1843 a 1847, predicando la Palabra de Dios, siempre a pie, sin aceptar dinero ni regalos por su ministerio. Le movía a ello la imitación de Jesucristo. A pesar de su neutralidad política, pronto iba a sufrir persecuciones por parte de los gobernantes, y calumnias de quienes combatían la fe.  

Pero San Antonio María Claret no iba a ser sólo predicador incansable de misiones al pueblo y de ejercicios a sacerdotes y religiosas. Pronto va descubriendo otros medios de apostolado más eficaces: publicó devocionarios, pequeños opúsculos dirigidos a sacerdotes, religiosas, niños, jóvenes, casadas, padres de familia…; fundó la Librería Religiosa en 1848, que en dos años lanzó 2.811.000 ejemplares de libros, 2.059.500 opúsculos y 4.249.200 hojas volantes.  

Como medio eficaz de perseverancia y progreso en la vida cristiana funda o potencia Cofradías, entre ellas la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, que fue el anticipo de las “religiosas en sus casas” o “hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María”, que con el tiempo llegará a ser el Instituto Secular “Filiación Cordimariana”.   

Al serle imposible predicar en Cataluña por la rebelión armada, su obispo lo envió a las Canarias. De febrero de 1848 a mayo de 1849 recorrió las islas. Pronto y familiarmente se le comenzó a llamar “el Padrito”. Tan popular se hizo que es copatrono de la diócesis de las Palmas con la Virgen del Pino.  

De vuelta ya en Cataluña, el 16 de julio de 1849, funda en una celda del seminario de Vic la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. La gran obra de Claret comienza humildemente con cinco sacerdotes dotados del mismo espíritu que el Fundador. A los pocos días, el 11 de agosto, comunican a Mossen Claret su nombramiento como Arzobispo de Cuba. A pesar de su resistencia y sus objeciones a cuenta de la Librería Religiosa y la recién fundada Congregación de Misioneros, hubo de aceptar ese cargo por obediencia y fue consagrado en Vic el 6 de octubre de 1850.  

La situación en la isla de Cuba es deplorable: explotación y esclavitud, inmoralidad pública, inseguridad familiar, desafecto a la Iglesia y sobre todo progresiva descristianización. Nada más llegar comprende que lo más necesario es emprender un trabajo de renovación en la vida cristiana y promueve una serie de campañas misioneras, en las que participa él mismo, para llevar la Palabra de Dios a todos los poblados. Dio a su ministerio episcopal una interpretación misionera. En seis años recorrió tres veces toda su diócesis. Se preocupó de la renovación espiritual y pastoral del clero y la fundación de comunidades religiosas. Para la educación de la juventud y el cuidado de las instituciones asistenciales logró que los Escolapios, los Jesuitas y las Hijas de la Caridad establecieran comunidades en Cuba; con la M. Antonia París fundó las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas el 27 de agosto de 1855. Luchó contra la esclavitud;,creó una Granja-escuela para los niños pobres, puso una Caja de Ahorros con marcado carácter social, fundó bibliotecas populares. Tanta y tan diversa actividad le supone enfrentamientos, calumnias, persecuciones y atentados. El sufrido en Holguín (1 febrero 1856) casi le cuesta la vida, aunque le hace derramar su sangre por Cristo.  

La Reina Isabel II lo elige personalmente como su Confesor en 1857 y se ve obligado a trasladarse a Madrid. Debe acudir semanalmente al menos a la Corte a ejercer su ministerio de confesor y a cuidarse de la educación cristiana del príncipe Alfonso y de las infantas. Debido a su influencia espiritual y a su firmeza, poco a poco va cambiando la situación religiosa y moral de la Corte. Vive austera y pobremente.  

Los ministerios de palacio no llenan ni el tiempo ni el espíritu apostólico de monseñor Claret: ejerce una intensa actividad en la ciudad: predica y confiesa, escribe libros, visita cárceles y hospitales. Aprovecha los viajes con los Reyes por España para predicar por todas partes. Promueve la Academia de San Miguel, un proyecto en el que pretende aglutinar a intelectuales y artistas para que “se asocien para fomentar las ciencias y las artes bajo el aspecto religioso, aunar sus esfuerzos para combatir los errores, propagar los buenos libros y con ellos las buenas doctrinas”.  

La Reina le nombra protector de la iglesia y del hospital de Montserrat de Madrid, y en 1859 Presidente de El Escorial. Su gestión no puede ser más eficaz y más amplia: restauración del edificio, equipamiento de la iglesia, establecimiento de una comunidad y un seminario.   Una de sus mayores preocupaciones será dotar a España de obispos celosos y proteger e impulsar la vida consagrada, especialmente la de los Institutos fundados por él, los Misioneros y las Religiosas de María Inmaculada, o por otros. 

  Mantiene celosamente su independencia y neutralidad política siempre, lo que le acarrea múltiples enemistades. Se convierte en el blanco del odio y venganza de muchos: “no obstante de haber marchado siempre con precaución en este terreno -se refiere a los favoritismos-, no he escapado de las malas lenguas”, confiesa. Su unión con Jesucristo alcanza un punto álgido en la gracia de la conservación de las especies sacramentales otorgado en La Granja de Segovia el 26 de agosto de 1861.  

A raíz de la revolución de septiembre de 1868 parte con la Reina hacia el exilio. En París mantiene su ministerio con la Reina y el Príncipe de Asturias, funda las Conferencias de la Sda. Familia y se prodiga en múltiples actividades apostólicas.  

Para la celebración de las bodas de oro sacerdotales del Papa Pío IX va a Roma. Participa en la preparación del Concilio Vaticano I, en el que interviene defendiendo la infalibilidad pontificia. Al concluir las sesiones, con la salud ya muy quebrantada y presumiendo próxima su muerte, se traslada a la comunidad que sus Misioneros tienen en Prades (Francia).   Hasta ahí llegan sus perseguidores, que pretenden apresarle y llevarlo a España para juzgarlo y condenarlo. Debe huir como un delincuente y refugiarse en el monasterio cisterciense de Fontfroide.  

En este monasterio de Fontfroide, a los 63 años, rodeado del afecto de los monjes y de algunos de sus misioneros, fallece el 24 de octubre de 1870.   Sus restos mortales se trasladaron a Vic en 1897. Es beatificado por Pío XI el 25 de febrero de 1934. Pío XII lo canoniza el 7 de mayo de 1950.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: pastoralvocacionalclaretiana.blogspot.com

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Presentación “Maestro, que pueda ver.”

Homilía del Padre Jose Antonio

JUAN PABLO II (1920-2005)

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Celebración 22 de octubre

Sacerdote eterno: DOS PROFECÍAS DEL PAPA JUAN PABLO II

Karol Józef Wojtyla, elegido Papa el 16 de octubre de 1978, naciò en Wadowice (Polonia) el 18 de mayo de 1920.

Fue el menor de los tres hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska, que falleció en 1929. Su hermano mayor, Edmund, médico, murió en 1932 y su padre, suboficial del ejército, en 1941.

A los nueve años recibió la Primera Comunión y a los dieciocho el sacramento de la Confirmación. Terminados los estudios en la escuela superior de Wadowice, en 1938 se inscribió en la Universidad Jagellónica de Cracovia.

Cuando las fuerzas de ocupación nazis cerraron la Universidad en 1939, el joven Karol trabajó (1940-1944) en una cantera y luego en la fabrica química Solvay para poder subsistir y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, sintiéndose llamado al sacerdocio, asistió a los cursos de formación del seminario mayor clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del “Teatro Rapsódico”, también clandestino.

Después de la guerra, continuo sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, abierto de nuevo, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal, en Cracovia, el 1 de noviembre de 1946. Después fue enviado por el Cardenal Sapieha a Roma, donde obtuvo el doctorado en teología (1948), con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz. En esos años, durante sus vacaciones, ejerció el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 regresó a Polonia y primero fue coadjutor en la parroquia de Niegowić, a las afueras de Cracovia, y luego en la de San Florián, dentro de la ciudad. Fue capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó, en la Universidad Jagellónìca de Cracovia, una tesis sobre la posibilidad de fundar una ética cristiana a partir del sistema ético de Max Scheler. Después fue profesor de Teología Moral y Ética en el seminario mayor de Cracovia y en la Facultad de Teología de Lublín.

El 4 de julio de 1958, el Papa Pío XII lo nombró Obispo Auxiliar de Cracovia y titular de Ombi. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral de Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por el Papa Pablo VI, que lo creó Cardenal el 26 de junio de 1967.

Participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), contribuyendo especialmente en la elaboración de la constitución Gaudium et spes. El Cardenal Wojtyla participó en las 5 asambleas del Sínodo de los Obispos, anteriores a su Pontificado.

Fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y el 22 de octubre dio inicio a su ministerio como Pastor Universal de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo Il realizó 146 visitas pastorales en Italia y, como Obispo de Roma, visito 317 de las 332 parroquias con que cuenta Roma en la actualidad. Realizó 104 viajes apostólicos por el mundo, expresión de la constante solicitud pastoral del Sucesor de Pedro por todas las Iglesias.

Entre sus principales documentos se encuentran 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas. Al Papa Juan Pablo II se deben también 5 libros: Cruzando el umbral de la esperanza (octubre de 1994); Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi sacerdocio (noviembre de 1996); Tríptico romano, meditaciones en forma de poesía (marzo de 2003); ¡Levantaos! ¡vamos! (mayo de 2004) y Memoria e identidad (febrero de 2005).

El Papa Juan Pablo II celebró 147 ceremonias de beatificación, en las cuales proclamo 1338 beatos, y 51 de canonización, con un total de 482 santos. Tuvo 9 consistorios, en los que creo 231 Cardenales (+ 1 in pectore). Presidio también 6 reuniones plenarias del Colegio de Cardenales.

Desde 1978 convoco 15 asambleas del Sínodo de los Obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990,1994 Y 2001),1 asamblea general extraordinaria (1985) y 8 asambleas especiales (1980, 1991, 1994, 1995,1997,1998 [2] Y 1999).

El 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro, sufrió un grave atentado. Salvado por la mano maternal de la Madre de Dios, tras una larga convalecencia, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad.

Su solicitud de pastor encontró, además, expresión en la erección de numerosas diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los Códigos de Derecho Canónico —el latino y el de las Iglesias Orientales—, del Catecismo de la Iglesia Católica. Proponiendo al Pueblo de Dios momentos de particular intensidad espiritual, convoco el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, además del Gran Jubileo del año 2000. Se acercó a las nuevas generaciones instituyendo la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.

Ningún Papa se había encontrado con tantas personas como Juan Pablo II. En las Audiencias Generales de los miércoles (no menos de 1160) participaron más de 17.600.000 peregrinos, sin contar todas las demás audiencias especiales y las ceremonias religiosas (más de 8 millones de peregrinos solo durante el Gran Jubileo del año 2000). También se encontró con millones de fieles en el curso de las visitas pastorales en Italia y en el mundo. Igualmente fueron numerosos los mandatarios recibidos en audiencia: baste recordar las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con Jefes de Estado, así como las 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Murió en Roma, en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado 2 de abril de 2005, a las 21h 37m, la víspera del Domingo in Albis o de la Divina Misericordia, fiesta instituida por él. Los funerales solemnes en la Plaza de San Pedro y la sepultura en las Grutas Vaticanas fueron celebrados el 8 de abril. La solemne ceremonia de beatificación, en el atrio de la Basílica Papal de San Pedro, el 1 de mayo de 2011, fue presidida por el Sumo Pontífice Benedicto XVI, su inmediato sucesor y valioso colaborador durante muchos años como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Papa Francisco celebró el rito de canonización de Juan Pablo II  el 27 de abril de 2014.

Oración a Juan Pablo II

¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.

Cardenal Angelo Comastri 
Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano

Documental sobre Juan Pablo II

Fuentes: aciprensa.com

religionenlibertad.com

vatican.va

Imagen de: sacerdote-eterno.blogspot.com

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Santa Teresa de Jesús

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Teresa of Avila's "The Interior Castle" as an ...

Celebración 15 de octubre

Nace en Ávila el 28 de Marzo de 1515, en la casa señorial de Don Alonso Sánchez de Cepeda y Doña Beatriz Dávila de Ahumada. Eran 10 los hermanos de Teresa y 2 los hermanastros, pues su padre tuvo dos hijos en un matrimonio anterior.

Es bautizada el 4 de Abril del mismo año.

Desde muy pequeña manifestó interés por las vidas de los santos y las gestas de caballería. A los 6 años  llegó a iniciar una fuga con su hermano Rodrigo para convertirse en mártir en tierra de moros, pero fue frustrada por su tío que los descubre aún a vista de las murallas.

Juegan entonces a ser ermitaños haciéndose una cabaña en el huerto de la casa.

Reina entonces en España un espíritu de aventura y conquista: parten guerreros a Flandes, conquistadores a América, y la literatura vive de este espíritu. En manos de Teresa caen algunos de estos libros y entonces ella sueña con ser una de las damas que se acicalan y perfuman para sus galanes ilustres. El coqueteo le gusta, pues encuentra además la complicidad de sus primas y la corteja un primo suyo.

Su madre muere en 1528 contando ella 13 años, y pide entonces a la Virgen que la adopte hija suya. Sin embargo sigue siendo “… enemiguísima de ser monja,” (Vida 2,8), y al ver su padre con malos ojos su relación con su primo, decide internarla en 1531 en el colegio de Gracia, regido por agustinas, donde ella echará de menos a su primo pero se encontrará muy a gusto.

A medida que se hace mayor, la vocación religiosa se le va planteando como una alternativa, aunque en lucha con el atractivo del mundo.

Su hermano Rodrigo parte a América, su hermana María al matrimonio y una amiga suya ingresa en La Encarnación. Con ella mantendrá largas conversaciones que la llevan al convencimiento de su vocación, ingresando, con la oposición de su padre, en 1535.

Dos años después, en 1537, sufre una dura enfermedad, que provoca que su padre la saque de la Encarnación para darle cuidados médicos, pero no mejora y llega a estar 4 días inconsciente, todo el mundo la da por muerta. Finalmente se recupera y puede volver a La Encarnación dos años después en 1539, aunque tullida por las secuelas, tardará en valerse por sí misma alrededor de 3 años.

Muere su padre en 1544.

La vida conventual era entonces muy relajada con cerca de 200 monjas en el monasterio y gran libertad para salir y recibir visitantes. Teresa tenía un vago descontento con este régimen tan abierto, pero estaba muy cómoda en su amplia celda con bonitas vistas, y con la vida social que le permitían las salidas y las visitas en el locutorio.

En la cuaresma del año 1554, contando ella 39 años y 19 como religiosa llora ante un Cristo llagado pidiéndole fuerzas para no ofenderle. Desde este momento su oración mental se llena de visiones y estados sobrenaturales, aunque alternados siempre con periodos de sequedad.

Aunque recibe muchas visiones y experiencias místicas elevadas, es una visión muy viva y terrible del infierno la que le produce el anhelo de querer vivir su entrega religiosa con todo su rigor y perfección, llevándola a la reforma del Carmelo y la primera fundación.

Esta primera fundación será una aventura burocrática y humana con muchos altibajos: su confesor aprueba un día y reprueba otro, el Provincial apoya con entusiasmo, para luego retirarse, y el Obispo que nunca había dudado de Santa Teresa, llegado el momento titubea. En un momento parece que todo fracasa y Teresa, siempre obediente, se retira a su celda sin nada poder hacer, aunque Doña Guiomar de Ulloa y el Padre Ibáñez logran de Roma la autorización.

Por obediencia parte entonces a Toledo varios meses, para consolar a la viuda Luisa de la Cerda. Esta distancia favorecerá los progresos del monasterio de San José de Ávila, que continúan con mayor discreción, a escondidas, a pesar de los rumores. Regresará para encontrarse con el breve del Papa.

Fundado el 24 de Agosto de 1562, encuentra una terrible hostilidad, proveniente de la Iglesia que ve ninguneada su autoridad, se alzan algunas voces pidiendo el derribo del nuevo convento, toda la ciudad está alborotada, y Teresa debe abandonarlo dejando a las cuatro novicias solas, para volver a su celda de La Encarnación. Sólo se podrá incorporar un año después de su fundación, dejando la celda amplia y las comodidades de La Encarnación por las estrecheces de San José de Ávila, pequeño y austero hasta el extremo.

Por mucho tiempo parece que la fundación de la nueva orden tendría sólo este monasterio, hasta que Teresa vuelve a llorar al saber que las necesidades de misiones en América son importantes. Escucha entonces en oración: “…Espera un poco hija, y verás grandes cosas.”, y poco después le llegan instrucciones y autorización para fundar más conventos.

Comienza aquí una intensa actividad de Santa Teresa que sólo termina con su muerte, en la que compaginará el gobierno de su orden, con las fundaciones de nuevos conventos y la redacción de sus libros, sin perder nunca el buen ánimo ni la esperanza, en la confianza de que no era su voluntad lo que estaba cumpliendo y que le llegarían los apoyos que necesitara, como así fue en todo momento.

Fundó en total 17 conventos: Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580),  Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582), en el año de su muerte.

La fundación de Granada la hizo Ana de Jesús, aunque en vida de la Santa, por lo que no siempre aparece en las enumeraciones.

A  estos conventos hay que sumar el primero del Carmelo masculino que funda con San Juan de la Cruz en Duruelo (1567). Santa Teresa conoció a San Juan de la Cruz en Medina del Campo contando ella 52 años y él 24, y le convenció para unirse a la reforma, olvidando sus planes de retirarse a la cartuja de El Paular.

Regresando de la fundación de Burgos, hace parada en Medina del Campo, pero es requerida en Alba de Tormes por la Duquesa de Alba. Está enferma y agotada. Muere en brazos de Ana de San Bartolomé la noche del 4 de Octubre al 15 de Octubre de 1582 (y esto por coincidir con el cambio del calendario Juliano al Gregoriano).

Muere sin haber publicado ninguna de sus obras, sin haber logrado fundar en Madrid (a pesar de su ilusión), sin haber separado la orden de descalzos de la de calzados y con dudas sobre si sus monasterios se podrían mantener con el espíritu que ella infundió.

Teresa escribió muy poco por iniciativa suya, muchas cartas, alguna poesía y anotaciones. Pero sus obras maestras son fruto de la obediencia a sus superiores, que veían el interés de que escribiera sus experiencias y enseñanzas. Y así comienza todos sus escritos mayores aceptando su encargo con obediencia, pero con notable esfuerzo por su parte.

Escribir le supone un esfuerzo importante, lo hace, en ocasiones, ocupando la otra mano con la rueca, tal y como ella explica: «…  casi hurtando el tiempo y con pena porque me estorbo de hilar y por estar en casa pobre y con hartas ocupaciones»  (Vida 10,7)

La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos temiendo textos que incitaran a seguir el cisma iniciado en Europa, o se alejaran en algún punto de la recta doctrina. Muchos de sus textos están autocensurados, temiendo esta vigilancia. Su manuscrito “Meditaciones Sobre El Cantar de los Cantares” lo quemó ella misma por orden de su confesor, en una época en que estaba prohibida la difusión de las Sagradas Escrituras en romance.

Su vida es fiel reflejo de lo que avisaba a sus monjas: que las gracias recibidas en la oración son para darnos fuerza en servir a los demás. Aunque Teresa es conocida por lo elevado de las gracias místicas y visiones que recibe, su oración no la aparta del mundo, sino que hace que se entregue con especial fuerza y respaldo a las obras que le son encomendadas sufriendo en viajes, discusiones y continuas trabas, burlas y desplantes de sus contemporáneos.

Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970. La primera mujer de las tres actuales doctoras de la Iglesia. Las otras son Santa Catalina de Siena y otra carmelita descalza: Santa Teresita del Niño Jesús.

Fuente: santateresadejesus.com

Imagen: inquiriesjournal.com

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Presentación Santa Teresa de Ávila

La disposición interior

Un ámbito de oración

San Francisco de Asís

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Celebración 4 de octubre

San Francisco de Asís

(Giovanni di Pietro Bernardone; Asís, actual Italia, 1182 – id., 1226) Religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana. Casi sin proponérselo lideró San Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, sin embargo, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal, y su figura es valorada, más allá incluso de las propias creencias, como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana.

Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. Había ayudado desde jovencito a su padre en el comercio de paños y puso de manifiesto sus dotes sustanciales de inteligencia y su afición a la elegancia y a la caballería. En 1202 fue encarcelado a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, en la soledad del cautiverio y luego durante la convalecencia de la enfermedad que sufrió una vez vuelto a su tierra, sintió hondamente la insatisfacción respecto al tipo de vida que llevaba y se inició su maduración espiritual.

Del lujo a la pobreza

Poco después, en la primavera de 1206, tuvo San Francisco su primera visión. En el pequeño templo de San Damián, medio abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Jesucristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación: “Ve, Francisco, repara mi iglesia. Ya lo ves: está hecha una ruina”. El joven Francisco no vaciló: corrió a su casa paterna, tomó unos cuantos rollos de paño del almacén y fue a venderlos a Foligno; luego entregó el dinero así obtenido al sacerdote de San Damián para la restauración del templo.

Esta acción desató la ira de su padre; si antes había censurado en su hijo cierta tendencia al lujo y a la pompa, Pietro di Bernardone vio ahora en aquel donativo una ciega prodigalidad en perjuicio del patrimonio que tantos sudores le costaba. Por ello llevó a su hijo ante el obispo de Asís a fin de que renunciara formalmente a cualquier herencia. La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal.

A los veinticinco años, sin más bienes que su pobreza, abandonó su ciudad natal y se dirigió a Gubbio, donde trabajó abnegadamente en un hospital de leprosos; luego regresó a Asís y se dedicó a restaurar con sus propios brazos, pidiendo materiales y ayuda a los transeúntes, las iglesias de San Damián, San Pietro In Merullo y Santa María de los Ángeles en la Porciúncula. Pese a esta actividad, aquellos años fueron de soledad y oración; sólo aparecía ante el mundo para mendigar con los pobres y compartir su mesa.

La llamada a la predicación

El 24 de febrero de 1209, en la pequeña iglesia de la Porciúncula y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco escuchó una llamada que le indicaba que saliera al mundo a hacer el bien: el eremita se convirtió en apóstol y, descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas. Las primeras (abril de 1209) fueron Bernardo de Quintavalle y Pedro Cattani, a los que se sumó, tocado su corazón por la gracia, el sacerdote Silvestre; poco después llegó Egidio.

San Francisco de Asís predicaba la pobreza como un valor y proponía un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. Hay que recordar que, en aquella época, otros grupos que propugnaban una vuelta al cristianismo primitivo habían sido declarados heréticos, razón por la que Francisco quiso contar con la autorización pontificia. Hacia 1210, tras recibir a Francisco y a un grupo de once compañeros suyos, el papa Inocencio III aprobó oralmente su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono.

Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, llamada actualmente franciscana o de los franciscanos, en la que pronto se integraría San Antonio de Padua. Además, con la colaboración de Santa Clara, fundó la rama femenina de la orden, las Damas Pobres, más conocidas como las clarisas. Años después, en 1221, se crearía la orden tercera con el fin de acoger a quienes no podían abandonar sus obligaciones familiares. Hacia 1215, la congregación franciscana se había ya extendido por Italia, Francia y España; ese mismo año el Concilio de Letrán reconoció canónicamente la orden, llamada entonces de los Hermanos Menores.

Por esos años trató San Francisco de llevar la evangelización más allá de las tierras cristianas, pero diversas circunstancias frustraron sus viajes a Siria y Marruecos; finalmente, entre 1219 y 1220, posiblemente tras un encuentro con Santo Domingo de Guzmán, predicó en Siria y Egipto; aunque no logró su conversión, el sultán Al-Kamil quedó tan impresionado que le permitió visitar los Santos Lugares.

Últimos años

A su regreso, a petición del papa Honorio III, compiló por escrito la regla franciscana, de la que redactó dos versiones (una en 1221 y otra más esquemática en 1223, aprobada ese mismo año por el papa) y entregó la dirección de la comunidad a Pedro Cattani. La dirección de la orden franciscana no tardó en pasar a los miembros más prácticos, como el cardenal Ugolino (el futuro papa Gregorio IX) y el hermano Elías, y San Francisco pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa.

Durante este retiro, San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo); según testimonio del mismo santo, ello ocurrió en septiembre de 1224, tras un largo periodo de ayuno y oración, en un peñasco junto a los ríos Tíber y Arno. Aquejado de ceguera y fuertes padecimientos, pasó sus dos últimos años en Asís, rodeado del fervor de sus seguidores.

Sus sufrimientos no afectaron su profundo amor a Dios y a la Creación: precisamente entonces, hacia 1225, compuso el maravilloso poema Cántico de las criaturas o Cántico del hermano sol, que influyó en buena parte de la poesía ascética y mística española posterior (Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz). San Francisco de Asís falleció el 3 de octubre de 1226. En 1228, apenas dos años después, fue canonizado por el papa Gregorio IX, que colocó la primera piedra de la iglesia de Asís dedicada al santo. La festividad de San Francisco de Asís se celebra el 4 de octubre.

Obras de San Francisco de Asís

Privadas de datos cronológicos, las obras de San Francisco de Asís documentan, no la vida del santo, sino el espíritu y el ideal franciscanos. Gran parte de estos escritos se ha perdido, entre ellos muchas epístolas y la primera de las tres reglas de la orden franciscana (compuesta en 1209 o 1210), que recibió la aprobación oral de Inocencio III.

Sí que se conserva la llamada Regla I (en realidad segunda), compuesta en 1221 con la colaboración, por lo que hace referencia a los textos bíblicos, de Fray Cesario de Spira. Esta regla (llamada no sellada porque no fue aprobada con el sello papal) consta de veintitrés capítulos, de los cuales el último es una plegaria de acción de gracias y de súplica al Señor, y reúne las normas, amonestaciones y exhortaciones que San Francisco dirigía a sus cofrades, las más veces en ocasión de los capítulos de la orden.

La Regla II, en realidad tercera (y llamada sellada, puesto que recibió la aprobación pontificia el 29 de noviembre de 1223), consta de sólo doce capítulos y no es más que una repetición más concisa y ordenada de la precedente, respecto a la cual no presenta (como algunos investigadores han querido afirmar) novedades sustanciales. Es la que continúa en vigor en la orden franciscana. En el Testamento, escrito en vísperas de su muerte e impuesto como parte integrante de la regla, San Francisco lega a sus compañeros de orden, como el mayor tesoro espiritual, a madonna Pobreza.

En la primera edición completa de las obras de San Francisco de Asís (la de Wadding), fueron diecisiete las epístolas reputadas auténticas, pero su número se vio muy disminuido en las ediciones críticas posteriores. La exhortación a la penitencia y a la virtud, la importancia de la pobreza y del amor a Dios y los preceptos de la orden son algunos de los temas recurrentes de su epistolario. Se conservan asimismo unas pocas poesías religiosas en latín.

Otras obras destacadas son las Admonitiones, que contienen indicaciones de San Francisco para la recta interpretación de la regla, y De religiosa habitatione in eremo, dirigida a los frailes deseosos de llevar una vida eremítica. Las Admonitiones muestran sus ideas morales en advertencias prácticas dadas a sus hermanos, fruto de un continuo análisis de la propia vida interior. Fundada en los evangelios y las Epístolas de San Pablo, esta moral se halla centrada por completo en el primer precepto, el del amor a Dios por sí mismo y como único bien, del que todos los demás proceden y que se sitúa por encima de todas las cosas: quien ama al Señor de esta forma lo posee ya interiormente en la medida en que comprende que, sin Él, la razón de nuestra vida se hundiría en las tinieblas y la nada.

El Cántico de las criaturas

A estas obras, todas ellas de alta significación espiritual, debe sumarse una que reviste además una gran importancia literaria: el Cántico de las criaturas (llamado también Laudes creaturarum o Cántico del hermano Sol), redactado probablemente un año antes de su muerte. Según refiere la leyenda, la escritura de este poema fue un don y el remedio para su avanzada ceguera. Se trata de una plegaria a Dios, escrita en dialecto umbrío y compuesta de 33 versos que no tienen un metro regular. La rima repite el mismo modelo estilístico de la prosa latina medieval y de la poesía bíblica, sobre todo el del Cantar de los cantares.

