Fiesta de Santiago Apostol

Destacado

Santiago el Mayor, apóstol

«Jacob» en hebreo. Jacobo en griego o latín. Era  Santiago “el hermano de Juan”, “el hijo de Zebedeo, Santiago, el mayor”  judío de Galilea, nacído en la orilla norte del lago. En la cercana ciudad de Cafarnaúm . Con su hermano Juan trabajaba en la pesca con su padre Zebedeo, asociados con otros dos hermanos: Pedro y Andrés.

Cuando Jesús les dijo: “seguidme”, lo dejaron todo. aquello les pareció fascinante, pues Jesus los llama para formar parte de un grupo especial de DOCE para:

1. Ser su grupo de acompañamiento, algo así como sus más estrechos colaboradores “para que estuviéramos con Él” (Mc 3,14). Estar con él. Eso es ser discípulo.

2. Para  llevar su mensaje, ser Testigos de lo que vivieron y así ser discípulos

3. Para encarnar  y simbolizar el nuevo Pueblo de Dios, como las doce tribus del antiguo Israel y formar una nueva comunidad fraterna, de discípulos, en comunidad.

Santiago junto con Pedro y juan, fueron testigos excepcionales de los momentos más importantes de Jesús. Entre otros: la resurrección de la niña Tabita (Gacela). Allí quedó patente  el PODER de Jesús sobre la muerte,  y que su REINO era un reino de vida.

El  destello de su divinidad en el monte Tabor.  Su GLORIA, en la Transfiguración: manifestando que era realmente DIOS, a pesar de su humilde aspecto.

También fueron testigos  de su angustia ante la muerte, en el Huerto de los Olivos, profundamente HUMANO.

Los tres momentos juntos revelan el misterio de Jesús en su totalidad.

A Juan y a Santiago se les conoce como: los “HIJOS DEL TRUENO” He aquí  tres situaciones en las que su ímpetu fue exagerado:

El exorcista desconocido (Mc 9,38-40). Increparon duramente a un desconocido,  que expulsaba demonios, sin ser de los discípulos y Jesus los reprendió

El rechazo samaritano (Lc 9,52-56). Otro día pidieron  fuego del cielo para acabar con una aldea samaritana que no les había recibido. Una vez más Jesus les reprendió.

El Evangelio que hoy leemos La petición de los primeros puestos (Mc 10, 35-41). Aquí la reprimenda no solo fue de Jesus sino de todos los demás.

Pero a pesar de ese ímpetu, cuando Jesús fue prendido en el huerto, lo dejaron completamente solo; refugiándose en el Cenáculo, cerrando las puertas a cal y canto. Pero enseñados por Jesús, aprendieron a reconocer y aceptar la propia fragilidad,  debilidad, e imperfección. ¡Todo esto fue fundamental a la hora de construir la comunidad cristiana…!

Pero tras pentecostés se lanzaron a anunciar por todas partes la Buena Noticia de la Resurrección.

Herodes Agripa I, queriendo contentar a los judíos, molestos con el éxito de su predicación, decidió dar un escarmiento a la comunidad cristiana …y en los años 41-44, decapitó a Santiago. Pero como Jesús, también resucitó. Y al igual que Jesús sigue vivo alentando nuestra vida y nuestro peregrinar por este mundo

… En SANTIAGO de COMPOSTELA nos recuerda que ser persona y ser discípulo significa siempre caminar. Porque Jesús quiso ser EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.

Fuentes: ciudadredonda.org | Contemplar y proclamar

Imagen: aciprensa.com

Enlace recomendado:

Presentación Fiesta de Santiago Apostol

Santa María Magdalena

Destacado

22 de Julio

Descubre a María Magdalena y su importancia en la ...

En los Evangelios se habla de María Magdalena, la pecadora (Luc 7, 37-50); María Magdalena, una de las mujeres que seguían al Señor (Jn 20, 10-18) y María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc 10, 38-42). La liturgia romana identifica a las tres mujeres con el nombre de María Magdalena, como lo hace la antigua tradición occidental desde la época de San Gregorio Magno.  

El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, una población situada sobre la orilla occidental del mar de Galilea, cerca de Tiberíades, en la que el Señor encontró por primera vez a aquella mujer. San Lucas hace notar que era una pecadora (aunque no afirma que haya sido una prostituta, como se supone comúnmente).

Cristo cenaba en casa de un fariseo donde la pecadora se presentó y al momento se arrojó al suelo frente al Señor, se echó a llorar y le enjugó los pies con sus cabellos. Después le ungió el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. El fariseo interpretó el silencio de Cristo como una especie de aprobación del pecado y murmuró en su corazón. Jesús le recriminó por sus pensamientos. Le preguntó en forma de parábola cuál de dos deudores debe mayor agradecimiento a su acreedor: aquél a quién se perdona una deuda mayor, o al que se perdona una suma menor.

En el capítulo siguiente, San Lucas, habla de los viajes de Cristo por Galilea, dice que le acompañaban los apóstoles y que le servían varias mujeres.   Entre ellas figuraba María Magdalena, de la que había arrojado “siete demonios”. También se recuerda a María Magdalena por otros episodios. En la hora más oscura de la vida de Cristo, María Magdalena contemplaba la cruz a cierta distancia. Acompañada por “la otra María”, descubrió que alguien había apartado la pesada piedra del sepulcro del Señor. Fue ella la primera persona que vio, saludó y reconoció a Cristo resucitado.

María Magdalena, la contemplativa, fue el primer testigo de la resurrección del Señor, sin la cual vana es nuestra esperanza. El Hijo de Dios quiso manifestar la gloria de su resurrección a aquella mujer manchada por el pecado y santificada por la penitencia. La tradición oriental afirma que después de Pentecostés, fue a vivir a Efeso con la Virgen María y San Juan y que murió ahí. Pero, según la tradición francesa adoptada por el Martirologio Romano y muy difundida en occidente, María Magdalena fue con Lázaro y Marta a evangelizar la Provenza y pasó los treinta años de su vida en los Alpes Marítimos, en la caverna de la Sainte Baume.

Poco antes de su muerte fue trasladada milagrosamente a la capilla de San Maximino, donde recibió los últimos sacramentos y fue enterrada por el santo.

Imagen: artelista.com

Fuente: aciprensa.com

Enlace recomendado:

Volver a casa

Domingo 15 del T.O.

Destacado

El anuncio del Reino

https://misticavita.files.wordpress.com/2021/07/ac3f9-anuncio2bdel2breino.jpg

La Palabra profética no siempre estuvo en manos de verdaderos representantes. La primera lectura nos muestra el enfrentamiento entre Amasías, que representa el culto oficial de la Corte y Amós que no está sometido a estas ataduras y habla con libertad lo que Dios le ordena.

En Betel, Amós es un extranjero indeseado, porque su palabra pone en peligro las instituciones del reino y por ello es expulsado, a lo que responde con una afirmación del origen divino de su propia actividad profética: él no es profeta ni por descendencia ni por necesidad económica, sino solo a causa de la llamada recibida de ser portavoz e intérprete de la verdadera voluntad de Dios y de sus planes, que por lo general contrastan con los de los hombres. El verdadero profeta, se somete al designio de Dios y a sus planes que miran siempre hacia el bien común, de ahí que sea también el hombre de la escucha.

Este plan de Dios se concreta en Jesucristo. La segunda lectura es de Efesios 1,3-14, nos muestra el gran himno cristológico que abre la Carta. Jesucristo es el arquetipo y el artífice del plan eterno de Dios. Todo tiene lugar en él y por medio de él. Los creyentes están así insertos en una realidad dinámica, no estática: la vida del creyente en Cristo está en un continuo devenir, es decir en un continuo proceso de liberación llevada a cabo por Jesús a quien pertenecemos por el bautismo, y el cual nos abre a la esperanza, virtud teologal que tiene como objeto la bondad de Dios, se apoya en su poder y solo es colmada en su posesión final. Se basa en la certeza de Dios, presente en medio de nosotros y posibilita la felicidad ya en este mundo, según las bienaventuranzas, aunque inmersos en el sufrimiento y angustias de nuestro mundo.

El Evangelio es de Mc 6,7-13. En él, Jesús, después de haber visto la resistencia que había encontrado en Nazaret a causa de la incredulidad de sus habitantes, no solo sigue su actividad, sino que la prolonga asociando a los doce a la misión, indicándonos que el discípulo es no solo el que ha sido llamado por Jesús sino también, el enviado por él a la misión. En un mundo, como el nuestro, en que parece que Dios guarda silencio en sus llamadas, es necesario recuperar la seguridad de que Dios sigue llamando a cada uno y a cada una para la tarea que él le asigne. Ahora bien, Si Jesús llama libremente a los que quiere, también pone las condiciones para llevar a cabo la misión.

La sobriedad, que forma parte del estilo de vida del misionero, es parte del anuncio pues proclama la confianza en la Palabra que le ha enviado y cuyo valor está por encima de cualquier tipo de riqueza. La llamada es un signo de confianza del Maestro. Es necesario, hoy como ayer, evangelizar para que el hombre conozca la Buena noticia, esto es, que la vida del hombre sobre la tierra tiene sentido. Así se nos dice que expulsaban muchos demonios; es decir, todo lo que nos impide vivir como auténticos hijos de Dios.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: catolicoslaicos.com

Enlaces recomendados:

Presentación: Los fue enviando de dos en dos

Invitación a rezar juntos: “La oración de Jesús”

Homilía 14 Domingo del T.O.

Destacado

Ciclo B

https://external-content.duckduckgo.com/iu/?u=https%3A%2F%2Ftse1.mm.bing.net%2Fth%3Fid%3DOIF.UWGv%252btq0XkooQ8%252b0KxRQwg%26pid%3DApi&f=1

A lo largo del Antiguo Testamento, El Espíritu de Dios se haya con especial fuerza en los profetas. La primera lectura es del profeta Ezequiel 2,2-5. Nos muestra la vocación del profeta y su capacitación por el Espíritu para desempeñar su tarea, pese a que en esta tarea se va a encontrar con fuertes resistencias. A la acción de Dios corresponde por parte de Ezequiel permanecer a la escucha: a la Palabra le corresponde la escucha, pero ya desde el desierto, después de la liberación de Egipto, no ha sido fácil. De hecho, el rechazo, la oposición e incluso el enfrentamiento, fueron casi permanentes. El profeta aparece entonces como signo de contradicción, como piedra de tropiezo para los que corren hacia su propia ruina, pero Dios y su profeta siguen adelante con la misión. Su Palabra es viva y eficaz y ha de ser proclamada tanto si es acogida como si no lo es, pues el mundo y la Iglesia necesitan esta Palabra que ha de ser proclamada siempre y en todo lugar.

La segunda lectura es de 2 Corintios 12,7-10. Aquí Pablo nos habla de la fuerza en la debilidad. Debilidad que él entiende siguiendo el modelo de la debilidad del Señor, pues del mismo modo que la cruz produce escándalo, también la fragilidad humana del apóstol, descrita en forma de persecuciones, insultos, divisiones en la comunidad, enfermedad, angustia, puede provocar una reacción de desconfianza y miedo por parte de los corintios. Si bien la fuerza del Evangelio lleva todo el poder de Dios que garantiza su eficacia, Dios ha decidido a lo largo de la historia de la salvación y de manera especial en los elegidos que esta fuerza se realice por medio de la colaboración total y generosa por parte del hombre sin olvidar su propia debilidad. El esquema de las bienaventuranzas nos muestra bien a las claras esto, al decirnos que se puede ser feliz a pesar de las dificultades y aparentes fracasos. En el fondo no es sino seguir el modelo de Cristo que se dejó crucificar en su débil naturaleza humana, pero está vivo por la fuerza de Dios. De este modo, cuando somos débiles al compartir su debilidad, nos hacemos capaces de compartir su vida divina. Cristo se ha hecho débil por nosotros, para que nosotros en nuestra debilidad lleguemos a ser fuertes y alegres al compartir sus padecimientos. Este no es solo el lenguaje de las bienaventuranzas, sino de toda evangelización y de toda vida cristiana que se precie de serlo.

El Evangelio es de Marcos 6,1-6, nos muestra el rechazo de Israel hacia la revelación de Dios en Jesucristo, concretamente se hace referencia a los más íntimos de Jesus, la gente de su propia tierra, de su casa, lo que nos indica que no es fácil llegar a comprender a Jesús pues su personalidad humana, escondía otra realidad que era preciso descubrir. He ahí su extrañeza, que aquellos con los que había pasado su vida, no captaron ni intuyeron quien podía ser Jesús. Este interrogante que queda abierto, culminará con la solemne confesión por parte de Pedro en Cesarea de Filipo, como escuchábamos el domingo pasado.

El Escándalo siempre estará provocado esencialmente por la manifestación del poder de Dios en una forma frágil, débil. En el centro está la lógica de la cruz, que da un sentido definitivo a la historia de todos los pobres de la tierra, pero esta historia no termina en la cruz, ya que el sepulcro no se queda cerrado, sino que se abre de par en par, para dejar salir la vida para siempre y así es como ha querido salvarnos Dios.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Enlaces de hoy:

Vivir despacio

Invitación a rezar juntos

No temas, basta que tengas fe.

Destacado

Dios ha creado al hombre para la vida y la muerte no procede de él. La primera lectura es del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2,23-25. Este texto se hace eco del Génesis, en donde encontramos el verdadero proyecto de Dios que nos llama a la vida, pero ese proyecto quedó truncado por el pecado y su fruto que es la muerte. Pero la muerte no forma parte de la estructura esencial del hombre, sino que su estructura, le lleva más bien a la vida y a la inmortalidad, como nos recuerda Jesús cuando los saduceos le preguntan a cerca de la eternidad, a lo que responde, que seremos como ángeles de Dios y destinados a la resurrección. La muerte es siempre algo extraño al hombre, que le esclaviza. Pero Dios nos da la posibilidad de acoger la vida si miramos la cruz y vemos en ella la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Esa lucha entre la vida y la muerte, de la que Cristo sale vencedor, es la que experimentamos cada uno de nosotros en nuestro corazón.

La segunda lectura es de 2 Corintios, 8,7-9.13-15, en ella Pablo, desarrolla el motivo de la colecta en favor de los hermanos necesitados de la Iglesia de Jerusalén, para ello es importante lo que afirma a cerca de Jesucristo: «Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual siendo rico se hizo pobre, por vosotros, para enriqueceros con su pobreza». Así pues, el acontecer de la vida de Jesús, nos enseña que la vida es fruto del expolio de sí mismo y que la resurrección se da a través de la muerte. Quiso compartir con los pobres libremente, despojándose de su riqueza por ser Dios y fue realmente pobre, siendo realmente rico. El compartir cristiano encuentra aquí toda su fuerza y hacerse pobre compartiendo, es motivo de bienaventuranza, de felicidad.

El Evangelio es de Marcos, 5,21-43 y nos muestra que Dios es un Dios de vivos y Jesús no solo tiene poder sobre la enfermedad (la curación de la mujer con flujos de sangre), sino que también lo tiene sobre la muerte. La oferta de Dios llega por tanto hasta el límite entre la vida y la muerte y su poder se manifiesta eficaz, incluso en la propia muerte. Frente a los que consideran que la muerte tiene la última palabra, y de que no hay nada en este mundo más seguro que la muerte, las palabras de Jesús nos resultan absurdas, si no es que estamos dispuestos a confiar en él como Jairo y a poner toda nuestra confianza en su amor que no decepciona. Por una parte, están los que impiden la ida de Jesús a la casa de la niña y por otra parte la decisión de Jesus de ir. Solo el que tiene fe en la Palabra del Señor, puede contemplar el milagro de la vida. Por otro lado, está el que considera esto como algo absurdo, quedándose a su vez, prisionero de la muerte, una muerte para la que no hay resurrección. Solo el amor compartido en la solidaridad concreta, es lo que nos permite participar en el don de la resurrección.

Después de resucitar a la hija de Jairo, Jesus insiste en que le den de comer. También hoy nosotros, después de escuchar las palabras de Jesus se nos da él mismo, como alimento, para que nuestro morir sea un dormir y para que no tengamos miedo a la muerte como tampoco tenemos miedo al dormir.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: pinterest.es

Enlaces recomendados:

Audiolibro Las puertas del silencio

Nuestro elemento

San Juan Bautista

Destacado

Celebración 24 de junio

In God's Company 2: The Passion of Saint John the Baptist

Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses – el 24 de diciembre – estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: “No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios”.

Pero Zacarías respondió al ángel: “¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?”.

El ángel le dijo: “Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla”.

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel.

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen.

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor”. Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia.

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: “Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es”.

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego”.

Y las gentes le preguntaron: “¿Qué es lo que debemos hacer?”. Y contestaba: “El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo”…

“Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que ha de bautizaros en el Espíritu Santo…”

Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle “¿Tu quién eres?” El confesó claramente: “Yo no soy el Cristo” Insistieron: “¿Pues cómo bautizas?” Respondió Juan, diciendo: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que ha de venir después de mí…”

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: “¡Yo debo ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús, diciendo: “Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia”. Entonces Juan condescendió con El.

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias”.

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo a los que estaban con él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”.

Entonces Juan atestiguó, diciendo: “He visto al Espíritu en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy testimonio de que El es el Hijo de Dios”.

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo: “No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano”; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía.

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan.

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio.

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los fortaleciera en la fe.

Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: “Juan el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o esperamos a otro”.

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les dijo: “Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio…”

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta. Pues de El es de quien está escrito: Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor que Juan el Bautista…”

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes.

Entonces el rey juró a la muchacha: “Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella salió fuera y preguntó a su madre: “¿Qué le pediré?” La adúltera, que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó: “Pídele la cabeza de Juan el Bautista”. La muchacha entró de nuevo y en seguida dijo al rey: “Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se puso muy triste porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había solicitado.

Juan Bautista: pídele a Jesús que nos envíe muchos profetas y santos como tú.

FUENTE: http://www.ewtn.com | aciprensa.com

Enlaces recomendados:

Dóciles en sus manos

Encuentro virtual de oración

Jesús calma la tempestad

Destacado

El mar, en la antigüedad era símbolo del enorme poder de la naturaleza y consiguientemente de un misterio profundo e impenetrable, pero también de un mundo amenazador y destructivo. La primera lectura nos presenta un breve fragmento del libro de Job 38,8-11, que podemos leerlo desde el Evangelio de hoy (Jesús que calma la tempestad) o desde su contexto originario.

El texto, nos permite reflexionar sobre el sentido del sufrimiento y del mal entre los hombres. El autor de este libro se encuentra ante una grave dificultad consistente en que los criterios retributivos antiguos (los buenos tienen muchos bienes en cambio no así los impíos) no satisfacen, pero aun teniendo la habilidad de plantear el problema no alcanza a resolverlo.

Igualmente, nos invita a reconocer el señorío de Dios sobre la naturaleza, de manera que el creyente que reconoce este señorío de Dios, queda libre del miedo que conduce a la idolatría y que implica la sumisión a las fuerzas naturales. De este modo, el creyente puede invocar el nombre de Dios y abandonarse con confianza a su señorío protector.

La segunda lectura, es de 2 Cor 5,14-17 y nos enseña a vivir para Cristo, que ha muerto y que ha resucitado por todos y no para nosotros mismos, ello implica, cambiar de mirada, es decir, pasar de las relaciones instrumentales, guiadas por la consideración de los otros sólo como medios para nuestros fines, a unas relaciones basadas en el ser, en la acogida de los otros como valores, como personas que tienen una dignidad inalienable. De este modo, el que vive en Cristo es una nueva creación, de modo que las riquezas de la antigua creación rota por el pecado, como son la armonía del hombre consigo mismo, con los demás, con todo lo creado y con Dios, ha sido restaurada por Cristo al darnos la filiación adoptiva, que nos hace por la fuerza del Evangelio, capaces de luchar contra el mal a base de bien.

El Evangelio es de Marcos 4,35-40. Nos permite centrarnos en la pregunta: ¿quién es Jesús? Para ello se nos recuerda las aguas del Éxodo, donde Dios se reveló a su pueblo a través de Moises. Jesús se revela ahora como el verdadero Salvador. Los milagros son un anticipo significativo que nos muestran quien es Jesús, y pese a que los apóstoles se han dirigido a Jesus, en medio de la tempestad, este les reprocha su falta de fe, pues lo que les mueve ha sido el interés por obtener algo. Algo así nos ocurre también a nosotros, que tenemos todavía una fe imperfecta y que pide milagros. La conclusión es que solo la muerte y la resurrección de Jesus, pueden afianzarnos en la fe verdadera, de que es posible la aparición de algo nuevo en la historia humana lo que nos compromete a construir también un orden diferente de relaciones, liberadas de todo tipo de miedo en el interior del propio mundo.   

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: missiongeek.net

Enlaces recomendados:

Presentación “Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

El aburrimiento

La semilla

Destacado

La semilla

Dios es el gran protagonista de la historia. He ahí la gran lección que nos dan las lecturas de este Domingo.

La primera lectura es del profeta Ezequiel 17,22-24, se sitúa en el momento de la destrucción de Jerusalén y su posterior ministerio en Babilonia con los repatriados. En ella encontramos una promesa de futuro apoyada en la fidelidad, el poder y el amor de Dios, que a pesar del pecado es capaz de ofrecer al hombre un futuro diferente y nuevo. Su amor y su misericordia está por encima de todo. Este es el núcleo del texto, que se completa con la afirmación final: «y sabrán todos los árboles del bosque que yo el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol pequeño». Esto nos recuerda la imagen evangélica evocada por Lucas en el Magníficat, el cántico de María, del Dios que «derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes» (Lc 1,52) o el dicho de Jesús: «el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado» (Lc 14,11).

La segunda lectura es de 2ª Corintios 5,6-10. San Pablo, nos recuerda que la perspectiva del que ha optado por el seguimiento de Cristo está más allá de la dimensión terrena. De ahí que nuestro habitar en el cuerpo sea como si viviéramos en un exilio y lo que adquiere relevancia mientras tanto, es la fe y por tanto, la confianza, que nos lleva a esperar.

De ahí brota la necesidad de serle gratos, no tanto por nuestros méritos cuanto, porque hemos puesto nuestra vida bajo su mirada, esto es, actuar con fidelidad a su persona y a su Evangelio.

Por último, el comparecer ante el tribunal de Cristo, más que engendrar ansia o miedo, es la conclusión de una vida vivida en el abandono en Dios, sabiendo que el dictamen final de nuestra actuación está en manos de Jesús, juez universal.

El Evangelio es de Marcos 4,26-34, en donde reúne un grupo de parábolas que tienen como idea común el crecimiento. Hoy vemos la del grano que cae en tierra y la del grano de mostaza. Si Jesús, dijo que el Reino de Dios había llegado, estas parábolas nos indican que esta llegada es de forma germinal y está en desarrollo. La misma seguridad que tiene el labrador de que después de una larga espera recogerá su fruto, así ocurrirá con el Reino de Dios. No hay que precipitar la hora decisiva que con toda seguridad llegará, libremente, inevitablemente. Pero es Dios el que obra en la historia, a pesar de que las apariencias digan lo contrario. La realización de su Reino no depende de nuestra eficacia, ni de nuestros programas o de nuestras obras, sino de una escucha atenta de la Palabra de Dios y de la disponibilidad para dejarla crecer en nosotros. Nuestra actuación es necesaria, pero ésta no brota de nuestro deseo o de nuestras ganas, sino de nuestro mostrarnos disponibles con paciencia y humildad en orden a crear las condiciones para que la Palabra pueda dar su fruto.

Fuente: Contemplar y Proclamar del Padre Jose Antonio Op

Imagen: revistaecclesia.com

Enlaces recomendados:

Presentación “La semilla”

El Santo Nombre

Domingo del Corpus Christi

Destacado

CUARESMA

Después del domingo de la Santísima Trinidad, celebramos el domingo del Corpus Cristi. El cuerpo y concretamente el cuerpo de Cristo aparece, como señal visible de la Alianza establecida por Dios con todos y cada uno de nosotros.

La primera lectura de Éxodo 24,3-8, se sitúa en el contexto de la Alianza establecida por Dios en el Sinaí. Esta alianza que estable Dios con su pueblo, no es de igual a igual, sino de superior a inferior. El resultado es una oferta de amistad y de comunión. Dios da su palabra y la cumple y el hombre ha de hacer lo propio. El sello de este profundo compromiso se visualiza en la sangre. La expresión: «sangre de la Alianza» que utiliza Moises, volverá a ser pronunciada por Cristo en la institución de la Eucaristía, en la última cena: «Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza nueva y eterna, que se derrama por todos» y es que la Alianza, infringida muchas veces y hecha ineficaz por Israel, será superada por la nueva alianza, no escrita ya en tablas de piedra, sino en lo mas profundo de nuestro corazón.

La segunda lectura es de Hebreos 9, 11-15, nos habla de la importancia del sacrificio de Cristo «sumo sacerdote de los bienes definitivos» y «mediador de la Nueva Alianza». Si bien los judíos entienden el templo como el lugar de encuentro con su Dios y donde se realiza el sacrificio, Jesucristo resucitado, será el nuevo templo, que sustituye al antiguo y en el que se hará plena la comunión y el encuentro de Dios con nosotros. Un encuentro personal, real y vivo, fundamentalmente en el sacramento del Pan, en el que encontramos al Jesús viviente que proporciona la más plena comunión personal. Ahí nos espera el amigo, pues como dijo en la última cena: «a vosotros os llamo amigos». Nos llama a vivir una relación de amistad profunda y viva, en la que estamos llamados a tener acceso a todos sus secretos, a estar en su presencia, a comer con él, y a mantener con él un trato de confianza, como así han experimentado muchos hombres y mujeres a lo largo de los siglos. De este modo, es como lleva a cabo la reconciliación del hombre caído, restablece el orden destruido por el pecado y ha vuelto a crear la posibilidad de una humanidad nueva en contacto con Dios Padre.

El Evangelio es de Marcos 14,12.16.22-26. En el marco de la Pascua, celebra Jesús la Cena y la transforma en «memorial», es decir, sacramento actualizante de la obra central de su vida: su muerte y resurrección. En adelante cuando los creyentes celebremos su memoria, viviremos la gozosa experiencia de encontrarnos personalmente con él, pues celebrar la memoria de Jesús no es un recuerdo sin más, sino una presencia que nos enseña a caminar en comunión de vida y amor. En una palabra: en la Eucaristía está todo Jesús donándose en comunión de vida para todos, y la Iglesia, obediente a su mandato, realiza este sacrificio y así anuncia la muerte del Señor, proclama su resurrección y espera su venida en la gloria.

Fuente: Contemplar y Proclamar Blog del Padre Jose Antonio OP

Imagen: vaticannews.va

Enlace recomendado:

Presentación Corpus ” Tomad, esto es mi Cuerpo”

Domingo de la Santísima Trinidad

Destacado

https://doxologia.org/sites/default/files/articol/2017/06/putna_foto_stefan_cojocariu_49.jpg

La fe en un solo y único Dios fue una conquista y un don del Espíritu. Esto es lo que distingue a Israel de los demás pueblos ya que ningún otro pueblo, ha tenido una experiencia de Dios como Israel. La Iglesia heredera de Israel en la fe monoteísta, debe seguir caminando en la fe de un solo Dios que Jesús nos ha revelado como Padre.

