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		<title>Santa Brígida de Suecia</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 21:37:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
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		<category><![CDATA[Santa Brígida]]></category>
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SANTA BRIGIDA era hija de Birgerio, gobernador de Uplandia, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg; era hija del gobernador de Gotlandia oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenas. A los tres años, hablaba con perfecta [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=320&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;">
<div id="attachment_321" class="wp-caption aligncenter" style="width: 305px"><a href="http://divinavocacion.blogspot.com/2008/02/18-orden-del-santsimo-salvador.html"><img class="size-full wp-image-321" title="Santa Brígida de Suecia" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/11/santa_br_gida_de_suecia.jpg?w=295&#038;h=380" alt="" width="295" height="380" /></a><p class="wp-caption-text">Grafía de Santa Brígida de Suecia</p></div>
<p>SANTA BRIGIDA era hija de Birgerio, gobernador de Uplandia, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg; era hija del gobernador de Gotlandia oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenas. A los tres años, hablaba con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción.</p>
<p><strong>La Pasión: centro de su vida<br />
</strong>A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: &#8220;Mira en qué estado estoy, hija mía.&#8221; &#8220;¿Quién os ha hecho eso, Señor?&#8221;, preguntó la niña. Y Cristo respondió: &#8220;Los que me desprecian y se burlan de mi amor.&#8221; Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.</p>
<p><strong>Matrimonio<br />
</strong>Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de Santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de la época, como una señora feudal, en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.</p>
<p><strong>En la Corte</strong><br />
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, aunque Santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta,pues no la tomaban en serio.</p>
<p>La santa empezó a tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. &#8220;Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía&#8211; no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia.&#8221; Pero tales visiones no impresionaban a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con ironía: &#8220;¿Qué soñó Doña Brígida anoche?&#8221;</p>
<p><strong>Problemas familiares y peregrinaciones<br />
</strong>Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba &#8220;el Bandolero&#8221; y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem.</p>
<p>A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahínco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arras y recibió los últimos sacramentos ya que la muerte parecía inminente. Pero Santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que San Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa.</p>
<p><strong>Viuda, vida religiosa, aumentan las visiones<br />
</strong>Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años apartada del mundo y dedicada a la penitencia. Desde entonces, abandonó los vestidos lujosos, solo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linkoping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios.</p>
<p>Desde entonces hasta su muerte, Santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión.</p>
<p>En Vadstena había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco personas. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX con la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada.</p>
<p>En la fundación de Santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros.</p>
<p>El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión; Santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abo, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito.</p>
<p>Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de Santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. Pero en realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello perdió el favor de la corte, pero no le faltó el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia.</p>
<p><strong>En Roma e Italia<br />
</strong>Había todavía en el país muchos paganos, y Sarta Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes. En 1349, a pesar de que la &#8220;muerte negra&#8221; hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge y otros, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en la espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna.</p>
<p>Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana, se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana (según era permitido en aquella época). El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma, su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos, le ganaron el cariño de muchos.  Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso.</p>
<p>Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, &#8221;un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas&#8221;. Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto. Más éxito tuvo su celo por la reforma de otro convento de Bolonia. Allí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, Santa Catalina, quien se quedó a su lado y fue su fiel colaboradora hasta el fin de su vida.</p>
<p>Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció San Francisco y le dijo: &#8220;Ven a beber conmigo en mi celda&#8221;. La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y de allí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.</p>
<p><strong>Profecías y revelaciones<br />
</strong>Las profecías y revelaciones Santa Brígida se referían a las cuestiones mas candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el Papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma. Al poco tiempo así lo hicieron (El Papa Beato Urbano V y Carlos IV, en 1368).  Laprofecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Brígida fue arrojada de su casa y tuvo que ir con su hija a pedir limosna al convento de las Clarisas. Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus severas admoniciones proféticas.</p>
<p>El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón.</p>
<p>Al regresar de una peregrinación a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al Papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de Santa Brígida, que completó con la regla de San Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladarse a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.</p>
<p>En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España; ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre,horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones.</p>
<p>Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Santa Brígida prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio. Sin embargo durante, la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor.</p>
<p>A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de  Santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo.</p>
<p>La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, el Padre Pedro de Alvastra.</p>
<p>Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, Santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia yel puerto de Danzig.</p>
<p>Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es la patrona de Suecia.</p>
<p><strong>Visiones y escritos</strong></p>
<p>Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor,especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores.</p>
<p>Por lo demás; la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El Papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos: &#8220;Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos píamente en ellas.&#8221;</p>
<p>Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones a las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a su virtud heroica, consagrada por el juicio de la Iglesia.</p>
<p>El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.</p>
<p>Las brigidinas tienen unas lecciones de maitines tomadas de sus revelaciones sobre las glorias de María, conocidas con el nombre de &#8220;Sermo Angelicus&#8221;, en recuerdo de las palabras del Señor a la santa: &#8220;Mi ángel te comunicará las lecciones que las religiosas de tus monasterios deben leer en maitines, y tú las escribirás tal como él te las dicte&#8221;.</p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#333399;"><a href="http://www.brigittine.org/"><span style="color:#0000ff;">Brigittine Monks</span></a></span></p>
<p style="text-align:center;"><strong><span style="color:#008000;"><a href="http://www.brigidine.org/Brigidine/279/0/Beata%20M.%20Isabel%20Hesselblad.html"><span style="color:#0000ff;">Orden Religiosa Relacionada</span></a></span></strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><span style="color:#008000;"><span style="color:#0000ff;"><a href="http://www.brigidine.org/Brigidine/279/0/Beata%20M.%20Isabel%20Hesselblad.html"></a></span><span style="font-weight:normal;"><span style="color:#0000ff;">Texto extraído de:</span></span><span style="color:#0000ff;"> </span><a href="http://www.corazones.org/santos/brigida.htm"><span style="color:#0000ff;">Corazones.org</span></a></span></strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Br%C3%ADgida_7_23.htm"><span style="color:#0000ff;">Otra breve versión</span></a></strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><span style="color:#008000;"><br />
</span></strong></p>
Posted in Pequeñas Biografias Tagged: orden del santisimo salvador de santa brígida, Santa Brígida, visiones y escritos de santa brígida <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/misticavita.wordpress.com/320/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/misticavita.wordpress.com/320/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/misticavita.wordpress.com/320/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/misticavita.wordpress.com/320/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/misticavita.wordpress.com/320/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/misticavita.wordpress.com/320/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/misticavita.wordpress.com/320/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/misticavita.wordpress.com/320/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/misticavita.wordpress.com/320/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/misticavita.wordpress.com/320/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=320&subd=misticavita&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>San Roberto Abad de Molesmes y Citeaux</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Nov 2009 02:33:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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&#160;

Introducción
Los orígenes de la reforma Cisterciense están indefectiblemente ligados a Roberto (1028-1111), Alberico (c.1050-1108) y a Esteban Harding (1066-1134), los tres fundadores inmortalizados en la obra de Raymond M., Tres monjes rebeldes.
La &#8220;Vita&#8221; de Roberto que presentamos, fue redactada como apoyo a la canonización de S. Roberto en 1222. El autor es un monje anónimo de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=313&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><h2 style="text-align:center;">
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_314" class="wp-caption aligncenter" style="width: 215px"><a href="http://www.trapenses.com.ar/silencio.htm"><img class="size-full wp-image-314" title="La vida del monje trapense consiste en consagrarse íntegramente a Dios  por medio de una búsqueda constante de su voluntad y de su rostro, reflejado en el de Cristo." src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/11/image004.jpg?w=205&#038;h=271" alt="La vida del monje trapense consiste en consagrarse íntegramente a Dios  por medio de una búsqueda constante de su voluntad y de su rostro, reflejado en el de Cristo." width="205" height="271" /></a><p class="wp-caption-text">San Roberto Abad</p></div></h2>
<p><strong><span style="color:#993300;">Introducción</span></strong></p>
<p>Los orígenes de la reforma Cisterciense están indefectiblemente ligados a Roberto (1028-1111), Alberico (c.1050-1108) y a Esteban Harding (1066-1134), los tres fundadores inmortalizados en la obra de Raymond M., <em>Tres monjes rebeldes.</em></p>
<p>La &#8220;Vita&#8221; de Roberto que presentamos, fue redactada como apoyo a la canonización de S. Roberto en 1222. El autor es un monje anónimo de Molesmes, que la escribe a petición de su abad, Odón II (1215-1227). Habían pasado más de cien años desde la muerte de Roberto, y todos los recuerdos directos hacía tiempo habían desaparecido. Salvo algunos prodigios milagrosos, parece que las grandes lineas de su vida están relatadas de manera seria. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el propósito era ante todo hacer una obra de edificación y defensa , no una biografía o un relato histórico de la carrera de Roberto.</p>
<p>Roberto nació hacia 1028 en el Condado de Champagne. Como muchos otros monjes de esta época, pertenecía a las clases altas de la sociedad, pero muy poco cultivadas -poseían tierras, siervos y relaciones con la nobleza. Sus padres se llamaban Thierry (Theodoricus) y Ermengarda. A los quince años fue admitido en el monasterio de Montier-la-Celle y unos 10 años mas tarde lo encontramos como Prior del mismo.</p>
<p>Un giro en la vida de Roberto ocurre en 1074 cuando una comunidad de ermitaños situada en los bosques de Colan solicita al Papa Gregorio VII su nombramiento como superior, cosa que así sucede. Al año siguiente, el 20 de Diciembre de 1075, cambió al grupo a Molesmes, en un terreno otorgado por la Familia Maligny, que eran parientes suyos. Entre los que firman el documento de donación, se halla Tescelino el Rojo, padre de S.Bernardo.</p>
<p>La fundación de Roberto fue un éxito tan grande que rápidamente Molesmes se convirtió en otro Cluny; en 1098 contaba con unos 35 prioratos dependientes, otras casas anejas y monasterios de monjas asociadas. El descontento de Roberto por tener que lidiar con un género de vida casi de señor feudal, queda de manifiesto en el hecho de que varias veces entre 1090 y 1093 lo encontramos entre grupos de ermitaños en las cercanías de Aux.</p>
<p>Con el correr del tiempo, las tensiones en la comunidad de Molesmes entre monjes que querían “adherirse de un modo más estricto a los preceptos de nuestro Padre San Benito” y otros que defendían los valores de las tradiciones que ya vivían fueron creciendo. La lucha entre los “innovadores” y los “tradicionalistas” continuó. Sin duda, ante el poco entusiasmo del obispo local por cambiar la situación de Molesmes, los “reformadores” intentaron una entrevista con Hugo de Die, el reformador, arzobispo de Lyon y legado del Papa Urbano II. Finalmente, con el consentimiento del legado Papal, la comunidad se dividió y el grupo nuevo partió para fundar lo que eventualemte será el monasterio de Citeaux. Roberto fue instalado allí como abad.</p>
<p>En los documentos más antiguos, la fundación se llama sencillamente “Nuevo Monasterio”. El cambio por “Císter” sólo tuvo lugar con la expansión de la Orden, tal vez hacia 1119.</p>
<p>No entramos en mas detalles de la vida de Roberto que el lector podrá seguir directamente desde la fuente que presentamos. Según ésta, en 1111, “en el año 83 de su vida, el 17 de Abril, su cuerpo volvió a la tierra” (<em>Vita Roberti </em>14).</p>
<p>Lamentablemente no se conservan escritos auténticos de Roberto: existen dos cartas editadas en Migne, pero son dudosas.</p>
<hr />
<blockquote>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Aquí comienza el prólogo de la vida del Bienaventurado Roberto, </span></strong></em></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Primer Abad de Molesmes y Citeaux.</span></strong></em></p>
</blockquote>
<p><strong>Jesús, el Sumo Sacerdote, por su propia sangre entró en el santuario y se reveló por medio de los santos. Por eso considero escribir la vida y hechos de estos santos como cosa de inestimable valor. En medio de los trabajos de esta vida, han imitado a Nuestro Salvador, hasta donde la fragilidad humana lo permite. Han perseverado con valentía, a través de las tempestades de esta vida, en los trabajos de la guerra. Glorificaron a Jesucristo y lo llevaron en sus cuerpos y hasta el fin de sus vidas permanecieron constantes en su compromiso hacia la santidad. Estos son de los que dicen las Sagradas Escrituras: &#8220;La senda de los honrados brilla como la aurora, se va esclareciendo hasta que es de día&#8221;. Estos son los astros que el Sumo Sacerdote ha colocado en el firmamento de la Iglesia. Su brillo hace desaparecer las tinieblas de la ignorancia humana, mostrando el puerto de la salvación a los que luchan en este mar amplio y espacioso .</strong></p>
<p><strong>Entre ellos brilla con luz particular el Bienaventurado Roberto, hombre venerable, primer abad de la iglesia de Molesmes, cuya intachable santidad es proclamada tanto más gloriosa en nuestros días, cuanto que hay muy pocas personas temerosas de Dios. He comenzado a escribir su vida sin fiarme de mis propios conocimientos, sino poniendo mi esperanza tanto del progreso como de la conclusión de la obra que ahora comienzo, en el que hace que sean elocuentes las lenguas de los niños y en el que, en tiempos pasados, concedió el don de la palabra a bestias mudas para corregir la locura de algún profeta.</strong></p>
<p><strong>Añadamos a todo esto la orden dada por el Reverendo Odo, Abad de Molesmes y las insistentes y devotas peticiones de los hermanos del monasterio, a quienes considero completamente inapropiado el negar nada. Para no aparecer yo ante el Señor con las manos vacías, aunque yo no posea ni la virtud ni el mérito de ser un ejemplo para los demás, he emprendido este trabajo para que (el Bienaventurado Roberto) no les quede completamente oculto, pues por su santidad ha sido dado para ser ornato de la santa Iglesia.</strong></p>
<p><strong>Quienquiera que seas, lector, te pido que no preguntes el nombre del autor. Huyo de toda gloria humana y sólo busco la gloria de Dios. Así que, en este trabajo, no diré cómo me llamo. Lo hago para no reducir el valor de la obra entre los inexpertos, si aparece el nombre de un pecador al inicio del trabajo. Pido perdón al lector si digo algo ordinario o inapropiado. Al mismo tiempo, prevengo a todos los que lean este texto que no busquen frases elocuentes, ya que la verdad pura es suficiente y hermosa, y no ha de colorearse con frases artificiales ni pintarse con los afeites de Jezabel. Finalmente, escuchemos al Doctor de los Gentiles, el discípulo de la Verdad, cuando dice que el Reino de Dios no es de palabras sino de fuerza.</strong></p>
<p><strong>Fin del prólogo</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Aquí comienza la vida del Bienaventurado Roberto, Abad de Molesmes y Citeaux</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>El Bienaventurado Roberto fue oriundo de la región de Champagne. Brilló como una flor de los campos, y su innata belleza de buenas costumbres agradaba a todos los que le contemplaban. La fragancia de su santa reputación se extendía ampliamente e invitaba a muchos a imitarle. Creo que este hombre santo puede ser comparado con una flor, ya que las Sagradas escrituras dicen de ellos: &#8220;Florecen en la ciudad como hierba sobre la tierra&#8221;. Poseía también cierta nobleza; ¡dichosos los padres que dieron tal hijo al mundo!</strong></p>
<p><strong>Su padre era Thierry (Teodorico) y su madre se llamaba Ermengarda. Por su honrada conducta eran distinguidos tanto por el mundo como ante Dios. Poseían abundantes bienes temporales, pero los usaban más como mayordomos del cabeza de familia que como propietarios de los bienes de este mundo.</strong></p>
<p><strong>Sabiendo que los que tienen misericordia de los pobres sirven al Señor, limpiaban el polvo de la vida terrena con la limosna. No vivían según la carne aunque estaban en ella, sino que por sus pensamientos y anhelos tenían la morada en el cielo, adornando sus coronas con obras virtuosas como piedras preciosas de virtud. Digo esto para demostrar cuán santa fue la raíz de cuya savia se alimentó nuestro santo como un retoño del árbol de la vida.</strong></p>
<p><strong>Ya que hemos mencionado a sus padres, narraremos brevemente cómo el Espíritu Santo descendió sobre él concediéndole dones exquisitos, cuando aún estaba en el vientre de su madre. Cuando su madre estaba embarazada, la Virgen María, la Gloriosa Madre de Dios se le apareció en sueños con un anillo de oro en su mano. Y le dijo: &#8220;Ermengarda, quiero que el hijo que llevas en tu vientre se despose conmigo con este anillo&#8221;. Dichas estas palabras desapareció. Cuando Ermengarda despertó, comenzó a reflexionar en lo que había visto. La Madre de Dios se apareció de nuevo a la mujer, como en otros tiempos se apareció el Señor por segunda vez a Samuel para confirmar su promesa. Cumplido el tiempo, la mujer dio a luz un niño. Cuando creció, quiso que se dedicase a estudios literarios, sobrepasando en esto a todos sus contemporáneos, ya que bebía de las fuentes del Salvador con un corazón puro la gracia de la salvación, que luego enseñó a sus contemporáneos.</strong></p>
<p><strong>Cuando cumplió los quince años, para evitar el contagio del mundo, decidió consagrarse al Señor; así pues, ofreció al Señor la flor de su juventud, y recibió el hábito en el monasterio de San Pedro de Celle. Allí, día y noche, se entregó a la plegaria y al ayuno, ofreciendo al Señor un grato servicio, sujetando la carne al espíritu y el espíritu a su Creador.</strong></p>
<p><strong>Llegó el tiempo en que Dios fuera glorificado en su servidor, y la lámpara que había estado oculta bajo un celemín fuera colocada en lo alto para dar luz a la Iglesia. Dios, en cuyas manos están los corazones de los hombres, inspiró a los hermanos de la casa que eligieran al hombre de Dios, Roberto, como Prior. Era muy justo que quien, bajo la guía de la gracia, había aprendido con una larga práctica a gobernar su vida, fuera árbitro y moderador de otros.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Sobre un cierto ermitaño y la conversión de dos caballeros.</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>En aquel tiempo, había, en la parte más profunda del bosque, un ermitaño que quería servir a Dios libre y secretamente. Castigaba su carne con ayunos y reforzaba el espíritu con fervientes plegarias. El Señor vio su humildad y por un milagro hizo que por él creciera el número de los siervos de Dios. Había dos hermanos, según la carne, que sin embargo no estaban unidos por el espíritu. Llenos de vanagloria, dedicados a mostrar sus habilidades, buscaban en las ferias lucirse en torneos. En uno de estos viajes sucedió que pasaron por el bosque donde el ermitaño antes mencionado llevaba su vida solitaria. Ambos empezaron a pensar en secreto matarse mutuamente. Los dos estaban corroídos por el veneno de la envidia y pensaban quedarse con las posesiones del otro si uno de ellos moría. Dios Todopoderoso, sin embargo, sabía que se convertirían en recipientes de misericordia y no les permitió ser tentados más allá de sus posibilidades, sino que les asistió en la tentación para que no llevasen a cabo todo el mal que habían concebido. La providencia de Dios les permitió ser tentados con tal tentación maligna para que luego progresaran en virtud, sin atribuirse a sus propios méritos lo que tenían, sino que lo atribuyeran a Aquel cuya misericordia los había hecho libres.</strong></p>
<p><strong>Cuando hubieron cumplido con el negocio que era el propósito de su viaje, y lo habían cumplido valerosamente, tal como lo realizan las gentes de esa clase, y recibiendo las alabanzas de todos los presentes, llegaron cargados de éxitos a la región donde vivían y al lugar donde habían concebido el pensamiento de matarse. Allí, recriminados en cierto modo por el mismo lugar de su nacimiento, por inspiración divina comenzaron a sentir remordimiento y repugnancia por la maldad que habían planeado, y angustiarse por el crimen que habían concebido. Recordaron que estaban cerca de la cabaña del ermitaño antes citado, y se encaminaron ambos a la vez hacía el lugar donde vivía. Con una humilde confesión vomitaron el virus escondido en sus corazones, y eliminada esta suciedad, prepararon en sí mismos una morada agradable a Dios. Finalmente, después de haber sido reprimidos por el hombre de Dios por la maldad que habían planeado, le dejaron, acompañados por sus saludables consejos.</strong></p>
<p><strong>Las benévolas palabras del ermitaño removieron en su interior los buenos deseos, limpió por completo sus ambiciones de dignidades terrenales, y fue creciendo en su interior, dulce y profundamente, el fuego de la virtud. Cuando llegaron al lugar donde habían pensado luchar uno contra otro, comenzaron a hablar entre ellos y a charlar . Uno de ellos dijo: &#8220;¿Qué estabas pensando ayer, querido hermano, en este mismo lugar cuándo pasamos por aquí?&#8221;. El otro reveló a su hermano el secreto de su corazón. Y el primero contestó: &#8220;Yo pensaba exactamente lo mismo&#8221;. Luego, traspasados por los remordimientos, volvieron al hombre de Dios , y despreciando las pompas mundanas y pisoteando todas sus ostentaciones, comenzaron a vivir una vida espiritual en su compañía, inclinando humildemente el cuello de sus corazones para llevar el dulce yugo de Cristo.</strong></p>
<p><strong>¿Quién duda que su conversión se debió a los méritos del Bienaventurado Roberto? Como lo probará lo que vamos a decir, serían instruidos por sus enseñanzas en la disciplina regular. Dios, que consuela al humilde, multiplicó el número de sus servidores, de modo que en un breve espacio de tiempo llegaron a ser siete- cuyo número indica los siete dones del Espíritu Santo- por lo que reconocemos que la salvación de muchos se realizó a través de su siervo el Bienaventurado Roberto. El mismo Espíritu preparó a estos siete hombres, como siete columnas de la morada espiritual y a través de ellos empezó a resurgir el orden monástico. Alimentándose con la savia de la gracia empezaron a producir frutos espirituales. Y si se pensaba que estaba ya agotado, la esencia de la gracia todavía germinó y produjo hojas como una planta joven.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo el Bienaventurado Roberto Regó a ser Abad de Tonnerre</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Mientras tanto, el Bienaventurado Roberto se hizo famoso por santidad y gracia ante Dios y los hombres, y fue elegido Abad por los monjes del monasterio de San Miguel de Tonnerre. Estos ermitaños no tenían a nadie que pudiera instruirlos en la disciplina regular, y cuando se enteraron de la reputación del hombre bienaventurado, se apresuraron a enviar a dos de sus hermanos para entrevistarse con él. Cuando llegaron al lugar donde el hombre de Dios servía fielmente a Dios, encontraron al Prior de la casa para escuchar. Le hicieron saber el propósito que los animaba y la causa de su viaje, y con mucha dificultad e innumerables súplicas lograron que les oyera en un lugar secreto. El antiguo Prior había sido atravesado por la espada de la envidia, y pensaba para sí que saldría perdiendo si el Señor lograba el provecho de los otros por el loable trabajo de su servidor. Por consiguiente logró convencer a los hermanos de la casa y a los compañeros del abad, para que no consintieran en la petición de los hermanos que habían ido a buscar al hombre de Dios para hacerlo su superior. Sin embargo, el Bienaventurado Roberto, cuando aceptó su proposición y sus justas esperanzas, quiso satisfacer sus deseos sólo con la condición de que los hermanos de Tonnerre se lo pidieran por unanimidad. Instruidos por tan sanas amonestaciones, les acompañó con sus oraciones y les fortaleció con su bendición, y los envió a su lugar de origen. Les infundió la esperanza de que tan pronto como el Señor le diese la oportunidad, les llenaría de alegría con su presencia.</strong></p>
<p><strong>Es grato reflexionar aquí brevemente en los planes de Dios. Aunque su propósito fuera santo y su deseo conveniente, se fue retrasando para que el deseo fuese creciendo; y así cuando lograran lo que buscaban, lo apreciarían más y lo observarían convenientemente.</strong></p>
<p><strong>El hombre del Señor seguía meditando, no en las cosas terrenas sino en las de Dios. Cuando vio que los hermanos de aquel lugar abandonaban los caminos de justicia, temió que la compañía del mal contagiase con tal plaga al que irradiaba sencillez, y convirtiese la faz de su hermosa alma en algo horrible, pues en las costumbres suelen influir aquellos con quienes se convive. Así que partió hacia el monasterio de Celle, de donde había salido. Allí dejó un tiempo el trabajo de Lía y gozaba de los deseados abrazos de su amada Raquel, bebiendo de las fuentes de la salvación, lo que después concedería a los fieles para su salvación.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo lo nombraron Prior de Saint Ayoul</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Como una ciudad construida sobre una montaña no puede estar oculta, el Bienaventurado Roberto, firmemente enraizado y teniendo como base la montaña de Cristo, fue elegido de nuevo, a la muerte del Prior de Saint Ayoul, pastor del humilde rebaño de Cristo. Fue elegido prior con el voto y el deseo unánime de los hermanos. Estos eremitas, animados por el amor de una vida celestial, cuando vieron que el hombre de Dios hacía constantes progresos hacia Dios y en sí mismo, se reunieron en consejo y enviaron a dos de los hermanos a la Sede Apostólica para obtener del Sumo Pontífice, por sus plegarias, que el hombre de Dios, el Bienaventurado Roberto se convirtiese en el pastor y padre del pequeño rebaño de Cristo. Sabían que era un crimen contradecir al Sumo Pontífice, o que actuaban imprudentemente si iban contra sus órdenes. El Sumo Pontífice oyó su proposición y se alegró enormemente. Amablemente aprobó su petición y fortalecidos con la bendición apostólica, los envió muy alegres a su casa. Escribió una carta apostólica al Abad de Celle autorizándole que cualquiera de los hermanos que fuera elegido lo recibieran como abad. El Abad de Celle, sabiendo que el Sumo Pontífice lo ordenaba, entregó al Bienaventurado Roberto a los que se lo solicitaban. Roberto quedó triste y apenado pero no se atrevió a desobedecer el mandato apostólico. Vio que su tribulación y la de lo suyos era consuelo para otros, porque una firme e incorruptible columna de cedro era llevada de su casa.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo fue superior de los ermitaños</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>El Bienaventurado Roberto aceptó el cargo de pastor con buena voluntad, viendo que su trabajo era fructífero, porque el rebaño despreciaba unánimemente las cosas terrenales y buscaba sólo las del cielo, obedeciendo a sus saludables consejos. Por lo cual se unió de nuevo a Lía en la vida activa con el propósito de formar hijos espirituales. En su interior servía al Señor con espíritu de humildad, pero exteriormente cumplía su ministerio con gran energía. En aquel lugar que ahora llaman Colan, sirvieron al Señor en hambre y sed, con frío y desnudez, con ayunos y oraciones, llevando el peso de los días y del calor con ecuanimidad, sembrando con lágrimas para alegrarse cuando trajeran al granero del Señor gavillas de justicia. La vista de los compañeros de trabajo es un consuelo para el trabajador; y Dios, que vela y contempla los deseos de los humildes, multiplicó a sus siervos tan rápidamente que Regaron a ser trece, e imitaban a los Apóstoles, en cuanto podían, por las buenas costumbres y el número.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo el hombre bienaventurado fundó Molesmes</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Roberto, el hombre del Señor, considerando lo inadecuado del lugar, dejó allí algunos vigilantes y tomando a los hermanos se retiró a un bosque llamado Molesmes. Trabajando con sus propias manos, cortaron ramas de los árboles, y construyeron con ellas un albergue donde podían vivir en paz. Hicieron luego un oratorio con los mismos materiales, donde ofrecían a Dios con espíritu contrito, víctimas y sacrificios. Como no tenían pan, cuando tenían que comer para restaurar sus fuerzas, después de una jornada laboriosa, comían solamente legumbres.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><em><span style="color:#993300;">Los visita el Obispo de Troyes</span></em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Sucedió que el Obispo de Troyes viajaba a través del bosque donde estos hombres de Dios servían al Señor con suma pobreza y humildad, y llegó al lugar con numeroso cortejo a la hora de la comida. Los hombres de Dios los recibieron con muchas atenciones, pero preocupados porque no tenían nada para darles de comer. El Obispo quedó edificado por su humildad y pobreza y lleno de remordimientos les dijo adiós y continuó su camino.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo el Bienaventurado Roberto envió hermanos a Troyes sin dinero y descalzos</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Pasado algún tiempo como los hermanos no tuvieran nada para subsistir, pidieron consejo al Bienaventurado Roberto. Este que nunca basaba su fuerza en las riquezas ni las conocía, dijo: &#8220;Tú eres &#8221; confianza&#8221;, y les enseñó a confiar en Dios, pues sabía que Dios no permite que el alma de un justo sea afligida por el hambre durante mucho tiempo. Aunque no tenían dinero los envió a Troyes a comprar alimentos, basándose en el consejo del profeta: &#8220;Los que no tenéis dinero, venid, daos prisa para comprar y comer&#8221;. Cuando entraron descalzos en la ciudad de Troyes, llegó la noticia hasta el Obispo. Este hizo que los condujeran a su presencia, los recibió cariñosamente, y mostró su amor a Dios atendiendo las necesidades de los siervos de Dios. Los vistió con vestiduras nuevas de acuerdo con la Regla, y los envió a sus hermanos con un carro cargado de ropa y alimentos. Los hermanos quedaron grandemente confortados por aquellas bendiciones, y aprendieron así a ser pacientes en las adversidades; y desde aquel día siempre hubo alguien que les ayudó en las necesidades de alimento y vestidos.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Su traslado a Aux</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Siguieron perseverando en el servicio de Dios con gran constancia, y atrajeron a muchos que huían del mundo, rechazando su carga y colocando su cuello bajo el dulce yugo del Señor. Algunos les enviaban desde países lejanos lo que necesitaban, con el fin de recibir la recompensa del justo, porque en la presente vida proporcionaban al justo todo lo necesario para sobrevivir. Pero la abundancia de cosas da lugar a la indigencia moral, y cuando empezaron a poseer en abundancia los bienes materiales, se encontraron espiritualmente vacíos y su maldad crecía como la espiga del trigo. El Bienaventurado Roberto no ponía su corazón en la abundancia de riquezas, sino que trataba de ir progresando en Dios, viviendo rectamente y con una vida sobria y piadosa según la Regla de San Benito. Cuando los hijos de Belial vieron esto se levantaron cruelmente contra el hombre de Dios, provocándolo a la amargura y crucificando el alma del justo con sus malas acciones. Lector, te suplico que no te escandalices si te digo que el mal reinaba en esta santa comunidad, pues el orgullo se apoderó de las mentes celestes, alejándolas del país celestial y llevándolas a su propio terreno; y sepultó entre polvo y cenizas a los que acostumbraban a estar entre púrpura y fino lino. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que un día, los hijos de Dios, se presentaron ante Dios, y Satán estaba en medio de ellos. En la Iglesia siempre habrá justos que progresan y malvados que sirven de tropiezo. Cuando el hombre de Dios vio que sus correcciones eran infructuosas y que la observancia de la disciplina regular se dejaba a un lado, yendo cada uno por el camino que su depravado corazón le trazaba, decidió abandonarlos, no sucediera que procurando vanamente obtener algún provecho espiritual de ellos, él perdiera su propia alma. Surgió una discordia entre ellos, y se retiró a un lugar llamado Aux, donde había oído que vivían hermanos sirviendo al Señor con espíritu de humildad. Cuando llegó fue devotamente recibido y vivió con ellos durante algún tiempo, trabajando con sus propias manos, para tener algo que dar a los que sufrían necesidad. Era incesantemente ferviente en vigilias y oraciones y servía al Señor incansablemente. Aunque superaba a todos en santidad, servía a todos y se tenía por el último de todos. Por estas razones poco tiempo después fue elegido abad., y procuró actuar como superior con la mayor modestia, sin ejercer dominio sobre el grupo, sino siendo con todo el corazón un modelo para el rebaño, cuidando a los débiles y animando a los fuertes.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo fue reclamado a Molesmes</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Mientras tanto, los monjes de Molesmes, arrepentidos por haber ofendido al hombre de Dios, y haberío apartado de ellos por su desobediencia, deploraban su ruina moral y material. Experimentaban en sí mismos cómo por los méritos del Bienaventurado Roberto el Señor les había concedido la abundancia, incluso en bienes temporales. Habiéndose reunido en consejo se llegaron al Sumo Pontífice, y apoyados en su autoridad llamaron al hombre de Dios a Molesmes. Una vez allí, intensificó la oración y el ayuno, y estimuló a sus súbditos de tal modo con el celo de Dios, que en poco tiempo reformó la observancia de la disciplina monástica.</strong></p>
<p><strong>Había entre ellos cuatro hombres muy fuertes de espíritu, es decir Alberico y Esteban, y otros dos, a los que, después de practicar los ejercicios elementales del claustro, les atraía la vida solitaria del desierto. Dejaron el monasterio de Molesmes y llegaron a un lugar llamado Vivicus. Después de haber vivido allí durante cierto tiempo, bajo la instigación de los monjes de Molesmes, recibieron de Joceran, Obispo de Langres, una sentencia de excomunión si no volvían.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong> </strong><em><strong><span style="color:#993300;">Establecen su residencia por primera vez en Citeaux</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Obligados a abandonar el lugar del que antes hemos hablado, llegaron a una zona boscosa llamada Citeaux por sus habitantes. Construyeron un oratorio en honor de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, y en lo sucesivo ni las amenazas ni los ruegos pudieron apartarlos de su propósito. Sirvieron a Dios noche y día con espíritu ferviente y sin desfallecer.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><em><span style="color:#993300;">Cómo el Bienaventurado Roberto se trasladó a Citeaux</span></em></strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Cuando el Bienaventurado Roberto oyó hablar de su santa vida, tomando consigo a veintidós hermanos, se unió a ellos, para participar en su propósito y ayudarles. Le recibieron cariñosamente y él los dirigió durante algún tiempo con solicitud paternal, enseñándoles a vivir y actuar de acuerdo con la Regla, sirviéndoles siempre de ejemplo y modelo tanto en observancia religiosa como en bondad.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong> </strong><em><strong><span style="color:#993300;">Cómo volvió desde Citeaux a Molesmes</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Los monjes de Molesmes estaban disgustados por haber perdido tan buen pastor y visitaron al Sumo Pontífice con el propósito de que el Bienaventurado Roberto, hombre de Dios, fuese obligado a volver a la iglesia de Molesmes que él había fundado. Cuando el Sumo Pontífice oyó que la nueva fundación Cisterciense había echado fuertes raíces, se alegró enormemente y comprobó que abundaba en buenas obras, y que animados por el ejemplo del Bienaventurado Roberto, observaban la Regla de San Benito con gran fervor. Viendo que los monjes de Molesmes iban a desaparecer si se les privaba de la presencia del hombre de Dios, escribió al Arzobispo de Lyon con el fin de nombrar otro Abad para Citeaux y obligar al Bienaventurado Roberto a volver a Molesmes.</strong></p>
<p><strong>Cuando se enteró de esto, el Bienaventurado Roberto, que sabía que la obediencia es preferible al sacrificio y que el incumplimiento es semejante al crimen de idolatría, habiendo realizado las disposiciones pertinentes a la observancia del nuevo instituto, nombró abad a Alberico, hombre loable a Dios, que había sido uno de los primeros monjes de las iglesia de Molesmes. Entonces, dejando todo bien dispuesto, volvió al monasterio de Molesmes, que él había fundado en honor de la Virgen María. Cuando Alberico murió dos años después, le sucedió Esteban, nombrado abad de los Cistercienses por el Bienaventurado Roberto. Como era el fundador del nuevo monasterio, la administración de ambas casas (Molesmes y Citeaux) quedó bajo su mando.</strong></p>
<p><strong>Volvió a Molesmes con dos monjes: los Cistercienses lloraron su marcha, mientras que los monjes de Molesmes se alegraban de su vuelta. Una enorme multitud le dio la bienvenida en la ciudad de Bar-sur Seine y le recibió con gran bullicio y alabanzas a Dios. Roberto, sin embargo, con su pequeño rebaño, principalmente el grupo de Molesmes, entró en el lugar que le había sido preparado por Dios. Glorificó con gran fervor a la divina providencia que había dispuesto todo. Con amor de padre educó el rebaño que le habían asignado, enseñándoles las enseñanzas de la Regla; más bien se convirtió en un ejemplo viviente de la Regla, viviendo entre ellos conforme a la Regla. Cómo este hombre santo emigró de la prisión de la carne y con qué señales mostró el Señor que su muerte era agradable a sus ojos lo expondré más ampliamente a su caridad.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em><strong><span style="color:#993300;">Fallecimiento del Bienaventurado Roberto</span></strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><strong>Como el Bienaventurado Roberto había luchado en muchas batallas a favor del Señor, se encontraba fatigado por el tedio de la vida presente y anhelaba con ardiente deseo morir y estar con Cristo. Dios oyó sus plegarias y efigió revelarle la hora de su partida muchos días antes, como él lo había deseado. Roberto, sabiendo que ésta era inminente, se lo comunicó a sus hermanos. Aquejado algún tiempo por una enfermedad corporal, acumuló méritos con la virtud de la paciencia, gloriándose de su enfermedad y preparando una grata morada al poder de Cristo. A sus ochenta y tres años, el 17 de abril, su cuerpo volvió a la tierra y su espíritu lo entregó a Dios, a cuyo servicio se había entregado incansablemente. La tierra lloró y el cielo se alegró. Sus hijos, los monjes de Molesmes, de los que había sido solaz y alegría, asistieron devotamente a los ritos funerarios de su reverendo padre llorando amargamente. No dudaban de que recibiría la recompensa celestial por sus méritos, ni que ellos recibirían favores a través de dichos méritos. Pero estaban angustiados porque la presencia de su padre no les alumbraba ya con su luz. Y como por sus obras santas, mientras permaneció en la tierra, había probado que era hijo de la luz, Dios hizo saber en el momento de su muerte cuánto lo estimaba.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#000000;">Extraído de: </span></p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMed/vita_roberto.htm#N_1"><span style="color:#993300;">Vita Roberto</span></a></strong></p>
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			<media:title type="html">Hesiquia</media:title>
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			<media:title type="html">La vida del monje trapense consiste en consagrarse íntegramente a Dios  por medio de una búsqueda constante de su voluntad y de su rostro, reflejado en el de Cristo.</media:title>
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		<title>San Ambrosio de Optina</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 15:33:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[ambrosio de optina]]></category>
		<category><![CDATA[optina]]></category>
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Extraído de:
Oriente Cristiano
Después de la muerte del staretz Macario en 1860, dos personas lo sucedieron en el starchestvo [la práctica de la paternidad espiritual] en Optina: el padre Hilarión, rector del skit [vivienda de algunos monjes] y el padre Ambrosio, que asistía a Macario en sus trabajos de edición de textos patrísticos. Hilarión murió en 1873 y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=275&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
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<div id="attachment_325" class="wp-caption aligncenter" style="width: 298px"><a href="http://textosmonasticos.wordpress.com/2009/11/11/sobre-el-sufrimiento/"><img class="size-full wp-image-325" title="san-ambrosio-de-optina-12" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/11/san-ambrosio-de-optina-12.jpg?w=288&#038;h=385" alt="" width="288" height="385" /></a><p class="wp-caption-text">San Ambrosio de Optina</p></div>
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<p style="text-align:right;">Extraído de:</p>
<p style="text-align:right;"><strong><a href="http://oriente-cristiano.blogspot.com/">Oriente Cristiano</a></strong></p>
<p>Después de la muerte del staretz Macario en 1860, dos personas lo sucedieron en el <em>starchestvo</em> [la práctica de la paternidad espiritual] en Optina: el padre Hilarión, rector del <em>skit</em> [vivienda de algunos monjes] y el padre Ambrosio, que asistía a Macario en sus trabajos de edición de textos patrísticos. Hilarión murió en 1873 y Ambrosio, discípulo de los <em>startzi</em> Leónidas y Macario, quedó como el único continuador de su tradición. Naturaleza extremadamente rica, el staretz Ambrosio reunía en su persona las cualidades de sus predecesores. Se puede decir que en él el <em>starchestvo</em> de Optina encontró su apogeo.</p>
<p>&#8230;Alejandro Grenkov nació el 21 de Noviembre de 1812 en una familia clerical: su padre era lector en una parroquia de pueblo, en la provincia de Tambov. El nacimiento del futuro staretz cayó el día de una fiesta parroquial. Una multitud de campesinos venidos de las localidades vecinas llenaba el pueblo. “<em>He nacido en el pueblo y viviré siempre en medio del pueblo</em>”, decía el staretz.</p>
<p>&#8230;El joven Alejandro, muy dotado para los estudios, era de una vivacidad desbordante. Se lo veía saltar sin cesar en las calles con sus camaradas y, sin embargo, aunque no estudió jamás sus lecciones, fue siempre el primero en la escuela parroquial. Luego de la escuela, entró en el seminario de Tambov pero, una vez terminada su instrucción, no buscó hacer carrera eclesiástica. El futuro staretz pasó algún tiempo como preceptor en una familia de propietarios y ocupó después un modesto lugar de maestro de escuela en su pueblo natal.</p>
<p>&#8230;Alegre y espiritual, Grenkov era amado por todos. Sin embargo, a partir de un cierto momento, se comenzó a notar que buscaba a menudo la soledad, alejándose en el jardín o subiendo al granero para rezar. Aún en el seminario, caído gravemente enfermo, Alejandro había hecho voto de tomar hábito. Curado, aplazaba siempre el cumplimiento de su promesa y permanecía en el siglo. Un día, paseando en el bosque, oyó claramente en el rumor de un arroyo las palabras: Alabad a Dios, amad a Dios. El joven profesor de primaria fue a ver a un staretz, el recluso Hilarión, conocido en toda la región de Tambov por la sabiduría de sus concejos inspirados. El staretz le dijo: “<em>Id a Optina, encontrarás allí la experiencia</em>” (juego de palabras intraducible: <em>opyt</em> = experiencia). En 1839, durante las vacaciones de verano, Grenkov visitó el monasterio de Optina pero no permaneció en él. Vacilaba aún. En otoño del mismo año, luego de una velada se mostró particularmente alegre, Grenkov dijo bruscamente a uno de sus amigos: “<em>No puedo permanecer más aquí: parto para Optina</em>”. Algunos días después, abandonó su pueblo y fue recibido en Optina por el staretz Leónidas.</p>
<p>&#8230;El novicio, luego de haber cumplido durante algún tiempo obediencias en la cocina, fue designado por el staretz Leónidas para servirlo de lector. Debía decir cada día, en la celda del staretz, las oraciones prescritas por la regla monástica. No se sabe por qué el staretz Leónidas, bromeando, llamaba a su nuevo discípulo “quimera”. Al morir, lo “entregó de mano a mano” al staretz Macario. Alejandro Grenkov recibió el nombre de Ambrosio durante su toma de hábito. Rápidamente, fue ordenado diácono. Una vez, cerca del altar, el staretz Antonio, prior del skit, preguntó al joven diácono: “<em>Y bien</em>, <em>¿estáis acostumbrado?</em>” Ambrosio respondió con desenvoltura: “<em>Gracias a vuestras oraciones, padre mío</em>”. Pero el padre Antonio remató la frase “… <em>al temor de Dios</em>”. Confuso, el monje comprendió la lección.</p>
<p>&#8230;Ordenado sacerdote, el padre Ambrosio no permaneció mucho tiempo vinculado al servicio del altar. Tomó frío y, gravemente enfermo, permaneció enclavado en la cama durante varios meses. Su salud fue minada para siempre; quedó enfermo hasta el fin de su vida. Como el padre Macario, debió renunciar a decir la liturgia a causa de su debilidad extrema. La enfermedad atemperó la naturaleza demasiado exuberante del padre Ambrosio; lo obligó a entrar en si mismo, a consagrarse al trabajo incesante de la oración interior. Decía más tarde: “<em>La enfermedad es muy útil al monje. Si está enfermo, no le hace falta cuidarse más que un poco de vez en cuando, justo en la medida necesaria para subsistir</em>”.</p>
<p>&#8230;Al saber griego y latín, el padre Ambrosio ayudaba al staretz Macario en sus trabajos de edición de textos patrísticos. Continuó estas ocupaciones luego de la muerte de su maestro y publicó varias obras de espiritualidad, entre otras <em>La Escala</em> de san Juan Clímaco. Pero los trabajos de erudición no podían bastar al temperamento tan activo del padre Ambrosio. Buscaba una comunión directa con los seres humanos. Su espíritu vivo y penetrante, enriquecido por el conocimiento de la literatura ascética, se interesaba en todo lo que tocaba a los hombres: en la vida secreta del alma, tanto como en las actividades y preocupaciones exteriores. Bajo la acción de la oración constante, la perspicacia natural del padre Ambrosio se transformaba en clarividencia, ese don admirable de la gracia que debía hacer de él una de las figuras más sorprendentes del <em>starchestvo</em> ruso.</p>
<p>&#8230;Rápidamente, no hubo más secretos para el staretz Ambrosio: “leía en el alma como en un libro”. Un visitante podía guardar silencio, colocarse a distancia, detrás de la espalda de los demás, y el staretz conocía sin embargo su vida, el estado de su alma, el móvil que lo había llevado a Optina. No queriendo manifestar este don de clarividencia, el staretz planteaba habitualmente preguntas a las personas que deseaban verlo; pero sólo su manera de interrogar a los visitantes mostraba que estaba ya al corriente de todo. A veces, la vivacidad del staretz Ambrosio lo impulsaba a revelar sin precauciones lo que sabía. Así, un día, respondió vivamente a un joven artesano que se quejaba de tener mal un brazo: “<em>Sí, tendrás mal el brazo</em>… <em>¿Por qué has golpeado a tu madre?</em>” Después volvió a empezar, confuso, y se puso a plantear preguntas: “<em>¿Tu conducta es siempre buena? ¿Eres un buen hijo? ¿Jamás has ofendido a tus padres?</em>”</p>
<p>&#8230;Muy a menudo, el staretz usaba alusiones discretas, casi siempre bajo una forma humorística, para sugerir a las personas que sus faltas ocultas le eran conocidas; la persona a la que apuntaba así era la única en comprender la indirecta. Una señora que escondía cuidadosamente su pasión por el juego pidió una vez al staretz Ambrosio su carta (fotografía). El staretz sonrió con reproche: “<em>¿Qué me decís? ¿Qué jugamos a las cartas en el monasterio?</em>” Habiendo comprendido la alusión, la señora admitió su debilidad. Una joven estudiante de Moscú, que no había jamás visto al staretz, manifestaba una gran animosidad respecto de él, tratándolo de viejo hipócrita. Empujada por la curiosidad, fue un día a Optina y se puso cerca de la puerta, detrás de los demás visitantes que esperaban. El staretz entró en la sala de visitas, hizo una corta oración, miró un momento a la concurrencia y, dirigiéndose a la Jove dijo: “¡<em>Ah! ¡Pero es Vera! ¡Ha venido a ver al viejo hipócrita!</em>” Luego de una larga conversación cara a cara con Ambrosio, la joven cambió de opinión. Se volvió más tarde monja en el monasterio de Shamordino, fundado por el staretz.</p>
<p>&#8230;Con los indiferentes, el padre Ambrosio no perdía su tiempo: los despedía luego de una breve conversación, siempre en términos muy corteses. Al dejarlo, estos visitantes, llegados únicamente por curiosidad, decían habitualmente: “<em>Es un monje muy inteligente</em>”.</p>
<p>&#8230;Inteligente, el staretz lo era. Esta facultad, natural en él, no tendría en adelante más límite en su ejercicio gracias al don del razonamiento que había adquirido. Sabía apreciar cada fenómeno según su justo valor. Hombre espiritual, podía juzgar a todo, según las palabras de san Pablo (1 Co. 2, 15). Esta cualidad prestaba al padre Ambrosio una amplitud de miras ilimitada. No había ámbito seguro en su entendimiento donde hubiera debido retroceder a falta de conocimiento especial. Así, un propietario cuyos jardines no producían nada recibió indicaciones detalladas de parte del staretz para crear un sistema de irrigación perfeccionado.</p>
<p>&#8230;Activo e ingenioso, Ambrosio amaba a las personas decididas y valientes; bendecía siempre los emprendimientos difíciles y arriesgados con la condición de que fueran honestos. En los asuntos de dinero, en las cuestiones judiciales más embrolladas, tenía siempre un concejo preciso para dar. No había para él pequeñas cosas sin interés; todo lo que preocupaba a su interlocutor se convertía en el objeto único de su atención. Una campesina fue a contarle su desgracia: las pavas de su ama morían una detrás de la otra y la propietaria quería echarla a la calle. El staretz interrogó con paciencia a la pobre mujer sobre la manera en que alimentaba a las pavas, y después le dio algunos consejos prácticos. Los testigos de esta escena reían o se indignaban contra la anciana que había osado molestar al staretz con sus pavas. Luego de haber despedido a la campesina, Ambrosio se dirigió a los asistentes: “<em>¿Qué queréis? ¡Toda su vida está en sus pavas!</em>”</p>
<p>&#8230;Jamás, ante las dificultades materiales de las personas simples que iban a verlo, el staretz dijo: “Esto no me concierne. No me ocupo más que de las almas”. Tenía un corazón atento. Poseía la facultad de amar sin límites a cada persona humana que se encontraba en su presencia, olvidándose de sí mismo. Este olvido incesante de si mismo ante el prójimo constituía la vida elegida por el staretz Ambrosio. Decía: “<em>Toda mi vida no he hecho más que cubrir los techos de los demás y mi propio techo ha permanecido agujereado</em>”. Mas la persona humana no puede alcanzar su perfección suprema más que cesando de existir para si misma, dándose a todos. Es el fundamento de la palabra evangélica que, cuando es vivida hasta el extremo, es el foco viviente y personal de todo amor.</p>
<p>&#8230;Ningún defecto humano, ningún pecado podía obstaculizar el amor del staretz Ambrosio: antes de juzgar, compadecía y amaba. Es por ello que los pecadores iban hacia él sin temor, con confianza y esperanza. Una joven, que había quedado encinta, fue maldecida y expulsada de su familia por su padre, un rico comerciante. Fue a buscar refugio y consuelo junto al staretz Ambrosio. Este la acogió con dulzura y la puso en casa de sus amigos, en una ciudad vecina, donde pudo traer al mundo a su hijo. El staretz enviaba regularmente dinero a la joven madre que iba a verlo de vez en cuando con su hijo. Por consejo del staretz, la joven, que sabía pintar, se puso a ganar el pan haciendo iconos. Algunos años más tarde, el comerciante se reconcilió con su hija y se encariñó con su nieto.</p>
<p>&#8230;Ambrosio buscaba, en primer lugar, aliviar a los seres humanos de su pena antes de guiarlos por el camino de la justicia. Hacia el fin de su vida, se lo escuchó a menudo decir en voz baja, moviendo la cabeza: “<em>Era severo al comienzo de mi </em>starchestvo<em>, pero ahora me he vuelto débil: ¡las personas tienen tanto dolor, tanto dolor!</em>”. Cuando recibía nuevos visitantes, el staretz iba siempre a los más agobiados, escogía aquellos que tenían más necesidad de consuelo, y encontraba las palabras necesarias devolverles el ánimo, la esperanza, la alegría de vivir. Igualmente bueno para con todos, manifestando preferentemente su amor a las personas desagradables, difíciles de soportar, a los pecadores endurecidos, despreciados por la sociedad, jamás desesperó ante el abismo de los pecados humanos, jamás dijo: “No puedo hacer nada”.</p>
<p>&#8230;El secreto de la clarividencia del padre Ambrosio residía en su caridad. No solamente amaba a todos aquellos que se acercaban a él, sino que tenía la facultad de identificarse con ellos, de modo que amaba igualmente a sus prójimos, los objetos a los cuales estaban ligados, todo lo que constituía su vida. El espíritu del padre Ambrosio abrazaba toda la vida interior y exterior de la persona a la cual trataba: es por ello que podía guiar con seguridad la voluntad del hombre adecuándola con la de Dios. Los destinos humanos le estaban abiertos; se puede decir que compartía el consejo divino respecto de cada persona. Los ejemplos de dicho conocimiento de los propósitos providenciales son muy numerosos en la práctica del staretz Ambrosio. Aquí tenéis algunos de los más típicos.</p>
<p>&#8230;Una joven pobre fue pedida en matrimonio por un rico comerciante atraído por su belleza. El staretz aconsejó a su madre rechazar al comerciante diciendo que tenía en vista para la joven un partido infinitamente mejor. La madre exclamó: “<em>¡No hay partido mejor para nosotros! ¡Mi hija de ningún modo puede casarse con un príncipe!</em>”. “<em>El novio que tengo para tu hija es tan grande que no puedes imaginarlo</em> –insistió Ambrosio- <em>rechaza al comerciante</em>”. La madre obedeció al staretz, y disuadió al pretendiente de su hija. Algunos días después, la joven cayó súbitamente enferma y murió.</p>
<p>&#8230;Dos hermanas fueron una vez a Optina. La mayor, de naturaleza retraída, pensativa, muy devota; la otra, exuberante de alegría, no pensando más que en su novio. Una busca entrar en un monasterio, la otra desea que el staretz bendiga su felicidad conyugal. Habiendo recibido a las dos jóvenes, el padre Ambrosio, sin decir nada, desplegó a la novia un rosario. Después, se dirigió a su hermana: “<em>¿Por qué hablas de monasterio? Pronto vas a casarte</em>”. Y nombró una región lejana donde debía conocer a su futuro marido. Vuelta a San Petersburgo, la novia se enteró que aquel a quien amaba la había engañado. En su dolor, se tornó enteramente hacia Dios; su naturaleza sufrió un cambio profundo; renunció al siglo y entró en un monasterio. Al mismo tiempo, su hermana mayor fue invitada por una tía de provincia cuya propiedad se encontraba próxima a un monasterio de mujeres. Fue allí, pensando encontrar la ocasión de tomar un conocimiento más cercano de la vida monástica. Pero un encuentro que tuvo en la casa de su tía cambió todo: la joven postulante se convirtió pronto en feliz esposa.</p>
<p>&#8230;Aquellos que conocían bien al staretz Ambrosio sabían por experiencia personal que era necesario obedecer a todo lo que decía sin jamás contradecirlo. Él mismo tenía costumbre de decir: “<em>No discutáis jamás conmigo. Soy débil, podría cederos, y esto sería dañino para vosotros</em>”.</p>
<p>&#8230;Se cuenta la historia de un artesano que, luego de haber fabricado un nuevo iconostasio para la iglesia de Optina, fue a lo del staretz Ambrosio para recibir su bendición antes de volver a su casa, en Kaluga, a 60 kilómetros del monasterio. Los caballos estaban ya enganchados, el artesano tenía prisa de regresar a su taller, sabiendo que un encargo ventajoso lo esperaba. Pero el staretz, después de haberlo retenido mucho tiempo, lo invitó a volver al día siguiente, luego de la liturgia, a tomar el té en su celda. El artesano, halagado por esta atención del santo hombre, no osó rechazar. Esperaba encontrar aún a su cliente en Kaluga llegando allí hacia el fin de la tarde. Pero el staretz no quiso dejarlo partir: hacía falta que el artesano vuelva a tomar el té en su celda una vez más, antes de vísperas. A la tarde, el padre Ambrosio renovó su invitación para el día siguiente. El artesano, muy frustrado, pero no osando protestar, obedeció de nuevo. Dicha maniobra se reiteró durante tres días. El staretz despidió finalmente al artesano: “<em>Gracias, amigo mío, por haberme obedecido. Dios te cuidará, ve en paz</em>”. Algún tiempo después, al artesano se enteró que dos de sus antiguos aprendices, sabiendo que debía regresar de Optina con una suma de dinero considerable, habían estado al acecho tres días y tres noches en el bosque, cerca del gran camino de Kaluga, con intención de matarlo.</p>
<p>&#8230;Los consejos del staretz Ambrosio, cuando eran seguidos por sus hijos espirituales, conducían a las personas por el camino en que ellas podían desarrollarse plenamente, y producir los frutos de la gracia. Un joven sacerdote fue nombrado, según su propio deseo, en la parroquia más pobre de la diócesis de Orel; pero, luego de un año de existencia difícil, perdió ánimo y quiso ser enviado a otro lugar. Antes de hacer su pedido, el joven sacerdote fue a consultar al staretz Ambrosio. Habiéndolo visto de lejos, el staretz le gritó: “<em>¡Vete, vuelve a tu casa, padre! Él está solo y vosotros, vosotros sois dos</em>”. Después, explicándole el sentido de estas palabras, añadió: “<em>El demonio está solo para tentarte, mientras que tú tienes a Dios para ayudarte. Vuelve a tu casa. Es un pecado abandonar tu parroquia. Di la liturgia cada día y no tengas ningún temor: todo irá bien</em>”. El sacerdote, animado, retomó su trabajo pastoral con paciencia. Luego de largos años, dones maravillosos se revelaron en él: el padre Jorge Kossov se convirtió en un staretz de gran renombre.</p>
<p>&#8230;El conocimiento de los propósitos providenciales, el poder sobre los destinos humanos se manifestaron de modo sorprendente en el staretz Ambrosio en el momento en que emprendió la fundación de un monasterio de mujeres en Shamordino. Por concejo del staretz, una de sus hijas espirituales, la rica propietaria Klutcharev, compró el campo de Shamordino a doce kilómetros de Optina. En el pensamiento de la devota señora venía de tomar el velo, dicha propiedad debía asegurar el futuro de sus nietas, dos gemelas huérfanas. El staretz Ambrosio iba a menudo a Shamordino, inspeccionando las construcciones de la nueva casa de las señoritas Klutcharev. Edificada según las indicaciones del staretz, esta nueva casa señorial tenía más bien la disposición de un monasterio. Las dos niñas se instalaron allí con algunas mujeres, antiguas siervas de los Klutcharev. Su abuela, que vivía en Optina en una mansión contigua al monasterio se ocupaba de la instrucción de las dos huérfanas. A fin de suministrarles una buena educación mundana, quiso llamar a Shamordino a un institutriz francesa. Pero el staretz se opuso a ello. No queriendo afligir a la abuela, se cuidó de revelarle la verdadera causa de su rechazo. Pero habló abiertamente a una amiga de la familia Klutcharev: “<em>Las pequeñas no vivirán</em>, le dijo. <em>No es a la vida de este mundo, sino a la vida eterna que hay que prepararlas. Religiosas van a sucederlas en Shamordino, que rezarán por el reposo de sus almas</em>”.</p>
<p>&#8230;La abuela murió en 1881 y, dos años después, sus nietas, ahijadas y discípulas del staretz Ambrosio, sucumbieron juntas a la difteria a la edad de doce años. Un año más tarde, en 1884, una comunidad de religiosas se instalaba en Shamordino. Atraídas por el renombre del staretz Ambrosio, director espiritual de las hermanas de Shamordino, mujeres de todas las clases de la sociedad pidieron entrar en el nuevo monasterio. Pronto, el número de religiosas se elevó a quinientas. Se debió construir deprisa nuevos cuerpos de edificio parar alojar a las hermanas que afluían siempre, para acondicionar un hospicio destinado a las mujeres de gran edad, un orfanato, una escuela. El staretz creó en Shamordino una gran familia unida por la oración y el trabajo. Iba a menudo a pasar algunos días en medio de sus hijas espirituales; las estancias prolongadas de staretz Ambrosio en Shamordino provocaron el descontento de las autoridades eclesiásticas: se hizo notar que el staretz no debía privar de su ayuda a los visitantes que iban, cada vez más numerosos, a Optina. Es un hecho bastante elocuente que muestra hasta qué punto la actitud del episcopado respecto del <em>starchestvo </em>había cambiado después de los tiempos del staretz Leónidas.</p>
<p>&#8230;La correspondencia del staretz Ambrosio fue inmensa. Cada día, recibía de treinta a cuarenta cartas. Las ponía ante él en el suelo y, con su bastón, elegía aquellas que debía responder inmediatamente. A menudo, conocía el contenido de una carta antes de abrirla. Las personas más diversas se dirigían al staretz. Una joven artista francesa, católica, le escribió desde San Petersburgo, buscando consuelo espiritual en su dolor: venía de perder al hombre que amaba. Para cada uno, el staretz Ambrosio encontraba las palabras necesarias, aquellas que van directo al corazón, estimulando la persona humana a la vida espiritual. Si se considera el trabajo cotidiano realizado por este viejo monje enfermo, el número de cartas a las cuales respondía, la cantidad de visitantes que recibía, encontrando cada vez una respuesta justa, una salida simple en las situaciones más complicadas,</p>
<p>&#8230;Los no creyentes, los buscadores de Dios, tan numerosos en la inteligentsia rusa hacia el fin del siglo diecinueve, iban cerca de staretz Ambrosio, cuya sola presencia reavivaba su fe apagada. Un hombre que había pasado años buscando la verdadera religión y no la había encontrado en Tolstoi, fue por último a Optina, “sólo para ver”. “<em>Y bien: ¡mirad!</em>”, le dijo el staretz levantándose ante él y mirándolo fijamente con sus ojos llenos de luz. El hombre se sintió como acalorado por esta mirada. Permaneció varios meses en Optina. Un día, dijo al staretz: “<em>He encontrado la fe</em>”.</p>
<p>&#8230;Todos los caminos espirituales de Rusia al ocaso del siglo XIX pasan por Optina. Vladimir Soloviov y Dostoievsky han ido allí. El encuentro con el staretz no ha dejado ninguna huella en la obra de Soloviov. Este metafísico, cuyo pensamiento buscaba una síntesis cristiana, aunque evolucionando en el círculo del idealismo neoplatónico y alemán, este gran visionario que vivía en una tradición mística extraña a la del cristianismo, este utopista prendado de la idea teocrática, era insensible a la tradición viviente de la Ortodoxia, a las realidades históricas de la Iglesia rusa de su tiempo. Ha pasado al lado del starchestvo sin fijarse en él. Sin embargo, en su Relato sobre el Anticristo, embargado de aquella angustia apocalíptica que marcó el fin de su vida, Soloviov representará al apóstol san Juan, testigo de la Iglesia de Oriente, vuelto hacia el fin de los tiempos, bajo los rasgos de un staretz ruso.</p>
<p>&#8230;La misma imagen del monje ruso se presentó al espíritu de Dostoievsky cuando quiso encarnar en su obra el ideal de la santidad. No podía no pensar en cu encuentro con el staretz Ambrosio al crear el personaje del staretz Zósima en <em>Los hermanos Karamazov</em>. Todo el decorado exterior, la descripción del monasterio hasta los menores detalles, la espera de los visitantes, la escena de la recepción del staretz, hacen pensar en Optina. Pero el staretz Zósima no tiene casi nada en común con el padre Ambrosio. Es una figura bastante pálida, demasiado idealizada para ser el retrato de un ser vivo. Zósima reproduce más bien algunos rasgos de san Tijon de Zadonsk (siglo XVIII); de hecho, Dostoievsky se ha servido de los escritos del obispo de Voronezh al redactar las enseñanzas del staretz Zósima.</p>
<p>&#8230;Constantin Leontiev, ese gran antagonista de Dostoievsky, afirmaba que <em>Los hermanos Karamazov</em> no habían encontrado crédito en Optina. Ese cristianismo de colores rosas tendría, según Leontiev, una huella de sensibilidad enfermiza extraña al espíritu del monaquismo ruso. Esta observación es justa en una cierta medida: el genio turbio y dionisíaco de Dostoievsky, no había hecho nada para apreciar la sobriedad espiritual tan característica a favor del starchestvo en general y sobre todo respecto a Optina en la época del staretz Ambrosio. Pero, por otro lado, puede uno preguntarse si el mismo Leontiev ha comprendido alguna vez la tradición joánica de la espiritualidad rusa, encarnada por san Serafín de Sarov y el staretz Ambrosio. En efecto, Leontiev buscaba otra cosa en la Ortodoxia: prendado de la belleza pagana del ser creado, esteta, temiendo que el progreso del cristianismo desemboque en el empobrecimiento de las formas naturales de la vida, Leontiev no podía desear la transfiguración de la criatura. En la Iglesia, buscaba únicamente su salvación individual, un ideal ascético, palabras austeras sobre la muerte, sobre la vanidad de todas las cosas, el temor de Dios que podría oponer a su apego apasionado al cosmos no purificado, a su admiración ante la “<em>belleza falaz y cautivadora del mal</em>”.</p>
<p>&#8230;Nada de más extraño al espíritu de Optina que el cristianismo de Leontiev. Y sin embargo, habiendo una vez encontrado al staretz Ambrosio, este hombre lunático y apasionado no quiso abandonarlo más: pasó quince años en una pequeña casa que se hizo construir en el recinto del monasterio. Por consejo del padre Ambrosio, Constantin Leontiev se hizo monje en el monasterio de la Trinidad – San Sergio en 1890.</p>
<p>&#8230;Otros maestros del pensamiento ruso han sentido la atracción irresistible de Optina. León Tolstoi tuvo algunas conversaciones con el staretz Ambrosio. Excomulgado, solitario, enfermo, irá aún a Optina, en un impulso de angustia, algunos días antes de su muerte, a merodear alrededor del skit sin osar entrar allí… Strajov, Rozanov, y cuántos otros aún, en un momento de su vida, se sintieron atraídos hacia Optina, llevado al apogeo de su gloria por el staretz Ambrosio.</p>
<p>&#8230;El padre Ambrosio era de talla mediana, pero muy encorvado. Caminaba con dificultad apoyándose en un bastón. Enfermo, la mayor parte del tiempo permanecía tendido y recibía a los visitantes semi-acostado en su cama. Bello en su juventud, el staretz tenía un rostro pensativo cuando permanecía solo, alegre y animado en presencia de los demás. Dicho rostro cambiaba sin cesar de expresión: unas veces el padre Ambrosio miraba a su interlocutor con ternura, otras soltaba una risa joven y comunicativa, o bien inclinaba la cabeza y escuchaba en silencio lo que se le decía para permanecer después algunos minutos en meditación profunda antes de tomar la palabra. Los ojos negros del staretz miraban fijamente a aquel a quien con quien hablaba y se sentía que dicha mirada penetraba hasta el fondo del ser humano, que nada le podía permanecer oculto; sin embargo, se sentía un sentimiento bienestar, de relajación interior, de alegría. Siempre afable y alegre, lleno de humor, el staretz Ambrosio tenía una broma en los labios incluso en las horas de fatiga extrema, hacia el fin del día, cuando había hablado doce horas seguidas a los visitantes que se sucedían en su celda. Cada mañana, se preparaba para su labor cotidiana rezando solo en su celda. Eran los únicos momentos en que el padre Ambrosio no dejaba entrar a nadie, no queriendo que se lo vea durante su oración. Las personas que intentaron penetrar en su celda a pesar de dicha prohibición expresa han visto al staretz sentado sobre su cama, sumido en la oración; su rostro expresaba un gozo indecible; la presencia de Dios era tan manifiesta que los visitantes no osaron permanecer un instante de más en su celda. Un día, un hieromonje del skit, entrando an la celda del padre Ambrosio a la hora de su oración, vio la cara del staretz resplandecer con una luz insoportable a la mirada humana.</p>
<p>&#8230;Para evitar toda manifestación demasiado estridente de santidad, el staretz Ambrosio no obraba jamás curaciones; enviaba a los enfermos a un pozo bendito donde recobraban la salud luego de la inmersión. Pero los signos milagrosos se multiplicaban. Un día, cuando la gente se apretujaban en el patio del monasterio para recibir la bendición del staretz, se oyó a alguien dar un grito de sorpresa: “<em>¡Es él, es él!</em>”. Habiendo divisado al hombre que gritaba, el staretz se tornó confuso, pero era demasiado tarde para disimular el hecho: el hombre había reconocido en el padre Ambrosio al anciano que se le había aparecido en sueños, algunos días antes, invitándolo a ir a Optina para recibir una ayuda eficaz en su situación desesperada.</p>
<p>&#8230;Otro caso de aparición del staretz Ambrosio a una persona que tenía necesidad de él es aún más sorprendente. Es necesario decir que el staretz, enfermo, no abandonaba casi nunca Optina, salvo para irse a Shamordino. Es en este monasterio, en medio de sus hijas espirtuales, que pasó el último año de su vida. En esta época, un pobre gentilhombre de provincia, abrumado por una familia numerosa, habiendo perdido su puesto de administrador en la casa de un rico propietario, tuvo la idea de irse a Optina. Esperaba que el staretz Ambrosio, del que había oido hablar mucho, pudiera sacarlo del apuro. Un día, divisó por la ventana un viejo monje peregrino que pasaba ante su casa apoyándose en un bastón. Según la costumbre piadosa de los campesinos rusos, el gentilhombre hizo entrar al viejo monje y le ofreció de comer. Le contó sus penas y le expresó su deseo de ir a Optina. El viejo peregrino dijo a su anfitrión que el padre Ambrosio se encontraba en Shamordino y le aconsejó ir allí lo más deprisa posible si quería encontrar al staretz aún vivo. El peregrino acababa de salir cuando la señora de la casa quiso retenerlo hasta el día siguiente. Se corrió a buscarlo, pero el anciano había desaparecido. Cuál fue la sorpresa del pobre gentilhombre en Shamordino cuando reconoció en el staretz Ambrosio al viejo peregrino que había acogido en su casa algunos días antes. Se prosternó ante el staretz, queriendo revelar todo, pero el staretz le cortó la palabra: “<em>Cállate, cállate</em>”, y añadió señalando a una señora que se encontraba en la multitud de visitantes: “<em>Serás administrador en su propiedad</em>”.</p>
<p>&#8230;Llegado a Shamordino en el verano de 1890, el staretz Ambrosio, caído enfermo, debió permanecer allí todo el enfermo. En primavera de 1881, se sintió un poco mejor, pero una debilidad extrema le impedía volver a Optina. Continuaba recibiendo a los visitantes mañana y tarde aunque su voz se fue volviendo tan débil que se le entendía apenas lo que decía. Los monjes de Optina reclamaban el retorno del staretz a su monasterio; se hablaba incluso de hacerlo volver a la fuerza, pero el padre Ambrosio respondía que permanecía en Shamordino por una voluntad expresa de Dios, y que moriría en el camino si se lo llevaba a Optina. El obispo de Kaluga exigió, a su vez, el retorno del staretz al skit. Hacia el fin de Septiembre, manifestó su deseo de ir personalmente a Shamordino para hablar en razón de ello con el padre Ambrosio. Las hermanas, preparándose para recibir al obispo, preguntaron al staretz qué había que cantar durante su entrada solemne. El staretz respondió: “<em>Le cantaremos ‘Aleluia’</em>”. Dijo también que tenía la intención de encontrarse con el obispo en medio de la iglesia, lo que era contrario a los usos.</p>
<p>&#8230;El estado del enfermo se agravó. Perdió totalmente el oído, de modo que los visitantes, que no cesaban de asediarlo incluso en su lecho de muerte, debieron escribir sus preguntas sobre una gran hoja de papel. A partir del 6 de Octubre, se esperó el fin de una hora a otra. El staretz recibió la unción de los enfermos y comulgó, asistido por su discípulo y sucesor, el padre José de Optina. Era el 9 de Octubre. El archimandrita Isaac, higúmeno de Optina, que fue por última vez a visitar al gran staretz, se disolvió en lágrimas viéndolo. Al día siguiente, el moribundo permanecía sin movimiento. El 10 de Octubre, a las once y media, luego de la lectura de las oraciones de tránsito, el staretz levantó el brazo, hizo la señal de la cruz y cesó de respirar. Su rostro estaba claro, sus labios conservaban una sonrisa de profundo gozo.</p>
<p>&#8230;En ese momento, el obispo de Kaluga abandonaba su ciudad para ir a Shamordino. En el camino, recibió el telegrama anunciándole la muerte del staretz. Cuando, tres días después, el jerarca hizo su entrada en la iglesia de Shamordino, el coro cantaba el Aleluya del oficio fúnebre. El ataúd abierto del padre Ambrosio se encontraba en medio de la iglesia.</p>
<p>&#8230;Mucho tiempo antes de su enfermedad, el staretz había prevenido al padre José que sus restos mortales, contrariamente a los de sus predecesores Leónidas y Macario, desprendería un olor a putrefacción. “<em>Eso me sucederá, decía, porque he tenido demasiada gloria inmerecida durante mi vida</em>”. En efecto, al comienzo, un olor se hizo sentir, pero desapareció progresivamente. En el día del entierro, el cuerpo del staretz exhalaba un perfume sorprendente. Más de ocho mil personas se acercaron a saludar su cuerpo que permaneció expuesto durante cuatro días. Cada uno buscaba colocar un instante sobre los restos del staretz un pañuelo o un trozo de tela para conservarlo después como objeto sagrado. Los monasterios de Optina y Shamordino se disputaban el sepulcro del padre Ambrosio; el Santo Sínodo, puesto al tanto de este litigio, se pronunció a favor de Optina.</p>
<p>&#8230;El 14 de Octubre, bajo una lluvia de otoño, el cuerpo del staretz Ambrosio fue trasladado a Optina. El ataúd, llevado en alto sobre los hombros, dominaba la multitud inmensa. Desde todas las aldeas, el clero y el pueblo iban a unirse a la procesión con iconos y estandartes. Se paraba de vez en cuando para hacer letanías. El cortejo mortuorio se parecía más bien a un traslado de reliquias. Se observó que los grandes cirios, que rodeaban el ataúd, no se apagaron durante el camino a pesar de la intemperie.</p>
<p>&#8230;Algunos años antes de su muerte, el staretz Ambrosio había hecho pintar un icono de la santa Virgen bendiciendo el trigo cosechado. La llamó Nuestra Soberana Recolectora, e instituyó su fiesta el 15 de Octubre. Ese fue el día en que su cuerpo debía ser entregado a la tierra.</p>
<p>&#8230;El staretz Ambrosio fue enterrado cerca de la iglesia del monasterio de Optina, al lado de su maestro, el staretz Macario. Más tarde, una capilla fue erigida sobre su tumba donde lámparas ardían perpetuamente ante los iconos de la Virgen y san Ambrosio de Milán, patrono del staretz. Sobre la piedra sepulcral, se grabó las palabras de san Pablo: “<em>He sido débil entre los débiles, a fin de ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos</em>”.</p>
<p style="text-align:center;">
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		<title>Orígenes</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Nov 2009 04:39:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[origenes]]></category>
		<category><![CDATA[vida de origenes]]></category>