La plegaria, cuyo ritmo lento recuerda los rezos matutinos, es de una extraordinaria belleza. Comienza elogiando la grandeza de Dios y continúa con la belleza y la bondad del sol y los astros, a los que alaba como hermanos; para la humildad del hombre reclama el perdón y la dignidad de la muerte. La maestría poética con que quedó expresado en esta composición el ideal franciscano tuvo importantes consecuencias literarias y religiosas. No hay que olvidar que su movimiento espiritual estaba formado en su mayor parte por gente del pueblo que utilizaba la lengua vulgar; los cantos de esta multitud de seguidores que recorrían campos y villas se llamaron laudes, y luego fueron recogidos en los laudarios o libros de rezos de las cofradías de devotos. La influencia del poema de San Francisco y de su literatura derivada se haría visible en la poesía ascética y mística del Renacimiento.

Fuente: biografiasyvidas.com

Imagen: iglesia.info

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Oración de Jesús matutina

Santa Teresita del Niño Jesús

Destacado

Celebración 1 de octubre

Cuarto Día de la Novena a Santa Teresita Del Niño Jesús

Teresa Martin nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Dos días más tarde fue bautizada en la Iglesia de Nôtre-Dame, recibiendo los nombres de María Francisca Teresa. Sus padres fueron Luis Martin y Celia Guérin, ambos santos ya en la actualidad. Tras la muerte de su madre, el 28 de agosto de 1877, Teresa se trasladó con toda la familia a Lisieux.

A finales de 1879 recibió por vez primera el sacramento de la Penitencia. El día de Pentecostés de 1883, recibió la gracia especial de ser curada de una grave enfermedad por la intercesión de Nuestra Señora de las Victorias (la Virgen de la Sonrisa). Educada por las Benedictinas de Lisieux, recibió la primera comunión el 8 de mayo de 1884, después de una intensa preparación, culminada con una fuerte experiencia de la gracia de la íntima comunión con Cristo. Algunas semanas más tarde, el 14 de junio del mismo año, recibió la Confirmación, con plena conciencia de acoger el don del Espíritu Santo mediante una participación personal en la gracia de Pentecostés.

Su deseo era abrazar la vida contemplativa, al igual que sus hermanas Paulina y María, en el Carmelo de Lisieux, pero su temprana edad se lo impedía. Durante un viaje a Italia, después de haber visitado la Santa Casa de Loreto y los lugares de la Ciudad Eterna, el 20 de noviembre de 1887, en la audiencia concedida por el Papa León XIII a los peregrinos de la diócesis de Lisieux, pidió al Papa con filial audacia autorización para poder entrar en el Carmelo con 15 años.

El 9 de abril de 1888 ingresó en el Carmelo de Lisieux. Tomó el hábito el 10 de enero del año siguiente e hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1890, fiesta de la Natividad de la Virgen María.

En el Carmelo comenzó el camino de perfección trazado por la Madre Fundadora, Teresa de Jesús, con auténtico fervor y fidelidad, y cumpliendo los diferentes oficios que le fueron confiados (fue también maestra de novicias). Iluminada por la Palabra de Dios, y probada especialmente por la enfermedad de su queridísimo padre, Luis Martin, que falleció el 29 de julio de 1894, emprendió el camino hacia la santidad, inspirada en la lectura del Evangelio y poniendo el amor al centro de todo. Teresa nos ha dejado en sus manuscritos autobiográficos no sólo los recuerdos de la infancia y de la adolescencia, sino también el retrato de su alma y la descripción de sus experiencias más íntimas. Descubre y comunica a las novicias confiadas a sus cuidados el camino de la infancia espiritual; recibe como don especial el encargo de acompañar con la oración y el sacrificio a dos hermanos misioneros (el Padre Roulland, misionero en China y el Padre Belliére). Penetra cada vez más en el misterio de la Iglesia y siente crecer su vocación apostólica y misionera para arrastrar consigo a los demás, movida por el amor de Cristo, su Único Esposo.

El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Santísima Trinidad, se ofreció como victima inmolada al Amor misericordioso de Dios. Por entonces escribe el primer manuscrito autobiográfico, que entregó a la Madre Inés el día de su onomástica, el 21 de enero de 1896.

Algunos meses más tarde, el 3 de abril, durante la noche del jueves al viernes santo, sufrió una hemotisis, primera manifestación de la enfermedad que la llevaría a la muerte, y que ella acogió como una misteriosa visita del Esposo divino. Entró entonces en una prueba de fe que duraría hasta el final de su vida, y de la que ofrece un emotivo testimonio en sus escritos. Durante el mes de septiembre concluye el manuscrito B, que ilustra de manera impresionante el grado de santidad al que había llegado, especialmente por el descubrimiento de su vocación en el corazón de la Iglesia.

Mientras empeora su salud y continúa el tiempo de prueba, en el mes de junio comienza el manuscrito C, dedicado a la Madre María de Gonzaga; entretanto, nuevas gracias la llevan a madurar plenamente en la perfección y descubre nuevas luces para la difusión de su mensaje en la Iglesia, en bien de las almas que seguirán su camino. El 8 de julio es llevada a la enfermería, donde otras religiosas recogen sus palabras, a la vez que se le tornan más intensos los dolores y las pruebas, que soporta con paciencia hasta su muerte, acaecida en la tarde del 30 de septiembre de 1897, a las 19:20 h. “Yo no muero, entro en la vida”   había escrito a su hermano espiritual misionero, P. Mauricio Belliére. Sus últimas palabras, “Dios mío, te amo”, sellan una vida que se extinguió en la tierra a los 24 años, para entrar, según su deseo, en una nueva fase de presencia apostólica en favor de las almas, en la comunión de los Santos, para derramar una “lluvia de rosas” sobre el mundo (lluvia de favores y beneficios, especialmente para amar más a Dios).

Fue canonizada por Pío XI el 17 de mayo de 1925, y el mismo Papa, el 14 de diciembre de 1927, la proclamó Patrona Universal de las Misiones, junto con San Francisco Javier.

Su doctrina y su ejemplo de santidad han sido recibidos con gran entusiasmo por todas las categorías de fieles de este siglo, y también más allá de la Iglesia Católica y del Cristianismo.

Con ocasión del Centenario de su muerte, el Papa Juan Pablo II la declaró Doctora de la Iglesia por la solidez de su sabiduría espiritual, inspirada en el Evangelio, por la originalidad de sus intuiciones teológicas, en las cuales resplandece su eminente doctrina, y por la acogida en todo el mundo de su mensaje espiritual, difundido a través de la traducción de sus obras en una cincuentena de lenguas diversas. La ceremonia del nombramiento tuvo lugar el 19 de octubre de 1.997, precisamente en el domingo en el que se celebraba la Jornada Mundial de las Misiones

FUENTE webcatolicodejavier.org

IMAGEN laluzdemaria.com

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Presentación Santa Teresita del Niño Jesús

Proclamaré tus maravillas

Santa Hildegarda de Bingen

Destacado

Celebración 17 de septiembre

Hildegarda nació en Bermersheim, en el valle del Rin (actualmente Renania-Palatinado, en Alemania), durante el verano del año 1098, en el seno de una familia noble alemana acomodada. Fue la menor de los diez hijos de Hildeberto de Bermersheim, caballero al servicio de Meginhard, conde de Spanheim, y de su esposa, Matilde de Merxheim-Nahet, y por eso fue considerada como el diezmo para Dios, entregada como oblata y consagrada desde su nacimiento a la actividad religiosa, según la mentalidad medieval.10De esta manera, fue dedicada por sus padres a la vida religiosa y entregada para su educación a la condesa Judith de Spanheim (Jutta), hija del conde Esteban II de Spanheim y, por tanto, noble como ella, quien la instruyó en el rezo del salterio, en la lectura del latín —aunque no le enseñó a escribirlo o, cuando menos, no con pericia—, en la lectura de la Sagrada Escritura y en el canto gregoriano.

Durante algunos años maestra y discípula vivieron en el castillo de Spanheim. Cuando Hildegarda cumplió catorce años, ambas se enclaustraron en el monasterio de Disibodenberg. Este monasterio era masculino, pero acogió a un pequeño grupo de enclaustradas en una celda anexa, bajo la dirección de Judith. La ceremonia de clausura solemne fue celebrada el 1 de noviembre de 1112 y en ella participaron Hildegarda, Judith y otra enclaustrada más, también infante. En 1114, la celda se transformó en un pequeño monasterio, a fin de poder albergar el creciente número de vocaciones. En ese mismo año, Hildegarda emitió la profesión religiosa bajo la regla benedictina, recibiendo el velo de manos del obispo Otón de Bamberg. De esta manera continuó su educación monástica rudimentaria dirigida por Judith.

Judith murió en 1136, con fama de santidad tras haber llevado una vida de mucha austeridad y ascesis, que incluyó largos ayunos y penitencias corporales. Hildegarda, a pesar de su juventud, fue elegida como abadesa (magistra) de manera unánime por la comunidad de monjas.

Desde niña, Hildegarda tuvo débil constitución física, sufría de constantes enfermedades y experimentaba visiones. En una hagiografía posterior escrita por el monje Teoderico de Echternach se consignó el testimonio de la propia Hildegarda, donde dejó constancia que desde los tres años tuvo la visión de «una luz tal que mi alma tembló». Estos hechos continuaron aún durante los años en que estuvo bajo la instrucción de Judith quien, al parecer, tuvo conocimiento de ellos. Vivía estos episodios conscientemente, es decir, sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis. Ella los describió como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores; además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.

En 1141, a la edad de cuarenta y dos años, sobrevino un episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la orden sobrenatural de escribir las visiones que en adelante tuviese. A partir de entonces, Hildegarda escribió sus experiencias, que dieron como resultado el primer libro, llamado Scivias (Conoce los caminos), que no concluyó hasta 1151. Para tal fin, tomó como secretario y amanuense a uno de los monjes de Disibodenberg llamado Volmar y, como colaboradora, a una de sus monjas, llamada Ricardis de Stade.

No obstante, siguió teniendo reticencias para hacer públicas sus revelaciones y los textos resultantes de ellos, por lo que para disipar sus dudas recurrió a uno de los hombres más prominentes y con mayor reputación espiritual de su tiempo: Bernardo de Claraval, a quien dirigió una sentida carta pidiéndole consejo sobre la naturaleza de sus visiones y la pertinencia de hacerlas de conocimiento general. En dicha misiva, enviada hacia 1146, confesaba al ilustre monje cisterciense que lo había visto en una visión «como un hombre que veía directo al sol audaz y sin miedo», y al mismo tiempo que se atribuía a sí misma «debilidad» solicitaba su consejo:

Padre, estoy profundamente perturbada por una visión que se me ha aparecido por medio de una revelación divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente en mi espíritu. Desdichada, y aún más desdichada en mi condición mujeril, desde mi infancia he visto grandes maravillas que mi lengua no puede expresar, pero que el Espíritu de Dios me ha enseñado que debo creer. […]

Por medio de esta visión, que tocó mi corazón y mi alma como una llama quemante, me fueron mostradas cosas profundísimas. Sin embargo, no recibí estas enseñanzas en alemán, en el cual nunca he tenido instrucción. Sé leer en el nivel más elemental, pero no comprenderlo plenamente. Por favor, dame tu opinión sobre estas cosas, porque soy ignorante y sin experiencia en las cosas materiales y solamente se me ha instruido interiormente en mí espíritu. De ahí mi habla vacilante. […]

La respuesta de Bernardo no fue ni muy extensa ni tan elocuente como la carta enviada por Hildegarda, pero en ella la invitaba a «reconocer este don como una gracia y a responder a él ansiosamente con humildad y devoción […]». Además, parece que el abad de Claraval posteriormente intervino ante el papa Eugenio III en favor de Hildegarda, ya que tenía trato personal con el obispo de Roma porque éste era también cisterciense y antiguo discípulo suyo.

Precisamente, el arzobispo Enrique de Maguncia bajo cuya jurisdicción se encontraba el monasterio de Disibodenberg, y que estaba enterado de las visiones y profecías de Hildegarda, mandó una comisión al papa Eugenio para informarse de lo sucedido y lograr que se declarara sobre la naturaleza de tales dones. El papa se encontraba por aquellos días en Tréveris para presidir el sínodo que se celebró en aquella ciudad entre 1147 y 1148.

En 1148, un comité de teólogos, encabezado por Albero de Chiny-Namur, obispo de Verdún, a petición del papa, estudió y aprobó parte del Scivias. El mismo papa leyó públicamente algunos textos durante el sínodo de Tréveris y declaró que tales visiones eran fruto de la intervención del Espíritu Santo. Tras la aprobación, envió una carta a Hildegarda, pidiéndole que continuase escribiendo sus visiones. Con ello dio comienzo no solo la actividad literaria aprobada canónicamente, sino también la relación epistolar con múltiples personalidades de la época, tanto políticas como eclesiásticas, tales como el ya mencionado Bernardo de Claraval, Federico I Barbarroja, Enrique II de Inglaterra o Leonor de Aquitania, que pedían sus consejos y orientaciones. Tal fue su reconocimiento, que llegó a ser conocida como la Sibila del Rin.

También en 1148 y sin haber concluido la redacción del Scivias, una visión la hizo concebir la idea de partir de Disibodenberg y marchar a un lugar «donde no había agua y donde nada era placentero» inspirándola así para la fundación de un monasterio en la colina de san Ruperto (Rupertsberg), cerca de Bingen al oeste del río Rin en la desembocadura del Nahe, para trasladar a la crecida comunidad y emanciparla de los monjes de Disibodenberg.

Sin embargo, Kuno, entonces abad de Disibodenberg, se opuso a su salida, lo que contrarió a la monja en gran medida, al punto de ocasionarle trastornos físicos, que fueron atribuidos a causas divinas:

Decían que había sido engañada por la vanidad. Cuando lo oí, mi corazón se afligió, mi carne y mis venas se secaron, y durante muchos días yací en cama.

Ante esta situación intervino la marquesa Ricardis de Stade (Richardis von Stade),29 madre de la monja que servía de secretaria a Hildegarda, quien logró convencer a Enrique I, arzobispo de Maguncia (1142—1153), de que diera la autorización para la salida de las religiosas y la fundación del nuevo monasterio. Hacia 1150, se trasladó a Rupertsberg con cerca de veinte de sus monjas, obtuvo el permiso del conde Bernardo de Hildesheim, propietario del terreno elegido y fundó el monasterio de Rupertsberg, del cual se convirtió en abadesa.

Por esa época, su asistente y secretaria Ricardis la abandonó para convertirse en abadesa del convento de Bassum en Sajonia. Ello causó la tristeza y oposición de Hildegarda, que luego reflejaría en serias cartas de protesta al arzobispo Hartwig de Bremen, hermano de Ricardis, quien había influido para conseguir el cargo abacial; llegó a apelar hasta al papa, sin conseguir que la monja volviera. Ricardis murió al año de la separación.

Un año después del traslado concluyó el Scivias y de esa misma época datan sus dos libros de contenidos sobre ciencias naturales (Physica) y medicina (Cause et cure), en los cuales expuso gran cantidad de conocimientos sobre el funcionamiento del cuerpo humano, de herbología y otros tratamientos médicos de su época basados en las propiedades de piedras y animales. Asimismo, comenzó la colección de cantos que tituló Symphonia armonie celestium revelationum, que compuso para atender a las necesidades litúrgicas de su comunidad. Según algunas cronologías, también de 1150 dataría el inicio del Liber vite meritorum.

Hacia 1163, como fruto de sus constantes visiones, comenzó la escritura del Liber divinorum operum, la tercera de sus tres obras más importantes y que tardaría alrededor de diez años en concluir. Sin embargo, la abadesa alternó la vida contemplativa y de escritora con la de predicación y fundación, ya que en 1165 fundó un segundo monasterio en Eibingen, que visitaba regularmente dos veces a la semana.

La fama de santa y profetisa que llegó a tener la abadesa fue tal que, en 1150, el propio emperador Federico I Barbarroja la invitó a entrevistarse con él en su palacio en Ingelheim. El aprecio mutuo que generó esta entrevista manifestado en las subsecuentes cartas llegó a tal grado que, trece años más tarde, el soberano otorgó un edicto de protección imperial a perpetuidad al monasterio de Rupertsberg.

La labor de escritora de Hildegarda se vio interrumpida muchas veces por los viajes de predicación. Si bien la clausura en sus tiempos no era tan rígida como lo sería a partir de Bonifacio VIII, no dejó de sorprender y admirar a sus contemporáneos que una abadesa abandonara su monasterio para predicar.

El contenido de su predicación giró en torno a la redención, la conversión y la reforma del clero, criticando duramente la corrupción eclesiástica, además de oponerse firmemente a los cátaros; al condenar las doctrinas de estos, proponiendo el combate de sus errores mediante la predicación y la edificación del clero.

En total fueron cuatro los viajes de predicación que realizó: el primero entre 1158 y 1159, en el que viajó a Maguncia y a Wurzburgo. En 1160 realizó el segundo a Tréveris y a Metz. En su tercera predicación, entre 1161 y 1163, viajó por el Rin hasta Colonia. En el último de sus viajes, comprendido entre 1170 y 1171, predicó en la región de Suabia.

Además de estos viajes de predicación, Hildegarda usó las cartas para hacer sentir su opinión ante personajes notables. Con motivo del cisma provocado por la elección del antipapa Víctor IV con el apoyo del emperador Barbarroja, frente al papa romano Alejandro III, alargado a la muerte de Víctor IV con la elección de los también antipapas Pascual III y Calixto III, Hildegarda hizo graves amonestaciones proféticas al primero de estos, así como al emperador mismo.

En el año 1173, poco antes de concluir el Liber divinorum operum, murió el monje Volmar, su más cercano colaborador y secretario, lo que la orilló a ayudarse de los monjes de la abadía de san Eucharius de Tréveris para terminar dicha obra. Durante algún tiempo el monje Godofredo de Disibodenberg le sirvió como amanuense, a la vez que comenzó la redacción de una biografía de la profetisa, pero también él murió poco tiempo después, en 1176. El último de sus secretarios lo encontró en Guiberto de Gembloux, un monje flamenco, con el que había sostenido conversación epistolar iniciada por el interés de éste sobre la manera en que Hildegarda tenía sus visiones.

La última situación crítica a la que tuvo que enfrentarse Hildegarda aconteció en 1178, cuando su comunidad dio sepultura en el cementerio conventual a un noble supuestamente excomulgado. Por la imposición de esta pena eclesiástica, el derecho canónico prohibía su entierro en suelo sagrado. Se pidió a Hildegarda que exhumara el cadáver. Ella se negó e incluso hizo desaparecer cualquier rastro del enterramiento para que nadie pudiera buscarlo. Sostuvo que había sido reconciliado con la Iglesia antes de morir. Los prelados de Maguncia, en ausencia del arzobispo Christian, que estaba en Roma, pusieron en entredicho al monasterio. Por él se prohibió el uso de las campanas, los instrumentos y los cantos en la vida y liturgia de Rupertsberg. Hildegarda se defendió escribiendo una carta de rico contenido doctrinal, donde recogía el significado teológico de la música. Cuando regresó el arzobispo en marzo de 1179, se presentaron testigos que apoyaban la versión de Hildegarda y fue levantado el entredicho.

A los pocos meses de ser levantado el entredicho, el 17 de septiembre de 1179, a los 81 años de edad murió Hildegarda. Las crónicas hagiográficas cuentan que a la hora de su muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores que formaban una cruz en el cielo.

Entre 1180 y 1190 el monje Teoderico de Echternach escribió la Vita (Vida) de Hildegarda, recogiendo pasajes autobiográficos que la monja había dejado y contado. Gregorio IX abrió el proceso de canonización en 1227, aunque no se concluyó. Fue reabierto por Inocencio IV en 1244, sin que tampoco en esta ocasión se llegase a concluir. Sin embargo, debido a la difusión de su culto se la inscribió en el Martirologio romano, incluyéndose además su nombre en algunas letanías; se extrajeron reliquias de su sepulcro; se celebró su fiesta litúrgica; se le atribuyeron milagros y sus representaciones pictóricas y escultóricas comenzaron a ser objeto de veneración.

Sus reliquias fueron conservadas en el convento de Rupertsberg hasta la destrucción de éste en 1632, durante la Guerra de los Treinta Años. Entonces fueron llevadas a Colonia y después a Ebingen donde se depositaron en la iglesia parroquial donde aún reposan.

En 1940 se aprobó oficialmente su celebración para las iglesias locales. Con motivo del 800 aniversario de su muerte, Juan Pablo II se refirió a ella como profetisa y santa. De la misma manera, en 2006, el papa Benedicto XVI también se refirió a Hildegarda como santa y la encomió como una de las grandes mujeres de la cristiandad junto con Catalina de Siena, Teresa de Ávila y la madre Teresa de Calcuta.

En el año 2010 el papa Benedicto XVI dedicó a Hildegarda las Audiencias Generales del 1 y 8 de septiembre, dentro del marco de una serie de catequesis sobre escritores cristianos, siendo la primera mujer presentada en estas catequesis; recordó, entre otras cosas, que los contemporáneos de Hildegarda la consideraron con el título de “profetisa teutónica” y puntualizó el valor teológico de sus escritos y enseñanzas.

En diciembre de 2011, el papa Benedicto XVI anunció su decisión de otorgar a santa Hildegarda el título de “Doctora de la Iglesia”. El 10 de mayo de 2012 procedió a inscribirla en el catálogo de los santos y extender su culto litúrgico a la Iglesia universal, en una “canonización equivalente”. El 27 de mayo de 2012 durante el rezo del Regina Caeli del día de Pentecostés, el papa determinó la fecha para la proclamación como Doctora. El 7 de octubre de 2012, durante la misa de apertura del Sínodo de los obispos en la Basílica de San Pedro en Roma, se realizó la proclamación oficial por el cual se le concedió el título de Doctora para la Iglesia Universal junto con san Juan de Ávila por el papa Benedicto XVI.

Hildegarda también es venerada por algunas de las Iglesias que conforman la Comunión anglicana, entre ellas la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia episcopal escocesa. Tanto en la Iglesia católica como en la Comunión anglicana se la celebra el 17 de septiembre.

La iconografía religiosa de Hildegarda es escasa, probablemente porque su culto fue local por bastante tiempo. Se la retrata con los atributos propios de una abadesa de la orden de san Benito: báculo abacial y hábito benedictino con velo negro y blanco; sus representaciones más antiguas reproducen la manera en que aparece en las miniaturas de sus escritos: sentada con un estilo en la mano en actitud de escribir sobre un par de tablillas o dictando a un monje, con cinco flamas alrededor de la cabeza representando la visión divina. Más tarde se cambia el estilo por una pluma de ave, con algún pergamino o libro en la mano — comúnmente el Scivias — y algún instrumento musical.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: lacocinadonagume.blogspot.com

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La forma original

Fenomenología

El que quiera venir en pos de mí…

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¿Quién es Jesús? La pregunta, nos la hemos hecho en algún momento. Para responderla, hemos aprendido fórmulas o sencillamente decimos algunas, que no nos comprometen demasiado y así decimos; que es un gran hombre, que es protector de los débiles, que es el Señor.

Toda respuesta, sin dejar de ser verdadera, estará vacía, si no afecta a nuestra vida y si no expresa un compromiso con Jesús. Por eso, la segunda lectura del Apóstol Santiago, nos decía que una fe sin obras es una fe muerta y el Evangelio de Mateo, aun nos recordará, que los que no tienen una fe explícita en su presencia y han socorrido a los necesitados, es al mismo Cristo a quien lo han hecho.

Es verdad que la fe salva, como bien nos enseña San Pablo, pero la fe o nos lleva a las buenas obras o no es auténtica. La fe o se traduce en amor o no existe. Si la fe es don, las obras son la respuesta positiva a ese don. En una palabra, que si creemos, buscaremos hacer la voluntad de Dios y ese es el reto: no solo que creamos en él, sino que vivamos como él. Por eso Jesús, que se ha manifestado como Mesías y así lo ha expresado abiertamente Pedro con la expresión: «Tú eres el Mesías», quiere manifestarse también como Hijo de Dios, lo cual es todavía no evidente para Pedro y para los discípulos, de ahí que tenga que insistirles que ha de sufrir como Hijo y en obediencia al Padre, para llevar a cabo la salvación. La redención, operada por Cristo pasa por el sufrimiento y esto nos indica que el sufrimiento tiene un sentido redentor. Cuando sufrimos con Cristo, nuestro sufrimiento tiene también un sentido redentor, por eso, cargar con la cruz, significa que, si unimos nuestro sufrimiento al de Cristo, también éste tiene un sentido redentor, pues si Cristo nos he redimido por la cruz, esta redención que ya se ha dado, se tiene que dar en cada uno de nosotros ¿Cómo?  Cargando con nuestra cruz y uniendo nuestra cruz a la de Cristo. En una palabra: sufriendo con Cristo. El que así obra, nos decía, la primera lectura, de Isaías, no verá decepcionada su confianza y puede hacer frente a sus enemigos de forma resuelta, pues el Señor le ayuda. Este es el Siervo, el que ha puesto en Dios su confianza, ha sido ultrajado, pero Dios es testigo de su inocencia.

Las palabras del centurión a los pies de la cruz, dan fe de esta verdad: «realmente este es el Hijo de Dios». Este es el que hace la voluntad del Padre y el que viene a traernos no un mesianismo de triunfo, sino de humillación y sufrimiento. Hemos de dar una vuelta a nuestro modo de pensar y a la imagen de Dios que nos habíamos construido. Siguiendo los pasos de Jesús, hemos de proyectar nuestra vida, no como posesión egoísta y autosatisfactoria, sino como entrega.

Fuente: Contemplar y Proclamar

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Presentación ” Si alguno quiere venir en pos de mí…”

La oración explícita e implícita

…”Hace oír a los sordos y a hablar a los mudos.”

Destacado

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Jesús, se nos muestra en el Evangelio de este Domingo, cercano a alguien que por su enfermedad (sordomudo) se siente excluido de la sociedad, pero Jesus le cura, es decir, le devuelve no solo la salud, sino la capacidad de sentirse uno con los demás y recuperar su dignidad. Qué duda cabe que éste será después, uno de los que anuncien con fuerza la alegría de la salvación, el Evangelio de la misericordia y del perdón.

También nosotros somo sordos cuando no oímos las necesidades de los demás y somos mudos, cuando no somos capaces de decir una palabra de aliento al que está en el sufrimiento o en el dolor.

Si vivimos con Cristo y en Cristo, entonces comprenderemos la verdad de lo que somos, es decir: pobres por nuestra incapacidad, pero como nos recordaba la segunda lectura, llamados a ser ricos en la fe y herederos del Reino, pues como el hombre del Evangelio, que al encontrarse con Jesus, experimentó un cambio radical en su vida, así nosotros también experimentamos con Cristo la fuerza de su palabra que nos llama a la conversión. Entonces, no nos escandalizaremos de nosotros mismos y podremos acoger con la palabra de Jesus, la invitación a escuchar a los demás y a poderles decir igualmente, una palabra de aliento. Pero si no acogemos la palabra de Cristo y no somos capaces de reconocer que él nos ha escogido en nuestra pobreza, para ser herederos de su reino, prometido a todos los que le aman, seguiremos siendo sordos y mudos, incapaces de acoger y dar la Palabra que puede devolvernos a la vida de la comunión y del amor, y que nos libera de la sordera y de la incapacidad de hablar; podremos amar y escuchar al Señor en su palabra y proclamarla a los demás. Podremos alabarle y bendecirle por los dones que nos concede, y, sobre todo, podremos dirigirnos a él con un corazón nuevo, que no excluye a nadie, sino que a todos acoge y ama, pues es un corazón libre para amar, abierto al amor y a la verdad.