La primera lectura es de Deuteronomio 4,32-34.39ss. En ella vemos como el pueblo, sobre todo en los momentos más difíciles, recurre a la presencia de Dios en la historia, que pasa a ser «lugar teológico», es decir, lugar de encuentro con Dios, que dirige y vela por su pueblo. La historia de la salvación es la historia de esta presencia gratuita de Dios, que está cerca de su pueblo, de manera que éste llegue a ser signo de salvación para todo el mundo, hasta que, llegada la plenitud de los tiempos, Dios se hace hombre para salvarnos.

Dios se manifiesta así, como el único punto de referencia para que el hombre creado a su imagen y semejanza llegue a la plenitud de su humanidad, de forma que, adhiriéndose a él, llegue a comprender el sentido de su existencia humana, de manera que volver la mirada hacia el único Dios supondrá reemprender el camino de la unidad y la solidaridad entre todos los hombres.

La segunda lectura es de Romanos 8,14-17 y se centra en la vida cristiana en cuanto que guiada por el Espíritu. Este capítulo 8, ha sido considerado el Te Deum de la historia de la Salvación y los versículos que leemos, nos muestran la novedad de la vida cristiana de la filiación-comunión con Dios. Pablo, nos recuerda que quien se deja guiar por el Espíritu es verdaderamente Hijo de Dios, el cual guía firmemente y suavemente el camino de los discípulos de Jesús. El Hombre que es imagen de Dios por la creación, pasa a ser hijo de Dios por medio de Jesucristo y es reafirmada la filiación constantemente por el Espíritu, que nos hace clamar: ¡Abba! (Papa) de manera que, porque Jesús nos enseñó esta manera de dirigirnos al Padre y porque el Espíritu se hace presente en nuestro corazón, podemos dirigirnos así a Dios. Ser hijos de Dios, significa poseer ya una prenda de vida eterna, significa ser herederos de los bienes de la vida de Dios y coherederos con Cristo. Pero para obtener todo esto, será necesario participar de sus sufrimientos y completar lo que falta a su pasión, es decir, caminar por el camino de la virtud.

El Evangelio de Mateo 28,16-20 nos presenta el epílogo de las apariciones pospascuales y de todo el evangelio. Frente a un judaísmo encerrado en sus tradiciones, Jesus, sin dejar de ser judío, ha realizado aquella promesa hecha a Abraham (Gn 12,1ss) de ser una bendición para todos los pueblos. La misión es universal y está presidida y acompañada por los Tres, pues hunde sus raíces en la misión del Hijo por el Padre y tiene como tarea hacer presente hasta los últimos rincones del mundo y hasta lo más hondo del corazón del hombre, la conciencia de que todo es fruto del amor de Dios. Es necesario que toda nuestra vida esté real y vitalmente sellada, animada y presidida por la presencia y actuación de los tres, como presencia discreta y silenciosa que acompaña cada momento de nuestra vida. Una presencia inalterable y definitiva: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».  

Fuente: Contemplar y Proclamar Blog del Padre Jose Antonio OP

Imagen: doxologia.org

Enlaces recomendados:

Presentación Santísima Trinidad

Sacred Print

Domingo de Pentecostés (Solemnidad)

Destacado

23 de mayo

En la historia de la salvación, el Espíritu de Dios se hace presente de forma intermitente, temporal y sólo para los dirigentes del pueblo. Pero cuando Dios realice su plan en Cristo se promete el don del Espíritu no solo para el Mesías, sino también para la comunidad y para cada uno de sus miembros, y en todos ellos estará de forma permanente. Así se comprende mejor la afirmación de Lucas: «todos quedaron llenos del Espíritu Santo».

La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles 2,1,11 y nos presenta a los mismos, reunidos en oración en un contexto en el que el pueblo celebra el don de la ley, que el judaísmo lo hacía precisamente el día de Pentecostés. El Espíritu se presenta, así como plenitud de la ley. Ya Cristo había dicho que no había venido a abolir la ley sino a llevarla a plenitud y esto es lo que ahora se cumple. El Espíritu irrumpe y transforma el corazón de los discípulos haciéndolos capaces de intuir, seguir, y atestiguar los caminos de Dios

La enumeración de todos los pueblos, indica que se restaura la comunión entre Dios y los hombres y de los hombres entre sí, rota en Babel y que esta comunión entre los pueblos se llevará a cabo por la Evangelización invocada por el Espíritu, para guiar a todo el mundo a la plena comunión con él, en la unidad de la fe en Jesucristo, crucificado y resucitado

La Segunda lectura es de 1 Cor 12,3b-7.12s. En ella, Pablo dirige a los corintios, algunas consideraciones importantes para un recto discernimiento, como es el caso, de reconocer la acción del Espíritu en una persona no por hechos extraordinarios, sino antes que nada por la fe profunda con que profesa que Jesús es Dios y reconocer la acción del Espíritu en la comunidad como incansable promotor de unidad. Unidad que se lleva a cabo a través de los diferentes carismas, concedidos a cada uno para el bien común. Entre ellos, el único que durará para siempre es el de la caridad, como afirmará más adelante.

Por último, el nuevo título de pertenencia al pueblo de Dios ya no es el de la herencia de sangre y raza, sino el signo sacramental del Bautismo. Este sacramento de regeneración hermana a todos los pueblos que aceptan el mensaje, porque es un nuevo nacimiento en el Espíritu formando así un mismo cuerpo.

El Evangelio es de San Juan 20,19-23. Es considerado el Pentecostés joaneo, próximo a la resurrección, indicando de este modo que la hora en que glorifica al Padre mediante el sacrificio de la cruz y la entrega del Espíritu en la muerte, es la misma en la que el Padre glorifica al Hijo en la resurrección. En esta hora única, Jesús transmite a los discípulos el Espíritu y con ello su paz, su misión y el poder sobrenatural para llevarla a cabo.

El Espíritu —como repite la Iglesia en la fórmula sacramental de la absolución— fue derramado para la remisión de los pecados. El pecado es el que malogró en el paraíso el proyecto de Dios sobre el hombre que lo quiso y lo formó para la vida y la felicidad. Con la reconciliación universal, obra de la muerte-resurrección de Jesús y que se actualiza siempre por el Espíritu Santo, aparece de nuevo cuál fue el sentido del hombre en su creación, restituyendo a la pureza originaria a los que se acercan a recibir el perdón de Dios y se abren, a través de un arrepentimiento sincero, a recibir el don del Espíritu Santo.

Fuente: Contemplar y Proclamar del Padre Jose Antonio.

Imagen: misericordia.org.br

Enlaces recomendados:

Presentación “Se llenaron todos de Espíritu Santo”

Conectarnos con la Presencia

VII Domingo Pascual: La Ascensión

Destacado

La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11 y es el relato mas detallado y completo del acontecimiento de la Ascensión, pero todo el ministerio de Jesús es como una Ascensión, desde Galilea a Jerusalén y desde Jerusalén al cielo.

La Ascensión es el paso (pascua) de Jesús al Padre y cuando venga, será el paso de la historia a la eternidad, esto es, la pascua desde el orden creado a Dios, la Ascensión de la humanidad al abrazo trinitario. Pero, a pesar de las pruebas que Jesús dio a los apóstoles de que estaba vivo, aun está la incomprensión: ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? La respuesta de Jesús es que necesitan el Espíritu que les conduzca a la verdad completa.

La Ascensión nos muestra, que Cristo ha sido glorificado y que este Cristo que ahora ha sido glorificado plenamente, es el que de nuevo volverá.

La segunda lectura es de Efesios 1,17-23 y nos muestra a Cristo el Señor, centro de la Evangelización animada por el Espíritu. Con la Ascensión, culmina la segunda etapa de la historia de la salvación, que se corresponde con la misión de Jesús y se abre la tercera etapa que es la de la Iglesia guiada por el Espíritu, la cual se cerrará con la consumación final. Cristo ascendido a la diestra del Padre, es la cabeza de toda la creación y en particular de la Iglesia, con la que forma una unidad indisoluble.

San Agustín, dirá que, por tratarse de la plena glorificación de la Cabeza, es también la glorificación anticipada de la Iglesia. Ésta vive en la certeza de seguir los pasos de su Señor, y un día, también ella, en todos sus miembros y junto con la cabeza, conseguirá la plena glorificación. Se nos invita a contemplar el camino desde el final y así alentar nuestra esperanza.

El Evangelio es de Marcos 16,15-20. En él Jesús, se aparece a los apóstoles antes de la conclusión de su camino terreno, para exhortarles a hacerse misioneros del Evangelio por todo el mundo. Si la resurrección ha restaurado el proyecto original de Dios, ahora en Cristo resucitado, Dios ofrece la liberación de la humanidad y la restauración original de toda la creación. Solo en su Nombre conseguirá el hombre la salvación, pues Dios no nos ha dado otro nombre bajo el que nos podamos salvar. Jesús es pues, el Evangelio que se ofrece a los hombres y evangelizar será pues, hacer presente a Jesús, su vida, sus palabras, sus gestos y su entrega total, pero también su exaltación a la derecha del Padre como Señor. La Ascensión, es garantía de su presencia permanente entre ellos y en medio del mundo, de manera que ninguna dificultad ni ningún obstáculo, impedirá el avance de la tarea evangelizadora.

Si morimos con Cristo, resucitaremos con él y ascenderemos con él al Padre, seremos liberados de la esclavitud y llegaremos a ser hombres y mujeres cada vez más libres: Que como los primeros cristianos vivamos el sentido de la inminencia; que nuestros ojos sepan mirar al cielo sin alejarse de la tierra.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: iconos.verboencarnado.net

Enlaces recomendados:

Presentación Id al mundo entero…

La cálida ternura

San Isidro Labrador (1080 – 1130)

Destacado

(Alrededores de Madrid, hacia 1080 – Madrid, 1130) Santo español, patrono de la Villa de Madrid y de los agricultores. Aunque no se tienen demasiados datos biográficos sobre el santo, parece ser que vino al mundo en el seno de una familia humildísima, poco antes de la reconquista de Madrid, en una casa situada donde en la actualidad se halla la calle de las Aguas. Quedó huérfano muy pronto, así que el joven Isidro se buscó el sustento con trabajos como el de pocero hasta que finalmente se empleó como labrador.

Cuando Alí, rey de Marruecos, atacó Madrid en 1110, Isidro hizo como muchos otros y se trasladó a Torrelaguna, donde continuó con el mismo género de vida, dedicada al trabajo y a la oración, que había llevado hasta el momento. Fue precisamente en la parroquia de esta localidad donde contrajo matrimonio con una joven llamada María, natural de Uceda, cuya dote matrimonial fue una heredad en su pueblo natal, lo que fue causa de que los esposos se establecieran allí para trabajar las tierras por cuenta propia.

Aunque Isidro era piadoso y devoto, su esposa no le iba a la zaga a este respecto, ni tampoco en cuanto a laboriosidad, todo lo cual hizo -según la leyenda- que se granjearan la predilección de Dios, que los benefició con su ayuda innumerables veces, como cuando salvó milagrosamente a su hijo único que había caído en un profundo pozo o cuando permitió a María pasar a pie enjuto sobre el río Jarama y así librarse de los infundios de infidelidad que contra ella lanzaban las gentes.

En 1119, Isidro volvió de nuevo a Madrid, y entró a trabajar como jornalero agricultor al servicio de un tal Juan de Vargas. Estableció su morada junto a la Iglesia de San Andrés, donde oía la misa del alba todas las mañanas y, luego, atravesaba el puente de Segovia -las tierras de su patrón estaban del otro lado del Manzanares- para aprestarse al duro trabajo de roturar la tierra con el arado. Se dice de él que daba cuanto tenía a los menesterosos, y aún a las palomas hambrientas cedía las migas de pan de las que se alimentaba.

Con el correr del tiempo decidieron los esposos separarse para llevar una vida de mayor santidad; marchó así Isidro a Madrid, mientras María quedaba en Caraquiz consagrada al cuidado de la ermita, la cual barría y aseaba diariamente, al tiempo que pedía limosna para costear el aceite que alumbraba la imagen. La separación duró hasta la última enfermedad del santo, cuando María tuvo noticia por un ángel de la muerte de su marido. Corrió presta a la Villa y no se separó del lado de su esposo hasta que éste exhaló su último aliento. Luego volvió a Caraquiz y, después de unos años, también murió.

A Isidro, como pobre de solemnidad que era, se le enterró en el cementerio de la parroquia de San Andrés, en una tosca caja de madera sin cepillar. Transcurridos cuarenta años, como los prodigios de Isidro seguían corriendo de boca en boca, ante la insistencia del pueblo, se exhumó el cuerpo y se le dio sepultura en el interior del templo. Se vio entonces que, a pesar del tiempo transcurrido y de haber estado expuesto a las inclemencias meteorológicas, todavía se conservaba entero y de color tan natural como si estuviera vivo, prodigio que se ha podido comprobar en las múltiples traslaciones que de su cuerpo se han hecho.

Cuando Alfonso VIII de Castilla vino a Madrid tras haber derrotado al moro en las Navas de Tolosa, ordenó que el cuerpo fuera colocado en un arca bellamente policromada con escenas de la vida de Isidro. La beatificación, pronunciada por el papa Paulo V el 14 de junio de 1619, a instancias del rey Felipe III, fue acontecimiento largo tiempo esperado por el pueblo madrileño; para conmemorar el evento se celebraron grandes festejos, en el transcurso de los cuales se inauguró la plaza Mayor.

El 19 de junio de 1622, Isidro, que en la memoria del pueblo ya era santo, fue canonizado por el papa Gregorio XV, junto a Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri. En 1657 el arquitecto fray Diego de Madrid comenzó a levantar la capilla de San Isidro -primer ejemplo del barroco madrileño-, aneja a la iglesia de San Andrés, destinada a contener la urna del santo, cuyo traslado se produjo definitivamente en 1669. El 4 de febrero de 1789, Carlos III ordenó que la urna fuera instalada en el antiguo Colegio Imperial, que pasó a llamarse entonces Iglesia Real de San Isidro, y que luego sería la catedral de Madrid.

DE:
Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de San Isidro Labrador. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/isidro.htm el 14 de mayo de 2021.

Fuente: www.biografiasyvidas.com

Imagen: corazones.org

Enlaces recomendados:

El Santo Nombre

Hozana.org

Virgen de Fátima

Destacado

La Virgen de Fátima es una advocación de la Virgen María. Es la historia de las apariciones de Nuestra Señora a tres pastorcillos en 1917 en Portugal. Estos hechos y los mensajes de conversión que María les dio a Lucía, Jacinta y Francisco han llegado hasta nuestros días.

Tres primos llamados Lucía, Jacinta y Francisco estaban en el campo cuidando de las ovejas, en la zona de Cova da Iria. A mitad de la mañana comenzó a llover. Los niños tuvieron que buscar un refugio para no mojarse. Seguidos del rebaño de ovejas comenzaron a buscar un sitio para cobijarse.

De pronto, comenzaron a ver una luz blanca que se escondía entre los árboles. Se acercaron y descubrieron que había una mujer vestida de blanco con un rosario en las manos ¡Era la Virgen María! La Señora les pidió una cosa a los niños. Les encargó que regresarán allí el día 13 de cada mes. Los tres estaban asombrados y volvieron rapidamente al pueblo para contar lo que había sucedido.

Los niños cumplieron la promesa que le habían hecho a María. De hecho, anunciaron más apariciones a sus vecinos. Eran todas el mismo día, el día trece, y en los meses de junio y julio. Tras la segunda aparición, en junio, los jovenes contaron que la Virgen les había anunciado que dos de ellos, Jacinta y Francisco morirían pronto. Y así sucedió, en diciembre del año 1918, a causa de una epidemia de “gripe española” Francisco y Jacinta cayeron enfermos. Meses más tarde, en abril, Francisco murió. Por el contrario, Jacinta mejoró de la gripe pero su salud se resintió de nuevo a causa de otra enfermedad. Cumpliéndose lo que la Virgen había predecido, murió el 20 de febrero de 1920.

En todas sus aparaciones la Virgen hizo un especial inciso sobre el rezo del Rosario, y les pidió a la niños que cuando lo rezaran, después de cada misterio dijeran: ‘‘Oh Jesús perdónanos por nuestros pecados, líbranos del fuego infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu Divina Misericordia’’.

La última aparición de la Virgen tuvo lugar el 13 de octubre de 1917. En ese día se produjo el llamado “milagro del sol”.

Según varias declaraciones de testigos, después de una llovizna, el sol arrojó una luz diferente a la habitual. Algunas de las personas que estaban presentes llegaron a pensar que era el fin del mundo. Además, algunos testigos contaron que el suelo y la ropa, que estaban mojados por la lluvia, se habían secado al instante milagrosamente.

Un hecho que lo presenciaron miles de personas que, atraidas por lo que contaban los niños, decidieron ir hasta ese lugar para comprobar que era cierto lo que los jovenes les contaban.

Uno de los presentes, Juan de Machi describió así ese momento: “ante los asombrados ojos de la multitud, cuyo aspecto era casi bíblico, esperando y ansiosamente mirando al cielo, el sol tembló, realizó inesperados e increíbles movimientos fuera de todas las leyes cósmicas, el sol ‘bailó’, de acuerdo a una expresión típica de la gente.”

Según cuenta Lucía, el 13 de julio de 1917 en la Cueva de Iria, la Virgen les contó lo que se conoce como la “profecía de Fátima”. Esta profecía está formada por tres mensajes. La Santa Sede los dio a conocer todos ellos durante el pontificado de San Juan Pablo II.

Según recoge Lucía en unos escritos,que recoge el portal catholic.net, la Virgen hizo hincapié en la importancia del rezo del Rosario para la conversión de las almas. Además, también pidió la construcción de una capilla en el lugar de los hechos.

Otra de las revelaciones importantes que mostró la Virgen fue la “visión del infierno”. María les contó lo que les espera a las personas después de la muerte, si no se arrepienten. Además, María habló de una guerra que comenzaría durante el pontificado de Pío XI. Y acertó. La Segunda Guerra Mundial estalló en 1939.

El Papa Pío XI concedió el 1 de octubre de 1930 una indulgencia especial a los peregrinos de Fátima. Años más tarde, en 1942,Pío XII consagró la humanidad al Inmaculado Corazón de María. Además, el Papa Juan Pablo II visitó personalmente el lugar de las apariciones en tres ocasiones. Una de sus visitas más relevantes fue cuando le entregó a la Virgen la bala con la que le habían disparado en la Plaza San Pedro.

Más recientemente, Benedicto XVI visitó personalmente el lugar de las apariciones y consagró a todos los sacerdotes al Inmaculado Corazón de María. Por su parte, el Papa Francisco consagró su pontificado a la Virgen de Fátima y en mayo del 2017 visitó el Santuario para conmemorar los 100 años de las apariciones.

En la actualidad, en el lugar de las apariciones se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Un templo hasta el que cada año peregrinan miles de personas de todo el mundo.

Fuente: cope.es

Imagen: proyectopushkin.blogspot.com

Enlaces recomendados:

El Lugar del Corazón

Geografía mística

IV Domingo Pascual

Destacado

La 1ª lectura es de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26.34-35. El episodio es conocido con el título de: «conversión de Cornelio», pero también se le podría llamar: «conversión de Pedro» que pasa de una visión restringida a abrirse a la universalidad de la salvación que el sacrificio redentor de Cristo ha adquirido para toda la humanidad y no solo para Israel. Jesús, en la cruz derribó todos los muros de separación entre gentiles y judíos y en su resurrección la oferta de vida y resurrección se extiende a toda la humanidad. La escena de Cornelio visibiliza el proyecto de Dios, que consiste en ofrecer la salvación a todo el mundo. El camino que Jesus resucitado anunció a los apóstoles, de que fuesen sus testigos, hasta los confines de la tierra, no ha hecho más que comenzar. Los que no procedemos del mundo judío y hemos recibido la fe, estamos ante un hecho profundamente consolador.

La segunda lectura es de 1ª de Juan 4,7-10. La exposición se centra en la afirmación: «Dios es amor». Esto no es una afirmación especulativa, sino la proclamación del amor que Dios ha manifestado a través de su obrar; a través de su desmesurada caridad, que le ha llevado a darnos a su mismo Hijo único, el cual, a su vez, ha entregado su propia vida expiando con la muerte nuestro pecado. El mensaje que se nos da es claro: Sólo es posible estar dispuestos a dar otras cosas, si se está dispuesto a dar la propia vida. Y esto es lo que hizo el maestro. A partir de aquí, podemos afirmar que: «el amor procede de Dios y que todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios». La clave está en la Palabra que se encarna. Si con la encarnación, el Verbo que estaba en el seno del Padre, ha venido al mundo a revelar a Dios, con la resurrección, el hombre que estaba alejado de Dios, es llevado de nuevo a su seno, hecho hijo en el hijo. Si Dios se nos da gratuitamente en Cristo, también nosotros hemos de darnos. Si Dios nos ha amado en Cristo, también nosotros nos debemos amar.

El Evangelio es de Juan 15,9-17 y profundiza en el tema de la segunda lectura: el amor. Permanecer en Él, significa permanecer en su amor, es decir en esa circulación de caridad, de pura donación que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura al hombre, y permanecer en su amor, es sinónimo de «observar sus mandatos», esto es, ser una cosa con el Padre, y cumplir su voluntad. Unión de voluntades, que se da en la seguridad de que este es el verdadero bien y la fuente de la verdadera alegría, de la que participa también el discípulo. El resumen de todo esto es, el mandamiento del amor, el amor recíproco hasta dar la vida por los demás. Se trata de un amor mutuo, interpersonal, creativo, capaz de hacer caer las barreras, hace prójimo a todo hombre y hace nacer una amistad que sabe compartir las cosas más importantes.

Que podamos intuir en cada circunstancia los caminos que el Espíritu nos va abriendo para que pueda desplegarse el amor y llegar a todo hombre. También Pedro supo abrazar el designio de Dios: atento al Espíritu y a los hermanos, e indicó a la Iglesia naciente el nuevo itinerario de amor, dejándonos así un camino a seguir.

Fuente: Contemplar y Proclamar

Imagen: en.wikipedia.org

Enlaces recomendados:

Presentación Esto os mando: Que os ameis los unos a los otros.

La espera de la Aurora

Santo Domingo Savio (1842 – 1857)

Destacado

Celebración 6 de mayo

“¡Quiero ser santo!”, solía decir Santo Domingo Savio, patrono de los niños cantores y también de las embarazadas por haber cumplido en su vida una misión de la Virgen María, mientras era guiado por San Juan Bosco.

Domingo Savio nació en Italia en 1842. Desde muy pequeño deseó ser sacerdote y al conocer a Don Bosco le pide ingresar al Oratorio de San Francisco de Sales en Turín.

Allí organizó la Compañía de María Inmaculada y con sus compañeros frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres y cuidaba a los niños difíciles. Además tenía un espíritu muy alegre, le gustaba jugar y estudiar.

San Juan Bosco escribió una biografía del joven santo y lloraba cada vez que la leía. En ella contaba que varias ocasiones vio a Domingo como arrobado después de recibir la Comunión hasta que cierto día, Don Bosco lo encontró en el coro del templo.

“Voy a ver –cuenta Don Bosco– y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: ‘Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofendemos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar’”.

Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”.

Durante el proceso de investigación para llevar a Domingo Savio a los altares, su hermana Teresa narró que cierta vez el Santo se presentó ante Don Bosco y le pidió permiso para ir a casa. Su formador le preguntó el motivo y el joven le contestó: “mi madre está muy delicada y la Virgen la quiere curar”.

Don Bosco le preguntó de quién había recibido noticias y Domingo contestó que de nadie, pero que él lo sabía. El sacerdote, que ya conocía de sus dones, le dio dinero para el viaje.

La mamá de Domingo estaba embarazada, pero sufriendo con fuertes dolores. Cuando el muchacho llegó a verla, la abrazó fuertemente, la besó y luego obedeció a su madre, quien le había pedido que fuera con unos vecinos.

Cuando llegó el doctor vio que la señora estaba repuesta de salud y mientras los vecinos la atendían, le vieron al cuello una cinta verde que estaba unida a una seda doblada y cosida como un escapulario. La sorprendente visita de Domingo a su madre se dio el 12 de septiembre de 1856, fecha del nacimiento de su hermana Catalina.

Tiempo después Domingo le dijo a su madre que conserve y preste aquel escapulario a las mujeres que lo necesiten. Así se hizo y muchas afirmaban después haber obtenido gracias de Dios con la ayuda del escapulario de la Virgen.

Domingo Savio retornó al oratorio salesiano, pero no por mucho tiempo. Su salud se resquebrajó más y a sugerencia de los médicos tuvo que despedirse de Don Bosco y sus compañeros para volver a su casa. Antes de morir, dijo: “¡Qué cosa tan hermosa veo!”. Partió a la Casa del Padre un 9 de marzo de 1857 con catorce años edad. Su fiesta se celebra cada 6 de mayo.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: pinterest.com

Enlaces recomendados:

Una disposición del corazón

La obra del momento

V Domingo de Pascua

Destacado

La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles 9,26-31. En ella se refleja la situación en que se encontraba Pablo, consciente de que no es fácil aceptar a un ex-perseguidor y a la vez convencido de que solo desde la comunidad podía ejercer su tarea de evangelizador a la que había sido llamado. Bernabé, hace de mediador entre Pablo y la comunidad y es que hoy como ayer, no es fácil aceptar lo nuevo, lo sorprendente, lo inusitado y se nos invita a preguntarnos a cerca de como acogemos y vivimos la fe. Finalmente, Pablo fue aceptado por los dirigentes y por la comunidad y se dedica a predicar públicamente el nombre de Jesús, pero amenazado por los judíos de lengua griega al demostrarles que Jesús es el verdadero Mesías esperado por Israel, huye de Jerusalén. Una vez más se pone de manifiesto que la fe apostólica y la fe en Jesús llevan consigo las marcas del maestro que son la persecución y la muerte, pero así es como crece la comunidad que, impulsada por el Espíritu, va ampliando cada vez más el circulo de su irradiación.

La segunda lectura, es de 1ª de Jn 3,18-2 y nos muestra como aquella crisis que existía en las comunidades jónicas les llevó a poner en duda la identidad de Jesús, y así llegar a decir, que el Hijo de Dios, no se ha hecho realmente hombre y no ha padecido una muerte salvadora, solo es posible resolverla desde el amor. La fe se expresa con un amor fraterno comprometido y la raíz profunda de este amor es la experiencia del amor de Dios a los hombres, manifestado en su hijo Jesucristo. Juan no ignora que el mandamiento del amor es verdaderamente divino, o sea, imposible para el hombre y solo posible con la ayuda del Espíritu. Por tanto, quien ama así, tiene una sola voluntad con Dios, y ama de verdad conforme a Cristo: ha restaurado plenamente en él la imagen divina a cuyo modelo fue creado. Los mandamientos se resumen pues en uno solo: el de la fe en Jesucristo y el del amor recíproco. El que, amando, guarda sus mandamientos, conoce a Dios y Dios habita en él.