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De la vida de ORÍGENES tenemos gran abundancia de datos, debido especialmente, aunque no en exclusiva, al espacio que en su Historia eclesiástica le dedica Eusebio de Cesarea, quien pudo consultar un centenar de cartas suyas.
Orígenes, egipcio, probablemente alejandrino, era el hijo mayor de una familia ya cristiana y numerosa; nació hacia el año 185. Su [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=270&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
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<p><strong>De la vida de ORÍGENES tenemos gran abundancia de datos, debido especialmente, aunque no en exclusiva, al espacio que en su </strong><em><strong>Historia eclesiástica </strong></em><strong>le dedica Eusebio de Cesarea, quien pudo consultar un centenar de cartas suyas.</strong></p>
<p><strong>Orígenes, egipcio, probablemente alejandrino, era el hijo mayor de una familia ya cristiana y numerosa; nació hacia el año 185. Su padre, que se había cuidado de que recibiera una buena educación tanto en las ciencias sagradas como en las profanas, murió mártir en el año 202; Orígenes, deseoso de imitarle, seguramente habría seguido la misma suerte si su madre no hubiese escondido sus ropas, impidiendo así que saliera de casa. Sus bienes fueron confiscados, y Orígenes comenzó a trabajar como maestro para ayudar a la familia. Ya hemos dicho algo de su carrera docente; basta añadir que reunió a su alrededor a muchos discípulos tanto por el nivel de sus enseñanzas como por el ejemplo de su vida.</strong></p>
<p><strong>Su intensa labor docente no le impidió asistir a las lecciones de Ammonio Saccas, fundador del neoplatonismo y maestro de Plotino, ni el emprender varios viajes: a Roma, el 212, «para ver la antiquísima Iglesia de los romanos»; a la provincia romana de Arabia, cuyo gobernador deseaba escucharle, el 215; a Antioquía, a donde le había llamado la madre del emperador Alejandro Severo.</strong></p>
<p><strong>Hacia el 216, después de que Caracalla saqueara Alejandría, mandando cerrar las escuelas y persiguiendo a los maestros, marchó a Palestina. Allí, a petición de los obispos y a pesar de no ser sacerdote, predicó sermones y explicó las Escrituras; pero el obispo de Alejandría, Demetrio, protestó de que se permitiera predicar a un seglar y exigió que volviera a Alejandría, cosa que hizo prontamente a pesar de la resistencia de los obispos de Palestina.</strong></p>
<p><strong>Unos 15 años más tarde, los obispos de Jerusalén y de Cesarea lo ordenaron sacerdote, aprovechando que pasaba de viaje hacia Grecia para ir a refutar a algunos herejes por encargo de Demetrio; éste protestó, pues Orígenes, que en su juventud, interpretando literalmente un consejo de los evangelios (cfr </strong><em><strong>Mt </strong></em><strong>19, 12), se había castrado, era por eso mismo inhábil para recibir el sacerdocio; y el </strong><em><strong>231, </strong></em><strong>en sendas reuniones sinodales de Alejandría, fue excomulgado y depuesto del sacerdocio, excomunión que fue renovada por el obispo siguiente.</strong></p>
<p><strong>A partir de este momento, la vida de Orígenes se desarrolla en Cesarea de Palestina, donde, a petición del obispo, fundó una escuela de teología que dirigiría durante más de </strong><em><strong>20 </strong></em><strong>años. De esta época sabemos que el 244 estuvo en Arabia, donde rescató de la herejía al obispo Berilo de Bostra; que sufrió gravemente bajo la persecución de Decio; y que murió en Tiro poco después, el año </strong><em><strong>253, </strong></em><strong>a la edad de </strong><em><strong>69 </strong></em><strong>años.</strong></p>
<p><strong>Orígenes siguió siendo motivo de polémica después de su muerte. Hubo disputas sobre sus escritos, las «controversias origenistas», más graves hacia los años </strong><em><strong>300, 400 y 550; </strong></em><strong>estas controversias se cerraron con la condenación de algunas de sus doctrinas en el II concilio de Constantinopla, quinto de los ecuménicos, del </strong><em><strong>553, </strong></em><strong>y es seguramente esta condenación la responsable de que hasta nosotros haya llegado una parte pequeña de sus obras y aun principalmente a través de traducciones latinas. Su producción literaria había sido considerable; la lista que había recogido Eusebio, y que se ha perdido, contenía unos dos mil títulos, y otros testimonios antiguos hablan de seis mil. Nosotros, a través de San Jerónimo, conocemos unos ochocientos.</strong></p>
<p><strong>La principal actividad literaria de Orígenes estuvo dedicada al </strong><em><strong>estudio de la Biblia. Su </strong></em><strong>obra más ambiciosa en la que nunca dejó de trabajar, estaba dirigida a establecer un </strong><em><strong>texto crítico del Antiguo Testamento, </strong></em><strong>sobre la versión de los Setenta. En seis columnas paralelas (de ahí el nombre de</strong><em><strong>Exaplas) </strong></em><strong>se recogían: el texto hebreo, primero en caracteres hebreos y luego, para precisar su pronunciación, en caracteres griegos; y después los textos griegos de los Setenta y de otras tres traducciones; en la columna de los Setenta se anotaba con diferentes símbolos las omisiones o adiciones respecto a los otros textos. En los libros que carecen de original hebreo, las columnas eran cuatro </strong><em><strong>(Tetraplas) y </strong></em><strong>en los Salmos se añadieron tres versiones más </strong><em><strong>(Enneaplas). </strong></em><strong>No parece que se hicieran nunca copias de esta obra monumental en su totalidad; se conservaba en la biblioteca de Cesarea de Palestina, donde la consultó San Jerónimo. Nos han llegado de ella sólo breves fragmentos, que en realidad casi sólo nos sirven para tener una idea general de la disposición de la obra.</strong></p>
<p><strong>Sus </strong><em><strong>escritos de explicación de las Escrituras </strong></em><strong>se pueden clasificar en tres grupos:</strong></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>a) Comentarios, </strong></em><strong>que son trabajos de exégesis erudita; en ellos se combinan las notas textuales, filológicas, etimológicas e históricas, con consideraciones de tipo teológico y filosófico; en esos comentarios lo que más interesa al autor es el sentido místico que su método alegórico le permite encontrar.</strong></p>
<p><strong>Son 25 libros </strong><em><strong>sobre el evangelio de San Mateo, </strong></em><strong>de los que quedan 8 en griego y unos pocos más en traducciones; 32 libros </strong><em><strong>sobre el evangelio de San Juan, </strong></em><strong>de los que quedan 8; 15 libros </strong><em><strong>sobre la epístola a los Romanos, </strong></em><strong>de los que conocemos 10 por una traducción latina no muy de fiar. De los muy numerosos sobre el Antiguo Testamento queda sólo una parte del comentario </strong><em><strong>sobre el Cantar de los Cantares. </strong></em><strong>Se han perdido 13 libros </strong><em><strong>sobre el Génesis, </strong></em><strong>46 so</strong><em><strong>bre los Salmos, </strong></em><strong>30 </strong><em><strong>sobre Isaías, 5 sobre las Lamentaciones, 25 sobre Ezequiel, 25 sobre los profetas menores; </strong></em><strong>y del Nuevo Testamento, 15 </strong><em><strong>sobre San Juan, 5 sobre los Gálatas, 3 sobre los Efesios y </strong></em><strong>otros </strong><em><strong>sobre otras epístolas. </strong></em><strong>De todo este material sólo nos queda una pequeña parte: de un total de 291 comentarios, se ha perdido la redacción original griega de 275, y no es mucho lo que nos ha llegado en latín;</strong></p>
<p><strong>b) las </strong><em><strong>Homilías </strong></em><strong>son sermones sobre algunos pasajes escogidos de la Biblia, destinados a la edificación del pueblo; Orígenes solía predicar dos veces por semana según algunos testimonios, y casi todos los días según otros. De las 574 homilías de las que tenemos noticia, poseemos 20 en su texto griego y 166 en traducciones latinas; de 388 se tiene poco más que el nombre. A pesar de ello, su interés es extraordinario;</strong></p>
<p><strong>c) finalmente, los </strong><em><strong>Escolios, </strong></em><strong>de los que ninguno nos ha llegado íntegro, eran breves explicaciones sobre textos que ofrecían dificultades.</strong></p>
<p><strong>Entre lo que podríamos llamar </strong><em><strong>escritos dogmáticos </strong></em><strong>figura en primer lugar la más importante de las obras de Orígenes, el </strong><em><strong>Peri Arjón, </strong></em><strong>«sobre los principios», que trata de los fundamentos de la doctrina cristiana. Escrita en Alejandría en la tercera década del siglo, es el primer manual de dogmática, único como tal en la historia de la Iglesia antigua. La redacción griega, con la excepción de algún fragmento, se ha perdido; pero tenemos completa una traducción latina libre, hecha siglo y medio más tarde por Rufino de Aquileia, quien suprimió los pasajes que se reputaban discutibles.</strong></p>
<p><strong>La obra está formada por cuatro libros. En el prólogo explica por qué hay que investigar con la razón las verdades de la fe y otras relacionadas con ellas: Cristo y los Apóstoles enseñaron lo más importante, el contenido de esta fe, pero dejaron a los que vendrían después la tarea de encontrar las razones que la apoyan, de averiguar cómo se relacionan unas verdades con otras o cuál puede ser el origen del alma humana o de los ángeles, y otras cosas así; en una palabra, Orígenes está definiendo el objeto de la teología. Luego, en el libro primero trata del mundo espiritual: de la unidad de Dios, de las tres personas divinas, de los ángeles, del alma humana. En el segundo trata del mundo material: el hombre es un espíritu caído, encerrado en la materia; el pecado original, la redención y la vida eterna completan el libro. En el tercero se habla de la lucha del alma con el cuerpo, y en el cuarto se resume lo anterior añadiendo algún tema nuevo.</strong></p>
<p><strong>Otra obra dogmática descubierta en 1941 es la </strong><em><strong>Disputa con Heráclides. </strong></em><strong>No se trata de un diálogo literario sino, hecho insólito en la época, de la versión auténtica de una disputa mantenida por Orígenes en una iglesia de Arabia hacia el 245, a petición de los obispos que estaban preocupados por las opiniones de Heráclides sobre la Trinidad; además de este tema se trata también de la inmortalidad del alma.</strong></p>
<p><strong>Se conservan dos </strong><em><strong>obras de carácter ascético </strong></em><strong>escritas por Orígenes. La más valiosa y mejor conocida es su tratado </strong><em><strong>Sobre la oración </strong></em><strong>compuesto a mediados de la década tercera del siglo. Trata de la oración en general y del padrenuestro en particular; es el primer estudio sistemático sobre el tema, y muestra la hondura de la vida interior de su autor.</strong></p>
<p><strong>La segunda versa </strong><em><strong>Sobre el martirio, y </strong></em><strong>fue escrita en Cesarea en el 235, al comienzo de una nueva persecución. Su esquema es más o menos éste: el tiempo de la tribulación es breve, y el premio será eterno; abandonar a Dios y adorar a los ídolos es un gran pecado; hemos de aceptar cualquier clase de martirio sin desfallecer, como Eleazar y como aquella madre y sus siete hijos de quienes nos habla el </strong><em><strong>Libro Segundo de los Macabeos; </strong></em><strong>no faltará la ayuda de Dios, pero hay que estar preparado. Una exposición que está de acuerdo con la vida de Orígenes, tanto en su juventud como en su vejez.</strong></p>
<p><strong>En cuanto a sus </strong><em><strong>Cartas, </strong></em><strong>hay que decir que de todas las que componían las cuatro colecciones que conoció San Jerónimo, en una de las cuales figuraban más de cien, nos han llegado sólo dos.</strong></p>
<p><strong>Finalmente hemos de mencionar una </strong><em><strong>obra apologética, </strong></em><strong>escrita </strong><em><strong>Contra Celso </strong></em><strong>hacia el 246, a petición de un amigo de Orígenes. El libro de Celso, al que ya nos hemos referido antes, había sido escrito en el año 178 y parece que no había causado una gran impresión entre sus contemporáneos, pero quizá ahora, mucho más tarde, sus razones envenenadas estaban causando daño. Orígenes refuta un argumento tras otro, copiando primeramente las palabras de Celso; si bien esta refutación no es muy brillante y en algunos puntos defrauda, debido quizá al empleo de este método, el vigor de sus convicciones y su serenidad acaban por cautivar.</strong></p>
<p style="text-align:center;">Extraído de</p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://www.mercaba.org"><span style="color:#000080;">mercaba.org</span></a></strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://www.mercaba.org/TESORO/cartel_origenes.htm"><span style="color:#993300;">Obras de Orígenes</span></a></strong></p>
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		<title>M. Mª del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gomez</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 00:31:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Madre Mª del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez nació en Madrid el 3 de septiembre de 1913.