Si escuchamos la Palabra que nos salva y que puede devolvernos a la alegría del amor y del perdón, podremos afirmar, también, que todo lo ha hecho bien y nos sabremos partícipes de ese bien y de esa bondad que viene de lo alto, que no depende de nosotros pero que sí debemos pedir para poderla llevar a la práctica.

Fuente: Contemplar y Proclamar

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Presentación “…Hace oír a los sordos y a hablar a los mudos.”

San Gregorio Magno ( 540 – 604)

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Celebración 3 de septiembre

Historia, oración y frases de San Gregorio Magno

Hubiera querido ser monje, pero contrariamente a su deseo, fue elegido Papa. Se demostró entonces un hombre de acción práctico y emprendedor. Dio inicio a una profunda reforma de la Iglesia y nos dejó numerosos escritos. La grandeza de su obra le valió el apelativo de “Magno”.

Gregorio nació en Roma en torno al año 540 en el seno de una rica familia patricia romana, la gens Anicia, de fe cristiana y conocida por los servicios prestados a la Sede Apostólica. Sus padres, Gordiano y Silvia (a quien la Iglesia venera como santa el 3 de noviembre) le transmitieron los valores evangélicos con el ejemplo.

Después de cursar estudios de Derecho, Gregorio emprendió la carrera política y ocupó el cargo de Prefecto en Roma. Esta experiencia le ayudó a conocer los problemas reales de la ciudad y a desarrollar un profundo sentido del orden y la disciplina.

Pocos años después decidió retirarse, atraído por la vida monástica. Donó sus bienes a los pobres y convirtió la casa paterna, situada en el Celio, en un monasterio dedicado a san Andrés. Allí, en el recogimiento, se entregó a la oración y al estudio de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia.

De monje a Papa

Pero el Papa Pelagio II lo nombró diácono y lo envió a Constantinopla como su aprocrisario –nuncio apostólico-. Allí estuvo seis años, durante los cuales, además de llevar a cabo las tareas diplomáticas que le había confiado el Pontífice, siguió viviendo como monje con otros religiosos.

A su regreso a Roma, volvió a su monasterio del Celio. Tras la muerte de Pelagio II, en el 590, fue elegido como su sucesor.

Gregorio tuvo que afrontar un periodo difícil: los longobardos habían invadido la península Itálica, lluvias e inundaciones habían provocado numerosas víctimas y grandes daños, y muchas zonas se vieron afectadas por la carestía y la peste. Gregorio exhortó a los fieles a la oración y la penitencia, invitándoles a participar, durante tres días, en una solemne procesión penitencial hacia la basílica de Santa María la Mayor. Se cuenta que, mientras atravesaban el puente que enlaza la zona del Vaticano con el centro de Roma, Gregorio y la multitud tuvieron una visión del arcángel Miguel sobre la Mole Adriana, interpretándola como un signo celeste que anunciaba el final de la epidemia. A partir de este episodio, el antiguo mausoleo fue llamado Castel Sant’Angelo –castillo del santo ángel-.

Obra eclesiástica y civil

Durante su pontificado, Gregorio reorganizó la administración pontificia y se ocupó de la Curia romana, muchos de cuyos miembros eclesiásticos y laicos tenían intereses muy distintos de los espirituales y caritativos; por este motivo, confió numerosos encargos a monjes benedictinos. Reformó las actividades eclesiásticas en las diversas sedes episcopales. Estableció también que los bienes de la Iglesia fueran utilizados para su propia subsistencia y para la obra de evangelización del mundo; y gestionados con absoluta rectitud, justicia y misericordia.

Gregorio empleó sus propios bienes y los legados a la Iglesia para ayudar a los fieles: compraba y distribuía trigo, socorría a los necesitados, sustentaba a los sacerdotes, monjes y religiosos de clausura en situación de dificultad, pagaba rescates por los prisioneros.

Trabajó por la paz promoviendo treguas y armisticios. A él se deben también decisiones políticas encaminadas a salvaguardar Roma –olvidada por los emperadores- y negociaciones con los longobardos para asegurar la paz en Italia central. Gregorio estableció con ellos relaciones fraternales, se preocupó por su conversión y envió misiones de evangelización a los visigodos de España, los francos y los sajones. Envió a Britania al prior del convento de san Andrés en el Celio, Agustín –quien fue después obispo de Canterbury- y a cuarenta monjes.

Servus servorum Dei

Dotado de viva sensibilidad y de excepcional equilibrio para conllevar las exigencias místicas del monje con el respeto y la simpatía hacia la humanidad doliente, su obra literaria, de estilo sencillo, a veces humilde, a menudo elocuente, constituye el más luminoso comentario a su obra de pontífice que no vacila en enfrentarse con los desidiosos y con los potentados, como puede apreciarse en sus Epístolas. Dirigidas a los más diversos destinatarios, las cartas de San Gregorio tratan de variadas cuestiones y son un testimonio fundamental para el conocimiento de su actividad y de su personalidad.

Gregorio reformó la Misa y la hizo más simple; promovió también el canto litúrgico, que tomó de él el nombre de “canto gregoriano”. Su epistolario cuenta con más de 800 cartas. Se conservan también numerosas homilías suyas. Entre sus obras, destacan Moralia in Iob (Comentario moral al libro de Job), en el que afirma que el ideal moral consiste en la integración armoniosa entre palabra y acción, pensamiento y esfuerzo, oración y dedicación a los propios deberes; y la Regla pastoral, en la que traza la figura del obispo ideal, insiste en el deber del pastor de reconocer diariamente su propia miseria, y profundiza en la virtud de la humildad.

Para demostrar que la santidad es siempre posible, Gregorio escribe los Diálogos, una hagiografía en la que narra el ejemplo que dieron hombres y mujeres, tanto canonizados como no, acompañándolo con reflexiones teológicas y místicas. Es especialmente conocido el libro II, dedicado a san Benito de Nursia.

Se le reconoce a San Gregorio la compilación del Antiphonario, la revisión y reestructuración del sistema de música sacra, la fundación de la famosa Schola Cantorum de Roma y la composición de varios himnos muy conocidos. Pero su verdadera obra se proyecta en otras direcciones. Se le venera como el cuarto Doctor de la Iglesia Latina, por haber dado una clara expresión a ciertas doctrinas religiosas que aún no habían sido bien definidas y quizá su mayor labor fue el fortalecimiento de la Sede.

Se puede decir que Gregorio fue el primer Papa que utilizó el poder temporal de la Iglesia, sin olvidar por ello el aspecto espiritual de su tarea. Se mantuvo siempre simple y humilde, tanto que en sus cartas oficiales se definía “Servus servorum dei”, siervo de los siervos de Dios, apelativo conservado por sus sucesores.

Murió el 12 de marzo del año 604, y fue sepultado en la Basílica de San Pedro.

Fuente: vaticannews.va | aciprensa.com

Imagen: es.gaudiumpress.org

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Ejercicios espirituales en base a la Filocalía

El margen de libertad

Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

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Eran los fariseos los que decidían sobre los divorcios ...

Dios ha elegido por puro amor a su pueblo y ha establecido con él una Alianza. La primera lectura de Deuteronomio 4,1-2.6-8 nos habla de que la aceptación de un solo Dios y de las exigencias de la Alianza, lleva consigo la escucha fiel de la Palabra de Dios que es fuente de vida y de libertad. Este Dios no es un Dios alejado del hombre, sino que está en su interior, en su corazón, en su intimidad. En esta línea está también Jeremías, Oseas o el mismo San Juan. Es la corriente de espiritualidad característica del Deuteronomio y tiene como Palabra clave, la escucha. Israel, ha sido llamado, en virtud de la elección divina a escuchar la ley que Dios le da y a ponerla en práctica sin alterarla, solo así será conocido  y se distinguirá de los demás pueblos, como pueblo sabio y sensato y Dios pasa a ser el Dios cercano y próximo, que sobrepasa toda capacidad y todo juicio.

La segunda lectura es de la Carta del Apóstol Santiago 1,17-18.21b22.27 y nos recuerda que la escucha de la Palabra requiere una actitud de apertura especial y particular. Si bien esta Palabra revela la verdad sobre Dios y sobre el hombre, y tiene una fuerza intrínseca, sólo da fruto en plenitud con la colaboración del creyente, que encuentre sitio en un corazón disponible a escucharla y a ponerla en práctica. Ya Jesús había dicho la bienaventuranza: «dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen» y toda bienaventuranza nos lleva a Jesús que la proclama, a la esperanza que engendra y a la situación en la que el hombre se encuentra. A partir de ahí, desparece la tentación que acecha a todo creyente de separar el culto y el estilo de vida, dando lugar a acciones concretas: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo. La carta traduce así el dicho del Señor: «el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica es como aquel hombre sensato que edificó su casa sobre roca….(Mt 7,24ss)

El Evangelio es de Mc 7,1-8ª.14-15.21-23, y nos presenta una verdad que es válida para todos: «escuchadme todos». Todas las cosas creadas son buenas, según el proyecto del Creador (Gn 1) y, por consiguiente, no pueden ser impuras ni volver impuro a nadie. Lo que puede contaminar al hombre, haciéndolo incapaz de vivir la relación con Dios, es su pecado, que radica en el corazón, luego, no corresponde a la voluntad de Dios ni se está en comunión con él multiplicando la observancia formal de leyes con una rigidez escrupulosa sino purificando el corazón o dicho de otro modo, iluminando la conciencia, de forma que las acciones que llevemos a cabo, manifiesten la adhesión al mandamiento de Dios, que es el amor. Jesús conecta y supera la espiritualidad deuteronomista de la que nos habla la primera lectura.

Colocando al hombre frente a la genuina voluntad de Dios, Jesús lo libera de las exageraciones rabínicas y le proporciona la auténtica libertad y responsabilidad. Un equilibrio que siempre debemos mantener o recuperar.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: adelantelafe.com

Presentación “Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.”

San Agustín de Hipona

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Agustín de Hipona, San Agustín, es un caso curioso en la historia. Vagó perdido durante décadas, sin ser capaz de ligarse firmemente a unas creencias o valores que dieran sentido a su vida. En cambio, optó por una existencia cargada de placeres que, lejos de hacerle feliz, le llevó a la más absoluta desesperación.

Todo cambió con la fe cristiana. Armado con ella su vida dio un vuelco, convirtiéndose en uno de los pensadores más importantes y determinantes de su época. Su vida es un maravilloso ejemplo del tremendo peso que pueden tener en nuestro futuro la filosofía que poseemos y los valores que la sostienen.

Los primeros pasos de San Agustín

Agustín nació en el año 354 la ciudad de Tagaste (actual Argelia), en la provincia romana de Numidia, fruto del matrimonio entre Patricio, un hombre pagano de fuerte carácter, y Mónica, una piadosa cristiana que trató durante años de atraer a su hijo a los principios de la doctrina de Jesucristo. En aquellos primeros años, la familia disfrutaba de relativas comodidades, razón por la cual el pequeño Agustín pudo disfrutar de una buena educación. Esta vino, en sus comienzos, de la mano de un literattor, y se completaría más tarde con clases de gramática, cuando la familia tomó la decisión de trasladarse a la ciudad de Madaura.

Pero la mala fortuna hizo que su situación económica empeorara en esos años, de manera que tuvieron que retornar a Tagaste cuando Agustín era un adolescente, dedicándose a “disfrutar la vida”, es decir: al ocio puro y duro.

Son esos los años en los que se fragua la actitud hedonista de Agustín, que tanto lo torturará en el futuro. Bien es cierto que, en su famosa obra Confesiones, el mismo Agustín se aplica un código excesivamente riguroso, y si bien no fue un santo, tampoco fue un hombre malvado como tal. Sí, come, bebe y no le son ajenos los placeres de la carne. Confraterniza con compañías extravagantes y disfruta de la popularidad, la atención de los demás y las ventajas de cometer ciertas triquiñuelas… Un joven, ni más ni menos. Por esta razón, al ver la senda en que empieza a adentrarse, sus padres deciden pedir ayuda a un amigo, Romaniano, quien se encarga de costear el traslado del joven a la mítica ciudad de Cartago para que siga estudiando.

En sus primeros años, va con compañías extravagantes y disfruta de la popularidad, la atención de los demás y las ventajas de cometer ciertas triquiñuelas… Un joven, ni más ni menos

Allí, en la ciudad del placer (fama bien ganada de Cartago), Agustín toma lecciones de filosofía y retórica, área esta última en la que destaca gracias a su talento y elocuencia natural. Lamentablemente, el estudio no afecta a su vida disoluta. Acude al teatro, a tabernas, a certámenes de poesía y va saltando de una amante a otra. Vive por y para el placer y en esos años establece una relación de pareja (sin casarse) con una mujer a quien dejará embarazada. De dicha relación, que durará cerca de 14 años, nacerá su hijo Adeodato.

Adopción del maniqueísmo

Pese a su predilección por el ocio, Agustín no deja de ser un hombre bendecido con una mente brillante que se siente atraída en esos años por la obra de Cicerón, concretamente Hortensio, aunque las creencias que terminarán por conquistarle serán las maniqueas. El maniqueísmo, fundado por el persa Maní –quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la tierra–, fue una religión universalista que defendía una visión dual de la existencia: el mundo se encuentra en una continua lucha del bien con el mal, lucha a la que no es ajena la vida humana. Por un lado, el alma representa la luz, el bien; mientras que, por otro lado, el cuerpo, que está sujeto a las pasiones, representa el mal. Para alcanzar la liberación de la primera sobre el segundo, apostaban por diferentes prácticas ascéticas de renuncia a todo lo material, que, por otra parte, tuvieron poco efecto en Agustín. Los maniqueos consideraban que su religión era la creencia definitiva y verdadera, por encima de todas las demás confesiones.

Imbuido por estas ideas, Agustín retorna al hogar materno, lo que crea duros conflictos con su devota madre, quien lo expulsa a él y a su familia. Tiene que ser de nuevo Romaniano quien se haga cargo de él, aceptándolo en su casa y buscándole un empleo como profesor. Sin embargo, esta unión durará poco. Agustín tiene en mente retornar a Cartago a seguir con su vida libre de ataduras y para ello pide dinero para así poder fundar una escuela de retórica en la antigua capital púnica.

Es entonces cuando contacta con una de las grandes figuras del maniqueísmo, el sabio Fausto de Milevo, quien, contra todo pronóstico, lo decepcionada profundamente. No ve en él nada loable, aprendiendo más Fausto de la cultura de Agustín que él del sabio, y con ello sus creencias maniqueas empiezan a desplomarse.

En el año 383, tras engañar a su madre, Agustín escapa a Roma, donde cree que podrá empezar una nueva vida. Para ello vuelve a encontrar trabajo como profesor, pero pronto descubre que esa es otra de las facetas de su vida de las que empieza a estar cansado. Es un tema recurrente que se repite una y otra vez: nada parece satisfacerle. Ninguna creencia es capaz de enderezar su vida y darle la estructura y los principios tanto ansía. Se siente terriblemente perdido y culpable, más aún debido al engaño y abandono a su madre. Y para colmo de males enferma gravemente. Siente en su interior que nunca será capaz de encontrar la verdad.

Por un lado, el alma representa la luz, el bien; por otro lado, el cuerpo, sujeto a las pasiones, representa el mal

Ya repuesto y con la ayuda del entonces prefecto de Roma, Símaco, logra ser recomendado para un cargo como maestro de retórica en Milán, y puesto que no tiene nada más a lo que agarrarse, se traslada otra vez. Allí, acude su madre, Mónica, y su hermano Navigio, quienes le convencen para que finalice de una vez por todas su relación extramatrimonial, ponga orden en su vida y se busque una buena esposa. Agustín acepta…a su manera: Abandona a la madre de su hijo y se compromete con otra mujer, no sin antes buscarse otro par de amantes.

La conversión de Agustín

Harto de no encontrar ninguna filosofía o creencia que dé sentido a su vida, empieza a tontear con el escepticismo, la corriente que dice que el hombre no tiene capacidad para conocer la verdad. Visto lo visto, quizá ese sea el mejor camino para él: dudar de todo.

Y es entonces, cuando menos se lo espera, cuando comienzan a darse las circunstancias para que todo cambie, para el giro radical que hará que su nombre entre en los libros de historia. El primer paso no es otro que el efecto que tienen en su persona los sermones del obispo de Milán, Ambrosio, cuyas palabras van poco a poco haciendo mella en él mientras se acerca al estudio de la filosofía de Plotino. Esta mezcla de cristianismo y neoplatonismo va cobrando forma en su mente, augurando la gran aportación que habrá de hacer a la historia de la filosofía.

Pero aún es pronto. Sus problemas no están en absoluto resueltos y todavía siente vergüenza y frustración por su personalidad débil y pecadora. Su vida sigue sin tener un sentido que la estabilice. Lo que él no sabe es que el momento definitivo está a la vuelta  de la esquina. Una tarde, mientras pasea por un huerto en plena crisis existencial, asqueado de sí mismo, escucha la voz de un niño que se acerca a él, le entrega una Biblia y le dice: “Lee”. Y la primera página en la que posa los ojos reza:

“Porque ya es hora de que despertéis del sueño, pues ahora nuestra salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzando, el día se acerca. Abandonemos, por tanto, las obras de las tinieblas, y revistámonos con las armas de la luz. Como en pleno día tenemos que comportarnos: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Al contrario, revestíos más bien del señor Jesucristo y no estéis pendientes de la carne para satisfacer sus concupiscencias.” Romanos, 13, 11-14

Una tarde, mientras pasea por un huerto en plena crisis existencial, escucha la voz de un niño que se acerca a él, le entrega una Biblia y le dice: “Lee”

Tal y como Agustín cuenta en su obra más personal, Confesiones: “Al llegar al final de la página se desvanecieron todas las sombras de duda”. Por fin se siente libre, transformado, lleno de paz. Y comprometido con esa experiencia que atribuye a Dios, abandona, de un plumazo, su vida anterior. Deja a su prometida, a sus amantes y su empleo, y toma la decisión de dedicar por completo su vida a Dios y al estudio de la Biblia. Esto dará una inmensa alegría a su madre, que llevaba 30 años tratando de que viviera según las enseñanzas cristianas.

Toda la familia, así como un pequeño grupo de amigos, se traslada a Casiciaco, en las cercanías de Milán, donde el futuro San Agustín será bautizado por San Ambrosio a la edad de 33 años. En la pequeña población comienza una nueva vida llena de pureza y castidad, dedicando todos sus esfuerzos al estudio de la filosofía cristiana. Será en esta villa en la que escriba alguna de sus primeras obras filosóficas: Contra los académicos, De la vida Feliz, Soliloquios y La inmortalidad del alma.

Obispo de Hipona

Al año siguiente muere Mónica, su madre, y Agustín toma la decisión de retornar a su tierra natal junto su amigo Alipio y su hijo Adeodato, para dedicarse en cuerpo y alma a la vida religiosa como tal. Nada más llegar, vende todas sus pertenencias, entrega buena parte de sus ganancias a los pobres, acaba con todas sus deudas y transforma la casa familiar de Tagaste en un monasterio donde, junto a sus discípulos, dedicarse a hacer vida monacal. Sólo permanecerán allí tres años (a lo largo de los cuales sufrirá la muerte de su hijo Adeodato), pero sus prácticas se harán famosas en toda la región, hasta el punto de recibir la orden sacerdotal ante la insistencia de sus fieles.

Al año siguiente vuelven a trasladarse, en este caso a la ciudad que quedará para siempre asociada a su nombre: Hipona. Será el obispo de esta ciudad, Valerio, quien apueste por Agustín para fundar un nuevo monasterio. Y se demostró como una gran elección, pues pronto se gana el aprecio de todos por su labor, hasta el punto de ser nombrado sucesor de Valerio por el primado de Cartago en el año 395. A la muerte de su valedor, tomará su puesto como obispo de Hipona y desde su cátedra se dedicará a la misión episcopal hasta el final de sus días.

A lo largo de los siguientes años la obra filosófica de Agustín de Hipona será verdaderamente imparable, llegando a desarrollar una ingente producción que ocuparía más de 100 tomos (La vida beata; Soliloquia; La ciudad de Dios; Manual de fe, esperanza y caridad; Confesiones, etc.) y cuyo valor lo colocaría durante siglos como el primero de los grandes padres de la iglesia, junto al ya citado San Ambrosio de Milán, San Gregorio Magno y Jerónimo de Estridón. Y no termina ahí su trabajo. Realiza también una fabulosa labor pastoral y teológica, con los necesarios enfrentamientos con las corrientes maniqueas, arrianas, donatistas y pelagianas, que diferían de la ortodoxia católica.

Ya como obispo de Hipona tuvo un papel muy destacado en los concilios de III de Hipona y III y IV de Cartago, presidiendo alguno de los mismos y alzándose como una de las grandes figuras del cristianismo de su siglo. Y todo ello mientras asiste, día tras día y año tras año, a la caída en barrena del imperio romano, que tras el saqueo de Roma por las tropas del Rey Visigodo Alarico I en el año 410, parecía completamente condenado.

En 426, nombra a Heraclio como sucesor, con la intención de retirarse al estudio y la oración. Y en el año 430, con Mauritania y Numidia arrasadas, e Hipona sitiada y a punto de caer bajo las garras de Genserico (rey de los vándalos y los alanos), a Agustín de Hipona le llega la muerte a los 75 años de edad, rodeado de amigos y fieles. Pasó sus últimos días confortando a sus conciudadanos ante la probable caída de la ciudad y dirigiendo sus esperanzas al cielo. Un año después Hipona sería incendiada por los bárbaros.

Su relevancia y su legado

Padre, doctor y santo de la iglesia católica, quien fuera un alma «descarriada» durante buena parte de su existencia, terminaría convirtiéndose en el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y uno de los más grandes genios que ha conocido la humanidad. San Agustín fue el primer esfuerzo importante de fusionar razón y fe, filosofía y religión. En torno a su figura se formó la orden religiosa de los agustinos y dio nombre también a toda una corriente intelectual que influyó decisivamente en los teólogos y filósofos medievales: el agustinismo. Pocos ejemplos hay en la historia que muestren tan a las claras el peso que las creencias pueden llegar a tener en nuestra vida, así como del inmenso poder transformador que tiene la fe.

10 citas de San Agustín para conocer sus ideas

  1. “Pobre no es quien tiene menos, sino quien más necesita para ser feliz”
  2. “La fe es creer lo que no vemos, y su recompensa, ver lo que creemos”
  3. “El mundo es igual que un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página”
  4. “Haz lo que puedas. Dios no te pide más”
  5. “No salgas de ti. Vuelve a tu interior. En el interior del hombre se encuentra la verdad”
  6. “Cuida el orden y él mismo orden cuidará de ti”
  7. “El amor es una piedra preciosa. Cuando no se posee, todo falta. Cuando se posee, todo sobra”
  8. “Conócete. Acéptate. Supérate”
  9. “Errar es humano. Perseverar en el error es diabólico”
  10. “La ociosidad camina con lentitud y, al final, todos los vicios la alcanzan”

Fuente: filco.es

Imagen: historia-biografia.com

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Presentación de San Agustín de Hipona

Ejercicios espirituales en base a Filocalía

“Señor, ¿a quién iremos?…”

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La primera lectura es del libro de Josué 24,1ª.15-17.18b y tiene como contexto la conquista de la tierra prometida que fue lenta y los habitantes del país tienen sus propios dioses. Los hebreos, por su parte, vienen del desierto, trayendo su propia fe monoteísta en su Dios Yahvé. En el encuentro con los nativos, la fe monoteísta, se vio en dificultades. Máxime cuando veían, la riqueza y los exuberantes cultos que allí se daba a los dioses. Ante esta situación, era preciso renovar la Alianza y descubrir su riqueza en el marco de una celebración donde el pueblo responde con la aceptación de la alianza y el cumplimiento de sus cláusulas. Esto es importante, resaltarlo ya que quienes sancionaron la Alianza en Siquem, no eran los mismos que atravesaron realmente el desierto, sino que eran sus descendientes, lo que nos indica que estamos ante una fe creíble, histórica  y que actualiza la historia de la salvación. Pero esto no quiere decir que el pueblo cumpla con esos compromisos adquiridos.

En la segunda lectura de Efesios 5,21-32 Pablo, no hace ningún alarde de machismo cuando dice que el marido es la cabeza de la mujer, sino que está hablando de la relación entre Cristo y la Iglesia, de manera que como Cristo, es cabeza de la Iglesia, así el esposo es cabeza de la esposa. Seguramente, fue escrito como respuesta a ciertas acusaciones dirigidas a los cristianos en el sentido de que amenazaban la estabilidad del tejido social, puesto que exigían cierta igualdad entre todos los fieles, pues el matrimonio como expresión de la vida que existe en Dios, es una comunión de vida y de amor y en este sentido el que el esposo sea cabeza, quiere decir que debe amar más y sabiamente a la esposa y que como la cabeza no se puede separar del cuerpo, tampoco la unión matrimonial puede disolverse. Esto que es lo que se da entre Cristo y la Iglesia, es lo que se da entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. Consecuentemente: «serán los dos una sola carne».

El Evangelio de Jn 6, 60-69, muestra la incredulidad de los discípulos ante las palabras de Jesús que afirman la necesidad de comer su carne y beber su sangre. Es necesario que Jesus muera y resucite para que lo puedan entender, pues sólo quien ha nacido y ha sido vivificado por el Espíritu y no obra según la carne, comprende la revelación de Jesús y es introducido en la vida de Dios.

Todo esto nos indica que, si bien el lenguaje en la transmisión de la fe es importante, la fe siempre será un paso duro de dar, pues supone una elección, una alianza del tipo de la propuesta por Josué; implica elecciones no siempre fáciles ni siempre indoloras. Y frente a los compromisos que afectan profundamente a nuestra vida, nos vemos tentados también a hablar de exageración o de complicaciones, que la Palabra se debe interpretar o sencillamente que los tiempos han cambiado. Frente a todo ello hoy el Señor nos sigue diciendo con claridad y entereza que es preciso estar con él o dejarle.

Pidamos poder decir con Pedro: «Señor ¿a quien iremos? Tus palabras dan vida eterna»

Fuente:<a href="http://&lt;!– wp:paragraph –> <p>Fuente: </p> Contemplar y Proclamar

Imagen: youtube.com

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Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida Eterna

La legión en mí

Santa Teresa Benedicta de la Cruz

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Celebración 9 de agosto

Acercarnos a la persona de Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, supone encontrarnos con una buscadora apasionada de la Verdad, rasgo que la definió toda su vida. Nació el 12 de octubre de 1891 en el seno de una familia judía en Breslau (actual Polonia), donde su madre, mujer fuerte y de fe profunda, educó a sus hijos en un clima de respeto y libertad responsable. La fe de Edith se irá debilitando a medida que quiera hacer suyas las creencias recibidas; al no encontrar respuesta a sus interrogantes, las abandonará en su adolescencia.

Poseía una inteligencia e intuición extraordinarias, por lo que fue una alumna brillante en todos sus estudios. Movida por un impulso interior de búsqueda del sentido de la vida, estudió Psicología, materia que le defraudó. Se siente atraída por la historia, filosofía y germanística, que estudió durante los años universitarios en su ciudad natal.

En su proceso de búsqueda se encuentra con la obra: Investigaciones lógicas de quien será su maestro y admirado filósofo, Edmund Husserl, padre de la fenomenología, ciencia que abrirá nuevas perspectivas al conocimiento de la esencia de las cosas. En la universidad de Gotinga se dedicará a la profundización de esta ciencia junto a otros filósofos como Scheler, Reinach, el matrimonio Conrad-Martius que serán a la vez, grandes amigos suyos.

Cuando estalla la I Guerra Mundial, se alista como enfermera de la Cruz Roja, pues está convencida de que su vida ya no le pertenece, ha de ser entrega al “gran acontecimiento”. Se encuentra con el misterio del dolor y de la muerte de una manera sumamente real que le llevará a asumir como propios los sufrimientos de los hombres.

Sigue estudiando y preparando la tesis doctoral, en la que recibirá la máxima distinción, “summa cum laude”, con el tema: Sobre la empatía. Intenta acceder a una cátedra universitaria pero se le niega por ser mujer.