El Evangelio es de Juan 15,1-8. Aunque va a enfrentarse con la muerte, Jesús sigue siendo para los suyos la fuente de la vida y de la santidad. Mas aún, yendo al Padre pone la condición para poder permanecer siempre en los suyos. Jesus, sirviéndose de una comparación habla de sí mismo como la vid verdadera, una imagen empleada por los profetas para describir a Israel. Así se presenta como el verdadero pueblo elegido que corresponde plenamente a las atenciones de Dios. Jesus por su vida entregada en la cruz es el primogénito de una humanidad nueva y su sangre como la savia de la vid, llega a todos los sarmientos y sólo en una comunión vital con la cepa se asegura y garantiza la producción de fruto. Pero por desgracia podemos ser también sarmientos que producen infección en la vid; de ahí que debamos desear ser purificados, limpiados. La poda consiste en dejar cortar de nosotros el pecado y todo lo que no es según Dios: este es el sufrimiento que da fruto. Esto se realiza cuando la palabra de Jesús es acogida en un corazón bueno.

Fuente: Contemplar y proclamar de Jose Antonio OP

Imagen: revistaecclesia.com

Enlaces recomendados:

Presentación El que permanece en mí y yo en él…

Conocimiento de Sí mismo

San Rafael Arnáiz (1911-1938)

Destacado

Celebración 26 de Abril

Essere Cristiani: Vangelo del 20 Febbraio 2013

Nació en Burgos (España) el 9 de abril de 1911, de una familia de alta sociedad y profundamente religiosa. En esa misma ciudad fue bautizado y confirmado. Comenzó sus estudios en el colegio de los padres jesuitas y recibió por primera vez la Eucaristía en 1919.

En esos años tuvo la primera visita de la que habría de ser su asidua compañera: una enfermedad de fiebres colibacilares que le obligó a interrumpir sus estudios. Cuando se recuperó, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la santísima Virgen, a finales del verano de 1921 lo llevó a Zaragoza, donde lo consagró a la Virgen del Pilar.

Su familia se trasladó a Oviedo, y allí continuó sus estudios de bachillerato, en el colegio de los padres jesuitas y al terminar se matriculó en la Escuela superior de arquitectura de Madrid, donde supo unir el estudio con una ardiente y asidua vida de piedad; había introducido en su horario de estudio una larga visita diaria a “el Amo” en el oratorio de Caballero de Gracia, y participaba puntualmente en su turno de adoración nocturna.

De inteligencia brillante y ecléctica, Rafael tenía destacadas dotes para la amistad y buen trato. Poseía un carácter alegre y jovial; era deportista, rico en talento para el dibujo y la pintura; le gustaba la música y el teatro. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana.

En su corazón bien dispuesto a escuchar Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida contemplativa. Había conocido la trapa de San Isidro de Dueñas y se sintió fuertemente atraído porque la percibió como el lugar que correspondía a sus íntimos deseos. Así, en diciembre de 1933 interrumpió sus cursos en la universidad, y el 16 de enero 1934 entró en el monasterio de San Isidro.

Después de los primeros meses de noviciado y la primera Cuaresma vividos con entusiasmo en medio de las austeridades de la trapa, de improviso Dios quiso probarlo misteriosamente con una penosa enfermedad:  una aguda diabetes sacarina, que lo obligó a abandonar apresuradamente el monasterio y a regresar a casa de sus padres para ser cuidado adecuadamente.

Regresó a la trapa apenas restablecido, pero la enfermedad le obligó a abandonar varias veces el monasterio, donde volvió otras tantas veces para responder generosa y fielmente a la llamada de Dios.

Se santificó en la gozosa y heroica fidelidad a su vocación, en la aceptación amorosa de los planes de Dios y del misterio de la cruz, en la búsqueda apasionada del rostro de Dios; le fascinaba la contemplación de lo Absoluto; tenía una tierna filial devoción a la Virgen María —la “Señora” como le gustaba llamarla—. Falleció en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién cumplidos los 27 años. Fue sepultado en el cementerio del monasterio, y después en la iglesia abacial.

Muy pronto su fama de santidad se extendió fuera de los muros del convento. Sus numerosos escritos ascéticos y místicos continúan difundiéndose con gran aceptación y para el bien de cuantos entran en contacto con él. Ha sido definido como uno de los más grandes místicos del siglo XX.

El 19 de agosto de 1989 el Papa Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada mundial de la juventud en Santiago de Compostela, lo propuso como modelo para los jóvenes del mundo de hoy y el 27 de septiembre de 1992 lo proclamó beato.

Con su canonización el Papa Benedicto XVI lo presenta como amigo, ejemplo e intercesor a todos los fieles, sobre todo a los jóvenes.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: esserecristiani.blogspot.com

IV Domingo de Pascua

Destacado

Oratorio Carmelitano: Jesús, el Buen Pastor

La primera lectura es de los hechos de los apóstoles, y responde al tercer anuncio de Jesús como Señor y Salvador por parte de Pedro, con el que contesta a las autoridades, inquietas por la curación del paralítico.

Lo primero que hace Pedro, es afirmar que el resucitado es el mismo que fue crucificado, pero esto es lo que a los del sanedrín les inquieta y rechazan, que aquel a quien crucificaron está vivo, pues si ese enfermo se ha curado, porque se ha invocado el nombre de Jesús, quiere decir que Jesús, condenado a muerte y ejecutado, no está muerto, sino vivo. Y esta es la raíz de nuestra fe cristiana: creer en el poder de Dios que actúa resucitando a Jesús. Con frecuencia escuchamos o decimos: nadie de los que han muerto ha vuelto a decirnos lo que hay después de la muerte, pues sí ha habido uno: Jesús de Nazaret, hombre verdadero: a quien crucificasteis y murió en la cruz, Dios lo ha resucitado. El, verdadero hombre, conocedor de sufrimientos y de la muerte, ha resucitado. Por eso es el único que nos puede salvar del miedo a la muerte y nos abre caminos de vida.

La segunda lectura, es de la primera carta de San Juan y nos dice que somos hijos. El mundo en sus relaciones laborales, sociales, familiares y de cualquier otro tipo, cambiaría profundamente si tuviéramos conciencia real de esta filiación. Y es que la esperanza cristiana no lo deja todo para el final, sino que, ya somos ahora hijos, que hacen posible el reino de los hijos en la tierra, con la esperanza de conseguir el reino en la meta final. La fuerza del Reino se manifiesta ya, aunque velada, de ahí que tengamos que pedir su venida: venga a nosotros tu reino. Al final, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es. He ahí lo que anhelamos desde lo profundo de nuestro ser consciente o inconscientemente y eso es lo que nos asegura Cristo resucitado. Este deseo de contemplar a Dios y corresponder a su amor, es lo que nos purifica y nos permite estar en continua conversión.

El Evangelio de Juan 10, 11-18, nos presenta a Jesús como el buen pastor; ello no indica solamente su bondad personal, sino también su misión. Jesús se presenta como el único Pastor, genuino, auténtico, digno de fiar. Mientras que muchos se presentan con la pretensión de ser salvadores (los celotas entre otros), ninguno lleva la marca de la autenticidad. Jesús está dispuesto a llevar su misión hasta el final y así lo realiza con el don generoso de la propia vida. El Evangelista piensa también en los pastores de su Iglesia. Y para ellos escribe indicando: mirad al verdadero Pastor y sacad vuestras consecuencias.

En el Oriente, la imagen del Pastor está relacionada con los gobernantes, los dirigentes espirituales y los maestros que enseñaban al pueblo. Jesus introduce una radical novedad: su gobierno y su enseñanza se imparten y se reciben en un clima de total amistad, trato personal y apertura.

Jesús, Buen pastor, ofrece a la humanidad la posibilidad real de construir una sola gran familia en comunión interpersonal; el buen pastor es el que hace posible la unidad de la familia humana y la Iglesia aparece así ante el mundo, como el sacramento de salvación, de reconciliación y de comunión entre todos los hombres.

Fuente: Contemplar y proclamar del Padre Jose Antonio OP

Imagen: oratoriocarmelitano.blogspot.com

Enlaces recomendados:

Presentación Yo soy el buen pastor

Sed de Ser

San Jorge

Destacado

Celebración 23 de abril

¿SABES QUIÉN ERA SAN JORGE? - 23 de abril - Primeros ...

Vida de San Jorge

El nombre de Jorge viene del griego y significa: “agricultor, que trabaja en la tierra”. A pesar de la popularidad de San Jorge, se conocen muy pocos datos de él, y casi todas sus noticias se basan en leyendas y tradiciones que han pasado de boca en boca a lo largo de los siglos. Todos los historiadores y escritores de libros de santos, suelen coincidir en que fue un soldado romano, nacido en el siglo III en Capadocia (Turquía) y que falleció a principios del IV, probablemente en la ciudad de Lydda, la actual Lod de Israel. Sus padres, según la tradición, eran labradores y tenían mucho dinero. En otras versiones de la historia de San Jorge, se nos dice que su padre era militar y que por ese motivo su hijo quiso seguir sus pasos.

La leyenda del dragón

La leyenda más difundida de San Jorge es sin duda la del dragón, en la cuál se nos presenta a nuestro santo como un soldado o caballero que lucha contra un ser monstruoso (el dragón) que vivía en un lago y que tenía atemorizada a toda una población situada en Libia. Dicho animal exigía dos corderos diarios para alimentarse a fin de no aproximarse a la ciudad, ya que desprendía un hedor muy fuerte y contaminaba todo lo que estaba vivo. (Recuerda, amigo cibernauta que en aquellos tiempos no existían dentífricos!!!). Al final ocurrió que los ganaderos se quedaron casi sin ovejas y decidieron que se le entregara cada día una persona viva, que sería escogida bajo un sorteo. Un buen día, le toco la “suerte” a la hija del rey, pero, cuando el monstruo iba a comérsela, San Jorge la salvó. Es por ese motivo que en Cataluña, San Jorge (Sant Jordi) es el patrón de los enamorados. La leyenda de San Jorge fue escrita en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su célebre obra “La Leyenda dorada”.

En ella, podemos descubrir que todos estamos llamados a ser un caballero, no solamente para salvar princesas bonitas como la que se nos narra, si no para salvar a aquellas personas que tanto sufren en nuestra sociedad. El dragón simboliza el mal de nuestro mundo: pobreza, insolidaridad, hipocresía … Cabe decir, que la tradición catalana de esta leyenda del dragón, no se ambienta en el país de Libia, sino en Cataluña mismo, concretamente en la ciudad de Montblanc (Tarragona). Cada 23 de abril, en esta ciudad hacen una gran representación, como también en Alcoi (Alicante), donde se escenifica la ayuda del santo a sus ciudadanos para que no fueran atacados por los moriscos.

El cristianismo de San Jorge

Después de unos años en el ejército romano, San Jorge se da cuenta que su verdadero ejército es el de Jesucristo, reparte sus bienes entre los pobres, renuncia a su carrera militar y se enfrenta a las autoridades romanas. Es de destacar que las actas del martirio de nuestro santo se perdieron y solamente podemos saber algo de ellas a partir de la tradición popular. Por tanto, nos encontramos ante el hecho que, pese a existir históricamente un martirio de San Jorge, no se pueden tomar como históricas tales tradiciones. De todas formas, dichas narraciones son un símbolo de los ideales y de las convicciones de aquellos cristianos que lo dieron todo por su fe en Jesucristo. San Jorge sufrió el martirio en la actual ciudad de Lod (Israel) a principios del año 300 en tiempo de los emperadores Diocleciano y Maximiliano. Fue el mismo Santiago de la Vorágine que en su obra “La Leyenda dorada” difundió el martirio de San Jorge.

¿Qué nos enseña el martirio de San Jorge?

Como en tantos otros relatos populares de martirios, detrás de lo que son las inexactitudes históricas, se oculta la intuición de verdades muy profundas. Así, en el caso del martirio de San Jorge, aparece con mucha claridad, por un lado, la dimensión evangelizadora de su testimonio, y, por el otro, el ejemplo de caridad ardiente que muestra con su conducta. Joan Llopis, en el libro “San Jorge” editado por el Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, explica muy acertadamente que lo que mueve interiormente al santo a dejar su vida de soldado y dedicarse a la de predicador, es la fuerza de su fe cristiana que tiene necesidad de comunicar a los demás las convicciones propias, aunque esto le lleve finalmente a la muerte. Escribe textualmente Joan Llopis:

“El martirio es, ciertamente, un testimonio de la fe. Pero es, sobre todo, un testimonio de la caridad. La biografía popular de San Jorge se complace en destacar el hecho de la generosa distribución de los bienes a los pobres que el invicto mártir lleva a cabo antes de dedicarse a la defensa pública de la fe cristiana. Es un modo plástico de insistir en una verdad que siempre ha formado parte del núcleo esencial del mensaje cristiano: no se puede separar la fe en Dios y el amor práctico y concreto a los hermanos”.

La Cruz de San Jorge

En las estampas que se difunden sobre el santo, hay un detalle que no nos puede pasar por alto: el escudo. En él, hay una cruz roja sobre fondo blanco. En otras estampas, sale representada en el escudo del santo caballero. Esta cruz es la conocida “Cruz de San Jorge” y figura en muchas representaciones gráficas de Jesucristo resucitado, donde sale victorioso del sepulcro: “Cristus Rex”. Si hacemos un estudio del tema, podemos decir que la cruz, símbolo de derrota y de muerte, se convierte en el caso de Cristo y de sus mártires, en signo de victoria y de vida. En este caso, la cruz es signo de victoria. Hay algunos teólogos, que aprovechando que la fiesta de San Jorge cae siempre dentro del tiempo pascual, relacionan la muerte pascual del mártir con la muerte pascual de Jesús.

La Cruz de San Jorge es muy popular también en Cataluña: “La Creu de Sant Jordi”. Muchos escudos de entidades y ciudades lo llevan. Tenemos dos ejemplos claros: el escudo de la ciudad de Barcelona y el del Futbol Club Barcelona (el Barça). Incluso, la Generalitat (Gobierno de Cataluña) distingue cada año a personajes populares que han hecho algo positivo para Cataluña con la distinción de la “Creu de Sant Jordi” (Cruz de San Jorge)

Culto y tradiciones. El día del libro

El culto a San Jorge surgió poco tiempo después de su muerte, primero entre las comunidades cristianas de Oriente y después entre las de Occidente. Su popularidad era tan grande que recibió el calificativo de “gran mártir”. Muy pronto se alzan templos en su honor. Pero es curioso destacar que, en la diócesis de Girona, solamente hay una iglesia parroquial dedicada a él, la de Sant Jordi Desvalls y sólo tres ermitas o capillas situadas en Calonge, Lloret de Mar y Sant Llorenç de la Muga. En Cataluña el día de su onomástica es considerada como una auténtica fiesta, aunque caiga en día laborable. Es “El dia del libro y de la rosa”. En todas las poblaciones catalanas hay paradas con libros y rosas. Tal y como ya te he comentado en el principio, los catalanes celebran por San Jorge el día de los enamorados. El hombre regala una rosa a su persona querida, y ésta, le regala un libro. Los estudiantes son los primeros en querer “hacer el agosto”, ya que montan sus paradas para sacar así un dinerito para el viaje de fin de curso.

Cabe decir que la coincidencia del Día del Libro con la festividad de San Jorge no tiene nada que ver con el santo. El Día del Libro comenzó a celebrarse el 7 de octubre de 1926 en conmemoración del día de nacimiento de Miguel de Cervantes. La idea fue del escritor y editor valenciano, afincado en Barcelona, Vicent Clavel Andrés que la propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. El 6 de febrero de 1926, el gobierno español presidido por Miguel Primo de Rivera lo aceptó y el rey Alfonso XIII firmó el Real decreto que instituía la “Fiesta del Libro Español”. En 1930 se acordó cambiar la fecha trasladándola al 23 de abril, día de la muerte de Cervantes. Cabe decir que Miguel de Cervantes estuvo muy bien relacionado con Barcelona, ciudad de la que dedicó grandes elogios en su obra “Don Quijote de la Mancha” y en la que su protagonista visitaba una imprenta. En 1995, la UNESCO instituyó el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y del derecho de autor. Se calcula que más de 80 países del mundo celebran el Día del Libro por esta fecha, aunque Gran Bretaña e Irlanda lo festejen el 14 de marzo. Cabe recordar también que un 23 de abril de 1981, fallecía un gran escritor catalán como fue Josep Pla y que en 1616 lo haría el célebre dramaturgo inglés William Shakespeare.

Patronazgo y protección

Es el patrón de Cataluña, junto a Nuestra Señora de Montserrat. También lo es de Aragón y de los siguientes países: Georgia, Grecia, Inglaterra, Lituania, Polonia, Portugal, Rusia y Serbia. También es el patrón de los caballeros y de los “Boy Scouts”, y, en Cataluña, de los enamorados y de algunos campesinos que le imploran por sus campos de cebada. Se le invoca para bendecir una casa nueva y contra las arañas.

Oración a San Jorge

San Jorge, queremos recordarte como te recuerda la antigua tradición. Tú abandonaste los éxitos militares y distribuiste tus bienes entre los pobres. Tú abandonaste a los dioses poderosos del Imperio para seguir al Mesías crucificado. Tú abandonaste la seguridad de tu linaje para unirte a la comunidad de los cristianos. Tú diste la vida por amor al Evangelio.

San Jorge, mártir, compañero fiel de Jesús. Nos gusta recordarte en la luz de la primavera y de la Pascua; nos gusta recordarte potente en el combate contra todo dolor y toda esclavitud.

San Jorge, mártir, compañero fiel de Jesús. Ayúdanos a enamorarnos del Evangelio, ayúdanos a vivir esa fe que tú tan intensamente viviste, ayúdanos a hacer posible que todo el mundo pueda sentir la felicidad de la primavera.

Fuente: santopedia.com | El Angel de la Web

Imagen: primeroscristianos.com

Enlace recomendado:

El Arte de la Oración

San Anselmo de Canterbury (1033- 1109)

Destacado

Celebración 21 de abril

San Anselmo nació en Aosta (Italia) en 1033 de noble familia. Desde muy niño se sintió inclinado hacia la vida contemplativa. Pero su padre, Gandulfo, se opuso: no podía ver a su primogénito hecho un monje; anhelaba que siguiera sus huellas. A causa de esto, Anselmo sufrió tanto que se enfermó gravemente, pero el padre no se conmovió. Al recuperar la salud, el joven pareció consentir al deseo paterno. Se adaptó a la vida mundana, y hasta pareció bien dispuesto a las fáciles ocasiones de placeres que le proporcionaba su rango; pero en su corazón seguía intacta la antigua llamada de Dios.

En efecto, pronto abandonó la casa paterna, pasó a Francia y luego a Bec, en Normandía, en cuya famosa abadía enseñaba el célebre maestro de teología, el monje Lanfranco.

Anselmo se dedicó de lleno al estudio, siguiendo fielmente las huellas del maestro, de quien fue sucesor como abad, siendo aún muy joven. Se convirtió entonces en un eminente profesor, elocuente predicador y gran reformador de la vida monástica. Sobre todo llegó a ser un gran teólogo.

Su austeridad ascética le suscitó fuertes oposiciones, pero su amabilidad terminaba ganándose el amor y la estima hasta de los menos entusiastas. Era un genio metafísico que, con corazón e inteligencia, se acercó a los más profundos misterios cristianos: “Haz, te lo ruego, Señor—escribía—, que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia”.

Sus dos obras más conocidas son el Monologio, o modo de meditar sobre las razones de la fe, y el Proslogio, o la fe que busca la inteligencia. Es necesario, decía él, impregnar cada vez más nuestra fe de inteligencia, en espera de la visión beatífica. Sus obras filosóficas, como sus meditaciones sobre la Redención, provienen del vivo impulso del corazón y de la inteligencia. En esto, el padre de la Escolástica se asemejaba mucho a San Agustín.

Fue elevado a la dignidad de arzobispo primado de Inglaterra, con sede en Canterbury, y allí el humilde monje de Bec tuvo que luchar contra la hostilidad de Guillermo el Rojo y Enrique I. Los contrastes, al principio velados, se convirtieron en abierta lucha más tarde, a tal punto que sufrió dos destierros.

Fue a Roma no sólo para pedir que se reconocieran sus derechos, sino también para pedir que se mitigaran las sanciones decretadas contra sus adversarios, alejando así el peligro de un cisma. Esta muestra de virtud suya terminó desarmando a sus opositores. Murió en Canterbury el 21 de abril de 1109. En 1720 el Papa Clemente XI lo declaró doctor de la Iglesia.

Fuente: santopedia.com

Imagen: gnm-es.org

Enlaces recomendados:

Fraternidad Monástica Virtual

El vigor de tu empeño

III Domingo de Pascua

Destacado

7 preguntas que no podrán contestar los que dicen que ...

La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles 3,13-15.17-19. Pedro y Juan acaban de curar a un mendigo tullido de nacimiento —y, por eso excluido del templo — con el poder del «Nombre de Jesús». El episodio suscita un gran estupor entre la gente.

El apóstol Pedro a la luz de las antiguas profecías, ayuda a la gente a reconocer en Jesús al Mesías no reconocido por su pueblo; rechazado y condenado a una muerte injusta. Si embargo, la muerte no es más fuerte que la vida ni son los hombres los que conducen la historia, sino Dios que con su poder ha resucitado de entre los muertos a su siervo fiel y de este modo, las puertas de la salvación siguen abiertas para su pueblo elegido, aunque históricamente fueron los ejecutores de la muerte del Mesías. Pero nada sucede por un poder que tengan los apóstoles; sólo en el nombre de Jesús pueden realizar prodigios y, sobre todo, exhortar con autoridad al arrepentimiento y a la conversión para que sean borrados sus pecados.

La segunda lectura es de 1ª de Juan 2,1-5ª. El autor quiere salir al paso de aquellos que en su tiempo enseñaban que una vez aceptado el bautismo los creyentes eran impecables. Por eso el autor viene a decirnos: es difícil que un verdadero miembro de Cristo peque, pero, si se diera esta circunstancia, no debe perder la esperanza porque Jesús está junto al Padre intercediendo y abogando por él. Se puede vencer la tentación siempre porque Jesús y el Espíritu salen al encuentro del hombre para que pueda vencer, pero en caso contrario, Dios no abandona al hombre. Jesucristo en la cruz es la oferta de salvación que Dios hace para todo el mundo, en él se ha abierto de nuevo el camino de retorno a Dios y de la plena comunión con él. Ahora bien, no podemos hacernos la ilusión de amar a Dios —conocer en el lenguaje bíblico equivale precisamente a amar — si no guardamos sus mandamientos y no cumplimos su voluntad en las situaciones concretas de la vida. El regenerado en y por el acontecimiento pascual, puede cumplir la voluntad de Dios que son sus mandamientos y a la vez encuentra la energía que lo posibilita.

El Evangelio, pertenece a Lucas 24,35-48. Es la última aparición del resucitado y se produce después del encuentro de Jesús con los dos discípulos de Emaus.

Lo primero es el saludo: la paz, que es la síntesis de todos los bienes salvíficos. Jesús la hizo posible por la sangre de la cruz y ahora nos la da como distintivo y tarea. El evangelista recurre a expresiones como: «soy yo en persona… Dicho esto, les mostró las manos y los pies», para mostrar de la forma más plástica posible, el acontecimiento de la resurrección y que es la respuesta a la inquietante pregunta: ¿después de la muerte queda alguna esperanza? Dios responde con la realidad plena de Jesús resucitado.

Recogiendo unas palabras que atribuye al resucitado mismo, entiende que en toda la Escritura aparece esta oferta de Dios, en forma de anuncio y es el conjunto del plan de Dios el que tiene su realización

A partir de ahí, viene la misión universal, como tarea. Cristo resucitado y glorioso envía a sus apóstoles a anunciar el Evangelio. La universalidad de la misión arranca del Resucitado y es acompañada por el Resucitado. La esperanza de una vida imperecedera conquistada y ofrecida por Jesús resucitado, es para todos los hombres.

Fuente: Contemplar y Proclamar del Padre Jose Antonio OP

Imagen : pildorasdefe.net

Enlace recomendado:

El Santo Nombre

San Damián de Molokai (1840 – 89)

Destacado

Celebración 15 de abril

Su Vida

Lo han llamado “el leproso voluntario”, porque con tal de poder atender a los leprosos que estaban en total abandono, aceptó volverse leproso como ellos.

Lo beatificó el Papa Juan Pablo II en el año 1994.

El Padre Damián nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica.

De pequeño en la escuela ya gozaba haciendo como obras manuales, casitas como la de los misioneros en las selvas. Tenía ese deseo interior de ir un día a lejanas tierras a misionar.

De joven fue arrollado por una carroza, y se levantó sin ninguna herida. El médico que lo revisó exclamó: “Este muchacho tiene energías para emprender trabajos muy grandes”.

Un día siendo apenas de ocho años dispuso irse con su hermanita a vivir como ermitaños en un bosque solitario, a dedicarse a la oración. El susto de la familia fue grande cuando notó su desaparición. Afortunadamente unos campesinos los encontraron por allá y los devolvieron a casa. La mamá se preguntaba: ¿qué será lo que a este niño le espera en el futuro?

De joven tuvo que trabajar muy duro en el campo para ayudar a sus padres que eran muy pobres. Esto le dio una gran fortaleza y lo hizo práctico en muchos trabajos de construcción, de albañilería y de cultivo de tierras, lo cual le iba a ser muy útil en la isla lejana donde más tarde iba a misionar.

A los 18 años lo enviaron a Bruselas (la capital) a estudiar, pero los compañeros se le burlaban por sus modos acampesinados que tenía de hablar y de comportarse. Al principio aguantó con paciencia, pero un día, cuando las burlas llegaron a extremos, agarró por los hombros a uno de los peores burladores y con él derribó a otros cuatro. Todos rieron, pero en adelante ya le tuvieron respeto y, pronto, con su amabilidad se ganó las simpatías de sus compañeros.

Religioso. A los 20 años escribió a sus padres pidiéndoles permiso para entrar de religioso en la comunidad de los sagrados Corazones. Su hermano Jorge se burlaba de él diciéndole que era mejor ganar dinero que dedicarse a ganar almas (el tal hermano perdió la fe más tarde).

Una gracia pedida y concedida. Muchas veces se arrodillaba ante la imagen del gran misionero, San Francisco Javier y le decía al santo: “Por favor alcánzame de Dios la gracia de ser un misionero, como tú”. Y sucedió que a otro religioso de la comunidad le correspondía irse a misionar a las islas Hawai, pero se enfermó, y los superiores le pidieron a Damián que se fuera él de misionero. Eso era lo que más deseaba.

Su primera conquista. En 1863 zarpó hacia su lejana misión en el viaje se hizo sumamente amigo del capitán del barco, el cual le dijo: “yo nunca me confieso. soy mal católico, pero le digo que con usted si me confesaría”. Damián le respondió: “Todavía no soy sacerdote pero espero un día, cuando ya sea sacerdote, tener el gusto de absolverle todos sus pecados”. Años mas tarde esto se cumplirá de manera formidable.

Empieza su misión. Poco después de llegar a Honolulú, fue ordenado sacerdote y enviado a una pequeña isla de Hawai. las Primeras noches las pasó debajo de una palmera, porque no tenía casa para vivir. Casi todos los habitantes de la isla eran protestantes. Con la ayuda de unos pocos campesinos católicos construyó una capilla con techo de paja; y allí empezó a celebrar y a catequizar. Luego se dedicó con tanto cariño a todas las gentes, que los protestantes se fueron pasando casi todos al catolicismo.