El 20 de julio de 1936, durante el bombardeo del cuartel de la Montaña, experimentó una fuerza interior que la movió a ofrecer su vida &#8220;pro eis&#8221; -por los sacerdotes-, al profundizar en el significado y la necesidad [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=261&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;">
<div id="attachment_263" class="wp-caption aligncenter" style="width: 332px"><img class="size-full wp-image-263" title="M. Mª DEL CARMEN HIDALGO DE CAVIEDES Y GÓMEZ" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/11/mcarmen.jpg?w=322&#038;h=657" alt="M. Mª DEL CARMEN HIDALGO DE CAVIEDES Y GÓMEZ" width="322" height="657" /><p class="wp-caption-text">M. Mª del Carmen</p></div>
<p><strong>Madre Mª del Carmen Hidalgo de Caviedes y Gómez nació en Madrid el 3 de septiembre de 1913.</strong></p>
<p><strong><br />
El 20 de julio de 1936, durante el bombardeo del cuartel de la Montaña, experimentó una fuerza interior que la movió a ofrecer su vida &#8220;pro eis&#8221; -por los sacerdotes-, al profundizar en el significado y la necesidad urgente del sacerdote santo, para poder celebrar la Eucaristía y llegar a las almas.</strong></p>
<p><strong><br />
El 25 de abril de 1938, se compromete, con don José Mª García Lahiguera, a fundar una congregación de vida íntegramente contemplativa, que prolongue en la Iglesia la &#8220;oración Sacerdotal&#8221; de cristo: &#8220;Pro eis, ego rogo et sanctifico meipsum&#8221; (Jn 17).</strong></p>
<p><strong><br />
Madre Mª del Carmen fundó monasterios en Madrid, Salamanca, Zaragoza, Huelva, Moncada (Valencia), Javier (Navarra) y Oropesa (Toledo). Con celo incesante infundió en la congregación el perfil propio de la oblata: oración continua y oblación del ser. La Eucaristía, centro de todo el vivir. El gran don de ser &#8220;familia en Dios&#8221;, unidas por la caridad de Cristo, y una tierna y filial devoción a la Virgen María a la que llaman siempre &#8220;Madre&#8221;.</strong></p>
<p><strong><br />
Despojada de todo e imantada hacia Dios consumó su oblación, llena de la paz y la alegría de los santos, el día 1 de febrero de 2001.</strong></p>
<h2 style="text-align:center;"><span style="color:#99cc00;">Ir a</span><span style="color:#99cc00;"> </span><a href="http://textosmonasticos.files.wordpress.com/2009/10/la-voluntad-de-dios-su-vida.pdf"><span style="color:#99cc00;"><span style="color:#000000;"><span style="text-decoration:none;"><span style="color:#99cc00;">Biografía Completa de</span></span></span></span></a></h2>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://textosmonasticos.files.wordpress.com/2009/10/la-voluntad-de-dios-su-vida.pdf"><span style="color:#99cc00;"><span style="color:#000000;"><span style="text-decoration:none;"><span style="color:#99cc00;">la Fundadora de las</span></span></span></span></a></h2>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://textosmonasticos.files.wordpress.com/2009/10/la-voluntad-de-dios-su-vida.pdf"><span style="color:#99cc00;"><span style="color:#000000;"><span style="text-decoration:none;"><span style="color:#99cc00;">Hnas. Oblatas de Cristo Sacerdote</span></span></span></span></a></h2>
<p><span style="color:#99cc00;"><span style="color:#000000;"><span style="text-decoration:none;"><br />
</span></span></span></p>
<p style="text-align:right;"><strong><a href="http://hesiquia.wordpress.com/oblacion-2/"><span style="color:#993300;">Mas textos sobre las Hnas. Oblatas</span></a></strong></p>
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			<media:title type="html">M. Mª DEL CARMEN HIDALGO DE CAVIEDES Y GÓMEZ</media:title>
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		<title>San Claudio de la Colombière</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Oct 2009 01:11:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[de la colombiere]]></category>
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Claudio La Colombière, tercer hijo del notario Beltrán La Colombière y Margarita Coindat, nació el 2 de febrero de 1641 en St. Symphorien, Delfinado.
Trasladada la familia a Vienne, aquí recibió Claudio la primera educación escolar, que después completó en Lyón con el estudio de la Retórica y la Filosofía.
En este último período precisamente se sintió [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=254&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;">
<div id="attachment_253" class="wp-caption aligncenter" style="width: 357px"><img class="size-full wp-image-253" title="claude_colombiere" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/10/claude_colombiere.jpg?w=347&#038;h=495" alt="claude_colombiere" width="347" height="495" /><p class="wp-caption-text">Pintura de San Claudio Colombière</p></div>
<p><strong>Claudio La Colombière, tercer hijo del notario Beltrán La Colombière y Margarita Coindat, nació el 2 de febrero de 1641 en St. Symphorien, Delfinado.</strong></p>
<p><strong>Trasladada la familia a Vienne, aquí recibió Claudio la primera educación escolar, que después completó en Lyón con el estudio de la Retórica y la Filosofía.</strong></p>
<p><strong>En este último período precisamente se sintió llamado a la vida religiosa en la Compañía de Jesús, si bien no conocemos los motivos que le llevaron a esta decisión. En cambio, sí nos ha dejado esta confesión en uno de sus escritos: &#8220;Sentía enorme aversión a la vida que abrazaba&#8221;. Es fácil de comprender esta afirmación para quien se haya interesado por la vida de Claudio, cuya naturaleza, muy sensible a las relaciones familiares y de amistad, era también harto inclinada a la literatura y el arte, y a cuanto hay de más digno en la vida de sociedad. Pero no era hombre que se dejase guiar del sentimiento, por otra parte.</strong></p>
<p><strong>A los 17 años entró en el Noviciado de la Compañía de Jesús de Aviñón. En 1660 pasó del Noviciado al Colegio, en la misma ciudad, para concluir los estudios de Filosofía y pronunciar los primeros votos religiosos. Al terminar el curso fue nombrado profesor de Gramática y Literatura, función que desempeñó durante cinco años en dicho Colegio.</strong></p>
<p><strong>En 1666 se le envió a París, a estudiar Teología en el Colegio de Clermont; en la misma época se le confió una misión de gran responsabílidad. La notable aptitud demostrada por Claudio a los estudios humanísticos, unida a sus dotes de prudencia y finura, movieron a los Superiores a elegirlo preceptor de los hijos de Colbert, Ministro de Finanzas de Luis XIV.</strong></p>
<p><strong>Finalizados los estudios de Teología y ordenado Sacerdote, volvió de nuevo a Lyón en calidad de profesor durante un tiempo para dedicarse después enteramente a la predicación y a la dirección de la Congregación Mariana.</strong></p>
<p><strong>La predicación de La Colombière se distinguió siempre por su solidez y hondura; no se perdía en vaguedades sino que habilmente se dirigía al auditorio concreto y, con tan vigorosa inspiración evangélica, que infundía en todos serenidad y confianza en Dios. Las ediciones de sus sermones produjeron -y siguen produciendo hoy- abundantes frutos espirituales; porque, tenidos en cuenta el lugar y la duración de su ministerio, resultan menos envejecidos que los de otros oradores de mayor fama.</strong></p>
<p><strong>El año 1674 fue decisivo en la vida de Claudio. Hizo la Tercera Probación en la &#8220;Maison de Saint-Joseph&#8221; de Lyón y, en el mes de Ejercicios que es costumbre hacer, el Señor lo fue preparando a la misión que le tenía reservada. Los apuntes de este período nos permiten seguir paso a paso las luchas y triunfos de su espíritu, extraordinariamente sensible a los atractivos humanos, pero generoso con Dios.</strong></p>
<p><strong>El voto que hizo de observar todas las Constituciones y Reglas de la Compañía no tenía por objeto esencial la vinculación a una serie de observancias minuciosas, sino la realización del recio ideal de apóstol descrito por San Ignacio. Precisamente porque este ideal le pareció espléndido, Claudio lo asumió como programa de santidad. El subsiguiente sentimiento de liberación que experimentó junto con una mayor apertura de los horizontes apostólicos -testimoniados en su diario espiritual- prueban que ello había respondido a una invitación de Jesucristo mismo.</strong></p>
<p><strong>El 2 de febrero de 1675 hizo la Profesión solemne y fue nombrado Rector del Colegio de Paray-le-Monial. No faltó quien se sorprendiera de que un hombre tan eminente fuera destinado a una ciudad tan recóndita como Paray. La explicación se halla en el hecho de que los Superiores sabían que aquí, en el Monasterio de la Visitación, vivía en angustiosa incertidumbre una humilde religiosa, Margarita María Alacoque, a la que el Señor estaba revelando los tesoros de su Corazón; y esperaba que el mismo Señor cumpliese su promesa de enviarle un &#8220;siervo fiel y amigo perfecto suyo&#8221; que le ayudaría a cumplir la misión a que la tenía destinada: manifestar al mundo las insondables riquezas de su amor.</strong></p>
<p><strong>Una vez en su nuevo destino y mantenidos los primeros encuentros con Margarita María, ésta le abrió enteramente su espíritu y, por tanto, también las comunicaciones que ella creía recibir del Señor. El Padre dio su aprobación plena y le sugirió que pusiera por escrito lo que ocurría en su alma, a la vez que la orientaba y sostenía en el cumplimiento de la misión recibida. Cuando después, gracias a la luz divina que recibía en la oración y el discernimiento, estuvo seguro de que Cristo deseaba el culto de su Corazón, se entregó a él sin reservas, como atestiguan su dedicación y sus apuntes espirituales. En éstos aparece claro que, ya antes de las confidencias de Margarita María Alacoque y siguiendo las directrices de San Ignacio, Claudio había llegado a la contemplación del Corazón de Cristo como símbolo de su mismo amor.</strong></p>
<p><strong>Tras año y medio de permanencia en Paray, en 1676 el P. La Colombière salió hacia Londres, nombrado predicador de la Duquesa de York. Era una misión sumamente delicada, dados los sucesos que sacudían a Inglaterra en este momento; antes de finales de octubre del mismo año, el Padre ocupaba ya el apartamento a él reservado en el palacio de St. James. Ademas de predicar en la capilla y dedicarse a la dirección espiritual sin tregua, oral y escrita, Claudio pudo entregarse a la sólida instrucción religiosa de no pocas personas que habían abandonado la Iglesia Romana.</strong></p>
<p><strong>Y, si bien entre grandes peligros, gozó del consuelo de ver volver a muchos, hasta el punto de que al cabo de un año decía: &#8220;Podría escribir todo un libro sobre las misericordias de que he sido testigo desde que estoy aquí&#8221;.</strong></p>
<p><strong>Esta intensidad de trabajo y el clima minaron su salud y comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de una afección pulmonar. Pero el P. Claudio prosiguió con su mismo plan de vida.<br />
A finales de 1678 fue arrestado de repente, bajo la acusación calumniosa de conspiración papista.</strong></p>
<p><strong>A los dos días se le trasladó a la horrenda cárcel de King&#8217;s Bench y allí permaneció tres semanas sometido a graves privaciones, hasta que se le expulsó de Inglaterra por Decreto real.</strong></p>
<p><strong>Todos estos padecimientos fueron minando aún más su saludad que fue empeorando con altibajos a su vuelta a Francia. Habiéndose agravado notablemente, se le envió de nuevo a Paray. El 15 de febrero de 1682, primer Domingo de Cuaresma, al atardecer le sobrevino una fuerte hemotisis que puso fin a su vida El 16 de junio de 1929, el Papa Pío XI beatificó a Claudio La Colombière, cuyo carisma según Santa Margarita María Alacoque, consistió en elevar las almas a Dios siguiendo el camino de amor misericordia que Cristo nos revela en el Evangelio.</strong></p>
<p style="text-align:right;"><strong>Extraído de <a href="www.vatican.va">Vatican</a></strong></p>
<p style="text-align:right;">
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://textosmonasticos.wordpress.com/el-abandono/"><span style="color:#99cc00;">El abandono confiado </span></a></strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://textosmonasticos.wordpress.com/el-abandono/"><span style="color:#99cc00;">en la Divina Providencia</span></a></strong></p>
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		<title>San Jerónimo</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 16:38:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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El Padre de la Iglesia que más estudió las Sagradas Escrituras, nació alrededor del año 342, en Stridon, una población pequeña situada en los confines de la región dálmata de Panonia y el territorio de Italia, cerca de la ciudad de Aquilea. Su padre tuvo buen cuidado de que se instruyese en todos los aspectos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=243&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;">
<div id="attachment_245" class="wp-caption aligncenter" style="width: 393px"><a><img class="size-full wp-image-245" title="San Jeronimo" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/10/0473-0130_san_jeronimo.jpg?w=383&#038;h=500" alt="Grafía de San Jerónimo" width="383" height="500" /></a><p class="wp-caption-text">Grafía de San Jerónimo</p></div>
<p><strong>El Padre de la Iglesia que más estudió las Sagradas Escrituras, nació alrededor del año 342, en Stridon, una población pequeña situada en los confines de la región dálmata de Panonia y el territorio de Italia, cerca de la ciudad de Aquilea. Su padre tuvo buen cuidado de que se instruyese en todos los aspectos de la religión y en los elementos de las letras y las ciencias, primero en el propio hogar y, más tarde, en las escuelas de Roma. En la gran ciudad, Jerónimo tuvo como tutor a Donato, el famoso gramático pagano. En poco tiempo, llegó a dominar perfectamente el latín y el griego (su lengua natal era el ilirio), leyó a los mejores autores en ambos idiomas con gran aplicación e hizo grandes progresos en la oratoria; pero como había quedado falto de la guía paterna y bajo la tutela de un maestro pagano, olvidó algunas de las enseñanzas y de las devociones que se le habían inculcado desde pequeño. A decir verdad, Jerónimo terminó sus años de estudio, sin haber adquirido los grandes vicios de la juventud romana, pero desgraciadamente ya era ajeno al espíritu cristiano y adicto a las vanidades, lujos y otras debilidades, como admitió y lamentó amargamente años más tarde. Por otra parte, en Roma recibió el bautismo (no fue catecúmeno hasta que cumplió más o menos los dieciocho años )y, como él mismo nos lo ha dejado dicho, &#8220;teníamos la costumbre, mis amigos y yo de la misma edad y gustos, de visitar, los domingos, las tumbas de los mártires y de los apóstoles y nos metíamos a las galerías subterráneas, en cuyos muros se conservan las reliquias de los muertos&#8221;. Después de haber pasado tres años en Roma, sintió el deseo de viajar para ampliar sus conocimientos y, en compañía de su amigo Bonoso, se fue hacia Tréveris. Ahí fue donde renació impetuosamente el espíritu religioso que siempre había estado arraigado en el fondo de su alma y, desde entonces, su corazón se entregó enteramente a Dios.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>En el año de 370, Jerónimo se estableció temporalmente en Aquilea donde el obispo, San Valeriano, se había atraído a tantos elementos valiosos, que su clero era famoso en toda la Iglesia de occidente. Jerónimo tuvo amistad con varios de aquellos clérigos, cuyos nombres aparecen en sus escritos. Entre ellos se encontraba San Cromacio, el sacerdote que sucedió a Valeriano en la sede episcopal, sus dos hermanos, los diáconos Joviniano y Eusebio, San Heliodoro y su sobrino Nepotiano y, sobre todo, se hallaba ahí Rufino, el que fue, primero, amigo del alma de Jerónimo y, luego, su encarnizado opositor. Ya para entonces, Rufino provocaba contradicciones y violentas discusiones, con lo cual comenzaba a crearse enemigos. Al cabo de dos años, algún conflicto, sin duda más grave que los otros, disolvió al grupo de amigos, y Jerónimo decidió retirarse a alguna comarca lejana ya que Bonoso, el que había sido compañero suyo de estudios y de viajes desde la infancia, se fue a vivir en una isla desierta del Adriático. Jerónimo, por su parte, había conocido en Aquilea a Evagrio, un sacerdote de Antioquía con merecida fama de ciencia y virtud, quien despertó el interés del joven por el oriente, y hacia allá partió con sus amigos Inocencio, Heliodoro e Hylas, éste último había sido esclavo de Santa Melania.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Jerónimo llegó a Antioquía en 374 y ahí permaneció durante cierto tiempo. Inocencio e Hylas fueron atacados por una grave enfermedad y los dos murieron; Jerónimo también estuvo enfermo, pero sanó. En una de sus cartas a Santa Eustoquio le cuenta que en el delirio de su fiebre tuvo un sueño en el que se vio ante el trono de Jesucristo para ser juzgado. Al preguntársele quién era, repuso que un cristiano. &#8220;¡Mientes!&#8221;, le replicaron. &#8220;Tú eres un ciceroniano, puesto que donde tienes tu tesoro está también tu corazón&#8221;. Aquella experiencia produjo un profundo efecto en su espíritu y su encuentro con San Maleo, cuya extraña historia se relata en esta obra en la fecha del 21 de octubre, ahondó todavía más el sentimiento. Corno consecuencia de aquellas emociones, Jerónimo se retiró a las salvajes soledades de Calquis, un yermo inhóspito al sureste de Antioquía, donde pasó cuatro años en diálogo con su alma. Ahí soportó grandes sufrimientos a causa de los quebrantos de su salud, pero sobre todo, por las terribles tentaciones carnales.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>&#8220;En el rincón remoto de un árido y salvaje desierto&#8221;, escribió años más tarde a Santa Eustoquia, &#8220;quemado por el calor de un sol tan despiadado que asusta hasta a los monjes que allá viven, a mi me parecía encontrarme en medio de los deleites y las muchedumbres de Roma &#8230; En aquel exilio y prisión a los que, por temor al infierno, yo me condené voluntariamente, sin más compañía que la de los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginé que contemplaba las danzas de las bailarinas romanas, como si hubiese estado frente a ellas. Tenía el rostro escuálido por el ayuno y, sin embargo, mi voluntad sentía los ataques del deseo; en mi cuerpo frío y en mi carne enjuta, que parecía muerta antes de morir, la pasión tenía aún vida. A solas con aquel enemigo, me arrojé en espíritu a los pies de Jesús, los bañé con mis lágrimas y, al fin, pude domar mi carne con los ayunos durante semanas enteras. No me avergüenzo al revelar mis tentaciones, pero sí lamento que ya no sea yo ahora lo que entonces fui. Con mucha frecuencia velaba del ocaso al alba entre llantos y golpes en el pecho, hasta que volvía la calma&#8221;. De esta manera pone Dios a prueba a sus siervos, de vez en cuando; pero sin duda que la existencia diaria de San Jerónimo en el desierto, era regular, monótona y tranquila. Con el fin de contener y prevenir las rebeliones de la carne, agregó a sus mortificaciones corporales el trabajo del estudio constante y absorbente, con el que esperaba frenar su imaginación desatada. Se propuso aprender el hebreo. &#8220;Cuando mi alma ardía con los malos pensamientos&#8221;, dijo en una carta fechada en el año 411 y dirigida al monje Rústico, &#8220;como último recurso, me hice alumno de un monje que había sido judío, a fin de que me enseñara el alfabeto hebreo. Así, de las juiciosas reglas de Quintiliano, la florida elocuencia de Cicerón, el grave estilo de Fronto y la dulce suavidad de Plinio, pasé a esta lengua de tono siseante y palabras entrecortadas. ¡Cuánto trabajo me costó aprenderla y cuántas dificultades tuve que vencer! ¡Cuántas veces dejé el estudio, desesperado y cuántas lo reanudé! Sólo yo que soporté la carga puedo ser testigo, yo y también los que vivían junto a mí. Y ahora doy gracias al Señor que me permite recoger los dulces frutos de la semilla que sembré durante aquellos amargos estudios&#8221;. No obstante su tenaz aprendizaje del hebreo, de tanto en tanto se daba tiempo para releer a los clásicos paganos.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Por aquel entonces, la Iglesia de Antioquía sufría perturbaciones a causa de las disputas doctrinales y disciplinarias. Los monjes del desierto de Calquis también tomaron partido en aquellas disensiones e insistían en que Jerónimo hiciese lo propio y se pronunciase sobre los asuntos en discusión. El habría preferido mantenerse al margen de las disputas, pero de todas maneras, escribió dos cartas a San Dámaso, que ocupaba la sede pontificia desde el año 366, a fin de consultarle sobre el particular y preguntarle hacia cuáles tendencias se inclinaba. En la primera de sus cartas dice: &#8220;Estoy unido en comunión con vuestra santidad, o sea con la silla de Pedro; yo sé que, sobre esa piedra, está construida la Iglesia y quien coma al Cordero fuera de esa santa casa, es un profano. El que no esté dentro del arca, perecerá en el diluvio. No conozco a Vitalis; ignoro a Melesio; Paulino es extraño para mí. Todo aquel que no recoge con vos, derrama, y el que no está con Cristo, pertenece al anticristo&#8230; Ordenadme, si tenéis a bien, lo que yo debo hacer&#8221;. Como Jerónimo no recibiese pronto una respuesta, envió una segunda carta sobre el mismo asunto. No conocemos la contestación de San Dámaso, pero es cosa cierta que el Papa y todo el occidente reconocieron a Paulino como obispo de Antioquía y que Jerónimo recibió la ordenación sacerdotal de manos del Pontífice, cuando al fin se decidió a abandonar el desierto de Calquis. El no deseaba la ordenación (nunca celebró el santo sacrificio) y, si consintió en recibirla, fue bajo la condición de que no estaba obligado a servir a tal o cual iglesia con el ejercicio de su ministerio; sus inclinaciones le llamaban a la vida monástica de reclusión. Poco después de recibir las órdenes, se trasladó a Constantinopla a fin de estudiar las Sagradas Escrituras bajo la dirección de san Gregorio Nazianceno. </strong></p>
<p><strong>En muchas partes de sus escritos Jerónimo se refiere con evidente satisfacción y gratitud a aquel período en que tuvo el honor de que tan gran maestro le explicase la divina palabra. En el año de 382, San Gregorio abandonó Constantinopla, y Jerónimo regresó a Roma, junto con Paulino de Antioquía y San Epifanio, para tomar parte en el concilio convocado por San Dámaso a fin de discutir el cisma de Antioquía. Al término de la asamblea, el Papa lo detuvo en Roma y lo empleó como a su secretario. A solicitud del Pontífice y de acuerdo con los textos griegos, revisó la versión latina de los Evangelios que &#8220;había sido desfigurada con transcripciones falsas, correcciones mal hechas y añadiduras descuidadas&#8221;. Al mismo tiempo, hizo la primera revisión al salterio en latín.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Al mismo tiempo que desarrollaba aquellas actividades oficiales, alentaba y dirigía el extraordinario florecimiento del ascetismo que tenía lugar entre las más nobles damas romanas. Entre ellas se encuentran muchos nombres famosos en la antigua cristiandad, como el de Santa Marcela, junto con su hermana Santa Asela y la madre de ambas, Santa Albina; Santa Léa, Santa Melania la Mayor, la primera de aquellas damas que hizo una peregrinación a Tierra Santa; Santa Fabiola (27 de diciembre),</strong><strong> </strong><strong> </strong><strong>Santa Paula</strong><strong> </strong><strong>(26 de enero) y sus hijas, Santa Blesila y Santa Eustaquia (28 de septiembre). Pero al morir San Dámaso, en el año de 384, el secretario quedó sin protección y se encontró, de buenas a primeras, en una situación difícil. En sus dos años de actuación pública, había causado profunda impresión en Roma por su santidad personal, su ciencia y su honradez, pero precisamente por eso, se había creado antipatías entre los envidiosos, entre los paganos y gentes de mal vivir, a quienes había condenado vigorosamente y también entre las gentes sencillas y de buena voluntad, que se ofendían por las palabras duras, claras y directas del santo y por sus ingeniosos sarcasmos. </strong></p>
<p><strong>Cuando hizo un escrito en defensa de la decisión de Blesila, la viuda joven, rica y hermosa que súbitamente renunció al mundo para consagrarse al servicio de Dios, Jerónimo satirizó y criticó despiadadamente a la sociedad pagana y a la vida mundana y, en contraste con la modestia y recato de que Blesila hacía ostentación, atacó a aquellas damas &#8220;que se pintan las mejillas con púrpura y los párpados con antimonio; las que se echan tanta cantidad de polvos en la cara, que el rostro, demasiado blanco, deja de ser humano para convertirse en el de un ídolo y, si en un momento de descuido o de debilidad, derraman una lágrima, fabrican con ella y sus afeites, una piedrecilla que rueda sobre sus mejillas pintadas. Son esas mujeres a las que el paso de los años no da la conveniente gravedad del porte, las que cargan en sus cabezas el pelo de otras gentes, las que esmaltan y barnizan su perdida juventud sobre las arrugas de la edad y fingen timideces de doncella en medio del tropel de sus nietos&#8221;. </strong></p>
<p><strong>No se mostró menos áspero en sus críticas a la sociedad cristiana, como puede verse en la carta sobre la virginidad que escribió a Santa Eustaquia, donde ataca con particular fiereza a ciertos elementos del clero. &#8220;Todas sus ansiedades se hallan concentradas en sus ropas &#8230; Se les tomaría por novios y no por clérigos; no piensan en otra cosa más que en los nombres de las damas ricas, en el lujo de sus casas y en lo que hacen dentro de ellas&#8221;. Después de semejante proemio, describe a cierto clérigo en particular, que detesta ayunar, gusta de oler los manjares que va a engullir y usa su lengua en forma bárbara y despiadada. Jerónimo escribió a Santa Marcela en relación con cierto caballero que se suponía, erróneamente, blanco de sus ataques. &#8220;Yo me divierto en grande y me río de la fealdad de los gusanos, las lechuzas y los cocodrilos, pero él lo toma todo para sí mismo &#8230; Es necesario darle un consejo: si por lo menos procurase esconder su nariz y mantener quieta su lengua, podría pasar por un hombre bien parecido y sabio&#8221;.</strong></p>
<p><strong>A nadie le puede extrañar que, por justificadas que fuesen sus críticas, causasen resentimientos tan sólo por la manera de expresarlas. En consecuencia, su propia reputación fue atacada con violencia y su modestia, su sencillez, su manera de caminar y de sonreír fueron, a su vez, blanco de los ataques de los demás. Ni la reconocida virtud de las nobles damas que marchaban por el camino del bien bajo su dirección, ni la forma absolutamente discreta de su comportamiento, le salvaron de las calumnias. Por toda Roma circularon las murmuraciones escandalosas respecto a las relaciones de San Jerónimo con Santa Paula. Las cosas llegaron a tal extremo, que el santo, en el colmo de la indignación, decidió abandonar Roma y buscar algún retiro tranquilo en el oriente. Antes de partir, escribió una hermosa apología en forma de carta dirigida a Santa Asela. &#8220;Saluda a Paula y a Eustaquia, mías en Cristo, lo quiera el mundo o no lo quiera&#8221;, concluye aquella epístola. &#8220;Diles que todos compareceremos ante el trono de Jesucristo para ser juzgados, y entonces se verá en qué espíritu vivió cada uno de nosotros&#8221;. </strong></p>
<p><strong>En el mes de agosto del año 385, se embarcó en Porto y, nueve meses más tarde, se reunieron con él en Antioquía, Paula, Eustoquio y las otras damas romanas que habían resuelto compartir con él su exilio voluntario y vivir como religiosas en Tierra Santa. Por indicaciones de Jerónimo, aquellas mujeres se establecieron en Belén y Jerusalén, pero antes de enclaustrarse, viajaron por Egipto para recibir consejo de los monjes de Nitria y del famoso Dídimo, el maestro ciego de la escuela de Alejandría.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Gracias a la generosidad de Paula, se construyó un monasterio para hombres, próximo a la basílica de la Natividad, en Belén, lo mismo que otros edificios para tres comunidades de mujeres. El propio Jerónimo moraba en una amplia caverna, vecina al sitio donde nació el Salvador. En aquel mismo lugar estableció una escuela gratuita para niños y una hostería, &#8220;de manera que&#8221;, como dijo Santa Paula, &#8220;si José y María visitaran de nuevo Belén, habría donde hospedarlos&#8221;. Ahí, por lo menos, transcurrieron algunos años en completa paz. &#8220;Aquí se congregan los ilustres galos y tan pronto como los británicos, tan alejados de nuestro mundo, hacen algunos progresos en la religión, dejan las tierras donde viven y acuden a éstas, a las que sólo conocen por relaciones y por la lectura de las Sagradas Escrituras. Lo mismo sucede con los armenios, los persas, los pueblos de la India y de Etiopía, de Egipto, del Ponto, Capadocia, Siria y Mesopotamia. Llegan en tropel hasta aquí y nos ponen ejemplo en todas las virtudes. Las lenguas difieren, pero la religión es la misma. Hay tantos grupos corales para cantar los salmos como hay naciones &#8230; Aquí tenemos pan y las hortalizas que cultivamos con nuestras manos; tenemos leche y los animales nos dan alimento sencillo y saludable. En el verano, los árboles proporcionan sombra y frescura. En el otoño, el viento frío que arrastra las hojas, nos da la sensación de quietud. En primavera, nuestras salmodias son más dulces, porque las acompañan los trinos de las aves. No nos falta leña cuando la nieve y el frío del invierno, nos caen encima. Dejémosle a Roma sus multitudes; le dejaremos sus arenas ensangrentadas, sus circos enloquecidos, sus teatros empapados en sensualidad y, para no olvidar a nuestros amigos, le dejaremos también el cortejo de damas que, reciben sus diarias visita.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Pero no por gozar de aquella paz, podía Jerónimo quedarse callado y con los brazos cruzados cuando la verdad cristiana estaba amenazada. En Roma había escrito un libro contra Helvidio sobre la perpetua virginidad de la Santísima Virgen María, ya que aquél sostenía que, después del nacimiento de Cristo, Su Madre había tenido otros hijos con José. Este y otros errores semejantes fueron de nuevo puestos en boga por las doctrinas de un tal Joviniano. San Pamaquio, yerno de Santa Paula, lo mismo que otros hombres piadosos de Antioquía, se escandalizaron con aquellas ideas y enviaron los escritos de Joviniano a San Jerónimo y éste, como respuesta, escribió dos libros contra aquél en el año de 393. En el primero, demostraba las excelencias de la virginidad cuando se practicaba por amor a la virtud, lo que había sido negado por Joviniano, y en el segundo atacó los otros errores. Los tratados fueron escritos con el estilo recio, característico de Jerónimo, y algunas de sus expresiones les parecieron a las gentes de Roma demasiado duras y denigrantes para la dignidad del matrimonio. San Pamaquio y otros con él, se sintieron ofendidos y así se lo notificaron a Jerónimo; entonces, éste escribió la Apología a Pamaquio, conocida también corno el tercer libro contra Joviniano, en un tono que, seguramente, no dio ninguna satisfacción a sus críticos. Pocos años más tarde, Jerónimo tuvo que dedicar su atención a Vigilancio -a quien sarcásticamente llama Dormancio-, un sacerdote galo romano que desacreditaba el celibato y condenaba la veneración de las reliquias hasta el grado de llamar a los que la practicaban, idólatras y adoradores de cenizas. En su respuesta, Jerónimo le dijo: &#8220;Nosotros no adoramos las reliquias de los mártires, pero sí honramos a aquellos que fueron mártires de Cristo para poder adorarlo a El. Honramos a los siervos para que el respeto que les tributamos se refleje en su Señor&#8221;. Protestó contra las acusaciones de que la adoración a los mártires era idolatría, al demostrar que los cristianos jamás adoraron a los mártires como a dioses y, a fin de probar que los santos interceden por nosotros, escribió: &#8220;Si es cierto que cuando los apóstoles y los mártires vivían aún sobre la tierra, podían pedir por otros hombres, y con cuánta mayor eficacia podrán rogar por ellos después de sus victorias! ¿Tienen acaso menos poder ahora que están con Jesucristo?&#8221; Defendió el estado monástico y dijo que, al huir de las ocasiones y los peligros, un monje busca su seguridad porque desconfía de su propia debilidad y porque sabe que un hombre no puede estar a salvo, si se acuesta junto a una serpiente. Con frecuencia se refiere Jerónimo a los santos que interceden por nosotros en el cielo. A Heliodoro lo comprometió a rezar por él cuando estuviese en la gloria y a Santa Paula le dijo, en ocasión de la muerte de su hija Blesila: &#8220;Ahora eleva preces ante el Señor por ti y obtiene para mí el perdón de mis culpas&#8221;.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Del año 395 al 400, San Jerónimo hizo la guerra a la doctrina de Orígenes y, desgraciadamente, en el curso de la lucha, se rompió su amistad de veinticinco años con Rufino. Tiempo atrás le había escrito a éste la declaración de que &#8220;una amistad que puede morir nunca ha sido verdadera&#8221;, lo mismo que, mil doscientos años más tarde, diría Shakespeare de esta manera:</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>&#8230; Love is not love which alters when its alteration finds or bends with the remover to remove.</strong><strong></strong></p>
<p><strong>(No es amor el amor que se altera ante un tropiezo o se dobla ante el peligro)</strong><strong></strong></p>
<p><strong>Sin embargo, el afecto de Jerónimo por Rufino debió ceder ante el celo del santo por defender la verdad. Jerónimo, corno escritor, recurría continuamente a Orígenes y era un gran admirador de su erudición y de su estilo, pero tan pronto como descubrió que en el oriente algunos se habían dejado seducir por el prestigio de su nombre y habían caído en gravísimos errores, se unió a San Epifanio para combatir con vehemencia el mal que amenazaba con extenderse. Rufino, que vivía por entonces en un monasterio de Jerusalén, había traducido muchas de las obras de Orígenes al latín y era un entusiasta admirador suyo, aunque no por eso debe creerse que estuviese dispuesto a sostener las herejías que, por lo menos materialmente, se hallan en los escritos de Orígenes. San Agustín fue uno de los hombres buenos que resultaron afectados por las querellas entre Orígenes y Jerónimo, a pesar de que nadie mejor que él estaba en posición de comprender suyas eran, necesariamente, enemigos de la Iglesia. Al tratarse de defender el bien y combatir el mal, no tenía el sentido de la moderación. Era fácil que se dejase arrastrar por la cólera o por la indignación, pero también se arrepentía con extraordinaria rapidez de sus exabruptos. Hay una anécdota referente a cierta ocasión en la que el Papa Sixto V contemplaba una pintura donde aparecía el santo cuando se golpeaba el pecho con una piedra. &#8220;Haces bien en utilizar esa piedra&#8221;, dijo el Pontífice a la imagen, &#8220;porque sin ella, la Iglesia nunca te hubiese canonizado&#8221;.</strong><strong></strong></p>
<p><strong>Pero sus denuncias, alegatos y controversias, por muy necesarios y brillantes que hayan sido, no constituyen la parte más importante de sus actividades. Nada dio tanta fama a San Jerónimo como sus obras críticas sobre las Sagradas Escrituras. Por eso, la Iglesia le reconoce como a un hombre especialmente elegido por Dios y le tiene por el mayor de sus grandes doctores en la exposición, la explicación y el comentario de la divina palabra. El Papa Clemente VIII no tuvo escrúpulos en afirmar que Jerónimo tuvo la asistencia divina al traducir la Biblia. Por otra parte, nadie mejor dotado que él para semejante trabajo: durante muchos años había vivido en el escenario mismo de las Sagradas Escrituras, donde los nombres de las localidades y las costumbres de las gentes eran todavía los mismos. Sin duda que muchas veces obtuvo en Tierra Santa una clara representación de diversos acontecimientos registrados en las Escrituras. Conocía el griego y el arameo, lenguas vivas por aquel entonces y, también sabía el hebreo que, si bien había dejado de ser un idioma de uso corriente desde el cautiverio de los judíos, aún se hablaba entre los doctores de la ley. A ellos recurrió Jerónimo para una mejor comprensión de los libros santos e incluso tuvo por maestro a un doctor y famoso judío llamado Bar Ananías, el cual acudía a instruirle por las noches y con toda clase de precauciones para no provocar la indignación de los otros doctores de la ley. Pero no hay duda de que, además de todo eso, Jerónimo recibió la ayuda del cielo para obtener el espíritu, el temperamento y la gracia indispensables para ser admitido en el santuario de la divina sabiduría y comprenderla. Además, la pureza de corazón y toda una vida de penitencia y contemplación, habían preparado a Jerónimo para recibir aquella gracia. Ya vimos que, bajo el patrocinio del Papa San Dámaso, revisó en Roma la antigua versión latina de los Evangelios y los salmos, así como el resto del Nuevo Testamento. La traducción de la mayoría de los libros del Antiguo Testamento escritos en hebreo, fue la obra que realizó durante sus años de retiro en Belén, a solicitud de todos sus amigos y discípulos más fieles e ilustres y por voluntad propia, ya que le interesaba hacer la traducción del original y no de otra versión cualquiera. No comenzó a traducir los libros por orden, sino que se ocupó primero del Libro de los Reyes y siguió con los demás, sin elegirlos. Las únicas partes de la Biblia en latín conocida como la Vulgata que no fueron traducidas por San Jerónimo, son los libros de la Sabiduría, el Eclesiástico, el de Baruch y los dos libros de los Macabeos. Hizo una segunda revisión de los salmos, con la ayuda del Hexapla de Orígenes y los textos hebreos, y esa segunda versión es la que está incluida en la Vulgata y la que se usa en los oficios divinos. La primera versión, conocida como el Salterio Romano, se usa todavía en el salmo de invitación de los maitines y en todo el misal, así como para los oficios divinos en San Pedro de Roma, San Marcos de Venecia y los ritos milaneses. El Concilio de Trento designó a la Vulgata de San Jerónimo, como el texto bíblico latino auténtico o autorizado por la Iglesia católica, sin implicar por ello alguna preferencia por esta versión sobre el texto original u otras versiones en otras lenguas. En 1907, el Papa Pío X confió a los monjes benedictinos la tarea de restaurar en lo posible los textos de San Jerónimo en la Vulgata ya que, al cabo de quince siglos de uso, habían sido considerablemente modificados y corregidos.</strong><strong></strong></p>
<p><strong>En el año de 404, San Jerónimo tuvo la gran pena de ver morir a su inseparable amiga Santa Paula y, pocos años después, cuando Roma fue saqueada por las huestes de Alarico, gran número de romanos huyeron y se refugiaron en el oriente. En aquella ocasión, San Jerónimo les escribió de esta manera: ¿Quién hubiese pensado que las hijas de esa poderosa ciudad tendrían que vagar un día, como siervas o como esclavas, por las costas de Egipto y del Africa? ¿Quién se imaginaba que Belén iba a recibir a diario a nobles romanas, damas distinguidas criadas en la abundancia y reducidas a la miseria? No a todas puedo ayudarlas, pero con todas me lamento y lloro y, completamente entregado a los deberes que la caridad me impone para con ellas, he dejado a un lado mis comentarios sobre Ezequiel y casi todos mis estudios. Porque ahora es necesario traducir las palabras de la Escritura en hechos y, en vez de pronunciar frases santas, debemos actuarlas&#8221;.</strong><strong></strong></p>
<p><strong>De nuevo, cuando su vida estaba a punto de terminar, tuvo que interrumpir sus estudios por una incursión de los bárbaros y, algún tiempo después, por las violencias y persecuciones de los pelagianos, quienes enviaron a Belén a una horda de rufianes para atacar a los monjes y las monjas que ahí moraban bajo la dirección y la protección de San Jerónimo, el cual había atacado a Pelagio en sus escritos. Durante aquella incursión, algunos religiosos y religiosas fueron maltratados, un diácono resultó muerto y casi todos los monasterios fueron incendiados. Al año siguiente, murió Santa Eustoquio y, pocos días más tarde, San Jerónimo la siguió a la tumba. El 30 de septiembre del año 420, cuando su cuerpo extenuado por el trabajo y la penitencia, agotadas la vista y la voz, parecía una sombra, pasó a mejor vida. Fue sepultado en la iglesia de la Natividad, cerca de la tumba de Paula y Eustoquio, pero mucho tiempo después, sus restos fueron trasladados al sitio donde reposan hasta ahora, en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma. Los artistas representan con frecuencia a San Jerónimo con los ropajes de un cardenal, debido a los servicios que prestó al Papa San Dámaso, aunque a veces también lo pintan junto a un león, porque se dice que domesticó a una de esas fieras a la que sacó una espina que se había clavado en la pata. La leyenda pertenece más bien a San Gerásimo, pero el león podría ser el emblema ideal de aquel noble, indomable y valiente defensor de la fe.</strong><strong></strong></p>
<p><span style="color:#993300;"> </span><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#993300;">En los últimos años se hicieron muchos progresos en el estudio y la investigación de la vida de San Jerónimo. Es particularmente valioso el volumen </span><em><span style="color:#993300;">Miscellanea Geronimiana, </span></em><span style="color:#993300;">publicado en Roma en 1920, en ocasión de celebrarse el décimo quinto centenario de su muerte. Gran número de ilustres investigadores, corno Duchesne, Batifol, Lanzoni, Zeiller y Bulic, colaboraron en la formación de ese libro con diversos estudios sobre puntos de particular interés en relación con el santo. En 1922, hizo su aparición la mejor de sus modernas biografías, la de F. Cavallara, Saint Jéróme, sa vie et son ceuvre (1922, 2 vols). También se deben consultar las notas críticas M padre Peeters en Analecia Bollandiana, Vol. XLIII, PP. 180-184. En fechas anteriores, tenemos el descubrimiento hecho por G. Morin de los Comentarioli et Tractatus de San Jerónimo sobre los salmos, así como otros hallazgos (ver a Morin en Études, textes, découverts, pp. 17-25). Un artículo muy completo sobre San Jerónimo, escrito por H. Leclercq, aparece en el DAC., vol. vii, ec. 2235-3304, así como otro de J. Forget, en DTC., vol. viii (1924), ce. 894-983. En el siglo dieciocho Vallarsi y los bolandistas (septiembre, vol. viii) escribieron sendas obras minuciosas sobre el santo. Los escritos más antiguos sobre San Jerónimo, a excepción de la crónica de Marcelino (editado por Mominsen en MGH., Auctores Antiquissimi, vol. ii, pp. 47 y ss.), carecen de valor. La correspondencia y las obras de San Jerónimo fueron, son y serán siempre la fuente principal para el estudio de su vida. Ver también a P. Monceaux, en St. Jerome: </span><em><span style="color:#993300;">the e</span></em><span style="color:#993300;">arly years (1935) ; a J. Duff, en Letters of St. Jerome (1942) ; A. Penna, en S. Girolamo (1949) ; a P. Antin, en Essai sur S. Jeróme (1951) y el Monument to St. Jerome (1952), un ensayo de F. X. Murphy.</span></span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#993300;"><strong>Adaptado de &#8220;Vidas de los Santos&#8221; de Butler, ed. española.<br />
La versión electrónica del documento la realizaron<br />
Las  Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María. SCTJM.</strong></span></span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#993300;"><span style="font-size:xx-small;"><strong>Extraído de </strong><a href="http://www.corazones.org"><strong>Corazones.org</strong></a></span></span></p>
<h3 style="text-align:center;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#993300;"><a href="http://www.mercaba.org/tesoro/JERONIMO/jeronimo-01.htm"><span style="color:#0000ff;">Mas sobre San Jerónimo</span></a></span></span></h3>
<h3 style="text-align:center;"><a href="http://hesiquia.wordpress.com/2009/10/25/carta-de-jeronimo/"><span style="color:#000000;"><span style="text-decoration:none;"><span style="color:#0000ff;">en Hesiquia</span></span></span></a></h3>
<p style="text-align:center;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#993300;"><br />
</span></span></p>
Posted in Vidas de santos Tagged: anacoretas, cartas de san jerónimo, desierto de calcis, hesiquia, san jerónimo <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/misticavita.wordpress.com/243/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/misticavita.wordpress.com/243/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/misticavita.wordpress.com/243/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/misticavita.wordpress.com/243/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/misticavita.wordpress.com/243/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/misticavita.wordpress.com/243/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/misticavita.wordpress.com/243/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/misticavita.wordpress.com/243/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/misticavita.wordpress.com/243/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/misticavita.wordpress.com/243/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=243&subd=misticavita&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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	</item>
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		<title>San Romualdo</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 08:14:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[ascetas]]></category>
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		<category><![CDATA[ermitaños de monte corona]]></category>
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		<description><![CDATA[ació San Romualdo en Rávena, por los años de 916.
Era su casa ducal, y aún en su tiempo se dejaba
distinguir con mucho lustre entre la principal
nobleza de Italia. Como criado nuestro Romualdo entre
las delicias de una casa opulenta, fácilmente se estrelló
contra los ordinarios escollos de la juventud; al regalo y á
la ociosidad se siguió bien [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=231&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">ació San Romualdo en Rávena, por los años de 916.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Era su casa ducal, y aún en su tiempo se dejaba</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">distinguir con mucho lustre entre la principal</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">nobleza de Italia. Como criado nuestro Romualdo entre</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">las delicias de una casa opulenta, fácilmente se estrelló</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">contra los ordinarios escollos de la juventud; al regalo y á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">la ociosidad se siguió bien presto la disolución. Iba á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">precipitarse en la perdición, arrastrado del amor á los</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">deleites, é impelido con la fuerza del mal ejemplo,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">cuando la Providencia le detuvo en medio del precipicio,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">y, queriendo formar de él un modelo de santidad, se</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">sirvió de un caso bien funesto para el logro de sus altos</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">designios.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Sergio, padre de Romualdo, hombre ambicioso y</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">violento, tuvo cierta diferencia con un deudo suyo, que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">quiso terminar por las bárbaras leyes del duelo; desafió á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">su contrario, y llevó por segundo á su mismo hijo. Cayó</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">muerto el pariente á manos de Sergio y á vista de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Romualdo, quien quedó tan pesaroso del suceso, aunque</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">no había tenido en él más parte que una asistencia</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">involuntaria, que resolvió hacer fervorosa penitencia de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">él.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Retiróse al monasterio de San Apolinario de Clase, á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">una legua de Rávena, donde conversaba familiarmente</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Romualdo con un religioso lego, hombre devoto y sencillo,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">quien le representaba un día el peligro que corría su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">N</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">2</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">salvación si volvía á engolfarse en el borrascoso mar del</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">mundo; y como no ganase terreno hacia el fin que deseaba</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">en aquel corazón ocupado todavía de vanidades y</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">pensamientos mundanos, le dijo de repente con su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">simplicidad acostumbrada: ¿Qué me darías tú si te</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">hiciese ver clara y distintamente con los ojos del cuerpo á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">nuestro buen patrono San Apolinario? Sorprendido</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Romualdo al oír una proposición tan no esperada, Yo te</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">juro, le respondió, que, como lo hagas, al punto me meto</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">fraile.—Pues has de velar toda esta noche en la iglesia, le</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">replicó el piadoso lego. Consintió Romualdo, y estando</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">los dos en oración, hacia la medianoche vio de repente á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">San Apolinario vestido de pontifical, cercado de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">resplandores, que con un incensario en la mano iba</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">incensando todos los altares de la iglesia; y, concluida</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">esta religiosa función, desapareció. Quedó atónito</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Romualdo, y sintiendo en el mismo punto trocado su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">corazón, se postró delante del altar de la Santísima</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Virgen, y todo deshecho en lágrimas, prometió hacerse</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">religioso. Así refiere esta historia el bienaventurado San</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Pedro Damiano.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Apenas amaneció, cuando Romualdo pidió con</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">instancia el hábito monástico en pleno capítulo. Los</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">monjes, que tenían bien conocido el genio de su padre,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">no se atrevieron á recibirle desde luego, temiendo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">alguna violencia; pero al cabo venció su perseverancia.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">A los veinte años de su edad abrazó la regla de San</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Benito. Comenzó, no á correr, sino á volar, por el camino</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de la perfección. Los más ancianos se admiraban al ver</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">su humildad, su obediencia, su mortificación, su devoción</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">fervorosa. No contaba más que tres años de monje y ya</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">parecía varón consumado en la vida, espiritual; pero el</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">ardiente celo que mostró por la observancia de algunas</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">reglas, que había como abrogado la relajación, le hizo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">odioso á los tibios y á los imperfectos. Mirábanle como á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">3</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">reformador importuno; y pasó tan adelante la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">persecución, que se vio precisado á buscar en otra parte</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">asilo más seguro á su fervor y á su celo.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Retiróse, con licencia de sus superiores, á una</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">soledad de los estados de Venecia, donde vivía un</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">ermitaño llamado Marino.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Rezaba todos los días el Salterio en compañía de su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">nuevo director: á los principios erraba casi todos los</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">versos; y Marino, para corregirle, le daba un golpe con</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">una vara en la oreja izquierda. Sufriólo Romualdo por</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">mucho tiempo sin hablar palabra, hasta qué un día le dijo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">con mucha humildad: Que si le parecía, podría en</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">adelante castigarle en la otra oreja, porque iba</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">perdiendo el oído de ésta. Admiróse Marino viendo la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">paciencia de su discípulo, y en lo sucesivo le trató con</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">menos severidad.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">El cuidado que tenía de moderar en los otros las</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">demasías en la penitencia, daba bien á entender que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">solamente era austero para consigo mismo. Era muy</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">celoso de la disciplina regular; pero su celo iba siempre</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">acompañado de prudencia y de discreción. Mientras él se</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">aplicaba á imitar las mayores penitencias de los</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">solitarios de Oriente, cuyas vidas leía continuamente,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">tenía gran cuidado de que su ejemplo no moviese á sus</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">súbditos á imprudentes excesos ó demasías.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Ocupado Romualdo en estos ejercicios, supo que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Sergio, su padre, á quien Dios había dispensado la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">singular gracia de sacarle del mundo y traerle á la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">religión, rendido á las sugestiones del enemigo, estaba</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">resuelto á dejar la religión para volverse al mundo. Al</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">punto dejó su soledad, voló á Italia, y de tal manera supo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">manejar aquel genio terco, duro é inconstante, que,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">habiéndole confirmado en la vocación, tuvo el consuelo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">4</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de verle morir penitente y muy arrepentido de sus culpas.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Luego que se supo en Italia que Romualdo estaba en ella,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">acudieron á él de todas partes muchas personas para</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">entregarse á su dirección y gobierno. Fueron tantas, que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">se vio precisado á fundar muchos monasterios,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">obligándole á encargarse del gobierno del de Bañi, no</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">lejos de la ciudad de Sasina. Entabló una observancia tan</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">exacta, que, haciéndose intolerable á muchos monjes</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">imperfectos, y no pudiendo sufrir las mudas pero eficaces</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">reprensiones que les daba el ejemplo de su abad, no</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">pararon hasta arrojarle torpemente del monasterio.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Sintió Romualdo tanto este indigno tratamiento, que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">resolvió no mezclarse más en el cuidado de la salvación</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de los otros y de atender únicamente en adelante al</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">cuidado de la propia. Mas Dios le dio á entender que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">este disgusto era amor propio, y que era tentación lo que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">parecía virtud; pues éste era justamente el lazo que el</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">diablo le había armado con aquellas iniquidades.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Fue menester toda la autoridad del emperador Otón</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">II y un precepto formal y expreso del Arzobispo de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Revena para que se rindiese á las eficaces súplicas de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">los religiosos del monasterio de Clase, que le habían</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">nombrado por su Abad; pero, apenas pudo restituir á su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">debido lugar la disciplina monástica, cuando se</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">arrepintieron los mismos que le habían elegido, y al cabo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">le obligaron á renunciar el empleo.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Al mismo tiempo que sus discípulos se resistían á sus</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">saludables instrucciones, no queriendo aprovecharse de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">sus consejos, hacía en otros conversiones portentosas. El</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">conde Olivan, movido de las palabras de Romualdo, dejó</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">el mundo y tomó la cogulla de San Benito en el</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">monasterio del monte Casino. Un señor alemán, llamado</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Tham, siguió el ejemplo del conde. Habiéndose</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">desgraciado la ciudad de Tívoli con el Emperador,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">reconcilió á los vasallos con el Soberano; y, habiendo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">5</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">éste quitado la vida al senador Crescencio, violando la fe</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de su palabra imperial, le obligó á ir á pie y descalzo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">desde Roma á la iglesia de San Miguel, en el monte</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Gárgano, haciendo pública penitencia y dando ejemplar</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">satisfacción de su pecado.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Retiróse San Romualdo á Parenzo, en la provincia de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Istria, donde fundó un monasterio, y nombró un abad de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">su satisfacción que le gobernase. Después se recluyó por</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">espacio de tres años, y en esté largo encerramiento</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">enriqueció el Señor aquel fervoroso espíritu con nuevas y</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">abundantes gracias. Dióle una perfecta inteligencia de la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Sagrada Escritura, comunicóle el don de profecía, y le</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">añadió el de lágrimas tan copiosas, que se vio precisado</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">á no decir Misa en público.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Todo abrasado en el purísimo fuego del amor divino,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">se le oía exclamar muchas veces cada día: ¡ Oh mi dulce</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Jesús! ¡ Oh Dios de mi corazón! ¡ Oh amable Salvador mío!</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">¡ Oh dulzura inefable de los santos! ¡Oh delicia de las</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">almas puras! ¡Oh dulce Jesús, objeto infinito de todos mis</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">deseos!</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Mas al fin fue preciso dejar aquella dulce soledad</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">por ir á fundar otro monasterio en Orvieto; pero, como no</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">le dejasen respirar los muchos que cada día le buscaban,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">se retiró secretamente á otro colocado en la cima del</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">monte Sitria. Aquí fue donde padeció la más horrible</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">calumnia que podía atreverse á su venerable ancianidad,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">sufriéndola por espacio de seis meses sin despegar sus</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">labios ni tomar otra satisfacción que de sí mismo en la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">más rigurosa penitencia; y, durante este penoso ejercicio</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de paciencia y de humildad, compuso una exposición de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">salmos, que se guarda hoy en la Camáldula, escrita de su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">mano.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Verdaderamente causa admiración que un solo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">6</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">hombre pudiese hacer tantas fundaciones; pero la más</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">célebre de todas fue la que hizo en Camálduli de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Toscana, sitio famoso en los valles del Apenino. Aquella</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">vehemente inclinación que tenía á la soledad le movió á</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">poner los ojos en este desierto. Quedóse un día dormido</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">cerca de una fuente, y vio en sueños una escala que,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">fijada en tierra, llegaba con la parte superior al Cielo, y</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">reparó que sus religiosos, vestidos de blanco, iban</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">subiendo por ella. Despertó el Santo, no creyendo que el</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">sueño fuese sin misterio, escogió á algunos de los discípulos</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">suyos más fervorosos, y les dio el hábito blanco con</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">nuevas constituciones. Este fue el principio de la religión</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">camaldulense, que más ha de seiscientos años florece en</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">el campo del Señor, y conserva el día de hoy todo el</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">fervor de aquel primitivo espíritu que recibió de su santo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">fundador, y ha dado tantos santos á la Iglesia.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Sintiendo Romualdo que se iba acercando ya el día</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de su dichoso tránsito, se retiró á su monasterio de Valde-</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Castro, donde veinte años antes había pronosticado que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">había de morir. Allí fabricó una celdilla con un oratorio</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">para encerrarse en ella y guardar silencio hasta la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">muerte; y, aunque cada día iban creciendo sus achaques,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">no por eso se acostó en más cama que en el duro suelo,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">ni se dispensó en sus ayunos y demás penitencias</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">ordinarias. En fin, sabiendo que era ya llegado el día en</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">que el Señor le quería premiar tantos trabajos, mandó</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">salir de la celda á los dos monjes que le asistían, con</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">orden de que no volviesen á entrar hasta el día siguiente.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Conociendo lo que podía ser, le obedecieron con</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">violencia, pero se quedaron á la puerta de la misma</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">celda para observar lo que pasaba. Pasó el Santo algún</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">tiempo en oraciones vocales; pero como los monjes no le</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">oyesen prorrumpir en sus acostumbrados afectos de amor</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">de Dios, ni en sus ordinarios suspiros, entraron en la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">celdilla y hallaron que acababa de expirar. Murió, como</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">afirma San Pedro Damiano, que escribió su Vida quince</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">7</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">años después de su dichoso tránsito, á los ochenta de su</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">edad. Fueron tantos los milagros que obró, así en vida</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">como después de su muerte, que, creciendo en todas</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">partes la opinión de su santidad, obtuvieron sus monjes</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">licencia del Papa para erigir un altar sobre su sepultura,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">á los cinco años después que murió. Hallóse el santo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">cuerpo casi tan sano y tan entero como el mismo día que</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">le habían enterrado. El año de 1032 se celebró</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">solemnemente su fiesta, con autoridad de la Santa Sede,</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">el día 19 de Junio, que era el de su dichoso tránsito. El de</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">1466, cuatrocientos treinta y cuatro años después de la</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">primera traslación, se volvió á hallar entero el santo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">cuerpo; pero su fiesta concurría con la de los Santos</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Gervasio y Protasio, y el papa Clemente VIII la fijó al día</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">7 de Febrero, que fue el de la referida primera traslación.</div>
<div>
<div id="attachment_234" class="wp-caption aligncenter" style="width: 388px"><a href="http://hesiquia.wordpress.com/terra-incognita/"><img class="size-full wp-image-234 " title="Asceta y eremita" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/10/guercino21.jpg?w=378&#038;h=614" alt="San Romualdo" width="378" height="614" /></a><p class="wp-caption-text">San Romualdo</p></div>
</div>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#551a8b;"><strong><span style="color:#000000;font-family:'Times New Roman';font-weight:normal;line-height:normal;font-size:small;"> </span></strong></span></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<h4><span style="font-family:Verdana;font-weight:normal;font-size:small;">S</span><span style="font-weight:normal;">an Romualdo, como fundador de la Orden contemplativa de los Camaldulenses, es uno de los mejores representantes de la tendencia reformadora de fines del siglo x y del siglo xi, como reacción contra el deplorable estado de relajación en que se hallaba la Iglesia católica y gran parte de la vida monástica del tiempo. El movimiento renovador más conocido y más eficaz para toda la Iglesia en este tiempo fue el cluniacense, iniciado a principios del siglo x en el monasterio de Cluny. Pero en Italia tuvo manifestaciones características de un ascetismo más intenso, que tendía a una vida mixta, en que se unía la más absoluta soledad y contemplación con la obediencia y vida de comunidad cenobítica. El resultado fueron las nuevas Ordenes de Valleumbrosa y de los Camaldulenses y los núcleos organizados por San Nilo y San Pedro Damiano.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">San Romualdo, de la familia de los Onesti, duques de Ravena, nació probablemente en torno al año 950 y murió en 1027. Es cierto que su biógrafo San Pedro Damiano atestigua que murió a la edad de ciento veinte años; pero ya los bolandistas corrigieron este testimonio, que, como resultado de modernos estudios, no puede mantenerse. Educado conforme a las máximas del mundo, su vida fue durante algunos años bastante libre y descuidada, dejándose llevar de los placeres y siendo víctima de sus pasiones. Sin embargo, según parece, aun en este tiempo, experimentaba fuertes inquietudes, a las que seguían aspiraciones y propósitos de alta perfección. Así se refiere que, yendo cierto día de caza, mientras perseguía una pieza, se paró en medio del bosque y exclamó: &#8220;¡Felices aquellos antiguos eremitas que elegían por morada lugares solitarios como éste! ¡Con qué tranquilidad podían servir a Dios, apartados por completo del mundo!&#8221;</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Un hecho trágico le dió ocasión para abandonar el mundo. En efecto, su padre, llamado Sergio y hombre imbuído en los principios mundanos, se lanzó a un duelo con un pariente, obligando a Romualdo a asistir como testigo. Terminado el duelo con la muerte del adversario, Romualdo sintió tal remordimiento por aquella muerte y tal repugnancia por el mundo, que se retiró al monasterio benedictino de Classe, cerca de Ravena, con el fin de hacer penitencia. Tres años pasó allí entregado a las mayores austeridades, y al fin se decidió a suplicar su admisión en el monasterio. El abad tuvo especial dificultad por no contrariar a su padre Sergio; mas, por intercesión del arzobispo de Ravena, antiguo abad de Classe, le permitió al fin vestir el hábito benedictino, en aquel célebre monasterio.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Pero entonces comenzó un nuevo género de dificultades. La vida de observancia y penitencia del nuevo monje constituía una tácita reprensión para muchos religiosos de aquel monasterio, más o menos relajados. Por esto, se fue formando tal oposición contra Romualdo que, en inteligencia con el abad, se vió obligado a retirarse a un lugar solitario cerca de Venecia, donde se puso bajo la dirección de un tal Marino. Este, con sus formas rudas y su austera ascética, contribuyó eficazmente al adelantamiento de Romualdo en la perfección religiosa, y tal fue el ascendiente de santidad que ambos llegaron a alcanzar, que el mismo dux de Venecia, San Pedro Orseolo, se sintió impulsado a abandonar el mundo y entregarse a la vida solitaria. Así pues, ambos, juntamente con Pedro Orseolo, se dirigieran a San Miguel de Cusan, donde se entregaron a las más rigurosa vida solitaria. Movido por el ejemplo de su hijo, también el duque Sergio se retiró al monasterio de San Severo, cerca de Ravena, para expiar sus pecados. Sin embargo, después de algún tiempo, vencido por la tentación, intentaba volver a su antigua vida; pero entonces su hijo Romualdo, abandonando su retiro, acudió a su lado y consiguió mantenerlo en aquella vida de penitencia, en la que perseveró hasta su muerte.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">La vida de San Romualdo durante los treinta años siguientes constituye un verdadero prodigio de ascetismo cristiano. En el monasterio de Cusan se puso bajo la dirección del abad Guérin, de quien obtuvo el permiso de retirarse a un lugar solitario, próximo a la abadía, donde se entregó durante tres años a las mayores austeridades.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Ponía ante sus ojos la vida de los santos y procuraba imitar los excesos de penitencia que ellos habían practicado. Como los antiguos anacoretas del desierto se habían impuesto ayunos rigurosísimos, Romualdo quiso también seguir su ejemplo. Durante estos años, Romualdo no comía más que el domingo, y aun entonces, una comida sumamente frugal.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">En medio de todo esto, lo acometió el enemigo con las más molestas tentaciones. Poníale ante los ojos con la mayor viveza los atractivos de la vida del mundo, mientras, por otra parte, la representaba la inutilidad de los esfuerzos que realizaba y de la vida que llevaba. Frente a los repetidos asaltos del enemigo, Romualdo se entregó más de lleno a la oración, de donde sacaba la fuerza necesaria para mantenerse firme en la lucha. Según se refiere, el enemigo llegó a maltratar cruelmente su cuerpo, con el objeto de apartarlo de aquella vida de austeridad. Más aún, excitando en su imaginación durante la noche imágenes feas y espantosas, trataba de amedrentarlo con el ejercicio de la vida de perfección.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Pero Romualdo, fiel a la oración y puesta su confianza en Dios, salió victorioso de todas estas batallas. Hacia el año 999 volvió a Italia y se incorporó de nuevo al monasterio de Classe, donde, en una celda solitaria, continuó la vida de penitencia y de retiro que había comenzado. Allí se renovaron los asaltos del enemigo. Las crónicas antiguas refieren que, habiéndolo el demonio fiagelado cruelmente un día en el interior de su celda, Romualdo se dirigió al Señor con estas palabras: &#8220;Dulcísimo Jesús mío, ¿me habéis abandonado por completo en manos de mis enemigos?&#8221; Al oír el demonio el nombre de Jesús, huyó rápidamente, a lo que siguió una gran tranquilidad y dulzura del alma.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Pero Romualdo tuvo que superar otras muchas dificultades, con las que se fue purificando su alma y aquilatando su virtud, hasta disponerlo definitivamente a la fundación de la nueva Orden de los Camaldulenses. Estas dificultades le vinieron de sus mismos monjes. Viviendo él en su retiro, no lejos del monasterio de Classe, un rico caballero le envió una limosna de siete libras para que las distribuyera entre los monjes pobres. Así lo hizo él inmediatamente, repartiéndolo entre otros monasterios más pobres que el suyo, por lo cual los de su monasterio se enfurecieron contra él, y como ya estaban resentidos por sus grandes austeridades, lo tomaron aparte y, después de azotarlo bárbaramente, le obligaron a retirarse.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Pero, precisamente entonces, quiso el Señor valerse de él para la reforma de aquel monasterio de Classe. En efecto, hallándose a la sazón en Ravena el emperador Otón III, lleno siempre de los más elevados ideales de reforma eclesiástica, trabajó eficazmente para la reforma del monasterio de Classe, y para ello obtuvo de sus monjes que eligieran como abad a Romualdo. El mismo en persona fue en busca del solitario y lo introdujo como abad y reformador en la célebre abadía. Efectivamente, durante dos añosentregóse con toda su alma a la importante obra de la reforma del monasterio; pero, viendo que no lograba su intento, acudió al arzobispo de Ravena y al mismo Otón III, y puso en sus manos su báculo, renunciando a la dignidad de abad.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Tal fue el momento preparado por la Providencia para que iniciara su obra de fundador. En efecto, con toda la experiencia adquirida durante los largos años dedicados a la vida solitaria, e impulsado siempre por sus ansias de vida contemplativa y de la más absoluta soledad, pidió entonces a Otón III le concediera los terrenos y los medios para la construcción de un monasterio, donde pudieran entregarse a una vida mixta de contemplación, soledad y obediencia, y, efectivamente, el emperador le hizo construir uno en el lugar denominado Isla de Perea dedicado a San Adalberto, a donde se retiró Romualdo con algunos caballeros del séquito de Otón III, que se decidieron a seguirle. Poco después organizó otros centros de vida eremítica en Italia y en la Istria, y concibió el plan de construir uno en Val de Castro, consistente en un conjunto de celdas separadas, cuyos moradores debían llevar una vida de rigurosa soledad, entregados a la oración y penitencia, pero manteniendo la unión y vida de comunidad. Con esto debía realizarse su ideal de consagración a Dios.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Entre tanto, movido del ansia de derramar la sangre por Cristo, que siempre había sentido, obtuvo del Papa el permiso de predicar el Evangelio en Hungría. Púsose, en efecto, en marcha; pero, cuando estaba a punto de llegar a la meta de sus aspiraciones, se sintió atacado por una enfermedad, y como esto se repitiera cada vez que intentaba continuar su empresa, comprendió que no era aquélla la Voluntad de Dios, y así volvió a Italia.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Entonces, pues, se entregó con toda su alma a la realización definitiva de su ideal monástico. Afianzóse la fundación de Val de Castro; continuó organizando otros centros semejantes. Llamado a Roma por el Romano Pontífice, dedicóse algún tiempo al apostolado y, con la santidad de su vida y sus ardientes exhortaciones, logró la conversión de muchos pecadores; mas, volviendo a su ideal monástico, fundó diversos centros en las proximidades de Roma, entre los que sobresale el de Sasso Ferrato, donde permaneció algún tiempo. Precisamente en este lugar quiso el Señor que resplandecieran de un modo especial sus virtudes. En efecto, según refieren sus biógrafos, un señor, a quienRomualdo había tratado de convertir de su desordenada vida de impureza, lanzó contra Romualdo la más inicua calumnia. Dios permitió que los monjes, demasiado crédulos, se dejaran convencer, y así, impusieron al Santo una severa penitencia y le prohibieron celebrar la santa misa. Romualdo sobrellevó aquella deshonra con el más absoluto silencio durante seis meses; pero, transcurrido este tiempo, Dios mismo le ordenó que no se sometiera por más tiempo a una sentencia abiertamente injusta, pronunciada contra él sin autoridad y sin ninguna sombra de verdad. La primera vez que celebró la santa misa después de esta prueba apareció, según se refiere, arrobado en éxtasis.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Después de esto, ya iniciado el siglo XI, pasó seis años en Monte-Sitrio, donde había organizado un nuevo centro de vida ascética conforme a su ideal. El mismo era un ejemplo viviente de la vida de consagración a Dios: guardaba el más absoluto silencio; observaba las más rigurosas austeridades; rehusaba a sus sentidos todo lo que pudiera darles alguna satisfacción. El emperador Enrique I, sucesor de Otón III, en su primer viaje a Italia, quiso visitar a Romualdo, de cuya santidad y austeridades estaba ínformado. El resultado de la entrevista fue entregarle el monasterio de Monte-Amiato, en Toscana, para que introdujera en él algunos de sus discípulos. Así lo realizó él, en efecto, durante los años siguientes. A este tiempo se refieren diversos hechos milagrosos, que las crónicas le atribuyen; pero estas mismas observan que Romualdo procuraba siempre obrar los milagros de tal manera que no se le pudieran atribuir a él. Así se refiere que, cuando enviaba a sus discípulos a alguna misión, les daba pan y diversos frutos benditos, con los que Dios quiso obrar algunos milagros. Durante un sueño que tuvo por este tiempo al pie de los Apeninos, mientras andaba en busca de un lugar apropiado para sus monjes, según refieren las crónicas, vió en sueños una escala que subía de la tierra al cielo, por donde subían muchos religiosos en hábitos blancos.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Con esto, dió la forma definitiva a sus fundaciones. Así, al fundar en 1012 el monasterio de Campo Maldoli (que se abreviaba Camaldoli) puso en práctica el ideal de vida en celdas independientes, del más riguroso silencio, gran austeridad de vida, pero bajo la obediencia a su superior, vida común y demás obligaciones impuestas por la regla, a lo que se añadió el hábito blanco. En realidad, pues, la obra del fundador de los Camaldulenses, San Romualdo, no comienza en 1012 con el establecimiento del monasterio de Campo Maldolo o Camaldolo. Esta fundación, significa más bien el complemento final de San Romualdo. Su obra se prepara con la práctica de sus largos años de vida sol¡taria en los monasterios de Classe, Cusan y otros lugares en que vivió vida solitaria, y se realiza, desde principios del siglo XI, en la Isla de Perea, en Val de Castro, Sasso Ferrato, Monte-Sitrio, Monte-Amiato y, finalmente, en Camaldolo.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">El motivo de haber tomado la Orden por él fundada el nombre de Camaldulense fue, como se interpreta comúnmente en nuestros días, porque en Camaldolo se realizó plenamente el ideal de San Romualdo. Por lo demás, es conocida la explicación que se ha dado tradicionalmente a esta denominación. Se supone que aquel monasterio se llamó Campo Maldolo por ser donativo de un caballero llamado Maldoli. Pero frente a esta explicación, se ha averiguado que la donación fue hecha por Teobaldo, obispo de Arezzo. En todo caso, consta que el nombre del monasterio fue Campo Maldolo o Camaldolo.</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">Tal fue la obra de San Romualdo, que halló en este monasterio su más perfecta realización, con lo cual se consolidó definitivamente este nuevo tipo de vida, mezcla ideal de la vida anacorética y cenobítica, que luego imitaron los cartujos y otras órdenes. Una vez establecido y bien organizado este monasterio, Romualdo volvió a su vida ambulante, visitando y afianzando los demás centros por él fundados. Finalmente, sintiendo que se aproximaba su fin, se retiró a Val de Castro, donde expiró el 7 de febrero de 1027, estando enteramente solo en su celda. Según se atestigua, veinte años antes había profetizado que moriría en este lugar, en esta fecha y en esta forma en que moría,</span></h4>
<h4><span style="font-weight:normal;">La Orden de los Camaldulenses fue aprobada definitivamente por Alejandro II (1061-1073) en 1072. Contaba entonces solamente nueve monasterios. El cuarto General, Beato Rodolfo, redactó en 1102 las constituciones definitivas, en las que se mitiga un poco el extremado rigor primitivo.</span></h4>
<p style="text-align:right;"><span style="font-weight:normal;"><span style="line-height:normal;font-size:large;"><span style="color:#000000;">BERNARDINO LLORCA, S. I.</span></span></span></p>
<div style="text-align:left;"><span style="color:#551a8b;"><span style="font-family:Verdana;color:#000000;"><span style="font-size:small;"><br />
</span></span></span></div>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://www.upo.es/depa/webdhuma/areas/arte/actas/3cibi/documentos/088f.pdf"><span style="color:#993300;">De los sacros montes a los santos desiertos</span></a></strong></p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#993300;"><strong><em><br />
</em></strong></span></p>
Posted in Pequeñas Biografias Tagged: ascetas, camaldulenses, ermitaños de monte corona, san romualdo, yermo <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/misticavita.wordpress.com/231/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/misticavita.wordpress.com/231/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/misticavita.wordpress.com/231/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/misticavita.wordpress.com/231/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/misticavita.wordpress.com/231/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/misticavita.wordpress.com/231/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/misticavita.wordpress.com/231/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/misticavita.wordpress.com/231/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/misticavita.wordpress.com/231/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/misticavita.wordpress.com/231/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=231&subd=misticavita&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>Santa Teresita de Lisieux</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 01:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TERESA MARTIN nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Dos días más tarde fue bautizada. en la Iglesia de Nôtre-Dame, recibiendo los nombres de María Francisca Teresa. Sus padres fueron Luis Martin y Celia Guérin, ambos venerables en la actualidad. Tras la muerte de su madre, el 28 de agosto de 1877, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=211&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><div id="attachment_213" class="wp-caption aligncenter" style="width: 397px"><a href="//hesiquia.wordpress.com/historiaalma/"><img class="size-full wp-image-213" title="Fotografía coloreada de Sta. teresita" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/10/teresita134.jpg?w=387&#038;h=302" alt="teresita134" width="387" height="302" /></a><p class="wp-caption-text">Santa Teresita de Lisieux</p></div>
<p><strong><span style="color:#993300;">TERESA MARTIN</span></strong><strong> nació en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Dos días más tarde fue bautizada. en la Iglesia de Nôtre-Dame, recibiendo los nombres de María Francisca Teresa. Sus padres fueron Luis Martin y Celia Guérin, ambos venerables en la actualidad. Tras la muerte de su madre, el 28 de agosto de 1877, Teresa se trasladó con toda la familia a Lisieux.</strong></p>
<p><strong>A finales de 1879 recibió por vez primera el sacramento de la Penitencia. El día de Pentecostés de 1883, recibió la gracia especial de ser curada de una grave enfermedad por la intercesión de Nuestra Señora de las Victorias (la Virgen de la Sonrisa). Educada por las Benedictinas de Lisieux, recibió la primera comunión el 8 de mayo de 1884, después de una intensa preparación, culminada con una fuerte experiencia de la gracia de la íntima comunión con Cristo. Algunas semanas más tarde, el 14 de junio del mismo año, recibió la Confirmación, con plena conciencia de acoger el don del Espíritu Santo mediante una participación personal en la gracia de Pentecostés.</strong></p>
<p><strong>Su deseo era abrazar la vida contemplativa, al igual que sus hermanas Paulina y María, en el Carmelo de Lisieux, pero su temprana edad se lo impedía. Durante un viaje a Italia, después de haber visitado la Santa Casa de Loreto y los lugares de la Ciudad Eterna, el 20 de noviembre de 1887, en la audiencia concedida por el Papa León XIII a los peregrinos de la diócesis de Lisieux, pidió al Papa con filial audacia autorización para poder entrar en el Carmelo con 15 años.</strong></p>
<p><strong>El 9 de abril de 1888 ingresó en el Carmelo de Lisieux. Tomó el hábito el 10 de enero del año siguiente e hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1890, fiesta de la Natividad de la Virgen María.</strong></p>
<p><strong>En el Carmelo comenzó el camino de perfección trazado por la Madre Fundadora, Teresa de Jesús, con auténtico fervor y fidelidad, y cumpliendo los diferentes oficios que le fueron confiados (fue también maestra de novicias). Iluminada por la Palabra de Dios, y probada especialmente por la enfermedad de su queridísimo padre, Luis Martin, que falleció el 29 de julio de 1894, emprendió el camino hacia la santidad, inspirada en la lectura del Evangelio y poniendo el amor al centro de todo. Teresa nos ha dejado en sus manuscritos autobiográficos no sólo los recuerdos de la infancia y de la adolescencia, sino también el retrato de su alma y la descripción de sus experiencias más íntimas. Descubre y comunica a las novicias confiadas a sus cuidados; el camino de la infancia espiritual; recibe como don especial el encargo do acompañar con la oración y el sacrificio a dos hermanos misioneros (el Padre Roulland, misionero en China y el Padre Belliére). Penetra cada vez más en el misterio de la Iglesia y siente crecer su vocación apostólica y misionera para arrastrar consigo a los demás, movida por el amor de Cristo, su Único Esposo.</strong></p>
<p><strong>El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Santísima Trinidad, se ofreció como victima inmolada al Amor misericordioso de Dios. Por entonces escribe el primer manuscrito autobiográfico, que entregó a la Madre Inés el día de su onomástica, el 21 de enero de 1896.</strong></p>
<p><strong>Algunos meses más tarde, el 3 de abril, durante la noche del jueves al viernes santo, sufrió una hemotisis, primera manifestación de la enfermedad que la llevaría a la muerte, y que ella acogió como una misteriosa visita del Esposo divino. Entró entonces en una prueba de fe que duraría hasta el final de su vida, y de la que ofrece un emotivo testimonio en sus escritos. Durante el mes de septiembre concluye el </strong><em><strong>manuscrito B</strong></em><strong>, que ilustra de manera impresionante el grado de santidad al que había llegado, especialmente por el descubrimiento de su vocación en el corazón de la Iglesia.</strong></p>
<p><strong>Mientras empeora su salud y continúa el tiempo de prueba, en el mes de junio comienza el </strong><em><strong>manuscrito C</strong></em><strong>, dedicado a la Madre María de Gonzaga; entretanto, nuevas gracias la llevan a madurar plenamente en la perfección y descubre nuevas luces para la difusión de su mensaje en la Iglesia, en bien de las almas que seguirán su camino. El 8 de julio es llevada a la enfermería, donde otras religiosas recogen sus palabras, a la vez que se le tornan más intensos los dolores y las pruebas, que soporta con paciencia hasta su muerte, acaecida en la tarde del 30 de septiembre de 1897, a las 19:20 h. </strong><em><strong>&#8220;Yo no muero, entro en la vida&#8221;</strong></em><strong> había escrito a su hermano espiritual misionero, P. Mauricio Belliére. Sus últimas palabras, </strong><em><strong>&#8220;Dios mío, te amo&#8221;</strong></em><strong>, sellan una vida que se extinguió en la tierra a los 24 años, para entrar, según su deseo, en una nueva fase de presencia apostólica en favor de las almas, en la comunión de los Santos, para derramar una </strong><em><strong>&#8220;lluvia de rosas&#8221;</strong></em><strong> sobre el mundo (lluvia de favores y beneficios, especialmente para amar más a Dios).</strong></p>
<p><strong>Fue canonizada por Pío XI el 17 de mayo de 1925, y el mismo Papa, el 14 de diciembre de 1927, la proclamó Patrona Universal de las Misiones, junto con San Francisco Javier.</strong></p>
<p><strong>Su doctrina y su ejemplo de santidad han sido recibidos con gran entusiasmo por todas las categorías de fieles de este siglo, y también más allá de la Iglesia Católica y del Cristianismo.</strong></p>
<p><strong>Con ocasión del Centenario de su muerte, el Papa Juan Pablo II la declaró Doctora de la Iglesia por la solidez de su sabiduría espiritual, inspirada en el Evangelio, por la originalidad de sus intuiciones teológicas, en las cuales resplandece su eminente doctrina, y por la acogida en todo el mundo de su mensaje espiritual, difundido a través de la traducción de sus obras en una cincuentena de lenguas diversas. La ceremonia del nombramiento tuvo lugar el 19 de octubre de 1.997, precisamente en el domingo en el que se celebra la Jornada Mundial de las Misiones.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><em>Texto de :</em></p>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://wp.me/PyyV8-GD"><span style="color:#89b620;">Historia de un alma</span></a></h2>
<p style="text-align:center;"><em>Texto del post extraído de:</em></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://webcatolicodejavier.org/teresitabio.html"><strong><span style="color:#993300;">webcatolicodejavier</span></strong></a></p>
<p style="text-align:center;"><em>Mas sobre Santa Teresita en:</em></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://www.corazones.org/santos/teresita_lisieux.htm"><strong><span style="color:#993300;">corazones.org</span></strong></a></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://sta-teresita"><strong><span style="color:#993300;">sta-teresita</span></strong></a></p>
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		<title>Vita Antonii</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2009 13:58:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[life of San Antonio Abad]]></category>
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		<category><![CDATA[vida de san antonio el grande]]></category>
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Icono de San Antonio Abad