Dos hechos la conmoverán profundamente y serán determinantes para dar el paso a la fe en Cristo: la actitud de serenidad frente a la muerte que apreció en la esposa de Reinach, caído en combate;  y la lectura de la Vida de Santa Teresa de Jesús en casa de su amiga H. Conrad-Martius.

A partir de entonces prosigue su particular itinerario de profundización en la fe, camino de abandono progresivo y confiado en las manos de quien se le ha revelado como la Verdad y fuente de toda sabiduría. Su deseo de entrega total al Señor en el Carmelo se verá precedido por unos años intensos en que desarrollará su tarea como profesora de alemán en las dominicas de Espira, conferenciante en instituciones pedagógicas y filosóficas, estudiosa y traductora de autores como Sto. Tomás de Aquino o el cardenal Newman, profesora en el Instituto de Pedagogía Científica de Münster… El ambiente de fuerte antisemitismo que se respiraba (1933), la forzará al abandono de la enseñanza.

Parecía llegado el tiempo ansiado de iniciar la vida en el Carmelo y tras un doloroso encuentro con su madre, quien no había aceptado la conversión de Edith, ingresa el 14 de octubre de 1933 en el Carmelo de Colonia, donde permaneció hasta el 31 de diciembre de 1938, fecha en que se traslada al Carmelo de Echt (Holanda), por la asfixiante persecución contra los judíos y católicos de Alemania. Asumió la “ciencia de la cruz” hasta sus últimas consecuencias; entró en la “Vida” el 9 de agosto de 1942 en Auschwitz-Birkenau.

Fue beatificada (1987), canonizada (1998), nombrada copatrona de Europa (1999) quien supo aunar en sí, la búsqueda de la Verdad junto al confiado abandono en Dios.

Fuente: carmelitaniscalzi.com

Imagen: tratardeamistad.blogspot.com

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Discurso útil y admirable para el alma

San Ignacio de Loyola (1491-1556)

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Celebración 31 de julio

(Íñigo López de Recalde; Loyola, Guipúzcoa, 1491 – Roma, 1556) Fundador de la Compañía de Jesús. Su primera dedicación fueron las armas, siguiendo la tradición familiar. Sin embargo, tras resultar gravemente herido en la defensa de Pamplona contra los franceses (1521), cambió por completo de orientación: la lectura de libros piadosos durante su convalecencia le decidió a consagrarse a la religión.

Se retiró inicialmente a hacer penitencia y oración en Montserrat y Manresa, donde empezó a elaborar el método ascético de los Ejercicios espirituales (1522). Luego peregrinó a los Santos Lugares de Palestina (1523). De regreso a España comenzó a estudiar (ya con 33 años y para poder afrontar mejor su proyecto de apostolado) en las universidades de Alcalá de Henares, Salamanca y París.

Las primeras actividades de San Ignacio de Loyola difundiendo el método de los ejercicios espirituales le hicieron sospechoso de heterodoxia (asimilado a los «alumbrados» o a los seguidores de Erasmo de Rotterdam): en Castilla fue procesado, se le prohibió la predicación (1524) y hubo de interrumpir sus estudios.

En cambio en París (1528-34), donde se graduó como maestro en Artes (aunque no terminó los estudios de Teología), San Ignacio de Loyola consiguió reunir un grupo de seis compañeros a los que comunicó sus ideas y con los que sembró el germen de la Compañía de Jesús, haciendo juntos votos de pobreza y apostolado en la Cueva de Montmartre. Ante la imposibilidad de marchar a hacer vida religiosa en Palestina, por la guerra contra los turcos, se ofrecieron al papa Pablo III, quien les ordenó sacerdotes (1537).

En los años siguientes se dedicaron al apostolado, la enseñanza, el cuidado de enfermos y la definición de una nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, cuyos estatutos aprobó el papa en 1540; San Ignacio de Loyola, cuyo fervor y energía inspiraban al grupo, fue elegido por unanimidad su primer general.

La Compañía reproducía la estructura militar en la que Ignacio había sido educado, pero al servicio de la propagación de la fe católica, amenazada en Europa por las predicaciones de Lutero, que habían puesto en marcha la Reforma protestante. Las Constituciones que Ignacio le dio en 1547-50 la configuraron como una orden moderna y pragmática, concebida racionalmente, disciplinada y ligada al papa, para el cual resultaría un instrumento de gran eficacia en la «reconquista» de la sociedad por la Iglesia en la época de la Contrarreforma católica.

Aquejado de graves problemas de salud, San Ignacio de Loyola alcanzó a ver, sin embargo, en sus últimos años de vida, la expansión de la Compañía por Europa y América, con una fuerte presencia en la educación de la juventud y en el debate intelectual, en el apostolado y en la actividad misionera (destacando la labor en Asia de San Francisco Javier). Muerto Ignacio, le sucedió como general de los jesuitas su más estrecho colaborador, el castellano Diego Laínez. Fue canonizado en 1622 por Gregorio XV.

Fuente: biografíasyvidas.com

Presentación San Ignacio de Loyola

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Homilía del Padre Jose

Fiesta de Santiago Apostol

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Santiago el Mayor, apóstol

«Jacob» en hebreo. Jacobo en griego o latín. Era  Santiago “el hermano de Juan”, “el hijo de Zebedeo, Santiago, el mayor”  judío de Galilea, nacído en la orilla norte del lago. En la cercana ciudad de Cafarnaúm . Con su hermano Juan trabajaba en la pesca con su padre Zebedeo, asociados con otros dos hermanos: Pedro y Andrés.

Cuando Jesús les dijo: “seguidme”, lo dejaron todo. aquello les pareció fascinante, pues Jesus los llama para formar parte de un grupo especial de DOCE para:

1. Ser su grupo de acompañamiento, algo así como sus más estrechos colaboradores “para que estuviéramos con Él” (Mc 3,14). Estar con él. Eso es ser discípulo.

2. Para  llevar su mensaje, ser Testigos de lo que vivieron y así ser discípulos

3. Para encarnar  y simbolizar el nuevo Pueblo de Dios, como las doce tribus del antiguo Israel y formar una nueva comunidad fraterna, de discípulos, en comunidad.

Santiago junto con Pedro y juan, fueron testigos excepcionales de los momentos más importantes de Jesús. Entre otros: la resurrección de la niña Tabita (Gacela). Allí quedó patente  el PODER de Jesús sobre la muerte,  y que su REINO era un reino de vida.

El  destello de su divinidad en el monte Tabor.  Su GLORIA, en la Transfiguración: manifestando que era realmente DIOS, a pesar de su humilde aspecto.

También fueron testigos  de su angustia ante la muerte, en el Huerto de los Olivos, profundamente HUMANO.

Los tres momentos juntos revelan el misterio de Jesús en su totalidad.

A Juan y a Santiago se les conoce como: los “HIJOS DEL TRUENO” He aquí  tres situaciones en las que su ímpetu fue exagerado:

El exorcista desconocido (Mc 9,38-40). Increparon duramente a un desconocido,  que expulsaba demonios, sin ser de los discípulos y Jesus los reprendió

El rechazo samaritano (Lc 9,52-56). Otro día pidieron  fuego del cielo para acabar con una aldea samaritana que no les había recibido. Una vez más Jesus les reprendió.

El Evangelio que hoy leemos La petición de los primeros puestos (Mc 10, 35-41). Aquí la reprimenda no solo fue de Jesus sino de todos los demás.

Pero a pesar de ese ímpetu, cuando Jesús fue prendido en el huerto, lo dejaron completamente solo; refugiándose en el Cenáculo, cerrando las puertas a cal y canto. Pero enseñados por Jesús, aprendieron a reconocer y aceptar la propia fragilidad,  debilidad, e imperfección. ¡Todo esto fue fundamental a la hora de construir la comunidad cristiana…!

Pero tras pentecostés se lanzaron a anunciar por todas partes la Buena Noticia de la Resurrección.

Herodes Agripa I, queriendo contentar a los judíos, molestos con el éxito de su predicación, decidió dar un escarmiento a la comunidad cristiana …y en los años 41-44, decapitó a Santiago. Pero como Jesús, también resucitó. Y al igual que Jesús sigue vivo alentando nuestra vida y nuestro peregrinar por este mundo

… En SANTIAGO de COMPOSTELA nos recuerda que ser persona y ser discípulo significa siempre caminar. Porque Jesús quiso ser EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.

Fuentes: ciudadredonda.org | Contemplar y proclamar

Imagen: aciprensa.com

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Santa María Magdalena

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22 de Julio

Descubre a María Magdalena y su importancia en la ...

En los Evangelios se habla de María Magdalena, la pecadora (Luc 7, 37-50); María Magdalena, una de las mujeres que seguían al Señor (Jn 20, 10-18) y María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc 10, 38-42). La liturgia romana identifica a las tres mujeres con el nombre de María Magdalena, como lo hace la antigua tradición occidental desde la época de San Gregorio Magno.  

El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, una población situada sobre la orilla occidental del mar de Galilea, cerca de Tiberíades, en la que el Señor encontró por primera vez a aquella mujer. San Lucas hace notar que era una pecadora (aunque no afirma que haya sido una prostituta, como se supone comúnmente).

Cristo cenaba en casa de un fariseo donde la pecadora se presentó y al momento se arrojó al suelo frente al Señor, se echó a llorar y le enjugó los pies con sus cabellos. Después le ungió el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. El fariseo interpretó el silencio de Cristo como una especie de aprobación del pecado y murmuró en su corazón. Jesús le recriminó por sus pensamientos. Le preguntó en forma de parábola cuál de dos deudores debe mayor agradecimiento a su acreedor: aquél a quién se perdona una deuda mayor, o al que se perdona una suma menor.

En el capítulo siguiente, San Lucas, habla de los viajes de Cristo por Galilea, dice que le acompañaban los apóstoles y que le servían varias mujeres.   Entre ellas figuraba María Magdalena, de la que había arrojado “siete demonios”. También se recuerda a María Magdalena por otros episodios. En la hora más oscura de la vida de Cristo, María Magdalena contemplaba la cruz a cierta distancia. Acompañada por “la otra María”, descubrió que alguien había apartado la pesada piedra del sepulcro del Señor. Fue ella la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo resucitado.

María Magdalena, la contemplativa, fue el primer testigo de la resurrección del Señor, sin la cual vana es nuestra esperanza. El Hijo de Dios quiso manifestar la gloria de su resurrección a aquella mujer manchada por el pecado y santificada por la penitencia. La tradición oriental afirma que después de Pentecostés, fue a vivir a Efeso con la Virgen María y San Juan y que murió ahí. Pero, según la tradición francesa adoptada por el Martirologio Romano y muy difundida en occidente, María Magdalena fue con Lázaro y Marta a evangelizar la Provenza y pasó los treinta años de su vida en los Alpes Marítimos, en la caverna de la Sainte Baume.

Poco antes de su muerte fue trasladada milagrosamente a la capilla de San Maximino, donde recibió los últimos sacramentos y fue enterrada por el santo.

Imagen: artelista.com

Fuente: aciprensa.com

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Domingo 15 del T.O.

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El anuncio del Reino

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La Palabra profética no siempre estuvo en manos de verdaderos representantes. La primera lectura nos muestra el enfrentamiento entre Amasías, que representa el culto oficial de la Corte y Amós que no está sometido a estas ataduras y habla con libertad lo que Dios le ordena.

En Betel, Amós es un extranjero indeseado, porque su palabra pone en peligro las instituciones del reino y por ello es expulsado, a lo que responde con una afirmación del origen divino de su propia actividad profética: él no es profeta ni por descendencia ni por necesidad económica, sino solo a causa de la llamada recibida de ser portavoz e intérprete de la verdadera voluntad de Dios y de sus planes, que por lo general contrastan con los de los hombres. El verdadero profeta, se somete al designio de Dios y a sus planes que miran siempre hacia el bien común, de ahí que sea también el hombre de la escucha.

Este plan de Dios se concreta en Jesucristo. La segunda lectura es de Efesios 1,3-14, nos muestra el gran himno cristológico que abre la Carta. Jesucristo es el arquetipo y el artífice del plan eterno de Dios. Todo tiene lugar en él y por medio de él. Los creyentes están así insertos en una realidad dinámica, no estática: la vida del creyente en Cristo está en un continuo devenir, es decir en un continuo proceso de liberación llevada a cabo por Jesús a quien pertenecemos por el bautismo, y el cual nos abre a la esperanza, virtud teologal que tiene como objeto la bondad de Dios, se apoya en su poder y solo es colmada en su posesión final. Se basa en la certeza de Dios, presente en medio de nosotros y posibilita la felicidad ya en este mundo, según las bienaventuranzas, aunque inmersos en el sufrimiento y angustias de nuestro mundo.

El Evangelio es de Mc 6,7-13. En él, Jesús, después de haber visto la resistencia que había encontrado en Nazaret a causa de la incredulidad de sus habitantes, no solo sigue su actividad, sino que la prolonga asociando a los doce a la misión, indicándonos que el discípulo es no solo el que ha sido llamado por Jesús sino también, el enviado por él a la misión. En un mundo, como el nuestro, en que parece que Dios guarda silencio en sus llamadas, es necesario recuperar la seguridad de que Dios sigue llamando a cada uno y a cada una para la tarea que él le asigne. Ahora bien, Si Jesús llama libremente a los que quiere, también pone las condiciones para llevar a cabo la misión.

La sobriedad, que forma parte del estilo de vida del misionero, es parte del anuncio pues proclama la confianza en la Palabra que le ha enviado y cuyo valor está por encima de cualquier tipo de riqueza. La llamada es un signo de confianza del Maestro. Es necesario, hoy como ayer, evangelizar para que el hombre conozca la Buena noticia, esto es, que la vida del hombre sobre la tierra tiene sentido. Así se nos dice que expulsaban muchos demonios; es decir, todo lo que nos impide vivir como auténticos hijos de Dios.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: catolicoslaicos.com

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Invitación a rezar juntos: “La oración de Jesús”

Homilía 14 Domingo del T.O.

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Ciclo B

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A lo largo del Antiguo Testamento, El Espíritu de Dios se haya con especial fuerza en los profetas. La primera lectura es del profeta Ezequiel 2,2-5. Nos muestra la vocación del profeta y su capacitación por el Espíritu para desempeñar su tarea, pese a que en esta tarea se va a encontrar con fuertes resistencias. A la acción de Dios corresponde por parte de Ezequiel permanecer a la escucha: a la Palabra le corresponde la escucha, pero ya desde el desierto, después de la liberación de Egipto, no ha sido fácil. De hecho, el rechazo, la oposición e incluso el enfrentamiento, fueron casi permanentes. El profeta aparece entonces como signo de contradicción, como piedra de tropiezo para los que corren hacia su propia ruina, pero Dios y su profeta siguen adelante con la misión. Su Palabra es viva y eficaz y ha de ser proclamada tanto si es acogida como si no lo es, pues el mundo y la Iglesia necesitan esta Palabra que ha de ser proclamada siempre y en todo lugar.

La segunda lectura es de 2 Corintios 12,7-10. Aquí Pablo nos habla de la fuerza en la debilidad. Debilidad que él entiende siguiendo el modelo de la debilidad del Señor, pues del mismo modo que la cruz produce escándalo, también la fragilidad humana del apóstol, descrita en forma de persecuciones, insultos, divisiones en la comunidad, enfermedad, angustia, puede provocar una reacción de desconfianza y miedo por parte de los corintios. Si bien la fuerza del Evangelio lleva todo el poder de Dios que garantiza su eficacia, Dios ha decidido a lo largo de la historia de la salvación y de manera especial en los elegidos que esta fuerza se realice por medio de la colaboración total y generosa por parte del hombre sin olvidar su propia debilidad. El esquema de las bienaventuranzas nos muestra bien a las claras esto, al decirnos que se puede ser feliz a pesar de las dificultades y aparentes fracasos. En el fondo no es sino seguir el modelo de Cristo que se dejó crucificar en su débil naturaleza humana, pero está vivo por la fuerza de Dios. De este modo, cuando somos débiles al compartir su debilidad, nos hacemos capaces de compartir su vida divina. Cristo se ha hecho débil por nosotros, para que nosotros en nuestra debilidad lleguemos a ser fuertes y alegres al compartir sus padecimientos. Este no es solo el lenguaje de las bienaventuranzas, sino de toda evangelización y de toda vida cristiana que se precie de serlo.

El Evangelio es de Marcos 6,1-6, nos muestra el rechazo de Israel hacia la revelación de Dios en Jesucristo, concretamente se hace referencia a los más íntimos de Jesus, la gente de su propia tierra, de su casa, lo que nos indica que no es fácil llegar a comprender a Jesús pues su personalidad humana, escondía otra realidad que era preciso descubrir. He ahí su extrañeza, que aquellos con los que había pasado su vida, no captaron ni intuyeron quien podía ser Jesús. Este interrogante que queda abierto, culminará con la solemne confesión por parte de Pedro en Cesarea de Filipo, como escuchábamos el domingo pasado.

El Escándalo siempre estará provocado esencialmente por la manifestación del poder de Dios en una forma frágil, débil. En el centro está la lógica de la cruz, que da un sentido definitivo a la historia de todos los pobres de la tierra, pero esta historia no termina en la cruz, ya que el sepulcro no se queda cerrado, sino que se abre de par en par, para dejar salir la vida para siempre y así es como ha querido salvarnos Dios.

Fuente: Contemplar y Proclamar

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Vivir despacio

Invitación a rezar juntos

No temas, basta que tengas fe.

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Dios ha creado al hombre para la vida y la muerte no procede de él. La primera lectura es del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2,23-25. Este texto se hace eco del Génesis, en donde encontramos el verdadero proyecto de Dios que nos llama a la vida, pero ese proyecto quedó truncado por el pecado y su fruto que es la muerte. Pero la muerte no forma parte de la estructura esencial del hombre, sino que su estructura, le lleva más bien a la vida y a la inmortalidad, como nos recuerda Jesús cuando los saduceos le preguntan a cerca de la eternidad, a lo que responde, que seremos como ángeles de Dios y destinados a la resurrección. La muerte es siempre algo extraño al hombre, que le esclaviza. Pero Dios nos da la posibilidad de acoger la vida si miramos la cruz y vemos en ella la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Esa lucha entre la vida y la muerte, de la que Cristo sale vencedor, es la que experimentamos cada uno de nosotros en nuestro corazón.

La segunda lectura es de 2 Corintios, 8,7-9.13-15, en ella Pablo, desarrolla el motivo de la colecta en favor de los hermanos necesitados de la Iglesia de Jerusalén, para ello es importante lo que afirma a cerca de Jesucristo: «Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual siendo rico se hizo pobre, por vosotros, para enriqueceros con su pobreza». Así pues, el acontecer de la vida de Jesús, nos enseña que la vida es fruto del expolio de sí mismo y que la resurrección se da a través de la muerte. Quiso compartir con los pobres libremente, despojándose de su riqueza por ser Dios y fue realmente pobre, siendo realmente rico. El compartir cristiano encuentra aquí toda su fuerza y hacerse pobre compartiendo, es motivo de bienaventuranza, de felicidad.

El Evangelio es de Marcos, 5,21-43 y nos muestra que Dios es un Dios de vivos y Jesús no solo tiene poder sobre la enfermedad (la curación de la mujer con flujos de sangre), sino que también lo tiene sobre la muerte. La oferta de Dios llega por tanto hasta el límite entre la vida y la muerte y su poder se manifiesta eficaz, incluso en la propia muerte. Frente a los que consideran que la muerte tiene la última palabra, y de que no hay nada en este mundo más seguro que la muerte, las palabras de Jesús nos resultan absurdas, si no es que estamos dispuestos a confiar en él como Jairo y a poner toda nuestra confianza en su amor que no decepciona. Por una parte, están los que impiden la ida de Jesús a la casa de la niña y por otra parte la decisión de Jesus de ir. Solo el que tiene fe en la Palabra del Señor, puede contemplar el milagro de la vida. Por otro lado, está el que considera esto como algo absurdo, quedándose a su vez, prisionero de la muerte, una muerte para la que no hay resurrección. Solo el amor compartido en la solidaridad concreta, es lo que nos permite participar en el don de la resurrección.

Después de resucitar a la hija de Jairo, Jesus insiste en que le den de comer. También hoy nosotros, después de escuchar las palabras de Jesus se nos da él mismo, como alimento, para que nuestro morir sea un dormir y para que no tengamos miedo a la muerte como tampoco tenemos miedo al dormir.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: pinterest.es

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Audiolibro Las puertas del silencio

Nuestro elemento

San Juan Bautista

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Celebración 24 de junio

In God's Company 2: The Passion of Saint John the Baptist

Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses – el 24 de diciembre – estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: “No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios”.

Pero Zacarías respondió al ángel: “¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?”.

El ángel le dijo: “Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla”.

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor”. Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia.

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: “Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es”.

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego”.

Y las gentes le preguntaron: “¿Qué es lo que debemos hacer?”. Y contestaba: “El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo”…

“Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que ha de bautizaros en el Espíritu Santo…”

Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle “¿Tu quién eres?” El confesó claramente: “Yo no soy el Cristo” Insistieron: “¿Pues cómo bautizas?” Respondió Juan, diciendo: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que ha de venir después de mí…”

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: “¡Yo debo ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús, diciendo: “Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia”. Entonces Juan condescendió con El.

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias”.

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo a los que estaban con él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”.

Entonces Juan atestiguó, diciendo: “He visto al Espíritu en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy testimonio de que El es el Hijo de Dios”.

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo: “No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano”; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio.

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los fortaleciera en la fe.

Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: “Juan el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o esperamos a otro”.

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les dijo: “Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio…”

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta. Pues de El es de quien está escrito: Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor que Juan el Bautista…”

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes.

Entonces el rey juró a la muchacha: “Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella salió fuera y preguntó a su madre: “¿Qué le pediré?” La adúltera, que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó: “Pídele la cabeza de Juan el Bautista”. La muchacha entró de nuevo y en seguida dijo al rey: “Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se puso muy triste porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había solicitado.

Juan Bautista: pídele a Jesús que nos envíe muchos profetas y santos como tú.

FUENTE: http://www.ewtn.com | aciprensa.com

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Jesús calma la tempestad

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El mar, en la antigüedad era símbolo del enorme poder de la naturaleza y consiguientemente de un misterio profundo e impenetrable, pero también de un mundo amenazador y destructivo. La primera lectura nos presenta un breve fragmento del libro de Job 38,8-11, que podemos leerlo desde el Evangelio de hoy (Jesús que calma la tempestad) o desde su contexto originario.

El texto, nos permite reflexionar sobre el sentido del sufrimiento y del mal entre los hombres. El autor de este libro se encuentra ante una grave dificultad consistente en que los criterios retributivos antiguos (los buenos tienen muchos bienes en cambio no así los impíos) no satisfacen, pero aun teniendo la habilidad de plantear el problema no alcanza a resolverlo.

Igualmente, nos invita a reconocer el señorío de Dios sobre la naturaleza, de manera que el creyente que reconoce este señorío de Dios, queda libre del miedo que conduce a la idolatría y que implica la sumisión a las fuerzas naturales. De este modo, el creyente puede invocar el nombre de Dios y abandonarse con confianza a su señorío protector.

La segunda lectura, es de 2 Cor 5,14-17 y nos enseña a vivir para Cristo, que ha muerto y que ha resucitado por todos y no para nosotros mismos, ello implica, cambiar de mirada, es decir, pasar de las relaciones instrumentales, guiadas por la consideración de los otros sólo como medios para nuestros fines, a unas relaciones basadas en el ser, en la acogida de los otros como valores, como personas que tienen una dignidad inalienable. De este modo, el que vive en Cristo es una nueva creación, de modo que las riquezas de la antigua creación rota por el pecado, como son la armonía del hombre consigo mismo, con los demás, con todo lo creado y con Dios, ha sido restaurada por Cristo al darnos la filiación adoptiva, que nos hace por la fuerza del Evangelio, capaces de luchar contra el mal a base de bien.

El Evangelio es de Marcos 4,35-40. Nos permite centrarnos en la pregunta: ¿quién es Jesús? Para ello se nos recuerda las aguas del Éxodo, donde Dios se reveló a su pueblo a través de Moises. Jesús se revela ahora como el verdadero Salvador. Los milagros son un anticipo significativo que nos muestran quien es Jesús, y pese a que los apóstoles se han dirigido a Jesus, en medio de la tempestad, este les reprocha su falta de fe, pues lo que les mueve ha sido el interés por obtener algo. Algo así nos ocurre también a nosotros, que tenemos todavía una fe imperfecta y que pide milagros. La conclusión es que solo la muerte y la resurrección de Jesus, pueden afianzarnos en la fe verdadera, de que es posible la aparición de algo nuevo en la historia humana lo que nos compromete a construir también un orden diferente de relaciones, liberadas de todo tipo de miedo en el interior del propio mundo.   

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: missiongeek.net

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Presentación “Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

El aburrimiento

La semilla

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La semilla

Dios es el gran protagonista de la historia. He ahí la gran lección que nos dan las lecturas de este Domingo.

La primera lectura es del profeta Ezequiel 17,22-24, se sitúa en el momento de la destrucción de Jerusalén y su posterior ministerio en Babilonia con los repatriados. En ella encontramos una promesa de futuro apoyada en la fidelidad, el poder y el amor de Dios, que a pesar del pecado es capaz de ofrecer al hombre un futuro diferente y nuevo. Su amor y su misericordia está por encima de todo. Este es el núcleo del texto, que se completa con la afirmación final: «y sabrán todos los árboles del bosque que yo el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol pequeño». Esto nos recuerda la imagen evangélica evocada por Lucas en el Magníficat, el cántico de María, del Dios que «derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes» (Lc 1,52) o el dicho de Jesús: «el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado» (Lc 14,11).

La segunda lectura es de 2ª Corintios 5,6-10. San Pablo, nos recuerda que la perspectiva del que ha optado por el seguimiento de Cristo está más allá de la dimensión terrena. De ahí que nuestro habitar en el cuerpo sea como si viviéramos en un exilio y lo que adquiere relevancia mientras tanto, es la fe y por tanto, la confianza, que nos lleva a esperar.

De ahí brota la necesidad de serle gratos, no tanto por nuestros méritos cuanto, porque hemos puesto nuestra vida bajo su mirada, esto es, actuar con fidelidad a su persona y a su Evangelio.

Por último, el comparecer ante el tribunal de Cristo, más que engendrar ansia o miedo, es la conclusión de una vida vivida en el abandono en Dios, sabiendo que el dictamen final de nuestra actuación está en manos de Jesús, juez universal.

El Evangelio es de Marcos 4,26-34, en donde reúne un grupo de parábolas que tienen como idea común el crecimiento. Hoy vemos la del grano que cae en tierra y la del grano de mostaza. Si Jesús, dijo que el Reino de Dios había llegado, estas parábolas nos indican que esta llegada es de forma germinal y está en desarrollo. La misma seguridad que tiene el labrador de que después de una larga espera recogerá su fruto, así ocurrirá con el Reino de Dios. No hay que precipitar la hora decisiva que con toda seguridad llegará, libremente, inevitablemente. Pero es Dios el que obra en la historia, a pesar de que las apariencias digan lo contrario. La realización de su Reino no depende de nuestra eficacia, ni de nuestros programas o de nuestras obras, sino de una escucha atenta de la Palabra de Dios y de la disponibilidad para dejarla crecer en nosotros. Nuestra actuación es necesaria, pero ésta no brota de nuestro deseo o de nuestras ganas, sino de nuestro mostrarnos disponibles con paciencia y humildad en orden a crear las condiciones para que la Palabra pueda dar su fruto.

Fuente: Contemplar y Proclamar del Padre Jose Antonio Op

Imagen: revistaecclesia.com

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El Santo Nombre

Domingo del Corpus Christi

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CUARESMA

Después del domingo de la Santísima Trinidad, celebramos el domingo del Corpus Cristi. El cuerpo y concretamente el cuerpo de Cristo aparece, como señal visible de la Alianza establecida por Dios con todos y cada uno de nosotros.