Fue visitando uno a uno todos los ranchos de la isla y acabando con muchas creencias supersticiosas de esas pobres gentes y reemplazándolas por las verdaderas creencias. Llevaba medicinas y lograba la curación de numerosos enfermos. Pero había por allí unos que eran incurables: eran los leprosos.

Molokai, la isla maldita. Como en las islas Hawai había muchos leprosos, los vecinos obtuvieron del gobierno que a todo enfermo de lepra lo desterraran a la isla de Molokai. Esta isla se convirtió en un infierno de dolor sin esperanza. Los pobres enfermos, perseguidos en cacerías humanas, eran olvidados allí y dejados sin auxilios ni ayudas. Para olvidar sus penas se dedicaban los hombres al alcoholismo y los vicios y las mujeres a toda clase de supersticiones.

Enterrado vivo. Al saber estas noticias el Padre Damián le pidió al Sr. Obispo que le permitiera irse a vivir con los leprosos de Molokai. Al Monseñor le parecía casi increíble esta petición, pero le concedió el permiso, y allá se fue.

En 1873 llego a la isla de los leprosos. Antes de partir había dicho : “Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo”. Los leprosos lo recibieron con inmensa alegría. La primera noche tuvo que dormir también debajo de una palmera, porque no había habitación preparada para él. Luego se dedicó a visitar a los enfermos. Morían muchos y los demás se hallaban desesperados.

Trabajo y distracción. El Padre Damián empezó a crear fuentes de trabajo para que los leprosos estuvieran distraídos. Luego organizó una banda de música. Fue recogiendo a los enfermos mas abandonados, y él mismo los atendía como abnegado enfermero. Enseñaba reglas de higiene y poco a poco transformó la isla convirtiéndola en un sitio agradable para vivir.

Pidiendo al extranjero. Empezó a escribir al extranjero, especialmente a Alemania, y de allá le llegaban buenos donativos. Varios barcos desembarcaban alimentos en las costas, los cuales el misionero repartía de manera equitativa. Y también le enviaban medicinas, y dinero para ayudar a los más pobres. Hasta los protestantes se conmovían con sus cartas y le enviaban donativos para sus leprosos.

Confesión a larga distancia. Pero como la gente creía que la lepra era contagiosa, el gobierno prohibió al Padre Damián salir de la isla y tratar con los que pasaban por allí en los barcos. Y el sacerdote llevaba años sin poder confesarse. Entonces un día, al acercarse un barco que llevaba provisiones para los leprosos, el santo sacerdote se subió a una lancha y casi pegado al barco pidió a un sacerdote que allí viajaba, que lo confesara. Y a grito entero hizo desde allí su única y última confesión, y recibió la absolución de sus faltas.

Haciendo de todo. Como esas gentes no tenían casi dedos, ni manos, el Padre Damián les hacía él mismo el ataúd a los muertos, les cavaba la sepultura y fabricaba luego como un buen carpintero la cruz para sus tumbas. Preparaba sanas diversiones para alejar el aburrimiento, y cuando llegaban los huracanes y destruían los pobres ranchos, él en persona iba a ayudar a reconstruirlos.

Leproso para siempre. El santo para no demostrar desprecio a sus queridos leprosos, aceptaba fumar en la pipa que ellos habían usado. Los saludaba dándoles la mano. Compartía con ellos en todas las acciones del día. Y sucedió lo que tenía que suceder: que se contagió de la lepra. Y vino a saberlo de manera inesperada.

La señal fatal. Un día metió el pie en un una vasija que tenía agua sumamente caliente, y él no sintió nada. Entonces se dió cuenta de que estaba leproso. Enseguida se arrodilló ante un crucifijo y exclamó: “Señor. por amor a Ti y por la salvación de estos hijos tuyos, acepté esta terrible realidad. La enfermedad me ira carcomiendo el cuerpo, pero me alegra el pensar que cada día en que me encuentre más enfermo en la tierra, estaré más cerca de Ti para el cielo”.

La enfermedad se fue extendiendo prontamente por su cuerpo. Los enfermos comentaban: “Qué elegante era el Padre Damián cuando llegó a vivir con nosotros, y que deforme lo ha puesto la enfermedad”. Pero él añadía: “No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios”.

Sorpresa final. Poco antes de que el gran sacerdote muriera, llegó a Molokai un barco. Era el del capitán que lo había traído cuando llegó de misionero. En aquél viaje le había dicho que con el único sacerdote con el cual se confesaría sería con él. Y ahora, el capitán venía expresamente a confesarse con el Padre Damián. Desde entonces la vida de este hombre de mar cambió y mejoró notablemente. También un hombre que había escrito calumniando al santo sacerdote llegó a pedirle perdón y se convirtió al catolicismo.

Y el 15 de abril de 1889 “el leproso voluntario”, el Apóstol de los Leprosos, voló al cielo a recibir el premio tan merecido por su admirable caridad.

En 1994 el Papa Juan Pablo II, después de haber comprobado milagros obtenidos por la intercesión de este gran misionero, lo declaró beato, y patrono de los que trabajan entre los enfermos de lepra.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: monasteryicons.com

Enlaces recomendados:

Respirar el Nombre

Renacer desde lo alto

Santa Bernadette de Soubirous

Destacado

Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: “Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos” (Jn. 15).

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: “Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo”. Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Virgen y jamás decía una mentira. Un día ve unas ovejas con una mancha verde sobre la lana y pregunta al papá: ¿Por qué tienen esa mancha verde? El papá queriendo chancearse, le responde: “Es que se indigestaron por comer demasiado pasto”. La muchachita se pone a llorar y exclama: “Pobres ovejas, se van a reventar”. Y entonces el señor Soubirous le dice que era una mentirilla. Una compañera le dice: “Es necesario ser muy tonta para creer que eso que le dijo su padre era verdad”. Y Bernardita le responde: ¡Es que como yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás tampoco las decían nunca!

Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Las apariciones las podemos leer en detalle en el día 11 de febrero. Nuestra Señora le dijo: “No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra”. Y así sucedió. La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo.

Las gentes le llevaban dinero, después de que supieron que la Virgen Santísima se le había aparecido, pero ella jamás quiso recibir nada. Nuestra Señora le había contado tres secretos, que ella jamás quiso contar a nadie. Probablemente uno de estos secretos era que no debería recibir dineros ni regalos de nadie y el otro, que no hiciera nunca nada que atrajera hacia ella las miradas. Por eso se conservó siempre muy pobre y apartada de toda exhibición. Ella no era hermosa, pero después de las apariciones, sus ojos tenían un brillo que admiraba a todos.

Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. “Vaya “, le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.

Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo: ¿Es que la confundieron con una ternera? Y la niña le respondió: ¿Señor alcalde, a usted si le sirven lechugas en el almuerzo? “Claro que sí” ¿Y es que lo confunden con un ternero? Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.

Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. Demoraron en admitirla porque su salud era muy débil. Pero al fin la admitieron. A los 4 meses de estar en la comunidad estuvo a punto de morir por un ataque de asma, y le recibieron sus votos religiosos, pero enseguida curó.

En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Cuando le llegaban los más terribles ataques exclamaba: “Lo que le pido a Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Sma. Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores”.

Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.

Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: “No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra”.

Duró quince años de religiosa. Los primeros 6 años estuvo trabajando, pero fue tratada con mucha indiferencia por las superioras. Después los otros 9 años padeció noche y día de dos terribles enfermedades: el asma y la tuberculosis. Cuando llegaba el invierno, con un frío de varios grados bajo cero, se ahogaba continuamente y su vida era un continuo sufrir.

Deseaba mucho volver a Lourdes, pero desde el día en que fue a visitar la Gruta por última vez para irse de religiosa, jamás volvió por allí. Ella repetía: “Ah quién pudiera ir hasta allá, sin ser vista. Cuando se ha visto una vez a la Sma. Virgen, se estaría dispuesto a cualquier sacrificio con tal de volverla a ver. Tan bella es”.

Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.

Cuando ya le faltaba poco para morir, llegó un obispo a visitarla y le dijo que iba camino de Roma, que le escribiera una carta al Santo Padre para que le enviara una bendición, y que él la llevaría personalmente. Bernardita, con mano temblorosa, escribe: “Santo Padre, qué atrevimiento, que yo una pobre hermanita le escriba al Sumo Pontífice. Pero el Sr. Obispo me ha mandado que lo haga. Le pido una bendición especial para esta pobre enferma”. A vuelta del viaje el Sr. Obispo le trajo una bendición especialísima del Papa y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo el Santo Padre.

El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: “Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!” Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: “Ruega Señora por esta pobre pecadora”, y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

A los funerales de Bernardita asistió una muchedumbre inmensa. Y ella empezó a conseguir milagros de Dios en favor de los que le pedían su ayuda. Y el 8 de diciembre de 1933, el Santo Padre Pío Once la declaró santa.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: adf.org.br

Enlaces recomendados:

El recuerdo de Sí

Lugar de libertad

Santa María Faustina Kowalska

Destacado

Domingo de la Divina Misericordia

Domingo de la Divina Misericordia. 11 de abril: aproveche...

La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el primer Domingo después del Domingo de Pascua.

Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Antecedentes

Una devoción especial se comenzó a esparcir por el mundo entero a partir del diario de una joven monja polaca en 1930. El mensaje no es nada nuevo, pero nos recuerda lo que la Iglesia siempre ha enseñado por medio de las Sagradas Escrituras y la tradición: que Dios es misericordioso y que perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y debemos perdonar. Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje toma un enfoque poderoso que llama a las personas a un entendimiento más profundo sobre el Amor ilimitado de Dios y la disponibilidad de este Amor a todos – especialmente a los más pecadores. El mensaje y la devoción a Jesús como la Divina Misericordia esta basada en los escritos de la Santa María Faustina Kowalska, una monja polaca sin educación básica que, en obediencia a su director espiritual, escribió un diario de alrededor de 600 páginas que relatan las revelaciones que ella recibió sobre la Misericordia de Dios. Aún antes de su muerte en 1938 se comenzó a esparcir la devoción a la Divina Misericordia.

El mensaje de Misericordia es que Dios nos Ama – a todos- no importa cuan grande sean nuestras faltas. Él quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. De tal manera de que todos participemos de Su Gozo. Es un mensaje que podemos recordar tan fácilmente como un ABC.

A — Pide su Misericordia. Dios quiere que nos acerquemos a Él por medio de la oración constante, arrepentidos de nuestros pecados y pidiéndole que derrame Su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero
B — Sé misericordioso – Dios quiere que recibamos Su Misericordia y que por medio de nosotros se derrame sobre los demás
C — Confía completamente en Jesús – Dios nos deja saber que las gracias de su Misericordia dependen de nuestra confianza. Mientras más confiemos en Jesús, más recibiremos.

La Devoción a la Divina Misericordia

Tener devoción a la Divina Misericordia requiere de una total entrega a Dios como Misericordia. Es una decisión que comprende en confiar completamente en Él, en aceptar su Misericordia con acción de gracias y de ser misericordioso como Él es Misericordioso.

Las prácticas devocionales propuestas en el diario de la Santa Faustina están en completo acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y su raíz están firmemente en los Mensajes de los Evangelios de nuestro Señor Misericordioso. Estos propiamente comprendidos e implementados nos ayudan a crecer como genuinos seguidores de Cristo.

Corazón Misericordioso

Existen dos versos de las Escrituras que debemos tener en cuenta mientras nos involucramos en estas prácticas devocionales.

1. “Ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me han honrado con sus labios mientras que si corazón está lejos de mí.” (Is 29:13);

2. Bienaventurados los misericordiosos por que ellos alcanzarán misericordia ” (Mt 5:7). Es irónico y hasta espantoso el hecho de que la mayoría de las personas religiosas de los tiempos de Cristo (personas que eran practicantes de su religión y que ansiosamente esperaban la venida del Mesías) no fueron capaces de reconocerlo cuando Él vino.

Los fariseos, a los que Cristo les hablaba en la primera cita del evangelio mencionada anteriormente, eran muy devotos a las oraciones, reglas y rituales de su religión, pero al pasar de los años, estas prácticas externas eran tan importantes por ellas mismas que su verdadero significado se había perdido. Los fariseos efectuaban todos los sacrificios requeridos, decían las oraciones correctas, ayunaban con frecuencia y hablaban constantemente sobre Dios, pero nada de esto había tocado sus corazones. Como resultado no tenían ninguna relación con Dios, ellos no estaban viviendo de la forma que Él quería y no estaban preparados para la venida de Cristo.

Cuando miramos a la imagen de nuestro Salvador Misericordioso, o dejamos lo que estamos haciendo a las tres de la tarde, o rezamos la coronilla de la Divina Misericordia – son estas cosas que nos están llevando más cerca a la verdadera vida sacramental de la Iglesia y dejamos que Cristo transforma nuestros corazones? ¿O solo se han convertido en hábitos religiosos? ¿En nuestras vidas diarias estamos convirtiéndonos más y más en personas de Misericordia? ¿O sólo estamos honrando la Misericordia de Dios con los labios? Viviendo el mensaje de la Misericordia Las prácticas devocionales reveladas a la Santa Faustina nos fueron dadas como “instrumentos de misericordia” por medio de los cuales el amor de Dios es derramado sobre todo el mundo, pero no son suficientes por sí solas. No es suficiente que nosotros colguemos la imagen de la Divina Misericordia en nuestros hogares, que recemos la Coronilla todos los días a las 3 de la tarde, y recibamos la Comunión el domingo después de la pascua. Nosotros debemos mostrarnos misericordiosos con nuestro prójimo. ¡Poner la Misericordia en acción no es una opción de la devoción a la Divina Misericordia sino un requisito!

Nuestro Señor le habla estrictamente de esto a Santa Faustina:

Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. (Diario 742).

Así como lo mandan los evangelios “Sean Misericordiosos así como su Padre en el Cielo es Misericordioso, ” piden que seamos misericordiosos con nuestro prójimo “siempre y en todo lugar” parece imposible de cumplir pero el Señor asegura que es posible. ” Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas. ” (Diario 1074)

¿Cómo irradiamos la Misericordia de Dios a nuestro prójimo?

Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones. “En estas tres formas” Él le dice a Sor Faustina ” está contenida la plenitud de la misericordia” (Diario 742) Todos hemos sido llamados a practicar estas tres formas de misericordia, pero no todos somos llamados de la misma manera. Tenemos que preguntarle al Señor, quien comprende nuestras personalidades individuales y nuestra situación, que nos ayude a reconocer las diversas formas con que podemos poner en práctica Su Misericordia en nuestras vidas diarias.

Pidiendo la Misericordia de nuestro Señor, confiando en su Misericordia, y viviendo como personas misericordiosas nos podemos asegurar que nunca escucharemos decir “Sus corazones están lejos de mí” sino más bien la hermosa promesa de ” Bienaventurados los misericordiosos, ya que ellos obtendrán Misericordia”.
Fuente: ewtn.com

Fuente: catholic.net

Imagen: hispanidad.com

PRESENTACIÓN SEGUNDO DOMINGO PASCUAL ¡Señor mío y Dios mío!

Enlaces recomendados:

Orad sin cesar – Prácticas hasta Pestencontés

En la noche luce la estrella

San Juan Bautista de la Salle

Destacado

Patrono de los educadores

Celebración 7 de de abril


Juan Bautista de La Salle vivió en un mundo totalmente diferente del nuestro. Era el primogénito de una familia acomodada que vivió en Francia hace 300 años. Juan Bautista de La Salle nació en Reims, recibió la tonsura a la edad de 11 años y fue nombrado canónigo de la Catedral de Reims a los 16. Cuando murieron sus padres tuvo que encargarse de la administración de los bienes de la familia. Pero, terminados sus estudios de teología, fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1678. Dos años más tarde, obtuvo el título de doctor en teología. En ese período de su vida, intentó comprometerse con un grupo de jóvenes rudos y poco instruídos, a fin de fundar escuelas para niños pobres.


En aquella época, sólo algunas personas vivían con lujo, mientras la gran mayoría vivía en condiciones de extrema pobreza: los campesinos en las aldeas y los trabajadores miserables en las ciudades. Sólo un número reducido podía enviar a sus hijos a la escuela. La mayoría de los niños tenían pocas posibilidades de futuro. Conmovido por la situación de estos pobres que parecían “tan alejados de la salvación” en una u otra situación, tomó la decisión de poner todos sus talentos al servicio de esos niños, “a menudo abandonados a sí mismos y sin educación”. Para ser más eficaz, abandonó su casa familiar y se fue a vivir con los maestros, renunció a su canonjía y su fortuna y a continuación, organizó la comunidad que hoy llamamos Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Su empresa se encontró con la oposición de las autoridades eclesiásticas que no deseaban la creación de una nueva forma de vida religiosa, una comunidad de laicos consagrados ocupándose de las escuelas “juntos y por asociación”. Los estamentos educativos de aquel tiempo quedaron perturbados por sus métodos innovadores y su absoluto deseo de gratuidad para todos, totalmente indiferente al hecho de saber si los padres podían pagar o no. A pesar de todo, De La Salle y sus Hermanos lograron con éxito crear una red de escuelas de calidad, caracterizada por el uso de la lengua vernácula, los grupos de alumnos reunidos por niveles y resultados, la formación religiosa basada en temas originales, preparada por maestros con una vocación religiosa y misionera a la vez y por la implicación de los padres en la educación. Además, de La Salle fue innovador al proponer programas para la formación de maestros seglares, cursos dominicales para jóvenes trabajadores y una de las primeras instituciones para la reinserción de “delincuentes”. Extenuado por una vida cargada de austeridades y trabajos, falleció en San Yon, cerca de Rouen, en 1719, sólo unas semanas antes de cumplir 68 años.


Juan Bautista de La Salle fue el primero que organizó centros de formación de maestros, escuelas de aprendizaje para delincuentes, escuelas técnicas, escuelas secundarias de idiomas modernos, artes y ciencias. Su obra se extendió rapidísimamente en Francia, y después de su muerte, por todo el mundo. En 1900, Juan Bautista de La Salle fue declarado Santo. En 1950, a causa de su vida y sus escritos inspirados, recibió el título de Santo Patrono de los que trabajan en el ámbito de la educación. Juan Bautista mostró cómo se debe enseñar y tratar a los jóvenes, cómo enfrentarse a las deficiencias y debilidades con compasión, cómo ayudar, curar y fortalecer. Hoy, las escuelas lasalianas existen en 85 países del mundo.

Fuente: lasalle.org | es.catholic.net

Imagen: hablemosdereligion.com

Enlaces recomendados:

Orar sin cesar

Desierto y mirada purificada


Domingo de Resurrección

Destacado

Hermanas y hermanos: ¡Cristo ha resucitado!

La primera lectura de este domingo, es de los Hechos de los Apóstoles 10, 34ª.37-43. Corresponde al encuentro de Pedro con el Centurión romano y pagano Cornelio de Cesarea. Es el primer anuncio del Evangelio a los paganos y primicia de una fecunda evangelización en el futuro, pues Jesús ha derribado todas las fronteras con su muerte y resurrección, pero no fue fácil. El Evangelio comenzaba una nueva aventura: llegar a todo el mundo y es que en la muerte y en la resurrección de Jesús, Dios ha dicho su última palabra en favor de los hombres.

Jesus, resucitado del que los apóstoles son testigos fieles y seguros, pues recibieron una experiencia interior personal y comunitaria, acompañada de una luz reveladora infalible, que les llevó a la convicción de que Jesús estaba vivo, anuncian esta gran verdad y desde entonces nuestra fe en Jesús pasa por el testimonio apostólico y nuestra fe es apostólica. Es una fe cierta y segura, aunque durante nuestra peregrinación en este mundo sigue siendo claroscura, pero siempre con la certeza de que estamos ante la maravilla de las maravillas de Dios y convencidos de que es posible la fraternidad entre todos los pueblos a través de Cristo resucitado y del Espíritu.

La segunda lectura es de Colosenses 3,1-4. Nos recuerda que por el bautismo nos hemos identificado con el Cristo Glorioso, en consecuencia, hemos de dirigir la mirada hacia donde está Cristo, que es la meta hacia la que nos dirigimos, la cual, no solo da sentido, sino que desvela el misterio del sufrimiento y de la muerte. El tiempo de espera es tiempo de lucha y dificultades; es el tiempo de la Iglesia, el tiempo del Cristo glorioso escondido, pero también de la certeza en su manifestación plena, para estar plenamente con él, una vez resucitados.

El Evangelio es de Jn 20,1-9. En él se nos recuerdan dos realidades complementarias: el sepulcro vacío y las apariciones. Solo el sepulcro vacío no podía garantizar la seguridad de nuestro destino hacia la vida. Esa es la manera de explicar que estamos ante un hecho singular y único. Los especialistas dirán que estamos ante un acontecimiento, trascendente, metahístórico y escatológico. La manera de decir esto para un semita es afirmar, que el sepulcro está vacío. Todo el conjunto de la narración con sus detalles, como el sudario, subraya el realismo de la resurrección, pero la fuerza de convicción está en la revelación de Dios y esta convicción, se apoya en la Escritura: «…Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mi» (Lc 24, 44-45). Las Escrituras, son la expresión literaria del proyecto de Dios que se cumple a pesar de todas las resistencias. Y lo ha cumplido devolviendo la vida a su Hijo hecho hombre y en comunión con él a todos los hombres. Jesus resucitado nos muestra la solución al enigma de la muerte y es a través de los signos y de la Escritura (especialmente la Eucaristía) como nos encontramos con el Señor resucitado.

Fuente: Blog del Padre Jose Antonio OP (Contemplar y Proclamar)

Imagen: todapuraeresmaria.blogspot.com

Enlaces recomendados:

Presentación ¡Resucitó. Vuelve a la Vida!

La muerte no es lo que parece

Viernes Santo

Destacado

La pasión y muerte de Jesúscristo

Cuando el Apóstol Felipe dijo a Jesús: «Señor, muéstranos al Padre», él respondió: «Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me conoces…? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre». Esta noche, mientras acompañamos en nuestro corazón a Jesús, que camina bajo el peso de la cruz, no nos olvidemos de estas palabras suyas. También cuando lleva la cruz y cuando muere en ella, Jesús sigue siendo el Hijo de Dios Padre, una misma cosa con él. Mirando su rostro desfigurado por los golpes, la fatiga, el sufrimiento interior, vemos el rostro del Padre. Más aún, precisamente en ese momento, la gloria de Dios, su luz demasiado fuerte para el ojo humano, se hace más visible en el rostro de Jesús. Aquí, en ese pobre ser que Pilato ha mostrado a los judíos, esperando despertar en ellos piedad, con las palabras «Aquí lo tenéis» (Jn 19, 5), se manifiesta la verdadera grandeza de Dios, la grandeza misteriosa que ningún hombre podía imaginar.

En Jesús crucificado se revela además otra grandeza, la nuestra, la grandeza que pertenece a todo hombre por el hecho mismo de tener un rostro y un corazón humano. Escribe san Antonio de Padua: «Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú te mires en la cruz como en un espejo… Si te miras en él, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad… y tu valor… En ningún otro lugar el hombre puede darse mejor cuenta de cuánto vale, que mirándose en el espejo de la cruz» (Sermones Dominicales et Festivi III, pp. 213-214). Sí, Jesús, el Hijo de Dios, ha muerto por ti, por mí, por cada uno de nosotros, y de este modo nos ha dado la prueba concreta de cuán grandes y cuán valiosos somos a los ojos de Dios, los únicos ojos que, superando todas las apariencias, son capaces de ver en profundidad la realidad de las cosas.

Al participar en el Via Crucis, pidamos a Dios que nos dé también a nosotros esa mirada suya de verdad y de amor para que, unidos a él, seamos libres y buenos.

Leer aquí el texto completo

Fuente: es.zenit.org

Imagen: flickr.com

Enlaces recomendados:

Viernes Santo – Blog Padre Jose Antonio OP

Vigilia Pascual

Cena pascual

Destacado

Jueves Santo

La última cena fue una cena pascual

La última cena de Jesús con los discípulos supone todo el ceremonial de la cena pascual judía, que a su vez supera y llena de un nuevo contenido. En el relato de Mc 14,18-21.22 (cfr Mt 26,21-25.26), se indica que Jesús partió el pan en el transcurso de la comida. La cena pascual era la única comida familiar del año en la que precedía un plato (Mc 14,20) a la fracción del pan. Jesús y sus discípulos bebieron vino en la última cena (Mc 14,23.25 par) lo cual era propio de algunas celebraciones solemnes como la fiesta de Pascua.

Gestos de Jesús en esa noche

La comunidad Pascual. Jesús se reúne con los apóstoles formando una comunidad o grupo pascual. Este gesto ilumina la celebración-memorial que durante los siglos sigue realizando la Iglesia cuando celebra el sacramento pascual en cualquier tiempo o lugar.

Lavatorio de los pies (Jn 13) Es más que un gesto de humildad y servicio. Es un signo que anticipa de alguna manera el acontecimiento de la cruz como expresión del don de la vida de Jesús por la humanidad. Por la reacción de Pedro, expresada en las palabras tú no me lavarás los pies jamás, nos percatamos de la novedad del gesto, de lo incomprensible del mismo para Pedro. Incluso en cierto sentido le resultaba desconcertante y escandaloso. Todo esto nos permite alcanzar su sentido: estar siempre dispuestos al don de la vida por los demás.

Institución de la Eucaristía. Jesús toma un pan en sus manos y realiza un gesto inesperado y sorprendente para los discípulos. Eso que tiene en las manos, será él mismo en cuanto que se entrega a la muerte por la humanidad. Y lo mismo hace con la copa. Este gesto desborda el ceremonial judío en cuanto al sentido del pan y de la copa. Es el gesto más importante de los realizados por Jesús en esta noche. Con él establece el marco que ha de llenarse con el acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección.

Jesús decide no comer ni beber aquella noche. Estamos tan acostumbrados a pensar que Jesús comió y bebió, que también nos sorprende a nosotros, como también sorprendió a los apóstoles. Esta decisión está relacionada íntimamente con la misión de Jesús. Israel corre el peligro de cerrarse a la revelación de Dios en Jesús y de rechazar a su Mesías verdadero y, con ello, anular el sentido histórico de su misión. Pronto, Dios va a intervenir definitivamente en la historia, luego es necesario abrirse a su oferta. Este es el sentido auténtico del ayuno pascual de Jesús.

Palabras de Jesús en la última cena

En toda celebración pascual hay una hagadá (homilía-explicación) en la que se recordaban los motivos por los que se celebraban la fiesta y se instruía a todos. Jesús también realizó su propia hagadá pascual. El punto de referencia es Jn 13-17. En el las palabras de Jesús tratan de descubrir el sentido de todo lo que sucedió en el Cenáculo y los acontecimientos posteriores.Revelación del Padre (Jn 14, 1-14 y 21-24): «El que me ve a mi ve al Padre…» En el clima de la última cena, Jesús quiso revelarnos definitivamente al Padre que nos ama y que ama a todos los hombres, porque por ellos envió a su propio Hijo.

Revelación del Espíritu Santo (Jn 14, 16-17; 14,26; 15,26-27; 16,7-11; 16,12-15.