Primeros Pasos En La Vida Monastica
Antonio fue egipcio de nacimiento. Como niño vivió con sus padres, no conociendo sino su familia y su casa; cuando creció y se hizo muchacho y avanzó en edad, no quiso ir a la escuela, deseando evitar la compañía de otros niños, su único deseo era, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=205&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
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<div class="mceTemp" style="text-align:center;">
<dl class="wp-caption alignnone">
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<dd class="wp-caption-dd">Icono de San Antonio Abad</dd>
</dl>
</div>
<p></strong></p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Primeros Pasos En La Vida Monastica</span></strong></p>
<p>Antonio fue egipcio de nacimiento. Como niño vivió con sus padres, no conociendo sino su familia y su casa; cuando creció y se hizo muchacho y avanzó en edad, no quiso ir a la escuela, deseando evitar la compañía de otros niños, su único deseo era, como dice la Escritura acerca de Jacob (Gn 25:27), llevar una simple vida de hogar. Por su puesto iba a la iglesia con sus padres, y ahí no mostraba el desinterés de un niño ni el desprecio de los jóvenes por tales cosas. Al contrario, obedeciendo a sus padres, ponía atención a las lecturas y guardaba cuidadosamente en su corazón el provecho que extraía de ellas. Además, sin abusar de las fáciles condiciones en que vivía como niño, nunca importunó a sus padres pidiendo una comida rica o caprichosa, ni tenía placer alguno en cosas semejantes. Estaba satisfecho con lo que se le ponía delante y no pedía más.</p>
<p>Después de la muerte de sus padres quedó solo con una única hermana, mucho mas joven. Tenía entonces unos dieciocho o veinte años, y tomó cuidado de la casa y de su hermana. Menos de seis meses después de la muerte de sus padres, iba, como de costumbre, de camino hacia la iglesia. Mientras caminaba, iba meditando y reflexionaba como los apóstoles lo dejaron todo y siguieron al Salvador (Mt 4:20; 19:27); cómo, según se refiere en los Hechos (4:35-37), la gente vendía lo que tenía y lo ponía a los pies de los apóstoles para su distribución entre los necesitados; y que grande es la esperanza prometida en los cielos a los que obran así (Ef 1:18; Col 1:5). Pensando estas cosas, entró a la iglesia. Sucedió que en ese momento se estaba leyendo el pasaje, y se escuchó el pasaje en el que el Señor dice al joven rico: Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y d selo a los pobres; luego ven, sígueme, y tendrás un tesoro en el cielo (Mt 19:21). Como si Dios le hubiese puesto el recuerdo de los santos y como si la lectura hubiera sido dirigida especialmente a él, Antonio salió inmediatamente de la iglesia y dio la propiedad que tenía de sus antepasados: 80 hectáreas, tierra muy fértil y muy hermosa. No quiso que ni él ni su hermana tuvieran ya nada que ver con ella. Vendió todo lo demás, los bienes muebles que poseía, y entregó a los pobres la considerable suma recibida, dejando sólo un poco para su hermana.</p>
<p>Pero de nuevo, entró en la iglesia, escuchó aquella palabra del Señor en el Evangelio: No se preocupen por el mañana (Mt 6:34). No pudo soportar mayor espera, sino que fue y distribuyó a los pobres también esto último. Colocó a su hermana donde vírgenes conocidas y de confianza, entregándosela para que fuese educada. Entonces él mismo dedico todo su tiempo a la vida ascética, atento a sí mismo, cerca de su propia casa. No existían aún tantas celdas monacales en Egipto, y ningún monje conocía siquiera el lejano desierto. Todo el que quería enfrentarse consigo mismo sirviendo a Cristo, practicaba la vida ascética solo, no lejos de su aldea. Por aquel tiempo había en la aldea vecina un anciano que desde su juventud llevaba la vida ascética en la soledad. Cuando Antonio lo vio, &#8220;tuvo celo por el bien&#8221; (Gl 4:18), y se estableció inmediatamente en la vecindad de la ciudad. Desde entonces, cuando oía que en alguna parte había un alma que se esforzaba, se iba, como sabia abeja, a buscarla y no volvía sin haberla visto; sólo después de haberla recibido, por decirlo así, provisiones para su jornada de virtud, regresaba.</p>
<p>Ahí, pues, pasó el tiempo de su iniciación y afirmó su determinación de no volver mas a la casa de sus padres ni de pensar en sus parientes, sino de dedicar todas sus inclinaciones y energías a la práctica continua de la vida ascética. Hacía trabajo manual, pues había oído que &#8220;el que no quiera trabajar, que tampoco tiene derecho a comer&#8221; (2 Ts 3:10). De sus entradas guardaba algo para su mantención y el resto lo daba a los pobres. Oraba constantemente, habiendo aprendido que debemos orar en privado (Mt 6:6) sin cesar (Lc 18:1; 21:36; 1 Ts 5:17). Además estaba tan atento a la lectura de la Escritura, que nada se le escapaba: retenía todo, y así su memoria le serví en lugar de libros.</p>
<p>Así vivía Antonio y era amado por todos. El, a su vez, se sometía con toda sinceridad a los hombres piadosos que visitaba, y se esforzaba en aprender aquello en que cada uno lo aventajaba en celo y práctica ascética. Observaba la bondad de uno, la seriedad de otro en la oración; estudiaba la apacible quietud de uno y la afabilidad de otro; fijaba su atención en las vigilias observadas por uno y en los estudios de otros; admiraba a uno por su paciencia, y a otro por ayunar y dormir en el suelo; miraba la humildad de uno y la abstinencia paciente de otro; y en unos y otros notaba especialmente la devoción a Cristo y el amor que se tenían mutuamente.</p>
<p>Habiéndose así saciado, volvía a su propio lugar de vida ascética. Entonces hacía suyo lo obtenido de cada uno y dedicaba todas sus energías a realizar en sí mismo las virtudes de todos. No tenía disputas con nadie de su edad, pero tampoco quería ser inferior a ellos en lo mejor; y aún esto lo hacía de tal modo que nadie se sentía ofendido, sino que todos se alegraban por él. Y así todos los aldeanos y los monjes con quienes estaba unido, vieron que clase de hombre era y lo llamaban &#8220;el amigo de Dios&#8221; amándolo como hijo o hermano.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Combates Con Los Demonios</span></strong></p>
<p>Pero el demonio que odia y envidia lo bueno, no podía ver tal resolución en un hombre joven, sino que se puso a emplear sus viejas tácticas contra él. Primero trató de hacerlo desertar de la vida ascética recordándole su propiedad, el cuidado de su hermana, los apegos de su parentela, el amor al dinero, el amor a la gloria, los innumerables placeres de la mesa y de todas las cosas agradables de la vida. Finalmente le hizo presente la austeridad de todo lo que va junto con esta virtud, despertó en su mente toda una nube de argumentos, tratando de hacerlo abandonar su firme propósito.</p>
<p>El enemigo vio, sin embargo, que era impotente ante la determinación de Antonio, y que más bien era él que estaba siendo vencido por la firmeza del hombre, derrotado por su sólida fe y su constante oración. Puso entonces toda su confianza en las armas que están &#8220;en los músculos de su vientre&#8221; (Job 40:16). Jactándose de ellas, pues son su artimaña preferida contra los jóvenes, atacó al joven molestándolo de noche y hostigándolo de día, de tal modo que hasta los que lo veían a Antonio podían darse cuenta de la lucha que se libraba entre los dos. El enemigo quería sugerirle pensamientos sucios, pero el los disipaba con sus oraciones; trataba de incitarlo al placer, pero Antonio, sintiendo vergüenza, ceñía su cuerpo con su fe, con sus oraciones y su ayuno. El perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse de mujer y hacerse pasar por ella en todas sus formas posibles durante la noche, sólo para engañar a Antonio. Pero él llenó sus pensamientos de Cristo, reflexionó sobre la nobleza del alma creada por El, y sobre la espiritualidad, y así apagó el carbón ardiente de la tentación. Y cuando de nuevo el enemigo le sugirió el encanto seductor del placer, Antonio, enfadado, con razón, y apesadumbrado, mantuvo sus propósitos con la amenaza del fuego y del tormento de los gusanos (Js 16:21; Sir 7:19; Is 66:24; Mc 9:48). Sosteniendo esto en alto como escudo, pasó a través de todo sin ser doblegado.</p>
<p>Toda esa experiencia hizo avergonzarse al enemigo. En verdad, él, que había pensado ser como Dios, hizo el loco ante la resistencia de un hombre. El, que en su engreimiento desdeñaba carne y sangre, fue ahora derrotado por un hombre de carne en su carne. Verdaderamente el Señor trabajaba con este hombre, El que por nosotros tomó carne y dio a su cuerpo la victoria sobre el demonio. Así, todos los que combaten seriamente pueden decir: No yo, sino la gracia de Dios conmigo (1 Co 15:10).</p>
<p>Finalmente, cuando el dragón no pudo conquistar a Antonio tampoco por estos últimos medios sino que se vio arrojado de su corazón, rechinando sus dientes, como dice la Escritura (Mc 9:17), cambio su persona, por decirlo así. Tal como es en su corazón, así se le apreció: como un muchacho negro; y como inclinándose ante él, ya no lo acosó más con pensamientos -pues el impostor había sido echado fuera-, sino que usando voz humana dijo: &#8220;A muchos he engañado y a muchos he vencido; pero ahora que te he atacado a ti y a tus esfuerzos como lo hice con tantos otros, me he demostrado demasiado débil.&#8221;</p>
<p>¿Quién eres tú que me hablas así?, preguntó Antonio.</p>
<p>El otro se apresuró a replicar con voz gimiente: Soy el amante de la fornicación. Mi misión es acechar a la juventud y seducirla; me llaman el espíritu de la fornicación. ¡A cuantos no he engañado, que estaban decididos a cuidar de sus sentidos! ¡A cuántas personas castas no he seducido con mis lisonjas! Yo soy aquel por cuya causa el profeta reprocha a los caídos: Ustedes fueron engañados por el espíritu de la fornicación (Os 4:12). Sí, yo fui quien los hice caer. Yo soy el que tanto te molesté y que tan a menudo fui vencido por C,],LD.&#8221; Antonio dio gracias al Señor y armándose de valor contra él, dijo: Entonces eres enteramente despreciable; eres negro en tu alma y tan débil como un niño. En adelante ya no me causas ninguna preocupación, porque el señor esta conmigo y me auxilia, ver la derrota de mis adversarios (Sal 117:7).</p>
<p>Oyendo esto, el negro desapareció inmediatamente, inclinándose a tales palabras y temiendo acercarse al hombre.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Antonio Aumenta Su Austeridad</span></strong></p>
<p>Esta fue la primera victoria de Antonio sobre el demonio; más bien, digamos que este singular éxito de Antonio fue el del Salvador, que condenó el pecado en la carne, a fin de que la justificación de la ley se cumpliera en nosotros, que vivimos no según la carne sino según el espíritu (Rm 8:3-4). Pero Antonio no se descuidó ni se creyó garantido por sí mismo por el hecho de que el demonio hubiera sido echado a sus pies; tampoco el enemigo, aunque vencido en el combate, dejó de estar al acecho de él. Andaba dando vueltas alrededor, como un león (1 P 5:8), buscando una ocasión en su contra. Pero Antonio habiendo aprendido en las Escrituras que los engaños del maligno son diversos (Ef 6:11), practicó seriamente la vida ascética, teniendo en cuenta que aun si no se podía seducir su corazón con el placer del cuerpo, trataría ciertamente de engañarlo por algún otro método, porque el amor del demonio es el pecado. Resolvió por eso, acostumbrarse a un modo mas austero de vida. Mortificó su cuerpo más y más, y lo puso bajo la sujeción, no fuera que habiendo vencido en una ocasión, perdiera en otra (1 Co 9:27). Muchos se maravillaron de sus austeridades, pero él mismo las soportaba con facilidad. El celo que había penetrado en su alma por tanto tiempo, se transformó por la costumbre segunda naturaleza, de modo que aun la menor inspiración recibida de otros lo hacía responder con gran entusiasmo. Por ejemplo, observaba las vigilias nocturnas con tal determinación que a menudo pasaba toda la noche sin dormir, y eso no sólo una sino muchas veces, para admiración de todos. Así también comía una sola vez al día, después de la caída del sol; a veces cada dos días, y con frecuencia tomaba su alimento cada dos días. Su alimentación consistía en pan y sal; como bebida tomaba solo agua. No necesitamos mencionar carne o vino, porque tales cosas tampoco se encuentran entre los demás ascetas. Se contentaba con dormir sobre una estera, aunque lo hacía regularmente sobre el suelo desnudo.</p>
<p>Despreciaba el uso de ungüentos para el cutis, diciendo que los jóvenes debían practicar la vida ascética con seriedad y no andar buscando cosas que ablandan el cuerpo; debían mas bien acostumbrarse a trabajar duro, tomando en cuenta las palabras del apóstol: Cuando mas débil soy, mas fuerte me siento (2 Co 12:10). Decía que las energías del alma aumentan cuanto más débiles son los deseos del cuerpo.</p>
<p>Estaba además absolutamente convencido de lo siguiente: pensaba que apreciaría su progreso en la virtud y su consecuente apartamiento del mundo no por el tiempo pasado en ello sino por su apego y dedicación. Conforme a esto, no se preocupaba del paso del tiempo sino que cada día a día, como si recién estuviera comenzando la vida ascética, hacía los mayores esfuerzos hacia la perfección. Gustaba repetirse a si mismo las palabras de san Pablo: Olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por lo que está delante (Flp 3:13), recordando también la voz del profeta Elías: Vive el Señor, en cuya presencia estoy este día (1 Re 17:1; 18:15). Observaba que al decir este día, no estaba contando el tiempo que había pasado, sino que, como comenzando de nuevo, trabajando duro cada día para hacer de sí mismo alguien que pudiera aparecer delante de Dios: puro de corazón y dispuesto a seguir Su voluntad. Y acostumbraba a decir que la vida llevada por el gran profeta Elías debía ser para el asceta como un gran espejo en el cual poder mirar siempre la propia vida.</p>
<p>Así Antonio se dominó a sí mismo. Entonces decidió mudarse a los sepulcros que se hallan a cierta distancia de la aldea. Pidió a uno de sus familiares que le llevaran pan a largos intervalos. Entró entonces en una de las tumbas, el mencionado hombre cerró la puerta tras él, y así quedó dentro solo. Esto era más de lo que el enemigo podía soportar, pues en verdad temía que ahora fuera a llenar también el desierto con la vida ascética. Así llegó una noche con un gran número de demonios y lo azotó tan implacablemente que quedó tirado en el suelo, sin habla por el dolor. Afirmaba que el dolor era tan fuerte que los golpes no podían haber sido infligidos por ningún hombre como para causar semejante tormento. Por la providencia de Dios, porque el Señor no abandona a los que esperan en El, su pariente llegó al día siguiente trayéndole pan. Cuando abrió la puerta y lo vio tirado en el suelo como muerto, lo levantó y lo llevó hasta la Iglesia y lo depositó sobre el suelo. Muchos de sus parientes y de la gente de la aldea se sentaron en torno a Antonio como para velar su cadáver. Pero hacia la medianoche Antonio recobró el conocimiento y despertó. Cuando vio que todos estaban dormidos y sólo su amigo estaba despierto, le hizo señas para que se acercara y le pidió que lo levantara y lo llevara de nuevo a los sepulcros, sin despertar a nadie.</p>
<p>El hombre lo llevó de vuelta, la puerta fue trancada como antes y de nuevo que solo dentro. Por los golpes recibidos estaba demasiado débil como para mantenerse en pie; entonces oraba tendido en el suelo. Terminada su oración, gritó: &#8220;Aquí estoy yo, Antonio, que no me he acobardado con tus golpes, y aunque mas me des, nada me separar del amor a Cristo&#8221; (Rm 8:35). Entonces comenzó a cantar: &#8220;Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla&#8221; (Sal.26:3).</p>
<p>Tales eran los pensamientos y las palabras del asceta, pero el que odia el bien, el enemigo, asombrado de que después de todos los golpes todavía tuviera valor de volver, llamó a sus perros, y arrebatado de rabia dijo: &#8220;Ustedes ven que no hemos podido detener a este tipo con el espíritu de fornicación ni con los golpes; al contrario llega a desafiarnos. Vamos a proceder con él de otro modo.&#8221;</p>
<p>La función del malhechor no es difícil para el demonio. Esa noche, por eso, hicieron tal estrépito que el lugar parecía sacudido por un terremoto. Era como si los demonios se abrieran paso por las cuatro paredes del recinto, reventando a través de ellas en forma de bestia y reptiles. De repente todo el lugar se llenó de imágenes fantasmagóricas de leones, osos, leopardos, toros, serpientes, áspides, escorpiones y lobos; cada uno se movía según el ejemplar que había asumido. El león rugía, listo para saltar sobre él; el toro ya casi lo atravesaba con sus cuernos; la serpiente se retorcía sin alcanzarlo completamente; el lobo lo acometía de frente; y el griterío armado simultáneamente por todas estas apariciones era espantoso, y la furia que mostraba era feroz.</p>
<p>Antonio, remecido y punzado por ellos, sentía aumentar el dolor en su cuerpo; sin embargo yacía sin miedo y con su espíritu vigilante. Gemía es verdad, por el dolor que atormentaba su cuerpo, pero su mente era dueña de la situación, y, como para burlarse de ellos, decía: si tuvieran poder sobre mí, hubiera bastado que viniera uno solo de ustedes; pero el Señor les quitó su fuerza, y por eso están tratando de hacerme perder el juicio con su número; es señal de su debilidad que tengan que imitar a las bestias.&#8221; De nuevo tuvo la valentía de decirles: &#8220;Si es que pueden, seis que han recibido el poder sobre mí, no se demoren, ¡vengan al ataque! Y si nada pueden, ¿para qué forzarse tanto sin ningún fin? Por que la fe en nuestro Señor es sello para nosotros y muro de salvación.&#8221; Así, después de haber intentado muchas argucias, rechinaron su dientes contra él, porque eran ellos los que se estaban volviendo locos y no él.</p>
<p>De nuevo el Señor no se olvidó de Antonio en su lucha, sino que vino a ayudarlo. Pues cuando miró hacia arriba, vio como si el techo se abriera y un rayo de luz bajara hacia él. Los demonios se habían ido de repente, el dolor de su cuerpo cesó y el edificio estaba restaurado como antes. Antonio, habiendo notado que la ayuda había llegado, respiró más libremente y se sintió aliviado en sus dolores. Y preguntó a la visión: &#8220;¿Dónde estaba tú? ¿Por qué no apareciste al comienzo para detener mis dolores?&#8221;</p>
<p>Y una voz le habló: &#8220;Antonio, yo estaba aquí, pero esperaba verte en acción. Y ahora que haz aguantado sin rendirte, seré siempre tu ayuda y te haré famoso en todas partes.&#8221;</p>
<p>Oyendo esto, se levantó y oró; y fue tan fortalecido que sintió su cuerpo más vigoroso que antes. Tenía por aquel tiempo unos treinta y cinco años edad.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Antonio se Muda a Pispir</span></strong></p>
<p>Al día siguiente se fue, inspirado por un celo aún mayor por el servicio de Dios. Fue al encuentro del anciano ya antes mencionado (3-5) y le rogó que se fuera a vivir con él en el desierto. El otro declinó la invitación a causa de su edad y porque tal modo de vivir no era todavía costumbre. Entonces se fue solo a vivir a la montaña. ¡Pero ahí estaba de nuevo el enemigo! Viendo su seriedad y queriendo frustarla, proyectó la imagen ilusoria de un disco de plata sobre el camino. Pero Antonio, penetrando en el ardid del que odia el bien, se detuvo y, desenmascaró al demonio en él, diciendo: &#8221; ¿Un disco en el desierto? ¿De dónde sale esto? Esta no es una carretera frecuentada, y no hay huellas de que haya pasado gente por este camino. Es de gran tamaño y no puede haberse caído inadvertidamente. En verdad, aunque se hubiera perdido, el dueño habría vuelto y lo habría buscado, y seguramente lo habría encontrado porque es una región desierta. Esto es engaño del demonio. ¡No vas a frustrar mi resolución con estas cosas, demonio! ¡Tu dinero perezca junto contigo!&#8221; (Hch 8:20). Y al decir esto Antonio, el disco desapareció como humo.</p>
<p>Luego, mientras caminaba, vio de nuevo, no ya otra ilusión, sino oro verdadero, desparramado a lo largo del camino. Pues bien, ya sea que al mismo enemigo le llamó la atención, o si fue un buen espíritu el que atrajo al luchador y le demostró al demonio de que no se preocupabas ni siquiera de las riquezas auténticas, él mismo no lo indicó, y por eso no sabemos nada sino que era realmente oro lo que allí había. En cuanto a Antonio, quedó sorprendido por la cantidad que había, pero atravesó por él, como si hubiera sido fuego y siguió su camino sin volverse atrás. Al contrario, se puso a correr tan rápido que al poco rato perdió de vista el lugar y quedó oculto de él.</p>
<p>Así, afirmándose más y más en su propósito, se apresuro hacia la montaña. En la parte distante del río encontró un fortín desierto que con el correr del tiempo estaba plagado de reptiles. Allí se estableció para vivir. Los reptiles como si alguien los hubiera echado, se fueron de repente. Bloqueó la entrada, después de enterrar pan para seis meses -así lo hacen los tebanos y a menudo los panes se mantienen frescos por todo un año-, y teniendo agua a mano, desapareció como en un santuario. Quedó allí solo, no saliendo nunca y no viendo pasar a nadie. Por mucho tiempo perseveró en esta práctica ascética; solo dos veces al año recibía pan, que lo dejaba caer por el techo.</p>
<p>Sus amigos que venían a verlo, pasaban a menudo días y noches fuera, puesto que no quería dejarlos entrar. Oían que sonaba como una multitud frenética, haciendo ruidos, armando tumulto, gimiendo lastimeramente y chillando: &#8220;¡Ándate de nuestro dominio! ¿Que tienes que hacer en el desierto? Tú no puedes soportar nuestra persecución.&#8221; Al principio los que estaban afuera creían que había hombres peleando con él y que habrían entrado por medio de escaleras, pero cuando atisbaron por un hoyo y no vieron a nadie, se dieron cuenta que eran los demonios los que estaban en el asunto, y, llenos de miedo, llamaron a Antonio. El estaba más inquieto por ellos que por los demonios. Acercándose a la puerta les aconsejó que se fueran y no tuvieran miedo. Les dijo: &#8220;Sólo contra los miedosos los demonios conjuran fantasmas. Ustedes ahora hagan la señal de la cruz y vuélvanse a su casa sin temor, y déjenlos que se enloquezcan ellos mismos.&#8221;</p>
<p>Entonces se fueron, fortalecidos con la señal de la cruz, mientras él se quedaba sin sufrir ningún daño de los demonios. Pero tampoco se fastidiaba de la contienda, porque la ayuda que recibía de lo alto por medio de visiones y la debilidad de sus enemigos, le daban gran alivio en sus penalidades y ánimo para un mayor entusiasmo. Sus amigos venían una y otra vez esperando, por supuesto, encontrarlo muerto, pero lo escuchaban cantar: &#8220;Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian. Como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite las cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios&#8221; (Sal 67:2). Y también: &#8220;Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los rechacé&#8221; (Sal 117:10).</p>
<p>Así pasó casi veinte años practicando solo la vida ascética, no saliendo nunca y siendo raramente visto por otros. Después de esto, como había muchos que ansiaban y aspiraban imitar su santa vida, y algunos de sus amigos vinieron y forzaron la puerta echándolas abajo, Antonio salió como de un santuario, como un iniciado en los sagrados misterios y lleno del Espíritu de Dios. Fue la primera vez que se mostró fuera del fortín a los que vinieron hacia él. Cuando lo vieron, estaban asombrados al comprobar que su cuerpo guardaba su antigua apariencia: no estaba ni obeso por falta de ejercicio ni macilento por sus ayunos y luchas con los demonios: era el mismo hombre que habían conocido antes de su retiro.</p>
<p>El estado de su alma era puro, pues no estaba ni encogido por la aflicción, ni disipado por la alegría, ni penetrado por la diversión o el desaliento. No se desconcertó cuando vio la multitud ni se enorgulleció al ver a tantos que lo recibían. Se tenía completamente bajo control, como hombre guiado por la razón y con gran equilibrio de carácter.</p>
<p>Por él sanó a muchos de los presentes que tenían enfermedades corporales y liberó a otros de espíritus impuros. Concedió también a Antonio el encanto en el hablar; y así confortó a muchos en sus penas y reconcilió a otros que se peleaban. Exhortó a todos a no preferir nada en este mundo al amor de Cristo. Y cuando en su discurso los exhortó a recordar los bienes venideros y la bondad mostrada a nosotros por Dios, &#8220;que no perdonó a su Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (Rm 8:32), indujo a muchos a abrazar la vida monástica. Y así aparecieron celdas monacales en la montaña y el desierto se pobló de monjes que abandonaban a los suyos y se inscribían para ser ciudadanos del cielo (Hb 3:20; 12:23).</p>
<p>Una vez tuvo necesidad de cruzar el canal de Arsinoé -la ocasión fue para una visita a los hermanos-; el canal estaba lleno de cocodrilos. Simplemente oró, se metió con todo sus compañeros, y pasó al otro lado sin ser tocado. De vuelta a su celda, se aplicó con todo celo a sus santos y vigorosos ejercicios. Por medio de constantes conferencias encendía el ardor de los que ya eran monjes e incitaba a muchos otros al amor de la vida ascética; y pronto, en la medida en que su mensaje arrastraba a hombres a través de él, el número de celdas monacales se multiplicaba y para todos era como un padre y guía.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Sobre las Virtudes</span></strong></p>
<p>Un día en que él salió, vinieron todos los monjes y le pidieron una conferencia. El les habló en lengua copta como sigue:</p>
<p>&#8220;Las Escrituras bastan realmente para nuestra instrucción. Sin embargo, es bueno para nosotros alentarnos unos a otros en la fe y usar de la palabra para estimularnos. Sean, por eso, como niños y tráiganle a su padre lo que sepan y díganselo, tal como yo, siendo el mas antiguo, comparto con ustedes mi conocimiento y mi experiencia.</p>
<p>Para comenzar, tengamos todos el mismo celo, para no renunciar a lo que hemos comenzado, para no perder el nimo, para no decir: &#8220;Hemos pasado demasiado tiempo en esta vida ascética.&#8221; No, comenzando de nuevo cada día, aumentemos nuestro celo. Toda la vida del hombre es muy breve comparada con el tiempo que a de venir, de modo que todo nuestro tiempo es nada comparada con la vida eterna. En el mundo, todo se vende; y cada cosa se comercia según su valor por algo equivalente; pero la promesa de la vida eterna puede comprarse con muy poco. La Escritura dice: &#8220;Aunque uno viva setenta años y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil&#8221; (Sal 89:10). Si, pues, todos vivimos ochenta años o incluso cien, en la práctica de la vida ascética, no vamos a reinar el mismo período de cien años, sino que en vez de los cien reinaremos para siempre. Y aunque nuestro esfuerzo es en la tierra, no recibiremos nuestra herencia en la tierra sino lo que se nos ha prometido en el cielo. Más, aún, vamos a abandonar nuestro cuerpo corruptible y a recibirlo incorruptible (1 Co 15:42).</p>
<p>Así, hijitos, no nos cansemos ni pensemos que estamos afanándonos mucho tiempo o que estamos haciendo algo grande. Pues los sufrimientos de la vida presente no pueden compararse con la gloria separada que nos ser revelada (Rm 8:18). No miremos hacia a través, hacia el mundo, que hemos renunciado a grandes cosas. Pues incluso todo el mundo, y no creamos que es muy trivial comparado con el cielo. Aunque fuéramos dueños de toda la tierra y renunciaremos a toda la tierra, nada sería comparado con el reino de los cielos. Tal como una persona despreciaría una moneda de cobre para ganar cien monedas de oro, así es que el dueño de la tierra y renuncia a ella, da realmente poco y recibe cien veces más (Mt 19:29). Pues, ni siquiera, toda la tierra equivale el valor del cielo, ciertamente el que entrega una poca tierra no debe jactarse ni apenarse; lo que abandona es prácticamente nada, aunque sea un hogar o una suma considerable de dinero de lo que se separa.</p>
<p>&#8220;Debemos además tener en cuenta que si no dejamos estas cosas por el amor a la virtud, después tendremos que abandonarlas de todos modos y a menudo también, como nos recuerda el Eclesiastés&#8221; (2:18; 4:8; 6:2), a personas a las que no hubiéramos querido dejarlas. Entonces, ¿por qué no hacer de la necesidad virtud y entregarlas de modo que podamos heredar un reino por añadidura? Por eso, ninguno de nosotros tenga ni siquiera el deseo de poseer riquezas. ¿De qué nos sirve poseer lo que no podemos llevar con nosotros? ¿Por qué no poseer mas bien aquellas cosas que podamos llevar con nosotros: prudencia, justicia, templanza, fortaleza, entendimiento, caridad, amor a los pobres, fe en Cristo, humildad, hospitalidad? Una vez que las poseamos, hallaremos que ellas van delante de nosotros, preparándonos la bienvenida en la tierra de los mansos (Lc 16:9; Mt 5:4).</p>
<p>&#8220;Con estos pensamientos cada uno debe convencerse que no hay que descuidarse sino considerar que se es servidor del Señor y atado al servicio de su Maestro. Pero un sirviente no se va atrever a decir: &#8220;Ya que trabajé ayer, no voy a trabajar hoy.&#8221; Tampoco se va a poner a calcular el tiempo que se ya ha servido y a descansar durante los día que le quedan por delante; no, día tras día, como está escrito en el Evangelio (Lc 12:35-38; 17:7-10; Mt 24:45), muestra la misma buena voluntad para que pueda agradar a su patrón y no causar ninguna molestia. Perseveremos, pues, en la práctica diaria de la vida ascética, sabiendo de que si somos negligentes un solo día, El no nos va a perdonar en consideración al tiempo anterior, sino que se va a enojar con nosotros por nuestro descuido. Así lo hemos escuchado en Ezequiel (Ez 18:24.26; 33:12ss); lo mismo Judas, que en una sola noche destruyó el trabajo de todo su pasado.</p>
<p>Por eso, hijos, perseveremos en la práctica del ascetismo y no nos desalentemos. También tenemos en esto al Señor que nos ayuda, según la Escritura: &#8220;Dios coopera para el bien&#8221; (Rm 8:28) con todo el que elige el bien. Y en cuanto a que no debemos descuidarnos, es bueno meditar lo que dice el apóstol: &#8220;muero cada día&#8221; (1 Co 15:31). Realmente si nosotros también viviéramos como si en cada nuevo día fuéramos a morir, no pecaríamos. En cuanto a la cita, su sentido es este: Cuando nos despertamos cada día, deberíamos pensar que no vamos a vivir hasta la tarde; y de nuevo, cuando nos vamos a dormir, deberíamos pensar que no vamos a despertar. Nuestra vida es insegura por naturaleza y nos es medida diariamente por Providencia. Si con esta disposición vivimos nuestra vida diaria, no cometeremos pecado, no codiciaremos nada, no tendremos inquina a nadie, no acumularemos tesoros en la tierra; sino que como quien cada día espera morirse, seremos pobres y perdonaremos todo a todos. Desear mujeres u otros placeres sucios, tampoco tendremos semejantes deseos sino que le volveremos las espaldas como a algo transitorio combatiendo siempre y teniendo ante nuestros ojos el día del juicio. El mayor temor a juicio y el desasosiego por los tormentos, disipan invariablemente la fascinación del placer y fortalecen el nimo vacilante.</p>
<p>&#8220;Ahora que hemos hecho un comienzo y estamos en la senda de la virtud, alarguemos nuestros pasos aún más para alcanzar lo que tenemos delante (Flp 3:13). No miremos atrás, como hizo la mujer de Lot (Gn 19:26), porque sobretodo el Señor ha dicho: &#8220;Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de los cielos&#8221; (Lc 9:62). Y este mirar hacia atrás no es otra cosa sino arrepentirse de lo comenzado y acordarse de nuevo de lo mundano.</p>
<p>Cuando oigan hablar de la virtud, no se asusten ni la traten como palabra extraña. Realmente no está lejos de nosotros ni su lugar está fuera de nosotros; no, ella está dentro de nosotros, y su cumplimiento es fácil camino y cruzan el mar para estudiar las letras; pero nosotros no tenemos necesidad de ponernos en camino por el reino de los cielos ni de cruzar el mar para alcanzar la virtud. El Señor nos lo dijo de antemano: &#8220;El reino de los cielos está dentro de nosotros y brota de nosotros.&#8221; La virtud existe cuando el alma se mantiene en su estado natural. Es mantenida en su estado natural cuando queda cuando vino al ser. Y vino al ser limpia y perfectamente íntegra (Ecl 7:30). Por eso Josué, el hijo de Nun, exhortó al pueblo con estas palabras: &#8220;Mantengan íntegro sus corazones ante el Señor, el Dios de Israel&#8221; (Jos 24:26); y Juan: &#8220;Enderecen sus caminos&#8221; (Mt 3:3). El alma es derecha cuando la mente se mantiene en el estado en que fue creada. Pero cuando se desvía y se pervierte de su condición natural, eso se llama vicio del alma.</p>
<p>La tarea no es difícil: si quedamos como fuimos creados, estamos en estado de virtud, pero si entregamos nuestra mente a cosas bajas, somos considerados perversos. Si este trabajo tuviese que ser realizado desde fuera, sería en verdad difícil; pero dado que está dentro de nosotros, cuidémonos de pensamientos sucios. Y habiendo recibido el alma como algo confiado a nosotros, guardémosla para el Señor, para que el pueda reconocer su obra como la misma que hizo.</p>
<p>&#8220;Luchemos, pues, para que la ira no sea nuestro dueño ni la concupiscencia nos esclavice. Pues está escrito &#8216;que la ira del hombre no hace lo que agrada a Dios&#8217;(St 1:20). Y la concupiscencia &#8216; cuando ha concebido, da a luz el pecado; y de este pecado, cuando esta desarrollado, nace la muerte (St 1:15). Viviendo esta vida, mantengámonos cuidadosamente en guardia y, como está escrito, guardemos nuestro corazón con toda vigilancia (Pr 4:23). Tenemos enemigos poderosos y fuertes: son los demonios malvados; y contra ellos &#8216;es nuestra lucha&#8217;, como dice el apóstol, &#8216;no contra gente de carne y hueso, sino contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestiales, es decir, los que tienen mando, autoridad y dominio en este mundo oscuro&#8217; (Ef 6:12). Grande es su número en el aire a nuestro alrededor, y no están lejos de nosotros. Pero la diferencia entre ellos es considerable. Nos llevaría mucho tiempo dar una explicación de su naturaleza y distinciones, tal disquisición es para otros más competentes que yo; lo único urgente y necesario para nosotros ahora es conocer sólo sus villanías contra nosotros.</p>
<p>Mientras Antonio discurría sobre estos asuntos con ellos, todos se regocijaban. Aumentaba en algunos la virtud, en otros desaparecía la negligencia, y en otros la vanagloria era reprimida. Todos prestaban consejos sobre los ardides del enemigo, y se admiraban de la gracia dada a Antonio por el Señor para discernir los espíritus.</p>
<p>Así sus solitarias celdas en las colinas eran como las tiendas llenas de coros divinos, cantando salmos, estudiando, ayunando, orando, gozando con la esperanza de la vida futura, trabajando para dar limosnas y preservando el amor y la armonía entre sí. Y en realidad, era como ver un país aparte, una tierra de piedad y justicia. No había malhechores ni víctimas del mal ni acusaciones del recaudador de impuestos, sino una multitud de ascetas, todos con un solo propósito: la virtud. Así, al ver estas celdas solitarias y la admirable alineación de los monjes, no se podía menos que elevar la voz y decir: &#8220;¡Qué hermosas son las tiendas, oh Jacob! ¡Tus habitaciones, oh Israel! Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como tiendas plantadas por el Señor, como cedros junto a las aguas&#8221; (Núm 24:5).</p>
<p>Antonio volvió como de costumbre a su propia celda e intensificó sus prácticas ascéticas. Día tras día suspiraba en la meditación de las moradas celestiales (Jn 14:12), con todo anhelo por ellas, viendo la breve existencia del hombre. Al pensamiento de la naturaleza espiritual del alma, se avergonzaba cuando debía aprestarse a comer o dormir o a ejecutar las otras necesidades corporales. A menudo, cuando iba a compartir su alimento con otros monjes, le sobrevenía el pensamiento del alimento espiritual y rogando que le perdonaran, se alejaba de ellos, como si le diera vergüenza de que otros lo vieran comiendo. Comía, por su puesto, porque su cuerpo lo necesitaba, y frecuentemente lo hacía también con los hermanos, turbado a causa de ellos, pero hablándoles por la ayuda que sus palabras significaban para ellos. Acostumbraba a decir que se debía dar todo su tiempo al alma más bien que al cuerpo. Ciertamente, puesto que la necesidad lo exige, algo de tiempo tiene que darse al cuerpo, pero en general deberíamos dar nuestra primera atención al alma y buscar su progreso. Ella no debería ser arrastrada hacia abajo por los placeres del cuerpo, sino que el cuerpo debe ser puesto bajo sujeción del alma. Esto, decía, es lo que el Salvador expresó: &#8220;No se preocupen por la vida, por lo que van a comer o beber, ni estén inquietos ansiosamente; la gente del mundo busca todas esas cosas. Pero su Padre sabe que ustedes necesitan todo esto. Busquen primero su Reino y todo esto se les dar dado por añadidura&#8221; (Lc 12:22.29-31; Mt 6:31-33).</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">La Persecución Del Emperador Maximino</span></strong></p>
<p>Después de esto, la persecución de Maximino (en el año 311), que irrumpió en esa época, se abatió sobre la Iglesia. Cuando los santos mártires fueron llevados a Alejandría, él también dejó su celda y los siguió, diciendo: &#8220;vayamos también nosotros a tomar parte en el combate si somos llamados, o a ver a los combatientes.&#8221; Tenía el gran deseo de sufrir el martirio, pero como no quería entregarse a sí mismo, servía a los confesores de la fe en las minas y en las prisiones. Se afanaba en el tribunal, estimulando el celo de los mártires cuando los llamaban, y recibiéndolos y escoltándolos cuando iban a su martirio, quedando junto a ellos hasta que expiraban. Por eso el juez, viendo su intrepidez y la de sus compañeros y su celo en estas cosas, dio orden de que ningún monje apareciera en el tribunal o estuviera en la ciudad. Todos los demás pensaron conveniente esconderse ese día, pero Antonio se preocupó tan poco de ello que lavó sus ropas y al día siguiente se colocó al frente de todos, en un lugar prominente, a vista y presencia del prefecto. Mientras todos se admiraban y el prefecto mismo lo veía al acercarse con todos los funcionarios, el estaba ahí de pie, sin miedo, mostrando el espíritu anhelante característico de nosotros los cristianos. Como lo expresé antes, oraba para que también él pudiera ser martirizado, y por eso se apenaba por no haberlo sido.</p>
<p>Pero el Señor cuidaba de él para nuestro bien y para el bien de otros, a fin de que pudiera se maestro de la vida ascética que él mismo había aprendido en las Escrituras. De hecho, muchos, sólo con ver su actitud, se convirtieron en celosos seguidores de su modo de vida. De nuevo, por eso, continuó con su costumbre, de ir al servicio de los confesores de la fe y, como si estuviera encadenado con ellos (Hb 13:3), se agotó en su afán por ellos.</p>
<p>Cuando finalmente la persecución cesó y el obispo Pedro, de santa memoria, hubo sufrido el martirio, se fue y volvió a su celda solitaria, y ahí fue mártir cotidiano en su conciencia, luchando siempre las batallas de la fe. Practicó una vida ascética llena de celo y más intensa. Ayunaba continuamente, su vestidura era de pelo la interior y de cuero la exterior, y la conservó hasta el día de su muerte. Nunca bañó su cuerpo para lavarse, ni tampoco lavó sus pies ni se permitió meterlos en el agua sin necesidad. Nadie vio su cuerpo desnudo hasta que murió y fue sepultado.</p>
<p>Vuelto a la soledad, determinó un período de tiempo durante el cual no saldría ni recibiría a nadie. Entonces un oficial militar, un cierto Martiniano, llegó a importunar a Antonio: tenía una hija a la molestaba el demonio. Como persistía ante él, golpeado a la puerta y rogando que saliera y orara a Dios por su hija, Antonio no quiso salir sino que, usando una mirilla le dijo: &#8220;Hombre ¿por qué haces todo ese ruido conmigo? Soy un hombre tal como tú. Si crees en Cristo a quien yo sirvo, ándate y como eres creyente, ora a Dios y se te conceder .&#8221; Ese hombre se fue y creyendo e invocando a Cristo, y su hija fue librada del demonio. Muchas otras cosas hizo también el Señor a través de él, según la palabra: &#8220;Pidan y se les dará&#8221; (Lc 11:9). Muchísima gente que sufría, dormía simplemente fuera de su celda, ya que él no quería abrirle la puerta, y eran sanados por su fe y su sincera oración.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Huida a La Montaña Interior</span></strong></p>
<p>Cuando se vio acosado por muchos e impedido de retirarse como eran su propósito y su deseo, e inquieto por lo que el Señor estaba obrando a través de él, pues podía transformarse en presunción, o alguien podía estimarlos más de lo que convenía, reflexionó y se fue hacia la Alta Tebaida, a un pueblo en el que era desconocido. Recibió pan de los hermanos y se sentó a la orilla del río, esperando ver un barco que pasara en el que pudiera embarcarse y partir. Mientras estaba así aguardando, se oyó una voz desde arriba: &#8220;Antonio, ¿a dónde vas y porque?&#8221;</p>
<p>No se desorientó sino que, habiendo escuchado a menudo tales llamadas, contestó: &#8220;Ya que las multitudes no me permiten estar solo, quiero irme a la Alta Tebaida, porque son muchas las molestias a las que estoy sujeto aquí, y sobre todo porque me piden cosas más allá de mi poder.&#8221; &#8220;Si subes a la Tebaida,&#8221; dijo la voz, &#8220;o si, como también pensaste, bajas a la Bucolia, tendrás más, sí, el doble más de molestias que soportar. Pero si realmente quieres estar contigo mismo, entonces vete al desierto interior.&#8221;</p>
<p>Pero, dijo Antonio, ¿quién me mostrará el camino? Yo no lo conozco. De repente le llamaron la atención unos sarracenos que estaban por tomar aquella ruta. Acercándose, Antonio les pidió ir con ellos al desierto. Ellos le dieron la bienvenida como por orden de la Providencia. Y viajó con ellos tres días y tres noches y llegó a una montaña muy alta. Al pie de la montaña había agua, clara como el cristal, dulce y muy fresca. Extendiéndose desde allí había una llanura y unos cuantos datileros.</p>
<p>Antonio, como inspirado por Dios, quedó encantado por el lugar, porque esto fue lo que quiso decir Quien habló con el a la orilla del Río. Comenzó por conseguir algunos panes de sus compañeros de viaje y se quedo sólo en la montaña, sin ninguna compañía. En adelante, miró este lugar como si hubiera encontrado su propio hogar. En cuanto a los sarracenos, notando el entusiasmo de Antonio, hicieron del lugar un punto de sus travesías, y estaban contentos de llevarle pan. También los datileros le daban un pequeño y frugal cambio de dieta. M s tarde, los hermanos, se las ingeniaron para mandarle pan. Antonio, sin embargo, viendo que el pan les causaba molestias porque tenían que aumentar el trabajo que ya soportaban, y queriendo mostrar consideración a los monjes en esto, reflexionó sobre el asunto y pidió a algunos de sus visitantes que les trajeran un azadón y un hacha y algo de grano.</p>
<p>Cuando se lo trajeron, se fue al terreno cerca de la montaña, y encontrando un pedazo adecuado, con abundante provisión de agua de la vertiente, lo cultivo y sembró. Así lo hizo cada año y les suministraba su pan. Estaba feliz de que con eso no tenía que molestar a nadie, y con todo trataba de no ser carga para otros. Pero más tarde, viendo que de nuevo llegaba gente a verlo, comenzó también a cultivar algunas hortalizas, a fin de que sus visitantes tuvieran algo más para restaurar sus fuerzas después del viaje tan cansado y pesado.</p>
<p>Al comienzo, los animales del desierto que venían a beber agua le dañaban los sembrados de la huerta. Entonces atrapó a uno de los animales, lo retuvo suavemente y les dijo a todos: &#8221; ¿Por qué me hacen perjuicio si yo no les haga nada a ninguno de ustedes? ¡Váyanse, y en el nombre del Señor no se acerquen otra vez a estas cosas!&#8221; Y desde ese entonces, como atemorizados por sus órdenes, no se acercaron al lugar.</p>
<p>Una vez los monjes le pidieron que regresara donde ellos y pasara algún tiempo visitándolos a ellos y sus establecimientos. Hizo el viaje con los monjes que vinieron a su encuentro. Un camello había cargado con pan y agua, ya que en todo ese desierto no hay agua, y la única agua potable estaba en la montaña de donde habían salido y en donde estaba su celda. Yendo de camino se acabó el agua, y estaban todos en peligro cuando el calor es mas intenso. Anduvieron buscando y volvieron sin encontrar agua. Ahora estaban demasiado débiles para poder caminar siquiera. Se echaron al suelo y dejaron que el camello se fuera, entregándose a la desesperación.</p>
<p>Entonces el anciano, viendo el peligro en que todos estaban, se llenó de aflicción. Suspirando profundamente, se apartó un poco de ellos. Entonces se arrodilló, extendió sus manos y oró. Y de repente el Señor hizo brotar una fuente donde estaba orando, de modo que todos pudieron beber y refrescarse. Llenaron sus odres y se pusieron a buscar el camello hasta que lo encontraron, sucedió que el cordel se había enredado en una piedra y había quedado sujeto. Lo llevaron a abrevar y, cargándolo con los odres, concluyeron su viaje sin más deterioros ni accidentes.</p>
<p>Cuando llegó a las celdas exteriores, todos le dieron una cordial bienvenida, mirándolo como a un padre. El, por su parte, como trayéndoles provisiones de su montaña, los entretenía con su narraciones y les comunicaba su experiencia práctica. Y de nuevo hubo alegría en las montañas y anhelos de progreso, y el consuelo que viene de una fe común (Rm 1:12). También se alegró de contemplar el celo de los monjes y al ver a su hermana que había envejecido en su vida de virginidad, siendo ella misma guía espiritual de otras vírgenes.</p>
<p>Después de algunos días volvió a su montaña. Desde entonces muchos fueron a visitarlo, entre ellos muchos llenos de aflicción, que arriesgaban el viaje hasta él. Para todos los monjes que llegaban donde él, tenía siempre el mismo consejo: poner su confianza el Señor y amarlo, guardarse a sí mismo de los malos pensamientos y de los placeres de la carne, y no ser seducido por el estómago lleno, como está escrito en los Proverbios (Prov 24:15). Debían huir de la vanagloria y orar continuamente; cantar salmos antes y después del sueño; guardar en el corazón los mandamientos impuestos en las Escrituras y recordar los hechos de los santos, de modo que el alma, al recordar los mandamientos, pueda inflamarse ante el ejemplo de su celo. Les aconsejaba sobre todo recordar siempre la palabra del apóstol: &#8220;Que el sol no se ponga sobre tu ira&#8221; (Ef 4:26), y a considerar estas palabras como dichas de todos los mandamientos: el sol no debe ponerse no sólo sobre la ira sino sobre ningún otro pecado.</p>
<p>Es enteramente necesario que el sol no condene por ningún pecado de día, ni la luna por ninguna falta o incluso pensamiento nocturno. Para asegurarnos de esto, es bueno escuchar y guardar lo que dice el apóstol: &#8220;Júzguense y pruébense ustedes mismos&#8221; (2 Co 13:5). Por eso cada uno debe hacer diariamente un examen de lo que ha hecho de día y de noche; si ha pecado, deje de pecar; si no ha pecado, no se jacte por ello. Persevere mas bien en la practica de lo bueno y no deje de estar en guardia. No juzgue a su prójimo ni se declare justo él mismo, como dice el santo apóstol Pablo, &#8220;Hasta que venga el Señor y saque a luz lo que está escondido&#8221; (1 Co 4:5; Rm 2:16). A menudo no tenemos conciencia de lo que hacemos; nosotros no lo sabemos, pero el Señor conoce todo. Por eso dejémosle el juicio a El, compadezcámonos mutuamente y &#8220;llevemos los unos las cargas de los otros&#8221; (Ga 6:2). Juzguémonos a nosotros mismo y, si vemos que hemos disminuido, esforcémonos con toda seriedad para reparar nuestra deficiencia. Que esta observación sea nuestra salvaguardia con el pecado: anotemos nuestras acciones e impulsos del alma como si tuviéramos que dar un informe a otro; pueden estar seguros que de pura vergüenza de que esto se sepa, dejaremos de pecar y de seguir teniendo pensamientos pecaminosos. ¿A quién le gusta que lo vean pecando? ¿Quién habiendo pecado, no preferiría mentir, esperando escapar así a que lo descubran? Tal como no quisiéramos abandonarnos al placer a vista de otros, así también si tuviéramos que escribir nuestros pensamientos para decírselos a otro, nos guardaríamos muchos de los malos pensamientos, de vergüenza de que alguien los supiera. Que ese informe escrito sea, pues, como los ojos de nuestros hermanos ascetas, de modo que al avergonzarnos al escribir como si nos estuvieran viendo, jamás nos demos al mal. Moldeándonos de esta manera, seremos capaces de llevar a nuestro cuerpo a obedecernos (1 Co 9:27), para agradar al Señor y pisotear las maquinaciones del enemigo.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Milagros y Visiones</span></strong></p>
<p>Estos eran los consejos a los visitantes. Con los que sufrían se unía en simpatía y oración, y a menudo y en muchos y variados casos, el Señor escuchó su oración. Pero nunca se jactó cuando fue escuchado, ni se quejó cuando no lo fue. Siempre dio gracias al Señor, y animaba a los sufrientes a tener paciencia y a darse cuenta de que la curación no era prerrogativa suya ni de nadie, sino sólo de Dios, que la obra cuando quiere y a quienes El quiere. Los que sufrían se satisfacían con recibir las palabras del anciano como curación, pues aprendían a tener paciencia y a soporta el sufrimiento. Y los que eran sanados, aprendían a dar gracias no a Antonio sino sólo a Dios.</p>