La primera lectura de Éxodo 24,3-8, se sitúa en el contexto de la Alianza establecida por Dios en el Sinaí. Esta alianza que estable Dios con su pueblo, no es de igual a igual, sino de superior a inferior. El resultado es una oferta de amistad y de comunión. Dios da su palabra y la cumple y el hombre ha de hacer lo propio. El sello de este profundo compromiso se visualiza en la sangre. La expresión: «sangre de la Alianza» que utiliza Moises, volverá a ser pronunciada por Cristo en la institución de la Eucaristía, en la última cena: «Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza nueva y eterna, que se derrama por todos» y es que la Alianza, infringida muchas veces y hecha ineficaz por Israel, será superada por la nueva alianza, no escrita ya en tablas de piedra, sino en lo mas profundo de nuestro corazón.

La segunda lectura es de Hebreos 9, 11-15, nos habla de la importancia del sacrificio de Cristo «sumo sacerdote de los bienes definitivos» y «mediador de la Nueva Alianza». Si bien los judíos entienden el templo como el lugar de encuentro con su Dios y donde se realiza el sacrificio, Jesucristo resucitado, será el nuevo templo, que sustituye al antiguo y en el que se hará plena la comunión y el encuentro de Dios con nosotros. Un encuentro personal, real y vivo, fundamentalmente en el sacramento del Pan, en el que encontramos al Jesús viviente que proporciona la más plena comunión personal. Ahí nos espera el amigo, pues como dijo en la última cena: «a vosotros os llamo amigos». Nos llama a vivir una relación de amistad profunda y viva, en la que estamos llamados a tener acceso a todos sus secretos, a estar en su presencia, a comer con él, y a mantener con él un trato de confianza, como así han experimentado muchos hombres y mujeres a lo largo de los siglos. De este modo, es como lleva a cabo la reconciliación del hombre caído, restablece el orden destruido por el pecado y ha vuelto a crear la posibilidad de una humanidad nueva en contacto con Dios Padre.

El Evangelio es de Marcos 14,12.16.22-26. En el marco de la Pascua, celebra Jesús la Cena y la transforma en «memorial», es decir, sacramento actualizante de la obra central de su vida: su muerte y resurrección. En adelante cuando los creyentes celebremos su memoria, viviremos la gozosa experiencia de encontrarnos personalmente con él, pues celebrar la memoria de Jesús no es un recuerdo sin más, sino una presencia que nos enseña a caminar en comunión de vida y amor. En una palabra: en la Eucaristía está todo Jesús donándose en comunión de vida para todos, y la Iglesia, obediente a su mandato, realiza este sacrificio y así anuncia la muerte del Señor, proclama su resurrección y espera su venida en la gloria.

Fuente: Contemplar y Proclamar Blog del Padre Jose Antonio OP

Imagen: vaticannews.va

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Domingo de la Santísima Trinidad

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La fe en un solo y único Dios fue una conquista y un don del Espíritu. Esto es lo que distingue a Israel de los demás pueblos ya que ningún otro pueblo, ha tenido una experiencia de Dios como Israel. La Iglesia heredera de Israel en la fe monoteísta, debe seguir caminando en la fe de un solo Dios que Jesús nos ha revelado como Padre.

La primera lectura es de Deuteronomio 4,32-34.39ss. En ella vemos como el pueblo, sobre todo en los momentos más difíciles, recurre a la presencia de Dios en la historia, que pasa a ser «lugar teológico», es decir, lugar de encuentro con Dios, que dirige y vela por su pueblo. La historia de la salvación es la historia de esta presencia gratuita de Dios, que está cerca de su pueblo, de manera que éste llegue a ser signo de salvación para todo el mundo, hasta que, llegada la plenitud de los tiempos, Dios se hace hombre para salvarnos.

Dios se manifiesta así, como el único punto de referencia para que el hombre creado a su imagen y semejanza llegue a la plenitud de su humanidad, de forma que, adhiriéndose a él, llegue a comprender el sentido de su existencia humana, de manera que volver la mirada hacia el único Dios supondrá reemprender el camino de la unidad y la solidaridad entre todos los hombres.

La segunda lectura es de Romanos 8,14-17 y se centra en la vida cristiana en cuanto que guiada por el Espíritu. Este capítulo 8, ha sido considerado el Te Deum de la historia de la Salvación y los versículos que leemos, nos muestran la novedad de la vida cristiana de la filiación-comunión con Dios. Pablo, nos recuerda que quien se deja guiar por el Espíritu es verdaderamente Hijo de Dios, el cual guía firmemente y suavemente el camino de los discípulos de Jesús. El Hombre que es imagen de Dios por la creación, pasa a ser hijo de Dios por medio de Jesucristo y es reafirmada la filiación constantemente por el Espíritu, que nos hace clamar: ¡Abba! (Papa) de manera que, porque Jesús nos enseñó esta manera de dirigirnos al Padre y porque el Espíritu se hace presente en nuestro corazón, podemos dirigirnos así a Dios. Ser hijos de Dios, significa poseer ya una prenda de vida eterna, significa ser herederos de los bienes de la vida de Dios y coherederos con Cristo. Pero para obtener todo esto, será necesario participar de sus sufrimientos y completar lo que falta a su pasión, es decir, caminar por el camino de la virtud.

El Evangelio de Mateo 28,16-20 nos presenta el epílogo de las apariciones pospascuales y de todo el evangelio. Frente a un judaísmo encerrado en sus tradiciones, Jesus, sin dejar de ser judío, ha realizado aquella promesa hecha a Abraham (Gn 12,1ss) de ser una bendición para todos los pueblos. La misión es universal y está presidida y acompañada por los Tres, pues hunde sus raíces en la misión del Hijo por el Padre y tiene como tarea hacer presente hasta los últimos rincones del mundo y hasta lo más hondo del corazón del hombre, la conciencia de que todo es fruto del amor de Dios. Es necesario que toda nuestra vida esté real y vitalmente sellada, animada y presidida por la presencia y actuación de los tres, como presencia discreta y silenciosa que acompaña cada momento de nuestra vida. Una presencia inalterable y definitiva: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».  

Fuente: Contemplar y Proclamar Blog del Padre Jose Antonio OP

Imagen: doxologia.org

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Presentación Santísima Trinidad

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Domingo de Pentecostés (Solemnidad)

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23 de mayo

En la historia de la salvación, el Espíritu de Dios se hace presente de forma intermitente, temporal y sólo para los dirigentes del pueblo. Pero cuando Dios realice su plan en Cristo se promete el don del Espíritu no solo para el Mesías, sino también para la comunidad y para cada uno de sus miembros, y en todos ellos estará de forma permanente. Así se comprende mejor la afirmación de Lucas: «todos quedaron llenos del Espíritu Santo».

La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles 2,1,11 y nos presenta a los mismos, reunidos en oración en un contexto en el que el pueblo celebra el don de la ley, que el judaísmo lo hacía precisamente el día de Pentecostés. El Espíritu se presenta, así como plenitud de la ley. Ya Cristo había dicho que no había venido a abolir la ley sino a llevarla a plenitud y esto es lo que ahora se cumple. El Espíritu irrumpe y transforma el corazón de los discípulos haciéndolos capaces de intuir, seguir, y atestiguar los caminos de Dios

La enumeración de todos los pueblos, indica que se restaura la comunión entre Dios y los hombres y de los hombres entre sí, rota en Babel y que esta comunión entre los pueblos se llevará a cabo por la Evangelización invocada por el Espíritu, para guiar a todo el mundo a la plena comunión con él, en la unidad de la fe en Jesucristo, crucificado y resucitado

La Segunda lectura es de 1 Cor 12,3b-7.12s. En ella, Pablo dirige a los corintios, algunas consideraciones importantes para un recto discernimiento, como es el caso, de reconocer la acción del Espíritu en una persona no por hechos extraordinarios, sino antes que nada por la fe profunda con que profesa que Jesús es Dios y reconocer la acción del Espíritu en la comunidad como incansable promotor de unidad. Unidad que se lleva a cabo a través de los diferentes carismas, concedidos a cada uno para el bien común. Entre ellos, el único que durará para siempre es el de la caridad, como afirmará más adelante.

Por último, el nuevo título de pertenencia al pueblo de Dios ya no es el de la herencia de sangre y raza, sino el signo sacramental del Bautismo. Este sacramento de regeneración hermana a todos los pueblos que aceptan el mensaje, porque es un nuevo nacimiento en el Espíritu formando así un mismo cuerpo.

El Evangelio es de San Juan 20,19-23. Es considerado el Pentecostés joaneo, próximo a la resurrección, indicando de este modo que la hora en que glorifica al Padre mediante el sacrificio de la cruz y la entrega del Espíritu en la muerte, es la misma en la que el Padre glorifica al Hijo en la resurrección. En esta hora única, Jesús transmite a los discípulos el Espíritu y con ello su paz, su misión y el poder sobrenatural para llevarla a cabo.

El Espíritu —como repite la Iglesia en la fórmula sacramental de la absolución— fue derramado para la remisión de los pecados. El pecado es el que malogró en el paraíso el proyecto de Dios sobre el hombre que lo quiso y lo formó para la vida y la felicidad. Con la reconciliación universal, obra de la muerte-resurrección de Jesús y que se actualiza siempre por el Espíritu Santo, aparece de nuevo cuál fue el sentido del hombre en su creación, restituyendo a la pureza originaria a los que se acercan a recibir el perdón de Dios y se abren, a través de un arrepentimiento sincero, a recibir el don del Espíritu Santo.

Fuente: Contemplar y Proclamar del Padre Jose Antonio.

Imagen: misericordia.org.br

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Conectarnos con la Presencia

VII Domingo Pascual: La Ascensión

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La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11 y es el relato mas detallado y completo del acontecimiento de la Ascensión, pero todo el ministerio de Jesús es como una Ascensión, desde Galilea a Jerusalén y desde Jerusalén al cielo.

La Ascensión es el paso (pascua) de Jesús al Padre y cuando venga, será el paso de la historia a la eternidad, esto es, la pascua desde el orden creado a Dios, la Ascensión de la humanidad al abrazo trinitario. Pero, a pesar de las pruebas que Jesús dio a los apóstoles de que estaba vivo, aun está la incomprensión: ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? La respuesta de Jesús es que necesitan el Espíritu que les conduzca a la verdad completa.

La Ascensión nos muestra, que Cristo ha sido glorificado y que este Cristo que ahora ha sido glorificado plenamente, es el que de nuevo volverá.

La segunda lectura es de Efesios 1,17-23 y nos muestra a Cristo el Señor, centro de la Evangelización animada por el Espíritu. Con la Ascensión, culmina la segunda etapa de la historia de la salvación, que se corresponde con la misión de Jesús y se abre la tercera etapa que es la de la Iglesia guiada por el Espíritu, la cual se cerrará con la consumación final. Cristo ascendido a la diestra del Padre, es la cabeza de toda la creación y en particular de la Iglesia, con la que forma una unidad indisoluble.

San Agustín, dirá que, por tratarse de la plena glorificación de la Cabeza, es también la glorificación anticipada de la Iglesia. Ésta vive en la certeza de seguir los pasos de su Señor, y un día, también ella, en todos sus miembros y junto con la cabeza, conseguirá la plena glorificación. Se nos invita a contemplar el camino desde el final y así alentar nuestra esperanza.

El Evangelio es de Marcos 16,15-20. En él Jesús, se aparece a los apóstoles antes de la conclusión de su camino terreno, para exhortarles a hacerse misioneros del Evangelio por todo el mundo. Si la resurrección ha restaurado el proyecto original de Dios, ahora en Cristo resucitado, Dios ofrece la liberación de la humanidad y la restauración original de toda la creación. Solo en su Nombre conseguirá el hombre la salvación, pues Dios no nos ha dado otro nombre bajo el que nos podamos salvar. Jesús es pues, el Evangelio que se ofrece a los hombres y evangelizar será pues, hacer presente a Jesús, su vida, sus palabras, sus gestos y su entrega total, pero también su exaltación a la derecha del Padre como Señor. La Ascensión, es garantía de su presencia permanente entre ellos y en medio del mundo, de manera que ninguna dificultad ni ningún obstáculo, impedirá el avance de la tarea evangelizadora.

Si morimos con Cristo, resucitaremos con él y ascenderemos con él al Padre, seremos liberados de la esclavitud y llegaremos a ser hombres y mujeres cada vez más libres: Que como los primeros cristianos vivamos el sentido de la inminencia; que nuestros ojos sepan mirar al cielo sin alejarse de la tierra.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: iconos.verboencarnado.net

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La cálida ternura

San Isidro Labrador (1080 – 1130)

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(Alrededores de Madrid, hacia 1080 – Madrid, 1130) Santo español, patrono de la Villa de Madrid y de los agricultores. Aunque no se tienen demasiados datos biográficos sobre el santo, parece ser que vino al mundo en el seno de una familia humildísima, poco antes de la reconquista de Madrid, en una casa situada donde en la actualidad se halla la calle de las Aguas. Quedó huérfano muy pronto, así que el joven Isidro se buscó el sustento con trabajos como el de pocero hasta que finalmente se empleó como labrador.

Cuando Alí, rey de Marruecos, atacó Madrid en 1110, Isidro hizo como muchos otros y se trasladó a Torrelaguna, donde continuó con el mismo género de vida, dedicada al trabajo y a la oración, que había llevado hasta el momento. Fue precisamente en la parroquia de esta localidad donde contrajo matrimonio con una joven llamada María, natural de Uceda, cuya dote matrimonial fue una heredad en su pueblo natal, lo que fue causa de que los esposos se establecieran allí para trabajar las tierras por cuenta propia.

Aunque Isidro era piadoso y devoto, su esposa no le iba a la zaga a este respecto, ni tampoco en cuanto a laboriosidad, todo lo cual hizo -según la leyenda- que se granjearan la predilección de Dios, que los benefició con su ayuda innumerables veces, como cuando salvó milagrosamente a su hijo único que había caído en un profundo pozo o cuando permitió a María pasar a pie enjuto sobre el río Jarama y así librarse de los infundios de infidelidad que contra ella lanzaban las gentes.

En 1119, Isidro volvió de nuevo a Madrid, y entró a trabajar como jornalero agricultor al servicio de un tal Juan de Vargas. Estableció su morada junto a la Iglesia de San Andrés, donde oía la misa del alba todas las mañanas y, luego, atravesaba el puente de Segovia -las tierras de su patrón estaban del otro lado del Manzanares- para aprestarse al duro trabajo de roturar la tierra con el arado. Se dice de él que daba cuanto tenía a los menesterosos, y aún a las palomas hambrientas cedía las migas de pan de las que se alimentaba.

Con el correr del tiempo decidieron los esposos separarse para llevar una vida de mayor santidad; marchó así Isidro a Madrid, mientras María quedaba en Caraquiz consagrada al cuidado de la ermita, la cual barría y aseaba diariamente, al tiempo que pedía limosna para costear el aceite que alumbraba la imagen. La separación duró hasta la última enfermedad del santo, cuando María tuvo noticia por un ángel de la muerte de su marido. Corrió presta a la Villa y no se separó del lado de su esposo hasta que éste exhaló su último aliento. Luego volvió a Caraquiz y, después de unos años, también murió.

A Isidro, como pobre de solemnidad que era, se le enterró en el cementerio de la parroquia de San Andrés, en una tosca caja de madera sin cepillar. Transcurridos cuarenta años, como los prodigios de Isidro seguían corriendo de boca en boca, ante la insistencia del pueblo, se exhumó el cuerpo y se le dio sepultura en el interior del templo. Se vio entonces que, a pesar del tiempo transcurrido y de haber estado expuesto a las inclemencias meteorológicas, todavía se conservaba entero y de color tan natural como si estuviera vivo, prodigio que se ha podido comprobar en las múltiples traslaciones que de su cuerpo se han hecho.

Cuando Alfonso VIII de Castilla vino a Madrid tras haber derrotado al moro en las Navas de Tolosa, ordenó que el cuerpo fuera colocado en un arca bellamente policromada con escenas de la vida de Isidro. La beatificación, pronunciada por el papa Paulo V el 14 de junio de 1619, a instancias del rey Felipe III, fue acontecimiento largo tiempo esperado por el pueblo madrileño; para conmemorar el evento se celebraron grandes festejos, en el transcurso de los cuales se inauguró la plaza Mayor.

El 19 de junio de 1622, Isidro, que en la memoria del pueblo ya era santo, fue canonizado por el papa Gregorio XV, junto a Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri. En 1657 el arquitecto fray Diego de Madrid comenzó a levantar la capilla de San Isidro -primer ejemplo del barroco madrileño-, aneja a la iglesia de San Andrés, destinada a contener la urna del santo, cuyo traslado se produjo definitivamente en 1669. El 4 de febrero de 1789, Carlos III ordenó que la urna fuera instalada en el antiguo Colegio Imperial, que pasó a llamarse entonces Iglesia Real de San Isidro, y que luego sería la catedral de Madrid.

DE:
Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de San Isidro Labrador. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/isidro.htm el 14 de mayo de 2021.

Fuente: www.biografiasyvidas.com

Imagen: corazones.org

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El Santo Nombre

Hozana.org

Virgen de Fátima

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La Virgen de Fátima es una advocación de la Virgen María. Es la historia de las apariciones de Nuestra Señora a tres pastorcillos en 1917 en Portugal. Estos hechos y los mensajes de conversión que María les dio a Lucía, Jacinta y Francisco han llegado hasta nuestros días.

Tres primos llamados Lucía, Jacinta y Francisco estaban en el campo cuidando de las ovejas, en la zona de Cova da Iria. A mitad de la mañana comenzó a llover. Los niños tuvieron que buscar un refugio para no mojarse. Seguidos del rebaño de ovejas comenzaron a buscar un sitio para cobijarse.

De pronto, comenzaron a ver una luz blanca que se escondía entre los árboles. Se acercaron y descubrieron que había una mujer vestida de blanco con un rosario en las manos ¡Era la Virgen María! La Señora les pidió una cosa a los niños. Les encargó que regresarán allí el día 13 de cada mes. Los tres estaban asombrados y volvieron rapidamente al pueblo para contar lo que había sucedido.

Los niños cumplieron la promesa que le habían hecho a María. De hecho, anunciaron más apariciones a sus vecinos. Eran todas el mismo día, el día trece, y en los meses de junio y julio. Tras la segunda aparición, en junio, los jovenes contaron que la Virgen les había anunciado que dos de ellos, Jacinta y Francisco morirían pronto. Y así sucedió, en diciembre del año 1918, a causa de una epidemia de “gripe española” Francisco y Jacinta cayeron enfermos. Meses más tarde, en abril, Francisco murió. Por el contrario, Jacinta mejoró de la gripe pero su salud se resintió de nuevo a causa de otra enfermedad. Cumpliéndose lo que la Virgen había predecido, murió el 20 de febrero de 1920.

En todas sus aparaciones la Virgen hizo un especial inciso sobre el rezo del Rosario, y les pidió a la niños que cuando lo rezaran, después de cada misterio dijeran: ‘‘Oh Jesús perdónanos por nuestros pecados, líbranos del fuego infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu Divina Misericordia’’.

La última aparición de la Virgen tuvo lugar el 13 de octubre de 1917. En ese día se produjo el llamado “milagro del sol”.

Según varias declaraciones de testigos, después de una llovizna, el sol arrojó una luz diferente a la habitual. Algunas de las personas que estaban presentes llegaron a pensar que era el fin del mundo. Además, algunos testigos contaron que el suelo y la ropa, que estaban mojados por la lluvia, se habían secado al instante milagrosamente.

Un hecho que lo presenciaron miles de personas que, atraidas por lo que contaban los niños, decidieron ir hasta ese lugar para comprobar que era cierto lo que los jovenes les contaban.

Uno de los presentes, Juan de Machi describió así ese momento: “ante los asombrados ojos de la multitud, cuyo aspecto era casi bíblico, esperando y ansiosamente mirando al cielo, el sol tembló, realizó inesperados e increíbles movimientos fuera de todas las leyes cósmicas, el sol ‘bailó’, de acuerdo a una expresión típica de la gente.”

Según cuenta Lucía, el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria, la Virgen les contó lo que se conoce como la “profecía de Fátima”. Esta profecía está formada por tres mensajes. La Santa Sede los dio a conocer todos ellos durante el pontificado de San Juan Pablo II.

Según recoge Lucía en unos escritos,que recoge el portal catholic.net, la Virgen hizo hincapié en la importancia del rezo del Rosario para la conversión de las almas. Además, también pidió la construcción de una capilla en el lugar de los hechos.

Otra de las revelaciones importantes que mostró la Virgen fue la “visión del infierno”. María les contó lo que les espera a las personas después de la muerte, si no se arrepienten. Además, María habló de una guerra que comenzaría durante el pontificado de Pío XI. Y acertó. La Segunda Guerra Mundial estalló en 1939.

El Papa Pío XI concedió el 1 de octubre de 1930 una indulgencia especial a los peregrinos de Fátima. Años más tarde, en 1942,Pío XII consagró la humanidad al Inmaculado Corazón de María. Además, el Papa Juan Pablo II visitó personalmente el lugar de las apariciones en tres ocasiones. Una de sus visitas más relevantes fue cuando le entregó a la Virgen la bala con la que le habían disparado en la Plaza San Pedro.

Más recientemente, Benedicto XVI visitó personalmente el lugar de las apariciones y consagró a todos los sacerdotes al Inmaculado Corazón de María. Por su parte, el Papa Francisco consagró su pontificado a la Virgen de Fátima y en mayo del 2017 visitó el Santuario para conmemorar los 100 años de las apariciones.

En la actualidad, en el lugar de las apariciones se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Un templo hasta el que cada año peregrinan miles de personas de todo el mundo.

Fuente: cope.es

Imagen: proyectopushkin.blogspot.com

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El Lugar del Corazón

Geografía mística

IV Domingo Pascual

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La 1ª lectura es de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26.34-35. El episodio es conocido con el título de: «conversión de Cornelio», pero también se le podría llamar: «conversión de Pedro» que pasa de una visión restringida a abrirse a la universalidad de la salvación que el sacrificio redentor de Cristo ha adquirido para toda la humanidad y no solo para Israel. Jesús, en la cruz derribó todos los muros de separación entre gentiles y judíos y en su resurrección la oferta de vida y resurrección se extiende a toda la humanidad. La escena de Cornelio visibiliza el proyecto de Dios, que consiste en ofrecer la salvación a todo el mundo. El camino que Jesus resucitado anunció a los apóstoles, de que fuesen sus testigos, hasta los confines de la tierra, no ha hecho más que comenzar. Los que no procedemos del mundo judío y hemos recibido la fe, estamos ante un hecho profundamente consolador.

La segunda lectura es de 1ª de Juan 4,7-10. La exposición se centra en la afirmación: «Dios es amor». Esto no es una afirmación especulativa, sino la proclamación del amor que Dios ha manifestado a través de su obrar; a través de su desmesurada caridad, que le ha llevado a darnos a su mismo Hijo único, el cual, a su vez, ha entregado su propia vida expiando con la muerte nuestro pecado. El mensaje que se nos da es claro: Sólo es posible estar dispuestos a dar otras cosas, si se está dispuesto a dar la propia vida. Y esto es lo que hizo el maestro. A partir de aquí, podemos afirmar que: «el amor procede de Dios y que todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios». La clave está en la Palabra que se encarna. Si con la encarnación, el Verbo que estaba en el seno del Padre, ha venido al mundo a revelar a Dios, con la resurrección, el hombre que estaba alejado de Dios, es llevado de nuevo a su seno, hecho hijo en el hijo. Si Dios se nos da gratuitamente en Cristo, también nosotros hemos de darnos. Si Dios nos ha amado en Cristo, también nosotros nos debemos amar.

El Evangelio es de Juan 15,9-17 y profundiza en el tema de la segunda lectura: el amor. Permanecer en Él, significa permanecer en su amor, es decir en esa circulación de caridad, de pura donación que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura al hombre, y permanecer en su amor, es sinónimo de «observar sus mandatos», esto es, ser una cosa con el Padre, y cumplir su voluntad. Unión de voluntades, que se da en la seguridad de que este es el verdadero bien y la fuente de la verdadera alegría, de la que participa también el discípulo. El resumen de todo esto es, el mandamiento del amor, el amor recíproco hasta dar la vida por los demás. Se trata de un amor mutuo, interpersonal, creativo, capaz de hacer caer las barreras, hace prójimo a todo hombre y hace nacer una amistad que sabe compartir las cosas más importantes.

Que podamos intuir en cada circunstancia los caminos que el Espíritu nos va abriendo para que pueda desplegarse el amor y llegar a todo hombre. También Pedro supo abrazar el designio de Dios: atento al Espíritu y a los hermanos, e indicó a la Iglesia naciente el nuevo itinerario de amor, dejándonos así un camino a seguir.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: en.wikipedia.org

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Presentación Esto os mando: Que os ameis los unos a los otros.

La espera de la Aurora

Santo Domingo Savio (1842 – 1857)

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Celebración 6 de mayo

“¡Quiero ser santo!”, solía decir Santo Domingo Savio, patrono de los niños cantores y también de las embarazadas por haber cumplido en su vida una misión de la Virgen María, mientras era guiado por San Juan Bosco.

Domingo Savio nació en Italia en 1842. Desde muy pequeño deseó ser sacerdote y al conocer a Don Bosco le pide ingresar al Oratorio de San Francisco de Sales en Turín.

Allí organizó la Compañía de María Inmaculada y con sus compañeros frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres y cuidaba a los niños difíciles. Además tenía un espíritu muy alegre, le gustaba jugar y estudiar.

San Juan Bosco escribió una biografía del joven santo y lloraba cada vez que la leía. En ella contaba que varias ocasiones vio a Domingo como arrobado después de recibir la Comunión hasta que cierto día, Don Bosco lo encontró en el coro del templo.

“Voy a ver –cuenta Don Bosco– y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: ‘Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofendemos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar’”.

Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”.

Durante el proceso de investigación para llevar a Domingo Savio a los altares, su hermana Teresa narró que cierta vez el Santo se presentó ante Don Bosco y le pidió permiso para ir a casa. Su formador le preguntó el motivo y el joven le contestó: “mi madre está muy delicada y la Virgen la quiere curar”.

Don Bosco le preguntó de quién había recibido noticias y Domingo contestó que de nadie, pero que él lo sabía. El sacerdote, que ya conocía de sus dones, le dio dinero para el viaje.

La mamá de Domingo estaba embarazada, pero sufriendo con fuertes dolores. Cuando el muchacho llegó a verla, la abrazó fuertemente, la besó y luego obedeció a su madre, quien le había pedido que fuera con unos vecinos.

Cuando llegó el doctor vio que la señora estaba repuesta de salud y mientras los vecinos la atendían, le vieron al cuello una cinta verde que estaba unida a una seda doblada y cosida como un escapulario. La sorprendente visita de Domingo a su madre se dio el 12 de septiembre de 1856, fecha del nacimiento de su hermana Catalina.

Tiempo después Domingo le dijo a su madre que conserve y preste aquel escapulario a las mujeres que lo necesiten. Así se hizo y muchas afirmaban después haber obtenido gracias de Dios con la ayuda del escapulario de la Virgen.

Domingo Savio retornó al oratorio salesiano, pero no por mucho tiempo. Su salud se resquebrajó más y a sugerencia de los médicos tuvo que despedirse de Don Bosco y sus compañeros para volver a su casa. Antes de morir, dijo: “¡Qué cosa tan hermosa veo!”. Partió a la Casa del Padre un 9 de marzo de 1857 con catorce años edad. Su fiesta se celebra cada 6 de mayo.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: pinterest.com

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Una disposición del corazón

La obra del momento

V Domingo de Pascua

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La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles 9,26-31. En ella se refleja la situación en que se encontraba Pablo, consciente de que no es fácil aceptar a un ex-perseguidor y a la vez convencido de que solo desde la comunidad podía ejercer su tarea de evangelizador a la que había sido llamado. Bernabé, hace de mediador entre Pablo y la comunidad y es que hoy como ayer, no es fácil aceptar lo nuevo, lo sorprendente, lo inusitado y se nos invita a preguntarnos a cerca de como acogemos y vivimos la fe. Finalmente, Pablo fue aceptado por los dirigentes y por la comunidad y se dedica a predicar públicamente el nombre de Jesús, pero amenazado por los judíos de lengua griega al demostrarles que Jesús es el verdadero Mesías esperado por Israel, huye de Jerusalén. Una vez más se pone de manifiesto que la fe apostólica y la fe en Jesús llevan consigo las marcas del maestro que son la persecución y la muerte, pero así es como crece la comunidad que, impulsada por el Espíritu, va ampliando cada vez más el circulo de su irradiación.