El Paracletós-Espíritu Santo será enviado, como un don por el Padre a petición y ruegos de Jesús. Estará con la comunidad de los discípulos para garantizar la comunión y habitar en cada uno de sus miembros. Vendrá a enseñar, es decir, a interiorizar las palabras de Jesús. Será también testigo y acompañará el testimonio de los discípulos hasta el martirio, si fuera necesario.

Revelación de la realidad de la Iglesia. Fundamentalmente Jesus nos revela tres aspectos:

La Iglesia en sí misma. Es como una cepa (Jesús) y sus sarmientos (discípulos) : una realidad viva de la que Él es el centro vitalizador y de cohesión. En este marco se encuadra el mandamiento del amor fraterno. EL pensamiento central es que este amor es causa de la unidad, signo ante el mundo y empuje a dar la vida por el otro si fuera necesario.

La Iglesia frente al mundo. Correrá la misma suerte que la que recorrió él. Será perseguida hasta el martirio. Para cumplir esta misión recibe el don del Espíritu.

La Iglesia es una comunidad viva unida y enviada en misión. Es necesario permanecer unidos en la revelación del Nombre del Padre, en la participación de la Gloria y en la escucha de la Palabra, traducida en el amor fraterno, para que el mundo crea y conozca que Jesús es el verdadero enviado del Padre y el único Salvador de la humanidad.

Fuente: Homilía del Padre Jose Antonio OP del Blog Contemplar y Proclamar

Imagen: sevilla.abc.es

Enlaces recomendados:

Conciencia de Cristo

Corazón de Dios

San Alejandro de Capadocia (s.II – 251 d. C.

Destacado

Celebración 27 de marzo

San Alejandro de Capadocia,  fue un mártir y santo cristiano venerado en la Iglesia ortodoxa y católica, que fue ejecutado durante las persecuciones del emperador romano Decio. Nació a finales del siglo II en la ciudad turca de Capadocia.

Se le considera el primer obispo de Capadocia. Fue detenido y hecho prisionero durante el mandato del emperador Alejandro Severo. Posteriormente se le puso en libertad y se dirigió a Jerusalén. Allí recibió el cargo de coadjutor del obispo de Jerusalén San Narciso, del que se dice que tenía 116 años de edad. Este no gozaba de buena salud y le pidió a Alejandro que le asistiera en el gobierno de su sede. Su nombramiento contó con el visto bueno de los obispos de Palestina. https://www.youtube.com/embed/7Z_ja6JuL0s

Su gobierno estuvo en vuelto en una polémica por permitir que Orígenes (considerado padre de la Iglesia oriental), entonces laico, pudiera hablar en las iglesias. El coadjunto salvó la situación extendiendo permisos de la misma naturaleza en otros lugares.

Su logro más destacado fue la creación de la biblioteca de Jerusalén. Años más tarde, siendo ya anciano, volvió a ser retenido por las autoridades junto con otros obispos. Cuentan los textos que “la gloria de sus blancos cabellos y su gran santidad formaban una doble corona para él en su cautividad”.

Consiguió sobrevivir a numerosas torturas, incluso cuando soltaron en las arenas del coliseo a un gran número de bestias para que lo devorasen. Estas reaccionaron lamiéndole los pies y recostándose sobre la arena. Murió en prisión agotado por su sufrimiento en el año 251.

Fuente: elespanol.com

Imagen: hagiopedia.blogspot.com

Enlaces recomendados:

El Santo Nombre

Domingo de Ramos – Homília del Padre José

San José

Destacado

En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.

San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un “tekton”. La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”, “el carpintero” (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22).

Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el “Santo del silencio”.

Su santidad se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un “escogido” de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No es que haya sido uno de esos seres que no pronunciaban palabra, fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “sean pocas tus palabras”. Es decir, su vida sencilla y humilde se entrecruzaban con su silencio integral, que no significa mero mutismo, sino el mantener todo su ser encauzado a cumplir el Plan de Dios. San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.

Vida Virtuosa

Su libre cooperación con la gracia divina hizo posible que su respuesta sea total y eficaz. Dios le dio la gracia especial según su particular vocación y, al mismo tiempo, la misión divina excepcional que Dios le confió requirió de una santidad proporcionada.

Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: “Brillan en él, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos.”

San José es también modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha instituido la fiesta de S. José Obrero, celebrada el 1 de mayo, presentándole como modelo sublime de los trabajadores manuales.

Alegría y Dolor

Desde su unión matrimonial con María, San José supo vivir con esperanza en Dios la alegría-dolor fruto de los sucesos de la vida diaria.

En Belén tuvo que sufrir con la Virgen la carencia de albergue hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació el Jesús, Hijo de Dios. El atendía a los dos como si fuese el verdadero padre. Cuál sería su estado de admiración a la llegada de los pastores, los ángeles y más tarde los magos de Oriente. Referente a la Presentación de Jesús en el Templo, San Lucas nos dice: “Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él”. Lc 2,33).

Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes el tirano, lleno de envidia y obsesionado con su poder, quiso matar al niño. San José escuchó el mensaje de Dios transmitido por un ángel: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle” (Mt 2,13). San José obedeció y tomo responsabilidad por la familia que Dios le había confiado.

San José tuvo que vivir unos años con la Virgen y el Niño en el exilio de Egipto.

Esto representaba dificultades muy grandes: la Sagrada familia, siendo extranjera, no hablaba el idioma, no tenían el apoyo de familiares o amigos, serían víctimas de prejuicios, dificultades para encontrar empleo y la consecuente pobreza. San José aceptó todo eso por amor sin exigir nada, siendo modelo ejemplar de esa amorosa obediencia que como hijo debe a su Padre en el cielo.

Lo más probable es que San José haya muerto antes del comienzo de la vida pública de Jesús ya que no estaba presente en las bodas de Canaá ni se habla más de él. De estar vivo, San José hubiese estado sin duda al pie de la Cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a San Juan da también a entender que ya San José estaba muerto.

Según San Epifanius, San José murió en sus 90 años y el Venerable Beda dice que fue enterrado en el Valle de Josafat.

Patrono de la Iglesia Universal

El Papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones que recibió de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I, declaró y constituyó a San José Patrono Universal de la Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.

¿Qué guardián o que patrón va darle Dios a su Iglesia? pues el que fue el protector del Niño Jesús y de María.

Cuando Dios decidió fundar la familia divina en la tierra, eligió a San José para que sea el protector y custodio de su Hijo; para cuando se quiso que esta familia continuase en el mundo, esto es, de fundar, de extender y de conservar la Iglesia, a San José se le encomienda el mismo oficio. Un corazón que es capaz de amar a Dios como a hijo y a la Madre de Dios como a esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es cabeza y María es Madre.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: oracionesasantosmilagrosos.blogspot.com

Enlaces recomendados:

Tu vida es oración

Oración del corazón

Santa Matilda, la reina (895 – 968)

Destacado

História de Santa Matilde - Santos e Ícones Católicos ...

14 Marzo

Matilde era descendiente del célebre Widukind, capitán de los sajones en su larga lucha contra Carlomagno, como hija de Dietrich, conde de Westfalia y de Reinhild, vástago de la real casa de Dinamarca. Cuando la niña nació en el año 895, fue confiada al cuidado de su abuela paterna, la abadesa del convento de Erfut. Allí, sin apartarse mucho de su hogar, Matilde se educó y creció hasta convertirse en una jovencita que sobrepasaba a sus compañeras en belleza, piedad y ciencia, según se dice.

Muy joven se casó con Enrique, duque de Sajonia (Alemania). Su matrimonio fue excepcionalmente feliz. Sus hijos fueron: Otón primero, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; San Bruno, Arzobispo de Baviera; Gernerga, esposa de un gobernante; y Eduvigis, madre del famoso rey francés, Hugo Capeto.

Su esposo Enrique obtuvo resonantes triunfos en la lucha por defender su patria, Alemania, de las invasiones de feroces extranjeros. Y él atribuía gran parte de sus victorias a las oraciones de su santa esposa Matilde.

Enrique fue nombrado rey, y Matilde al convertirse en reina no dejó sus modos humildes y piadosos de vivir. En el palacio real más parecía una buena mamá que una reina, y en su piedad se asemejaba más a una religiosa que a una mujer de mundo. Ninguno de los que acudían a ella en busca de ayuda se iba sin ser atendido.

Era extraordinariamente generosa en repartir limosnas a los pobres. Su esposo casi nunca le pedía cuentas de los gastos que ella hacía, porque estaba convencido de que todo lo repartía a los más necesitados. Tampoco se disgustaba por las frecuentes prácticas de piedad a que ella se dedicaba, la veía tan bondadosa y tan fiel que estaba convencido de que Dios estaba contento de su santo comportamiento.

Después de 23 años de matrimonio quedó viuda, al morir su esposo Enrique. Cuando supo la noticia de que él había muerto repentinamente de un derrame cerebral, ella estaba en el templo orando. Inmediatamente se arrodilló ante el Santísimo Sacramento y ofreció a Dios su inmensa pena y mandó llamar a un sacerdote para que celebrara una misa por el descanso eterno del difunto. Terminada la misa, se quitó todas sus joyas y las dejó como un obsequio ante el altar, ofreciendo a Dios el sacrificio de no volver a emplear joyas nunca más.

Su hijo Otón primero fue elegido emperador, pero el otro hermano Enrique, deseaba también ser jefe y se declaró en revolución. Otón creyó que Matilde estaba de parte de Enrique y la expulsó del palacio. Ella se fue a un convento a orar para que sus dos hijos hicieran las paces. Y lo consiguió. Enrique fue nombrado Duque de Baviera y firmó la paz con Otón. Pero entonces a los dos se les ocurrió que todo ese dinero que Matilde afirmaba que había gastado en los pobres, lo tenía guardado. Y la sometieron a pesquisas humillantes. Pero no lograron encontrar ningún dinero. Ella decía con humor: “Es verdad que se unieron contra mí, pero por lo menos se unieron”.

Y sucedió que a Enrique y a Otón empezó a irles muy mal y comenzaron a sucederles cosas muy desagradables. Entonces se dieron cuenta de que su gran error había sido tratar tan mal a su santa madre. Y fueron y le pidieron humildemente perdón y la llevaron otra vez a palacio y le concedieron amplia libertad para que siguiera repartiendo limosnas a cuantos le pidieran.

Ella los perdonó gustosamente. Y le avisó a Enrique que se preparara a bien morir porque le quedaba poco tiempo de vida. Y así le sucedió.

Otón adquirió tan grande veneración y tan plena confianza con su santa madre, que cuando se fue a Roma a que el Sumo Pontífice lo coronara emperador, la dejó a ella encargada del gobierno de Alemania.

Sus últimos años los pasó Matilde dedicada a fundar conventos y a repartir limosnas a los pobres. Otón, que al principio la criticaba diciendo que era demasiado repartidora de limosnas, después al darse cuenta de la gran cantidad de bendiciones que se conseguían con las limosnas, le dio amplia libertad para dar sin medida. Dios devolvía siempre cien veces más.

Cuando Matilde cumplió sus 70 años se dispuso a pasar a la eternidad y repartió entre los más necesitados todo lo que tenía en sus habitaciones, y rodeada de sus hijos y de sus nietos, murió santamente el 14 de marzo del año 968

Fuente: aciprensa.com | corazones.org

Imagen: iglesia.info

Enlaces recomendados:

4º Domingo de Cuaresma – Homilía Padre José

Memorias del desierto

San Juan de Dios (1495 – 1550)

Destacado

Celebración 8 de marzo

San Juan de Dios (Montemor-o-Novo 8 de marzo de 1495 – Granada 8 de marzo de 1550) es el fundador de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Su nombre de pila era João Cidade Duarte (Juan Ciudad Duarte en español).

Cuando aún no contaba con doce años, se establece en Oropesa, (Toledo) (España), en la casa de Francisco Cid Mayoral, al cual le servía como pastor. A la edad de 27 años, (1523) se alistó en las tropas de un capitán de infantería llamado Juan Ferruz, al servicio del Emperador Carlos I, en la defensa de Fuenterrabía, contra de las tropas francesas. Fue para él una dura experiencia, siendo expulsado por negligencia en el cuidado de las ganancias de su compañía (se salvo en el último momento de ser ahorcado).

A pesar de ello, volvió a combatir en las tropas del conde de Oropesa en 1532, en el auxilio de Carlos V a Viena, sitiada por los turcos de Soliman I.Al desembarcar en España por la costa gallega, siente la necesidad de entrar en Portugal y reencontrarse con sus orígenes. Pero este deseo se ve seriamente frustrado: sus padres han muerto; tan sólo queda su tío. De allí pasa a Andalucía y estando de paso en Gibraltar decide embarcar para África.

En su mismo barco, encuentra al caballero Almeyda, su mujer y sus cuatro hijas que habían sido desterrados por el rey de Portugal enviándolos a Ceuta.

El padre le contrata como sirviente, pero pronto cayeron todos enfermos, gastando la poca fortuna que traían, viéndose en la necesidad de pedir socorro a Juan de Dios.

Este, mostrando ya la enorme caridad que le convertiría en santo, se pone a trabajar en la reconstrucción de las murallas de la ciudad, permitiendo que de su salario comiesen todos.

Más tarde, pasa a Gibraltar, donde se hace vendedor ambulante de libros y estampas. De ahí se traslada definitivamente a Granada, en 1538, y abre una pequeña librería en la Puerta Elvira. Sería en esta librería donde comienza su contacto con los libros de tipo religioso.

El 20 de enero de 1539 se produce un hecho trascendental. Mientras escuchaba el sermón predicado por San Juan de Ávila en la Ermita de los Mártires, tiene lugar su conversión.

Las palabras de Juan de Ávila producen en él una conmoción tal, que le lleva a destruir los libros que vendía, vaga desnudo por la ciudad, los niños lo apedrean y todos se mofan de él.

Su comportamiento es el de un loco y, como tal, es encerrado en el Hospital Real. Allí trata con los enfermos y mendigos y va ordenando sus ideas y su espíritu mediante la reflexión profunda.

Juan de Ávila dirige su joven e impaciente espíritu y lo manda peregrinar al santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura. Allí madura su propósito y a los pies de la Virgen promete entregarse a los pobres, enfermos y a todos los desfavorecidos del mundo.

Juan vuelve a Granada en otoño de ese mismo año, lleno de entusiasmo y humanidad. Los recursos con los que cuenta son su propio esfuerzo y la generosidad de la gente. En un principio Juan utiliza las casas de sus bienhechores para acoger a los enfermos y desfavorecidos de la ciudad.

Pero pronto tuvo que alquilar una casa, en la calle Lucena, donde monta su primer hospital. Pronto crece su fama por Granada, y el obispo le pone el nombre de Juan de Dios.

En los siguientes diez años crece su obra y abre otro hospital en la Cuesta de Gomérez.

Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida a todos aquellos pobres.

Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.

Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien, y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había convertido y había logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.

Al llegar a la casa de la rica señora, exclamó Juan: “OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador”. Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.

Es un innovador de la asistencia hospitalaria de su época. Sus obras se multiplican y crece el número de sus discípulos -entre los cuales destaca Antón Martín, creador del Hospital de la Orden en Madrid llamado de Nuestra Señora del Amor de Dios- y se sientan las bases de su obra a través del tiempo.

Fue beatificado por el papa Urbano VIII el 1 de septiembre de 1630 y canonizado por el papa Alejandro VIII, el 16 de octubre de 1690.

Fue nombrado santo patrón de los hospitales y de los enfermos. A su muerte su obra se extendió por toda España, Portugal,Italia y Francia y hoy día está presente en los cinco continentes.

Fuentes: aciprensa.com | hermandadsanjuandedios.org

Imagen: elpandelospobres.com

Enlaces recomendados:

La irrupción de los sagrado

Cuaresma: ¡renacer y crecer!

San Julián de Toledo (644 – 690)

Destacado

Martirologio Romano: En Toledo, en Hispania, san Julián, obispo, que reunió tres concilios en esta ciudad y expuso con escritos la doctrina ortodoxa, dando muestras de caridad y celo por las almas (690).

Julián, arzobispo de Toledo, a su muerte en el año 690, era el personaje más importante de España. Se dice que era descendiente de judíos, pero sus padres eran cristianos. Recibió el bautismo en la principal iglesia de Toledo, según cuenta su sucesor en la sede episcopal, quien escribió una corta biografía del santo.

Muy niño, este toledano auténtico fue ofrecido por sus padres para que en calidad de oblato se educase en los claustros de la basílica metropolitana para el servicio del santuario. Allí recibió su formación espiritual y literaria bajo la dirección del preceptor Eugenio, el más distinguido poeta de toda la época y que, después de haber regido como metropolitano la sede toledana, es hoy venerado como santo.

Tuvo por compañero al famoso Gudila Levita. Unidos por los gustos comunes tanto como por el afecto, los amigos se consagraron a la oración y el estudio en el retiro y muy pronto, el celo apostólico les hizo volver al mundo para intentar la conversión de los pecadores.

La personalidad de Julián se abrillanta cada día más en el candelero enhiesto que era la ciudad real. Fue sobre todo desde la muerte de San Ildefonso cuando descuella y alcanza creciente celebridad en sus ministerios de diácono y presbítero. El conjunto de dotes naturales, la experiencia y maestría reveladas en el cumplimiento de los cargos desempeñados, en la recta gestión de los asuntos, en el trato social, en la digna manera de comportarse; el prestigio de sus virtudes y de su saber hicieron de Julián un dechado que Toledo entero podía admirar y que no podía ocultarse como luz bajo el celemín. Era el “varón de consumada prudencia”.

San Julián, que era teólogo destacado y hombre de gran saber, llegó pronto a ocupar un puesto de importancia. Cuando los médicos desahuciaron a Wamba, el último de rey que dio explendor a los visigodos, San Julián le rasuró la cabeza y lo revistió del hábito monástico para que “muriese en religión”. Todavía se conserva la vida del rey Wamba, escrita por San Julián, muy apreciada por los historiadores, que encuentran en ese documento una idea completa sobre el reinado de Wamba, lo que no sucede con sus predecesores ni con sus sucesores.

Julián fue consagrado obispo de Toledo en 680 y parece que gobernó su diócesis con el mismo tino que le había caracterizado en los asuntos seculares. Su biógrafo narra que el cielo le había adornado con todas las gracias del alma y del cuerpo. Era tan bondadoso, que ninguno se acercó a él, sin recibir gran consuelo. El santo presidió varios sínodos y obtuvo para su sede la primacía sobre todas las diócesis españolas. Por eso se le da el título de arzobispo de Toledo, aunque el término no se empleaba generalmente en España por aquella época.

Los historiadores posteriores acusan a Julián de haber alentado a los reyes a perseguir a los judíos. Sin embargo, debe hacerse notar que la más cruel y escandalosa de las leyes contra los judíos no fue publicada sino hasta cinco años después de la muerte del santo: Según dicha ley, todos los judíos adultos debían ser vendidos como esclavos, en tanto que sus hijos serían confiados, desde los siete años de edad, a las familias españolas para recibir una educación cristiana.

Entre sus obras se cuenta un estudio del rito hispánico (la forma en que se celebraba la liturgia en territorio hispano antes del uso del rito romano), un libro contra los Judíos y los tres volúmenes de los “Pronósticos”, que tratan de las postrimerías. El santo sostiene en esta obra que el amor y el deseo de ir a reunirse con Dios bastan para acabar con el temor natural a la muerte. También afirma que los bienaventurados piden por nosotros en el cielo, que desean nuestra felicidad y que ven nuestras acciones, ya sea en la misma esencia de Dios o por ministerio de los ángeles, que son los mensajeros de Dios en la tierra.

Fuente: es.catholic.net | parroquiasanjulian.org

Imagen: mercaba.org

Enlaces recomendados:

El desierto de lo necesario

Afán de perfección

San Gabriel de la Dolorosa (1838 – 1862)

Destacado

https://hablemosdereligion.com/wp-content/uploads/2018/01/Gabriel-de-la-Dolorosa2-675x1024.jpg
Celebración 27 de febrero

El bailarín que llegó a la santidad.

Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad.

A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.

Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.

El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda. Y sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar, lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban “el enamoradizo”. Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel”. Dulces por fuera y dolorosos en el alma.

En una de las 40 cartas que de él se conservan, le escribe a un antiguo amigo, cuando ya se ha entrado de religioso: “Mi buen colega; si quieres mantener tu alma libre de pecado y sin la esclavitud de las pasiones y de las malas costumbres tienes que huir siempre de la lectura de novelas y del asistir a teatros donde se dan representaciones mundanas. Mucho cuidado con las reuniones donde hay licor y con las fiestas donde hay sensualidad y huye siempre de toda lectura que pueda hacer daño a tu alma. Yo creo que si yo hubiera permanecido en el mundo no habría conseguido la salvación de mi alma. ¿Dirás que me divertí bastante? Pues de todo ello no me queda sino amargura, remordimiento y temor y hastío. Perdóname si te di algún mal ejemplo y pídele a Dios que me perdone también a mí”.

Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.

Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso, y al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y cuando despierta está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.

Estalla la peste del cólera en Italia. Miles y miles de personas van muriendo día por día. Y el día menos pensado muere la hermana que él más quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se vaya de religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación no le va a durar quizá ni siquiera unos meses.

Pero un día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Se va a donde su padre a rogarle que lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su hijo, y recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.

Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios. Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le había dado gusto a sus sentidos y ahora entra a una comunidad donde se ayuna y donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una queja, ni lo ve triste o disgustado.

Gabriel lo que hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.

Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: “Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años”.

Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi invencibles que su cuerpo sentí ante las austeridades y penitencias. Su director espiritual sí lo sabía muy bien.

Al empezar los estudios en el seminario mayor para prepararse al sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus estudios, y fueron escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María Strambi. Son las siguientes: “Los que se preparan para ser predicadores o catequistas, piensen mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres pecadores les suplica diciendo: por favor: prepárense bien, para que logren llevarnos a nosotros a la eterna salvación”. Este consejo tan provechoso lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su espíritu.

Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el Huerto de los Olivos: “Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad”.

La Comunidad de los Pasionistas tiene como principal devoción el meditar en la Santísima Pasión de Jesús. Y al pensar y repensar en lo que Cristo sufrió en la Agonía del Huerto, y en la Flagelación y coronación de espinas, y en la Subida al Calvario con la cruz a cuestas y en las horas de mortal agonía que el Señor padeció en la Cruz, sentía Gabriel tan grande aprecio por los sufrimientos que nos vuelven muy semejantes a Jesús sufriente, que lo soportaba todo con un valor y una tranquilidad impresionantes.

Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era “Las Glorias de María”, escrito por San Alfonso, un libro que consuela mucho a los pecadores y débiles, y que aunque lo leamos diez veces, todas las veces nos parece nuevo e impresionante. La devoción a la Sma. Virgen llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad.

A un religioso le aconsejaba: “No hay que fijar la mirada en rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones”. A otro le decía: “Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua”.

Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.

Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: hablemosdereligion.com

Enlaces recomendados:

La presencia interior

La cuaresma interior

San Pedro Damián (1007 – 1072)

Destacado

Doctor de la Iglesia

Hoy se celebra a San Pedro Damián, Doctor de la Iglesia

Nació en Ravena (Italia) el año 1007. Quedó huérfano muy pequeñito y un hermano suyo lo humilló terriblemente y lo dedicó a cuidar cerdos y lo trataba como al más vil de los esclavos. Pero de pronto un sacerdote, el Padre Damián, se compadeció de él y se lo llevó a la ciudad y le costeó los estudios. En honor a su protector, en adelante nuestro santo se llamó siempre Pedro Damián.

El antiguo cuidador de cerdos resultó tener una inteligencia privilegiada y obtuvo las mejores calificaciones en los estudios y a los 25 años ya era profesor de universidad. Pero no se sentía satisfecho de vivir en un ambiente tan mundano y corrompido, y dispuso hacerse religioso.

Estaba meditando cómo entrarse a un convento, cuando recibió la visita de dos monjes benedictinos, de la comunidad fundada por el austero San Romualdo, y al oírles narrar lo seriamente que en su convento se vivía la vida religiosa, se fue con ellos. Y pronto resultó ser el más exacto cumplidor de los severísimos reglamentos de su convento.

Pedro, para lograr dominar sus pasiones sensuales, se colocó debajo de su camisa correas con espinas (cilicio, se llama esa penitencia) y se daba azotes, y se dedicó a ayunar a pan y agua. Pero sucedió que su cuerpo, que no estaba acostumbrado a tan duras penitencias, empezó a debilitarse y le llegó el insomnio, y pasaba las noches sin dormir, y le afectó una debilidad general que no le dejaba hacer nada. Entonces comprendió que las penitencias no deben ser tan exageradas, y que la mejor penitencia es tener paciencia con las penas que Dios permite que nos lleguen, y que una muy buena penitencia es dedicarse a cumplir exactamente los deberes de cada día y a estudiar y trabajar con todo empeño.

Esta experiencia personal le fue de gran utilidad después al dirigir espiritualmente a otros, pues a muchos les fue enseñando que en vez de hacer enfermar al cuerpo con penitencias exageradas, lo que hay que hacer es hacerlo trabajar fuertemente en favor del reino de Dios y de la salvación de las almas.

En sus años de monje, Pedro Damián aprovechó aquel ambiente de silencio y soledad para dedicarse a estudiar muy profundamente la Sagrada Biblia y los escritos de los santos antiguos. Esto le servirá después enormemente para redactar sus propios libros y sus cartas que se hicieron famosas por la gran sabiduría con la que fueron compuestas.

Escribió el “libro Gomorriano” (haciendo alusión a la ciudad de Gomorra del Antiguo Testamento) y habló en contra de las costumbres impuras de aquel tiempo. De igual manera escribía sobre los deberes de los clérigos, monjes y recomendaba la disciplina más que ayunos prolongados.

Solía decir: “Es imposible restaurar la disciplina una vez que ésta decae; si nosotros, por negligencia, dejamos caer en desuso las reglas, las generaciones futuras no podrán volver a la primitiva observancia. Guardémonos de incurrir en semejante culpa y transmitamos fielmente a nuestros sucesores el legado de nuestros predecesores”.

Era una persona severa, pero sabía tratar a los pecadores con indulgencia y bondad cuando la prudencia y caridad lo requerían. En sus ratos libres, acostumbraba hacer cucharas de madera y otros utensilios para no permanecer ocioso.

En los ratos en que no estaba rezando o estudiando, se dedicaba a labores de carpintería, y con los pequeños muebles que construía ayudaba a la economía del convento.

Al morir el superior del convento, los monjes nombraron como su abad a Pedro Damián. Este se oponía porque se creía indigno pero entre todos lo lograron convencer de que debía aceptar. Era el más humilde de todos, y pedía perdón en público por cualquier falta que cometía. Y su superiorato produjo tan buenos resultados que de su convento se formaron otros cinco conventos, y dos de sus dirigidos fueron declarados santos por el Sumo Pontífice (Santo Domingo Loricato y San Juan de Lodi. Este último escribió la vida de San Pedro Damián).

Muchísimas personas pedían la dirección espiritual de San Pedro Damián. A cuatro Sumos Pontífices les dirigió cartas muy serias recomendándoles que hicieran todo lo posible para que la relajación y las malas costumbres no se apoderaran de la Iglesia y de los sacerdotes. Criticaba fuertemente a los que son muy amigos de pasear mucho, pues decía que el que mucho pasea, muy difícilmente llega a la santidad.