<p>Había, por ejemplo, un hombre llamado Frontón, oriundo de Palatium. Tenía una horrible enfermedad: Se mordía continuamente la lengua y su vista se le iba acortando. Llegó hasta la montaña y le pidió a Antonio que rogara por él. Oró y luego Antonio le dijo a Frontón &#8221; Vete, vas a ser sanado.&#8221; Pero el insistió y se quedó durante días, mientras Antonio seguía diciéndole: &#8220;No te vas a sanar mientras te quedes aquí y cuando llegues a Egipto verás en ti el milagro.&#8221; El hombre se convenció por fin y se fue, al llegar a la vista de Egipto desapareció su enfermedad. Sanó según las instrucciones que Antonio había recibido del Señor mientras oraba.</p>
<p>Una niña de Busiris en Trípoli padecía de una enfermedad terrible y repugnante: una supuración de ojos, nariz y oídos se transformaba en gusanos cuando caía al suelo. Además su cuerpo estaba paralizado y sus ojos eran defectuosos. Sus padres supieron de Antonio por algunos monjes que iban a verlo, y teniendo fe en el Señor que sanó a la mujer que padecía hemorragia (Mt 9:20), les pidieron que pudieran ir con su hija. Ellos consintieron. Los padres y la niña quedaron al pie de la montaña con Pafnucio, el confesor y monje. Los demás subieron, y cuando se disponían a hablarle de la niña, el se les adelantó y les dijo todo sobre el sufrimiento de la niña y de como había hecho el viaje con ellos. Entonces cuando le preguntaron si esa gente podía subir, no se los permitió y sino que dijo: &#8220;Vayan y, si no ha muerto, la encontrar n sana. No es ciertamente mérito mío que ella halla querido venir donde un infeliz como yo; no, en verdad; su curación es obra del Salvador que muestra su misericordia en todo lugar a los que lo invocan. En este caso el Señor ha escuchado su oración, y su amor por los hombres me ha revelado que curar la enfermedad de la niña donde ella está.&#8221; En todo caso el milagro se realizó: cuando bajaron, encontraron a los padres felices y a la niña en perfecta salud.</p>
<p>Sucedió que cuando los hermanos estaban en viaje hacia él, se les acabó el agua durante el viaje; uno murió y el otro estaba a punto de morir. Ya no tenía fuerzas para andar, sino que yacía en el suelo esperando también la muerte. Antonio, sentado en la montaña, llamó a dos monjes que estaban casualmente sentados allí, y los apremió a apresurarse: &#8220;Tomen un jarro de agua y corran abajo por el camino a Egipto; venían dos, uno acaba de morir y el otro también morir a menos que ustedes se apuren. Recién me fue revelado esto en la oración.&#8221; Los monjes fueron y hallaron a uno muerto y lo enterraron. Al otro lo hicieron revivir con agua y lo llevaron hasta el anciano. La distancia era de un día de viaje. Ahora si alguien pregunta porque no habló antes de que muriera el otro, su pregunta es injustificada. El decreto de muerte no pasó por Antonio sino por Dios, que la determinó para uno, mientras que revelaba la condición del otro. En cuanto a Antonio, lo único admirable es que, mientras estaba en la montaña con su corazón tranquilo, el Señor les mostró cosas remotas.</p>
<p>En otra ocasión en que estaba sentado en la montaña y mirando hacia arriba, vio en el aire a alguien llevado hacia lo alto entre gran regocijo entre otros que le salían al encuentro. Admirándose de tan gran multitud y pensando que felices eran, oró para saber que era eso. De repente una voz se dirigió a él diciéndole que era el alma de un monje Ammón de Nitria, que vivió la vida ascética hasta edad avanzada. Ahora bien, la distancia entre Nitria a la montaña donde estaba Antonio, era de trece días de viaje. Los que estaban con Antonio, viendo al anciano tan extasiado, le preguntaron que significaba y el les contó que Ammón acababa de morir.</p>
<p>Este era bien conocido, pues venía ahí a menudo y muchos milagros fueron logrados por su intermedio. El que sigue es un ejemplo: &#8220;Una vez tenía que atravesar el río Licus en la estación de las crecidas; le pidió a Teodor que se le adelantara para que no se vieran desnudos uno a otro mientras cruzaban el río a nado. Entonces cuando Teodor se fue, el se sentía todavía avergonzado por tener que verse desnudo él mismo. Mientras estaba así desconcertado y reflexionando, fue de repente transportado a la otra orilla. Teodoro, también un hombre piadoso, salió del agua, y al ver al otro lado al que había llegado antes que él y sin haberse mojado se aferró a sus pies, insistiendo que no lo iba a soltar hasta que se lo dijera. Notando la determinación de Teodoro, especialmente, después de lo que le dijo, él insistió a su vez para que no se lo dijera a nadie hasta su muerte, y así le reveló que fue llevado y depositado en la orilla, que no había caminado sobre el agua, ya que sólo esto es posible al Señor y a quienes El se lo permite, como lo hizo en el caso del apóstol Pedro (Mt 14:29). Teodoro relató esto después de la muerte de Ammón.</p>
<p>Los monjes a los que Antonio les habló sobre la muerte de Ammón, se anotaron el día, y cuando, un mes después, los hermanos volvieron desde Nitria, preguntaron y supieron que Ammón se había dormido en el mismo día y hora en que Antonio vio su alma llevada hacia lo alto. Y tanto ellos como los otros quedaron asombrados ante la pureza del alma de Antonio, que podía saber de inmediato lo que había pasado trece días antes y que era capaz de ver el alma llevada hacia lo alto.</p>
<p>En otra ocasión, el conde Arquelao lo encontró en la montaña Exterior y le pidió solamente que rezara por Policracia, la admirable virgen de Laodicea, portadora de Cristo. Sufría mucho del estómago y del costado a causa de su excesiva austeridad, y su cuerpo estaba reducido a gran debilidad. Antonio oró y el conde anotó el día en que hizo oración. Cuando volvió a Laodicea, encontró sana a la virgen. Preguntando cuando se vio libre de su debilidad, sacó el papel donde había anotado la hora de la oración. Cuando le contestaron, inmediatamente mostró su anotación en el papel, y todos se asombraron al reconocer que el Señor la había sanado de su dolencia en el mismo momento en que Antonio estaba orando e invocando la bondad del Salvador en su ayuda.</p>
<p>En cuanto a sus visitantes, con frecuencia predecía su venida, días y a veces un mes antes, indicando la razón de su visita. Algunos venían sólo a verlo, otros a causa de sus enfermedades, y otros, atormentados por los demonios. Y nadie consideraba el viaje demasiado molesto o que fuera tiempo perdido; cada uno volvía sintiendo que había recibido ayuda. Aunque Antonio tenía estos poderes de palabra y visión, sin embargo suplicaba que nadie lo admirara por esta razón, sino mas bien admirara al Señor, porque El nos escucha a nosotros, que sólo somos hombres, a fin de conocerlo lo mejor que podamos.</p>
<p>En otra ocasión había bajado de nuevo para visitar las celdas exteriores. Cuando fue invitado a subir a un barco y orar con los monjes, sólo él percibió un olor horrible y sumamente penetrante. La tribulación dijo que había pescado y alimento salado a bordo y que el olor venía de eso, pero él insistió que el olor era diferente. Mientras estaba hablando, un joven que tenía un demonio y había subido a bordo poco antes como polizón, de repente soltó un chillido. Reprendido en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, el demonio se fue y el hombre volvió a la normalidad; todos entonces se dieron cuenta de que el hedor venía del demonio.</p>
<p>Otra vez un hombre de rango fue donde él, poseído de un demonio. En este caso el demonio era tan terrible que el poseso no estaba consciente de que iba hacia Antonio. Incluso llegaba a devorar sus propios excrementos. El hombre que lo llevó donde Antonio le rogó que orara por él. Sintiendo compasión por el joven, Antonio oró y pasó con él toda la noche. Hacia el amanecer el joven de repente se lanzó sobre Antonio y le dio un empujón. Sus compañeros se enojaron ante eso, pero Antonio dijo: &#8220;No se enojen con el joven, porque no es él el responsable sino el demonio que está en él. Al ser increpado y mandado irse a lugares desiertos, se volvió furioso e hizo esto. Den gracias al Señor, porque el atacarme de este modo es una señal de la partida del demonio.&#8221; Y en cuanto Antonio dijo esto, el joven volvió a la normalidad. Vuelto en sí se dio cuenta donde estaba, abrazó al anciano y dio gracias a Dios.</p>
<p>Son numerosas las historias, por lo demás todas concordes, que los monjes han trasmitido sobre muchas otras cosas semejantes que él obró. Y ellas, sin embargo, no parecen tan maravillosas como otras aún más maravillosas. Un a vez, por ejemplo, a la hora nona, cuando se puso de pie para orar antes de comer, se sintió transportado en espíritu y, extraño es decirlo, se vio a sí mismo y se hallara fuera de sí mismo y como si otros seres lo llevaran en los aires. Entonces vio también otros seres terribles y abominables en el aire, que le impedían el paso. Como sus guías ofrecieron resistencia, los otros preguntaron con qué pretexto quería evadir su responsabilidad ante ellos. Y cuando comenzaron ellos mismos a tomarles cuentas desde su nacimiento, intervinieron los guías de Antonio: &#8220;Todo lo que date desde su nacimiento, el Señor lo borró; pueden pedirle cuentas desde cuando comenzó a ser monje y se consagró a Dios. Entonces comenzaron a presentar acusaciones falsas y como no pudieron probarlas, tuvieron que dejarle libre el paso. Inmediatamente se vio así mismo acercándose -a lo menos, así le pareció &#8211; y juntándose consigo mismo, y así volvió Antonio a la realidad.</p>
<p>Entonces, olvidándose de comer, pasó todo el resto del día y toda la noche suspirando y orando. Estaba asombrado de ver contra cuantos enemigos debemos luchar y qué trabajos tiene uno para poder abrirse paso por los aires. Recordó que esto es lo que dice el apóstol: &#8220;De acuerdo al príncipe de las potencias del aire&#8221; (Ef 2:2). Ahí está precisamente el poder del enemigo, que pelea y trata de detener a los que intentan pasar. Por eso el mismo apóstol da también su especial advertencia: &#8220;Tomen la armadura de Dios que los haga capases de resistir en el día malo&#8221; (Ef 6:13), y &#8220;no teniendo nada malo que decir de nosotros el enemigo, pueda ser dejado en vergüenza&#8221; (Tt 2:8). Y los que hemos aprendido esto, recordemos lo que el mismo apóstol dice: &#8220;No sé si fue llevado con cuerpo o sin él, Dios lo sabe&#8221; (2 Co 2:12). Pero Pablo fue llevado al tercer cielo y escuchó &#8220;palabras inefables&#8221; (2 Co 12:2.4), y volvió, mientras que Antonio se vio a sí mismo entrando en los aires y luchando hasta que quedó libre.</p>
<p>En otra ocasión tuvo este favor de Dios. Cuando solo en la montaña y reflexionando, no podía encontrar alguna solución, la Providencia se la revelaba en respuesta a su oración; el santo varón era, con palabras de la Escritura, &#8220;Enseñado por Dios&#8221; (Is 54:13; Jn 6:45; 1 Ts 4:9). Así favorecido, tuvo una vez una discusión con unos visitantes sobre la vida del alma y qué lugar tendría después de la vida. A la noche siguiente le llegó un llamado desde lo alto: &#8220;¡Antonio, sal fuera y mira!&#8221; El salió, pues distinguía los llamados que debía escuchar, y mirando hacia lo alto vio una enorme figura, espantosa y repugnante, de pie, que alcanzaba las nubes, y además vio ciertos seres que subían como con alas. La primera figura extendía sus manos, y algunos de los seres eran detenidos por ella, mientras otros volaban sobre ella y, habiéndola sobrepasado, seguían ascendiendo sin mayor molestia. Contra ella el monstruo hacía rechinar sus dientes, pero se alegraba por los otros que habían caído. En ese momento una voz se dirigió a Antonio: &#8220;¡Comprende la visión!&#8221; (Dn 9:23). Se abrió su entendimiento (Lc 24:45) y se dio cuenta que ese era el paso de las almas y de que el monstruo que allí estaba era el enemigo, en envidioso de los creyentes. Sujetaba a los que le correspondían y no los dejaba pasar, pero a los que no había podido dominar, tenía que dejarlo pasar fuera de su alcance.</p>
<p>Habiéndolo visto esto y tomándolo como advertencia, luchó aún más para adelantar cada día lo que le esperaba.</p>
<p>No tenía ninguna inclinación a hablar a cerca de estas cosas a la gente. Pero cuando había pasado largo tiempo en oración y estado absorto en toda esa maravilla, y sus compañeros insistían y lo importunaban para que hablara, estaba forzado a hacerlo. Como padre no podía guardar un secreto ante sus hijos. Sentía que su propia conciencia era limpia y que contarles esto podría servirles de ayuda. Conocerían el buen fruto de la vida ascética, y que a menudo las visiones son concedidas como compensación por las privaciones.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Devoción a la Iglesia</span></strong></p>
<p>Era paciente por disposición y humilde de corazón. Siendo hombre de tanta fama, mostraba, sin embargo, el más profundo respeto a los ministros de la Iglesia, y exigía que a todo clérigo se le diera más honor que a él. No se avergonzaba de inclinar su cabeza ante obispos y sacerdotes. Incluso si algún di cono llegaba donde él a pedirle ayuda, conversaba con él lo que fuera provechoso, pero cuando llegaba la oración le pedía que presidiera, no teniendo vergüenza de aprender. De hecho, a menudo planteó cuestiones inquiriendo los puntos de vista de sus compañeros, y si sacaba provecho de lo que el otro decía, se lo agradecía.</p>
<p>Su rostro tenía un encanto grande e indescriptible. Y el Salvador le había dado este don por añadidura: si se hallaba presente en una reunión de monjes y alguno a quien no conocía deseaba verlo, ese tal en cuanto llegaba pasaba por alto a los demás, como atraído por sus ojos. No era ni su estatura ni su figura las que lo hacían destacar sobre los demás, sino su carácter sosegado y la pureza de su alma. Ella era imperturbable y así su apariencia externa era tranquila. El gozo de su alma se transparentaba en la alegría de su rostro, y por la forma de expresión de su cuerpo se sabía y se conocía la estabilidad de su alma, como lo dice la Escritura: &#8220;Un corazón contento alegra el rostro, uno triste deprime el espíritu&#8221; (Pr 15:13). También Jacob observó que Labán estaba tramando algo contra él y dijo a sus mujeres: &#8220;Veo que el padre de ustedes no me mira con buenos ojos&#8221; (Gn 31:5). También Samuel reconoció a David porque tenía los ojos que irradiaban alegría y dientes blancos como la leche (1 S 16:12; Gn 49:12). Así también era reconocido Antonio: nunca estaba agitado, pues su alma estaba en paz, nunca estaba triste, porque había alegría en su alma.</p>
<p>En asuntos de fe, su devoción era sumamente admirable. Por ejemplo, nunca tuvo nada que hacer con los cismáticos melecianos, sabedor desde el comienzo de su maldad y apostasía. Tampoco tuvo ningún trato amistoso con los maniqueos ni con otros herejes, a excepción únicamente de las amonestaciones que les hacía para que volvieran a la verdadera fe. Pensaba y enseñaba que amistad y asociación con ellos perjudicaban y arruinaban su alma. También detestaba la herejía de los arrianos, y exhortaba a todos a no acercárseles ni a compartir su perversa creencia. Una vez, cuando uno de esos impíos arrianos llegaron donde él, los interrogó detalladamente; y al darse cuenta de su impía fe, los echó de la montaña, diciendo que sus palabras era peores que veneno de serpientes.</p>
<p>Cuando en una ocasión los arrianos esparcieron la mentira de que compartía sus mismas opiniones, demostró que estaba enojado e irritado contra ellos. Respondiendo al llamado de los obispos y de todos los hermanos, bajó de la montaña y entrando en Alejandría denunció a los arrianos. Decía que su herejías era la peor de todas y precursora del anticristo. Enseñaba al pueblo que el Hijo de Dios no es una creatura ni vino al ser &#8220;de la no existencia,&#8221; sino que &#8220;El es la eterna Palabra y Sabiduría de la substancia del Padre. Por eso es impío decir: &#8216;hubo un tiempo en que no existía&#8217;, pues la Palabra fue siempre coexistente con el Padre. Por eso, no se metan para nada con estos arrianos sumamente impíos; simplemente, &#8216;no hay comunidad entre luz y tinieblas&#8217; (2 Co 6:14). Ustedes deben recordar que son cristianos temerosos de Dios, pero ellos, al decir que el Hijo y la Palabra de Dios Padre es una creatura, no se diferencian de los paganos &#8216;que adoran la creatura en lugar del Dios creador&#8217; (Rm 1:25). Estén seguros de que toda la creación está irritada contra ellos, porque cuentan entre las cosas creadas al Creador y Señor de todo, por quien todas las cosas fueron creadas&#8221; (Col 1:16).</p>
<p>Todo el pueblo se alegraba al escuchar a semejante hombre anatemizar la herejía que luchaba contra Cristo. Toda la ciudad corría para ver a Antonio. También los paganos e incluso los mal llamados sacerdotes, iban a la Iglesia diciéndose: &#8220;Vamos a ver al varón de Dios,&#8221; pues así lo llamaban todos. Además, también allí el Señor obró por su intermedio expulsiones de demonios y curaciones de enfermedades mentales. Muchos paganos querían tocar al anciano, confiando en que serían auxiliados, y en verdad hubo tantas conversiones en eso pocos días como no se las había visto en todo un año. Algunos pensaron que la multitud lo molestaba y por eso trataron de alejar a todos de él, pero él, sin incomodarse, dijo: &#8220;Toda esta gente no es más numerosa que los demonios contra los que tenemos que luchar en la montaña.&#8221;</p>
<p>Cuando se iba y lo estábamos despidiendo, al llegar a la puerta una mujer detrás de nosotros le gritaba: &#8220;¡Espera varón de Dios mi hija está siendo atormentada terriblemente por un demonio! ¡Espera, por favor, o me voy a morir corriendo!&#8221; El anciano la escuchó, le rogamos que se detuviera y el accedió con gusto. Cuando la mujer se acercó, su hija era arrojada al suelo. Antonio oró, e invocó sobre ella el nombre de Cristo; la muchacha se levantó sana y el espíritu impuro la dejó. La madre alabó a Dios y todos dieron gracias. y él también contento partió a la Montaña, a su propio hogar.</p>
<p>Dando tal razón de sí mismo y contestando así a los que lo buscaban, volvió a la Montaña Interior. Continuó observando sus antiguas prácticas ascéticas, y a menudo, cuando estaba sentado o caminando con visitantes, se quedaba mudo, como está escrito en el libro de Daniel (Dn 4:16 LXX). Después de un tiempo, retomaba lo que había estado diciendo a los hermanos que estaban con él, y los presentes se daban cuenta de que había tenido una visión. Pues a menudo cuando estaba en la montaña veía cosas que sucedían en Egipto, como se las confesó al obispo Serapión, cuando este se encontraba en la Montaña Interior y vio a Antonio en trance de visión.</p>
<p>En una ocasión, por ejemplo, mientras estaba sentado trabajando, tomó la apariencia de alguien que está en éxtasis, y se lamentaba continuamente por lo que veía. Después de algún tiempo volvió en sí, lamentándose y temblando, y se puso a orar postrado, quedando largo tiempo en esa posición. Y cuando se incorporó, el anciano estaba llorando. Entonces los que estaban con él se agitaron y alarmaron muchísimo, y lee preguntaron que pasaba; lo urgieron por tanto tiempo que lo obligaron a hablar. Suspirando profundamente, dijo: &#8220;Oh, hijos míos, sería mejor morir antes de que sucedieran estas cosas de la visión.&#8221; Cuando ellos le hicieron más preguntas, dijo entre l grimas: &#8220;La ira de Dios está a punto de golpear a la Iglesia, y ella está a punto de ser entregada a hombres que son como bestias insensibles. Pues vi la mesa de la casa del Señor y había mulas en torno rodeándolas por todas partes y dando coces con sus cascos a todo lo que había dentro, tal como el coceo de una manada briosa que galopaba desenfrenada. Ustedes oyeron cómo me lamentaba; es que escuché una voz que decía: &#8220;Mi altar será profanado.&#8221;</p>
<p>Así habló el anciano. Y dos años después llegó el asalto de los arrianos y el saqueo de las Iglesias, cuando se apoderaron a la fuerza de los vasos y los hicieron llevar por los paganos; cuando también forzaron a los paganos de sus tiendas para ir a sus reuniones y en su presencia hicieron lo que se les antojó sobre la sagrada mesa. Entonces todos nos dimos cuenta de que el coceo de mulas predicho por Antonio era lo que los arrianos están haciendo como bestias brutas.</p>
<p>Cuando tuvo esta visión, consoló a sus compañeros: &#8220;No se descorazonen, hijos míos, aunque el Señor ha estado enojado, nos restablecer después. Y la Iglesia se recobrar rápidamente la belleza que le es propia y resplandecer con su esplendor acostumbrado. Verán a los perseguidos restablecido y a la irreligión retirándose de nuevo a sus propias guaridas, y a la verdadera fe afirmándose en todas partes con completa libertad. Pero tengan cuidado de no dejarse manchar con los arrianos. Toda su enseñanza no es de los Apóstoles sino de los demonios y de su padre, el diablo. Es estéril e irracional, y le falta inteligencia, tal como les falta el entendimiento a las mulas.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">La verdadera sabiduria</span></strong></p>
<p>Antonio tenía un grado muy alto de sabiduría práctica. Lo admirable era que, aunque no tuvo educación formal, poseía ingenio y comprensión despiertos. Un ejemplo: Una vez llegaron donde él dos filósofos griegos, pensando que podían divertirse con Antonio. Cuando él, que por ese entonces vivía en la Montaña Exterior, catalogó a los hombres por su apariencia, salió donde ellos y les dijo por medio de un intérprete: &#8221; ¿Por qué filósofos, se dieron tanta molestia en venir donde un hombre loco? Cuando ellos le contestaron que no era loco sino muy sabio, él les dijo: &#8220;Si ustedes vinieron donde un loco, su molestia no tiene sentido; pero si piensan que soy sabio, entonces háganse lo que yo soy, porque hay que imitar lo bueno. En verdad, si yo hubiera ido donde ustedes, los habría imitado; a la inversa, ahora que ustedes vinieron donde mí, conviértanse en lo que soy: yo soy cristiano.&#8221; Ellos se fueron, admirados de él, vieron que los demonios temían a Antonio.</p>
<p>También otros de la misma clase fueron a su encuentro en la Montaña Exterior y pensaron que podían burlarse de él porque no tenía educación. Antonio les dijo: &#8220;Bien, que dicen ustedes: ¿qué es primero, el sentido o la letra? ¿Y cuál es el origen de cuál?: ¿El sentido de la letra o la letra del sentido? Cuando ellos expresaron que el sentido es primero y origen de la letra, Antonio dijo: &#8220;Por eso quien tiene una mente sana no necesita las letras. Esto asombró a ellos y a los circunstantes. Se fueron admirados de ver tal sabiduría en un hombre iletrado. Porque no tenía las maneras groseras de quien a vivido y envejecido en la montaña, sino que era un hombre de gracia y cortesía. Su hablar estaba sosegado con la sabiduría divina (Col 4:6), de modo que nadie le tenía mala voluntad, sino que todos se alegraban de haber ido en su busca.</p>
<p>Y por cierto, después de éstos vinieron otros todavía. Eran de aquellos que de entre los paganos tienen reputación de sabios. Le pidieron que planteara una controversia sobre nuestra fe en Cristo. Cuando trataban de argüir con sofismas a partir de la predicación de la divina Cruz con el fin de burlarse, Antonio guardó silencio por un momento y, compadeciéndose primero de su ignorancia, dijo luego a través de un intérprete que hacía una excelente traducción de sus palabras: &#8220;Qué es mejor: ¿confesar la Cruz o atribuir adulterio o pederastias a sus mal llamados dioses? Pues mantener lo que mantenemos es signo de espíritu viril y denota desprecio de la muerte, mientras que lo que ustedes pretenden habla sólo de sus pasiones desenfrenadas. Otra vez, qué es mejor: ¿decir que la Palabra de Dios inmutable quedó la misma al tomar el cuerpo humano para la salvación y bien de la humanidad, de modo que al compartir el nacimiento humano pudo hacer a los hombres partícipes de la naturaleza divina y espiritual (2 P 1:4), o colocar lo divino en un mismo nivel que los seres insensibles y adorar por eso a bestias y reptiles e imágenes de hombres? Precisamente eso son los objetos adorados por sus hombres sabios. ¿Con qué derecho vienen a rebajarnos porque afirmamos que Cristo pereció como hombre, siendo que ustedes hacen provenir el alma del cielo, diciendo que se extravió y cayó desde la bóveda del cielo al cuerpo? ¡Y ojal que fuera sólo el cuerpo humano, y que no se cambiara o migrara en el de bestia y serpientes! Nuestra fe declara que Cristo vino para la salvación de las almas, pero ustedes erróneamente teorizan acerca de un alma increada. Creemos en el poder de la Providencia y en su amor por los hombres y que esa venida por tanto no era imposible para Dios; pero ustedes llamando al alma imagen de la Inteligencia, le impulsan caídas y fabrican mitos sobre su posibilidad de cambios. Como consecuencia, hacen a la inteligencia misma mutable a causa del alma. Porque en cuanto era imagen debe ser aquello a cuya imagen es. Pero si ustedes piensan semejantes cosas acerca de la Inteligencia, recuerden que blasfeman del Padre de la Inteligencia.</p>
<p>&#8220;Y referente a la Cruz, qué dicen ustedes que es mejor: ¿soportar la cruz, cuando hombres malvados echan mano de la traición, y no vacilar ante la muerte de ninguna manera o forma, o fabricar fábulas sobre las andanzas de Isis u Osiris, las conspiraciones de Tifón, la expulsión de Cronos, con sus hijos devorados y parricidios? Sí, ¡aquí tenemos su sabiduría!</p>
<p>¿Y por qué mientras se ríen de la Cruz, no se maravillan de la Resurrección? Porque los mismos que nos trasmitieron un suceso, escribieron también sobre el otro. ¿O por qué mientras se acuerdan de la Cruz, no tiene nada que decir sobre los muertos devueltos a la vida, los ciegos que recuperaron la vista, los paralíticos que fueron sanados y los leprosos que fueron limpiados, el caminar sobre el mar, y los demás signos y milagros que muestran a Cristo no como hombre sino como Dios? En todo caso me parece que ustedes se engañan así mismos y que no tienen ninguna familiaridad real con nuestras Escrituras. Pero léanlas y vean que cuanto Cristo hizo prueba que era Dios que habitaba con nosotros para la salvación de los hombres.</p>
<p>Pero háblennos también ustedes sobre sus propias enseñanzas. Aunque ¿que pueden decir de las cosas insensibles sino insensateces y barbaridades? Pero si, como oigo, quieren decir que entre ustedes tales cosas se hablan en sentido figurado, y así convierten el rapto de Coré en alegoría de la tierra; la cojera de Hefestos, del sol; a Hera, del aire; a Apolo, del sol; a Artemisa, de la luna; y a Poseidón, del mar: aún así no adoran ustedes a Dios mismo, sino que sirven a la creatura en lugar del Dios que creó todo. Pues si ustedes han compuesto tales historias porque la creación es hermosa, no debían haber ido mas allá de admirarla, y no hacer dioses de las creaturas para no dar a las cosas hechas el honor del Hacedor. En ese caso, ya sería tiempo que dieran el honor al debido arquitecto, a la casa construidas por él, o el honor debido al general, a los soldados. Ahora, ¿qué tienen que decir a todo esto? Así sabremos si la Cruz tiene algo que sirva para burlase de ella.&#8221;</p>
<p>Ellos estaban desconcertados y le daban vueltas al asunto de una y otra forma. Antonio sonrió y dijo, de nuevo a través de un intérprete: &#8220;Sólo con ver las cosas ya se tiene la prueba de todo lo que he dicho. Pero dado que ustedes, por supuesto, confían absolutamente en las demostraciones, y es éste un arte en que ustedes son maestros, y ya que nos exigen no adorar a Dios sin argumentos demostrativos, díganme esto primero. ¿Cómo se origina el conocimiento preciso de las cosas, en especial el conociendo de Dios? ¿Es por una demostración verbal o por un acto de fe? Y qué viene primero: ¿el acto de fe o la demostración verbal?&#8221; Cuando replicaron que el acto de fe precede y que esto constituye un conocimiento exacto, Antonio, dijo: &#8220;¡Bien respondido! La fe surge de la disposición del alma, mientras la dialéctica vine de la habilidad de los que la idean. De acuerdo a esto, los que poseen una fe activa no necesitan argumentos de palabras, y probablemente los encuentran incluso superfluos. Pues lo que aprendemos por la fe, tratan ustedes de construirlo con argumentaciones, y a menudo ni siquiera pueden expresar lo que nosotros percibimos. La conclusión es que una fe activa es mejor y más fuerte que sus argumentos sofistas.</p>
<p>&#8220;Los cristianos, por eso, poseemos el misterio, no basándonos en la razón de la sabiduría griega (1 Co 1:17), sino fundado en el poder de una fe que Dios nos ha garantido por medio de Jesucristo. Por lo que hace a la verdad de la explicación dada, noten como nosotros, iletrados, creemos en Dios, reconociendo su Providencia a partir de sus obras. Y en cuanto a que nuestra fe es algo efectivo, noten que nos apoyamos en nuestra fe en Cristo, mientras que ustedes lo hacen basados en disputas o palabras sofísticas; sus ídolos fantasmas están pasando de moda, pero nuestra fe se difunde en todas partes. Ustedes con todos sus silogismos y sofisma no convierten a nadie del cristianismo al paganismo, pero nosotros, enseñando la fe en Cristo, estamos despojando a sus dioses del miedo que inspiraban, de modo que todos reconocen a Cristo como Dios e Hijo de Dios. Ustedes en toda su elegante retórica, no impiden la enseñanza de Cristo, pero nosotros, con sólo mencionar el nombre de Cristo crucificado, expulsamos a los demonios que ustedes veneran como dioses. Donde aparece el signo de la Cruz, allí la magia y la hechicería son impotentes y sin efecto.</p>
<p>&#8220;En verdad, dígannos, ¿dónde quedaron sus oráculos? ¿Dónde los encantamientos de los egipcios? ¿Dónde sus ilusiones y fantasmas de los magos? ¿Cuándo terminaron estas cosas y perdieron su significado? ¿No fue acaso cuando llegó la Cruz de Cristo? Por eso, es ella la que merece desprecio y no mas bien lo que ella ha echado abajo, demostrando su impotencia? También es notable el echo de que la religión de ustedes jamás fue perseguida; al contrario en todas partes goza de honor entre los hombres. Pero los seguidores de Cristo son perseguidos, y sin embargo es nuestra causa la que florece y prevalece, no la suya. Su religión, con toda la tranquilidad y protección que goza, está muriéndose, mientras la fe y enseñanza de Cristo, despreciadas por ustedes a menudo perseguidas por los gobernantes, han llenado el mundo. ¿En qué tiempo resplandeció tan brillantemente el conocimiento de Dios? ¿O en qué tiempo aparecieron la continencia y la virtud de la virginidad? ¿O cuándo fue despreciada la muerte como cuando llegó la Cruz de Cristo? Y nadie duda de esto al ver a los mártires que desprecian la muerte por causa de Cristo, o al ver a las vírgenes de la Iglesia que por causa de Cristo guardan sus cuerpos puros y sin mancilla.</p>
<p>&#8220;Estas pruebas bastan para demostrar que la fe en Cristo es la única religión verdadera. Pero aquí están ustedes, los que buscan conclusiones basadas en el razonamiento , ustedes que no tienen fe. Nosotros no buscamos pruebas, tal como dice nuestro maestro, con palabras persuasivas de sabiduría humana (1 Co 2:4), sino que persuadimos a los hombres por la fe, fe que precede tangiblemente todo razonamiento basado en argumentos. Vean, aquí hay algunos que son atormentados por los demonios.&#8221; Estos eran gente que habían venido a verlo y que sufrían a causa de los demonios; haciéndolos adelantarse, dijo: &#8220;O bien, sánenlos con sus silogismos, o cualquier magia que deseen, invocando a sus ídolos; o bien, si no pueden, dejen de luchar contra nosotros y vean el poder de la Cruz de Cristo.&#8221; Después de decir esto, invocó a Cristo e hizo sobre los enfermos la señal de la Cruz, repitiendo la acción por segunda y tercera vez. De inmediato las personas se levantaron completamente sanas, vueltas a su mente y dando gracias al Señor. Los mal llamados filósofos estaban asombrados y realmente atónitos por la sagacidad del hombre y por el milagro realizado. Pero Antonio les dijo: &#8221; ¿Por qué se maravillan de esto? No somos nosotros sino Cristo quien hace esto a través de los que creen en El. Crean ustedes también y verán que no es palabrería la que tenemos, sino fe que por la caridad obrada por Cristo (Ga 5:6); si ustedes también hacen suyo esto, no necesitarán ya andar buscando argumentos de la razón, sino que hallarán que la fe en Cristo es suficiente.&#8221; Así habló Antonio. Cuando partieron, lo admiraron, lo abrazaron y reconocieron que los había ayudado.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Medico de almas</span></strong></p>
<p>Tal es la historia de Antonio. No deberíamos ser escépticos porque sea a través de un hombre que han sucedido estos grandes milagros. Pues es la promesa del Salvador: &#8220;Si tienen fe aunque sea como un grano de mostaza, le dirán a ese monte: ¡Muévete de aquí!, y se mover ; nada les ser imposible&#8221; (Mt 17:20). Y también: &#8220;En verdad, les digo: Todo lo que le pidan al Padre en mi nombre, El se los dar &#8230; Pidan y recibirán&#8221; (Jn 16:23 ss.). El es quien dice a sus discípulos y a todos los que creen en El: &#8220;Sanen a los enfermos&#8230;, echen fuera a los demonios; gratis lo recibieron, gratis tienen que darlo&#8221; (Mt 8:10).</p>
<p>Antonio, pues, sanaba no dando órdenes sino orando e invocando el nombre de Cristo, de modo de que para todo era claro que no era él quien actuaba sino el Señor quien mostraba su amor por los hombres sanando a los que sufrían, por intermedio de Antonio. Antonio se ocupaba sólo de la oración y de la práctica de la ascesis, por esta razón llevaba su vida montañesa, feliz en la contemplación de las cosas divinas, y apenado de que tantos lo perturbaban y lo forzaban a salir a la Montaña Exterior.</p>
<p>Los jueces, por ejemplo, le rogaban que bajara de la montaña, ya que para ellos era imposible ir para allá a causa del séquito de gente envueltas en pleito. Le pidieron que fuera a ellos para que pudieran verlo. El trató de librarse del viaje y les rogó que lo excusaran de hacerlo. Ellos insistieron, sin embargo, incluso le mandaron procesados con escoltas de soldados, para que en consideración a ellos se decidiera a bajar. Bajo tal presión, y viéndolos lamentarse, fue a la Montaña Exterior. De nuevo la molestia que se tomó no fue en vano, pues ayudo a muchos y su llegada fue verdadero beneficio. Ayudó a los jueces aconsejándoles que dieran a la justicia precedencia a todo lo demás, que temieran a Dios y que recordaran que &#8220;serían juzgados con la medida con que juzgaran&#8221; (Mt 7:12). Pero amaba su vida montañesa por encima de todo.</p>
<p>Una vez importunado por personas que necesitaban su ayuda y solicitado por el comandante militar que envió mensajeros a pedirle que bajara, fue y habló algunas palabras acerca de la salvación y a favor de los que lo necesitaban, y luego se dio prisa para irse. Cuando el duque, como lo llaman, le rogó que se quedara, le contestó que no podía pasar más tiempo con ellos, y los satisfizo con esta hermosa comparación: &#8220;Tal como un pez muere cuando está un tiempo en tierra seca, así también los monjes se pierden cuando holgazanean y pasan mucho tiempo entre ustedes. Por eso tenemos que volver a la montaña, como el pez al agua. De otro modo, si nos entretenemos podemos perder de vista la vida interior. El comandante al escucharle esto y muchas otras cosas más, dijo admirado que era verdaderamente siervo de Dios, pues, ¿de dónde podía un hombre ordinario tener una inteligencia tan extraordinaria si no fuera amado por Dios?</p>
<p>Había una vez un comandante -Balacio era su nombre-, que era como los partidario de los execrables arrianos perseguía duramente a los cristianos. En su barbarie llegaba a azotar a las vírgenes y desnudar y azotar a los monjes. Entonces Antonio le envió una carta diciéndole lo siguiente: &#8220;Veo que el juicio de Dios se te acerca; deja, pues, de perseguir a los cristianos para que no te sorprenda el juicio; ahora está a punto de caer sobre ti.&#8221; Pero Balacio se echó a reír, tiró la carta al suelo y la escupió, maltrató a los mensajeros y les ordenó que llevaran este mensaje a Antonio: &#8220;Veo que estás muy preocupados por los monjes, vendré también por ti.&#8221; No habían pasado cinco días cuando el juicio de Dios cayó sobre él. Balacio y Nestorio, prefecto de Egipto, habían salido a la primera estación fuera de Alejandría, llamada Chereu; ambos iban a caballo. Los caballos pertenecían a Balacio y eran los más mansos que tenía. No habían llegado todavía al lugar, cuando los caballos, como acostumbraban a hacerlo, comenzaron a retozar uno contra otro, y de repente el más manso de los dos, que cabalgaba Nestorio, mordió a Balacio, lo echó abajo y lo atacó. Le rasgó el muslo tan malamente con sus dientes, que tuvieron que llevarlo de vuelta a la ciudad, donde murió después de tres días. Todos se admiraron de que lo dicho por Antonio se cumpliera tan rápidamente.</p>
<p>Así dio escarmiento a los duros. Pero en cuanto a los demás que acudían a él, sus íntimas y cordiales conversaciones con ellos lo hacían olvidar sus litigios y hacían considerar felices a los que abandonaban la vida del mundo. De tal modo luchaba por la causa de los agraviados que se podía pensar qué el mismo y no los otros era la parte agraviada. Además tenía tal don para ayudar a todos, que muchos militares y hombres de gran influjo abandonaban su vida agravosa y se hacían monjes. Era como si Dios hubiera dado un médico a Egipto. ¿Quién acudió a él con dolor sin volver con alegría? ¿Quién llegó llorando por sus muertos y no echó fuera inmediatamente su duelo? ¿Hubo alguno que llegara con ira y no la transformara en amistad? ¿Que pobre o arruinado fue donde él, y al verlo y oírlo no despreció la riqueza y se sintió consolado en su pobreza? ¿Qué monje negligente no ganó nuevo fervor al visitarlo? ¿Qué joven, llegando a la montaña y viendo a Antonio, no renunció tempranamente al placer y comenzó a amar la castidad? ¿Quién se le acercó atormentado por un demonio y no fue librado? ¿Quién llegó con un alma torturada y no encontró la paz del corazón?</p>
<p>Era algo único en la práctica ascética de Antonio que tuviera, como establecí antes, el don de discernimientos de espíritus. Reconocía sus movimientos y sabía muy bien en que dirección llevaba cada uno de ellos su esfuerzo y ataque. No sólo que él mismo fue no fue engañado por ellos, sino que, alentando a otros que eran hostigados en sus pensamientos, les enseñó como resguardarse de sus designios, describiendo la debilidad y ardides de espíritus que practicaban la posesión. Así cada uno se marchaba como ungido por él y lleno de confianza para la lucha contra los designios del diablo y sus demonios.</p>
<p>¡Y cuántas jóvenes que tenían pretendientes pero vieron a Antonio sólo de lejos, quedaron vírgenes por Cristo! La gente llegaba donde él también de tierras extrañas, y también ellos recibían ayuda como los demás, retornando como enviados en un camino por un padre. Y en verdad, y ahora que ya partió, todos, como huérfanos que han perdido a su padre, se consuelan y conforman sólo con su recuerdo, guardando al mismo tiempo con cariño sus palabras de admonición y consejo.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Muerte de Antonio</span></strong></p>
<p>Este es el lugar para que les cuente y ustedes oigan, ya que están deseosos de ello, como fue el fin de su vida, pues en esto fue modelo digno de imitar.</p>
<p>Según su costumbre, visitaba a los monjes en la Montaña Exterior. Recibiendo una premonición de su muerte de parte de la Providencia, habló a los hermanos: &#8220;Esta es la última visita que les hago y me admiraría si nos volvemos a ver en esta vida. Ya es tiempo de que muera, pues tengo casi ciento cinco años.&#8221; Al oír esto, se pusieron a llorar, abrasando y besando al anciano. Pero él, como si estuviera por partir de una ciudad extranjera a la suya propia, charlaba gozosamente. Los exhortaba a &#8220;no relajarse en sus esfuerzos ni a desalentarse en las práctica de la vida ascética, sino a vivir, como si tuvieran que morir cada día, y, como dije antes, a trabajar duro para guardar el alma limpia de pensamientos impuros, y a imitar a los pensamientos santos. No se acerquen a los cismáticos melecianos, pues ya conocen su enseñanza perversa e impía. No se metan para nada con los arrianos, pues su irreligión es clara para todos. Y si ven que los jueces los apoyan, no se dejen confundir: esto se acabar , es un fenómeno que es mortal y destinado a su fin en corto tiempo. Por eso, manténganse limpios de todo esto y observen la tradición de los Padres, y sobre todo, la fe ortodoxa en nuestro Señor Jesucristo, como lo aprendieron de las Escrituras y yo tan a menudo se los recordé.&#8221;</p>
<p>Cuando los hermanos lo instaron a quedarse con ellos y morir allí, se rehusó a ello por muchas razones, según dijo, aunque sin indicar ninguna. Pero especialmente era por esto: los egipcios tienen la costumbre de honrar con ritos funerarios y envolver con sudarios de lino los cuerpos de los santos y particularmente el de los santo mártires; pero no los entierran sino que los colocan sobre divanes y los guardan en sus casas, pensando honrar al difunto de esta manera. Antonio a menudo pidió a los obispos que dieran instrucciones al pueblo sobre este asunto. Asimismo avergonzó a los laicos y reprobó a las mujeres, diciendo que &#8220;eso no era correcto ni reverente en absoluto. Los cuerpos de los patriarcas y los profetas se guardan en las tumbas hasta estos días; y el cuerpo del Señor fue depositado en una tumba y pusieron una piedra sobre él (Mt 27:60), hasta que resucitó al tercer día.&#8221; Al plantear así las cosas, demostraba que cometía error el que no daba sepultura a los cuerpos de los difuntos, por santos que fueran. Y en verdad, ¿qué hay más grande o más santo que el cuerpo del Señor? Como resultado, muchos que lo escucharon comenzaron desde entonces a sepultar a sus muertos, dieron gracias al Señor por la buena enseñanza recibida.</p>
<p>Sabiendo esto, Antonio tuvo miedo de que pudieran hacer lo mismo con su propio cuerpo. Por eso, despidiéndose de los monjes de la Montaña Exterior, se apresuró hacia la Montaña Interior, donde acostumbraba a vivir. Después de pocos meses cayó enfermo. Llamó ó a los que lo acompañaban -había dos que llevaban la vida ascética desde hacía quince años y se preocupaban de él a causa de su avanzada edad-, y les dijo: &#8220;Me voy por el camino de mis padres, como dice la Escritura (1 R 2:2; Js 23:14), pues me veo llamado por el Señor. En cuanto a ustedes estén en guardia y no hagan tabla rasa de la vida ascética que han practicado tanto tiempo. Esfuércense para mantener su entusiasmo como si estuvieran recién comenzando. Ya conocen a los demonios y sus designios, conocen también su furia y también su incapacidad. Así, pues, no los teman; dejen mas bien que Cristo sea el aliento de su vida y pongan su confianza en El. Vivan como si cada día tuvieran que morir, poniendo su atención en ustedes mismos y recordando todo lo que me han escuchado. No tengan ninguna comunión con los cismáticos y absolutamente nada con los herejes arrianos. Saben como yo mismo me cuidé de ellos a causa de su pertinaz herejía en contra de Cristo. Muestren ansia de mostrar su lealtad primero al Señor y luego a sus santos, para que después de su muerte los reciban en las moradas eternas (Lc 16:9), como a mis amigos familiares. Grábense este pensamiento, téngalo como propósito. Si ustedes tienen realmente preocupación por mí y me consideran su padre, no permitan que nadie lleve mi cuerpo a Egipto, no sea que me vayan a guardar en sus casas. Esta fue mi razón para venir acá, a la montaña. Saben como siempre avergoncé a los que hacen eso y los intimé a dejar tal costumbre. Por eso, háganme ustedes mismos los funerales y sepulten mi cuerpo en tierra, y respeten de tal modo lo que les he dicho, que nadie sino sólo ustedes sepa el lugar. En la resurrección de los muertos, el Salvador me lo devolver incorruptible. Distribuyan mi ropa. Al obispo Atanasio denle la túnica y el manto donde yazgo, que él mismo me lo dio pero que se ha gastado en mi poder; al obispo Serapión denle la otra túnica, y ustedes pueden quedarse con la camisa de pelo. Y ahora, hijos míos, Dios los bendiga. Antonio se va, y no esta más con ustedes.&#8221;</p>
<p>Después de decir esto y de que ellos lo hubieron besado, estiró sus pies; su rostro estaba transfigurado de alegría y sus ojos brillaban de regocijo como si viera a amigos que vinieran a su encuentro, y así falleció y fue a reunirse con sus padres. Ellos entonces, siguiendo las órdenes que les había dado, prepararon y envolvieron el cuerpo y lo enterraron ahí en la tierra. Y hasta el día de hoy, nadie, salvo esos dos, sabe donde está sepultado. En cuanto a los que recibieran las túnicas y el manto usado por el bienaventurado Antonio, cada uno guarda su regalo como un gran tesoro. Mirarlos es ver a Antonio y ponérselos es como revestirse de sus exhortaciones con alegría.</p>
<p>Este fue el fin de la vida de Antonio en el cuerpo, como antes tuvimos el comienzo de la vida ascética. Y aunque este sea un pobre relato comparado con la virtud del hombre, recíbanlo, sin embargo, y reflexionen en que caso de hombre fue Antonio, el varón de Dios. Desde su juventud hasta una edad avanzada conservó una devoción inalterable a la vida ascética. Nunca tomó la ancianidad como excusa para ceder al deseo de la alimentación abundante, ni cambió su forma de vestir por la debilidad de su cuerpo, ni tampoco lavó sus pies con agua. Y, sin embargo, su salud se mantuvo totalmente sin perjuicio. Por ejemplo, incluso sus ojos eran perfectamente normales, de modo que su vista era excelente; no había perdido un solo diente; sólo se le habían gastado las encías por la gran edad del anciano. Mantuvo las manos y los pies sanos, y en total aparecía con mejores colores y más fuerte que los que usan una dieta diversificada, baños y variedad de vestidos.</p>
<p>El hecho de que llegó a ser famoso en todas partes, de que encontró admiración universal y de que su pérdida fue sentida aún por gente que nunca lo vio, subraya su virtud y el amor que Dios le tenía. Antonio ganó renombre no por sus escritos ni por sabiduría de palabras ni por ninguna otra cosa, sino sólo por su servicio a Dios.</p>
<p>Y nadie puede negar que esto es don de Dios. ¿Cómo explicar, en efecto, que este hombre, que vivió escondido en la montaña, fuera conocido en España y Galia, en Roma y Africa, sino por Dios, que en todas partes hace conocidos a los suyos, que, más aún, había dicho esto en los comienzos? Pues aunque hagan sus obras en secreto y deseen permanecer en la oscuridad, el Señor los muestra públicamente como lámparas a todo los hombres (Mt 5:16), y así, los que oyen hablar de ellos, pueden darse cuenta de que los mandamientos llevan a la perfección, y entonces cobran valor por la senda que conduce a la virtud.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Epílogo</span></strong></p>
<p>Ahora, pues, lean a los demás hermanos, para que también ellos aprendan cómo debe ser la vida de los monjes, y se convenzan de que nuestro Señor y Salvador Jesucristo glorifica a los que lo glorifican. El no sólo conduce al Reino de los Cielos a quienes lo sirven hasta el fin, sino que, aunque se escondan y hagan lo posible por vivir fuera del mundo, hace que en todas partes se lo conozca y se hable de ellos, por su propia santidad y por la ayuda que dan a otros. Si la ocasión se les presenta, léanlo también a los paganos, para que al menos de este modo puedan aprender que nuestro Señor Jesucristo es Dios e Hijo de Dios, y que los cristianos que lo sirven fielmente y mantienen su fe ortodoxa en El, demuestran que los demonios, considerados dioses por los paganos, no son tales, sino que, más aún, los pisotean y ahuyentan por lo que son: engañadores y corruptores de hombres.</p>
<p>Por nuestro Señor Jesucristo, a quien la gloria por los siglos. Amén</p>
<h3 style="text-align:right;">d<span style="color:#993300;">e Atanasio, Obispo, a los hermanos en el extranjero</span></h3>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://www.monasteriodelaoliva.eu/data/Padres%20Apostolicos/Atanasio%20-%20Vita%20Antonii.pdf"><span style="color:#0000ff;">Versión de la Vita Antonii en .pdf</span></a></h2>
<p style="text-align:center;">
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		<title>San Juan Casiano</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Sep 2009 06:58:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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<div id="attachment_202" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><a href="http://www.monasterio.org.ar/imagenes/articulos/St_John_Cassian_the_Roman_ca_1800.jpg"><img class="size-full wp-image-202" title="St_John_Cassian_the_Roman_ca_1800" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/09/st_john_cassian_the_roman_ca_1800.jpg?w=250&#038;h=325" alt="San Juan Casiano" width="250" height="325" /></a><p class="wp-caption-text">Fresco de San Juan Casiano</p></div></p>