La segunda lectura, es de 1ª de Jn 3,18-2 y nos muestra como aquella crisis que existía en las comunidades jónicas les llevó a poner en duda la identidad de Jesús, y así llegar a decir, que el Hijo de Dios, no se ha hecho realmente hombre y no ha padecido una muerte salvadora, solo es posible resolverla desde el amor. La fe se expresa con un amor fraterno comprometido y la raíz profunda de este amor es la experiencia del amor de Dios a los hombres, manifestado en su hijo Jesucristo. Juan no ignora que el mandamiento del amor es verdaderamente divino, o sea, imposible para el hombre y solo posible con la ayuda del Espíritu. Por tanto, quien ama así, tiene una sola voluntad con Dios, y ama de verdad conforme a Cristo: ha restaurado plenamente en él la imagen divina a cuyo modelo fue creado. Los mandamientos se resumen pues en uno solo: el de la fe en Jesucristo y el del amor recíproco. El que, amando, guarda sus mandamientos, conoce a Dios y Dios habita en él.

El Evangelio es de Juan 15,1-8. Aunque va a enfrentarse con la muerte, Jesús sigue siendo para los suyos la fuente de la vida y de la santidad. Mas aún, yendo al Padre pone la condición para poder permanecer siempre en los suyos. Jesus, sirviéndose de una comparación habla de sí mismo como la vid verdadera, una imagen empleada por los profetas para describir a Israel. Así se presenta como el verdadero pueblo elegido que corresponde plenamente a las atenciones de Dios. Jesus por su vida entregada en la cruz es el primogénito de una humanidad nueva y su sangre como la savia de la vid, llega a todos los sarmientos y sólo en una comunión vital con la cepa se asegura y garantiza la producción de fruto. Pero por desgracia podemos ser también sarmientos que producen infección en la vid; de ahí que debamos desear ser purificados, limpiados. La poda consiste en dejar cortar de nosotros el pecado y todo lo que no es según Dios: este es el sufrimiento que da fruto. Esto se realiza cuando la palabra de Jesús es acogida en un corazón bueno.

Fuente: Contemplar y proclamar de Jose Antonio OP

Imagen: revistaecclesia.com

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Conocimiento de Sí mismo

San Rafael Arnáiz (1911-1938)

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Celebración 26 de Abril

Essere Cristiani: Vangelo del 20 Febbraio 2013

Nació en Burgos (España) el 9 de abril de 1911, de una familia de alta sociedad y profundamente religiosa. En esa misma ciudad fue bautizado y confirmado. Comenzó sus estudios en el colegio de los padres jesuitas y recibió por primera vez la Eucaristía en 1919.

En esos años tuvo la primera visita de la que habría de ser su asidua compañera: una enfermedad de fiebres colibacilares que le obligó a interrumpir sus estudios. Cuando se recuperó, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la santísima Virgen, a finales del verano de 1921 lo llevó a Zaragoza, donde lo consagró a la Virgen del Pilar.

Su familia se trasladó a Oviedo, y allí continuó sus estudios de bachillerato, en el colegio de los padres jesuitas y al terminar se matriculó en la Escuela superior de arquitectura de Madrid, donde supo unir el estudio con una ardiente y asidua vida de piedad; había introducido en su horario de estudio una larga visita diaria a “el Amo” en el oratorio de Caballero de Gracia, y participaba puntualmente en su turno de adoración nocturna.

De inteligencia brillante y ecléctica, Rafael tenía destacadas dotes para la amistad y buen trato. Poseía un carácter alegre y jovial; era deportista, rico en talento para el dibujo y la pintura; le gustaba la música y el teatro. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana.

En su corazón bien dispuesto a escuchar Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida contemplativa. Había conocido la trapa de San Isidro de Dueñas y se sintió fuertemente atraído porque la percibió como el lugar que correspondía a sus íntimos deseos. Así, en diciembre de 1933 interrumpió sus cursos en la universidad, y el 16 de enero 1934 entró en el monasterio de San Isidro.

Después de los primeros meses de noviciado y la primera Cuaresma vividos con entusiasmo en medio de las austeridades de la trapa, de improviso Dios quiso probarlo misteriosamente con una penosa enfermedad:  una aguda diabetes sacarina, que lo obligó a abandonar apresuradamente el monasterio y a regresar a casa de sus padres para ser cuidado adecuadamente.

Regresó a la trapa apenas restablecido, pero la enfermedad le obligó a abandonar varias veces el monasterio, donde volvió otras tantas veces para responder generosa y fielmente a la llamada de Dios.

Se santificó en la gozosa y heroica fidelidad a su vocación, en la aceptación amorosa de los planes de Dios y del misterio de la cruz, en la búsqueda apasionada del rostro de Dios; le fascinaba la contemplación de lo Absoluto; tenía una tierna filial devoción a la Virgen María —la “Señora” como le gustaba llamarla—. Falleció en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién cumplidos los 27 años. Fue sepultado en el cementerio del monasterio, y después en la iglesia abacial.

Muy pronto su fama de santidad se extendió fuera de los muros del convento. Sus numerosos escritos ascéticos y místicos continúan difundiéndose con gran aceptación y para el bien de cuantos entran en contacto con él. Ha sido definido como uno de los más grandes místicos del siglo XX.

El 19 de agosto de 1989 el Papa Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada mundial de la juventud en Santiago de Compostela, lo propuso como modelo para los jóvenes del mundo de hoy y el 27 de septiembre de 1992 lo proclamó beato.

Con su canonización el Papa Benedicto XVI lo presenta como amigo, ejemplo e intercesor a todos los fieles, sobre todo a los jóvenes.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: esserecristiani.blogspot.com

IV Domingo de Pascua

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Oratorio Carmelitano: Jesús, el Buen Pastor

La primera lectura es de los hechos de los apóstoles, y responde al tercer anuncio de Jesús como Señor y Salvador por parte de Pedro, con el que contesta a las autoridades, inquietas por la curación del paralítico.

Lo primero que hace Pedro, es afirmar que el resucitado es el mismo que fue crucificado, pero esto es lo que a los del sanedrín les inquieta y rechazan, que aquel a quien crucificaron está vivo, pues si ese enfermo se ha curado, porque se ha invocado el nombre de Jesús, quiere decir que Jesús, condenado a muerte y ejecutado, no está muerto, sino vivo. Y esta es la raíz de nuestra fe cristiana: creer en el poder de Dios que actúa resucitando a Jesús. Con frecuencia escuchamos o decimos: nadie de los que han muerto ha vuelto a decirnos lo que hay después de la muerte, pues sí ha habido uno: Jesús de Nazaret, hombre verdadero: a quien crucificasteis y murió en la cruz, Dios lo ha resucitado. El, verdadero hombre, conocedor de sufrimientos y de la muerte, ha resucitado. Por eso es el único que nos puede salvar del miedo a la muerte y nos abre caminos de vida.

La segunda lectura, es de la primera carta de San Juan y nos dice que somos hijos. El mundo en sus relaciones laborales, sociales, familiares y de cualquier otro tipo, cambiaría profundamente si tuviéramos conciencia real de esta filiación. Y es que la esperanza cristiana no lo deja todo para el final, sino que, ya somos ahora hijos, que hacen posible el reino de los hijos en la tierra, con la esperanza de conseguir el reino en la meta final. La fuerza del Reino se manifiesta ya, aunque velada, de ahí que tengamos que pedir su venida: venga a nosotros tu reino. Al final, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es. He ahí lo que anhelamos desde lo profundo de nuestro ser consciente o inconscientemente y eso es lo que nos asegura Cristo resucitado. Este deseo de contemplar a Dios y corresponder a su amor, es lo que nos purifica y nos permite estar en continua conversión.

El Evangelio de Juan 10, 11-18, nos presenta a Jesús como el buen pastor; ello no indica solamente su bondad personal, sino también su misión. Jesús se presenta como el único Pastor, genuino, auténtico, digno de fiar. Mientras que muchos se presentan con la pretensión de ser salvadores (los celotas entre otros), ninguno lleva la marca de la autenticidad. Jesús está dispuesto a llevar su misión hasta el final y así lo realiza con el don generoso de la propia vida. El Evangelista piensa también en los pastores de su Iglesia. Y para ellos escribe indicando: mirad al verdadero Pastor y sacad vuestras consecuencias.

En el Oriente, la imagen del Pastor está relacionada con los gobernantes, los dirigentes espirituales y los maestros que enseñaban al pueblo. Jesus introduce una radical novedad: su gobierno y su enseñanza se imparten y se reciben en un clima de total amistad, trato personal y apertura.

Jesús, Buen pastor, ofrece a la humanidad la posibilidad real de construir una sola gran familia en comunión interpersonal; el buen pastor es el que hace posible la unidad de la familia humana y la Iglesia aparece así ante el mundo, como el sacramento de salvación, de reconciliación y de comunión entre todos los hombres.

Fuente: Contemplar y proclamar del Padre Jose Antonio OP

Imagen: oratoriocarmelitano.blogspot.com

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Sed de Ser

San Jorge

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Celebración 23 de abril

¿SABES QUIÉN ERA SAN JORGE? - 23 de abril - Primeros ...

Vida de San Jorge

El nombre de Jorge viene del griego y significa: “agricultor, que trabaja en la tierra”. A pesar de la popularidad de San Jorge, se conocen muy pocos datos de él, y casi todas sus noticias se basan en leyendas y tradiciones que han pasado de boca en boca a lo largo de los siglos. Todos los historiadores y escritores de libros de santos, suelen coincidir en que fue un soldado romano, nacido en el siglo III en Capadocia (Turquía) y que falleció a principios del IV, probablemente en la ciudad de Lydda, la actual Lod de Israel. Sus padres, según la tradición, eran labradores y tenían mucho dinero. En otras versiones de la historia de San Jorge, se nos dice que su padre era militar y que por ese motivo su hijo quiso seguir sus pasos.

La leyenda del dragón

La leyenda más difundida de San Jorge es sin duda la del dragón, en la cuál se nos presenta a nuestro santo como un soldado o caballero que lucha contra un ser monstruoso (el dragón) que vivía en un lago y que tenía atemorizada a toda una población situada en Libia. Dicho animal exigía dos corderos diarios para alimentarse a fin de no aproximarse a la ciudad, ya que desprendía un hedor muy fuerte y contaminaba todo lo que estaba vivo. (Recuerda, amigo cibernauta que en aquellos tiempos no existían dentífricos!!!). Al final ocurrió que los ganaderos se quedaron casi sin ovejas y decidieron que se le entregara cada día una persona viva, que sería escogida bajo un sorteo. Un buen día, le toco la “suerte” a la hija del rey, pero, cuando el monstruo iba a comérsela, San Jorge la salvó. Es por ese motivo que en Cataluña, San Jorge (Sant Jordi) es el patrón de los enamorados. La leyenda de San Jorge fue escrita en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su célebre obra “La Leyenda dorada”.

En ella, podemos descubrir que todos estamos llamados a ser un caballero, no solamente para salvar princesas bonitas como la que se nos narra, si no para salvar a aquellas personas que tanto sufren en nuestra sociedad. El dragón simboliza el mal de nuestro mundo: pobreza, insolidaridad, hipocresía … Cabe decir, que la tradición catalana de esta leyenda del dragón, no se ambienta en el país de Libia, sino en Cataluña mismo, concretamente en la ciudad de Montblanc (Tarragona). Cada 23 de abril, en esta ciudad hacen una gran representación, como también en Alcoi (Alicante), donde se escenifica la ayuda del santo a sus ciudadanos para que no fueran atacados por los moriscos.

El cristianismo de San Jorge

Después de unos años en el ejército romano, San Jorge se da cuenta que su verdadero ejército es el de Jesucristo, reparte sus bienes entre los pobres, renuncia a su carrera militar y se enfrenta a las autoridades romanas. Es de destacar que las actas del martirio de nuestro santo se perdieron y solamente podemos saber algo de ellas a partir de la tradición popular. Por tanto, nos encontramos ante el hecho que, pese a existir históricamente un martirio de San Jorge, no se pueden tomar como históricas tales tradiciones. De todas formas, dichas narraciones son un símbolo de los ideales y de las convicciones de aquellos cristianos que lo dieron todo por su fe en Jesucristo. San Jorge sufrió el martirio en la actual ciudad de Lod (Israel) a principios del año 300 en tiempo de los emperadores Diocleciano y Maximiliano. Fue el mismo Santiago de la Vorágine que en su obra “La Leyenda dorada” difundió el martirio de San Jorge.

¿Qué nos enseña el martirio de San Jorge?

Como en tantos otros relatos populares de martirios, detrás de lo que son las inexactitudes históricas, se oculta la intuición de verdades muy profundas. Así, en el caso del martirio de San Jorge, aparece con mucha claridad, por un lado, la dimensión evangelizadora de su testimonio, y, por el otro, el ejemplo de caridad ardiente que muestra con su conducta. Joan Llopis, en el libro “San Jorge” editado por el Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, explica muy acertadamente que lo que mueve interiormente al santo a dejar su vida de soldado y dedicarse a la de predicador, es la fuerza de su fe cristiana que tiene necesidad de comunicar a los demás las convicciones propias, aunque esto le lleve finalmente a la muerte. Escribe textualmente Joan Llopis:

“El martirio es, ciertamente, un testimonio de la fe. Pero es, sobre todo, un testimonio de la caridad. La biografía popular de San Jorge se complace en destacar el hecho de la generosa distribución de los bienes a los pobres que el invicto mártir lleva a cabo antes de dedicarse a la defensa pública de la fe cristiana. Es un modo plástico de insistir en una verdad que siempre ha formado parte del núcleo esencial del mensaje cristiano: no se puede separar la fe en Dios y el amor práctico y concreto a los hermanos”.

La Cruz de San Jorge

En las estampas que se difunden sobre el santo, hay un detalle que no nos puede pasar por alto: el escudo. En él, hay una cruz roja sobre fondo blanco. En otras estampas, sale representada en el escudo del santo caballero. Esta cruz es la conocida “Cruz de San Jorge” y figura en muchas representaciones gráficas de Jesucristo resucitado, donde sale victorioso del sepulcro: “Cristus Rex”. Si hacemos un estudio del tema, podemos decir que la cruz, símbolo de derrota y de muerte, se convierte en el caso de Cristo y de sus mártires, en signo de victoria y de vida. En este caso, la cruz es signo de victoria. Hay algunos teólogos, que aprovechando que la fiesta de San Jorge cae siempre dentro del tiempo pascual, relacionan la muerte pascual del mártir con la muerte pascual de Jesús.

La Cruz de San Jorge es muy popular también en Cataluña: “La Creu de Sant Jordi”. Muchos escudos de entidades y ciudades lo llevan. Tenemos dos ejemplos claros: el escudo de la ciudad de Barcelona y el del Futbol Club Barcelona (el Barça). Incluso, la Generalitat (Gobierno de Cataluña) distingue cada año a personajes populares que han hecho algo positivo para Cataluña con la distinción de la “Creu de Sant Jordi” (Cruz de San Jorge)

Culto y tradiciones. El día del libro

El culto a San Jorge surgió poco tiempo después de su muerte, primero entre las comunidades cristianas de Oriente y después entre las de Occidente. Su popularidad era tan grande que recibió el calificativo de “gran mártir”. Muy pronto se alzan templos en su honor. Pero es curioso destacar que, en la diócesis de Girona, solamente hay una iglesia parroquial dedicada a él, la de Sant Jordi Desvalls y sólo tres ermitas o capillas situadas en Calonge, Lloret de Mar y Sant Llorenç de la Muga. En Cataluña el día de su onomástica es considerada como una auténtica fiesta, aunque caiga en día laborable. Es “El dia del libro y de la rosa”. En todas las poblaciones catalanas hay paradas con libros y rosas. Tal y como ya te he comentado en el principio, los catalanes celebran por San Jorge el día de los enamorados. El hombre regala una rosa a su persona querida, y ésta, le regala un libro. Los estudiantes son los primeros en querer “hacer el agosto”, ya que montan sus paradas para sacar así un dinerito para el viaje de fin de curso.

Cabe decir que la coincidencia del Día del Libro con la festividad de San Jorge no tiene nada que ver con el santo. El Día del Libro comenzó a celebrarse el 7 de octubre de 1926 en conmemoración del día de nacimiento de Miguel de Cervantes. La idea fue del escritor y editor valenciano, afincado en Barcelona, Vicent Clavel Andrés que la propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. El 6 de febrero de 1926, el gobierno español presidido por Miguel Primo de Rivera lo aceptó y el rey Alfonso XIII firmó el Real decreto que instituía la “Fiesta del Libro Español”. En 1930 se acordó cambiar la fecha trasladándola al 23 de abril, día de la muerte de Cervantes. Cabe decir que Miguel de Cervantes estuvo muy bien relacionado con Barcelona, ciudad de la que dedicó grandes elogios en su obra “Don Quijote de la Mancha” y en la que su protagonista visitaba una imprenta. En 1995, la UNESCO instituyó el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y del derecho de autor. Se calcula que más de 80 países del mundo celebran el Día del Libro por esta fecha, aunque Gran Bretaña e Irlanda lo festejen el 14 de marzo. Cabe recordar también que un 23 de abril de 1981, fallecía un gran escritor catalán como fue Josep Pla y que en 1616 lo haría el célebre dramaturgo inglés William Shakespeare.

Patronazgo y protección

Es el patrón de Cataluña, junto a Nuestra Señora de Montserrat. También lo es de Aragón y de los siguientes países: Georgia, Grecia, Inglaterra, Lituania, Polonia, Portugal, Rusia y Serbia. También es el patrón de los caballeros y de los “Boy Scouts”, y, en Cataluña, de los enamorados y de algunos campesinos que le imploran por sus campos de cebada. Se le invoca para bendecir una casa nueva y contra las arañas.

Oración a San Jorge

San Jorge, queremos recordarte como te recuerda la antigua tradición. Tú abandonaste los éxitos militares y distribuiste tus bienes entre los pobres. Tú abandonaste a los dioses poderosos del Imperio para seguir al Mesías crucificado. Tú abandonaste la seguridad de tu linaje para unirte a la comunidad de los cristianos. Tú diste la vida por amor al Evangelio.

San Jorge, mártir, compañero fiel de Jesús. Nos gusta recordarte en la luz de la primavera y de la Pascua; nos gusta recordarte potente en el combate contra todo dolor y toda esclavitud.

San Jorge, mártir, compañero fiel de Jesús. Ayúdanos a enamorarnos del Evangelio, ayúdanos a vivir esa fe que tú tan intensamente viviste, ayúdanos a hacer posible que todo el mundo pueda sentir la felicidad de la primavera.

Fuente: santopedia.com | El Angel de la Web

Imagen: primeroscristianos.com

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San Anselmo de Canterbury (1033- 1109)

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Celebración 21 de abril

San Anselmo nació en Aosta (Italia) en 1033 de noble familia. Desde muy niño se sintió inclinado hacia la vida contemplativa. Pero su padre, Gandulfo, se opuso: no podía ver a su primogénito hecho un monje; anhelaba que siguiera sus huellas. A causa de esto, Anselmo sufrió tanto que se enfermó gravemente, pero el padre no se conmovió. Al recuperar la salud, el joven pareció consentir al deseo paterno. Se adaptó a la vida mundana, y hasta pareció bien dispuesto a las fáciles ocasiones de placeres que le proporcionaba su rango; pero en su corazón seguía intacta la antigua llamada de Dios.

En efecto, pronto abandonó la casa paterna, pasó a Francia y luego a Bec, en Normandía, en cuya famosa abadía enseñaba el célebre maestro de teología, el monje Lanfranco.

Anselmo se dedicó de lleno al estudio, siguiendo fielmente las huellas del maestro, de quien fue sucesor como abad, siendo aún muy joven. Se convirtió entonces en un eminente profesor, elocuente predicador y gran reformador de la vida monástica. Sobre todo llegó a ser un gran teólogo.

Su austeridad ascética le suscitó fuertes oposiciones, pero su amabilidad terminaba ganándose el amor y la estima hasta de los menos entusiastas. Era un genio metafísico que, con corazón e inteligencia, se acercó a los más profundos misterios cristianos: “Haz, te lo ruego, Señor—escribía—, que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia”.

Sus dos obras más conocidas son el Monologio, o modo de meditar sobre las razones de la fe, y el Proslogio, o la fe que busca la inteligencia. Es necesario, decía él, impregnar cada vez más nuestra fe de inteligencia, en espera de la visión beatífica. Sus obras filosóficas, como sus meditaciones sobre la Redención, provienen del vivo impulso del corazón y de la inteligencia. En esto, el padre de la Escolástica se asemejaba mucho a San Agustín.

Fue elevado a la dignidad de arzobispo primado de Inglaterra, con sede en Canterbury, y allí el humilde monje de Bec tuvo que luchar contra la hostilidad de Guillermo el Rojo y Enrique I. Los contrastes, al principio velados, se convirtieron en abierta lucha más tarde, a tal punto que sufrió dos destierros.

Fue a Roma no sólo para pedir que se reconocieran sus derechos, sino también para pedir que se mitigaran las sanciones decretadas contra sus adversarios, alejando así el peligro de un cisma. Esta muestra de virtud suya terminó desarmando a sus opositores. Murió en Canterbury el 21 de abril de 1109. En 1720 el Papa Clemente XI lo declaró doctor de la Iglesia.

Fuente: santopedia.com

Imagen: gnm-es.org

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III Domingo de Pascua

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7 preguntas que no podrán contestar los que dicen que ...

La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles 3,13-15.17-19. Pedro y Juan acaban de curar a un mendigo tullido de nacimiento —y, por eso excluido del templo — con el poder del «Nombre de Jesús». El episodio suscita un gran estupor entre la gente.

El apóstol Pedro a la luz de las antiguas profecías, ayuda a la gente a reconocer en Jesús al Mesías no reconocido por su pueblo; rechazado y condenado a una muerte injusta. Si embargo, la muerte no es más fuerte que la vida ni son los hombres los que conducen la historia, sino Dios que con su poder ha resucitado de entre los muertos a su siervo fiel y de este modo, las puertas de la salvación siguen abiertas para su pueblo elegido, aunque históricamente fueron los ejecutores de la muerte del Mesías. Pero nada sucede por un poder que tengan los apóstoles; sólo en el nombre de Jesús pueden realizar prodigios y, sobre todo, exhortar con autoridad al arrepentimiento y a la conversión para que sean borrados sus pecados.

La segunda lectura es de 1ª de Juan 2,1-5ª. El autor quiere salir al paso de aquellos que en su tiempo enseñaban que una vez aceptado el bautismo los creyentes eran impecables. Por eso el autor viene a decirnos: es difícil que un verdadero miembro de Cristo peque, pero, si se diera esta circunstancia, no debe perder la esperanza porque Jesús está junto al Padre intercediendo y abogando por él. Se puede vencer la tentación siempre porque Jesús y el Espíritu salen al encuentro del hombre para que pueda vencer, pero en caso contrario, Dios no abandona al hombre. Jesucristo en la cruz es la oferta de salvación que Dios hace para todo el mundo, en él se ha abierto de nuevo el camino de retorno a Dios y de la plena comunión con él. Ahora bien, no podemos hacernos la ilusión de amar a Dios —conocer en el lenguaje bíblico equivale precisamente a amar — si no guardamos sus mandamientos y no cumplimos su voluntad en las situaciones concretas de la vida. El regenerado en y por el acontecimiento pascual, puede cumplir la voluntad de Dios que son sus mandamientos y a la vez encuentra la energía que lo posibilita.

El Evangelio, pertenece a Lucas 24,35-48. Es la última aparición del resucitado y se produce después del encuentro de Jesús con los dos discípulos de Emaus.

Lo primero es el saludo: la paz, que es la síntesis de todos los bienes salvíficos. Jesús la hizo posible por la sangre de la cruz y ahora nos la da como distintivo y tarea. El evangelista recurre a expresiones como: «soy yo en persona… Dicho esto, les mostró las manos y los pies», para mostrar de la forma más plástica posible, el acontecimiento de la resurrección y que es la respuesta a la inquietante pregunta: ¿después de la muerte queda alguna esperanza? Dios responde con la realidad plena de Jesús resucitado.

Recogiendo unas palabras que atribuye al resucitado mismo, entiende que en toda la Escritura aparece esta oferta de Dios, en forma de anuncio y es el conjunto del plan de Dios el que tiene su realización

A partir de ahí, viene la misión universal, como tarea. Cristo resucitado y glorioso envía a sus apóstoles a anunciar el Evangelio. La universalidad de la misión arranca del Resucitado y es acompañada por el Resucitado. La esperanza de una vida imperecedera conquistada y ofrecida por Jesús resucitado, es para todos los hombres.

Fuente: Contemplar y Proclamar del Padre Jose Antonio OP

Imagen : pildorasdefe.net

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San Damián de Molokai (1840 – 89)

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Celebración 15 de abril

Su Vida

Lo han llamado “el leproso voluntario”, porque con tal de poder atender a los leprosos que estaban en total abandono, aceptó volverse leproso como ellos.

Lo beatificó el Papa Juan Pablo II en el año 1994.

El Padre Damián nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica.

De pequeño en la escuela ya gozaba haciendo como obras manuales, casitas como la de los misioneros en las selvas. Tenía ese deseo interior de ir un día a lejanas tierras a misionar.

De joven fue arrollado por una carroza, y se levantó sin ninguna herida. El médico que lo revisó exclamó: “Este muchacho tiene energías para emprender trabajos muy grandes”.

Un día siendo apenas de ocho años dispuso irse con su hermanita a vivir como ermitaños en un bosque solitario, a dedicarse a la oración. El susto de la familia fue grande cuando notó su desaparición. Afortunadamente unos campesinos los encontraron por allá y los devolvieron a casa. La mamá se preguntaba: ¿qué será lo que a este niño le espera en el futuro?

De joven tuvo que trabajar muy duro en el campo para ayudar a sus padres que eran muy pobres. Esto le dio una gran fortaleza y lo hizo práctico en muchos trabajos de construcción, de albañilería y de cultivo de tierras, lo cual le iba a ser muy útil en la isla lejana donde más tarde iba a misionar.

A los 18 años lo enviaron a Bruselas (la capital) a estudiar, pero los compañeros se le burlaban por sus modos acampesinados que tenía de hablar y de comportarse. Al principio aguantó con paciencia, pero un día, cuando las burlas llegaron a extremos, agarró por los hombros a uno de los peores burladores y con él derribó a otros cuatro. Todos rieron, pero en adelante ya le tuvieron respeto y, pronto, con su amabilidad se ganó las simpatías de sus compañeros.

Religioso. A los 20 años escribió a sus padres pidiéndoles permiso para entrar de religioso en la comunidad de los sagrados Corazones. Su hermano Jorge se burlaba de él diciéndole que era mejor ganar dinero que dedicarse a ganar almas (el tal hermano perdió la fe más tarde).

Una gracia pedida y concedida. Muchas veces se arrodillaba ante la imagen del gran misionero, San Francisco Javier y le decía al santo: “Por favor alcánzame de Dios la gracia de ser un misionero, como tú”. Y sucedió que a otro religioso de la comunidad le correspondía irse a misionar a las islas Hawai, pero se enfermó, y los superiores le pidieron a Damián que se fuera él de misionero. Eso era lo que más deseaba.

Su primera conquista. En 1863 zarpó hacia su lejana misión en el viaje se hizo sumamente amigo del capitán del barco, el cual le dijo: “yo nunca me confieso. soy mal católico, pero le digo que con usted si me confesaría”. Damián le respondió: “Todavía no soy sacerdote pero espero un día, cuando ya sea sacerdote, tener el gusto de absolverle todos sus pecados”. Años mas tarde esto se cumplirá de manera formidable.