A un obispo que en vez de dedicarse a enseñar catecismo y a preparar sermones pasaba las tardes jugando ajedrez, le puso como penitencia rezar tres veces todos los salmos de la Biblia (que son 150), lavarles los pies a doce pobres y regalarles a cada uno una moneda de oro. La penitencia era fuerte, pero el obispo se dio cuenta de que sí se la merecía, y la cumplió y se enmendó.

Los dos peores vicios de la Iglesia en aquellos años mil, eran la impureza y la simonía. Muchos sacerdotes eran descuidados en cumplir su celibato, o sea ese juramento solemne que han hecho de esforzarse por ser puros, y además la simonía era muy frecuente en todas partes. Y contra estos dos defectos se propuso luchar Pedro Damián.

Varios Sumos Pontífices, sabiendo la gran sabiduría y la admirable santidad del Padre Pedro Damián, le confiaron misiones delicadísimas. El Papa Esteban IX lo nombró Cardenal y Obispo de Ostia (que es el puerto de Roma). El humilde sacerdote no quería aceptar estos cargos, pero el Papa lo amenazó con graves castigos si no lo aceptaba. Y allí, con esos oficios, obró con admirable prudencia. Porque al que es obediente consigue victorias.

Resultó que el joven emperador Enrique IV quería divorciarse, y su arzobispo, por temor, se lo iba a permitir. Entonces el Papa envió a Pedro Damián a Alemania, el cual reunió a todos los obispos alemanes, y valientemente, delante de ellos le pidió al emperador que no fuera a dar ese mal ejemplo tan dañoso a todos sus súbditos, y Enrique desistió de su idea de divorciarse.

Sus sermones eran escuchados con mucha emoción y sabiduría, y sus libros eran leídos con gran provecho espiritual. Así, por ejemplo, uno que se llama “Libro Gomorriano”, en contra de las costumbres de su tiempo. (Gomorriano, en recuerdo de Gomorra, una de las cinco ciudades que Dios destruyó con una lluvia de fuego porque allí se cometían muchos pecados de impureza). A los Pontífices y a muchos personajes les dirigió frecuentes cartas pidiéndoles que trataran de acabar con la Simonía, o sea con aquel vicio que consiste en llegar a los altos puestos de la Iglesia comprando el cargo con dinero (y no mereciéndolo con el buen comportamiento). Este vicio tomó el nombre de Simón el Mago, un tipo que le propuso a San Pedro apóstol que le vendiera el poder de hacer milagros. En aquel siglo del año mil era muy frecuente que un hombre nada santo llegara a ser sacerdote y hasta obispo, porque compraba su nombramiento dando mucho dinero a los que lo elegían para ese cargo. Y esto traía terribles males a la Iglesia Católica porque llegaban a altos puestos unos hombres totalmente indignos que no iban a hacer nada bien sino mucho mal. Afortunadamente, el Papa que fue nombrado al año siguiente de la muerte de San Pedro Damián, y que era su gran amigo, el Papa Gregorio VII, se propuso luchar fuertemente contra ese vicio y tratar de acabarlo.

La gente decía: el Padre Damián es fuerte en el hablar, pero es santo en el obrar, y eso hace que le hagamos caso con gusto a sus llamadas de atención.

Lo que más le agradaba era retirarse a la soledad a rezar y a meditar. Y sentía una santa envidia por los religiosos que tienen todo su tiempo para dedicarse a la oración y a la meditación. Otra labor que le agradaba muchísimo era el ayudar a los pobres. Todo el dinero que le llegaba lo repartía entre la gente más necesitada. Era mortificadísimo en comer y dormir, pero sumamente generosos en repartir limosnas y ayudas a cuantos más podía.

El Sumo Pontífice lo envió a Ravena a tratar de lograr que esa ciudad hiciera las paces con el Papa. Lo consiguió, y al volver de su importante misión, al llegar al convento sintió una gran fiebre y murió santamente. Era el 21 de febrero del año 1072. Inmediatamente la gente empezó a considerarlo como un gran santo y a conseguir favores de Dios por su intercesión.

El Papa lo canonizó y lo declaró Doctor de la Iglesia por los elocuentes sermones que compuso y por los libros tan sabios que escribió.

Fuentes: aciprensa.com

Imagen: religiondigital.org

Enlaces recomendados:

1º de Cuaresma – Homilía del Padre José

La vocación del hombre

Beato Fray Angélico (1395 – 1455)

Destacado

Juan de Fiésole, Beato

18 de febrero

Fra Angelico, Born on 1395 in Vicchio Italy Death in Feb....

Martirologio Romano: En Roma, beato Juan de Fiésole, apodado “Angélico”, presbítero de la Orden de Predicadores, que, siguiendo de cerca a Cristo, lo que contemplaba interiormente lo expresaba en sus pinturas, para atraer a los hombres a los bienes eternos (1455).

Fecha de beatificación: 3 de octubre de 1982 por el Papa Juan Pablo II.

Breve Biografía

Nacio con el nombre de Guido de Pietro da Mugello en Vicchio de Mugello (Florencia) cerca del año 1390 y murió en Roma el 18 de marzo de 1455). Pintor italiano de principios del Renacimiento que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor consumado. Fue llamado Angelico y también Beato por su temática religiosa, la serenidad de sus obras y porque era un hombre de extraordinaria devoción. Fue finalmente beatificado por Juan Pablo II en 1982 pasando a ser el “Beato Fray Angelico”.

En 1418 ingresó en un convento dominico en Fiesole y alrededor de 1425 se convirtió en fraile de la orden con el nombre de Juan da Fiesole. Aunque se desconoce quién fue su maestro, se cree que comenzó su carrera artística como iluminador de misales y otros libros religiosos. Después empezó a pintar retablos y tablas.

Entre las obras importantes de sus comienzos se cuentan la Madonna de la estrella (c. 1428-1433, San Marcos, Florencia) y Cristo en la gloria rodeado de santos y de ángeles (National Gallery, Londres), donde aparecen pintadas más de 250 figuras diferentes. También a ese periodo pertenecen dos obras tituladas La coronación de la Virgen (San Marcos y Museo del Louvre, París) y El juicio universal (San Marcos). La madurez de su estilo se aprecia por primera vez en la Madonna dei Linaioli (1433, San Marcos), en donde pinta una serie de doce ángeles tocando instrumentos musicales.

En 1436, los dominicos de Fiesole se trasladaron al convento de San Marcos de Florencia que acababa de ser reconstruido por Michelozzo. Fray Angelico, sirviéndose a veces de ayudantes, pintó numerosos frescos en el claustro, la sala capitular y las entradas a las veinte celdas de los frailes de los corredores superiores. Los más impresionantes son La crucifixión, Cristo peregrino y La transfiguración. El retablo que hizo para San Marcos (c. 1439) es una de las primeras representaciones de lo que se conoce como conversación sacra: la Virgen acompañada de ángeles y santos que parecen compartir un espacio común. Allí pintó una Anunciación.

En 1445, Fray Angelico fue llamado a Roma por el papa Eugenio IV para pintar unos frescos en la capilla del Sacramento del Vaticano, hoy desaparecida. En 1447, pintó los frescos de la catedral de Orvieto junto con su discípulo Benozzo Gozzoli.

Sus últimas obras importantes, los frescos realizados en el Vaticano para decorar la capilla del papa Nicolás V, representan episodios de las Vidas de san Lorenzo y de san Esteban (1447-1449), y probablemente hayan sido pintados por ayudantes a partir de diseños del maestro. Desde 1449 hasta 1452, Fray Angelico fue el prior de su convento de Fiesole.

Murió en el convento dominico de Roma el 18 de marzo de 1455.

Su obra

Descendimiento de la Cruz california , 1435 de Fra ...


Casi nada se sabe de su formación pictórica, aunque en su estilo se aprecia una transición entre elementos temáticos de tipo trecentista o gótico (fondos dorados, alargamiento de las figuras, gusto por el trazado de líneas curvas en los ropajes) y aspectos innovadores más característicos del arte del Quattrocento: sentido del volumen, intentos de profundización en perspectiva y, sobre todo, luminosidad de la atmósfera, elemento este último de poderosa presencia en la obra del maestro. Es probable que su iniciación artística se realizara de la mano del monje camaldulense Lorenzo Monaco.

En las tablas realizadas entre 1420 y 1436 para el convento de San Marcos de Florencia (Adoración de los magos, El beso de Judas) se aprecia una progresiva madurez artística, que alcanza su mejor nivel en La Anunciación y en las dos versiones de La coronación de la Virgen. En el Retablo del Juicio Final, que constituye la culminación de esta serie de composiciones, se aprecia un detenido estudio de la perspectiva y un intenso contraste entre la intensidad expresiva de la felicidad de los elegidos y la representación convencional y fría de los castigos infernales.

En 1436, Fra Angélico inició la serie de pinturas murales del ya citado convento de San Marcos, donde su arte adquiere un mayor sentido del volumen, quizá por influencia de Masaccio. Destacan en estos frescos, entre otras, las escenas de La anunciación, San Pedro mártir, La Virgen con el Niño y ocho santos, La coronación de la Virgen y Cristo peregrino. Su evolución estilística se observa también en los frescos de la capilla Nicolina del Vaticano.

Fra Angélico, que nunca abandonó su trabajo artístico, fue prior del convento dominico de Fiésole entre 1450 y 1452. El artista murió el 18 de febrero de 1455 en el Vaticano, cuando se disponía a decorar las paredes de una capilla hoy desaparecida. Aunque no tuvo discípulos directos, su aportación al desarrollo de la pintura renacentista fue considerable.


En el Museo del Prado de Madrid se conserva una de sus obras más representativas: La Anunciación (1430-1432), realizada para el convento dominico de Fiesole. El Museo Thyssen-Bornemisza posee La Virgen de la humildad, depositada en el MNAC de Barcelona. Los duques de Alba poseen en el Palacio de Liria otra obra de Fray Angelico, La Virgen de la granada, adquirida por un antepasado suyo en Florencia hacia 1816.

La Anunciación (Fra Angélico) - Revista de Arte - Logopress



En el año 2000 fue nombrado patrono de los artistas.

Fuentes: biografiasyvidas.com | catholic.net

Imágenes: thinglink.com | revistadearte.com

Enlaces recomendados:

La aparición de la Vida

Si las palabras fueran aguas

San Valentin

Destacado

San Valentín: el santo que nunca existió - Grupo Milenio

El origen del día de San Valentín se remonta hacia el siglo III, en Roma

El origen del día de San Valentín se remonta al siglo III, en Roma. La leyenta cuenta la emotiva historia de un sacerdote que desafió las órdenes del emperador romano Claudius Aurelius Marcus Gothicus, o Claudio II, que había prohibido la celebración de matrimonios para los jóvenes, porque a su entender los solteros sin familia y con menos ataduras eran mejores soldados.

El sacerdote cristiano Valentín consideró que el decreto era injusto y en secreto celebraba matrimonios para jóvenes enamorados y por esto fue martirizado y posteriormente ejecutado el 14 de febrero.

El emperador Claudio ordenó que se encarcelara a Valentín. Entonces, el oficial Asterius, encargado de encarcelarle, quiso ridiculizar y poner a prueba a Valentín. Le retó a que devolviese la vista a una hija suya, llamada Julia, que nació ciega. Valentín aceptó y, con el poder de Dios, le devolvió la vista.

Este hecho estremeció a Asterius y su familia, quienes se convirtieron al cristianismo. Pese a todo, Valentín siguió preso y el débil emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de febrero del año 270.

La joven Julia, agradecida, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.

¿Como llegó ser San Valentín el día de los enamorados?

1. Para abolir la costumbre pagana de que los jóvenes sacaran por suerte nombres de jovencitas, en honor de la diosa del sexo y la fertilidad llamada Februata Juno, celebrada el 15 de este mes, algunos pastores substituyeron esta costumbre, escribiendo nombres de santos. Así con el tiempo la fiesta sería cristianizada y se celebraba en vez San Valentín.

2. El 14 de febrero se envían postales los enamorados porque, según la creencia medieval procedente de Inglaterra y Francia, ese día, es decir, a mediados del segundo mes del año, “todas las aves escogen su pareja”.

Aunque San Valentín sigue siendo reconocido como verdadero santo de la Iglesia, muy poco se sabe de seguro sobre su vida, fuera del hecho de su martirio. Es por eso que el calendario litúrgico celebra el 14 de febrero a los Santos Cirilo y Metodio en vez de a San Valentín.

Fuentes elespanol.com

aciprensa.com

Imagen milenio.com

Enlaces recomendados:

El espíritu del yermo

El silencio como pureza

Nuestra Señora de Lourdes

Destacado

VIRGEN DE LOURDES *** - ♥Un Lugar en el Mundo♥ - Gabitos

El 11 de febrero de 1858, en la villa francesa de Lourdes, a orilla del río Gave, Nuestra Madre, Santa María manifestó de manera directa y cercana su profundo amor hacia nosotros, apareciéndose ante una niña de 14 años, llamada Bernadette (Bernardita) Soubirous.

La historia de la aparición empieza cuando Bernardita, quien nació el 7 de enero de 1844, salió, junto a dos amigas, en búsqueda de leña en la Roca de Masabielle. Para ello, tenía que atravesar un pequeño río, pero como Bernardita sufría de asma, no podía meter los pies en agua fría, y las aguas de aquel riachuelo estaban muy heladas. Por eso ella se quedó a un lado del río, mientras las dos compañeras iban a buscar la leña.

Fue en ese momento, que Bernardita experimenta el encuentro con Nuestra Madre, experiencia que sellaría toda su vida, “sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría morirse con tal de lograr volverla a ver”.

“Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie. Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba soñando, me restregué los ojos; pero levantando la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que la Señora se santiguaba al mismo tiempo que yo lo hacía. Mientras iba pasando las cuentas de la camándula Ella escuchaba las Avemarías sin decir nada, pero pasando también por sus manos las cuentas del rosario. Y cuando yo decía el Gloria al Padre, Ella lo decía también, inclinando un poco la cabeza. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció”.

A los pocos días, la Virgen vuelve a aparecer ante Bernardita en la misma gruta. Sin embargo, al enterarse su madre se disgustó mucho creyendo que su hija estaba inventando cuentos -aunque la verdad es que Bernardita no decía mentiras-, al mismo tiempo algunos pensaban que se trataba de un alma del purgatorio, y a Bernardita le fue prohibido volver a la roca y a la gruta de Masabielle.

A pesar de la prohibición, muchos amigos de Bernardita le pedía que vuelva a la gruta; ante ello, su mamá le dijo que consultara con su padre. El señor Soubiruos, después de pensar y dudar, le permitió volver el 18 de febrero.

Esta vez, Bernardita fue acompañada por varias personas, que con rosarios y agua bendita esperaban aclarar y confirmar lo narrado. Al llegar todos los presentes comenzaron a rezar el rosario; es en ese momento que Nuestra Madre se aparece por tercera vez. Bernardita narra así esta aparición: “Cuando estábamos rezando el tercer misterio, la misma Señora vestida de blanco se hizo presente como la vez anterior. Yo exclamé: ‘Ahí está’. Pero los demás no la veían. Entonces una vecina me acercó el agua bendita y yo lancé unas gotas de dicha agua hacia la visión. La Señora se sonrió e hizo la señal de la cruz. Yo le dije: ‘Si vienes de parte de Dios, acércate’. Ella dio un paso hacia delante”.

Luego, la Virgen le dijo a Bernadette: “Ven aquí durante quince días seguidos”. La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó “Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro”.

Luego de este intenso momento que cubrió a todos los presentes, la noticia de las apariciones se corrió por toda el pueblo, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, aunque otros se burlaban.

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 hubo 18 apariciones. Éstas se caracterizaron por la sobriedad de las palabras de la Virgen, y por la aparición de una fuente de agua que brotó inesperadamente junto al lugar de las apariciones y que desde entonces es un lugar de referencia de innumerables milagros constatados por hombres de ciencia.

LAS APARICIONES

En la cuarta aparición, el domingo 21 de febrero, la Santísima Virgen lanzando una mirada de tristeza hacia la multitud, dijo a la niña vidente: “Es necesario rezar por los pecadores”.

Luego, el 25 de febrero, la Santa Madre le dijo: “Vete a tomar agua de la fuente”, la niña creyó que le pedía que vaya a tomar agua del río Gave, pero la Madre le señaló que escarbara en el suelo. Bernardita empezó a escarbar y la tierra se abrió y comenzó a brotar agua. Desde entonces aquel manantial ha manado agua sin cesar, un agua prodigiosa donde se han conseguido milagrosas curaciones de miles y miles de enfermos. Este manantial produce cien mil litros de agua al día continuamente desde aquella fecha hasta hoy.

Al día siguiente, la Virgen María subrayó: “Es necesario hacer penitencia”, entonces Bernardita al momento empezó a realizar algunos actos de penitencia. Asimismo, la Virgen le dijo: “Rogarás por los pecadores…Besarás la tierra por la conversión de los pecadores”. Como la Visión retrocedía, Bernardita la seguía de rodillas besando la tierra.

Más adelante, el 2 de marzo la Virgen le dice a Bernardita que les diga a los sacerdotes que Ella desea que construyan allí un templo y que vayan en procesión.

El 25 de marzo, al verla más amable que nunca, Bernardita le pregunta varias veces: Señora, ¿quiere decirme su nombre? La Virgen sonríe y al fin, ante la continua insistencia de la niña, eleva sus manos y sus ojos hacia el cielo y exclama: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.

Finalmente, el 6 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, Nuestra Señora se apareció más hermosa y más sonriente que nunca he inclinado la cabeza en señal de despedida, desapareció. Ya nunca más la volvió a ver Bernardita en esta tierra. Hasta esa fecha la Virgen se apareció a Bernardita 18 veces, desde el 11 de febrero.

En 1876, se edificó allí la actual Basílica, uno de los lugares de peregrinación del mundo Católico. Bernadette fue canonizada por el Papa Pío XI el 8 de diciembre de 1933.

De esta manera, Lourdes se convirtió en uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas.

La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

EL MENSAJE DE LA VIRGEN

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, puede resumirse en los siguientes puntos:

1.- Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes por Pio IX (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2.- Derramó innumerables gracias de sanaciones físicas y espirituales, para que nos convirtamos a Cristo en su Iglesia.

3.- Es una exaltación a la virtud de la pobreza y humildad, aceptadas cristianamente al escoger a Bernadette como instrumento de su mensaje.

4.- Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz. “Yo también te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro”.

5.- En todas la apariciones vino con su Rosario: La importancia de rezarlo.

6.- Importancia de la oración, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.

7.- Importancia de la conversión y la confianza en Dios.

FUENTE: aciprensa.com

Enlaces recomendados:

Forastero en tierra extraña

El Santo Nombre

Santa Josefina Bakhita (1869?- 1947)

Destacado

Religiosa de Sudán y Hermana Universal

Colaboração: Padre Evaldo César de Souza, CSsR

Celebración 8 de febrero

No se conocen datos exactos sobre su vida, se dice que podría ser del pueblo de Olgossa en Darfur, y que 1869 podría ser el año de su nacimiento. Creció junto con sus padres, tres hermanos y dos hermanas, una de ellas su gemela.

La captura de su hermana por unos negreros que llegaron al pueblo de Olgossa, marcó mucho en el resto de la vida de Bakhita, tanto así que más adelante en su biografía escribiría: “Recuerdo cuánto lloró mamá y cuánto lloramos todos”.

En su biografía Bakhita cuenta su propia experiencia al encontrarse con los buscadores de esclavos. “Cuando aproximadamente tenía nueve años, paseaba con una amiga por el campo y vimos de pronto aparecer a dos extranjeros, de los cuales uno le dijo a mi amiga: ‘Deja a la niña pequeña ir al bosque a buscarme alguna fruta. Mientras, tú puedes continuar tu camino, te alcanzaremos dentro de poco’. El objetivo de ellos era capturarme, por lo que tenían que alejar a mi amiga para que no pudiera dar la alarma.

Sin sospechar nada obedecí, como siempre hacia. Cuando estaba en el bosque, me percate que las dos personas estaban detrás de mí, y fue cuando uno de ellos me agarró fuertemente y el otro sacó un cuchillo con el cual me amenazó diciéndome: ‘Si gritas, morirás! Síguenos!'”.

Los mismos secuestradores fueron quienes le pusieron Bakhita al ver su especial carisma.

Luego de ser capturada, Bakhita fue llevada a la ciudad de El Obeid, donde fue vendida a cinco distintos amos en el mercado de esclavos.

Nunca consiguió escapar, a pesar de intentarlo varias veces. Con quien más sufrió de humillaciones y torturas fue con su cuarto amo, cuando tenía más o menos 13 años. Fue tatuada, le realizaron 114 incisiones y para evitar infecciones le colocaron sal durante un mes. “Sentía que iba a morir en cualquier momento, en especial cuando me colocaban la sal”, cuenta en su biografía.

El comerciante italiano Calixto Leganini compró a Bakhita por quinta vez en 1882, y fue así que por primera vez Bakhita era tratada bien.

“Esta vez fui realmente afortunada – escribe Bakhita – porque el nuevo patrón era un hombre bueno y me gustaba. No fui maltratada ni humillada, algo que me parecía completamente irreal, pudiendo llegar incluso a sentirme en paz y tranquilidad”.

En 1884 Leganini se vio en la obligación de dejar Jartum, tras la llegada de tropas Mahdis. Bakhita se negó a dejar a su amo, y consiguió viajar con él y su amigo Augusto Michieli, a Italia.

La esposa de Michieli los esperaba en Italia, y sabiendo la llegado de varios esclavos, exigió uno, dándosele a Bakhita. Con su nueva familia, Bakhita trabajo de niñera y amiga de Minnina, hija de los Michieli.

En 1888 cuando la familia Michieli compró un hotel en Suakin y se trasladaron para allá, Bakhita decidió quedarse en Italia.

Bakhita y Minnina ingresaron al noviciado del Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia, tras ser aconsejadas por las hermanas. Esta congregación fue fundada en 1808 con el nombre de Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia, pero son más conocidas como Hermanas de Canossa.

Recién en el Instituto, Bakhita conoció al Dios de los cristianos y fue así como supo que “Dios había permanecido en su corazón” y le había dado fuerzas para poder soportar la esclavitud, “pero recién en ese momento sabía quién era”. Recibió el bautismo, primera comunión y confirmación al mismo tiempo, el 9 de enero de 1890, por el Cardenal de Venecia. En este momento, tomó el nombre cristiano de Josefina Margarita Afortunada.

“¡Aquí llego a convertirme en una de las hijas de Dios!”, fue lo que manifestó en el momento de ser bautizada, pues se dice que no sabía cómo expresar su gozo. Ella misma cuenta en su biografía que mientras estuvo en el Instituto conoció cada día más a Dios, “que me ha traído hasta aquí de esta extraña forma”.

La Señora de Michieli volvió de Sudán a llevarse a Bakhita y a su hija, pero con un gran coraje, Bakhita se negó a ir y prefirió quedarse con las Hermanas de Canossa. La esclavitud era ilegal en Italia, por lo que la señora de Michieli no pudo forzar a Bakhita, y es así que permaneció en el Instituto y su vocación la llevó a convertirse en una de las Hermanas de la Orden el 7 de diciembre de 1893, a los 38 años de edad.

Fue trasladada a Venecia en 1902, para trabajar limpiando, cocinando y cuidando a los más pobres. Nunca realizó milagros ni fenómenos sobrenaturales, pero obtuvo la reputación de ser santa. Siempre fue modesta y humilde, mantuvo una fe firme en su interior y cumplió siempre sus obligaciones diarias.

Algo que le costó demasiado trabajo fue escribir su autobiografía en 1910, la cual fue publicada en 1930. En 1929 se le ordena ir a Venecia a contar la historia de su vida. Luego de la publicación de sus memorias, se convirtió en un gran personaje, viajando por todo Italia dando conferencias y recolectando dinero para la orden.

La salud de Bakhita se fue debilitando hacia sus últimos años y tuvo que postrarse a una silla de ruedas, la cual no le impidió seguir viajando, aunque todo ese tiempo fue de dolor y enfermedad. Se dice que le decía la enfermera: “¡Por favor, desatadme las cadenas… es demasiado!”. Falleció el 8 de febrero de 1947 en Schio, siendo sus últimas palabras: “Madonna! Madonna!”

Miles de personas fueron a darle el último adiós, expresando así el respeto y admiración que sentían hacia ella. Fue velada por tres días, durante los cuales, cuenta la gente, sus articulaciones aún permanecían calientes y las madres cogían su mano para colocarla sobre la cabeza de sus hijos para que les otorgase la salvación. Su reputación como una santa se ha consolidado. Josefina ha sido recordada y respetada como Nostra Madre Moretta, en Schio.

Fue santificada por el pueblo, por lo que en 1959 la diócesis local comenzó las investigaciones para encontrarla venerable. Todo salió muy bien y fue así que el 1 de diciembre de 1978 fue declarada Venerable. Por tanto, el proceso para declararla santa empezó con gran auge y el 17 de mayo de 1992 fue beatificada por Juan Pablo II y se declaró día oficial de culto el 8 de febrero.

En la ceremonia de beatificación, el Santo Padre reconoció el gran hecho de que transmitiera el mensaje de reconciliación y misericordia.

Ella misma declaró un día: “Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa”.

S.S. Juan Pablo II la canonizó el 1 de octubre del 2000. Lo cual, para los católicos africanos es un gran símbolo que era necesario, para que así los cristianos y las mujeres africanas sean honradas por lo que sufrieron en momentos de esclavitud.

Verdaderamente, Bakhita es la santa africana y la historia de su vida es la historia de un continente, válida para los católicos, protestantes, musulmanes o seguidores de cualquier otro tipo de religión tradicional. Su espiritualidad y fuerza la han convertido en Nuestra Hermana Universal, como la llamó el Papa.

“Sed buenos, amad al Señor, orad por los que no le conocen. ¡Qué gran bendición es conocer a Dios!”

“Yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa.”

“Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa”.

SANTA JOSEFINA BAKHITA

Fuente: aciprensa.com | devocionario.com

Imagen: paroquiadesaojudastadeu.org.br

Enlaces recomendados:

Una actitud amigable

El desierto en el mundo

La presentación del Señor

Destacado

Fiesta de las Candeleras

2 de febrero

MARGARITA LA MENSAJERA: 2 DE FEBRERO - LA PRESENTACIÓN DEL ...

Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico.

Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se “celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma”‘. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad.

Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como “La fiesta del Encuentro” (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. San Lucas narra el hecho en el capítulo 2 de su evangelio. Obedeciendo a la ley mosaica, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo cuarenta días después de su nacimiento para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él.

Esta fiesta comenzó a ser conocida en Occidente, desde el siglo X, con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Pero esto no era del todo correcto, ya que la Iglesia celebra en este día, esencialmente, un misterio de nuestro Señor. En el calendario romano, revisado en 1969, se cambió el nombre por el de “La Presentación del Señor”. Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María.

La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos chocantes de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como “luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel”.

La fiesta de la Presentación celebra una llegada y un encuentro; la llegada del anhelado Salvador, núcleo de la vida religiosa del pueblo, y la bienvenida concedida a él por dos representantes dignos de la raza elegida, Simeón y Ana. Por su provecta edad, estos dos personajes simbolizan los siglos de espera y de anhelo ferviente de los hombres y mujeres devotos de la antigua alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana.

Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la “Fiesta del Encuentro”, el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta. La liturgia nos invita a dar la bienvenida a Cristo y a su madre, como lo hizo su propio pueblo de antaño: “Oh Sión, adorna tu cámara nupcial y da la bienvenida a Cristo el Rey; abraza a María, porque ella es la verdadera puerta del cielo y te trae al glorioso Rey de la luz nueva”.

Al dramatizar de esta manera el recuerdo de este encuentro de Cristo con Simeón, la Iglesia nos pide que profesemos públicamente nuestra fe en la Luz del mundo, luz de revelación para todo pueblo y persona.

En la bellísima introducción a la bendición de las candelas y a la procesión, el celebrante recuerda cómo Simeón y Ana, guiados por el Espíritu, vinieron al templo y reconocieron a Cristo como su Señor. Y concluye con la siguiente invitación: “Unidos por el Espíritu, vayamos ahora a la casa de Dios a dar la bienvenida a Cristo, el Señor. Le reconoceremos allí en la fracción del pan hasta que venga de nuevo en gloria”.

Se alude claramente al encuentro sacramental, al que la procesión sirve de preludio. Respondemos a la invitación: “Vayamos en paz al encuentro del Señor”; y sabemos que este encuentro tendrá lugar en la eucaristía, en la palabra y en el sacramento. Entramos en contacto con Cristo a través de la liturgia; por ella tenemos también acceso a su gracia. San Ambrosio escribe de este encuentro sacramental en una página insuperable: “Te me has revelado cara a cara, oh Cristo. Te encuentro en tus sacramentos”.

Función de María. La fiesta de la presentación es, como hemos dicho, una fiesta de Cristo antes que cualquier otra cosa. Es un misterio de salvación. El nombre “presentación” tiene un contenido muy rico. Habla de ofrecimiento, sacrificio. Recuerda la autooblación inicial de Cristo, palabra encarnada, cuando entró en el mundo: “Heme aquí que vengo a hacer tu voluntad”. Apunta a la vida de sacrificio y a la perfección final de esa autooblación en la colina del Calvario.

Dicho esto; tenemos que pasar a considerar el papel de María en estos acontecimientos salvíficos. Después de todo, ella es la que presenta a Jesús en el templo; o, más correctamente, ella y su esposo José, pues se menciona a ambos padres. Y preguntamos: ¿Se trataba exclusivamente de cumplir el ritual prescrito, una formalidad practicada por muchos otros matrimonios? ¿O encerraba una significación mucho más profunda que todo esto? Los padres de la Iglesia y la tradición cristiana responden en sentido afirmativo.

Para María, la presentación y ofrenda de su hijo en el templo no era un simple gesto ritual. Indudablemente, ella no era consciente de todas las implicaciones ni de la significación profética de este acto. Ella no alcanza a ver todas las consecuencias de su fiat en la anunciación. Pero fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ella ofrecía a su hijo para la obra de la redención con la que él estaba comprometido desde un principio. Ella renunciaba a sus derechos maternales y a toda pretensión sobre él; y lo ofrecía a la voluntad del Padre. San Bernardo ha expresado muy bien esto: “Ofrece a tu hijo, santa Virgen, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece, para reconciliación de todos nosotros, la santa Víctima que es agradable a Dios’.

Hay un nuevo simbolismo en el hecho de que María pone a su hijo en los brazos de Simeón. Al actuar de esa manera, ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano. De esa manera, ella representa su papel de madre de la humanidad, y se nos recuerda que el don de la vida viene a través de María.

Existe una conexión entre este ofrecimiento y lo que sucederá en el Gólgota cuando se ejecuten todas las implicaciones del acto inicial de obediencia de María: “Hágase en mi según tu palabra”. Por esa razón, el evangelio de esta fiesta cargada de alegría no nos ahorra la nota profética punzante: “He aquí que este niño está destinado para ser caída y resurgimiento de muchos en Israel; será signo de contradicción, y una espada atravesará tu alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones” (Lc 2,34-35).

El encuentro futuro. La fiesta de hoy no se limita a permitirnos revivir un acontecimiento pasado, sino que nos proyecta hacia el futuro. Prefigura nuestro encuentro final con Cristo en su segunda venida. San Sofronio, patriarca de Jerusalén desde el año 634 hasta su muerte, acaecida en el año 638, expresó esto con elocuencia: “Por eso vamos en procesión con velas en nuestras manos y nos apresuramos llevando luces; queremos demostrar que la luz ha brillado sobre nosotros y significar la gloria que debe venirnos a través de él. Por eso corramos juntos al encuentro con Dios”.

La procesión representa la peregrinación de la vida misma. El pueblo peregrino de Dios camina penosamente a través de este mundo del tiempo, guiado por la luz de Cristo y sostenido por la esperanza de encontrar finalmente al Señor de la gloria en su reino eterno. El sacerdote dice en la bendición de las candelas: “Que quienes las llevamos para ensalzar tu gloria caminemos en la senda de bondad y vengamos a la luz que brilla por siempre”.

La candela que sostenemos en nuestras manos recuerda la vela de nuestro bautismo. Y la admonición del sacerdote dice: “Ojalá guarden la llama de la fe viva en sus corazones. Que cuando el Señor venga salgan a su encuentro con todos los santos en el reino celestial”. Este será el encuentro final, la presentación postrera, cuando la luz de la fe se convierta en la luz de la gloria. Entonces será la consumación de nuestro más profundo deseo, la gracia que pedimos en la poscomunión de la misa:

Por estos sacramentos que hemos recibido, llénanos de tu gracia, Señor, tú que has colmado plenamente la esperanza de Simeón; y así como a él no le dejaste morir sin haber tenido en sus brazos a Cristo, concédenos a nosotros, que caminamos al encuentro del Señor, merecer el premio de la vida eterna.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: mensajedelamormisericordioso.blogspot.com

Enlaces de interés:

Presentación Fiesta de las candelas

San Juan Bosco

Destacado

Juan nació en I Becchi (Italia) el 16 de agosto de 1815. Su madre, Margarita, estaba casada con Francisco, que se había quedado viudo y tenía un hijo llamado Antonio. Cuando Juan tenía tan solo 2 años se le murió su padre y la familia comenzó a vivir serias dificultades económicas, pero sobre todo, dificultades de relación ya que Antonio tenía envidia de Juan.

La pobreza y la orfandad marcarán su infancia campesina, pero con la ayuda de personas muy concretas descubre la paternidad de un Dios que lo sostiene y acompaña en lo cotidiano.

Desde chico siente el llamado al sacerdocio. Juan logra hacer realidad su deseo y continúa sus estudios al tiempo que trabaja en diferentes oficios: dando lecciones particulares, siendo mozo de café y aprendiz de sastre, entre otros.

A la edad de 9 años Juan tuvo un sueño profético que marcó toda su vida: él sería pastor y guía de los niños y jóvenes más necesitados. Tenía pues que estudiar y prepararse bien y, como en casa había muchas dificultades, tuvo que buscar trabajo en un pueblo cercano. Allí, pudo alternar su trabajo en el campo y el establo con el estudio y la oración. Más adelante, en 1829 don Calosso, (capellán de Murialdo) se ofrece como su primer profesor de latín y su primer guía espiritual, pero murió repentinamente en noviembre de 1830. Juan, consciente de la misión que tendrá entre los jóvenes, no ahorra ningún esfuerzo para poder continuar con sus estudios. Camina 20 kilómetros diarios, vive como pensionista en la casa de un sastre y músico del pueblo, aprende múltiples oficios para ganarse el pan… duerme debajo de una escalera y trabaja como aprendiz de taller, camarero, empleado en un establo, etc. Esta fuerte inquietud vocacional le empuja a fundar con sus amigos la Sociedad de la Alegría,… a entrar en el Seminario… y, en 1841, a ordenarse sacerdote. ¡Su sueño se va haciendo realidad! ¡Ahora puede dedicarse de lleno a los jóvenes más necesitados!

En 1842, ya ordenado sacerdote, Juan se encuentra con los muchachos que pueblan la cárcel de la ciudad de Turín. Impactado por esta experiencia comienza a recorrer las calles de esa ciudad, descubriendo el rostro de tantos chicos explotados por sus patrones y abandonados. Desde su propia historia de privaciones, y entendiendo siempre a Dios como un Padre bueno, Juan dará una respuesta concreta a esa juventud pobre, abandonada y en peligro. 

Será conocido entonces como Don Bosco. Y su genial creación, el oratorio, será para los jóvenes casa que recibe con cariño, patio para encontrarse con amigos, escuela que prepara para la vida y parroquia para conocer a Jesús. Desde los talleres y las aulas de Valdocco, el barrio de Turín, que vio nacer su obra, el oratorio se expande primero a Francia y España, para luego cruzar el océano y llegar a América. 

La Sociedad Salesiana se inicia en el año 1854, para asegurar en un futuro la estabilidad de sus obras y de su espíritu. Pero ¿Y quién se va a dedicar a las niñas y las jóvenes más pobres?… No sabemos hasta qué punto inquietaba a D. Bosco la situación de abandono en que vivían las niñas y las jóvenes en aquella sociedad. Lo que sí es cierto que el tema le preocupaba y ocupaba… Él quería fundar una congregación femenina que se ocupara de las chicas y consideró providencial el encuentro en 1862 con D. Pestarino (párroco de Mornés); éste le contó la existencia de un grupo de jóvenes que llevaban adelante un taller y un oratorio con las niñas y jóvenes de su pueblo. Sabemos que D. Pestarino le habló especialmente de la joven, María Mazzarello.

Cuando D. Bosco va a Mornés, en 1864, descubre por él mismo que esta joven, María Mazzarello, está haciendo con las niñas y jóvenes de Mornés lo mismo que él está haciendo con los niños y jóvenes en Turín. María, por su parte, manifiesta que “las palabras de D. Bosco eran como el eco de una voz que sentía en el corazón, sin saberla expresar; como la traducción de sus mismos sentimientos; como algo esperado siempre y que finalmente llegaba” y expresa “Don Bosco es un santo, y yo lo siento”.

Así, en 1872, Don Bosco, con María Mazzarello, funda el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

La primera expedición misionera parte para Argentina en el año 1875 y está formada por salesianos e Hijas de María Auxiliadora. En este mismo año nacen los Cooperadores, considerados por don Bosco como «Salesianos Externos».

Don Bosco muere el día 31 de enero de 1888, es beatificado por el Papa Pío XI el 2 de junio de 1929 y declarado santo el 1 abril de 1934.

Fuentes: trinidad.salesianos.edu | donbosco.org.ar

Imagen: salesianmissions.org

Enlaces recomendados:

Presentación sobre San Juan Bosco

Homilía del Padre José

Santo Tomás de Aquino

Destacado

Santo Tomas De Aquino

Celebración 28 de enero

Santo Tomás de Aquino nace en el castillo de Roccaseca (Italia) el año 1225. Hijo de los condes de Aquino recibe la primera educación religiosa y científica en la abadía de Montecasino, para pasar después a la universidad de Nápoles. Allí el contacto con fray Juan de San Juliano fue causa de que, a sus dieciséis años, frecuentase la comunidad de los hermanos predicadores, siendo el principio de su vocación a la vida apostólica. A los diecinueve años ingresa en la Orden de Predicadores.

Esta opción juvenil de Sto. Tomás deberá ratificarla más de una vez; primero, frente a su aristocrática familia que, de novicio, le secuestra y le pone en calabozo durante seis meses en el castillo de Roccaseca; y, posteriormente, frente a los maestros de París, que no le permiten la docencia en la universidad por su condición de fraile mendicante.

Tomás de Aquino en París

Por indicación de Fray Juan Teutónico, Maestro de la Orden, termina sus estudios en París y Colonia, bajo la guía de Fray Alberto Magno, quien le convence de la necesidad de profundizar en Aristóteles, el filósofo de la razón, la razón es don de Dios y a él debe ordenarse.

A los treinta y dos años Tomás de Aquino es maestro de la cátedra de teología de París. En Tomás, la Palabra de Dios en la Escritura tiene la primacía sobre las otras ciencias, y hace de la oración la fuente más fecunda de sus investigaciones. Mientras permanece en París, Tomás y los hermanos Predicadores elaboran en comunidad filosofía y teología, para después hacerla presente en la universidad.

Obras teológicas y filosóficas

Escribe muchas obras que destacan por su profundidad, admirando a maestros y estudiantes por la claridad, la distinción, la sutileza y la verdad con que procedía en la explicación de tantas y tan distintas materias, como son de ver en los cuatro grandes libros que escribió sobre el Maestro de las Sentencias.

En estos años dio de sí tales muestras arguyendo, discutiendo y respondiendo que, según el sentir de la universidad, sólo Dios podía dar tanto ingenio, y así era en verdad. Por toda Europa volaba su fama, llevada por los que de todas partes iban a estudiar a la Sorbona y luego regresaban a sus tierras cantando la sabiduría del maestro.

Después de París, impartiría docencia en Roma y en Nápoles. Fueron los tres años y medio que estuvo en París los más productivos de su vida. Es el período más activo y original, en el que sigue predominando el aristotelismo, aunque fusionado con elementos neoplatónicos. Comenzó la segunda sección de la segunda parte de la Suma Teológica, dedicada a cada una de las virtudes y sus correspondientes vicios, y se propuso otra magna tarea, la de comentar toda la obra de Aristóteles.

En 1261 se celebró en Orvieto el capítulo provincial de la Orden de la provincia romana. Era el primero al que santo Tomás asistía como predicador general. En él fue nombrado lector del convento dominico de Orvieto, ciudad en la cual entablará una gran amistad con el papa Urbano IV, quien le hizo varios encargos:

  • La preparación de una Glosa continua de los cuatro evangelios, llamada Catena aurea.
  • La redacción de un opúsculo titulado Contra los errores de los griegos en el que examina las cuatros grandes cuestiones que habían provocado el cisma entre las iglesias de Oriente y Occidente: la procesión del Espíritu Santo, el primado del Papa, la utilización del pan ázimo y la existencia del purgatorio.
  • Y la preparación de la liturgia del Corpus Christi mediante la elaboración de varios himnos eucarísticos.

En 1265, tras cuatro años de magisterio en Orvieto, recibió el encargo de abrir un estudio provincial en Roma. El lugar elegido fue el convento de Santa Sabina, donde había vivido santo Domingo. Como maestro regente en Teología, una de las novedades que introdujo en el colegio de Roma fue la celebración de disputas. Se conservan muchas de ellas como Cuestiones disputadas sobre el mal (1266-67), una respuesta al maniqueísmo cátaro.

Por otro lado, las deficiencias que encontró en las Sentencias de Pedro Lombardo, obra clásica para la enseñanza de teología, le llevaron a pensar en la preparación de una nueva obra que fuera más sistemática. Así, comenzó en estos años de 1265 a 1267 la Suma teológica, su magna obra. Trabajó en ella hasta el final de su vida pero no llegó a terminarla. La obra tiene tres grandes partes, dedicadas, respectivamente, a Dios en sí mismo; Dios como creador de todas las cosas espirituales y materiales, y Dios como fin de todo lo causado.

El 6 de diciembre de 1273, a partir de una visión mística, santo Tomás interrumpe definitivamente su actividad como escritor. Tomás había decidido no volver a coger la pluma ni a dictar, como solía, a su secretario Reinaldo de Piperno. Un silencio misterioso, que ocupó los últimos meses de su vida y que recuerda a aquel otro silencio al que aludían sus compañeros de estudios cuando le apodaron “el buey mudo”, mutus bos. La muerte le sobrevino poco después, cuando se dirigía al II Concilio ecuménico de Lyon, convocado por el papa Gregorio X. El 7 de marzo de 1274 moría, en la abadía cisterciense de Fossanova, el que será proclamado doctor de la Iglesia. En 1369 Urbano V ordenó que su cuerpo fuese trasladado al convento dominico de los Jacobinos de Toulouse, primer convento de la orden, fundado por santo Domingo en 1215.

Semblanza Espiritual

Alternó la enseñanza con la predicación. Actuó con eficaces intervenciones ante la curia pontificia en favor de los mendicantes. Destacó por su gran candor de vida y una fiel observancia de la vida conventual.

La misión de la Orden, es decir, el ministerio multiforme de la Palabra de Dios en la pobreza voluntaria, en él se centró en una continua dedicación al trabajo teológico; investigar incansablemente la verdad, contemplarla con amor y entregarla a los demás en escritos y en la predicación directa. Empleó su capacidad totalmente al servicio de la verdad, ansioso de encontrarla, recibiéndola de donde quiera que viniese y participarla a los demás.

Tuvo siempre un comportamiento humilde y cordial. Su obra demuestra la estrecha coherencia entre la razón humana y la divina revelación.

Santo Tomás de Aquino fue devotísimo de Cristo Salvador, especialmente de la cruz y de la eucaristía, que exaltó en sus composiciones litúrgicas para la fiesta del Corpus Christi. Tuvo una ferviente devoción filial a la Madre de Dios, la Virgen María.

Obra y pensamiento de Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino fue uno de los autores más prolíficos de la Edad Media y, desde luego, el autor del que más trabajos se conservan. Su ingente obra puede dividirse en cinco clases de escritos: comentarios bíblicos, comentarios filosóficos o teológicos (sobre Aristóteles, Boecio, etc.), cuestiones disputadas, opúsculos sobre temas diversos y las dos sumas, Suma contra los gentiles y Suma teológica.

Su obra y su legado, que se ha denominado tomismo, es esencialmente aristotélico aunque aparecen también muchos elementos agustinianos y, por tanto, platónicos. En ella están presentes casi todas las principales preocupaciones del pensamiento filosófico y teológico medieval:

La relación entre razón y fe

La postura de Tomás de Aquino es un intento de encontrar una conciliación entre ambas. En primer lugar, establece una clara distinción entre ellas: la razón solo puede conocer de abajo arriba a partir de los datos de los sentidos; en cambio, la fe conoce de arriba abajo, a partir de la revelación divina. A continuación establece la idea de no contradicción entre fe y razón: las verdades racionales y las verdades de fe no pueden estar en contradicción pues la verdad es una sola. No obstante, distingue dos tipos de verdades: las naturales o racionales, que son proporcionadas por la razón humana, y las sobrenaturales, que son reveladas por la fe. Santo Tomas cree que hay ciertas verdades que sobrepasan la capacidad de la razón humana y que solo se alcanzan mediante la fe, como es, por ejemplo, que Dios es uno y trino. Pero hay otras que sí pueden ser alcanzadas por la razón natural, como es la existencia de Dios. Dios ha revelado algunas de esas verdades que la razón puede conocer por sí sola. Estas verdades son llamadas preámbulos de la fe, que sólo pueden ser conocidas por unos pocos hombres, y no sin errores y dudas, para distinguirlas de los artículos de la fe, aquéllos que no son cognoscibles por la razón natural.

También distingue un doble orden de conocimiento, el filosófico y el teológico que difieren por sus objetos: lo alcanzable por la razón natural y los misterios escondidos de Dios, respectivamente. La coincidencia entre la fe y la ciencia, la teología y la filosofía, está en la certeza. La distinción y la primacía de la fe sobre la razón no implica un conflicto entre ambas, porque hay una única verdad. La fe está por encima de la razón y, sin embargo, no es posible una verdadera disensión entre ellas. Admitirla supondría atentar contra la unidad de la verdad. Por tanto, santo Tomás, a diferencia del averroísmo, establecía una relación armónica entre razón y fe, adaptando así el aristotelismo al pensamiento cristiano. La filosofía y la teología deben colaborar en su común búsqueda de la verdad, aunque por caminos distintos. Por tanto, para él, no era posible la absoluta independencia de la teología y la filosofía que se postulaba en el averroísmo.

La existencia de Dios

Para santo Tomás, por tanto, la existencia de Dios no es un artículo de fe sino un preámbulo de la fe que se puede demostrar mediante el empleo de la razón. Así, demuestra la existencia de Dios a partir de la existencia real de cosas cuya propia existencia solo se explica como efecto de una única causa. Se trata de una demostración a posteriori, es decir, lo anterior se explica por lo posterior, la causa se explica por sus efectos. Formuló, de este modo, cinco vías para demostrar la existencia de Dios a partir del principio de que todo lo que sucede tiene una causa. Se trata del principio aristotélico de causalidad: todo lo que se mueve es movido por otro pero tiene que haber una primera causa que no es causada: Dios. Las cinco vías que utilizó santo Tomás para explicar la existencia de Dios son las siguientes:

  • Desde el movimiento del mundo, hasta el motor inmóvil, es decir, el movimiento del mundo exige un primer motor.
  • Desde las causas subordinadas a su vez causadas, hasta la causa primera incausada, es decir, la causalidad en el mundo exige una causa primera.
  • Desde la contingencia del mundo hasta el ser necesario, es decir, la contingencia de los seres exige un ser necesario.
  • Desde los grados de perfección de las criaturas, hasta el ser infinitamente perfecto. Toma ahora elementos platónicos y neoplatónicos como los principios de los grados del ser y la perfección. Según éste último, Dios es el modelo supremo al que imitan imperfectamente las criaturas. Así, si Dios es la perfección misma, las criaturas participan e imitan esa perfección.
  • Desde el orden del mundo en el que todas las criaturas actúan por un fin, hasta la inteligencia suprema ordenadora.

Esencia y existencia

Sin embargo, Tomás de Aquino no acepta el aristotelismo en su integridad. Así, maneja también conceptos ajenos a él como es la distinción esencia-existencia. Según santo Tomás la esencia sería aquello por lo que algo es lo que es, independientemente del hecho de que exista o no. La esencia puede existir o no existir, es mera posibilidad de existencia. Por tanto, las esencias son contingentes, por lo tanto, pueden o no suceder, no son necesarias. Si las esencias no coinciden con su existencia, no existen necesariamente: han debido recibir la existencia de Dios, el cual es libre para crear o no crear.

Concepción del hombre

Santo Tomás adopta la concepción aristotélica del hombre pero introduce importantes modificaciones para adaptarla al cristianismo. Frente al dualismo platónico, en que se inspira la corriente agustiniana, afirma que el hombre es una sola substancia compuesta de cuerpo y alma.

El conocimiento

La doctrina tomista del conocimiento parte también del modelo aristotélico: cree que hay un entendimiento agente, encargado de elaborar conceptos universales o ideas a partir de la imagen que proporcionan los sentidos, y un entendimiento paciente encargado de retener los conceptos que le proporciona el agente. Pero, a diferencia de los que pensaban Siger de Brabante y otros averroístas, Tomás de Aquino no considera que estos entendimientos sean eternos, únicos y comunes a todos los hombres y que, por tanto existan separados del individuo. Para santo Tomás el hombre individual es quien realiza la actividad abstractiva y quien conoce porque, de otra manera, la individualidad del hombre quedaría reducida puramente a lo corpóreo, negándose así, la inmortalidad personal de su alma.

Oración de Sto Thomás de Aquino para antes del estudio

Oh inefable Creador nuestro, altísimo principio y fuente verdadera de luz y sabiduría,
dígnate infundir el rayo de tu claridad sobre las tinieblas de mi inteligencia,
removiendo la doble oscuridad con la que nací: la del pecado y la ignorancia!
¡Tu, que haces elocuentes las lenguas de los pequeños, instruye la mía, e infunde en mis labios la gracia de tu bendición!
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facilidad para atender,
sutileza para interpretar
y gracia abundante para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar
¡Oh Señor! Dios y hombre verdadero, que vives y reinas por los siglos de los siglos.  Amén

Fuentes: arteguias.com | dominicos.org

Imagen: copvs.blogspot.com

Enlaces relacionados:

Presentación sobre Santo Tomás de Aquino

Algo de Filocalía

San Francisco de Sales (1567 – 1622)

Destacado

Patrón de los periodistas

8 consejos de San Francisco de Sales para una buena confesión

Celebración 24 de Enero

San Francisco nació en el castillo de Sales, en Saboya, el 21 de agosto de 1567. Fue bautizado al día siguiente en la Iglesia de Thorens, con el nombre de Francisco Buenaventura.

De niño Francisco fue muy delicado de salud ya que nació prematuro; pero gracias al cuidado que recibía, se pudo recuperar y fortalecerse con los años. La madre de Francisco fue Francisca de Boisy una mujer sumamente amable y profundamente piadosa.

Su madre le enseñaba el catecismo y le narraba bellos ejemplos religiosos. Y cuando el pequeño Francisco se encontraba con otros niños por el camino o en el prado, les repetía las enseñanzas y narraciones que había escuchado de labios de su mamá. Se estaba entrenando para lo que sería su más preciado trabajo: enseñar catecismo.

Su padre, Don Francisco, tenía temor de que su hijo fuera a crecer flojo de voluntad porque la mamá lo quería muchísimo y podía hacerlo crecer algo consentido y mimado.

Entonces le consiguió de profesor a un sacerdote muy rígido y muy exigente, el Padre Deage. Este será su preceptor durante toda su vida de estudiante. Era un hombre perfeccionista en sus exigencias. Este preceptor lo ayudará mucho en su formación pero le hará pasar muchos ratos amargos, por exigirle demasiado. Francisco no protestará nunca y en cambio le sabrá agradecer siempre, pero para su comportamiento futuro tomará la resolución de exigir menos detalles importunos y hacer más amables a quienes él tenga que dirigir.

A los 8 años entró en el Colegio de Annecy, y a los 10 años hizo su Primera Comunión junto con la Confirmación. Desde ese día se propuso no dejar pasar un día sin visitar a Jesús Sacramentado en el Templo o en la Capilla del colegio.

Un gran deseo de consagrarse a Dios consumía al joven, que había cifrado en ello la realización de su ideal; pero su padre (que al casarse había tomado el nombre de Boisy) tenía destinado a su primogénito a una carrera secular, sin preocuparse de sus inclinaciones. A los 14 años, Francisco fue a estudiar a la Universidad de París que, con sus 54 colegios, era uno de los más grandes centros de enseñanza de la época.

Desde el principio, guiado, por su director, el Padre Déage, se trazó un programa de acción: Cada semana confesarse y comulgar. Cada día atender muy bien a las clases y preparar las tareas y lecciones para el día siguiente. Dos horas diarias de ejercicios de equitación, de esgrima, de baile.

Pronto se distinguió en retórica y en filosofía; después se entregó apasionadamente al estudio de la teología. Cada día estaba más decidido a consagrarse a Dios y acabó por hacer voto de castidad perpetua, poniéndose bajo la protección de la Santísima Virgen. Pero no por ello faltaron las pruebas.

Vivir en gracia de Dios en aquellos ambientes no era nada fácil. Sin embargo, Francisco supo alejarse de toda ocasión peligrosa y de toda amistad que pudiera llevarle a ofender a Dios y logró conservar así el alma incontaminada y admirablemente pura. Francisco tenía 18 años.

Su carácter era muy inclinado a la ira, y muchas veces la sangre se le subía a la cara ante ciertas burlas y humillaciones, pero lograba contenerse de tal manera que muchos llegaban hasta imaginarse que a Francisco nunca le daba mal genio por nada. Pero entonces el enemigo del alma, al ver que con las pasiones más comunes no lograba derrotarlo, dispuso atacarlo por un nuevo medio más peligroso y desconocido.