<p>El patriarca de la vida monástica, a quien se llama simplemente Casiano, nació hacia el año 360, probablemente en Dobruja, ciudad de Rumania. No es imposible que haya luchado contra los godos en la batalla de Andrinópolis. Alrededor del año 380, partió con un amigo suyo llamado Germán, a visitar los Santos Lugares. Ambos se hicieron monjes en Belén. Pero en aquella época, el centro de la vida contemplativa era Egipto. Así pues, los dos amigos se trasladaron allá y visitaron uno a uno en la soledad a los famosos santos varones &#8220;que estaban llamados a desempeñar una alta misión en el mundo: no sólo la de orar por él, sino la de edificar e instruir a las generaciones futuras&#8221; (Ullathorne). Durante algún tiempo, Casiano y Germán llevaron vida eremítica bajo la dirección de Arquebio. Después, Casiano se trasladó al desierto de Esquela para hablar con los anacoretas que habitaban en cuevas excavadas en la ardiente roca y para vivir en los &#8220;cenobios&#8221; o monasterios de los monjes. No sabemos por qué razón, Casiano emigró a Constantinopla hacia el año 400. Ahí fue discípulo de San Juan Crisóstomo, quien le confirió el diaconado. Cuando se depuso al gran santo, contra todas las leyes canónicas y contra toda justicia, Casiano fue uno de los legados enviados a Roma para defender la causa del arzobispo ante el Papa San Inocencio I. Tal vez en Roma recibió la ordenación sacerdotal, pero no volvemos a saber nada de él hasta que le encontramos en Marsella, varios años después.</p>
<p>Ahí fundó Casiano dos monasterios: uno para monjes, en el sitio en que había sido sepultado el mártir San Víctor, y otro para religiosas. Casiano y sus monasterios habían de irradiar en el sur de la Galia el espíritu y el ideal ascético de Egipto. Para guía e instrucción de sus discípulos, Casiano compuso sus &#8220;Conferencias&#8221; o &#8220;Colaciones&#8221; y las &#8220;Reglas de la vida monástica.&#8221; Ambas obras estaban destinadas a ejercer una influencia inmensamente mayor de lo que su autor pudo sospechar. En efecto, San Benito las recomendó, junto con las &#8220;Vitae Patrum&#8221; y la Regla de San Basilio, como la mejor lectura que sus monjes podían hacer después de la Biblia. También es sensible la influencia de Casiano en la Regla de San Benito y en su espiritualidad, de suerte que puede decirse que Casiano influenció a la cristiandad entera a través de San Benito. En los cuatro primeros libros de las &#8220;Reglas de la vida monástica&#8221; describe la forma de vida que deben llevar los monjes; el resto de la obra está consagrado a las virtudes que deben tratar de adquirir y a los pecados mortales en los que más peligro tienen dé caer. Casiano dice en el prefacio de dicha obra: &#8220;No voy a describir milagros y prodigios ni a contar anécdotas. Porque, aunque mis mayores me contaron muchas cosas increíbles y aunque me ha sido dado presenciar algunas con mis propios ojos, el repetirlas produce simplemente asombro en el lector, pero no contribuye a instruirle en el camino de la perfección.&#8221; Tal sobriedad es característica de Casiano.</p>
<p>Es curioso que el Martirologio Romano no mencione a Casiano. Sin duda que Baronio no quiso incluirle en él, porque en su época se le consideraba como el iniciador y el principal exponente de las enseñanzas que ahora se conocen con el nombre de semipelagianismo. Casiano expuso su teoría en su tratado &#8220;Acerca de la Reprobación y de la Gracia&#8221;, en el curso de una controversia acerca de San Agustín; basándose en dicho tratado, se puede tachar a Casiano de &#8220;anti-agustinista&#8221;, pero no de semipelagiano. El santo pasó todo el resto de su vida en Marsella, donde murió hacia el año 433. Los<em> </em>bizantinos celebran su fiesta el 29 de febrero.</p>
<p>No existe ninguna biografía contemporánea de Casiano; pero en <em>Acta Sanctorum,</em><em> </em>julio, vol. V, se encontrarán muchos documentos referentes a él. Véase también la introducción a la edición de sus obras, hecha por Petschening, en el <em>Corpus script. eccl lat.</em><em> </em>de Viena. E. C. S. Gibson tradujo al inglés las obras de Casiano (1894). Muchos de los autores que escriben sobre los orígenes del monaquismo aluden frecuentemente a Casiano; por ejemplo, Herwegen, Albers y C. Butler. En los últimos años, se ha escrito mucho sobre el santo: cf. L. Cristiani, <em>Cassien</em><em> </em>(2 vols., 1946), y la obra de O. Chadwick, <em>John Cassian</em><em> </em>(1950), que es todavía mejor que la anterior desde el punto de vista biográfico y contiene una bibliografía muy completa; DHG., vol. XI.</p>
<p style="text-align:right;">Extraído de:</p>
<p style="text-align:right;"><a href="http://ar.geocities.com/misa_tridentina01/jul/23c.html"><strong>misa_tridentina</strong></a></p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://www.mercaba.org/Moline/juan_casiano.htm">Más sobre Casiano</a></p>
<p align="justify"><span style="font-family:'Times New Roman';"><br />
</span></p>
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		<title>San Isidoro de Pelusio</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Sep 2009 00:41:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[cartas de isidoro de pelusio]]></category>
		<category><![CDATA[isidoro de pelusio]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="line-height:16px;text-align:center;margin:.5em 0 0;padding:0;">
<div id="attachment_193" class="wp-caption aligncenter" style="width: 282px"><img class="size-full wp-image-193" title="San_Isidro_de_Pelusio_272x363" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/09/san_isidro_de_pelusio_272x3631.jpg?w=272&#038;h=363" alt="icono de San Isidoro de Pelusio" width="272" height="363" /><p class="wp-caption-text">icono de San Isidoro de Pelusio</p></div>
<p>Se cree comúnmente que Isidoro*, nacido en Alejandría y muerto hacia el año 435, fue abad de un monasterio de las montañas cerca de Pelusium, en Egipto. Sin embargo, investigaciones recientes han puesto de manifiesto que no hay razón para suponerle jefe de una comunidad cenobítica. Nuestra fuente más antigua de información sobre él es Severo de Antioquía, y éste nunca alude a esa condición. Le llama “sacerdote, correcto en la fe, lleno de sabiduría y de conocimientos bíblicos.” Dice que vio la carta de un asceta en la que se saluda a Isidoro, como “venerable sacerdote Isidoro, altar de Cristo, vaso sagrado para el servicio de las iglesias, tesoro de Sagrada Escritura.” Así, pues, el documento más antiguo, que data prácticamente del tiempo mismo de Isidoro, nada dice de que fuera abad. Es más, las 2.000 cartas que todavía se conservan de él no justifican ese título. Lo encontramos por vez primera en los<em>Apophthegmata Patrum</em>, que introducen seis de sus sentencias con “dijo el <em>abbas</em> Isidoro de Pelusium.” Sin embargo, aquí el título no quiere decir presidente de una comunidad; significa simplemente “Padre del desierto” o “Padre le los monjes,” es decir, un ermitaño que instruía a otros en a vida espiritual. Es de notar también que las listas oficiales le los santos de la Iglesia griega, el <em>Menologium</em> de Basilio II y el <em>Synaxarium ecclesiae Constant</em>., no llaman abad a Isidoro. Le llamó así por vez primera en el siglo VI el diácono romano Rústico, que preparó una selección de 49 cartas de Isidoro, las tradujo al latín y las agregó a las <em>Actas</em> del concilio de Efeso. En el pomposo encabezamiento de la primera de estas cartas se le llama <em>doctor ecclesiae</em> y <em>abbas monasterii circa Pelusium</em>. Pero este testigo es de dudosa autoridad.</p>
<p>En resumen, Isidoro era un sacerdote de Pelusio, famoso por su piedad y por sus conocimientos de Sagrada Escritura, como atestigua Severo. Sus cartas prueban que llevó una vida monástica y gozó de gran reputación entre los ascetas, hasta el punto de que se le puede llamar Padre de los monjes, pero difícilmente “jefe de un monasterio” o abad de un cenobio. Efrén, patriarca de Antioquía, nos informa que nació en Alejandría. No se conoce la fecha de su nacimiento, pero ocurrió probablemente hacia el año 360. Nicéforo Calixto (<em>Hist</em>. <em>eccl</em>. 14,53) señala que Isidoro fue discípulo de San Juan Crisóstomo; pero no hay por qué tomar esta afirmación al pie de la letra. Sus cartas no suponen una relación personal tan estrecha entre ambos, a pesar de las alabanzas entusiastas que Isidoro prodiga varias veces al gran obispo y predicador (<em>Ep</em>. 1,152. 156). Focio (<em>Ep</em>. 2,44) le menciona juntamente con Basilio Magno y Gregorio Nacianceno entre los antiguos maestros cristianos de la epistolografía y llama expresamente a Isidoro modelo, no sólo de vida sacerdotal y ascética, sino también de estilo y de fraseología.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Sus Cartas.</span></strong></p>
<p>Efectivamente, la correspondencia de Isidoro revela una personalidad extraordinaria, con educación clásica y una excelente formación teológica. Su fuente principal es la Sagrada Escritura; pero conoce también los escritores cristianos antiguos. Algunas de sus cartas están copiadas, palabra por palabras, de Clemente de Alejandría, tal como lo ha demostrado Fruechtel. Isidoro sostiene que las mismas ciencias profanas tienen gran valor si están glorificadas por la verdad divina (3,65). El cristiano debería extraer alimento, como una abeja, aun de los escritos de los filósofos paganos (2,3). Sus favoritos son Demóstenes, Platón, Aristóteles y Hornero. Son tan numerosas las citas que hace de algunos de ellos, por ejemplo de Demóstenes, que constituyen una base para estudios de critica textual. A su gran saber juntó un vivo interés por todas las cuestiones referentes al mundo y a la Iglesia, a la jerarquía y al laicado, al gobierno secular y al eclesiástico, a la moral y al dogma. Impertérrito e inflexible, se atreve a emitir juicio sobre emperadores y obispos, a advertir y aconsejar a los de arriba y a los de abajo.***</p>
<p>La colección de sus cartas cubre un período de casi cuatro décadas, desde el año 393 hasta el 433; toca una gran variedad de temas y afecta a gran número de personas. Es una pena que la edición clásica deje mucho que desear. Es la que se publicó en París en 1638, editada nuevamente por Migne (PG 78); comprende 2.012 cartas en cinco libros. Esta división en cinco secciones no está justificada ni por el contenido ni por los manuscritos. C. H. Turnen y K. Lake han llamado la atención sobre el <em>Codex</em> B 1 de Grottaferrata, que es el manuscrito más antiguo y el más importante de las cartas de Isidoro, Íque, sin embargo, no ha sido compulsado hasta ahora. Todas as ediciones existentes están basadas en la colección de dos mil cartas que se hizo, en el siglo que va del año 450 al 550, en el monasterio acoimeta de Constantinopla. Este <em>Corpus Isidorianum</em> lo menciona Facundo, obispo de Hermiana, en su <em>Pro defensione trium capitulorum</em> (PL 67,573), compuesto entre los años 546 y 548. Dieciocho años más tarde, el diácono romana Rústico tuvo también acceso a dicha colección, independientemente (<em>Acta Concil. oecum</em>. ed. Schwartz 1,4,1,25). Este último dice que la colección consistía en cuatro códices, con quinientas cartas cada uno. En las 2.012 cartas de Migne hay 19 repeticiones, por lo menos. Sería insensato dudar que la cifra de 2.000 resultó de una selección que hicieron los acoimetas con el deliberado propósito de alcanzar un numen” redondo. De hecho, Severo de Antioquía habla de “casi tres mil” (CSCO Scriptores Syri, ser.4 t.6, ed. Lebon, 182-3) y lo confirma el <em>Léxico</em> de Suidas (2,668). Una nueva edición critica a base del manuscrito de Grottaferrata no sólo proporcionaría un texto muy mejorado, sino que restablecería el orden primitivo de las cartas.</p>
<p>A pesar de todo, las dos mil cartas que se conservan batan a hacer de la correspondencia de Isidoro un caso único en el período patrístico. Su forma es una ilustración del principio de elegancia sin afectación que profesaba el autor (<em>Ep.</em>·5 133), mientras que su contenido toca temas teológicos, así como profanos. Entre los últimos están las cartas que dirigió a las autoridades civiles para interceder en favor de la ciudad de Pelusium (2,25; cf. 1,175); a Quirinio, prefecto de Egipto (1,174-5), censurándole por haber hecho uso de la fuerza; al emperador Teodosio II, exhortándole a ser benigno y generoso, por ser éstas las nobles virtudes del gobernante (1,35).</p>
<p>La mayor parte tratan de <strong>cuestiones exegéticas.</strong> El autor sigue el método histórico y gramatical de la escuela de Antioquía (cf. vol.·1 p.415s) y rechaza el alegorismo (4,117). Condena el intento de ver por doquier figuras de Cristo en el Antiguo Testamento, porque ello incitará a paganos y herejes a sospechar de los pasajes verdaderamente mesiánicos (2,195; cf. 2,63; 3,339). El Antiguo Testamento es una mezcla de historia y profecía, pero no hay que confundirlas (2,63; 4,203). Con todo, admite las interpretaciones alegóricas cuando sólo sirven para la edificación. De las cartas de carácter exegético, más de sesenta están dedicadas a las epístolas paulinas.</p>
<p>No pocas de estas misivas tratan de temas ascéticos y morales. Lo mismo contienen reglas sencillísimas de moral como principios muy elevados de perfección, y son una prueba de la profundidad de la sabiduría de Isidoro y de su honradez de alma. El reino de Dios se funda en la pobreza voluntaria y en la abstinencia (1,129), pero sólo después que se hayan cumplido todos los mandamientos y practicado todas las virtudes (1,287). No basta el ascetismo (1,129); lo esencial es el espíritu. Dice, por ejemplo: “No eres un asceta perfecto si tienes la comida, la bebida y la cama de San Juan Bautista. Para alcanzar la perfección tienes que tener su espíritu” (1,162) La virginidad está tan por encima de la vida de matrimonio como lo está el cielo sobre la tierra y el alma sobre el cuerpo (4,192); pero la virginidad sin amor o la virginidad sin huí lid no tiene valor (1,286). Así son los principios que nunca se cansa de recordar a los monjes, sacerdotes y obispos que no viven a la altura de su vocación.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Aspectos Teológicos.</span></strong></p>
<p>Son muy interesantes las cartas que nos revelan a Isidoro como <strong>teólogo dogmático.</strong>En muchas de ellas <strong>defiende la cristología eclesiástica</strong> contra diversas herejías. Así, por ejemplo, afirma ante todo la divinidad de Cristo en contra de los arrianos y los refuta mediante una concienzuda interpretación literal de la Sagrada Escritura. Como consideraba a los arrianos como los enemigos más peligrosos, pensaba que su principal área como teólogo consistía en derrotarlos (1,389). Sus analistas precisos de los <strong>textos bíblicos</strong>(3,335; 1,353; 3,334; 3,31; 1,67; 3,166; 4,142; 1,139; 4,166), su método <strong>filológico</strong> para desentrañar su significado y su sistema científico de exégesis cusan una vez más la influencia de la escuela de Antioquía. Usa repetidas veces la expresión nicena <em>homoousios</em>o <em>homoousiotes</em> (1,67,422; 3,18,31,112,334,335; 4,99,142). Alude, además explícitamente a este concilio en su carta 4,99: “Hay que al santo sínodo que se reunió en Nicea, sin añadir ni quitar nada, porque, lleno del Espíritu de Dios, ha enseñado la verdad.”</p>
<p>Por otra parte, contra los maniqueos defiende <strong>la humanidad verdadera de Cristo</strong>(1,102; 2,133). “De la posteridad de Abrahán, Dios escogió a su madre y de ella asumió carne. De esta manera se hizo verdaderamente hombre, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado” (1,264).</p>
<p>Ocho, al menos, de las cartas de Isidoro están dirigidas a Cirilo de Alejandría: 1,310.323.324.370; 2,127; 3,306; 5,79. 268. En una de ellas (1,310) no vacila en reprochar al patriarca su proceder en Efeso:</p>
<p>La simpatía apasionada no ve con claridad, pero la antipatía no ve en absoluto. Si quieres verte inmune de ambas deficiencias de visión, no te entregues a afirmaciones violentas, sino que debes someter a justo juicio todas las acusaciones. Dios mismo, que conoce todas las cosas antes de que ocurran, consintió en bajar y ver los lamentos de Sodoma; con ello nos enseña la lección de considerar despacio las cosas y ponderarlas bien. Muchos de los que se reunieron en Efeso hablan satíricamente acerca de ti, como de hombre inclinado a seguir sus animosidades personales y no como de uno que busca rectamente la causa de Jesucristo.</p>
<p>Esta amonestación no le impide, sin embargo, exhortar a Cirilo en otra carta (1,324) a no sacrificar una tilde de su doctrina. Solicita del emperador Teodosio que ponga freno a aquellos oficiales de la corte que en Efeso trataron de asumir autoridad judicial en materias de fe (1,311).</p>
<p>En la cuestión de la unión hipostática, Isidoro rechaza tanto la mezcla como la separación de las dos naturalezas en Cristo. Pone en guardia al lector Timoteo contra los maniqueos, que enseñaban que en Cristo sólo hay una naturaleza (1,102) Habla claramente de δύο φύσεις y εν πρόσωπον και μία υπόστασις(1,23.303.323.405), anticipándose así, en cierta manera, a la definición de Calcedonia.</p>
<p><strong><span style="color:#993300;">Escritos que se han perdido</span></strong></p>
<p>En sus cartas, Isidoro menciona ocasionalmente dos tratados que compuso. Por dos veces (2,137 y 228) se refiere a un opúsculo<em>Contra los griegos</em> (Λόγος πρός Ελληνας) y una vez (3,253) a un escrito <em>Sobre la no-existencia del Destino</em> (Λογίδιον περί του μη εΐναι είμαρμένην). Al parecer, el primero correspondνa a una carta que ya no existe, y el segundo hay que identificarlo con la extensa carta que escribió al sofista Harpocras (3,154).</p>
<h5><span style="color:#993300;">*Los miembros del Movimiento <a href="http://hesiquia.wordpress.com/nueva-ortodoxia/">Nueva Ortodoxia</a> consideran a San Isidoro de Pelusio como principal referente antiguo de su espiritualidad</span></h5>
<p align="center">Texto extraído de:</p>
<p align="center"><strong><a href="http://www.conoze.com/doc.php?doc=5533">ConoZe</a></strong></p>
<h2 style="text-align:center;"><strong><em><a href="http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=40551">otra versión</a></em></strong></h2>
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		<title>Simeón, el Nuevo Teólogo</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Sep 2009 16:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sobre los santos]]></category>
		<category><![CDATA[el nuevo teologo]]></category>
		<category><![CDATA[hesicastas]]></category>
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Hoy nos detenemos a reflexionar sobre la figura del monje oriental Simeón el Nuevo Teólogo, cuyos escritos han ejercido un notable influjo sobre la teología y la espiritualidad de Oriente, en particular en lo que respecta a la experiencia de la unión mística con Dios. Simeón el Nuevo Teólogo nació en el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=166&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><div id="attachment_185" class="wp-caption aligncenter" style="width: 283px"><img class="size-full wp-image-185" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/09/san_simeon_esteban_nemanja1_273x3461.jpg?w=273&#038;h=346" alt="Simeón el nuevo Teólogo" width="273" height="346" /><p class="wp-caption-text">Simeón el nuevo Teólogo</p></div>
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p>
<p>Hoy nos detenemos a reflexionar sobre la figura del monje oriental Simeón el Nuevo Teólogo, cuyos escritos han ejercido un notable influjo sobre la teología y la espiritualidad de Oriente, en particular en lo que respecta a la experiencia de la unión mística con Dios. Simeón el Nuevo Teólogo nació en el 949 en Galacia, en Paflagonia (Asia Menor), de una familia noble de la provincia. Aún joven, se transfirió a Constantinopla para emprender los estudios y entrar al servicio del emperador. Pero se sintió poco atraído por la carrera civil que se le sugería y, bajo la influencia de iluminaciones interiores que iba experimentando, se puso a la búsqueda de una persona que le orientara en el momento lleno de dudas y perplejidades que estaba viviendo, y que le ayudase a progresar en el camino de la unión con Dios. Encontró esta guía espiritual en Simeón el Pío (Eulabes), un simple monje del monasterio de Studion, en Constantinopla, que le dio a leer el tratado La ley espiritual de Marcos el Monje. En este texto, Simeón el Nuevo Teólogo encontró una enseñanza que le impresionó mucho: &#8220;Si buscas la curación espiritual &#8211; leyó en él &#8211; estate atento a tu conciencia. Todo lo que ella te diga hazlo y encontrarás lo que te es útil&#8221;. Desde aquel momento &#8211; refiere él mismo &#8211; nunca se acostó sin preguntarse si la conciencia no tuviese algo que reprocharle.</p>
<p>Simeón entró en el monasterio de los Estuditas, donde, sin embargo, sus experiencias místicas y su extraordinaria devoción hacia el Padre espiritual le causaron dificultades. Se transfirió al pequeño convento de San Mamés, también en Constantinopla, del cual, tres años después, llegó a ser cabeza, el higumeno. Allí condujo una intensa búsqueda de unión espiritual con Cristo, que le confirió gran autoridad. Es interesante notar que se le dio el apelativo de &#8220;Nuevo Teólogo&#8221;, a pesar de que la tradición reservara el título de &#8220;Teólogo&#8221; a dos personalidades: al evangelista Juan y a Gregorio Nacianceno. Sufrió incomprensiones y el exilio, pero fue rehabilitado por el patriarca de Constantinopla, Sergio II.</p>
<p>Simeón el Nuevo Teólogo pasó la última fase de su existencia en el monasterio de Santa Macrina, donde escribió gran parte de sus obras, convirtiéndose en cada vez más célebre por sus enseñanzas y por sus milagros. Murió el 12 de marzo de 1022.</p>
<p>El más conocido de sus discípulos, Niceta Stetatos, que recopiló y volvió a copiar los escritos de Simeón, preparó una edición póstuma, redactando seguidamente la biografía. La obra de Simeón comprende nueve volúmenes, que se dividen en Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, tres volúmenes de Catequesis dirigidas a los monjes, dos volúmenes de Tratados teológicos y éticos y un volumen de Himnos. No hay que olvidar tampoco sus numerosas Cartas. Todas estas obras han encontrado un lugar relevante en la tradición monástica oriental hasta nuestros días.</p>
<p>Simeón concentra su reflexión sobre la presencia del Espíritu Santo en los bautizados y sobre la conciencia que deben tener de esta realidad espiritual. La vida cristiana &#8211; subraya &#8211; es comunión íntima y personal con Dios, la gracia divina ilumina el corazón del creyente y le conduce a la visión mística del Señor. En esta línea, Simeón el Nuevo Teólogo insiste en el hecho de que el verdadero conocimiento de Dios no viene de los libros, sino de la experiencia espiritual, de la vida espiritual. El conocimiento de Dios nace de un camino de purificación interior, que comienza con la conversión del corazón, gracias a la fuerza de la fe y del amor; pasa a través de un profundo arrepentimiento y dolor sincero por los propios pecados, para llegar a la unión con Cristo, fuente de alegría y de paz, invadidos por la luz de su presencia en nosotros. Para Simeón semejante experiencia de la gracia divina no constituye un don excepcional para algunos místicos, sino que es fruto del Bautismo en la existencia de todo fiel seriamente comprometido.</p>
<p>¡Un punto sobre el que reflexionar, queridos hermanos y hermanas! Este santo monje oriental nos reclama a todos una atención a la vida espiritual, a la presencia escondida de Dios en nosotros, a la sinceridad de la conciencia y a la purificación, a la conversión del corazón, para que el Espíritu Santo se haga presente en nosotros y nos guíe. Si de hecho nos preocupamos justamente por cuidar nuestro crecimiento físico, es aún más importante no descuidar el crecimiento interior, que consiste en el conocimiento de Dios, en el verdadero conocimiento, no sólo tomado de los libros, sino interior, y en la comunión con Dios, para experimentar su ayuda en todo momento y en cada circunstancia. En el fondo, esto es lo que Simeón describe cuando narra su propia experiencia mística. Ya de joven, antes de entrar en el monasterio, mientras una noche en casa prolongaba sus oraciones, invocando la ayuda de Dios para luchar contra las tentaciones, había visto la habitación llena de luz. Cuando después entró en el monasterio, se le ofrecieron libros espirituales para instruirse, pero su lectura no le procuraba la paz que buscaba. Se sentía &#8211; cuenta él &#8211; como un pobre pajarito sin alas. Aceptó con humildad esta situación, sin rebelarse, y de entonces empezaron a multiplicarse de nuevo las visiones de luz. Queriendo asegurarse de su autenticidad, Simeón le preguntó directamente a Cristo: &#8220;Señor, ¿estas verdaderamente tu mismo aquí?&#8221;. Sintió resonar en el corazón la respuesta afirmativa y fue sumamente consolado. Fue aquella, Señor &#8211; escribirá seguidamente &#8211; la primera vez que me juzgaste a mí, hijo pródigo, digno de escuchar tu voz&#8221;. Sin embargo, tampoco esta revelación le dejó totalmente tranquilo.- Se preguntaba más bien si incluso aquella experiencia no debería considerarse una ilusión. Un día, finalmente, sucedió un hecho fundamental para su experiencia mística. Comenzó a sentirse como &#8220;un pobre que ama a sus hermanos&#8221; (ptochós philádelphos). Veía en torno a sí muchos enemigos que querían tenderle insidias y hacerle el mal, pero a pesar de ello advirtió en sí mismo un intenso trasnporte de amor hacia ellos. ¿Cómo explicarlo? Evidentemente no podía venir de él mismo semejante amor, sino que debía brotar de otra fuente. Simeón entendió que procedía de Cristo presente en él y todo se le aclaró: tuvo la prueba segura de que la fuente del amor en él era la presencia de Cristo y que tener en sí un amor que va más allá de mis intenciones personales indica que la fuente del amor está en mí. Así, por una parte, podemos decir que sin una cierta apertura al amor Cristo no entra en nosotros, pero por otra, Cristo se convierte en fuente de amor y nos transforma. Queridos amigos, esta experiencia es muy importante para nosotros, hoy, para encontrar los criterios que nos indiques si estamos realmente cerca de Dios, si Dios existe y vive en nosotros. El amor de Dios crece en nosotros si permanecemos unidos a Él con la oración y con la escucha de su palabra, con la apertura del corazón. Solamente el amor divino nos hace abrir el corazón a los demás y nos hace sensibles a sus necesidades, haciéndonos considerar a todos como hermanos y hermanas e invitándonos a responder con amor al odio y con el perdón a la ofensa.</p>
<p>Reflexionando sobre esta figura de Simeón el Nuevo Teólogo, podemos encontrar aún un elemento ulterior de su espiritualidad. En el camino de vida ascética propuesto y recorrido por él, la fuerte atención y concentración del monje sobre la experiencia interior confiere al Padre espiritual del monasterio una importancia esencial. El mismo joven Simeón, como se ha dicho, había encontrado un director espiritual, que le ayudó mucho y del que conservó una grandísima estima, tanto que le reservó, tras su muerte, una veneración también pública. Y quisiera decir que sigue siendo válido para todos &#8211; sacerdotes, personas consagradas y laicos, y especialmente para los jóvenes &#8211; la invitación a recurrir a los consejos de un buen padre espiritual, capaz de acompañar a cada uno en el profundo conocimiento de sí mismo, y conducirlo a la unión con el Señor, para que su existencia se conforme cada vez más al Evangelio. Para ir hacia el Señor necesitamos siempre una guía, un diálogo. No podemos hacerlo solamente con nuestras reflexiones. Y éste es también el sentido de la eclesialidad de nuestra fe, de encontrar esta guía.</p>
<p>Concluyendo, podemos sintetizar así la enseñanza y la experiencia mística de Simeón el Nuevo Teólogo: en su incesante búsqueda de Dios, aún en las dificultades que encontró y en las críticas de que fue objeto, él, a fin de cuentas, se dejó guiar por el amor. Supo vivir él mismo y enseñar a sus monjes que lo esencial para todo discípulo de Jesús es crecer en el amor y así crecemos en el conocimiento de Cristo mismo, para poder afirmar con san Pablo: &#8220;Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí&#8221; (Gal 2,20).</p>
<p style="text-align:right;"><strong><span style="color:#993300;">Catequesis de Benedicto XVI</span></strong></p>
<p style="text-align:right;">Sobre Simeón el nuevo teólogo</p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://parrokiortodoxoa.googlepages.com/newtheologian">Mas sobre Simeón </a></strong></p>
<p style="text-align:center;">Texto extraído de:</p>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://www.zenit.org"><strong>zenit</strong></a></h2>
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		<title>Máximo el Confesor</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 19:43:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
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		<category><![CDATA[filocalia]]></category>
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Se llama a San Máximo &#8220;el Confesor&#8221; en razón de sus trabajos y sufrimientos por la fe cristiana. Fue Máximo uno de los más distinguidos teólogos del siglo VII, verdadera columna de la ortodoxia contra la herejía monotelita. Nació hacia el año 580, en Constantinopla. En su juventud entró a servir en la corte y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=152&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
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<div id="attachment_155" class="wp-caption aligncenter" style="width: 410px"><img class="size-full wp-image-155" title="http://www.primeroscristianos.com/catequesis/san_maximo_confesor.html" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/09/san_maximo_confesor3.jpg?w=400&#038;h=500" alt="San Máximo el Confesor" width="400" height="500" /><p class="wp-caption-text">San Máximo el Confesor</p></div>
<p><strong>Se llama a San Máximo &#8220;el Confesor&#8221; en razón de sus trabajos y sufrimientos por la fe cristiana. Fue Máximo uno de los más distinguidos teólogos del siglo VII, verdadera columna de la ortodoxia contra la herejía monotelita. Nació hacia el año 580, en Constantinopla. En su juventud entró a servir en la corte y llegó a ser el principal de los secretarios del emperador Heracleo. Pero, al cabo de algún tiempo, renunció a su cargo (tal vez porque el emperador defendía ciertas opiniones heréticas) y tomó el hábito monacal en Crisópolis (actualmente Skutari). Ahí escribió algunas de sus obras de mística y fue elegido abad. En el año 638 murió San Sofronio, patriarca de Jerusalén, a quien Máximo llamaba su maestro, padre y profesor. Entonces, el santo se convirtió en el gran campeón de la ortodoxia contra el monotelismo del emperador Heracleo y de su sucesor, Constante II. San Máximo, gran confesor de la fe y notable autor místico, murió a los ochenta y dos años. Dejó muchos escritos; entre otros, algunos comentarios alegóricos de la Sagrada Escritura y de las obras de Dionisio Areopagita, un dialogo entre dos monjes sobre la vida espiritual y la &#8220;Mystagogia&#8221;, que es una explicación de los símbolos de la liturgia.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://www.primeroscristianos.com/catequesis/completo_san_maximo_confesor.pdf">Catequesis de Benedicto XVI sobre Máximo el Confesor</a></strong></p>
<p style="text-align:center;">Imagen extraída de:</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://www.primeroscristianos.com">Primeros Cristianos</a></p>
<p style="text-align:center;">Texto breve extraído de:</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://www.ortodoxia.org/contenido/nuestra_fe/santos_es.php?santo=214">Ortodoxia</a></p>
Posted in Pequeñas Biografias Tagged: catequesis de benedicto xvi, filocalia, maximo el confesor <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/misticavita.wordpress.com/152/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/misticavita.wordpress.com/152/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/misticavita.wordpress.com/152/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/misticavita.wordpress.com/152/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/misticavita.wordpress.com/152/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/misticavita.wordpress.com/152/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/misticavita.wordpress.com/152/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/misticavita.wordpress.com/152/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/misticavita.wordpress.com/152/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/misticavita.wordpress.com/152/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=152&subd=misticavita&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>Sor Teresa Benedicta de la Cruz &#8211; Edith Stein</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Sep 2009 17:19:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vidas de santos]]></category>
		<category><![CDATA[alumna de husserl]]></category>
		<category><![CDATA[edith stein]]></category>
		<category><![CDATA[fenomenologia del espiritu]]></category>
		<category><![CDATA[husserl]]></category>
		<category><![CDATA[judía y católica]]></category>
		<category><![CDATA[martir del carmelo]]></category>
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¿Quién fue esta mujer?
Cuando Edith Stein, la última de once hermanos, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. &#8220;Esto hizo, más que ninguna otra cosa, que su madre tuviera una especial predilección por la hija más pequeña&#8221;. Precisamente [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=146&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p style="text-align:center;">
<div id="attachment_147" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><img class="size-full wp-image-147 " title="EdithStein" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/09/edithstein.jpg?w=300&#038;h=370" alt="Sor Benedicta de La Cruz" width="300" height="370" /><p class="wp-caption-text">Sor Benedicta de La Cruz - Monja, Carmelita Descalza, mártir  </p></div>
<p>¿Quién fue esta mujer?</p>
<p>Cuando Edith Stein, la última de once hermanos, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. &#8220;Esto hizo, más que ninguna otra cosa, que su madre tuviera una especial predilección por la hija más pequeña&#8221;. Precisamente esta fecha de su nacimientó fue para la carmelita casi un vaticinio.</p>
<p>El padre, comerciante de maderas, murió cuando Edith no había cumplido aún dos años. La madre, una mujer muy religiosa, solícita y voluntariosa, una persona verdaderamente admirable, al quedarse sola, debió hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la gestión de la gran hacienda familiar; pero no consiguió mantener en los hijos una fe viva. Edith perdió la fe en Dios. &#8220;Con plena conciencia y por libre elección dejé de rezar&#8221;.</p>
<p>Obtuvo brillantemente la reválida en 1911 y comenzó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Breslau, más para tener una base de sustento en el futuro que por auténtica pasión. Su verdadero interés era la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización &#8220;Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto&#8221;. Más tarde escribía: &#8221; como bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas&#8221;.</p>
<p>En 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga para asistir a las clases universitarias de Edmund Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado. Por aquellos tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un nuevo concepto de verdad: el mundo percibido no solamente existía de forma kantiana, como percepción subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como un viraje hacia lo concreto. &#8220;Retorno al objetivismo&#8221;. Sin que él lo pretendiera, la fenomenología condujo a no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe cristiana. En Gottinga Edith Stein se encontró también con el filósofo Max Scheler y este encuentro atrajo su atención sobre el catolicismo. Pero todo esto no la hizo olvidar el estudio con el que debía ganarse el pan en el futuro y, en 1915, superó con la máxima calificación el examen de Estado. No obstante, no comenzó el periodo de formación profesional.</p>
<p>Al estallar la primera guerra mundial escribía: &#8220;ahora ya no tengo una vida propia&#8221;. Siguió un curso de enfermería y prestó servicio en un hospital militar austríaco. Fueron tiempos difíciles para ella. Atendía a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a hombres en la flor de su juventud. Al cerrar el hospital militar en 1916, siguió a Husserl a Friburgo en Brisgovia, donde obtuvo el doctorado &#8220;summa cum laude&#8221; con una tesis &#8220;Sobre el problema de la empatía &#8220;.</p>
<p>Por aquel tiempo le ocurrió un hecho importante: observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un rato para rezar. &#8220;Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido&#8221;. En las últimas páginas de su tesis de doctorado escribió: &#8220;ha habido personas que, tras un cambio imprevisto de su personalidad, han creído encontrar la misericordia divina&#8221;. ¿Cómo llegó a esta afirmación?<br />
Edith Stein tenía gran amistad con el asistente de Husserl en Gottinga, Adolf Reinach y su esposa. Adolf Reinach muere en Flandes en noviembre de 1917. Edith va a Gottinga. Los Reinach se habían convertido al Evangelio. Edith tenía cierta renuencia ante el encuentro con la joven viuda.</p>
<p>Con gran sorpresa encontró una creyente. &#8220;Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que transmite a sus portadores&#8230; Fue el momento en que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo&#8221;. Más tarde escribirá: &#8220;lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada&#8221;.</p>
<p>En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar independientemente. La primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en 1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado que participara también él. Tras ello escribió una frase sorprendente: &#8220;Después de cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de influenciar directamente, se agudiza en mí el impulso hacia mi propio holocausto&#8221;.</p>
<p>Edith Stein deseaba obtener la habilitación para la libre docencia, algo que, por aquel entonces, era inalcanzable para una mujer. A este respecto, Husserl se pronunciaba así en un informe: &#8220;Si la carrera universitaria se hiciera accesible a las mujeres, la podría recomendar encarecidamente más que a cualquier otra persona para el examen de habilitación&#8221;. Más tarde, sin embargo, se le negaría la habilitación a causa de su origen judío.</p>
<p>Edith Stein vuelve a Breslau. Escribe artículos en defensa de la psicología y de las humanidades. Pero lee también el Nuevo Testamento, Kierkegaard y el opúsculo de los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola. Se da cuenta de que un escrito como éste no se le puede simplemente leer, sino que es necesario ponerlo en práctica.</p>
<p>En el verano de 1921 fue durante unas semanas a Bergzabern (Palatinado), a la finca de la Señora Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Husserl. Esta señora, junto con su esposo, se había convertido al Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante toda la noche. &#8220;Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad&#8221;.</p>
<p>Considerando retrospectivamente su vida, escribía más tarde: &#8220;mi anhelo por la verdad era ya una oración&#8221;.</p>
<p>En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Era el día de la Circuncisión de Jesús, la acogida de Jesús en la estirpe de Abraham. Estaba erguida ante la fuente bautismal, vestida con el blanco manto nupcial de Hedwig Conrad-Martius, que hizo de madrina. &#8220;Había dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios&#8221;. Ahora tendrá siempre conciencia, y no sólo intelectualmente, sino de manera tangible, de pertenecer a la estirpe de Cristo. En la fiesta de la Candelaria, una fiesta cuyo origen se remonta también al Antiguo Testamento, fue confirmada por el Obispo de Espira en su capilla privada.</p>
<p>Después de su conversión, lo primero que hizo fue volver a Breslau. &#8220;Mamá, soy católica&#8221;. Las dos lloraron. Hedwig Conrad-Martius escribió: &#8220;mira, dos israelitas y en ninguna de ellas hay engaño&#8221; (cf. <em>Jn</em> 1, 47).</p>
<p>Inmediatamente después de su conversión, Edith Stein aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros espirituales, el Vicario general de Espira y el Padre Przywara, S.J., le impiden dar este paso. Acepta entonces un empleo de profesora de alemán e historia en el Instituto y seminario para maestros del Convento dominico de la Magdalena de Espira hasta Pascua de 1931. Por insistencia del Archiabad Raphael Walzer, del convento de Beuron, hace largos viajes para dar conferencias, sobre todo sobre temas femeninos. &#8220;Durante el período inmediatamente precedente y también bastante después de mi conversión&#8230; creía que llevar una vida religiosa significaba renunciar a todas las cosas terrenas y vivir solamente con el pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo, me he dado cuenta de que este mundo exige de nosotros otras muchas cosas&#8230;, creo, incluso, que cuanto más se siente uno atraído por Dios, más debe &#8220;salir de sí mismo&#8221;, en el sentido de dirigirse al mundo para llevar allí una razón divina para vivir&#8221;. Su programa de trabajo es enorme. Traduce las cartas y los diarios del período precatólico de Newmann y la obra<em>Quaestiones disputatae de veritate</em> de Tomás de Aquino, en una versión muy libre por amor al diálogo con la filosofia moderna. El Padre Erich Przywara, S.J., la incitó a escribir también obras filosóficas propias. Aprendió que es posible &#8220;practicar la ciencia al servicio de Dios&#8230; sólo por tal motivo he podido decidirme a comenzar una serie de obras científicas&#8221;. Encuentra siempre las fuerzas necesarias para su vida y su trabajo en el convento benedictino de Beuron, al que va para pasar allí las fiestas más importantes del año eclesiástico.</p>
<p>En 1931 termina su actividad en Espira. Intenta de nuevo obtener la habilitación para la libre docencia en Breslau y Friburgo. Todo en vano. Compone entonces una obra sobre los principales conceptos de Tomás de Aquino: &#8220;Potencia y acción&#8221;. Más tarde hará de este ensayo una obra mayor, desarrollándola bajo el título de <em>Endliches und ewiges Sein</em> (Ser finito y Ser eterno) en el convento de las Carmelitas de Colonia. No fue posible imprimir esta obra durante su vida.</p>
<p>En 1932 se le asigna una cátedra en una institución católica, el Instituto de Pedagogía científica de Münster, donde tiene la posibilidad de desarrollar su propia antropología. Aquí encuentra la manera de unir ciencia y fe, y de hacer comprensible esta cuestión a otros. Durante toda su vida sólo quiso ser &#8220;instrumento de Dios&#8221;. &#8220;Quien viene a mí, deseo conducirlo a Él &#8220;.</p>
<p>En 19331a noche se cierne sobre Alemania. &#8220;Había oído ya antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero ahora comencé de pronto a entender que Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su pueblo y que el destino de este pueblo era también el mío&#8221;. El artículo de la ley de los nazis sobre la raza ariana hizo imposible que continuara su actividad docente. &#8220;Si aquí no puedo continuar, en Alemania ya no hay posibilidades para mí &#8220;. &#8220;Me había convertido en una extranjera en el mundo&#8221;.</p>
<p>El Archiabad Walzer, de Beuron, ya no le impidió entrar en un convento de Carmelitas. Durante el tiempo que estuvo en Espira había hecho ya el voto de pobreza, castidad y obediencia. En 1933 se presenta a la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Colonia. &#8220;Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella&#8221;.</p>
<p>Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de su madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. &#8220;¿Por qué la has conocido (la fe cristiana)? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios? &#8221; . Su madre lloró. A la mañana siguiente Edith tomó el tren para Colonia. &#8220;No podía tener una alegría arrebatadora. Era demasiado tremendo lo que dejaba atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de la voluntad de Dios&#8221;. Cada semana escribirá después una carta a su madre. No recibirá respuesta. Su hermana Rosa le mandará noticias de casa.</p>
<p>El 14 de octubre Edith Stein entra en el monasterio de las Carmelitas de Colonia. En 1934, el 14 de abril, tuvo lugar la ceremonia de toma de hábito. El Archiabad de Beuron celebró la misa. Desde aquel momento Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz.</p>
<p>Escribe en 1938: &#8220;bajo la Cruz entendí el destino del pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a anunciarse. Pensaba que entendiesen que se trataba de la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en nombre de todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor estas cosas, lo que significa ser esposa del Señor bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente nunca será posible comprender todo esto, puesto que es un secreto&#8221;. El 21 de abril de 1935 hizo los votos temporales. El 14 de septiembre de 1936, en el momento de renovar los votos, murió su madre en Breslau. &#8220;Hasta el último momento mi madre ha permanecido fiel a su religión. Pero, puesto que su fe y su firme confianza en su Dios&#8230; fue lo ultimo que permaneció vivo en su agonía, confío en que haya encontrado un juez muy clemente y que ahora sea mi más fiel abogada, para que también yo pueda llegar a la meta&#8221;.</p>
<p>En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan de la Cruz, al que dedicará su última obra: &#8220;que ya sólo en amar es mi ejercicio &#8220;.<br />
La entrada de Edith Stein en el convento de las Carmelitas no fue una huida. &#8220;Quien entra en el Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le tienen aún más cercano; y esto porque nuestra profesión es la de dar cuenta de todos a Dios &#8220;. Dio cuenta a Dios sobre todo de su pueblo.</p>
<p>&#8220;Pienso continuamente en la reina Ester, que fue sacada de su pueblo para dar cuenta ante el rey. Yo soy una pequeña y débil Ester, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo &#8221; (31.10.1938).</p>
<p>El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda. Allí redacta su testamento el 9 de junio de 1939.</p>
<p>&#8220;Ya desde ahora acepto con gozo, en completa sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me haya destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y muerte&#8230; de manera que el Señor sea reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la salvación de Alemania y la paz del mundo&#8230; &#8220;.</p>
<p>Ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a Edith Stein se le había dado permiso para dedicarse a las obras científicas. Allí había escrito, entre otras cosas, <em>De la vida de una familia judía</em>. &#8220;Deseo narrar simplemente lo que he experimentado al ser hebrea&#8221;. Ante &#8220;la juventud que hoy es educada desde la más tierna edad en el odio a los judíos&#8230;, nosotros, que hemos sido educados en la comunidad hebrea, tenemos el deber de dar testimonio&#8221;.</p>
<p>En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su ensayo sobre <em>Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento, 1542-194</em>2. En 1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: &#8220;una <em>scientia crucis</em> (la ciencia de la cruz) sólamente puede ser entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de todo corazón he pronunciado: <em>Ave, Crux, Spes unica</em> (te saludo, Cruz, única esperanza nuestra)&#8221;. Su estudio sobre San Juan de la Cruz lleva como subtítulo: &#8220; <em>La ciencia de la Cruz</em> &#8220;.</p>
<p>El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: &#8220;Ven, vayamos, por nuestro pueblo&#8221;.</p>
<p>Junto con otros muchos otros judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Se trataba de una venganza contra el comunicado de protesta de los obispos católicos de los Países Bajos por los progromos y las deportaciones de los judíos. &#8220;Jamás había pensado que los seres humanos pudieran llegar a ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y hermanos debieran sufrir así&#8230; cada hora rezo por ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye ciertamente sus lamentos&#8221;. El Prof. Jan Nota, cercano a ella, escribirá más tarde: &#8220;para mí, ella es, en un mundo de negación de Dios, una testigo de la presencia de Dios&#8221;.</p>
<p>Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.</p>
<p>Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a &#8220;una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo &#8220;.</p>
<p style="text-align:center;"><strong>Recomiendo sobre Edith Stein:</strong></p>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://www.gesuiti.it/moscati/Espanol/Esp_Edith_Far2.html">gesuiti.it</a></h2>
<p style="text-align:center;">Texto extraído de:</p>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://vatican.va">Vatican.va</a></h2>
<p style="text-align:center;">
<p style="text-align:center;">
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		<title>Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2009 10:06:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sobre los santos]]></category>
		<category><![CDATA[El Extasis de Santa Teresa de Bernini]]></category>
		<category><![CDATA[monte carmelo]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Gomez]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Gomez Siervo del Amor Crucificado OCDS]]></category>
		<category><![CDATA[santa teresa de jesus]]></category>
		<category><![CDATA[Siervo del Amor Crucificado OCDS]]></category>
		<category><![CDATA[Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús]]></category>