Empieza su misión. Poco después de llegar a Honolulú, fue ordenado sacerdote y enviado a una pequeña isla de Hawai. las Primeras noches las pasó debajo de una palmera, porque no tenía casa para vivir. Casi todos los habitantes de la isla eran protestantes. Con la ayuda de unos pocos campesinos católicos construyó una capilla con techo de paja; y allí empezó a celebrar y a catequizar. Luego se dedicó con tanto cariño a todas las gentes, que los protestantes se fueron pasando casi todos al catolicismo.

Fue visitando uno a uno todos los ranchos de la isla y acabando con muchas creencias supersticiosas de esas pobres gentes y reemplazándolas por las verdaderas creencias. Llevaba medicinas y lograba la curación de numerosos enfermos. Pero había por allí unos que eran incurables: eran los leprosos.

Molokai, la isla maldita. Como en las islas Hawai había muchos leprosos, los vecinos obtuvieron del gobierno que a todo enfermo de lepra lo desterraran a la isla de Molokai. Esta isla se convirtió en un infierno de dolor sin esperanza. Los pobres enfermos, perseguidos en cacerías humanas, eran olvidados allí y dejados sin auxilios ni ayudas. Para olvidar sus penas se dedicaban los hombres al alcoholismo y los vicios y las mujeres a toda clase de supersticiones.

Enterrado vivo. Al saber estas noticias el Padre Damián le pidió al Sr. Obispo que le permitiera irse a vivir con los leprosos de Molokai. Al Monseñor le parecía casi increíble esta petición, pero le concedió el permiso, y allá se fue.

En 1873 llego a la isla de los leprosos. Antes de partir había dicho : “Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo”. Los leprosos lo recibieron con inmensa alegría. La primera noche tuvo que dormir también debajo de una palmera, porque no había habitación preparada para él. Luego se dedicó a visitar a los enfermos. Morían muchos y los demás se hallaban desesperados.

Trabajo y distracción. El Padre Damián empezó a crear fuentes de trabajo para que los leprosos estuvieran distraídos. Luego organizó una banda de música. Fue recogiendo a los enfermos mas abandonados, y él mismo los atendía como abnegado enfermero. Enseñaba reglas de higiene y poco a poco transformó la isla convirtiéndola en un sitio agradable para vivir.

Pidiendo al extranjero. Empezó a escribir al extranjero, especialmente a Alemania, y de allá le llegaban buenos donativos. Varios barcos desembarcaban alimentos en las costas, los cuales el misionero repartía de manera equitativa. Y también le enviaban medicinas, y dinero para ayudar a los más pobres. Hasta los protestantes se conmovían con sus cartas y le enviaban donativos para sus leprosos.

Confesión a larga distancia. Pero como la gente creía que la lepra era contagiosa, el gobierno prohibió al Padre Damián salir de la isla y tratar con los que pasaban por allí en los barcos. Y el sacerdote llevaba años sin poder confesarse. Entonces un día, al acercarse un barco que llevaba provisiones para los leprosos, el santo sacerdote se subió a una lancha y casi pegado al barco pidió a un sacerdote que allí viajaba, que lo confesara. Y a grito entero hizo desde allí su única y última confesión, y recibió la absolución de sus faltas.

Haciendo de todo. Como esas gentes no tenían casi dedos, ni manos, el Padre Damián les hacía él mismo el ataúd a los muertos, les cavaba la sepultura y fabricaba luego como un buen carpintero la cruz para sus tumbas. Preparaba sanas diversiones para alejar el aburrimiento, y cuando llegaban los huracanes y destruían los pobres ranchos, él en persona iba a ayudar a reconstruirlos.

Leproso para siempre. El santo para no demostrar desprecio a sus queridos leprosos, aceptaba fumar en la pipa que ellos habían usado. Los saludaba dándoles la mano. Compartía con ellos en todas las acciones del día. Y sucedió lo que tenía que suceder: que se contagió de la lepra. Y vino a saberlo de manera inesperada.

La señal fatal. Un día metió el pie en un una vasija que tenía agua sumamente caliente, y él no sintió nada. Entonces se dió cuenta de que estaba leproso. Enseguida se arrodilló ante un crucifijo y exclamó: “Señor. por amor a Ti y por la salvación de estos hijos tuyos, acepté esta terrible realidad. La enfermedad me ira carcomiendo el cuerpo, pero me alegra el pensar que cada día en que me encuentre más enfermo en la tierra, estaré más cerca de Ti para el cielo”.

La enfermedad se fue extendiendo prontamente por su cuerpo. Los enfermos comentaban: “Qué elegante era el Padre Damián cuando llegó a vivir con nosotros, y que deforme lo ha puesto la enfermedad”. Pero él añadía: “No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios”.

Sorpresa final. Poco antes de que el gran sacerdote muriera, llegó a Molokai un barco. Era el del capitán que lo había traído cuando llegó de misionero. En aquél viaje le había dicho que con el único sacerdote con el cual se confesaría sería con él. Y ahora, el capitán venía expresamente a confesarse con el Padre Damián. Desde entonces la vida de este hombre de mar cambió y mejoró notablemente. También un hombre que había escrito calumniando al santo sacerdote llegó a pedirle perdón y se convirtió al catolicismo.

Y el 15 de abril de 1889 “el leproso voluntario”, el Apóstol de los Leprosos, voló al cielo a recibir el premio tan merecido por su admirable caridad.

En 1994 el Papa Juan Pablo II, después de haber comprobado milagros obtenidos por la intercesión de este gran misionero, lo declaró beato, y patrono de los que trabajan entre los enfermos de lepra.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: monasteryicons.com

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Renacer desde lo alto

Santa Bernadette de Soubirous

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Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: “Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos” (Jn. 15).

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: “Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo”. Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. Un día ve unas ovejas con una mancha verde sobre la lana y pregunta al papá: ¿Por qué tienen esa mancha verde? El papá queriendo chancearse, le responde: “Es que se indigestaron por comer demasiado pasto”. La muchachita se pone a llorar y exclama: “Pobres ovejas, se van a reventar”. Y entonces el señor Soubirous le dice que era una mentirilla. Una compañera le dice: “Es necesario ser muy tonta para creer que eso que le dijo su padre era verdad”. Y Bernardita le responde: ¡Es que como yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás tampoco las decían nunca!

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra Señora le dijo: “No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra”. Y así sucedió. La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.

Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Probablemente uno de estos secretos era que no debería recibir dineros ni regalos de nadie y el otro, que no hiciera nunca nada que atrajera hacia ella las miradas. Por eso se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.

Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. “Vaya “, le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.

Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? “Claro que sí” ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.

Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.

En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: “Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Sma. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores”.

Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.

Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: “No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra”.

Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.

Deseaba mucho volver a Lourdes, pero desde el día en que fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa, jamás volvió por allí. Ella repetía: “Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser vista. Cuando se ha visto una vez a la Sma. Virgen, se estaría dispuesto a cualquier sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es”.

Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.

Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: “Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma”. A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.

El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: “Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!” Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: “Ruega Señora por esta pobre pecadora”, y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío Once la declaró santa.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: adf.org.br

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Lugar de libertad

Santa María Faustina Kowalska

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Domingo de la Divina Misericordia

Domingo de la Divina Misericordia. 11 de abril: aproveche...

La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el primer Domingo después del Domingo de Pascua.

Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Antecedentes

Una devoción especial se comenzó a esparcir por el mundo entero a partir del diario de una joven monja polaca en 1930. El mensaje no es nada nuevo, pero nos recuerda lo que la Iglesia siempre ha enseñado por medio de las Sagradas Escrituras y la tradición: que Dios es misericordioso y que perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y debemos perdonar. Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje toma un enfoque poderoso que llama a las personas a un entendimiento más profundo sobre el Amor ilimitado de Dios y la disponibilidad de este Amor a todos – especialmente a los más pecadores. El mensaje y la devoción a Jesús como la Divina Misericordia esta basada en los escritos de la Santa María Faustina Kowalska, una monja polaca sin educación básica que, en obediencia a su director espiritual, escribió un diario de alrededor de 600 páginas que relatan las revelaciones que ella recibió sobre la Misericordia de Dios. Aún antes de su muerte en 1938 se comenzó a esparcir la devoción a la Divina Misericordia.

El mensaje de Misericordia es que Dios nos Ama – a todos- no importa cuan grande sean nuestras faltas. Él quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. De tal manera de que todos participemos de Su Gozo. Es un mensaje que podemos recordar tan fácilmente como un ABC.

A — Pide su Misericordia. Dios quiere que nos acerquemos a Él por medio de la oración constante, arrepentidos de nuestros pecados y pidiéndole que derrame Su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero
B — Sé misericordioso – Dios quiere que recibamos Su Misericordia y que por medio de nosotros se derrame sobre los demás
C — Confía completamente en Jesús – Dios nos deja saber que las gracias de su Misericordia dependen de nuestra confianza. Mientras más confiemos en Jesús, más recibiremos.

La Devoción a la Divina Misericordia

Tener devoción a la Divina Misericordia requiere de una total entrega a Dios como Misericordia. Es una decisión que comprende en confiar completamente en Él, en aceptar su Misericordia con acción de gracias y de ser misericordioso como Él es Misericordioso.

Las prácticas devocionales propuestas en el diario de la Santa Faustina están en completo acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y su raíz están firmemente en los Mensajes de los Evangelios de nuestro Señor Misericordioso. Estos propiamente comprendidos e implementados nos ayudan a crecer como genuinos seguidores de Cristo.

Corazón Misericordioso

Existen dos versos de las Escrituras que debemos tener en cuenta mientras nos involucramos en estas prácticas devocionales.

1. “Ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me han honrado con sus labios mientras que si corazón está lejos de mí.” (Is 29:13);

2. Bienaventurados los misericordiosos por que ellos alcanzarán misericordia ” (Mt 5:7). Es irónico y hasta espantoso el hecho de que la mayoría de las personas religiosas de los tiempos de Cristo (personas que eran practicantes de su religión y que ansiosamente esperaban la venida del Mesías) no fueron capaces de reconocerlo cuando Él vino.

Los fariseos, a los que Cristo les hablaba en la primera cita del evangelio mencionada anteriormente, eran muy devotos a las oraciones, reglas y rituales de su religión, pero al pasar de los años, estas prácticas externas eran tan importantes por ellas mismas que su verdadero significado se había perdido. Los fariseos efectuaban todos los sacrificios requeridos, decían las oraciones correctas, ayunaban con frecuencia y hablaban constantemente sobre Dios, pero nada de esto había tocado sus corazones. Como resultado no tenían ninguna relación con Dios, ellos no estaban viviendo de la forma que Él quería y no estaban preparados para la venida de Cristo.

Cuando miramos a la imagen de nuestro Salvador Misericordioso, o dejamos lo que estamos haciendo a las tres de la tarde, o rezamos la coronilla de la Divina Misericordia – son estas cosas que nos están llevando más cerca a la verdadera vida sacramental de la Iglesia y dejamos que Cristo transforma nuestros corazones? ¿O solo se han convertido en hábitos religiosos? ¿En nuestras vidas diarias estamos convirtiéndonos más y más en personas de Misericordia? ¿O sólo estamos honrando la Misericordia de Dios con los labios? Viviendo el mensaje de la Misericordia Las prácticas devocionales reveladas a la Santa Faustina nos fueron dadas como “instrumentos de misericordia” por medio de los cuales el amor de Dios es derramado sobre todo el mundo, pero no son suficientes por sí solas. No es suficiente que nosotros colguemos la imagen de la Divina Misericordia en nuestros hogares, que recemos la Coronilla todos los días a las 3 de la tarde, y recibamos la Comunión el domingo después de la pascua. Nosotros debemos mostrarnos misericordiosos con nuestro prójimo. ¡Poner la Misericordia en acción no es una opción de la devoción a la Divina Misericordia sino un requisito!

Nuestro Señor le habla estrictamente de esto a Santa Faustina:

Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. (Diario 742).

Así como lo mandan los evangelios “Sean Misericordiosos así como su Padre en el Cielo es Misericordioso, ” piden que seamos misericordiosos con nuestro prójimo “siempre y en todo lugar” parece imposible de cumplir pero el Señor asegura que es posible. ” Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas. ” (Diario 1074)

¿Cómo irradiamos la Misericordia de Dios a nuestro prójimo?

Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones. “En estas tres formas” Él le dice a Sor Faustina ” está contenida la plenitud de la misericordia” (Diario 742) Todos hemos sido llamados a practicar estas tres formas de misericordia, pero no todos somos llamados de la misma manera. Tenemos que preguntarle al Señor, quien comprende nuestras personalidades individuales y nuestra situación, que nos ayude a reconocer las diversas formas con que podemos poner en práctica Su Misericordia en nuestras vidas diarias.

Pidiendo la Misericordia de nuestro Señor, confiando en su Misericordia, y viviendo como personas misericordiosas nos podemos asegurar que nunca escucharemos decir “Sus corazones están lejos de mí” sino más bien la hermosa promesa de ” Bienaventurados los misericordiosos, ya que ellos obtendrán Misericordia”.
Fuente: ewtn.com

Fuente: catholic.net

Imagen: hispanidad.com

PRESENTACIÓN SEGUNDO DOMINGO PASCUAL ¡Señor mío y Dios mío!

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Orad sin cesar – Prácticas hasta Pestencontés

En la noche luce la estrella

San Juan Bautista de la Salle

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Patrono de los educadores

Celebración 7 de de abril


Juan Bautista de La Salle vivió en un mundo totalmente diferente del nuestro. Era el primogénito de una familia acomodada que vivió en Francia hace 300 años. Juan Bautista de La Salle nació en Reims, recibió la tonsura a la edad de 11 años y fue nombrado canónigo de la Catedral de Reims a los 16. Cuando murieron sus padres tuvo que encargarse de la administración de los bienes de la familia. Pero, terminados sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1678. Dos años más tarde, obtuvo el título de doctor en teología. En ese período de su vida, intentó comprometerse con un grupo de jóvenes rudos y poco instruídos, a fin de fundar escuelas para niños pobres.


En aquella época, sólo algunas personas vivían con lujo, mientras la gran mayoría vivía en condiciones de extrema pobreza: los campesinos en las aldeas y los trabajadores miserables en las ciudades. Sólo un número reducido podía enviar a sus hijos a la escuela. La mayoría de los niños tenían pocas posibilidades de futuro. Conmovido por la situación de estos pobres que parecían “tan alejados de la salvación” en una u otra situación, tomó la decisión de poner todos sus talentos al servicio de esos niños, “a menudo abandonados a sí mismos y sin educación”. Para ser más eficaz, abandonó su casa familiar y se fue a vivir con los maestros, renunció a su canonjía y su fortuna y a continuación, organizó la comunidad que hoy llamamos Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Su empresa se encontró con la oposición de las autoridades eclesiásticas que no deseaban la creación de una nueva forma de vida religiosa, una comunidad de laicos consagrados ocupándose de las escuelas “juntos y por asociación”. Los estamentos educativos de aquel tiempo quedaron perturbados por sus métodos innovadores y su absoluto deseo de gratuidad para todos, totalmente indiferente al hecho de saber si los padres podían pagar o no. A pesar de todo, De La Salle y sus Hermanos lograron con éxito crear una red de escuelas de calidad, caracterizada por el uso de la lengua vernácula, los grupos de alumnos reunidos por niveles y resultados, la formación religiosa basada en temas originales, preparada por maestros con una vocación religiosa y misionera a la vez y por la implicación de los padres en la educación. Además, de La Salle fue innovador al proponer programas para la formación de maestros seglares, cursos dominicales para jóvenes trabajadores y una de las primeras instituciones para la reinserción de “delincuentes”. Extenuado por una vida cargada de austeridades y trabajos, falleció en San Yon, cerca de Rouen, en 1719, sólo unas semanas antes de cumplir 68 años.


Juan Bautista de La Salle fue el primero que organizó centros de formación de maestros, escuelas de aprendizaje para delincuentes, escuelas técnicas, escuelas secundarias de idiomas modernos, artes y ciencias. Su obra se extendió rapidísimamente en Francia, y después de su muerte, por todo el mundo. En 1900, Juan Bautista de La Salle fue declarado Santo. En 1950, a causa de su vida y sus escritos inspirados, recibió el título de Santo Patrono de los que trabajan en el ámbito de la educación. Juan Bautista mostró cómo se debe enseñar y tratar a los jóvenes, cómo enfrentarse a las deficiencias y debilidades con compasión, cómo ayudar, curar y fortalecer. Hoy, las escuelas lasalianas existen en 85 países del mundo.

Fuente: lasalle.org | es.catholic.net

Imagen: hablemosdereligion.com

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Orar sin cesar

Desierto y mirada purificada


Domingo de Resurrección

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Hermanas y hermanos: ¡Cristo ha resucitado!

La primera lectura de este domingo, es de los Hechos de los Apóstoles 10, 34ª.37-43. Corresponde al encuentro de Pedro con el Centurión romano y pagano Cornelio de Cesarea. Es el primer anuncio del Evangelio a los paganos y primicia de una fecunda evangelización en el futuro, pues Jesús ha derribado todas las fronteras con su muerte y resurrección, pero no fue fácil. El Evangelio comenzaba una nueva aventura: llegar a todo el mundo y es que en la muerte y en la resurrección de Jesús, Dios ha dicho su última palabra en favor de los hombres.

Jesus, resucitado del que los apóstoles son testigos fieles y seguros, pues recibieron una experiencia interior personal y comunitaria, acompañada de una luz reveladora infalible, que les llevó a la convicción de que Jesús estaba vivo, anuncian esta gran verdad y desde entonces nuestra fe en Jesús pasa por el testimonio apostólico y nuestra fe es apostólica. Es una fe cierta y segura, aunque durante nuestra peregrinación en este mundo sigue siendo claroscura, pero siempre con la certeza de que estamos ante la maravilla de las maravillas de Dios y convencidos de que es posible la fraternidad entre todos los pueblos a través de Cristo resucitado y del Espíritu.

La segunda lectura es de Colosenses 3,1-4. Nos recuerda que por el bautismo nos hemos identificado con el Cristo Glorioso, en consecuencia, hemos de dirigir la mirada hacia donde está Cristo, que es la meta hacia la que nos dirigimos, la cual, no solo da sentido, sino que desvela el misterio del sufrimiento y de la muerte. El tiempo de espera es tiempo de lucha y dificultades; es el tiempo de la Iglesia, el tiempo del Cristo glorioso escondido, pero también de la certeza en su manifestación plena, para estar plenamente con él, una vez resucitados.

El Evangelio es de Jn 20,1-9. En él se nos recuerdan dos realidades complementarias: el sepulcro vacío y las apariciones. Solo el sepulcro vacío no podía garantizar la seguridad de nuestro destino hacia la vida. Esa es la manera de explicar que estamos ante un hecho singular y único. Los especialistas dirán que estamos ante un acontecimiento, trascendente, metahístórico y escatológico. La manera de decir esto para un semita es afirmar, que el sepulcro está vacío. Todo el conjunto de la narración con sus detalles, como el sudario, subraya el realismo de la resurrección, pero la fuerza de convicción está en la revelación de Dios y esta convicción, se apoya en la Escritura: «…Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mi» (Lc 24, 44-45). Las Escrituras, son la expresión literaria del proyecto de Dios que se cumple a pesar de todas las resistencias. Y lo ha cumplido devolviendo la vida a su Hijo hecho hombre y en comunión con él a todos los hombres. Jesus resucitado nos muestra la solución al enigma de la muerte y es a través de los signos y de la Escritura (especialmente la Eucaristía) como nos encontramos con el Señor resucitado.

Fuente: Blog del Padre Jose Antonio OP (Contemplar y Proclamar)

Imagen: todapuraeresmaria.blogspot.com

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Presentación ¡Resucitó. Vuelve a la Vida!

La muerte no es lo que parece

Viernes Santo

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La pasión y muerte de Jesúscristo

Cuando el Apóstol Felipe dijo a Jesús: «Señor, muéstranos al Padre», él respondió: «Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me conoces…? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre». Esta noche, mientras acompañamos en nuestro corazón a Jesús, que camina bajo el peso de la cruz, no nos olvidemos de estas palabras suyas. También cuando lleva la cruz y cuando muere en ella, Jesús sigue siendo el Hijo de Dios Padre, una misma cosa con él. Mirando su rostro desfigurado por los golpes, la fatiga, el sufrimiento interior, vemos el rostro del Padre. Más aún, precisamente en ese momento, la gloria de Dios, su luz demasiado fuerte para el ojo humano, se hace más visible en el rostro de Jesús. Aquí, en ese pobre ser que Pilato ha mostrado a los judíos, esperando despertar en ellos piedad, con las palabras «Aquí lo tenéis» (Jn 19, 5), se manifiesta la verdadera grandeza de Dios, la grandeza misteriosa que ningún hombre podía imaginar.

En Jesús crucificado se revela además otra grandeza, la nuestra, la grandeza que pertenece a todo hombre por el hecho mismo de tener un rostro y un corazón humano. Escribe san Antonio de Padua: «Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú te mires en la cruz como en un espejo… Si te miras en él, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad… y tu valor… En ningún otro lugar el hombre puede darse mejor cuenta de cuánto vale, que mirándose en el espejo de la cruz» (Sermones Dominicales et Festivi III, pp. 213-214). Sí, Jesús, el Hijo de Dios, ha muerto por ti, por mí, por cada uno de nosotros, y de este modo nos ha dado la prueba concreta de cuán grandes y cuán valiosos somos a los ojos de Dios, los únicos ojos que, superando todas las apariencias, son capaces de ver en profundidad la realidad de las cosas.

Al participar en el Via Crucis, pidamos a Dios que nos dé también a nosotros esa mirada suya de verdad y de amor para que, unidos a él, seamos libres y buenos.

Leer aquí el texto completo

Fuente: es.zenit.org

Imagen: flickr.com

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Viernes Santo – Blog Padre Jose Antonio OP

Vigilia Pascual

Cena pascual

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Jueves Santo

La última cena fue una cena pascual

La última cena de Jesús con los discípulos supone todo el ceremonial de la cena pascual judía, que a su vez supera y llena de un nuevo contenido. En el relato de Mc 14,18-21.22 (cfr Mt 26,21-25.26), se indica que Jesús partió el pan en el transcurso de la comida. La cena pascual era la única comida familiar del año en la que precedía un plato (Mc 14,20) a la fracción del pan. Jesús y sus discípulos bebieron vino en la última cena (Mc 14,23.25 par) lo cual era propio de algunas celebraciones solemnes como la fiesta de Pascua.

Gestos de Jesús en esa noche

La comunidad Pascual. Jesús se reúne con los apóstoles formando una comunidad o grupo pascual. Este gesto ilumina la celebración-memorial que durante los siglos sigue realizando la Iglesia cuando celebra el sacramento pascual en cualquier tiempo o lugar.

Lavatorio de los pies (Jn 13) Es más que un gesto de humildad y servicio. Es un signo que anticipa de alguna manera el acontecimiento de la cruz como expresión del don de la vida de Jesús por la humanidad. Por la reacción de Pedro, expresada en las palabras tú no me lavarás los pies jamás, nos percatamos de la novedad del gesto, de lo incomprensible del mismo para Pedro. Incluso en cierto sentido le resultaba desconcertante y escandaloso. Todo esto nos permite alcanzar su sentido: estar siempre dispuestos al don de la vida por los demás.

Institución de la Eucaristía. Jesús toma un pan en sus manos y realiza un gesto inesperado y sorprendente para los discípulos. Eso que tiene en las manos, será él mismo en cuanto que se entrega a la muerte por la humanidad. Y lo mismo hace con la copa. Este gesto desborda el ceremonial judío en cuanto al sentido del pan y de la copa. Es el gesto más importante de los realizados por Jesús en esta noche. Con él establece el marco que ha de llenarse con el acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección.

Jesús decide no comer ni beber aquella noche. Estamos tan acostumbrados a pensar que Jesús comió y bebió, que también nos sorprende a nosotros, como también sorprendió a los apóstoles. Esta decisión está relacionada íntimamente con la misión de Jesús. Israel corre el peligro de cerrarse a la revelación de Dios en Jesús y de rechazar a su Mesías verdadero y, con ello, anular el sentido histórico de su misión. Pronto, Dios va a intervenir definitivamente en la historia, luego es necesario abrirse a su oferta. Este es el sentido auténtico del ayuno pascual de Jesús.

Palabras de Jesús en la última cena

En toda celebración pascual hay una hagadá (homilía-explicación) en la que se recordaban los motivos por los que se celebraban la fiesta y se instruía a todos. Jesús también realizó su propia hagadá pascual. El punto de referencia es Jn 13-17. En el las palabras de Jesús tratan de descubrir el sentido de todo lo que sucedió en el Cenáculo y los acontecimientos posteriores.Revelación del Padre (Jn 14, 1-14 y 21-24): «El que me ve a mi ve al Padre…» En el clima de la última cena, Jesús quiso revelarnos definitivamente al Padre que nos ama y que ama a todos los hombres, porque por ellos envió a su propio Hijo.

Revelación del Espíritu Santo (Jn 14, 16-17; 14,26; 15,26-27; 16,7-11; 16,12-15.

El Paracletós-Espíritu Santo será enviado, como un don por el Padre a petición y ruegos de Jesús. Estará con la comunidad de los discípulos para garantizar la comunión y habitar en cada uno de sus miembros. Vendrá a enseñar, es decir, a interiorizar las palabras de Jesús. Será también testigo y acompañará el testimonio de los discípulos hasta el martirio, si fuera necesario.

Revelación de la realidad de la Iglesia. Fundamentalmente Jesus nos revela tres aspectos:

La Iglesia en sí misma. Es como una cepa (Jesús) y sus sarmientos (discípulos) : una realidad viva de la que Él es el centro vitalizador y de cohesión. En este marco se encuadra el mandamiento del amor fraterno. EL pensamiento central es que este amor es causa de la unidad, signo ante el mundo y empuje a dar la vida por el otro si fuera necesario.

La Iglesia frente al mundo. Correrá la misma suerte que la que recorrió él. Será perseguida hasta el martirio. Para cumplir esta misión recibe el don del Espíritu.

La Iglesia es una comunidad viva unida y enviada en misión. Es necesario permanecer unidos en la revelación del Nombre del Padre, en la participación de la Gloria y en la escucha de la Palabra, traducida en el amor fraterno, para que el mundo crea y conozca que Jesús es el verdadero enviado del Padre y el único Salvador de la humanidad.

Fuente: Homilía del Padre Jose Antonio OP del Blog Contemplar y Proclamar

Imagen: sevilla.abc.es

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Conciencia de Cristo

Corazón de Dios

San Alejandro de Capadocia (s.II – 251 d. C.

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Celebración 27 de marzo

San Alejandro de Capadocia,  fue un mártir y santo cristiano venerado en la Iglesia ortodoxa y católica, que fue ejecutado durante las persecuciones del emperador romano Decio. Nació a finales del siglo II en la ciudad turca de Capadocia.

Se le considera el primer obispo de Capadocia. Fue detenido y hecho prisionero durante el mandato del emperador Alejandro Severo. Posteriormente se le puso en libertad y se dirigió a Jerusalén. Allí recibió el cargo de coadjutor del obispo de Jerusalén San Narciso, del que se dice que tenía 116 años de edad. Este no gozaba de buena salud y le pidió a Alejandro que le asistiera en el gobierno de su sede. Su nombramiento contó con el visto bueno de los obispos de Palestina. https://www.youtube.com/embed/7Z_ja6JuL0s

Su gobierno estuvo en vuelto en una polémica por permitir que Orígenes (considerado padre de la Iglesia oriental), entonces laico, pudiera hablar en las iglesias. El coadjunto salvó la situación extendiendo permisos de la misma naturaleza en otros lugares.

Su logro más destacado fue la creación de la biblioteca de Jerusalén. Años más tarde, siendo ya anciano, volvió a ser retenido por las autoridades junto con otros obispos. Cuentan los textos que “la gloria de sus blancos cabellos y su gran santidad formaban una doble corona para él en su cautividad”.