Empezó a sentir en su cerebro el pensamiento constante y fastidioso de que se iba a condenar, que se tenía que ir al infierno para siempre. La herejía de la Predestinación, que predicaba Calvino y que él había leído, se le clavaba cada vez más en su mente y no lograba apartarla de allí. Perdió el apetito y ya no dormía. Estaba tan impresionantemente flaco y temía hasta enloquecer. Lo que más le atemorizaba no eran los demás sufrimientos del infierno, sino que allá no podría amar a Dios.

Pero el remedio definitivo, que le consiguió que esta tentación jamás volviese a molestarle fue al entrar a la Iglesia de San Esteban en París, y arrodillarse ante una imagen de la Santísima Virgen y rezarle la famosa oración de San Bernardo:

“Acuérdate Oh piadosísima Virgen María, que jamás oyó decir que hayas abandonado a ninguno de cuantos han acudido a tu amparo, implorando tu protección y reclamando tu auxilio. Animado con esta confianza, también yo acudo a ti, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu soberana presencia. No desprecies mis súplicas, Madre del Verbo Divino, antes bien, óyelas y acógelas benignamente. Amén”.

En el 1588, partió para la ciudad italiana de Padua; su padre le había dado la orden de estudiar abogacía, doctorarse en derecho. Estudiaba derecho durante cuatro horas diarias para poder llegar a ser abogado. Otras cuatro horas estudiaba Teología, la ciencia de Dios, porque tenía un gran deseo: llegar a ser sacerdote.

Durante su estadía en Padua, dice el mismo Francisco, que lo que más le ayudó fue la amistad y dirección espiritual de ciertos sacerdotes jesuitas muy sabios y muy santos.

A los 24 años obtuvo el doctorado en leyes, y fue a reunirse con su familia en el castillo de Thuille, a orillas del lago de Annecy. Ahí llevó durante 18 meses, por lo menos en apariencia, la vida ordinaria de un joven de la nobleza. El padre de Francisco tenía gran deseo de que su hijo se casara cuanto antes y había escogido para él a una encantadora muchacha, heredera de una de las familias del lugar. Sin embargo, el trato cortés, pero distante, de Francisco hicieron pronto comprender a la joven que este no estaba dispuesto a secundar los deseos de su padre.

El santo declinó, por la misma razón, la dignidad de miembro del senado que le había sido propuesta, a pesar de su juventud.

Hasta entonces Francisco sólo había confiado a su madre y a su primo Luis de Sales y a algunos amigos íntimos, su deseo de consagrarse al servicio de Dios. Pero había llegado el momento de hablar de ello con su padre. El Señor de Boisy lamentaba que su hijo se negara a aceptar el puesto en el senado y que no hubiese querido casarse, pero ello no le había hecho sospechar, ni por un momento, que Francisco pensara en hacerse sacerdote.

Después de mucha lucha pero con el consentimiento de su padre Francisco se ordenó sacerdote el 18 de diciembre de 1593. A partir de ese momento, se entregó al cumplimiento de sus nuevos deberes con un celo que nunca decayó. Ejercitaba los ministerios sacerdotales entre los pobres, con especial cariño; sus penitentes predilectos eran los de cuna humilde.

Las condiciones religiosas de los habitantes del Chablais, en la costa sur del lago de Ginebra, eran deplorables debido a los constantes ataques de los ejércitos protestantes, y el duque de Saboya rogó al Obispo Claudio de Granier que mandase algunos misioneros a evangelizar de nuevo la región. El Obispo envió a un sacerdote de Thonon, capital del Chablais; pero sus intentos fracasaron. El enviado tuvo que retirarse muy pronto. Entonces el Obispo presentó el asunto a la consideración de su capítulo, sin ocultar sus dificultades y peligros. De todos los presentes, Francisco fue quien mejor comprendió la gravedad del problema, y se ofreció a desempeñar ese duro trabajo.

Francisco tuvo que emprender el viaje, sin la bendición de su padre quien consideraba esto una locura, el 14 de septiembre de 1594, día de La Santa Cruz. Partió a pie, acompañado solamente por su primo, el canónigo Luis de Sales, a la reconquista del Chablais.

El gobernador de la provincia se había hecho fuerte con un piquete de soldados en el castillo de Allinges, donde los dos misioneros se las ingeniaron para pasar las noches a fin de evitar sorpresas desagradables. En Thonon quedaban apenas unos 20 católicos, a quienes el miedo impedía profesar abiertamente sus creencias. Francisco entró en contacto con ellos y los exhortó a perseverar valientemente. Los misioneros predicaban todos los días en Thonon, y poco a poco, fueron extendiendo sus fuerzas a las regiones circundantes.

El camino al castillo de Allinges, que estaban obligados a recorrer, ofrecía muchas dificultades y, particularmente en invierno, resultaba peligroso. Una noche, Francisco fue atacado por los lobos y tuvo que trepar a un árbol y permanecer ahí en vela para escapar con vida. A la mañana siguiente, unos campesinos le encontraron en tan lastimoso estado que, de no haberle transportado a su casa para darle de comer y hacerle entrar en calor, el santo habría muerto seguramente. Los buenos campesinos eran calvinistas. Francisco les dio las gracias en términos tan llenos de caridad, que se hizo amigo de ellos y muy pronto los convirtió al catolicismo.

San Francisco hacía todos los intentos para tocar los corazones y las mentes del pueblo. Con ese objeto, empezó a escribir una serie de panfletos en los que exponía la doctrina de la Iglesia y refutaba la de los calvinistas. Aquellos escritos, redactados en plena batalla, que el santo hacía copiar a mano por los fieles, para distribuirlos, formarían más tarde el volumen de las “controversias”. Los originales se conservan todavía en el convento de la Visitación de Annecy. Aquí empezó la carrera de escritor de San Francisco de Sales, que a este trabajo añadía el cuidado espiritual de los soldados de la guarnición del castillo de Allinges, que eran católicos de nombre y formaban una tropa ignorante y disoluta.

Poco a poco el auditorio de sus sermones en Thonon fue más numeroso, al tiempo que los panfletos hacían efecto en el pueblo. Por otra parte, aquellas gentes sencillas admiraban la paciencia del santo en las dificultades y persecuciones, y le otorgaban sus simpatías. El número de conversiones empezó a aumentar y llegó a formarse una corriente continua de apostatas que volvían a reconciliarse con la Iglesia.

Cuando el Obispo Granier fue a visitar la misión, 3 o 4 años más tarde, los frutos de la abnegación y celo de San Francisco de Sales eran visibles.

Francisco de Sales, Obispo:

Monseñor de Granier, quien siempre había visto en Francisco un posible coadjutor y sucesor, pensó que había llegado el momento de poner en obra sus proyectos. El santo se negó a aceptar, al principio, pero finalmente se rindió a las súplicas de su Obispo, sometiéndose a lo que consideraba como una manifestación de la voluntad de Dios. Al poco tiempo, le atacó una grave enfermedad que lo puso entre la vida y la muerte. Al restablecerse fue a Roma, donde el Papa Clemente VIII, que había oído muchas alabanzas sobre la virtud y las cualidades del joven sacerdote decano, pidió que se sometiese a un examen en su presencia. El día señalado se reunieron muchos teólogos y sabios.

El mismo Sumo Pontífice, así como Baronio, Bernardino, el cardenal Federico Borromeo (primo del santo) y otros, interrogaron al santo sobre 35 puntos difíciles de teología. San Francisco respondió con sencillez y modestia, pero sin ocultar su ciencia. El Papa confirmó su nombramiento de coadjutor de Ginebra, y Francisco volvió a su diócesis, a trabajar con mayor ahínco y energía que nunca.

En 1602 fue a París donde le invitaron a predicar en la capilla real, que pronto resultó pequeña para la tal multitud que acudía a oír la palabra del santo, tan sencilla, tan conmovedora y tan valiente. Enrique IV concibió una gran estima por el coadjutor de Ginebra y trató en vano de retenerle en Francia.

A la muerte de Claudio de Granier, acaecida en el otoño de 1602, Francisco le sucedió en el gobierno de la diócesis. Fijó su residencia en Annecy, donde organizó su casa con la más estricta economía, y se consagró a sus deberes pastorales con enorme generosidad y devoción.

Con su abundante correspondencia alentó y guió a innumerables personas que necesitaban de su ayuda. Entre los que dirigía espiritualmente, Santa Juana de Chantal ocupa un lugar especial. San Francisco la conoció en 1604, cuando predicaba un sermón de cuaresma en Dijón. La fundación de la Congregación de la Visitación, en 1610, fue el resultado del encuentro de los dos santos.

En 1610, Francisco de Sales tuvo la pena de perder a su madre (su padre había muerto años antes). El santo escribió más tarde a Santa Juana de Chantal: “Mi corazón estaba desgarrado y lloré por mi buena madre como nunca había llorado desde que soy sacerdote”. San Francisco habría de sobrevivir por nueve años a su madre, nueve años de inagotable trabajo.

En 1622, el duque de Saboya, que iba a ver a Luis XIII en Aviñón, invitó al santo a reunirse con él en aquella ciudad. Movido por el deseo de abogar por la parte francesa de su diócesis, el obispo aceptó al punto la invitación, aunque arriesgaba su débil salud un viaje tan largo, en pleno invierno.

Parece que el santo presentía que su fin se acercaba. Antes de partir de Annecy puso en orden todos sus asuntos y emprendió el viaje como si no tuviera esperanza de volver a ver a su grey. En Aviñón hizo todo lo posible por llevar su acostumbrada vida de austeridad; pero las multitudes se apiñaban para verle y todas las comunidades religiosas querían que el santo obispo les predicara.

En el viaje de regreso, San Francisco se detuvo en Lyon, hospedándose en la casita del jardinero del convento de la Visitación. Aunque estaba muy fatigado, pasó un mes entero atendiendo a las religiosas. Una de ellas le rogó que le dijese qué virtud debía practicar especialmente; el santo escribió en una hoja de papel, con grandes letras: “Humildad”.

Durante el Adviento y la Navidad, bajo los rigores de un crudo invierno, prosiguió su viaje, predicando y administrando los sacramentos a todo el que se lo pidiera. El día de San Juan le sobrevino una parálisis; pero recuperó la palabra y el pleno conocimiento. Con admirable paciencia, soportó las penosas curaciones que se le administraron con la intención de prolongarle la vida, pero que no hicieron más que acortársela.

En su lecho repetía: “Puse toda mi esperanza en el Señor, y me oyó y escuchó mis súplicas y me sacó del foso de la miseria y del pantano de la iniquidad”.

En el último momento, apretando la mano de uno de los que le asistían solícitamente murmuró: “Empieza a anochecer y el día se va alejando”.

Su última palabra fue el nombre de “Jesús”. Y mientras los circundantes recitaban de rodillas las Letanías de los agonizantes, San Francisco de Sales expiró dulcemente, a los 56 años de edad, el 28 de diciembre de 1622, fiesta de los Santos Inocentes. Había sido obispo por 21 años.

El día 29 de diciembre la ciudad entera de Lyon fue desfilando por la humilde casita donde había muerto el querido santo. Y era tanto el deseo de la gente de besarle las manos y los pies, que los médicos no lograban llevarse el cadáver para hacerle la autopsia.

San Francisco fue beatificado por el Papa Alejandro VII en el 1661, y el mismo Papa lo canonizó en el 1665, a los 43 años de su muerte.

En el 1878 el Papa Pío IX, considerando que los tres libros famosos del santo: “Las controversias”(contra los protestantes); La Introducción a la Vida Devota” (o Filotea) y El Tratado del Amor de Dios (o Teótimo), tanto como la colección de sus sermones, son verdaderos tesoros de sabiduría, declaró a San Francisco de Sales “Doctor de la Iglesia”, siendo llamado “El Doctor de la amabilidad”.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: desdelafe.mx

Enlaces recomendados:

Homilía del Padre José

Presentación Pescadores de Hombres

San Antonio Abad

Destacado

17 de enero

San Antonio Abad | InfoVaticana

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo».

Así lo hizo el rico heredero, reservando sólo parte para una hermana, a la que entregó, parece, al cuidado de unas vírgenes consagradas.

Llevó inicialmente vida apartada en su propia aldea, pero pronto se marchó al desierto, adiestrándose en las prácticas eremíticas junto a un cierto Pablo, anciano experto en la vida solitaria.

En su busca de soledad y persiguiendo el desarrollo de su experiencia, llegó a fijar su residencia entre unas antiguas tumbas. ¿Por qué esta elección? Era un gesto profético, liberador. Los hombres de su tiempo -como los de nuestros días – temían desmesuradamente a los cementerios, que creían poblados de demonios. La presencia de Antonio entre los abandonados sepulcros era un claro mentís a tales supersticiones y proclamaba, a su manera, el triunfo de la resurrección. Todo -aún los lugares que más espantan a la naturaleza humana – es de Dios, que en Cristo lo ha redimido todo; la fe descubre siempre nuevas fronteras donde extender la salvación.

Pronto la fama de su ascetismo se propagó y se le unieron muchos fervorosos imitadores, a los que organizó en comunidades de oración y trabajo. Dejando sin embargo esta exitosa obra, se retiró a una soledad más estricta en pos de una caravana de beduinos que se internaba en el desierto.

No sin nuevos esfuerzos y desprendimientos personales, alcanzó la cumbre de sus dones carismáticos, logrando conciliar el ideal de la vida solitaria con la dirección de un monasterio cercano, e incluso viajando a Alejandría para terciar en las interminables controversias arriano-católicas que signaron su siglo.

Sobre todo, Antonio, fue padre de monjes, demostrando en sí mismo la fecundidad del Espíritu. Una multisecular colección de anécdotas, conocidas como “apotegmas” o breves ocurrencias que nos ha legado la tradición, lo revela poseedor de una espiritualidad incisiva, casi intuitiva, pero siempre genial, desnuda como el desierto que es su marco y sobre todo implacablemente fiel a la sustancia de la revelación evangélica. Se conservan algunas de sus cartas, cuyas ideas principales confirman las que Atanasio le atribuye en su “Vida”.

Antonio murió muy anciano, hace el año 356, en las laderas del monte Colzim, próximo al mar Rojo; al ignorarse la fecha de su nacimiento, se le ha adjudicado una improbable longevidad, aunque ciertamente alcanzó una edad muy avanzada.

La figura del abad delineó casi definitivamente el ideal monástico que perseguirían muchos fieles de los primeros siglos.

No siendo hombre de estudios, no obstante, demostró con su vida lo esencial de la vida monástica, que intenta ser precisamente una esencialización de la práctica cristiana: una vida bautismal despojada de cualquier aditamento.

Fuente: aciprensa.com

Imagen: infovaticana.com

Enlaces recomendados:

Homilía Padre José

Amigo de Dios

Presentación: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad

Bautismo del Señor

Destacado

10 de enero

BAUTISMO DEL SEÑOR: MEMORIA DE NUESTRO PROPIO BAUTISMO ...

Los lugares bíblicos tienen con frecuencia un significado teológico. El mar, el monte, el desierto, la Galilea de las naciones, Samaria, las tierras del otro lado del lago de Genesaret… son mucho más que simples indicaciones geográficas (a menudo ni siquiera exactas).

Lucas no especifica el lugar del bautismo de Jesús; Juan, sin embargo, lo especifica: “tuvo lugar en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando” (Jn 1,28). La tradición ha localizado justamente el episodio en Betabara, el vado por el que también el pueblo de Israel, guiado por Josué, atravesó el río, entrando en la Tierra Prometida. En el gesto de Jesús se hacen presentes el recuerdo explícito del paso de la esclavitud a la libertad y el comienzo de un nuevo éxodo hacia la Tierra Prometida.

Betabara tiene otra particularidad menos evidente pero igualmente significativa: los geólogos aseguran que este es el punto más bajo de la tierra (400 m bajo el nivel del mar).

La elección de comenzar precisamente aquí la vida pública no puede ser simple casualidad. Jesús, venido de las alturas del cielo para liberar a los hombres, ha descendido hasta el abismo más profundo con el fin de demostrar que quiere la Salvación de todos, aun de los más depravados, aun de aquellos a quienes la culpa y el pecado han arrastrado a una vorágine de la que nadie imagina que se pueda salir. Dios no olvida ni abandona a ninguno de sus hijos.

* Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

Ha aparecido la gracia de Dios, portadora de Salvación para todos los hombres.”

Fuente: Desconocida

Imagen: catequesis.archimadrid.es

Enlaces recomendados:

Presentación Bautismo del Señor

El lugar de descanso

Epifanía del Señor

Destacado

6 de enero

Tierra de paso, objeto de discordias, encrucijada de pueblos, culturas, razas, lenguas, Palestina ha sido invadida y ocupada, a turno, por los faraones de Egipto y los príncipes de Mesopotamia. 

El deseo de venganza contra estos opresores había sido cultivado por largo tiempo en Israel (cf. Sal 137,8-9). Sin embargo, la venganza y la represalia no entraban en los planes de Dios. Un profeta anónimo del siglo III a.C. revela, por el contrario, cuáles eran en realidad los sueños de Dios: “¡Un día los egipcios darán culto a Dios con los asirios. Aquel día Israel será mediador entre Egipto y Asiria; será una bendición en medio de la tierra porque el Señor Todopoderoso los bendice diciendo: «¡Bendito mi pueblo, Egipto, y la obra de mis manos, Asiria, y mi herencia, Israel!»” (Is 19,23-25).

Una profecía sorprendente, inaudita, increíble: Israel está destinado a ser el mediador de la salvación para sus dos enemigos históricos, los asirios y los egipcios. 

Un siglo antes, otro profeta había anunciado: “El Señor conducirá a todos los extranjeros a su monte santo y los colmará de la alegría de su casa” (cf. Is 56,6-7). 

El sueño de Dios se realizó cuando surgió en Jacob, como el Señor había prometido (cf. Nm 24,17), la estrella, Cristo el Señor. Su luz disipa las tinieblas creadas por odios ancestrales y convoca a todas las gentes a formar una única familia. Es este el mensaje de esperanza de la Epifanía, la fiesta de la luz.

* Para interiorizar el mensaje, repetiremos:

Su luz hará florecer la justicia y abundar la paz,hasta que se apague la luna.”

Fuente: macaubulletin

Imagen: mvcweb.org

Enlaces recomendados:

Presentación” Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría”

Homilía del padre José – Epifanía

La Oración de Jesús

Destacado

icono-cristo_cefalu

«Cuando oras -dijo con sabiduría un escritor ortodoxo de Finlandia-, todo tú debes permanecer en silencio… Todo tú debes estar en silencio; deja que la oración hable.» Alcanzar el silencio: de todas las cosas ésta es la más dura y la más decisiva en el arte de orar.

El silencio no es sólo negativo -una pausa entre palabras, un cese temporal del discurso sino que, bien entendido, es altamente positivo: una actitud de atento estado de alerta, de vigilancia, y sobre todo de escucha. El hesicasta, la persona que ha conseguido la hesiquía, la quietud interior o silencio, es, por excelencia, el que escucha. Escucha la voz de la oración en su propio corazón, y comprende que esta voz no es la suya propia sino la de Otro que habla dentro de él.

La relación entre el orar y el guardar silencio se hará más clara si consideramos cuatro cortas definiciones. La primera es del Diccionario Conciso Oxford, que describe la oración como «…solemne petición a Dios… fórmula utilizada al orar.» La oración se vislumbra aquí como algo expresado en palabras, y más específicamente como un acto de petición a Dios para que otorgue algún beneficio. Estamos aún en el nivel de oración más externa que interna. Pocos podemos quedar satisfechos con tal definición.

Nuestra segunda definición, de un starets ruso del siglo pasado, es mucho menos exterior. En la oración, dice el Obispo Teófano el Recluso (1815-1894), «lo principal es estar ante Dios con la mente en el corazón, y continuar estando ante Él incesantemente día y noche, hasta el final de la vida.» El orar, definido de esta forma, ya no es simplemente pedir cosas, y de hecho puede existir sin el empleo de palabras. No es tanto una actividad momentánea como un estado continuo. Orar es estar ante Dios, entrar en una relación inmediata y perso- nal con él; es saber en todos los niveles de nuestro ser, desde el instintivo hasta el intelectual, desde el subconsciente al supraconsciente, que estamos en Dios y que Él está en nosotros.

Para afirmar y profundizar nuestras relaciones personales con otros seres humanos, no es necesario hacer continuamente peticiones o usar palabras; cuanto mejor nos conocemos y nos amamos unos a otros, menos necesitamos expresar verbalmente nuestra común actitud. Ocurre lo mismo en nuestra relación personal con Dios.

En estas dos primeras definiciones se insiste sobre todo en lo que hace la persona más que en lo hecho por Dios. Pero en la relación de oración, es la parte divina y no la humana la que lleva la iniciativa y cuya acción es fundamental. Esto se desprende de nuestra tercera definición, tomada de San Gregorio el Sinaíta (+1346). En un pasaje muy elaborado, donde acumula un epíteto sobre otro en su esfuerzo por describir la verdadera realidad de la ora ción interior, finaliza de repente con inesperada sencillez: «¿Por qué hablar tanto? La oración es Dios, que obra todas las cosas en todos los hombres.» La oración es Dios -no es algo que yo inicio sino algo que comparto; no es ante todo algo que yo hago sino algo que Dios está haciendo en mí: en la frase de San Pablo, «no yo, sino Cristo en mí» (Ga 2, 20).

El camino de la oración interior está indicado exactamente en las palabras de San Juan el Bautista sobre el Mesías: «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3, 30). Es en este sentido que la oración debe ser silenciosa. «Tú debes guardar silencio; deja que la oración hable» -más precisamente, deja que Dios hable. La verdadera oración interior es dejar de hablar y escuchar la voz sin palabras de Dios dentro de nuestro corazón; es dejar de hacer cosas por nosotros mismos, y entrar en la acción de Dios.

Extraído de:

El poder del Nombre

La Oración de Jesús en la Espiritualidad Ortodoxa de Kallistos Ware, Obispo de Diokleia

Imagen: gurdjieffargentina.com

Enlaces recomendados:

Presentación: “A cuantos lo recibieron…”

Homilía del Padre José – 2º domingo de Navidad

Santa María, Madre de Dios.

Destacado

1 de enero


Feliz Año Nuevo a todos y que la Virgen María a quien dedicamos esta fiesta nos acompañe durante todo este 2021. Vamos a celebrar asimismo la circuncisión del Señor, tal como nos narra Lucas en su Evangelio. La ceremonia de la circuncisión servía, además, para poner nombre al nuevo miembro de la religión Judía. Recibió el nombre de Jesús que significa “Dios salva”, tal como dijo el ángel a San José. Celebramos también la Jornada Mundial de la Paz, obra pontificia de gran tradición e importancia. Este año el Papa Francisco nos da un mensaje titulado: La Paz como camino de Esperanza: Diálogo, Reconciliación y Conversión ecológica”. Enormes contenidos que, asimismo, honran a Maria, Madre de Todos.



MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS


1.- Breves lecturas hoy, por su extensión pero profundísimas por su contenido. Festejamos a María y así en la primera lectura se ofrece, del Libro de los Números, nada menos que la bendición que Dios dictó a Moisés para que los israelitas invocaran al Señor. María es nuestro camino hacia Dios.



2.- Pablo en la Carta a los Gálatas, menciona que Jesús “nació de mujer” y así ser todos los hombres y mujeres Hijos de Dios. Ese es el gran milagro que Dios Padre ha hecho a través de Maria.


S.- Este salmo 66 se utilizaba como fórmula litúrgica para dar gracias a Dios por la bondad de las cosechas. Y es un poema de gran fuerza que expresa el agradecimiento a un Dios que ayuda siempre y que se ocupa de sus criaturas. Es una buena forma para alabar a Dios en este primer día del año.


3.- San Lucas habla de la circuncisión del Niño Jesús y es lo que también festejamos hoy. La circuncisión era –y es—para los judíos como nuestro Bautismo. Por medio de la circuncisión se entraba en el Templo, en la familia religiosa de Dios. Y se imponía el nombre al pequeño. Maria y José sabían que el pequeño se llamaría Jesús. Pero, además, en este evangelio de hoy aparece la Virgen en una actitud contemplativa “María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”, con ello nos invita a nosotros a concentrarnos en lo esencial, olvidando lo que poco importa.


Lectura de Postcomunión



MONICIÓN


Es una oración breve y bella que, incluso, hemos cantado muchas veces. Nos sirve como reflexión en estos momentos de quietud, tras la Eucaristía.



HIMNO A MARÍA


Lucero del alba,


luz de mi alma,


santa María.




Virgen y Madre,


hija del Padre,


santa María.




Flor del Espíritu


Madre del Hijo,


santa María.




Amor maternal


Del Cristo,


Santa María


Amén.

Fuente: Parroquia La Inmaculada de Valladolid

Imagen: youtube.com

Enlaces recomendados:

Video del Padre José- Santa María, Madre de Dios

Presentación María, Madre de Dios

Santos Inocentes

Destacado

28 de diciembre

“Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: ‘Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen’. Evangelio de Mateo 2, 16-18

SANTO DE HOY 28 DE DICIEMBRE LOS SANTOS INOCENTES - YouTube

El Día de los Inocentes, también llamado Día de los Santos Inocentes, se celebra en España y Latinoamérica a pocos días de que finalice el año, cada 28 de diciembre. La fiesta está vinculada a la matanza de bebés que el rey Herodes ordenó realizar en Belén con el fin de deshacerse del recién nacido Niño Jesús. Hoy, viernes 28 de diciembre de 2020, se celebra la Degollación de los Santos Inocentes. La Iglesia católica recuerda este acontecimiento, aunque de acuerdo con el Evangelio de Mateo, la matanza debió haber sucedido después de la visita de los Magos al rey Herodes I el Grande (uno o dos días después del 6 de enero), aunque también la fecha de la adoración de los Magos a Jesús no tiene una fecha dada exactamente en las escrituras.

En el Nuevo Testamento, San Mateo cuenta cómo unos sabios llegaron a Jerusalén desde Oriente y se presentaron ante Herodes. Buscaban al futuro rey de los judíos que acababa de nacer, pues habían visto una estrella que señalaba la llegada del rey de reyes. Herodes temió perder su poder con el nacimiento del nuevo rey y reclamó a los magos que buscaran a ese niño y volvieran para informarle de su paradero. Los sabios no regresaron. Herodes envió entonces un grupo de soldados a Belén con orden de asesinar a cualquier niño menor de dos años que encontraran allí, asegurándose así de que el mesías, futuro rey de Israel, muriera.

Sin embargo, la fiesta de los Santos Inocentes también está muy relacionada con la intención de preponderar el nuevo credo sobre las fiestas paganas de los Saturnales. Durante esta celebración, que tenía lugar entre el 17 de diciembre y el 2 de enero, se respiraba un ambiente de carnaval y se subvertía el orden preestablecido. La influencia de este festejo durante la Edad Media provocó que se volviera tradición el que las clases menos privilegiadas escogieran a una persona de condición humilde para que ostentara simbólicamente importantes cargos. Así, gastaba bromas y cometía pequeños abusos a otros conciudadanos, dictando «leyes» que, por absurdas que fueran, debían cumplirse. Esta tradición habría derivado en el Día de los Inocentes.

Fuentes: clarin.com | lasprovincias.es

Imagenes: youtube.com

Enlaces recomendados:

En la guerra o en la paz

Presentación La Sagrada Familia