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		<description><![CDATA[

El 26 de Agosto El Carmelo Teresiano celebra la Transverberación del Corazón de Teresa de Jesús, su madre. Un don para toda la Iglesia.
 
 
 
 
 


&#160;
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Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mi,
y yo soy para mi Amado.
 
Cuando el dulce Cazador
me tiró y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=135&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>El 26 de Agosto El Carmelo Teresiano celebra la Transverberación del Corazón de Teresa de Jesús, su madre. Un don para toda la Iglesia.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong></p>
<div id="attachment_134" class="wp-caption aligncenter" style="width: 391px"><img class="size-full wp-image-134" title="el-extasis-de-santa-teresa-de-bernini" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/08/el-extasis-de-santa-teresa-de-bernini.jpg?w=381&#038;h=550" alt="El Extasis de Santa Teresa de Bernini" width="381" height="550" /><p class="wp-caption-text">El Extasis de Santa Teresa de Bernini</p></div>
<p></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Ya toda me entregué y di,</strong></em></p>
<p><em><strong>y de tal suerte he trocado,</strong></em></p>
<p><em><strong>que mi Amado es para mi,</strong></em></p>
<p><em><strong>y yo soy para mi Amado.</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>Cuando el dulce Cazador</strong></em></p>
<p><em><strong>me tiró y dejó rendida</strong></em></p>
<p><em><strong>en los brazos del amor,</strong></em></p>
<p><em><strong>mi alma quedó caída.</strong></em></p>
<p><em><strong>Y cobrando nueva vida,</strong></em></p>
<p><em><strong>de tal manera he trocado,</strong></em></p>
<p><em><strong>que es mi Amado para mí,</strong></em></p>
<p><em><strong>y yo soy para mi Amado.</strong></em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em><strong>Hierome con una flecha</strong></em></p>
<p><em><strong>enherbolada de amor,</strong></em></p>
<p><em><strong>y mi alma quedó hecha</strong></em></p>
<p><em><strong>una con su criador.</strong></em></p>
<p><em><strong>Yo ya no quiero otro amor,</strong></em></p>
<p><em><strong>pues a mi Dios me he entregado,</strong></em></p>
<p><em><strong>y mi Amado es para mí,</strong></em></p>
<p><em><strong>y yo soy para mi Amado.</strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poesía Nº 3: Sobre aquellas palabras “dilectus meus mihi”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Entre las virtudes de Teresa, brilló con luz propia la caridad divina. Este amor se fue avivando en ella gracias a las innumerables visiones y revelaciones con que Cristo la favoreció. Una vez el Señor la tomó por esposa. En otra ocasión Teresa vio un ángel que con un dardo encendido le transverberaba el corazón. De resultas de estas mercedes celestiales, sintió la Santa tan abrasadamente el amor divino en las entrañas, que, inspirada por Dios, emitió el voto, difícil en extremo, de hacer siempre lo que ella creyese más perfecto y para mayor gloria de Dios”</p>
<p>(Gregorio XV, Bula de canonización).</p>
<p style="text-align:center;"><strong><span style="color:#993300;">Relato de la  Transverberación:</span></strong></p>
<p><strong>“</strong><strong>Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”</strong></p>
<p style="text-align:right;"><strong><span style="color:#000080;">Libro de la Vida, Cap 29, 13</span></strong></p>
<p>Las citas han sido extraídas de la Edición de Monte Carmelo de las Obras Completas de Santa Teresa de Jesús. Burgos 2004.</p>
<p style="text-align:center;">Texto aportado por:</p>
<p style="text-align:center;margin:0;padding:10px 0 0;"><strong>Pablo Gomez</strong></p>
<p style="text-align:center;margin:0;padding:10px 0 0;"><strong>(pablocarmelita@hotmail.com)</strong></p>
<p style="text-align:center;">Sitio recomendado:</p>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://www.carmelitasdescalzos.com">Carmelitas descalzos</a></h2>
Posted in Sobre los santos Tagged: El Extasis de Santa Teresa de Bernini, monte carmelo, Pablo Gomez, Pablo Gomez Siervo del Amor Crucificado OCDS, santa teresa de jesus, Siervo del Amor Crucificado OCDS, Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/misticavita.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/misticavita.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/misticavita.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/misticavita.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/misticavita.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/misticavita.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/misticavita.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/misticavita.wordpress.com/135/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/misticavita.wordpress.com/135/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/misticavita.wordpress.com/135/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=135&subd=misticavita&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		</media:content>
	</item>
		<item>
		<title>San Basilio</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 11:53:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[basilianos]]></category>
		<category><![CDATA[orden de san basilio]]></category>
		<category><![CDATA[san basilio]]></category>

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		<description><![CDATA[ 
SAN BASILIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA
San Basilio, aquel portentoso varón que mereció el epíteto de Grande, tan eminente en erudición y en sabiduría como adornado de todas las virtudes, nació en Cesárea de Capadocia hacia el año 328. Fue hijo de San Basilio y de Santa Emilia, nieto de Santa Macrina, hermano de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=96&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"> </p>
<p align="center">SAN BASILIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA</p>
<p><span>San Basilio, aquel portentoso varón que mereció el epíteto de </span><em>Grande, </em>tan eminente en erudición y en sabiduría como adornado de todas las virtudes, nació en Cesárea de Capadocia hacia el año 328. Fue hijo de San Basilio y de Santa Emilia, nieto de Santa Macrina, hermano de San Gregorio Niceno, de San Pedro, obispo de Sebaste, y de Santa Macrina la Moza, á cuya gran santidad confesa­ba el mismo San Basilio haber debido, así él como sus hermanos, la resolución de abandonarlo todo y retirarse del mundo.</p>
<p> </p>
<p>Habiendo nacido de padres tan virtuosos y en el seno de una fa­milia tan santa, fácilmente se deja discurrir el cuidado con que le criarían. Luego que supo hablar, dio claras muestras de su noble índole y de su apacible natural; sus preguntas, sus respuestas y, sus prontitudes dieron luego á conocer la penetración y la vivacidad de aquel prodigioso ingenio. Quiso encargarse de su primera educación su abuela Santa Macrina, y, viendo su padre los grandes talentos que descubría su hijo para adelantar en las ciencias, le aplicó sin perder tiempo á los estudios, en los que hizo Basilio tan rápidos pro­gresos que, habiendo aprendido cuanto había que aprender en las letras humanas, á los quince años le envió á la capital del imperio para que se dedicase á las facultades mayores, en las que hizo los mayores progresos.</p>
<p> </p>
<p>No teniendo ya que adelantar en Constantinopla, determinó pasar á Atenas, emporio entonces de las ciencias, de la elocuencia y de las floridas letras de toda la Grecia, donde encontró á Gregorio de Nacianzo, que por el mismo fin había venido de Alejandría. Eran los dos, con corta diferencia, de una misma edad, de igual ingenio y de costumbres muy parecidas; circunstancias todas que estrecharon desde entonces aquella fina amistad que los unió indisolublemente hasta el último aliento. Señalóse muy desde luego Basilio entre toda aquella república de sabios por su elocuencia y por su profunda erudición; y como su aplicación era tan grande, en breve tiempo fue ge­neralmente reconocido por uno de los hombres más sabios de su si­glo. Estaba muy versado en la historia; era eminente en la poesía; hablaba todas las lenguas sabias y poesía con perfección todas las ciencias.</p>
<p> </p>
<p>Mientras el ingenio y la sabiduría de Basilio daban materia á la admiración y á los aplausos de Atenas, concurrió á estudiar en la misma Universidad Juliano, primo hermano del emperador Constan­cio, tan conocido después por el renombre de <em>Apóstata. </em>Movido de la gran reputación de Basilio y de Gregorio, solicitó su amistad; pero en su misma fisonomía descubrieron el monstruo que abrigaba el seno del imperio en aquel joven.</p>
<p> </p>
<p>Acabados sus estudios en Atenas, regresó Basilio á Cesárea, acer­cándose ya á los veintisiete años de su edad. Ejercitó desde luego la abogacía, defendiendo algunos pleitos con tan universal aplauso, que andaba ya deliberando si se dedicaría á esta gloriosa profesión, consagrando sus estudios á la defensa de la justicia, cuando el Cielo se valió de su hermana mayor Santa Macrina para retirarle de las vanidades del mundo. Hallábase esta santa doncella en compañía de su madre Santa Emilia, después de haber hecho á Dios el sacrificio de su virginidad; y, viendo que su hermano se dejaba llevar con algún exceso de los aplausos que le granjeaban su reputación y sus talentos, le habló un día con tanta eficacia y con tanta unción sobre la falsa brillantez de los aparentes bienes de esta vida, que desde aquel punto tomó la generosa resolución de volverlos las espaldas, y de anhelar únicamente por los inmutables y verdaderos de la eterna.</p>
<p> </p>
<p>Convencido Basilio con las razones de su santa hermana, pero mucho más movido por el interior impulso de la divina gracia, no la dio otra respuesta que la que le salió á los ojos en un sosegado llanto. <em>Entonces </em>(dice el Santo en una de sus epístolas) <em>desperté como de un profundo sueño, comencé á descubrir sin nubes la luz del Evangelio, y conocí por la primera vez la vanidad y la inanidad de la humana sabiduría. </em>Resolvió, pues, no dedicarse al ejercicio de otra ciencia que á la de los santos, y partió en busca de modelos y de maestros á Egipto, á Palestina y á otras partes.</p>
<p> </p>
<p>Cuando volvió á Cesárea, le ordenó luego de lector el obispo Dia­neo, temiendo que otra Iglesia se adelantase á apropiársele; pero no perdiendo por eso su inclinación á la soledad, se juntó con ciertos so­litarios, cuya vida parecía acercarse mucho á la que hacían los monjes de Egipto y del Oriente. No faltaron algunos que le advirtieron cómo aquellos hombres estaban notados de sospechosos de arria­nismo; pero, viendo las bellas exterioridades de su afectada virtud, creyó que aquellos dichos eran efectos de la maledicencia y de la envidia, hasta que, habiéndolos tratado más de cerca, reconoció eran lobos carniceros cubiertos con piel de mansas ovejas; desde aquel punto se declaró enemigo mortal del arrianismo, cuyos par­ciales no tuvieron contrario más formidable.</p>
<p> </p>
<p>Impelido siempre de su amor á la soledad, se retiró á un desierto de la provincia del Ponto, donde él solo practicó todas las grandes virtudes que había observado en los anacoretas de Egipto y de Pa­lestina.</p>
<p> </p>
<p>Hiciéronse famosos los desiertos del Ponto con el retiro de Basilio, concurriendo de todas partes mucho número de personas para entre­garse á su gobierno. Dióles unas reglas en que se contenía la más elevada perfección; y fueron, por decirlo así, como la fuente universal donde bebieron las suyas los santos fundadores de las sagra­das familias. Hicieron cuanto pudieron los vecinos de Neocesarea para llevar al Santo á aquella ciudad; pero no fue posible vencerle á que abandonase su retiro, hasta que le obligó á ello el celo y la caridad. Estos dos motivos le arrancaron de él, poniéndole en preci­sión de partir á Cesárea para hacer presente al obispo lo mucho que había escandalizado á la Iglesia firmando el famoso formulario de Rímini. Conoció el prelado que le habían engañado, y reparó el es­cándalo con su pública retractación.</p>
<p> </p>
<p>Muerto el obispo de Cesárea, le sucedió Eusebio en aquella Silla; y, conociendo bien el extraordinario mérito de nuestro Santo, sin dar oídos á su humildad ni á su resistencia, le ordenó de presbítero, y luego le mandó que predicase en su iglesia. Aunque Basilio se halló precisado á dejar su amada soledad, no por eso perdió la inclinación al retiro, viviendo en medio de Cesárea como pudiera en el Ponto, en cuanto le permitían las funciones de su sagrado ministerio. Entró en celos el obispo á vista de la universal estimación y de la general confianza que mereció á todos Basilio, y le dio no poco en qué me­recer. Tratábale con tanto desabrimiento, y aun con tanta indigni­dad,<em> </em>que faltó poco para que todos los buenos se amotinasen contra el prelado; y se hubiera introducido un cisma en la Iglesia de Ce­sárea á no haberle prevenido la prudencia de nuestro Santo, que se­cretamente huyó de la ciudad y se retiró á su desierto del Ponto. Si­guióle á él su amigo Gregorio de Nacianzo; pero, como la Iglesia de Cesárea no podía vivir sin Basilio, el mismo obispo Eusebio trabajó con San Gregorio para que restituyese á ella á su amigo; y éste no se hizo mucho de rogar, especialmente cuando llegó á entender que los arríanos triunfaban con su ausencia, prometiéndose echar por tierra la fe en Cesárea. Noticioso de su vuelta el emperador Valente, ciego fautor del arrianismo, hizo cuanto pudo para ganarle á nuestro Santo en favor de su partido; pero despreció sus promesas y se burló de sus amenazas.</p>
<p> </p>
<p>Murió en este tiempo el obispo de Cesárea; luego comenzaron los arríanos á poner en movimiento cuantas máquinas y artificios pudie­ron discurrir para que recayese la futura elección en sujeto de su parcialidad, cundiendo el espíritu de división hasta en los mismo» católicos; pero pudo más el mérito que la maquinación, y salió electo Basilio. En vano se resistió, se escapó y se empeñó en ocultarse; fuéle preciso al fin rendirse á tan visible disposición de la Divina Providencia, y fue consagrado el día 14 de Junio de 370. Triunfó la religión católica luego que Basilio ocupó el trono epis­copal.</p>
<p> </p>
<p>Vióse revivir en Cesárea el espíritu y el fervor de la primitiva Iglesia, pasando los fieles en ella muchas ve­ces desde media no­che hasta el medio día siguiente: <em>¡Y qué consuelo es pa­ra mí, </em>escribe el Santo á un amigo suyo, <em>verlos comul­gar á todos el miér­coles, el viernes, el sábado y el domin­go de cada semana! </em>Ligado íntima mente con San Atanasio, con San Me­lecio, con todos los obispos santos del Oriente, pero sin­gularmente con la Silla Apostólica de Roma, declaró gue­rra mortal al arrianismo; hizo cuanto pudo, por reducir á los macedonianos, y fue el azote cruel de cuantos enemigos conspiraron contra la divinidad y contra la humanidad de Jesucristo.</p>
<p>Persiguióla con furor el emperador Valente, habiendo abrazado sin disimulo el arrianismo, y no se olvidó de Basilio en su cruel per­secución. Descubrió nuestro Santo la hipocresía y los errores de Eustaro, obispo de Sabaste; y animado éste de la venganza que le ins­piraba su misma confusión, determinó perderle, enconando contra. Basilio el ánimo del Emperador; hazaña que le costó poco esfuerzo.</p>
<p> </p>
<p>Irritado el príncipe furiosamente contra él, partió á Cesárea, y, cuan­do estaba ya muy cerca de ella, despachó un oficial llamado Modes­to, con orden de intimar de su parte al obispo que, ó comunicase con los arríanos ó saliese desterrado de la ciudad. Entró en ella Modesto¡ con mucho estrépito, hizo llamar á San Basilio, y, sin respetar su dignidad ni su persona, le preguntó luego con grosera altanería: <em>Dime, pobre hombre, ¿en qué piensas cuando no quieres obedecer al Emperador, á quien se rinde todo el mundo?—Pienso&#8230;, </em>le iba á responder nuestro Santo con su natural gravedad, serenidad y compos­tura; pero, interrumpiéndole Modesto, añadió luego: <em>Pensarás en que no eres de la religión del Emperador. Y bien, ¿qué motivo ten­drás para no serlo?—Porque Dios me lo prohíbe, </em>respondió Basilio. <em>¿Pues por qué casta de hombres nos tienes á nosotros?, </em>replicó el oficial.—<em>Por unos hombres ilustres, según él mundo, dignos de nuestro respeto; pero que al fin no sois la regla de lo que debemos creer, </em>res­pondió el obispo.—Irritado Modesto á vista de tan generosa constan­cia, le dijo enfurecido: <em>Por lo menos, ya temerás experimentar los efectos de mi poder.</em>—<em>¿Qué efectos?, </em>respondió Basilio.—<em>La confisca­ción, el destierro, los tormentos y aun la misma muerte, </em>respondió el oficial.—<em>Nada de eso habla conmigo, </em>repuso el obispo; <em>el que nada tiene, no teme la confiscación; salvo que necesites estos trapos viejos y algunos pocos de libros; á esto se reducen todos mis bienes. Destie­rro no le conozco, porque para mí todo el mundo lo es, no recono­ciendo otra patria que la Celestial; los tormentos poco daño pueden hacer á quien apenas tiene cuerpo para padecerlos: al primer golpe se acabarán todos para mí; la muerte no la temo como castigo, antes la deseo como gracia, pues me llevará cuanto antes á mi Dios, para quien únicamente vivo. </em>Asombrado Modesto de aquel tesón, dijo al Santo: <em>Hasta ahora, ningún hombre ha tenido valor para hablarme de esa manera.</em>—<em>Será sin duda, </em>respondió Basilio, <em>porque hasta ahora no habrás tratado con algún obispo; que éstos, en semejantes ocasio­nes, no se explican de otro modo.</em>—<em>A lo menos, </em>replicó el oficial en tono más moderado, <em>ya estimarás en algo tener en tu ciudad al Emperador; y, en conclusión, todo se reduce á quitar del símbolo la pa­labra </em>consubstancial.— <em>Yo estimaría mucho, </em>repuso el Santo, <em>ver al Emperador reconciliado con la Iglesia, y exento de todo error en la fe; y, por lo que toca al símbolo, no sólo no sufriré que se quite ni añada una sola palabra, pero ni aun toleraré que se altere la material colocación de las voces.</em>—<em>En fin, </em>concluyó Modesto, <em>vete con Dios, y te doy toda esta noche para que lo pienses bien.</em>—<em>Mañana seré el mismo que hoy, </em>respondió Basilio. Despidióle el oficial con bastante urbanidad, y, partiendo enseguida á encontrarse con el Emperador, le dijo no había que esperar cosa alguna del obispo de Cesárea.</p>
<p> </p>
<p>No pudo Valente disimular la grande estimación que hacía de aquella heroica virtud. Quiso concurrir á la iglesia el día de la Epi­fanía; dejóse ver en ella rodeado de sus guardias; quedó admirado cuando vio el concurso del innumerable pueblo, pero mucho más cuando notó el orden, la modestia y la majestad con que se celebraba a los divinos Oficios, á los cuales asistió y el sermón que predicó nuestro Santo. Hallóse presente á todo San Gregorio de Nacianzo quien asegura habló Basilio con tanta elevación, sobre las materias de la fe, que todos los asistentes quedaron como, extáticos, y todos fueron, testigos de la admiración del príncipe, que tributó grandes honores al Santo, le dio muchas y muy ricas posesiones para, sustentar á los pobres leprosos, y cesó de perseguir á los católicos; bien que duraron poco estas treguas de la persecución, porque los arríanos hicieron creer al Emperador que se interesaba el honor de su soberanía en obligar á Basilio á entrar en su comunión, tomando, por pretexto para desterrarle su constante y valerosa resistencia. Expedido el decreto de destierro, estaba todo dispuesto para la ejecución, y pronto Basilio para partir, cuando de repente se halló asaltado de una ardiente y maligna calentura, que le puso á las puertas de la muerte el hijo del Emperador, llamado Galates, niño de pocos años, y la emperatriz su madre atormentada de vivísimos dolores. Recurrieron entonces a las oraciones del Santo, que ya es­taba para meterse en el coche y salir á su destierro, cuando recibió un recado muy respetuoso de Valente, rogándole pasase á ver á su hijo. Partió derecho á Palacio, y luego que entró en él se sintió el príncipe muy aliviado; pero Basilio protestó que no pediría á Dios por su vida sino con la precisa condición de que se le había de permitir instruir al príncipe en la religión católica, la que aceptó el Emperador, como lo testifica San Efrén. Entonces hizo oración San Basilio, y al punto quedó el niño enteramente sano; pero, olvidado después Valente de lo que había prometido, y engañado de los arrianos, dejó que le bautizase un obispo de esta secta, y, recayendo el príncipe en su enfermedad, murió dentro de pocos días. Ni por eso abrió los ojos el Emperador para reconocer el origen de su desgra­cia; segunda vez resolvió desterrar á San Basilio. Tomó una pluma para firmar el decreto, y se le hizo pedazos entre las manos. Cogió otra segunda, y, negándole la tinta, jamás pudo formar una letra con ella; echó mano de la tercera, y, rompiéndose luego en muchos trozos, le comenzó á temblar la mano, llenándose de pavor. Hizo pe­dazos el papel, revocó la orden y dejó en paz á Basilio.</p>
<p>Fue testigo de tantos prodigios Modesto, prefecto del Pretorio, y, asombrado de ellos, se convirtió á la fe, siendo en adelante uno de los más firmes y más celosos católicos. No<em> </em>fue tan dichoso Eusebio vicario del mismo prefecto. Mandó sacar de la iglesia, á una viuda que se había refugiado a ella y oponiéndose á esto San Basilio, le hizo comparecer en su tribunal. Cuando le vio en él mandó que le quitasen la capa; alargóla luego el Santo, añadiendo estaba pronto á despojarse también de la túnica. Ofendióse el vicario de esta no­ble intrepidez, teniéndola por insulto, y le amenazó con que le ha­ría castigar; desnudó Basilio parte del esqueleto de sus huesos, cu­biertos de la arrugada piel, diciéndole estaba aparejado para reci­birlos golpes. Cegóse Eusebio de cólera, y, arrebatado de ella, iba á precipitarse en los mayores excesos cuando le dieron noticia de que, sabedor el pueblo del tratamiento que hacía á su santo obispo, se había alborotado y tenía sitiado el palacio del mismo prefecto, re­suelto á tomar venganza. Lleno de pavor Eusebio, se arrojó á los pies de Basilio, pidiéndole perdón con la mayor humildad y rogándole apretadamente le sacase de aquel peligro. Compadecióse el San­to, sosegó el tumulto y salvó al prefecto la vida.</p>
<p> </p>
<p>Dejándole ya en paz el Emperador y sus ministros, consagró al Señor esta quietud y el corto resto de sus débiles fuerzas corporales. En medio de las más laboriosas ocupaciones, nunca perdió de vista el estado religioso.</p>
<p> </p>
<p>En todo estaba su vigilancia pastoral. Erigió en Sasimo un obispa­do, para el cual nombró á San Gregorio de Nacianzo; ejecutando lo mismo en otras ciudades de su provincia, á las que proveyó de santos y vigilantes pastores. Además del <em>Compendio ó Suma de la Moral, </em>nos dejó un <em>Tratado del Espíritu Santo, </em>la <em>Obra de los seis días, </em>el <em>Tratado sobre algunos salmos, otro sobre Isaías, cinco li­bros contra la herejía de Eunomio, dos sobre el bautismo, uno de la virginidad, y diferentes Homilías </em>sobre asuntos escogidos.</p>
<p> </p>
<p>Acercábase el fin de la vida de nuestro Santo, cuando San Efrén, diácono de Edesa, en Mesopotámia, movido de su gran reputación, vino expresamente por conocerle, por tratarle y por oírle. Al primer sermón que le oyó, comenzó á deshacerse en alabanzas de San Basilio delante de todo el pueblo. Preguntóle el Santo la razón, y res­pondió: <em>Porque, mientras tú estabas predicando, estaba yo viendo so­bre tus hombros una paloma de maravillosa blancura que te estaba inspirando todo lo que decías. </em>Pocos días después de esta visita quiso el Señor premiar los trabajos de su siervo, cuya solicitud pasto­ral le acompañó hasta el último suspiro, pues poco antes de expirar impuso las manos sobre muchos de sus discípulos para proveer de ministros dignos á todas las iglesias que tenían falta de ellos. En fin, lleno de merecimientos entregó el alma á su Criador el primer día del año de 378, siendo de solos cincuenta y uno de edad; llorado, no sólo de los buenos, sino hasta de los judíos y aun de los mismos pa­ganos. Toda su provincia le lloró como á su padre, y en toda la Igle­sia fue venerado por modelo de obispos católicos, por doctor de la verdad. Desde el mismo día en que murió comenzó á solemnizarse su fiesta, de manera que las honras fueron triunfos, y fueron genera­les. Pronunciaron su panegírico su hermano San Gregorio Niseno, San Anfiloquio, San Efrén y San Gregorio de Nacianzo. Dióse á su cuerpo sepultura en la iglesia catedral, ansiando todos por lograr alguna reliquia suya. Las familias religiosas le pueden justamente considerar como su primer patriarca, y la Iglesia universal le honra como á uno de sus más ilustres Santos Padres de la Iglesia.</p>
<p align="right"> </p>
<p align="right">P. Juan Croisset, S.J.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>La Misa es en honor del Santo, y la oración la siguiente:</p>
<p> </p>
<p>Suplicámoste, Señor, que oigáis las oraciones que os ofrecemos en la solemne fiesta de vuestro siervo y confesor San Basilio, librandonos de nuestros pecados por la intercesión y por los méritos del que te sirvió con tanta fidelidad. Por Nuestro Señor, etc.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La Epístola es de la segunda del apóstol San Pablo a Timoteo, cap. 1.</p>
<p> </p>
<p>Carísimo: Te conjuro delante de Dios y de Jesucristo, que ha de juzgar á los vivos y á los muertos por su venida y por su Reino, que prediques la palabra; que instes á tiempo y fuera de tiempo; que reprendas, supliques, amenaces con toda paciencia y enseñanza. Porque vendrá tiempo en que no sufrirán la sana doctrina, antes bien juntarán muchos maestros conformes á sus deseos, que les halaguen el oído, y no querrán oír la verdad, y se convertirán á las fábulas. Pero tú vela, tra­baja en todo, haz obras de evangelista, cumple con tu ministerio. Sé templado. Porque yo ya voy á ser sacrificado, y se acerca el tiempo de mi muerte. He pelea­do bien, he consumado mi carrera, y he guardado la fe, Por lo demás, tengo reser­vada la corona de justicia que me dará el Señor en aquel día, el justo Juez; y no sólo á mí, sino también á todos los que aman su venida.</p>
<p> </p>
<p align="center">REFLEXIONES</p>
<p> </p>
<p>«Tiempo vendrá en que los hombres no podrán sufrir la doctrina sana, y, movidos de curiosidad, buscarán maestros sobre maestros que los hablen al gusto de su paladar, negando los oídos á la ver­dad y concediéndolos á las fábulas.» Pregunto: ¿no es éste un ver­dadero retrato de las costumbres de este desgraciado siglo? ¿En cuál otro se ha visto á los cristianos menos inclinados á sufrir que se les enseñe la doctrina sana y verdadera? Las más esenciales, las más terribles verdades de la religión, ó se intentan debilitar con vanas sutilezas, ó se les niega la entrada como á enemigas de la tranquili­dad y del reposo. Unos no las quieren oír porque los espantan, y otros no las quieren considerar porque los turban.</p>
<p> </p>
<p>Jamás hubo tanta curiosidad como en este siglo; pero ¿qué curio­sidad? No ya una curiosidad respetuosa, dócil, inocente, sino una curiosidad fiera, arrogante, orgullosa, temeraria, indicio de un co­razón corrompido, de un entendimiento limitado y de una presun­ción sin límites. Aborrécese la verdad, porque se aborrece la virtud. Es la virtud una luz que incomoda mucho á los ojos achacosos; dis­gusta la claridad, porque representa á cada uno como es; ciérranse los oídos á la verdad, porque abate el orgullo, hace oposición á las pasiones y oprime furiosamente al amor propio. Oyense las fábulas de buena gana, porque el espíritu del mundo y nuestro propio espí­ritu está muy inclinado y es muy fecundo en ilusiones. ¿Por ventura el día de hoy nos alimentamos de otra cosa? ¿Sirve el Evangelio de regla á las costumbres de aquellos que se gobiernan por el espíritu del mundo? Pero ¿acaso tenemos otra regla? Cualquiera otra doctrina es error, es ilusión, es fábula, es delirio. ¡Ah, Señor, y cuántos mueren así!</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>El Evangelio es del cap. 14 de San Lucas, y el mismo que el dia 5.</strong></p>
<p> </p>
<p align="center">MEDITACIÓN</p>
<p> </p>
<p align="center">De los pocos discípulos qne tiene Jesucristo.     ■</p>
<p><sub> </sub></p>
<p>Punto primero,&#8212;-Considera que no basta ser cristianos para ser<em> </em>verdaderos discípulos de Jesucristo. El bautismo nos constituye miembros de¡ su místico cuerpo, nos hace parte de su pueblo; pero solamente somos discípulos suyos vistiendo su librea, observando sus máximas y siguiendo sus ejemplos. Apenas hay verdad de nuestra religión más inculcada que ésta: repítela el Salvador casi á cada pagina del Evangelio. Pero ¿qué condiciones nos pide para admitirnos en su servicio? No hay cosa más expresa ni mas especificada: <em>El que quiere venir en pos de Mí, y no aborrece á su padre, á su madre, á sus hermanos </em>(aun esto es poco), <em>y no se aborrece á sí mismo, no puede ser mi discípulo. </em>Pero ¿bastará para serlo creer en Jesucristo y seguirle? De ningún modo. Muchas turbas creían en El y le seguían, pero se volvían á sus casas, con cuya ocasión dijo la senten­cia que acabamos de referir; añadiendo después, que además de re­nunciar todo aquello que más sé ama, y fuera de negarse á si mis­mo, si alguno no lleva también su cruz, no puede contarse en el nú­mero de sus discípulos. En otra parte dice: <em>El que no lleva su cruz y me sigue, no es digno de Mí. </em>Fácilmente se comprende lo que signifi­can estas condiciones: <em>Aborrecer sus parientes, renunciar lo que más se ama, negarse á sí mismo, llevar la cruz y seguir á Jesucristo. </em>No es menester grande ingenio para penetrar el sentido de estos orácu­los ; pero tampoco se necesita un ingenio peregrino para inferir de ellos que el número de los discípulos de Cristo debe ser muy limitado.</p>
<p> </p>
<p>Punto segundo. — Considera que la doctrina de Jesucristo es igualmente especulativa y práctica; enseña lo que se ha de creer y muestra cómo se debe vivir. La fe regla el entendimiento, y los pre­ceptos el corazón. Es preciso creer, pero es indispensable vivir como se cree.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>La señal </em>(dice Jesucristo) <em>por donde se conocerá que sois discípu­los míos, será si os amáis, unos á otros. </em>No es menos rara el día de hoy esta señal que la precedente; y, sino, pregunto: ¿es en estos tiempos la caridad una virtud muy común entre los cristianos? ¿Qué significan si no esas antipatías, esas aversiones, esas diferencias en­tre las familias? ¿Qué significan esas venganzas, esas enemistades que reinan en todos los pueblos? No se ve hoy en todos ellos sino pleitos, disensiones y discordias. Ni aun en el claustro encuentra ape­nas seguro asilo la caridad.</p>
<p> </p>
<p>La emulación, la envidia, el interés y la ambición siembran la discordia en todas partes. Cada cual se ama á sí mismo; pero ¿ama igualmente á sus hermanos? ¡Ah, que casi ya no se tiene por vicio la indiferencia ni aun la frialdad!</p>
<p> </p>
<p>¿Adonde se fueron aquellos dichosos días, aquellos felices tiempos en que los fieles no tenían más que un alma y un corazón?</p>
<p> </p>
<p>¿Será posible, Señor, que después de estos toques que me dais, des­pués de estas reflexiones con que me favorecéis, todavía no mude de conducta y no enmiende mi vida? Posible y muy posible sería; pero confío en vuestra piedad que, con vuestros poderosos auxilios, han de ser eficaces estas reflexiones, firmes mis resoluciones, y que desde este mismo punto comenzaré á ser vuestro verdadero discípulo, acreditándolo con la reforma general de mis costumbres.</p>
<p> </p>
<p>JACULATORIAS</p>
<p> </p>
<p>Padre mío, ya no soy digno de apellidarme hijo tuyo; tendréme por dichoso si me admites en el número de tus menores siervos.— <em>Luc, </em>15.</p>
<p> </p>
<p>Resuelto estoy, Señor, á ser vuestro humilde siervo: ilustrad mi entendimiento para conocer vuestra voluntad y para obedecerla.— <em>Ps. </em>118.                                 </p>
<p> </p>
<p align="center">PROPÓSITOS</p>
<p align="center"> </p>
<p>1.    Ser verdadero discípulo de Cristo, es guardar la ley, no tener apego á los bienes criados, llevar su cruz, vivir según sus máximas y seguirle. Por estas señales ¿conoces muchos discípulos del Salva­dor? ¿Te conoces por ellas á ti mismo? ¡A cuántos que llevan su li­brea los desconocerá algún día! Se explicó más de una vez sobre éste punto con la mayor claridad. Ninguno puede ser verdadero dis­cípulo suyo, si no se niega á sí mismo, si no sigue las máximas del Evangelio, si no lleva su cruz todos los días. Dime si te conoces á ti mismo en este retrató de los verdaderos discípulos de Cristo. ¿No te has avergonzado alguna vez del Evangelio? ¿No antepones muchas de las máximas del mundo á la de tu divino Maestro? ¿No te corres tal vez de manifestarte por discípulo suyo en presencia de todo el mundo? Mira de aquí adelante con horror esta indecente vergüenza. Acuérdate de que el mismo Cristo desconocerá también por discípu­los suyos delante de su Padre Celestial á los que no le conocieren á El por su Maestro delante de los hombres.</p>
<p> </p>
<p>2. Para arreglar toda tu conducta, consulta únicamente las máxi­mas de la religión, los ejemplos de los santos y el fervor de las al­mas virtuosas. Ten presente este motivo cuando aconsejes y cuando corrijas; en el examen de la noche no dejes de indagar siempre si pasaste el día como verdadero discípulo de Cristo, siendo éste el tí­tulo que más debes apreciar entre todos los de esta vida.</p>
<p style="text-align:center;"> </p>
<div id="attachment_127" class="wp-caption aligncenter" style="width: 307px"><img class="size-full wp-image-127" title="st-basil" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/08/st-basil.jpg?w=297&#038;h=400" alt="Icono de SAn basilio" width="297" height="400" /><p class="wp-caption-text">Icono de SAn basilio</p></div>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://reglasdevida.wordpress.com/2009/08/26/regla-de-san-basilio/">Fragmentos de la Regla</a></h2>
<p style="text-align:center;"><a href="http://www.basiliansisters.org/historyesp.htm"><strong>Basilian Sisters</strong></a></p>
<p style="text-align:center;"><a style="color:#105cb6;text-decoration:none;" href="http://oriente-cristiano.blogspot.com/2009/05/la-ensenanza-de-san-basilio-sobre-el.html"><span style="color:#666699;"><em><strong>Enseñanza de San Basilio sobre El Espiritu Santo</strong></em></span></a></p>
<p style="text-align:center;"> </p>
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		<title>San Bruno</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Aug 2009 06:18:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
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San Bruno, restaurador de la vida solitaria en el Occidente, gloria de su siglo, admiración del mundo cristiano y fundador de una de las más ilustres y más santas religiones de la Iglesia de Dios, nació en Colonia por los años de 1060. Era su familia de las más antiguas y de las más nobles [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=69&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
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<div id="attachment_70" class="wp-caption aligncenter" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-70" title="CERTOSINI BRUNO. hvezdy166" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/08/certosini-bruno-hvezdy166.jpg?w=250&#038;h=333" alt="San Bruno" width="250" height="333" /><p class="wp-caption-text">San Bruno</p></div>
<p><strong>San Bruno, restaurador de la vida solitaria en el Occidente, gloria de su siglo, admiración del mundo cristiano y fundador de una de las más ilustres y más santas religiones de la Iglesia de Dios, nació en Colonia por los años de 1060. Era su familia de las más antiguas y de las más nobles del país, y sus padres más distinguidos por su ejemplar virtud que por sus grandes riquezas y por el esplendor de su sangre. Merecióles Bruno su particular cariño por su bello natural, por su entendimiento claro, vivo y despejado, por una memoria feliz, por su gran docilidad y su virtud, junta con la tierna devoción que profesaba á la Santísima Virgen María.</strong></p>
<p><strong>Sobresalió mucho en las letras humanas, pero mucho más en la sagrada teología y en el estudio de los santos Padres; de manera que constantemente era reputado por uno de los más hábiles doctores de su tiempo. Enviáronle á Paris para que se perfeccionase en aquella Universidad;  graduóse en ella, y, aunque todavía muy joven, enseñó con aplauso la filosofía.</strong></p>
<p><strong>Extendida con admiración la fama de la santidad y de la sabiduría de Bruno, San Anón, arzobispo de Colonia, no quiso que su Iglesia estuviese privada por más tiempo de un sujeto que tanto la podía ilustrar. Llamóle y proveyó en él un canonicato de la iglesia de San Cuniberto de Colonia. Confirióle los  primeros órdenes sagrados; pero, creciendo cada día su reputación, luego que murió S. Anón le eligió la Iglesia de Reims por su magistral, y poco después fué nombrado cancelario y rector de las escuelas públicas.</strong></p>
<p><strong>Era San Bruno el ejemplo y la admiración de todo el clero; edificaba á toda la ciudad con la pureza de sus costumbres, cuando por vías simoniacas se introdujo Manasés en la Silla arzobispal de Reims, procurando  mantenerse en ella por todo género de violencias y de disoluciones. Pero, habiendo sido ignominiosamente arrojado de la Silla arzobispal el indigno prelado, después de excomulgado por el legado del Papa, convinieron todos en que fuese sucesor el santo magistral, que, noticioso de esto, se sobresaltó mucho. Escapóse secretamente y supo, esconderse tan bien, que fué preciso proceder á la elección de otro, la que recayó en Reynaldo de Bellay, tesorero de la santa iglesia de Tours.</strong></p>
<p><strong>Hallábase nuestro Santo en París cuando murió, recibidos todos los sacramentos, un famoso doctor de aquella Universidad, hombre, al parecer de todos, de una suma bondad, generalmente reputado por muy virtuoso; y, llevado á la iglesia para darle sepultura, cuando se le estaba cantando el Oficio de difuntos de cuerpo presente, al llegar á la cuarta lección, que comienza </strong><em><strong>Responde mihi,</strong></em><strong> el cadáver levantó la cabeza en el féretro, y con voz lastimosa exclamó:</strong><em><strong> Por justo juicio de Dios soy acusado;</strong></em><strong> dicho esto, volvió á reclinar la cabeza como antes.</strong></p>
<p><strong>Apoderóse de todos los asistentes un general terror, y se determinó dilatar para el día siguiente los funerales. Este día fué mucho mayor el concurso, volvióse á entonar el Oficio, y, al llegar á las mismas palabras, vuelve el cadáver á levantar la cabeza y exclamar con voz más esforzada y más lastimera : </strong><em><strong>Por justo juicio de Dios soy juzgado.</strong></em></p>
<p><strong>Duplicóse en todos los concurrentes el espanto, y se resolvió diferir la sepultura para el tercer día. En él fué inmenso el concurso; dióse principio al Oficio como los días precedentes, y cuando se cantaron las mismas palabras levanta el difunto la cabeza, y con voz verdaderamente horrible y espantosa exclamó: </strong><em><strong>No tengo necesidad de oraciones: por justo juicio de Dios soy condenado al fuego sempiterno.</strong></em><strong> Ya se deja discurrir la impresión que haría en los ánimos de todos un suceso tan funesto. Hallóse presente Bruno á este triste espectáculo, y se le grabó tan profundamente que, retirándose todo estremecido y todo horrorizado, determinó dejar cuanto tenía y enterrarse en algún horroroso desierto, para pasar en él toda la vida, entregado únicamente á ejercicios de rigor, de mortificación y de penitencia. Parecía necesario un suceso tan trágico para una resolución tan generosa. Estando en estos pensamientos, le entraron á ver seis amigos suyos; y, apenas tomaron asiento, cuando, con las lágrimas en los ojos, les dijo : </strong><em><strong>Amigos, ¿en qué pensamos? Condenóse un hombre que, á juicio de todos, hizo siempre una vida tan cristiana; pues ¿quién podrá fiarse ya con seguridad del testimonio que le dé su equivocada conciencia! </strong></em><strong>Movidos todos aquellos amigos, ya de lo que habían visto, ya de lo que le acababan de oír, protestaron que todos estaban en el mismo pensamiento y en la misma resolución, prontos todos á seguirle. Llamábanse éstos Laudino, que, después de San Bruno, fué el primer prior de la gran Cartuja; Esteban de Bourg y Esteban de Dié, ambos canónigos de San Rufo, en Valencia del Delfinado; un sacerdote, por nombre Hugo, y dos laicos, que se llamaban Andrés y Guerino. Comenzaron á discurrir sobre el desierto adónde se retirarían, y los dos canónigos de San Rufo dijeron que en su país había un santo Obispo, cuyo obispado tenía muchos bosques, muchos peñascos inaccesibles y muchos sitios inhabitables. Era este santo prelado San Hugo, obispo de Grenoble, célebre por su santidad, y uno de los, mayores prelados de su siglo Aplaudieron todos este parecer.</strong></p>
<p><strong>Hecha por San Bruno la dimisión de su prebenda y la renuncia de todo, tomó el camino del Delfinado con sus seis compañeros, y se echó á los pies del santo Obispo de Grenoble. Acordóse entonces San Hugo de un sueño que había tenido la noche antecedente, en que le pareció veía al mismo Dios que se estaba fabricando, á Sí propio un templo en un desierto de su obispado, que se llamaba la Cartuja, y que siete estrellas, elevadas de la Tierra en forma de círculo, iban delante del mismo Obispo como para mostrarle el camino. Mandólos sentar á todos, y, habiéndolos preguntado el asunto de su viaje, tomó la palabra San Bruno, y, después de referirle el prodigioso suceso de París, le suplicó fuese servido señalarlos algún desierto donde pasasen la vida haciendo penitencia y retirados de todo humano comercio. Luego que San Hugo entendió su relación, los refirió, los explicó y los aplicó la visión que habla tenido, no dudando que aquellos siete forasteros estaban significados en las siete estrellas misteriosas. Abrazólos con ternura, alabó sus generosos intentos, ofreciólos el desierto dé la Cartuja, y se le pintó de esta manera: Si, buscáis un sitio inaccesible á los hombres, no hallaréis otro que menos haya pisado humana planta; pero advertid que es una silenciosa soledad, cuya vista sola estremece y horroriza. Viendo que esta pintura, lejos de acobardarles, encendía más su fervor, añadió: Conozco claramente que Dios os destina para esta horrorosa soledad: el mismo Señor sabrá manténeros en ella. Detuvolos algunos días en su palacio para que se recobrasen de las fatigas del camino; y, después, el mismo Prelado los acompañó, hasta ponerlos en posesión del sitio que los señalaba. No contento concederlos todo el derecho que á él pertenecía, se ofreció á indemnizar al señor de las pretensiones que podía tener, aunque no fuese más que para el ejercicio de la caza, todo con el fin de que ninguna cosa pudiese turbar ni inquietar su soledad. Lo primero que hicieron Bruno y sus compañeros fué fabricar un oratorio ó capilla en honor de la Santísima Virgen, con unas celdillas á moderada distancia unas de otras, en un terreno que se extiende un poco entre tres grandes peñascos, á cuyo pie brota una pequeña fuente, que hoy se llama la fuente de San Bruno.</strong></p>
<p><strong>Tal fué la célebre época ó el nacimiento de la admirable religión de los cartujos (lema: </strong><em><strong>Stat Crux dum volvitur Orbis </strong></em><strong>y también: </strong><em><strong>Cartuja numquam reformata quia numquam deformata</strong></em><strong>), porción tan distinguida y tan estimada en el rebaño del Señor, seminario de santos, gloria de la religión, y uno de los baluartes más firmes del Cristianismo, de aquella venerable religión que puede contar tantos predestinados como individuos, y que después de casi setecientos años conserva el vigor y el espíritu de su primitivo instituto, sin haber aflojado ni sufrido nunca la más mínima relajación. Todos eligieron por superior suyo á San Bruno, y San Hugo le nombró por tal á pesar de su resistencia, siéndolo en la realidad por su raro mérito y por su eminente virtud. Era el más humilde, el más pobre, el irás mortificado, el más observante, y no padecía posible modelo más cabal de la vida monástica.</strong></p>
<p><strong>Pero cuando más contentos estaban aquellos santos solitarios, disfrutando el consuelo y la dulzura del gobierno de San Bruno, tomando su vida por modelo de la suya, se vieron muy á pique de perderle para siempre. Habíale conocido y tratado mucho en Reims el Papa Beato Urbano II, y, resuelto á valerse de su capacidad y sus consejos para el gobierno de la Iglesia, le expidió un breve mandándole pasase luego á Roma, cuando apenas había seis años que con su pequeña tropa estaba retirado en la Cartuja. Fué indecible la aflicción de todos sus hijos cuando se consideraron en la triste necesidad de separarse de su amado Padre, y no hallaron consuelo sino en la resolución que tomaron todos de seguirle y de acompañarle. Mantuviéronse firmes en ella, por más que hizo nuestro Santo para persuadirlos, empeñándoles su palabra, de que muy presto daría la vuelta. No los pudo reducir, respondiéndole todos que, como estuviesen en su compañía, siempre serían solitarios, y con efecto le siguieron.</strong></p>
<p><strong>Encargó San Bruno el cuidado de su ermita á Seguin, abad de Casa-Dios; y, recibida la bendición de San Hugo, partió á Roma con seis compañeros. Fué recibido del Papa con todos los testimonios y demostraciones de estimación y de afecto que se pueden imaginar. Detúvole cerca de su persona, y le hizo de su Consejo Eclesiástico, para consultarle en los negocios de conciencia y de religión. A sus compañeros se les dió una casa en la ciudad, donde procuraban vivir retirados; pero presto experimentaron que no hallaban aquella facilidad para la meditación, para el coro, para la oración y para el recogimiento que se habían prometido. Poca dificultad tuvo San Bruno en persuadirlos que se volviesen á su amada soledad. Nombró por prior en su lugar á Lauquino ; y recibida la bendición del Papa, con un breve dirigido á San Hugo para que los volviese á poner en posesión de su desierto, se restituyeron á la Cartuja.</strong></p>
<p><strong>Pero, luego que volvieron á los ejercicios de su primitivo fervor, faltó poco para que del todo los perdiese una violenta tentación. Sobresaltado el demonio á vista de aquellos primeros principios, los metió en la cabeza que era tentar á Dios empeñarse en una vida tan rigurosa y tan superior á las fuerzas de la naturaleza. Conferenciando un día sobre este punto, se les apareció un venerable anciano, y les dijo que no tenían razón para desconfiar de la asistencia del Cielo, y que la Santísima Virgen los tomaría á todos debajo de su especial protección, con tal que todos fuesen muy exactos en rezar cada día las siete horas canónicas de su Oficio parvo. Dicho esto, desapareció el santo viejo, que todos conocieron era el apóstol San Pedro; y consagrándose todos á la santísima Madre de Dios, pusieron toda la Orden debajo de su protección, renovaron el propósito de no abandonar el desierto, de no admitir la más mínima moderación en la severidad de su instituto, y al instante se disipó aquella tentación. De aquí tuvo principio la ley de los cartujos de rezar todos los días cada uno en particular el Oficio parvo de la Virgen.</strong></p>
<p><strong>Mientras tanto, no pudiendo San Bruno tener licencia del Papa para volverse á la dulce compañía de sus queridos hijos, los instruía y los esforzaba continuamente por medio de sus cartas. Pero haciendosele cada día más dura y más tediosa la estancia en la corte de Roma, y suspirando incesantemente por su amada soledad, hubiera en fin conseguido á fuerza de reiteradas instancias el permiso que solicitaba, si á este tiempo no hubiesen llegado á Roma los diputados de Reggio en Calabria, con la pretensión de que se les diese á Bruno por Arzobispo. Gozosísimo el Papa de ilustrar la Iglesia de Dios con tal Prelado, se le concedió al instante; pero Bruno le importunó tanto con sus ruegos y con sus lágrimas, que al cabo cedió Su Santidad, y le dió licencia para que se volviese á su desierto. No obstante este permiso, y el habérsele admitido la renuncia del arzobispado, entró en nuevas dudas sobre si le convendría ó no le convendría retirarse á su antigua soledad. Estaba el Papa para partir á Francia, y recelaba que, hallándose en el reino la corte pontificia, le empeñasen en nuevas ocupaciones y negocios; por lo que, teniendo noticia de que había en el centro de la Calabria un desierto aun mucho más horroroso que el de la Cartuja, resolvió no pensar ya más en ésta, y desterrarse para siempre de su país. Retiróse, pues, con algunos discípulos que había juntado en Roma al desierto de la Torre, en el obispado de Squilache, donde se entregó totalmente á la contemplación y á los ejercicios de la más rigurosa penitencia.</strong></p>
<p><strong>Cuanto más cuidado ponía San Bruno en ocultarse, más se complacía la divina Providencia en darle á conocer al mundo. Saliendo un día á cazar en el bosque de Squilache Rogerio; conde de Sicilia y de Calabria, quedó extraña, pero gustosamente sorprendido, viendo capilla, celdas y solitarios en aquel desierto. Trabó conversación con San Bruno, y, habiéndose informado de su manera de vida, quedó tan prendado y formó tan alto, concepto de la virtud y del extraordinario mérito de nuestro Santo, que, en señal de lo mucho que le veneraba, hizo dar mayor extensión á su ermita; asignóle una posesión que estaba cercana á ella, junto con el monasterio de San Juan, todo para su sustento, y mandó edificar una iglesia, que San Bruno dedicó á la Santísima Virgen, su tierna y favorecida devoción.</strong></p>
<p><strong>Tenía San Bruno muy presentes á sus primeros discípulos de la Cartuja, y así les envió ciertas constituciones, para que en todas partes fuese uniforme la vida de los cartujos. Con este mismo fin hizo un viaje á Calabria Lauduino, á quien el Santo había nombrado por prior en su lugar, para conferenciar con él extensamente. Pero no bien se habla puesto en camino para restituirse á Francia, cuando cayó enfermo San Bruno con cierto y claro conocimiento de que aquella enfermedad le había de llevar á la sepultura. Entonces todo creció visiblemente en él; su fervor, su devoción, su celo y hasta su misma penitencia. El domingo siguiente, 6 de Octubre, recibidos todos los sacramentos, armado con su cilicio, y un devoto crucifijo arrimado á los labios, entregó apaciblemente su espíritu en manos de su Dios el año de 1101, aun no cumplidos los cincuenta de su edad, al décimocuarto de la fundación de la Cartuja en el Delfinado, y al quinto después de su retiro á la Calabria.</strong></p>
<p><strong> Fué honoríficamente enterrado su cuerpo en la iglesia de Nuestra Señora, que también se llamaba de San Esteban, y se le dió sepultura detrás del altar mayor, haciéndola gloriosa el Señor con mucho número de milagros. Fué el primero de todos una milagrosas fuente que el mismo día de su entierro brotó junto á su sepultura, cuyas aguas fueron saludables para todo género de enfermedades. Comunicado á sus hijos el espíritu de retiro, de soledad, de silencio y de humildad que resplandeció en el santo Patriarca., se contentaron por largo tiempo con invocarle en particular, sin hacer fiesta pública á su ilustre fundador, hasta que, en el año de 1514, el papa León X mandó que se solemnizase públicamente el día 6 de Octubre. Entonces elevaron el santo cuerpo los cartujos de la Calabria para exponerle á la pública veneración. Colocáronle después debajo del altar mayor; aunque, para satisfacer la devoción de los pueblos, separaron su santa cabeza, y la engastaron en un preciosísimo relicario, enviando á la gran Cartuja la mandíbula inferior con los dientes. También se repartieron varias reliquias á las Cartujas de Colonia, de Nápoles, de París, de Friburg, de Brisgau, de Bolonia, y á algunas otras. El papa Gregorio XV mandó insertar su oficio en el Breviario Romano, y Clemente X ordenó que se celebrase con rito doble.</strong></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#993300;">P. Juan Croisset, S.J.</span></p>
<h2 style="text-align:center;"><a href="http://www.chartreux.org/"><strong>chartreux</strong></a></h2>
<p style="text-align:center;"><strong><a href="http://cartusialover.wordpress.com">Cartusia Lover</a></strong></p>
<p style="text-align:right;">
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		<title>Evagrio, el Monje</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2009 07:36:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pequeñas Biografias]]></category>
		<category><![CDATA[anacoretas]]></category>
		<category><![CDATA[ermitaños]]></category>
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		<category><![CDATA[evagrio el monje]]></category>
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		<description><![CDATA[  
 