Consiguió sobrevivir a numerosas torturas, incluso cuando soltaron en las arenas del coliseo a un gran número de bestias para que lo devorasen. Estas reaccionaron lamiéndole los pies y recostándose sobre la arena. Murió en prisión agotado por su sufrimiento en el año 251.

Fuente: elespanol.com

Imagen: hagiopedia.blogspot.com

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El Santo Nombre

Domingo de Ramos – Homília del Padre José

San José

Destacado

En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.

San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un “tekton”. La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”, “el carpintero” (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22).

Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el “Santo del silencio”.

Su santidad se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un “escogido” de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No es que haya sido uno de esos seres que no pronunciaban palabra, fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “sean pocas tus palabras”. Es decir, su vida sencilla y humilde se entrecruzaban con su silencio integral, que no significa mero mutismo, sino el mantener todo su ser encauzado a cumplir el Plan de Dios. San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.

Vida Virtuosa

Su libre cooperación con la gracia divina hizo posible que su respuesta sea total y eficaz. Dios le dio la gracia especial según su particular vocación y, al mismo tiempo, la misión divina excepcional que Dios le confió requirió de una santidad proporcionada.

Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: “Brillan en él, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos.”

San José es también modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha instituido la fiesta de S. José Obrero, celebrada el 1 de mayo, presentándole como modelo sublime de los trabajadores manuales.

Alegría y Dolor

Desde su unión matrimonial con María, San José supo vivir con esperanza en Dios la alegría-dolor fruto de los sucesos de la vida diaria.

En Belén tuvo que sufrir con la Virgen la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació el Jesús, Hijo de Dios. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Cuál sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y más tarde los magos de Oriente. Referente a la Presentación de Jesús en el Templo, San Lucas nos dice: “Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él”. Lc 2,33).

Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes el tirano, lleno de envidia y obsesionado con su poder, quiso matar al niño. San José escuchó el mensaje de Dios transmitido por un ángel: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle” (Mt 2,13). San José obedeció y tomo responsabilidad por la familia que Dios le había confiado.

San José tuvo que vivir unos años con la Virgen y el Niño en el exilio de Egipto.

Esto representaba dificultades muy grandes: la Sagrada familia, siendo extranjera, no hablaba el idioma, no tenían el apoyo de familiares o amigos, serían víctimas de prejuicios, dificultades para encontrar empleo y la consecuente pobreza. San José aceptó todo eso por amor sin exigir nada, siendo modelo ejemplar de esa amorosa obediencia que como hijo debe a su Padre en el cielo.

Lo más probable es que San José haya muerto antes del comienzo de la vida pública de Jesús ya que no estaba presente en las bodas de Canaá ni se habla más de él. De estar vivo, San José hubiese estado sin duda al pie de la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da también a entender que ya San José estaba muerto.

Según San Epifanius, San José murió en sus 90 años y el Venerable Beda dice que fue enterrado en el Valle de Josafat.

Patrono de la Iglesia Universal

El Papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones que recibió de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, declaró y constituyó a San José Patrono Universal de la Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.

¿Qué guardián o que patrón va darle Dios a su Iglesia? pues el que fue el protector del Niño Jesús y de María.

Cuando Dios decidió fundar la familia divina en la tierra, eligió a San José para que sea el protector y custodio de su Hijo; para cuando se quiso que esta familia continuase en el mundo, esto es, de fundar, de extender y de conservar la Iglesia, a San José se le encomienda el mismo oficio. Un corazón que es capaz de amar a Dios como a hijo y a la Madre de Dios como a esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es cabeza y María es Madre.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: oracionesasantosmilagrosos.blogspot.com

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Oración del corazón

Santa Matilda, la reina (895 – 968)

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História de Santa Matilde - Santos e Ícones Católicos ...

14 Marzo

Matilde era descendiente del célebre Widukind, capitán de los sajones en su larga lucha contra Carlomagno, como hija de Dietrich, conde de Westfalia y de Reinhild, vástago de la real casa de Dinamarca. Cuando la niña nació en el año 895, fue confiada al cuidado de su abuela paterna, la abadesa del convento de Erfut. Allí, sin apartarse mucho de su hogar, Matilde se educó y creció hasta convertirse en una jovencita que sobrepasaba a sus compañeras en belleza, piedad y ciencia, según se dice.

Muy joven se casó con Enrique, duque de Sajonia (Alemania). Su matrimonio fue excepcionalmente feliz. Sus hijos fueron: Otón primero, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; San Bruno, Arzobispo de Baviera; Gernerga, esposa de un gobernante; y Eduvigis, madre del famoso rey francés, Hugo Capeto.

Su esposo Enrique obtuvo resonantes triunfos en la lucha por defender su patria, Alemania, de las invasiones de feroces extranjeros. Y él atribuía gran parte de sus victorias a las oraciones de su santa esposa Matilde.

Enrique fue nombrado rey, y Matilde al convertirse en reina no dejó sus modos humildes y piadosos de vivir. En el palacio real más parecía una buena mamá que una reina, y en su piedad se asemejaba más a una religiosa que a una mujer de mundo. Ninguno de los que acudían a ella en busca de ayuda se iba sin ser atendido.

Era extraordinariamente generosa en repartir limosnas a los pobres. Su esposo casi nunca le pedía cuentas de los gastos que ella hacía, porque estaba convencido de que todo lo repartía a los más necesitados. Tampoco se disgustaba por las frecuentes prácticas de piedad a que ella se dedicaba, la veía tan bondadosa y tan fiel que estaba convencido de que Dios estaba contento de su santo comportamiento.

Después de 23 años de matrimonio quedó viuda, al morir su esposo Enrique. Cuando supo la noticia de que él había muerto repentinamente de un derrame cerebral, ella estaba en el templo orando. Inmediatamente se arrodilló ante el Santísimo Sacramento y ofreció a Dios su inmensa pena y mandó llamar a un sacerdote para que celebrara una misa por el descanso eterno del difunto. Terminada la misa, se quitó todas sus joyas y las dejó como un obsequio ante el altar, ofreciendo a Dios el sacrificio de no volver a emplear joyas nunca más.

Su hijo Otón primero fue elegido emperador, pero el otro hermano Enrique, deseaba también ser jefe y se declaró en revolución. Otón creyó que Matilde estaba de parte de Enrique y la expulsó del palacio. Ella se fue a un convento a orar para que sus dos hijos hicieran las paces. Y lo consiguió. Enrique fue nombrado Duque de Baviera y firmó la paz con Otón. Pero entonces a los dos se les ocurrió que todo ese dinero que Matilde afirmaba que había gastado en los pobres, lo tenía guardado. Y la sometieron a pesquisas humillantes. Pero no lograron encontrar ningún dinero. Ella decía con humor: “Es verdad que se unieron contra mí, pero por lo menos se unieron”.

Y sucedió que a Enrique y a Otón empezó a irles muy mal y comenzaron a sucederles cosas muy desagradables. Entonces se dieron cuenta de que su gran error había sido tratar tan mal a su santa madre. Y fueron y le pidieron humildemente perdón y la llevaron otra vez a palacio y le concedieron amplia libertad para que siguiera repartiendo limosnas a cuantos le pidieran.

Ella los perdonó gustosamente. Y le avisó a Enrique que se preparara a bien morir porque le quedaba poco tiempo de vida. Y así le sucedió.

Otón adquirió tan grande veneración y tan plena confianza con su santa madre, que cuando se fue a Roma a que el Sumo Pontífice lo coronara emperador, la dejó a ella encargada del gobierno de Alemania.

Sus últimos años los pasó Matilde dedicada a fundar conventos y a repartir limosnas a los pobres. Otón, que al principio la criticaba diciendo que era demasiado repartidora de limosnas, después al darse cuenta de la gran cantidad de bendiciones que se conseguían con las limosnas, le dio amplia libertad para dar sin medida. Dios devolvía siempre cien veces más.

Cuando Matilde cumplió sus 70 años se dispuso a pasar a la eternidad y repartió entre los más necesitados todo lo que tenía en sus habitaciones, y rodeada de sus hijos y de sus nietos, murió santamente el 14 de marzo del año 968

Fuente: aciprensa.com | corazones.org

Imagen: iglesia.info

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Memorias del desierto

San Juan de Dios (1495 – 1550)

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Celebración 8 de marzo

San Juan de Dios (Montemor-o-Novo 8 de marzo de 1495 – Granada 8 de marzo de 1550) es el fundador de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Su nombre de pila era João Cidade Duarte (Juan Ciudad Duarte en español).

Cuando aún no contaba con doce años, se establece en Oropesa, (Toledo) (España), en la casa de Francisco Cid Mayoral, al cual le servía como pastor. A la edad de 27 años, (1523) se alistó en las tropas de un capitán de infantería llamado Juan Ferruz, al servicio del Emperador Carlos I, en la defensa de Fuenterrabía, contra de las tropas francesas. Fue para él una dura experiencia, siendo expulsado por negligencia en el cuidado de las ganancias de su compañía (se salvo en el último momento de ser ahorcado).

A pesar de ello, volvió a combatir en las tropas del conde de Oropesa en 1532, en el auxilio de Carlos V a Viena, sitiada por los turcos de Soliman I.Al desembarcar en España por la costa gallega, siente la necesidad de entrar en Portugal y reencontrarse con sus orígenes. Pero este deseo se ve seriamente frustrado: sus padres han muerto; tan sólo queda su tío. De allí pasa a Andalucía y estando de paso en Gibraltar decide embarcar para África.

En su mismo barco, encuentra al caballero Almeyda, su mujer y sus cuatro hijas que habían sido desterrados por el rey de Portugal enviándolos a Ceuta.

El padre le contrata como sirviente, pero pronto cayeron todos enfermos, gastando la poca fortuna que traían, viéndose en la necesidad de pedir socorro a Juan de Dios.

Este, mostrando ya la enorme caridad que le convertiría en santo, se pone a trabajar en la reconstrucción de las murallas de la ciudad, permitiendo que de su salario comiesen todos.

Más tarde, pasa a Gibraltar, donde se hace vendedor ambulante de libros y estampas. De ahí se traslada definitivamente a Granada, en 1538, y abre una pequeña librería en la Puerta Elvira. Sería en esta librería donde comienza su contacto con los libros de tipo religioso.

El 20 de enero de 1539 se produce un hecho trascendental. Mientras escuchaba el sermón predicado por San Juan de Ávila en la Ermita de los Mártires, tiene lugar su conversión.

Las palabras de Juan de Ávila producen en él una conmoción tal, que le lleva a destruir los libros que vendía, vaga desnudo por la ciudad, los niños lo apedrean y todos se mofan de él.

Su comportamiento es el de un loco y, como tal, es encerrado en el Hospital Real. Allí trata con los enfermos y mendigos y va ordenando sus ideas y su espíritu mediante la reflexión profunda.

Juan de Ávila dirige su joven e impaciente espíritu y lo manda peregrinar al santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura. Allí madura su propósito y a los pies de la Virgen promete entregarse a los pobres, enfermos y a todos los desfavorecidos del mundo.

Juan vuelve a Granada en otoño de ese mismo año, lleno de entusiasmo y humanidad. Los recursos con los que cuenta son su propio esfuerzo y la generosidad de la gente. En un principio Juan utiliza las casas de sus bienhechores para acoger a los enfermos y desfavorecidos de la ciudad.

Pero pronto tuvo que alquilar una casa, en la calle Lucena, donde monta su primer hospital. Pronto crece su fama por Granada, y el obispo le pone el nombre de Juan de Dios.

En los siguientes diez años crece su obra y abre otro hospital en la Cuesta de Gomérez.

Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida a todos aquellos pobres.

Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.

Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien, y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había convertido y había logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.

Al llegar a la casa de la rica señora, exclamó Juan: “OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador”. Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.

Es un innovador de la asistencia hospitalaria de su época. Sus obras se multiplican y crece el número de sus discípulos -entre los cuales destaca Antón Martín, creador del Hospital de la Orden en Madrid llamado de Nuestra Señora del Amor de Dios- y se sientan las bases de su obra a través del tiempo.

Fue beatificado por el papa Urbano VIII el 1 de septiembre de 1630 y canonizado por el papa Alejandro VIII, el 16 de octubre de 1690.

Fue nombrado santo patrón de los hospitales y de los enfermos. A su muerte su obra se extendió por toda España, Portugal,Italia y Francia y hoy día está presente en los cinco continentes.

Fuentes: aciprensa.com | hermandadsanjuandedios.org

Imagen: elpandelospobres.com

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Cuaresma: ¡renacer y crecer!

San Julián de Toledo (644 – 690)

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Martirologio Romano: En Toledo, en Hispania, san Julián, obispo, que reunió tres concilios en esta ciudad y expuso con escritos la doctrina ortodoxa, dando muestras de caridad y celo por las almas (690).

Julián, arzobispo de Toledo, a su muerte en el año 690, era el personaje más importante de España. Se dice que era descendiente de judíos, pero sus padres eran cristianos. Recibió el bautismo en la principal iglesia de Toledo, según cuenta su sucesor en la sede episcopal, quien escribió una corta biografía del santo.

Muy niño, este toledano auténtico fue ofrecido por sus padres para que en calidad de oblato se educase en los claustros de la basílica metropolitana para el servicio del santuario. Allí recibió su formación espiritual y literaria bajo la dirección del preceptor Eugenio, el más distinguido poeta de toda la época y que, después de haber regido como metropolitano la sede toledana, es hoy venerado como santo.

Tuvo por compañero al famoso Gudila Levita. Unidos por los gustos comunes tanto como por el afecto, los amigos se consagraron a la oración y el estudio en el retiro y muy pronto, el celo apostólico les hizo volver al mundo para intentar la conversión de los pecadores.

La personalidad de Julián se abrillanta cada día más en el candelero enhiesto que era la ciudad real. Fue sobre todo desde la muerte de San Ildefonso cuando descuella y alcanza creciente celebridad en sus ministerios de diácono y presbítero. El conjunto de dotes naturales, la experiencia y maestría reveladas en el cumplimiento de los cargos desempeñados, en la recta gestión de los asuntos, en el trato social, en la digna manera de comportarse; el prestigio de sus virtudes y de su saber hicieron de Julián un dechado que Toledo entero podía admirar y que no podía ocultarse como luz bajo el celemín. Era el “varón de consumada prudencia”.

San Julián, que era teólogo destacado y hombre de gran saber, llegó pronto a ocupar un puesto de importancia. Cuando los médicos desahuciaron a Wamba, el último de rey que dio explendor a los visigodos, San Julián le rasuró la cabeza y lo revistió del hábito monástico para que “muriese en religión”. Todavía se conserva la vida del rey Wamba, escrita por San Julián, muy apreciada por los historiadores, que encuentran en ese documento una idea completa sobre el reinado de Wamba, lo que no sucede con sus predecesores ni con sus sucesores.

Julián fue consagrado obispo de Toledo en 680 y parece que gobernó su diócesis con el mismo tino que le había caracterizado en los asuntos seculares. Su biógrafo narra que el cielo le había adornado con todas las gracias del alma y del cuerpo. Era tan bondadoso, que ninguno se acercó a él, sin recibir gran consuelo. El santo presidió varios sínodos y obtuvo para su sede la primacía sobre todas las diócesis españolas. Por eso se le da el título de arzobispo de Toledo, aunque el término no se empleaba generalmente en España por aquella época.

Los historiadores posteriores acusan a Julián de haber alentado a los reyes a perseguir a los judíos. Sin embargo, debe hacerse notar que la más cruel y escandalosa de las leyes contra los judíos no fue publicada sino hasta cinco años después de la muerte del santo: Según dicha ley, todos los judíos adultos debían ser vendidos como esclavos, en tanto que sus hijos serían confiados, desde los siete años de edad, a las familias españolas para recibir una educación cristiana.

Entre sus obras se cuenta un estudio del rito hispánico (la forma en que se celebraba la liturgia en territorio hispano antes del uso del rito romano), un libro contra los Judíos y los tres volúmenes de los “Pronósticos”, que tratan de las postrimerías. El santo sostiene en esta obra que el amor y el deseo de ir a reunirse con Dios bastan para acabar con el temor natural a la muerte. También afirma que los bienaventurados piden por nosotros en el cielo, que desean nuestra felicidad y que ven nuestras acciones, ya sea en la misma esencia de Dios o por ministerio de los ángeles, que son los mensajeros de Dios en la tierra.

Fuente: es.catholic.net | parroquiasanjulian.org

Imagen: mercaba.org

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Afán de perfección

San Gabriel de la Dolorosa (1838 – 1862)

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Celebración 27 de febrero

El bailarín que llegó a la santidad.

Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad.

A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.

Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.

El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda. Y sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar, lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban “el enamoradizo”. Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel”. Dulces por fuera y dolorosos en el alma.

En una de las 40 cartas que de él se conservan, le escribe a un antiguo amigo, cuando ya se ha entrado de religioso: “Mi buen colega; si quieres mantener tu alma libre de pecado y sin la esclavitud de las pasiones y de las malas costumbres tienes que huir siempre de la lectura de novelas y del asistir a teatros donde se dan representaciones mundanas. Mucho cuidado con las reuniones donde hay licor y con las fiestas donde hay sensualidad y huye siempre de toda lectura que pueda hacer daño a tu alma. Yo creo que si yo hubiera permanecido en el mundo no habría conseguido la salvación de mi alma. ¿Dirás que me divertí bastante? Pues de todo ello no me queda sino amargura, remordimiento y temor y hastío. Perdóname si te di algún mal ejemplo y pídele a Dios que me perdone también a mí”.

Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.

Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso, y al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y cuando despierta está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.

Estalla la peste del cólera en Italia. Miles y miles de personas van muriendo día por día. Y el día menos pensado muere la hermana que él más quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se vaya de religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación no le va a durar quizá ni siquiera unos meses.

Pero un día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Se va a donde su padre a rogarle que lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su hijo, y recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.

Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios. Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le había dado gusto a sus sentidos y ahora entra a una comunidad donde se ayuna y donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una queja, ni lo ve triste o disgustado.

Gabriel lo que hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.

Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: “Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años”.

Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi invencibles que su cuerpo sentí ante las austeridades y penitencias. Su director espiritual sí lo sabía muy bien.

Al empezar los estudios en el seminario mayor para prepararse al sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus estudios, y fueron escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María Strambi. Son las siguientes: “Los que se preparan para ser predicadores o catequistas, piensen mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres pecadores les suplica diciendo: por favor: prepárense bien, para que logren llevarnos a nosotros a la eterna salvación”. Este consejo tan provechoso lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su espíritu.

Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el Huerto de los Olivos: “Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad”.

La Comunidad de los Pasionistas tiene como principal devoción el meditar en la Santísima Pasión de Jesús. Y al pensar y repensar en lo que Cristo sufrió en la Agonía del Huerto, y en la Flagelación y coronación de espinas, y en la Subida al Calvario con la cruz a cuestas y en las horas de mortal agonía que el Señor padeció en la Cruz, sentía Gabriel tan grande aprecio por los sufrimientos que nos vuelven muy semejantes a Jesús sufriente, que lo soportaba todo con un valor y una tranquilidad impresionantes.

Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era “Las Glorias de María”, escrito por San Alfonso, un libro que consuela mucho a los pecadores y débiles, y que aunque lo leamos diez veces, todas las veces nos parece nuevo e impresionante. La devoción a la Sma. Virgen llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad.

A un religioso le aconsejaba: “No hay que fijar la mirada en rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones”. A otro le decía: “Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua”.

Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.

Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: hablemosdereligion.com

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La cuaresma interior

San Pedro Damián (1007 – 1072)

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Doctor de la Iglesia

Hoy se celebra a San Pedro Damián, Doctor de la Iglesia

Nació en Ravena (Italia) el año 1007. Quedó huérfano muy pequeñito y un hermano suyo lo humilló terriblemente y lo dedicó a cuidar cerdos y lo trataba como al más vil de los esclavos. Pero de pronto un sacerdote, el Padre Damián, se compadeció de él y se lo llevó a la ciudad y le costeó los estudios. En honor a su protector, en adelante nuestro santo se llamó siempre Pedro Damián.

El antiguo cuidador de cerdos resultó tener una inteligencia privilegiada y obtuvo las mejores calificaciones en los estudios y a los 25 años ya era profesor de universidad. Pero no se sentía satisfecho de vivir en un ambiente tan mundano y corrompido, y dispuso hacerse religioso.

Estaba meditando cómo entrarse a un convento, cuando recibió la visita de dos monjes benedictinos, de la comunidad fundada por el austero San Romualdo, y al oírles narrar lo seriamente que en su convento se vivía la vida religiosa, se fue con ellos. Y pronto resultó ser el más exacto cumplidor de los severísimos reglamentos de su convento.

Pedro, para lograr dominar sus pasiones sensuales, se colocó debajo de su camisa correas con espinas (cilicio, se llama esa penitencia) y se daba azotes, y se dedicó a ayunar a pan y agua. Pero sucedió que su cuerpo, que no estaba acostumbrado a tan duras penitencias, empezó a debilitarse y le llegó el insomnio, y pasaba las noches sin dormir, y le afectó una debilidad general que no le dejaba hacer nada. Entonces comprendió que las penitencias no deben ser tan exageradas, y que la mejor penitencia es tener paciencia con las penas que Dios permite que nos lleguen, y que una muy buena penitencia es dedicarse a cumplir exactamente los deberes de cada día y a estudiar y trabajar con todo empeño.

Esta experiencia personal le fue de gran utilidad después al dirigir espiritualmente a otros, pues a muchos les fue enseñando que en vez de hacer enfermar al cuerpo con penitencias exageradas, lo que hay que hacer es hacerlo trabajar fuertemente en favor del reino de Dios y de la salvación de las almas.

En sus años de monje, Pedro Damián aprovechó aquel ambiente de silencio y soledad para dedicarse a estudiar muy profundamente la Sagrada Biblia y los escritos de los santos antiguos. Esto le servirá después enormemente para redactar sus propios libros y sus cartas que se hicieron famosas por la gran sabiduría con la que fueron compuestas.

Escribió el “libro Gomorriano” (haciendo alusión a la ciudad de Gomorra del Antiguo Testamento) y habló en contra de las costumbres impuras de aquel tiempo. De igual manera escribía sobre los deberes de los clérigos, monjes y recomendaba la disciplina más que ayunos prolongados.

Solía decir: “Es imposible restaurar la disciplina una vez que ésta decae; si nosotros, por negligencia, dejamos caer en desuso las reglas, las generaciones futuras no podrán volver a la primitiva observancia. Guardémonos de incurrir en semejante culpa y transmitamos fielmente a nuestros sucesores el legado de nuestros predecesores”.

Era una persona severa, pero sabía tratar a los pecadores con indulgencia y bondad cuando la prudencia y caridad lo requerían. En sus ratos libres, acostumbraba hacer cucharas de madera y otros utensilios para no permanecer ocioso.

En los ratos en que no estaba rezando o estudiando, se dedicaba a labores de carpintería, y con los pequeños muebles que construía ayudaba a la economía del convento.

Al morir el superior del convento, los monjes nombraron como su abad a Pedro Damián. Este se oponía porque se creía indigno pero entre todos lo lograron convencer de que debía aceptar. Era el más humilde de todos, y pedía perdón en público por cualquier falta que cometía. Y su superiorato produjo tan buenos resultados que de su convento se formaron otros cinco conventos, y dos de sus dirigidos fueron declarados santos por el Sumo Pontífice (Santo Domingo Loricato y San Juan de Lodi. Este último escribió la vida de San Pedro Damián).

Muchísimas personas pedían la dirección espiritual de San Pedro Damián. A cuatro Sumos Pontífices les dirigió cartas muy serias recomendándoles que hicieran todo lo posible para que la relajación y las malas costumbres no se apoderaran de la Iglesia y de los sacerdotes. Criticaba fuertemente a los que son muy amigos de pasear mucho, pues decía que el que mucho pasea, muy difícilmente llega a la santidad.

A un obispo que en vez de dedicarse a enseñar catecismo y a preparar sermones pasaba las tardes jugando ajedrez, le puso como penitencia rezar tres veces todos los salmos de la Biblia (que son 150), lavarles los pies a doce pobres y regalarles a cada uno una moneda de oro. La penitencia era fuerte, pero el obispo se dio cuenta de que sí se la merecía, y la cumplió y se enmendó.

Los dos peores vicios de la Iglesia en aquellos años mil, eran la impureza y la simonía. Muchos sacerdotes eran descuidados en cumplir su celibato, o sea ese juramento solemne que han hecho de esforzarse por ser puros, y además la simonía era muy frecuente en todas partes. Y contra estos dos defectos se propuso luchar Pedro Damián.

Varios Sumos Pontífices, sabiendo la gran sabiduría y la admirable santidad del Padre Pedro Damián, le confiaron misiones delicadísimas. El Papa Esteban IX lo nombró Cardenal y Obispo de Ostia (que es el puerto de Roma). El humilde sacerdote no quería aceptar estos cargos, pero el Papa lo amenazó con graves castigos si no lo aceptaba. Y allí, con esos oficios, obró con admirable prudencia. Porque al que es obediente consigue victorias.

Resultó que el joven emperador Enrique IV quería divorciarse, y su arzobispo, por temor, se lo iba a permitir. Entonces el Papa envió a Pedro Damián a Alemania, el cual reunió a todos los obispos alemanes, y valientemente, delante de ellos le pidió al emperador que no fuera a dar ese mal ejemplo tan dañoso a todos sus súbditos, y Enrique desistió de su idea de divorciarse.

Sus sermones eran escuchados con mucha emoción y sabiduría, y sus libros eran leídos con gran provecho espiritual. Así, por ejemplo, uno que se llama “Libro Gomorriano”, en contra de las costumbres de su tiempo. (Gomorriano, en recuerdo de Gomorra, una de las cinco ciudades que Dios destruyó con una lluvia de fuego porque allí se cometían muchos pecados de impureza). A los Pontífices y a muchos personajes les dirigió frecuentes cartas pidiéndoles que trataran de acabar con la Simonía, o sea con aquel vicio que consiste en llegar a los altos puestos de la Iglesia comprando el cargo con dinero (y no mereciéndolo con el buen comportamiento). Este vicio tomó el nombre de Simón el Mago, un tipo que le propuso a San Pedro apóstol que le vendiera el poder de hacer milagros. En aquel siglo del año mil era muy frecuente que un hombre nada santo llegara a ser sacerdote y hasta obispo, porque compraba su nombramiento dando mucho dinero a los que lo elegían para ese cargo. Y esto traía terribles males a la Iglesia Católica porque llegaban a altos puestos unos hombres totalmente indignos que no iban a hacer nada bien sino mucho mal. Afortunadamente, el Papa que fue nombrado al año siguiente de la muerte de San Pedro Damián, y que era su gran amigo, el Papa Gregorio VII, se propuso luchar fuertemente contra ese vicio y tratar de acabarlo.

La gente decía: el Padre Damián es fuerte en el hablar, pero es santo en el obrar, y eso hace que le hagamos caso con gusto a sus llamadas de atención.

Lo que más le agradaba era retirarse a la soledad a rezar y a meditar. Y sentía una santa envidia por los religiosos que tienen todo su tiempo para dedicarse a la oración y a la meditación. Otra labor que le agradaba muchísimo era el ayudar a los pobres. Todo el dinero que le llegaba lo repartía entre la gente más necesitada. Era mortificadísimo en comer y dormir, pero sumamente generosos en repartir limosnas y ayudas a cuantos más podía.

El Sumo Pontífice lo envió a Ravena a tratar de lograr que esa ciudad hiciera las paces con el Papa. Lo consiguió, y al volver de su importante misión, al llegar al convento sintió una gran fiebre y murió santamente. Era el 21 de febrero del año 1072. Inmediatamente la gente empezó a considerarlo como un gran santo y a conseguir favores de Dios por su intercesión.

El Papa lo canonizó y lo declaró Doctor de la Iglesia por los elocuentes sermones que compuso y por los libros tan sabios que escribió.

Fuentes: aciprensa.com

Imagen: religiondigital.org

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