Evagrio, este hombre sabio e insigne que floreció alrededor del año 380, fue promovido poel gran Basilio a la dignidad de lector y, por el hermano de éste, Gregorio de Nisa, fue ordenado diácono. Fue instruido en las Sagradas Palabras por Gregorio el Teólogo: por éste fue incluso nombrado archidiácono, cuando le fuera encargada la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=62&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><h2 style="font-family:'Lucida Grande', 'Lucida Sans Unicode', Helvetica, Arial, sans-serif;color:#222222;font-size:18px;font-weight:bold;text-align:center;">  </p>
<p> </p>
<p><div id="attachment_63" class="wp-caption aligncenter" style="width: 237px"><img class="size-full wp-image-63" title="s_evagrio" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/08/s_evagrio.jpg?w=227&#038;h=300" alt="Evagrio Póntico" width="227" height="300" /><p class="wp-caption-text">Evagrio Póntico</p></div></h2>
<h4><span style="font-weight:normal;"><span style="color:#ffffff;">E<span style="color:#999999;">v</span></span></span><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">agrio, este hombre sabio e insigne que floreció alrededor del año 380, fue promovido poel gran Basilio a la dignidad de lector y, por el hermano de éste, Gregorio de Nisa, fue ordenado diácono. Fue instruido en las Sagradas Palabras por Gregorio el Teólogo: por éste fue incluso nombrado archidiácono, cuando le fuera encargada la iglesia de Constantinopla, según Icéforo Calisto, libro 11, capítulo 42. A continuación, abandonadas las cosas del mundo, abrazó la vida monástica.<br />
</span> </span></h4>
<h4><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">Siendo realmente sutil al entender y habilísimo en exponer lo que entendía, Evagrio ha dejado muchos y variados escritos. De entre los mismos, han sido elegidos para este libro, el presente discurso a los hesicastas y sus capítulos sobre el discernimiento de las pasiones y de los pensamientos, en cuanto que son textos muy oportunos y de gran aplicación.<br />
</span> </span></h4>
<h4><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">Las noticias a propósito de Evagrio nos fueron proporcionadas especialmente por Paladio en la Historia lausíaca (texto griego e italiano en la edición, a cargo de Ch. Mohrmann y C. J. Bartelink, Fundación L. Valla, A. Mondadori 1974). Su nacimiento se sitúa alrededor del año 345 en Íbora en el Ponto. Tal como nos lo dice Nicodemo, fue promovido a lector y luego a diácono.<br />
</span> </span></h4>
<h4><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">Bastante tentado por la vida mundana, en momento de serio peligro para su castidad, mientras se encontraba en Constantinopla, a continuación de un sueño premonitorio, partió para Jerusalén. Allí vivió por un breve período en la casa de Melania la Anciana, ilustre dama romana, quien había convocado a su alrededor, en el Monte de los Olivos una comunidad monástica. Durante su estancia allí, muchas dudas asaltaron a Evagrio, con respecto a su decisión de abandonar el mundo pero, apoyado por Melania y tomando como una nueva señal divina una enfermedad que lo aquejara, partió hacia Egipto poco después. Se estableció primeramente y por dos años, en el desierto de Nitria y luego en las Celdas, donde vivió hasta su muerte que sobrevino aproximadamente en el año 399.<br />
</span> </span></h4>
<h4><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">Profundamente convencido respecto del valor de la austera vida monástica en el desierto, Evagrio la conoció &#8211; y la vivió &#8211; acudiendo a las fuentes, manteniéndose en frecuente contacto con Macario el Grande, iniciador de la vida monástica en el desierto de Scete, conociendo también al otro Padre Macario. El ambiente en el cual Evagrio vivió hasta su muerte su vida monástica contrastó, por cierto, con la estructura intelectual de la cual estaba dotado y con su gran cultura. No por ello dejó de sentir una profunda admiración por la sabiduría práctica de esos santos ancianos, frecuentemente provenientes de familias campesinas pobres. Y más aún: además de vivir esta vida del desierto, llegó a ser un teórico de la misma.<br />
</span> </span></h4>
<h4><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">Seguidor de Orígenes, terminó, lamentablemente por extremizar justamente las teorías más discutibles de su maestro. Esto echó una sombra sobre su figura, a tal punto, que muchos de sus escritos nos fueron transmitidos al amparo de algún gran nombre de ortodoxia más afirmada. El nombre de Evagrio fue envuelto en la condena del origenismo y, por lo tanto, condenado por el Concilio de Constantinopla III (680-681), por el Concilio Niceno II (787) y por el Concilio de Constantinopla IV (869-870).<br />
</span> </span></h4>
<h4><span style="color:#ffffff;"><span style="color:#999999;">De Evagrio se puede encontrar traducido al francés el Tratado sobre la plegaría en Y. Hausherr, Les leçons d&#8217;un contemplatif : le traité de l&#8217;oraíson d&#8217;Evagre le Pontique, Paris, Beauchesne, 1960, y el Tratado práctico en la colección Sources Chrétíennes 170-171. Tanto el Tratado sobre la plegaria como el Tratado práctico, se pueden encontrar traducidos también al inglés, reunidos en un único volumen, en las ediciones Cistercians Publications, Massachusetts, Spencer, 1970.<br />
</span> </span></h4>
<h2 style="text-align:left;font-size:18px;font-weight:bold;"><span style="color:#999999;">Obras</span></h2>
<ol>
<li style="padding:0;"><span style="color:#999999;">A Propósito Del Discernimiento De Las Pasiones Y de los pensamientos</span></li>
<li style="padding:0;"><span style="color:#999999;">Los Sueños</span></li>
<li style="padding:0;"><span style="color:#999999;">El Demonio de la Tristeza</span></li>
<li style="padding:0;"><span style="color:#999999;">La Vanagloria</span></li>
<li style="padding:0;"><span style="color:#999999;">Evágrio Pôntico &#8211; Ditos Espirituais dos Padres do Deserto</span></li>
<li style="text-align:left;padding:0;"><span style="color:#999999;">Discurso Sobre La Oración</span></li>
</ol>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#ffffff;">Texto e imagen extraídos de:</span></p>
<h2 style="text-align:center;"><strong><a href="http://www.ecclesia.com.br">ecclesia</a></strong></h2>
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		<title>Beato Charles de Foucauld</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Aug 2009 11:18:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hesiquia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vidas de santos]]></category>
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		<description><![CDATA[ 
 
 
 
Beato Charles de Foucauld
Soldado, geógrafo, Trapense, lingüista, Ermitaño, sacerdote diocesano
(1858 Estrasburgo – 1916 Hoggar)
 
Un joven entra en un confesionario de la iglesia de San Agustín, en París, se inclina ante el sacerdote y dice: «Señor párroco, no tengo fe; vengo a pedirle que me instruya». El sacerdote lo examina con la mirada« «Póngase de rodillas, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=misticavita.wordpress.com&blog=8741797&post=42&subd=misticavita&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p align="center"> </p>
<p align="center"> </p>
<div id="attachment_59" class="wp-caption aligncenter" style="width: 293px"><img class="size-full wp-image-59" title="Foucauld0830pereblanc" src="http://misticavita.files.wordpress.com/2009/08/foucauld0830pereblanc.gif?w=283&#038;h=737" alt="Monje eremita y misionero" width="283" height="737" /><p class="wp-caption-text">Monje eremita y misionero</p></div>
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<p align="center"><strong>Beato Charles de Foucauld</strong></p>
<p align="center"><em>Soldado, geógrafo, Trapense, lingüista, Ermitaño, sacerdote diocesano</em></p>
<pre style="text-align:center;">(1858 Estrasburgo – 1916 Hoggar)</pre>
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<p>Un joven entra en un confesionario de la iglesia de San Agustín, en París, se inclina ante el sacerdote y dice: «Señor párroco, no tengo fe; vengo a pedirle que me instruya». El sacerdote lo examina con la mirada« «Póngase de rodillas, confiésese con Dios y creerá. –Pero, no he venido para eso« –¡Confiésese!». El que quería creer, siente en ese momento que el perdón es la condición para alcanzar la luz. Arrodillado, confiesa toda su vida. Una vez el penitente ha recibido la absolución de sus pecados, el párroco prosigue: «¿Está usted en ayunas? –Sí. –¡Vaya a comulgar!». El joven se acerca inmediatamente a la santa mesa; era su «segunda primera Comunión»« El hecho acontece a finales de octubre de 1886. Ese sacerdote, famoso por su habilidad a la hora de dirigir almas, es el párroco Huvelin, y ese joven de 28 años se llama Charles de Foucauld.</p>
<p>Nacido el 15 de septiembre de 1858 en Estrasburgo, en el seno de una familia muy cristiana, Carlos pierde a su madre y a su padre el mismo año, en 1864. Se hace cargo de él, y también de su única hermana, María, su abuelo el señor Morlet, coronel retirado. Carlos es afectuoso, ardiente y estudioso, convirtiéndose en el objeto de los mimos del abuelo, para quien los arrebatos del muchacho merecen una indulgencia secreta y pasan por ser una señal de su temperamento. El señor Morlet y los niños se establecen en Nancy en 1872.  A partir de entonces, Carlos adquiere la costumbre de mezclar sus estudios con multitud de lecturas elegidas sin discernimiento. El resultado es que, al final de sus años de escolaridad, ha perdido la fe, «y no era el único mal, confiará más tarde« Dejamos que los niños entren en el mundo sin darles las armas indispensables para combatir a los enemigos que encuentran en ellos y fuera de ellos, y que les aguardan en tropel. Los filósofos cristianos han resuelto, desde hace mucho tiempo y con gran claridad, infinidad de cuestiones que cada joven se plantea febrilmente sin sospechar que la respuesta existe, luminosa y límpida, a dos pasos de él». Él mismo insistirá en que sus sobrinos sean educados por maestros cristianos: «Nunca tuve un maestro malo, pero la juventud necesita ser instruida no por neutros, sino por almas creyentes y santas, y además por personas que sean capaces de dar razón de sus creencias y de inspirar en los jóvenes una firme confianza en la verdad de la fe«».</p>
<p><strong><em>Todo impiedad, todo deseo del mal </em></strong></p>
<p>Con el título ya de bachillerato, curioso de todo, decidido a disfrutar aunque triste, Carlos se va a París para preparar el ingreso en la academia militar de Saint-Cyr. Él mismo dirá que era todo egoísmo, todo vanidad, todo impiedad, todo deseo del mal« Es tal su pereza que, en el transcurso del segundo año, es expulsado« Sin embargo, es admitido en la academia en 1876, uno de los últimos de la promoción. En 1878, pasa a la academia de caballería de Saumur, donde vive, según testimonio de un amigo, «una existencia de dulce filósofo epicúreo»; Carlos vive a todo tren, se viste con extrema afectación y organiza fiesta tras fiesta. Su tío se alarma y lo dota de tutela judicial, lo que encoleriza en extremo al sobrino. En 1880, el subteniente Foucauld parte con su regimiento hacia Argelia. Una joven se reúne allí con él, presentándose como su esposa legítima, pero cuando sus superiores se percatan de la verdad, le instan a que envíe a su compañera a Francia. Ante la negativa absoluta de Carlos, la sanción no se hace esperar: es declarado en situación de disponible por indisciplina y mala conducta. Se produce entonces en Argelia la insurrección del caudillo musulmán Bu&#8217;Amama, y Foucauld no puede hacerse a la idea de que sus camaradas vayan a combatir, acariciando el honor y exponiéndose al peligro, sin él. Se le concede entonces permiso para incorporarse al regimiento. «En medio de los peligros y privaciones de las columnas expedicionarias –dirá uno de sus amigos, el general Laperrine– demostró ser un soldado y un jefe«».</p>
<p>Tiene veinticuatro años y es seducido por el silencio habitual de los países del norte de África, por el espacio, lo imprevisto y lo primitivo de la vida, el misterio de sus habitantes« Presenta su dimisión del ejército y se lanza a una expedición de lo más difícil: explorar Marruecos, un país entonces muy cerrado, sobre todo a los cristianos. Acompañado de un rabino judío nacido en ese país, Carlos, que se hace pasar también por rabino, atraviesa la frontera en junio de 1883, recorriendo Marruecos durante once meses. Varios instrumentos de medida, que disimula entre los pliegues de la ropa, le permiten, aun a riesgo de ser sorprendido, realizar observaciones y tomar notas sobre ese país todavía desconocido. En mayo de 1884, regresa a Francia cargado de datos científicos que recoge en su <em>Reconnaissance au Maroc</em>, libro que le vale enseguida la estima del mundo científico.</p>
<p>Su familia lo acoge con alegría y afecto. Aunque conocen sus excesos y su estado de ánimo, no le hacen ningún reproche, sino que, antes al contrario, lo felicitan por el éxito de su aventura y lo ponen en contacto con la sociedad más selecta en cualidades espirituales y convicciones cristianas. Carlos ha quedado impresionado por lo que ha visto en el norte de África, y en especial por esa continua invocación a Dios. Todo el aparato religioso de la vida musulmana le mueve a reflexionar: «¡Y yo que no tengo religión!». Piensa incluso en hacerse musulmán, pero al primer examen se percata de que la religión de Mahoma no puede ser la verdadera, «ya que es demasiado material». A pesar de la agradable vida que lleva, su tristeza no hace más que aumentar. En sus horas libres, abre los libros de los filósofos paganos, pero sus respuestas le parecen pobres«</p>
<p><strong><em>Nadie se lo ha podido arrebatar</em></strong></p>
<p>Y he aquí que, providencialmente, una tarde de 1886, Carlos se topa con el párroco Huvelin, en casa de su tía Moytessier. La ternura de ese hombre de Dios por los pecadores conmueve a los más indiferentes; él piensa, por ellos, en la hora definitiva en que serán juzgados y condenados para siempre. Aquella tarde, el intercambio de ideas entre ambos resulta banal, pero la Providencia convierte aquello en la causa inmediata de la confesión que operará un cambio total en la vida de Foucauld. En noviembre de 1888, Carlos embarca hacia Tierra Santa, recorriéndola durante cuatro meses. Le seduce sobre todo Nazaret; le inspira un amor que no se apagará con la vida oculta, la obediencia y la humilde condición voluntariamente elegida. Pues piensa en quien vivió allí treinta años, y de quien el párroco Huvelin decía: «Hasta tal punto Nuestro Señor ocupó el último lugar, que nunca nadie se lo ha podido arrebatar». Tras su regreso, tres retiros espirituales le ayudan a discernir su vocación: Dios lo llama a ser monje trapense. A finales de 1889, abandona sus bienes y parte a la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves, en Ardèche. El 26 de enero de 1890, el padre abad le entrega el hábito, recibiendo el nombre de fray Alberico.</p>
<p>Sus treinta y dos años se adaptan sin esfuerzo al régimen del monasterio; lo único que resulta difícil a su naturaleza orgullosa es la obediencia. En sus combates, le sostiene su intención inicial: «Quería entrar en la vida religiosa para acompañar a Nuestro Señor en sus penas« Jesús me toma de la mano, introduciéndome en su paz y alejando la tristeza en cuanto pretende aproximarse». El 27 de junio de 1890, fray Alberico ve realizado un proyecto del que había hablado al abad nada más llegar: ser destinado a un monasterio muy pobre situado en Siria, la Trapa de Akbés, a fin de poder vivir en el anonimato, todavía más pobre, y de encontrarse próximo a Tierra Santa, donde trabajó y sufrió el Hijo de Dios. En ese lugar, los religiosos viven en medio de una población formada por kurdos, sirios, turcos y armenios, que se convertirían –escribe– en «un pueblo valiente, laborioso y honrado, si fuera instruido, gobernado y sobre todo convertido« Nos corresponde a nosotros labrar el porvenir de esos pueblos. El porvenir, el único porvenir, es la vida eterna, y esta vida no es más que una corta prueba que prepara para la otra« La predicación en los países musulmanes es difícil, pero los misioneros de tantos siglos pasados supieron vencer otras muchas dificultades« Seamos ejemplo de una vida perfecta, de una vida superior y divina».</p>
<p>En 1892, unos meses después de haber pronunciado los votos, fray Alberico recibe la orden de iniciar estudios teológicos para convertirse en sacerdote. A pesar de la «extrema repugnancia» que siente hacia todo lo que le aleje del último lugar que ha venido a buscar, se pone manos a la obra. Al mismo tiempo, expone al padre abad general la persistente atracción que siente por un género de vida todavía más humilde, fuera de la orden cisterciense. El padre abad le manda llamar a Roma para que curse dos años de estudios. Obediente, fray Alberico llega en octubre de 1896. No obstante, el abad general le concede la facultad de abandonar la Trapa, a partir del mes de enero, y de seguir la llamada de Dios.</p>
<p><strong><em>«Gozo hasta el infinito» </em></strong></p>
<p>Fray Carlos de Jesús –es el nombre que adoptará en adelante– regresa entonces a Nazaret. Las religiosas clarisas lo admiten como criado: «Gozo hasta el infinito de ser pobre, vestido de obrero, en esa baja condición que fue la de Jesús«». Son muchas las horas que pasa en adoración ante el Santísimo Sacramento. Un día, deja escapar de su corazón estas notas de agradecimiento: «Dios mío, todos debemos cantar tus misericordias, todos nosotros que hemos sido creados para la gloria eterna y redimidos por la sangre de Jesús, por tu sangre, Señor y Jesús mío, que estás junto a mí en este sagrario; pero, si todos debemos hacerlo, ¡yo mucho más!, yo que desde la infancia he estado rodeado de muchos favores, que soy hijo de una santa madre, que aprendí de ella a conocerte, a amarte y a rezarte en cuanto pude entender una palabra. Y los catecismos, las primeras confesiones« aquellos ejemplos de fervor recibidos en el seno de mi familia« y, tras una larga y completa preparación, aquella primera Comunión«».</p>
<p>«Y cuando, a pesar de tantos favores, empezaba a separarme de ti, con cuánta dulzura me llamabas a ti por mediación de la voz de mi abuelo, con cuánta misericordia me impedías caer en los últimos excesos conservando en mi corazón mi ternura hacia él« Pero, a pesar de todo ello, por desgracia yo me alejaba, me alejaba cada vez más de ti, de ti Señor mío y vida mía« y por eso mi vida empezaba a ser una muerte, o más bien era ya una muerte a tus ojos« Y en aquel estado de muerte, aún me conservabas: había desaparecido toda fe, pero el respeto y la estima por la religión habían permanecido intactos«».</p>
<p>«Y por la fuerza de las cosas, me obligaste a ser casto, y enseguida, al devolverme a finales del invierno de 1886 al seno de la familia, en París, la castidad se convirtió para mí en algo dulce y en una necesidad del corazón. Fuiste tú quien lo hizo, Dios mío, sólo tú; porque yo, por desgracia, no estaba para nada. Esto era necesario para preparar mi alma a la Verdad, porque el demonio es demasiado dueño de un alma que no es casta para dejar que entre la Verdad« Y tú, Dios mío, no podías entrar en un alma donde el demonio de las pasiones inmundas reinaba como amo y señor« Dios mío, ¿cómo podría cantar tus misericordias?«».</p>
<p>«Te secundaba una hermosa alma, pero con su silencio, su dulzura y su perfección; ella se dejaba ver, era buena y esparcía su atractivo perfume, pero no actuaba. Y tú, Jesús mío, mi Salvador, hacías de todo por dentro y por fuera. Entonces me concediste cuatro gracias. La primera consistió en inspirarme este pensamiento: puesto que esa alma es tan inteligente, la Religión en la que tan firmemente cree no podría ser una locura, como creo yo. La segunda consistió en inspirarme este otro pensamiento: puesto que la Religión no es una locura, quizás la Verdad que no está en la tierra en ninguna otra religión, ni en ningún sistema filosófico, se encuentre allí. La tercera consistió en decirme: estudiemos pues esta Religión, tomemos un profesor de religión católica, un sacerdote instruido, y veamos qué ocurre. La cuarta consistió en la gracia incomparable de dirigirme al párroco Huvelin« Y desde entonces, Dios mío, todo ha sido un encadenamiento de gracias« Una marea ascendente, ¡siempre ascendente!».</p>
<p><strong><em>Una Misa más, cada día </em></strong></p>
<p>La reputación de santidad de fray Carlos se propaga sin él saberlo. La abadesa de las clarisas de Jesusalén le exhorta a prepararse para el sacerdocio. Para vencer sus resistencias, le hace observar que, en el caso de que aceptara, habría cada día en el mundo una Misa más en la tierra. Si ha recibido dones, ¿acaso son para él solo? Este argumento le hace vacilar; una respuesta del párroco Huvelin hace el resto. Fray Carlos regresa entonces a Francia, a Nuestra Señora de las Nieves, donde se prepara para la ordenación, que tiene lugar el 9 de junio de 1900. ¿Qué hará en adelante? Con la aquiescencia del obispo de Viviers y del párroco Huvelin, irá a llevar el Evangelio a los pueblos del Sahara, que se encuentran entre los más abandonados«</p>
<p>La vida del padre Carlos de Jesús se desarrolla a partir de entonces en el desierto: primero en Beni-Abbès, en el sur de Orán, y luego en Tamanrasset, en el macizo del Hoggar, a 1.500 kilómetros al sur de Argel. Es perfectamente consciente de ser el primer sacerdote de la historia en residir y celebrar la santa Misa en aquellos lugares. Su objetivo es abrir el corazón de los musulmanes –árabes y también tuaregs–, facilitándoles el contacto con la civilización cristiana y con un sacerdote, a fin de permitir, más tarde, su evangelización con misioneros en el pleno sentido del término. Con esas gentes ejercita una caridad generosa y desinteresada, hablándoles de Dios y enseñándoles los preceptos de la religión natural.</p>
<p>Se ha dicho que el padre Foucauld no predicaba de ningún modo la fe y que se limitaba a una presencia muda en medio de los musulmanes. Ya el general Laperrine se irritaba por ello, según anotó en su diario: «¿Y sus conversaciones? ¿Y su ropa?». Cuando alguien se presenta ante la puerta de la ermita, fray Carlos aparece, con la mirada llena de serenidad y la mano tendida, envuelto en una gandura blanca, en la cual hay cosido un corazón rojo coronado por una cruz. Esa imagen del Sagrado Corazón proclama la fe de ese hombre blanco, y toda su vida pone de manifiesto el Evangelio. Los indígenas no se equivocan. En un informe dirigido al prefecto apostólico del Sahara, fray Carlos anota: «Para los esclavos (la esclavitud era práctica corriente en el desierto), dispongo de una pequeña habitación donde los reúno«; poco a poco, les enseño a rezar a Jesús« Los viajeros pobres encuentran también en la  Fraternidad un humilde albergue y una pobre colación, con una buena acogida y algunas frases para conducirlos al bien y a Jesús«». A un amigo le escribe: «Me aflige ver a los niños vagabundeando, sin ocupación, sin instrucción, sin educación religiosa« Unas pocas hermanas de la caridad conseguirían, en poco tiempo y con la ayuda de Dios, que todo este país se entregara a Jesús».</p>
<p><strong><em>Una receta contra la tristeza </em></strong></p>
<p>Hace ya mucho tiempo que sueña con reunir una comunidad a su alrededor: los «Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús», misioneros que harían conocer y amar a Jesús mediante una vida de oración, de caridad y de pobreza, en medio de esos pueblos inmensos que no conocen al único Salvador. Sin embargo, escribe: «En este momento tengo una gran paz, que durará lo que Jesús quiera. Tengo el Santísimo Sacramento, el amor de Jesús; otros tienen la tierra, y yo a Dios« Cuando estoy triste, tengo una receta: rezo los misterios gloriosos del rosario, y me digo que importa bien poco, después de todo, que yo sea miserable y que no llegue el bien que deseo. Porque todo ello no impide que el Bienamado Jesús –que desea el bien mil veces más que yo– sea bienaventurado, eterna e infinitamente bienaventurado!«».</p>
<p>Cuando estalla en Europa la guerra de 1914-18, el padre lleva ya nueve años establecido en el Hoggar. De las seis tribus tuaregs entre las cuales vive, tres se han sometido a Francia y le son fieles, pero las demás aprovechan el conflicto europeo para insuflarles el espíritu de revuelta. Son conscientes de la influencia preponderante que tiene el ermitaño sobre los Tuaregs-Hoggar: «El gran interés de Tamanrasset, escribe en enero de 1914 un médico francés, es la presencia del padre Foucauld. Ha conseguido, mediante su bondad, santidad y sabiduría, una gran celebridad entre la población». Así, el padre se convierte en el objetivo de los rebeldes, que organizan un golpe de mano. El 1 de diciembre de 1916, se acercan sin hacer ruido al fortín donde éste reside y llaman a la puerta, que el eremita entreabre sin recelo, capturándolo y maniatándolo. Consciente de lo que ocurre, se prepara para la muerte. ¡Por fin ha llegado el momento tan deseado de reunirse con el Bienamado! «Soportemos todos los insultos –había escrito–, los golpes, las heridas, la muerte, rezando por quienes nos odian« a imitación de Jesús, sin otro fin ni utilidad que declararle que le amamos».</p>
<p>Sorprendidos por dos soldados fieles a Francia, los conjurados enloquecen. Quien se encarga de custodiar al padre le dispara a bocajarro en la cabeza. El padre Carlos de Foucauld se desliza lentamente a lo largo de la pared y se desploma: está muerto« víctima de su celo de amor por esos pueblos en los que la luz de la fe nunca había brillado. Ha dedicado su vida a darles a conocer el verdadero Dios encarnado en Jesucristo, a hacerles experimentar la misericordia de la que él mismo se ha beneficiado de forma tan manifiesta y de la que ha querido, por gratitud, erigirse en heraldo. Hasta el 21 de diciembre, el capitán de La Roche, que manda el sector del Hoggar, no puede entrar en Tamanrasset. En la tumba del padre, planta una cruz de madera. Después, al penetrar en la ermita fortificada que los bandidos han saqueado, encuentra el rosario del padre, un vía crucis que había dibujado con esmero con pluma en unas tablillas, una cruz de madera con una hermosísima imagen de Cristo«</p>
<p><strong><em>Una custodia en la arena </em></strong></p>
<p>Al remover el suelo con el pie, el joven oficial descubre en la arena una pequeña custodia donde permanece todavía encerrada una sagrada forma. La recoge con respeto, la limpia y la envuelve en un paño. Cuando llega el momento de dejar Tamanrasset, la coloca delante de él, en la silla del dromedario, recorriendo de ese modo los 50 kilómetros que separan Tamanrasset de Fort-Motylinski. ¡Es la primera procesión del Santísimo Sacramento que se realiza en el Sahara! El capitán de La Roche recuerda una conversación que había mantenido con el padre Foucauld: «Si le ocurriera alguna desgracia –preguntaba–, ¿qué habría que hacer con el Santísimo Sacramento? –Hay dos soluciones: realizar un acto de contrición perfecto y comulgar usted mismo, o bien enviar la sagrada forma por correo a los Padres Blancos». No puede resignarse a la segunda solución; así pues, tras llamar a un suboficial, antiguo seminarista y cristiano ferviente, el capitán se pone unos guantes blancos que nunca antes ha usado para abrir la custodia. Ahí esta la sagrada forma, tal como el sacerdote la había consagrado y adorado. Ambos jóvenes se preguntan quién de los dos va a recibirla. Finalmente, el suboficial se arrodilla y comulga.</p>
<p>En Beni-Abbès, Carlos había establecido un régimen de vida donde la oración ocupaba el primer lugar: santa Misa y acción de gracias, breviario, vía crucis, rosario« Pero la adoración de la Santísima Eucaristía superaba todo lo demás, ya que le dedicaba tres horas y media cada día, repartidas en tres momentos de silencio. En su diario puede leerse: «Mayo de 1903. Hoy se cumplen treinta años de mi primera comunión, de la primera vez que recibí a Nuestro Señor« Y ahora llevo a Jesús en mis miserables manos. ¡Ponerse Él en mis manos! Y ahora, noche y día, disfruto del santo sagrario y poseo a Jesús, por así decirlo, para mí solo. Y ahora consagro cada mañana la Sagrada Eucaristía, y cada noche doy con ella la bendición».</p>
<p>Mediante su ardiente amor hacia Jesús en el sagrario, fray Carlos se adelantaba a la llamada que, un siglo más tarde, el siervo de Dios Juan Pablo II lanzaba a toda la Iglesia: «Queridos hermanos y hermanas« Aquí está el tesoro de la Iglesia« En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos su resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre. Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia? En el humilde signo del pan y el vino, transformados en su cuerpo y en su sangre, Cristo camina con nosotros como nuestra fuerza y nuestro viático y nos convierte en testigos de esperanza para todos» (<em>Ecclesia de Eucharistia</em>, 17 de abril de 2003, 59, 60, 62).</p>
<p>Carlos de Foucauld, que fue beatificado en Roma el 13 de noviembre de 2005 amó la Eucaristía como si viera en ella, con sus propios ojos, a Cristo presente. Pidámosle que encienda en nuestras almas un amor cada vez más ardiente hacia Él, que quiere permanecer entre nosotros para ser nuestro confidente, nuestro apoyo, nuestro amigo verdadero y fiel.</p>
<p align="center"><strong>Dom Antoine Marie osb</strong></p>
<p align="center">Texto extraído de:</p>
<p align="center"><strong><a href="http://www.annussacerdotalis.org/">annussacerdotalis</a></strong></p>
<p align="center">Webs relacionadas:</p>
<p align="center"><a href="http://www.charlesdefoucauld.org/"><strong>charlesdefoucauld</strong></a></p>
<p align="center"><a href="http://www.rc.net/mexico/hermanitas/"><strong>Hermanitas de Jesús</strong></a></p>
<p align="center"><strong><a href="http://misticavita.wordpress.com/camino-eucaristico/">Artículo sobre su espiritualidad eucarística</a></strong></p>
<p align="center"><strong><a href="http://misticavita.wordpress.com/version-completa/">Versión muy completa de la vida</a></strong></p>
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